¡Pero que bárbaros! Por Jesús… hablo en serio, mis profesores están mal de la cabeza, ODIO estudiar y me centran de un solo.

En fin… la linda Meroko está cumpliendo con la tarea. ACTUALICE.

Estos días estoy vuelta loca, por un lado los exámenes, la carta para las universidades, estoy en medio de Harry Potter, tengo un dorama a medias y Fairy Tail… me faltan como setenta capítulos y ya viene abril. Simplemente no puedo ver la nueva temporada con la otra sin terminar. VOY A MORIR.

Meroko-Y-Chan

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Todo era estupendo. Genial. Tan estupendo que daban ganas de golpear a alguien.

Primero: en su huida se separó de Palmon.

Segunda: mientras corría tropezó con una gran piedra y cayó de costado dándose un fuerte golpe en el hombro.

Tercero: por el golpe no podía correr.

Con cada paso que daba una corriente de punzante dolor se disparaba por todo su cuerpo, pero a regañadientes seguía corriendo, si se quedaba a revisar el daño esos digimon salvajes la podían encontrar; no hacía falta verlo para saber que era grande.

Cuarto: estaba completamente perdida.

Sea cual sea el lugar al que veía, todo era exactamente igual. ¿Cómo era que antes se ubicaba? Siguió avanzando todo lo que pudo, pero el impacto en su hombro parecía estar ganando esa pequeña batalla. Derrotada se cercioró de que no hubiera señal de los Tyrannomon y se apoyó contra un árbol.

Bajo la tela de la blusa para chequear el impacto-Esto va ponerse feo…- murmuro con fastidio. La piel en ese lugar estaba roja y no se necesitaban miles de año estudiando medicina para saber que se iba a formar un gran moretón.

Recostó su cabeza y suspiro. Palmon no le dirigió ni una sola mirada de decepción al enterarse de su cambio. Más bien la digimon se mostró feliz al ser honesta con ella. Increíblemente sus lágrimas no se convirtieron en cascada. No estaba triste, sino impotente y esa sensación aun no abandonaba su cuerpo del todo.

Sus orbes mieles comenzaron a picar de nuevo. No lloraría… estaba frustrada pero no lo haría… apretó sus puños para aferrarse a su propia fuerza, no obstante, casi de inmediato dejo de aplicar esfuerzo. Hizo una mueca al sentir una nueva punzada.

-Ya estoy harta- gruño con enojo. Demasiadas emociones por un día que se estaba haciendo eterno y no de la mejor manera. Pasaron unos cinco minutos en los que se dedicó a maldecir, y se alegró al ver que algo nuevo pasaba desde que se separó de Palmon. Los Tyrannomon se habían ido.

La vida se empeñaba en fastidiarla a su antojo. Unos grandes rugidos se escucharon. Y excesivamente cerca de ella. Hizo un esfuerzo sobrehumano para reincorporarse y retrocedió varias pasos con cautela… su reversa se detuvo en seco al chocar con algo duro… y que se movía…

-Rayos…- antes de que pudiera voltearse para dar por hecho con quien había chocado, unas fuertes manos la sujetaron por la cintura y fue levantada. Ni siquiera pudo reaccionar cuando ya estaba sentada en el lomo de un digimon… la sorpresa causó que por unos momentos olvidara el dolor en el hombro- ¿Qué hacen aquí?

-Se dice gracias primero.

Mimi frunció el ceño- Gracias, ahora díganme que hacen aquí.

-Salvando tu vida. Creo que es bastante obvio.

Definitivamente si pudiera. Demandaría a la vida. Aunque la salvó. No estaba nada contenta con tener que estar con Taichi en el lomo de Greymon. Avanzando a quien sabe dónde. Y lo que menos le gustaba era que ella estaba frente a él. De modo que para que Tai pudiera acomodarse, él se encontraba muy, muy cerca de ella. Incluso sentía su aliento en el cuello, y le hacía cosquillas.

La oji miel suspiro. Jamás volvería a decir que su mala suerte acabaría, porque era una vil mentira que solo hacía falsas ilusiones.

-Hablo en serio. ¿Qué hacen aquí?- repitió con paciencia.

-Greymon y yo atraíamos la atención de esas cosas para aligerarles el trabajo a los demás. Que estuvieras aquí y te sacáramos no fue plan mío.

Ojala el moreno dejara de hablar en su oído…

-Gracias por la honestidad- contesto con sarcasmo.

Durante el trayecto se dedicó a ignorar todo lo que podía la presencia de Tai. Excepto cuando el muy idiota le hablaba a Greymon y la hacía dar respingos.

Hubo un momento en que el digimon dinosaurio giro muy rápido y provoco que se sujetaran con fuerza. Esta vez no pudo evitar quejarse ante la ola de punzadas. Llevo su mano al hombro sujetándolo, como si con eso fuera a aminorar el sufrimiento.

Lo que le dijo antes a Mimi era cierto. Con los chicos planearon ahuyentar a los digimon más grandes y que Davis y los demás se encargarán de la mayoría que eran los más pequeños. Encontrar a Mimi casi acorralada ni se le pasó por la mente. Pero pasara lo que pasara entre ellos, no la podía dejar ahí. Incluso aunque no fueran absolutamente nada, jamás dejaría a nadie frente al peligro si podía evitarlo, tratándose de ella, menos.

Cuando la oji miel se quejó, era inevitable ver lo que le ocurría, después de todo estaba frente a él, y supo que algo le pasaba a su hombro en el momento en que levanto su mano, haciendo una mueca de dolor.

-¿Qué te pasó en el hombro? – trato por todos los medios sonar desinteresado.

-Nada- le respondió seca- Solo se me adormeció.

Ella no iba a ganarle- Greymon, ya los perdimos de vista. Seguro se aburrieron de buscarnos. Detente ya, amigo.

¿Qué pretendía ese tipo?

-¿Estás seguro Tai?- Greymon detuvo su andar y al escuchar la positiva de su compañero se agachó para que pudieran bajar.

Tai bajo primero, y Mimi se lo quedo pensando por un segundo. Si bajaba, el contacto con el suelo al tensar el cuerpo sería demasiado doloroso…

¿Por qué se lo pensaba tanto? La muy testaruda no se daba cuenta que cuanto más tardara, él acertaría en que le sucede algo al hombro. Puso los ojos en blanco y la bajo con delicadeza del lomo de su amigo. La expresión que puso Mimi al sentir que la tomaba en brazos era muy divertida. Una extraña combinación entre sorpresa y molestia.

Inmediatamente la soltó y quedaron frente a frente. desafiándose con la mirada.

Los ojos chocolates de Tai le resultaban irritantes… no admitiría que el hombro le molesta. No señor. Ella no pensaba mostrarse débil ante él. Ya había recibido golpes así de fuertes en el pasado y no pasaron a más que un moretón. Estar en el equipo de volley ball si sirvió para algo útil. Soportar las lesiones. Enarcó una ceja con escepticismo, eso lo enojaría.

Esta chica sí que amaba llevarle la contraria. Solo le hizo una maldita pregunta y no le contestaba. Adoptando una pose testaruda. Típico de él. La observo con aburrimiento.

Mimi bufo molesta y pregunto- ¿Por qué de repente nos detenemos? Además… ¿A dónde rayos nos dirigíamos?

-Estábamos perdiéndole la pista a esas cosas. Ahora me vas decir qué te pasó ahí- con la barbilla apunto al hombro cubierto de la oji miel.

-No me paso nada.

Perdió la minúscula paciencia que poseía. Dio un paso adelante y alargo una mano. Sujeto la mano derecha de Mimi para acercarla a él y bajo la manga de la blusa un poco, solo para ver una gran marca roja que comenzaba a tornarse morada.

Sus ojos mieles se abrieron con indignación. ¿A ese idiota que le ocurría? Él muy descarado le bajaba la blusa como si fuera quien sabe qué. Pero antes de siquiera insultarlo por ser tan desvergonzado, sus acciones fueran detenidas al ver la intensa mirada que el castaño le dirigía al golpe en su hombro. Parpadeo confundida por esa seriedad.

Tai movilizó sus ojos del golpe a los de Mimi. Y ahí quedaron fijos… llameando con infinidad de emociones… irritación, molestia, decepción, añoranza…

Fue ella quien rompió el contacto y se alejó del muchacho.

-Ya viste que no es nada. ¿Contento?

Una sonrisa socarrona se curveo, llena de satisfacción- Bastante. Supongo que tenías razón, ese golpecito no es nada. He visto cosas peores, princesita.

Agumon supo por el brillo de ira que cruzó por los ojos de Mimi, que ese sobre nombre caló hasta lo más hondo de su orgullo. En ese momento, sintió pena por Tai… su compañero tendría que haberse abstenido de decir eso último. Pero como siempre, Tai soltaba las palabras de más.

Por nada del mundo le mostraría que ese insípido sobre nombre la enfureció. Por el contrario, sonrió dulcemente… dejando un rastro de ácido en sus palabras- Tienes tu bocota llena de razón. Esto no es nada- estúpida punzada de dolor- y si ya no hay riesgo en los alrededores, voy a dar un paseo. Aléjate de mí lo más posible, a menos que quieras que busque a los Tyrannomon yo misma para que te hagan polvo.

Hizo un ademán con los brazos, indicándole cortésmente el camino que podía tomaf- Has lo que quieras, preciosa.

Con toda su dignidad al aire, la castaña le sonrió a Agumon, dejando al digimon confundido y emprendió una caminata. Dejando en segunda plano, su hombro amoratado.

-¿verdad que si era feo el golpe?- el digimon miro al joven. Este fruncía el ceño. No pretendía rogarle a esa niña.

- De hecho lo era. Pero es tan testaruda que por no quejarse en frente de mí lo soportará hasta llegar a su apartamento.

-Es impresionante la dignidad con la que camina, quiere hacerte sentir inferior.

Cerro sus ojos y dejo escapar un suspiro molesto. Agumon no entendía la actitud de Mimi. Su compañero estaba lejos de la realidad detrás de esa cara fruncida.

-Te equivocas, amigo. No tiene nada que ver con lo que dices. Ella solo está resentida, esa es su manera de huir del conflicto que de seguro se hubiera formado si siguiéramos hablando por más tiempo.

-Ustedes son unos complicados…

-Lo sé… ya me cansé de esto. No puedo pensar con claridad. Soy yo el que está furioso , y ahora resulta que ella me evita. ¡Debería ser todo lo contrario! Voy a encargarme de esta ridícula situación. Le voy a abrir los ojos a esa princesa de hielo. Lo quiera o no.

….

-¡Idiota!- no quería pensar más en él. No pensar más en esa intensa mirada. No recordar las cosquillas que su aliento le provocaba en el cuello. En definitiva no pensar más en Taichi Kamiya. Él que tenía el problema era él.

Ignoró nuevamente sus pensamientos centrados en cierto castaño, mientras caminaba a paso apresurado sin destino fijo, fue internando más en el bosque… no supo cuánto tiempo paso deambulando y llego hasta un lago que no recordaba haber visto. Sin duda no era en el que todos se habían reunido anteriormente. Llego a la orilla y divisó un angosto camino de tierra que cruzaba el terreno acuoso de extremo a extremo.

Se encogió de hombros. Sería interesante explorar luego de tantos años, incluso aunque estuviera completamente sola, lastimada, y sin una idea de a donde se encaminaba, ni mucho menos tomando en cuenta la posibilidad de que otro tipo de digimon salvaje apareciera y la borrara del mapa.

Después de todo nunca había buena tomando decisiones. Un claro ejemplo de eso era toda su vida. Sus ojos estaban perdidos en el horizonte ¿A dónde llegaba ese camino? Más allá se podían ver unas montañas llenas de vegetación, y antes de llegar a ellas, había un camino con bastantes escaleras… miro el agua pacifica a ambos lados de su recorrido y un recuerdo la asaltó…

Agumon resoplo aburrido. El arranque de decisión ilimitada que Tai tuvo cuando quiso ir a encarar a Mimi. No duró mucho porque el castaño refutó que él no iría tras ella. No le daría ese gusto a la princesita de hielo. Al menos eso fue lo que dijo él. Minutos después perdió la credibilidad en su carácter y se quedó dormido sobre el césped. Sin ninguna preocupación en la vida.

Miró mal a su compañero y volvió a resoplar. Tai era un cabezón. Su amigo podía ser un excelente ejemplo, pero tenía sus desventajas. Y sabía muy bien cuales eran dos de ellas:

Uno: Su orgullo

Dos: Mimi

Era obvio que Tai podía apañárselas solo en todo, sin embargo, si alguien no le daba un empujón a su tonta testarudez no se arreglaría nada. Y él como compañero fiel y considerado, y educado, debía reaccionar y dar una ayudadita. Se encargaría de juntar a esos dos tercos y todos felices le dirían: Agumon eres el digimon más valiente y fuerte, además de bien parecido del digimundo entero. Te daremos toda la comida que quieras.

Hizo memoria y recordó el camino que anteriormente Mimi había tomado solemnemente. Perfecto. Ese camino iba a llegar a un lugar adecuado. Y ajustado perfectamente al plan que se le acaba de ocurrir. Le dio una miradita a Tai que seguía hibernando. Y se apresuró.

No había tiempo que perder.

…..

-¿Quieres ir a la playa?- Tai alzó una ceja, divertido ante el repentino comentario de ella.

-Sí- asintió sin darle importancia a la expresión de su novio. El burlón la observaba como si estuviese loca - ¿Qué tiene de malo?

-Nada. Pero… ¿Estás consciente de que son las once treinta de la noche?

La oji miel puso los ojos en blanco- Claro que sé que es de noche Tai. Pero ya estoy aburrida de esta serie. No la entiendo.

-Eso es porque nunca has visto The Walking Dead.

-Pff. Prefiero ver mis series policiacas. ¿Entonces qué dices? ¿Vamos a la playa?- sonrió dándole un ligero empujón al brazo del moreno. En verdad quería salir de su aburrido apartamento.

-A ver… ¿Qué harás en la playa a estas horas, Mimi? ¿Nadar?

-No solo se va a la playa a nadar, señor inteligente.

-¿Y entonces…?

-me rindo- dijo levantando las manos al aire- Yo iré sola si tú no quieres ir. Además. ¿Qué tiene de malo ir a la playa en la noche?

Tai estaba bastante entretenido con la situación, pero tenía que admitir que por más que le gustará esa serie, había visto ese capítulo al menos cuatro veces, se lo sabía se memoria y también se estaba aburriendo. Sin embargo no se le paso por la mente ni en un solo momento ir a la playa a esa hora. ¿Qué se puede hacer en la noche en un lugar donde se disfruta de día?

Se puso de pie cuando Mimi entró a su habitación y ni le prestó atención

Camino hasta la encimera del desayunador y apoyo los codos sobre la superficie. Tomo una manzana y se dedicó a saborearla mientras esperaba a su novia que "iría a la playa".

Mimi estaba dispuesta a ir a la playa. Se cambió pantalón de pijama negro y la blusa morada por un short negro con margaritas y una blusa holgada de encaje blanco. Dejo su teléfono tirado en la cama y salió encontrándose con Tai.

-¿Te quedarás solo aquí?- pregunto acercándose al castaño.

-Vaya… si hablabas en serio- dijo impresionado. Mimi SÍ iría a la playa, con o sin él.

-Por supuesto que sí. Hace mucho no voy-el moreno dio un paso y rodeo la cintura de ella con delicadeza- ¿Vas a ir o no?- inquirió retándolo con la mirada.

-No me queda de otra. Algún imbécil puede querer pasarse de listo con mi castaña.

-Es increíble lo primero que pensaste- le guiño un ojo con picardía. Tai sonrió de igual forma acercándose los pocos milímetros de distancia entre sus rostros para besarla. Mimi fue más rápida y se soltó del agarre.

-¡Hey!- protesto quedando con el antojo- Venga ahora mismo, señorita.

-Eso te lo mereces por creer que estaba loca al querer ir a la playa a esta hora.

Tai acepto con resignación y condujo en dirección hacia la playa a la que siempre iba. Curioso de saber qué haría Mimi a esas horas de la noche. Lo más probable es que tuvieran que lidiar con algún ebrio al que no le importaba la embriaguez los siete días a la semana.

Cuando llegaron ya era más de media noche. Mimi se agacho, se quitó los zapatos y dejándolos sobre la alfombra del auto de Tai salió con rapidez hasta llegar a la arena. El castaño la imitó y con las manos ocultas en los bolsillos la siguió. Por extraño que pareciera, no había ni un alma en pena vagando por las planicies del lugar…

-¿Ahora me dirás tu gran plan de entretenimiento?- como respuesta solo escucho la suave risa de su novia.

La oji miel continúo caminando hasta llegar a la orilla del mar. La fría agua mojando sus pies descalzos. Sus ojos quedaron fijos en el horizonte. La oscura noche reinaba en cada rincón, la brisa salina y fresca de la noche jugueteaba con los cabellos de ambos jóvenes, la luna llena en todo su esplendor, las estrellas como luces interminables y testigos de cada suceso que se presente. Confidentes sin que se les pida…

Observo de reojo a la joven a su lado… esa sonrisa plasmada en sus delicados labios, ese brillo de ilusión en sus ojos, sus caireles bailaban con el viento… en ese momento Mimi parecía una ninfa del mar… Ahora entendía el porqué de que quisiera venir en la noche a la playa. No pudo evitar sonreír al verla

Se sintió observaba y se giró para ver a Tai, él le sonreía cálidamente- ¿Por qué me ves así?

-Me sorprende que esta calma te guste tanto…

Creyó que ella le respondería con sarcasmo o algo similar, pero Mimi solo sonrió y volvió su vista al mar.

-Lo sé… pero siempre me ha gustado contemplar el océano de noche, a esta hora nunca hay nadie, silencio para pensar en cualquiera cosa, incluso tus problemas se aligeran con solo escuchar la nada. Puedo pasar horas hasta que amanezca y seguir aquí…

Cada pasatiempo de ella lo sorprendía… y la entendía, con solo los pocos minutos que llevaban ahí, él logró captar la tranquilidad de una playa desierta. Tomo las manos de Mimi y la guio unos pasos más adelante, el agua cubriéndoles por completo los pies. Ese silencio era solo de ellos.

Sus manos viajaron a la estrecha cintura de la castaña y la apego a su pecho- estás llena de sorpresas…

-y me aseguraré de siempre estarlo - rodeo con los brazos el cuello de Tai y junto sus frentes- y no quisiera que fuese de otra manera…- sus alientos se combinaban…

-¿Sabes que eres mía, no?

No fue necesaria ninguna respuesta, el beso que se dedicaron fue suficiente. No eran indispensable las palabras, para ellos no. Lo tenían claro. Se querían demasiado…

Al romper el beso, segundos después Tai se alejó de la castaña, antes de que ella pudiera ser capaz de asimilar lo que él pretendía hacer. Mimi abrió sus ojos cuando sintió como el agua caía sobre ella mojándola en varias partes de su cuerpo.

-¿Te atreviste a…?- dijo incrédula. Su novio le respondió con una sonrisa traviesa.

-A eso y más preciosa- le aseguró.

Mimi Tachikawa no se quedaría atrás y veinte minutos después ambos estaban mojados de pies a cabeza. Se corretearon el uno al otro por toda la extensión de la playa. Muchos podrían haber visto esa escena y creerían que eran niños rebeldes sin atención paternal. Al cabo de un rato Tai cargaba a Mimi en su espalda, aun empapados…

-Espera un momento- lo detuvo sin previo aviso. Tomo de su cuello la cámara fotográfica que había llevado para fotografiar el cielo estrellado, estiro su brazo derecho por en frente del moreno y sonrieron al lente- Una foto de los únicos que vienen a la playa a empaparse en medio de la noche. Ella guiñando un ojo, aferrada al cuello de Tai. Y él con su gran sonrisa simpática y divertida.

Esa foto que en esos momentos seguía enmarcada sobre su mesita de noche… en verdad que solo con ir a ver el mar, la habían pasado bien… sin estúpidos celos y falta de credibilidad en medio.

Sus pensamientos la tenían tan absorta, que no se fijó por donde iba y tampoco que el final del camino se tornaba irregular. Lo siguiente de lo que fue consciente fue de ella misma estrellada contra el suelo.

-Me tienen que estar jodiendo la existencia- maldijo furiosa. Su vida era una completa desgraciada.

A horcajadas sobre el suelo se reincorporo y al alzar la vista, sus orbes mieles se abrieron de sorpresa al ver lo que tenían en frente.

Una enorme estructura de piedra y algo que parecía cemento, una especie de castillo que le resultaba muy familiar.

Subió las escaleras que hace rato vio desde la distancia y llegó a la cima del lugar. Una imponente puerta de elevaba adelante con una aldaba de hierro que lucía oxidada. Hizo ademán de tocarla pero por lo visto el viento la abrió porque no estaba bien cerrada. Un amplio salón con alfombra roja le dio la bienvenida. Otra escalera que se dividía en medio dirigiéndose en direcciones opuestas.

Sonrió dándose cuenta de donde estaba o donde creía estar.

-El castillo Gekomon.

Por más que forcejeo, Tai no logro soltarse del agarre de los digimon. ¡Eran tan pequeños! Al principio casi lo logra pero de la nada apareció un Flameramon. Primero se espantó creyendo que lo iban a rostizar, luego el digimon de fuego lo levanto como si pesara igual que una pluma sobre sus hombros y lo llevaba a cuestas mientras se internaba en quien sabe que parte del estúpido castillo.

Se sentía ridículo. Nadie nunca en la vida lo había cargado así, es más de ninguna forma lo había cargado. Salvo su madre, claro está. Consideraba bastante humillante su posición. Pero sabía que si se arriesgaba a decir algo, estaría frito. Literalmente. Miles de veces cargo así a Sora, a Kari en veces a Yolei e incluso y obviamente a Mimi. ¡No era ninguna chica! Y para variar tampoco un niño, porque de serlo, no se atreverían a tratar con tanta violencia al líder del grupo de niños que les salvó el trasero hace años. Ese acontecimiento era histórico, sin embargo, no todos los digimon captaban los cambios que tenía conforme pasaban los años en el mundo humano.

Tai detuvo en seco sus pensamientos y notó algo desde que lo capturaron. ¿Y Agumon? Él dijo que iría a buscar ayuda. En ese momento no lo pensó… si Agumon digievolucionaba a Greymon… fácilmente espantaría a los Gekomon… y también al Flameramon. ¿Por qué demonios Agumon no pensó en eso?

-¡Hey… Flameramon! ¡Compadre!- llamo tratando de sonar simpático- ¿A dónde me llevan? Claro si me pueden decir…

-No es asunto tuyo desconocido. Te has infiltrado en terreno real y eso es un crimen.

¿Terreno real? Él ya había estado ahí, incluso estuvo en la habitación "real", por unos tristes y aturdidores minutos.

-Pero yo no he hecho nada. Llegue aquí por casualidad, solo estaba dando un paseo.

-No te creo-zanjó con dureza- Nadie llega "casualmente" directo a un territorio real. Es un insulto a mi rey.

-¿Rey? ¿Hablas de esa enorme rana que canta horrible?

Por lo visto Tai dio en un punto verdadero. Flameramon se detuvo en seco y no dijo nada. Una gotita escurría por su nuca. Él rey era el rey de ese territorio, mas… no el rey del canto prodigioso. No importaba. Ese chiquillo no sabría que le atino al asunto.

-No vuelvas a juzgar a mi rey, mocoso. Ahora cierra tu boca.

Ninguno de los dos dijo nada más. Tai hasta se aburrió de pedir explicaciones. No perdería lo que le quedaba de orgullo. Siguieron caminando por largos pasillos hechos de concreto. Al cabo de un rato, el moreno se dio cuenta de donde estaban. Por fin se ubicó.

Estaban en el sótano… o mejor dicho. En el calabozo.

Su rostro se contrajo de estupefacción al ver las celdas que estaban a ambos lados. Todas vacías. Parecía que el calabozo no se hubiera usado en años, y que él estaba ahí para reinaugurarlo.

El imponente digimon de fuego abrió la celda que anteriormente le indicaron y sin ninguna delicadeza arrojo a Ta en el interior de esta. Ignoro la maldición del muchacho y se fue.

Maldito digimon. Maldito piso tan duro. Y como no serlo. Estaba hecho de concreto y piedra. Antes de que el brillo causado por la llamas de digimon desaparecieran, a acercó a las rejas de metal- ¡OYE TÚ! ¡VEN AQUÍ AHORA MISMO! ¡YA ESTUVE UNA VEZ AQUÍ Y NO PIENSO ESTARLO DE NUEVO! ¡ABRE LA ESTUPIDA CELDA!

Momentos desesperados, medidas desesperadas…

Si. Su orgullo fue destruido.

Genial. A los veinte años y ya ha estado dos veces en prisión. Y la primera fue a los once, si su madre tan solo supiera… ella lo mataría. Pasando por alto que su Taichi estaba a merced de criaturas desconocidas…

-¿Quién lo diría? El criminal siempre vuelve a su lugar de castigo…

….

-¡CHICOS! ¡CHICOS!- Joe y Kari voltearon al escuchar los gritos de Agumon. El digimon corría hacia ellos agitando sus brazos en el aire.

-¿Y a ti qué te pasa?- pregunto Gomamon.

-Es… Tai…- jadeó muy preocupado. Kari frunció el ceño.

-¿Qué pasa con Tai?- cuestiono Gatomon con tranquilidad.

-¡Un gran grupo de Gekomon se lo llevaron! ¡Por más que intente no pude ayudarlo! ¡Me noquearon! ¡Hay que ayudarlo!

-¿Qué, por qué?

- No sé. Avisémosle a los demás. Hay que buscarlo.

….

Esa voz lo sobre salto. Pero más lo hizo el dueño de esa voz- ¿Me estás diciendo criminal?

Mimi se encogió de hombros. Sonreía de forma burlona. La oji miel se encontraba sentada en el alfeizar de acero de la ventana. La luz que entraba por la abertura en la pared le iluminaba la mitad de su rostro y la otra parte estaba levemente en penumbras…

Incluso en la distancia de la celda sus ojos se encontraron, nuevamente con miles de emociones siendo transmitidas.

-La vida está llena de ironías…

-¿Y qué haces tú aquí?

Su sonrisa desapareció y soltó un bufido- Al parecer, cuando alguien aquí escucha: "los niños elegidos están de regreso" piensan en que concretamente los niños elegidos volvieron. Esos digimon no creyeron que yo fuera la "princesa Mimi", primeramente porque no ando envuelta en color rosa. Ni siquiera me dejaron recordarles que yo desperté a su incompetente Rey…- como odiaba que su nombre fuese el sinónimo de rosa.

Ante ese comentario Tai sonrió. Como olvidar al complejo de flor primaveral de esa niña de ojos mieles.

-Olvidaste decir que nos encarcelaste a nosotros. Esto podría verse como un golpe de estado… los súbditos mandan a las celdas a su reina.

-¿Estás muy gracioso hoy, no Taichi? – en ese momento lo único que quería era desaparecer esa desgraciadamente atractiva sonrisa de su rostro. La molestaba en grandes números. Era evidente que disfrutaba que precisamente fuera ella la que estaba encerrada. El moreno camino en su dirección. Ahora solo había un metro que los separaba.

-Puede ser, preciosa. Hoy hay muchas ironías. Por ejemplo. La fiera… -toco la albina barbilla con la punta de sus dedos- ha sido enjaulada.

Mimi apartó su rostro de Tai con brusquedad. Alejando por completo el tacto del moreno.

-Di lo que quieras- se quejó- Mi punto es que los digimon no están conscientes de que en el mundo humano los "niños elegidos" crecieron. Los Gekomon al escuchar mi nombre esperaban ver a la pequeña Mimi con aires de princesa.

-En cuanto a lo de pequeña no hay mucha diferencia…- susurro para sí mismo. La castaña lo fulmino con sus ojos despidiendo llamas. Ese idiota… solo porque él se cargaba con una altura de 1,79…

-Como sea…- contesto evadiendo ese insulto indirecto- No entiendo qué demonios hicimos… bueno qué hice yo, supongo que tú hiciste alguna idiotez y por eso estás aquí reviviendo divertidos recuerdo, al menos para mí.

-Yo no he hecho nada. Y menos pude hacer cuando Flameramon vino, de hacerlo estaría rostizado- se defendió.

Quedaron en silencio y Mimi aprovecho se apartó del alfeizar y camino hasta la puerta de la celda. No se veía nadie ni mucho menos se escuchaba- ¿Cómo vamos a salir de aquí? Izzy dijo que solo teníamos un día. No quisiera morir encerrada aquí, mucho menos contigo.

El ego de Tai fue golpeado. Esa niña lo tenía con la paciencia agotada- Contigo no se puede hablar. No entiendo como Davis y Yolei te soportan tanto… eres igual que una granada.

Ambos se sentaron en el suelo del recinto. Sumidos en sus propios pensamientos e ignorándose el uno al otro.

¿Cómo había terminado aquí? Sus orbes mieles se cerraron mientras suspiraba. Ella solo decidió dar una vuelta por el castillo para recordar los días en que vivió allí, sumergida en un cuento de hadas solo para ella, donde todos hacía todo lo que quisiera. Y cuando llego en la recamara en la que pasaron tantos conflictos graciosos para hacerla entrar en razón… los Gekomon aparecieron, y en lugar de saludarla o preguntar quién era como se lo imagino. Le llamaron intrusa y la trajeron al calabozo sin permitirle explicar su presencia. Todos empezó por la aparición de los Tyrannomon y se separación con Palmon. Encogió sus rodillas y las abrazó. Una nueva oleada de dolor le recorrió el hombro, pero se contuvo. ¿Por qué no solo fueron a buscar a los digimon y ellos hubiesen ido al mundo humano? Le habrían ahorrado muchas cosas. Pero como siempre, tienen que complicarse la vida. Que fastidio. Posó sus ojos mieles por un segundo en Tai, quien estaba en el otro extremo de la celda viendo hacia las afueras de la ventana. Puso los ojos en blanco, debía dejar de contemplarlo como estúpida. Parecía una adolescente obsesionaba por tener la atención del adonis del colegio. Tai podía ser muy atractivo, pero ella no intentaba llamar su atención, tan solo se preguntaba cuanto tiempo estarían encarcelados…

Estaba demasiado aburrido. Y se sentía como león enjaulado. ¿Por qué demonios los encerraron? Ni siquiera querían dejarlos hablar. Lo peor de todo… comenzaba a tener hambre. Y el mal humor que se cargaba lo ponía peor. Enojo y hambre eran la combinación de sensaciones más horrible que podía existir. Seguramente los Gekomon y demás digimon, si no mal recordaba, en el castillo había una cocina… con comida y los ingratos digimon estaría comiendo mientras ellos estaban como bebés encerrados en sus malditas cunas. ¡Tenía hambre! Y por más que le daba vueltas al asunto, no tenía ni la más remota idea de porque estaban ahí… Mimi no cooperaba mucho con su compañía glaciar. Agumon… y los demás qué carajos estarían haciendo. ¿Acaso no notan que ellos no aparecen por ninguna parte? Y justamente ellos dos… deberían recordar que una discusión entre ambos puede acabar en varias muertes o heridos… miró el cielo a través de la ventana, mierda… comenzaba a anochecer y el digimundo de noche era mil veces más confuso. Incluso para los digimon… por unos segundos vio de reojo como Mimi lo observaba con una ceja enarcada. La ignoro. Ya se había acostumbrado a que ella lo mirara de esa forma cuando estaba molesta. Sin embargo, pudo notar que su hombro le molestaba. De repente recordó algo y se dio la vuelta. Encarándola.

-¿No le habías dicho a Palmon?

Mimi capto de inmediato. Sabía a qué se refería- olvida eso. Ya lo sabe de todos modos. Y de no haberlo hecho yo, se habría enterado, tal y como lo hizo. Porque lo comentaste con todos. Hasta Biyomon lo sabía. De otra forma dudo mucho que Sora hubiera abierto la boca sabiendo que no es asunto suyo- un tono despectivo se escapó de sus labios.

Tai bufo molesto- ¿Sabes qué pareces una niña? Con esos celos tan extraños.

-Ya te dije que pienses lo que quieras, Taichi- se quejó retirando la mirada.

-Eso hago. Y después dices que porque no confió en ti. Tus ridículos celos me causan risa.

Eso toco una fibra delicada en el orgullo de la castaña. Ella sonrió de forma solemne- No me interesa. Yo sé muy bien en quien confió y en quién no. Tienes todo el derecho de pensar lo que te dé la gana de cualquier persona. Incluso de mí, porque no me afecta- Mimi se puso de pie y se recostó contra la pared- tus comentarios se me resbalan de las manos…

-No te hagas la digna conmigo…- la reto también incorporándose.

Ambos castaños percibieron una sensación de deja bú. Hace más de seis meses. En el centro comercial, justo el día en que Mimi volvió de América, y discutieron con el mismo tono altivo con el que lo hacían ahora, diciendo prácticamente las mismas palabras. Se quedaron en silencio, observándose, recordando prácticamente el mismo suceso. El día de su desastroso reencuentro.

Sin apartar la vista del otro, se fueron acercándose, chispas de ira despidiéndose de sus ojos. Mimi deseaba golpearlo.

-¿Sabes que deseo matarte?- pregunto en un susurro peligroso.

Tai elevo sus cejas divertido- ¿Matarme a besos? Sí, lo sé. Es un efecto que tengo en todas- el ambiente se podía contar con cuchillo. Parecía que fuese a haber una escena del crimen muy pronto.

-¿Cómo la perra de Kasumi?- inquirió dudosa. El aliento del moreno le hizo cosquillas los labios, mas no se apartó.

-¿Y sí es así, qué pasa? Esta "relación" no tiene ni principio ni final, ni siquiera término medio.

-¡INSOPORTABLE!

-¡IRRITANTE!

-¡PERVERTIDO!- grito refiriéndose al hecho de que hace unas horas, sin su consentimiento bajo la manga de blusa dejando descubierto su hombro.

-¡TESTARUDA!

-¡CRETINO!

-¡CELOSA!

-¡JOE, LOS ENCONTRE!

Mimi y Tai se callaron al instante. Aturdidos por la repentina tercera voz. Miraron al pasillo del calabozo y a los ecos que se escuchaban muy cerca, volvieron su vista al frente y se alejaron rápidamente al ver la cercanía que había entre sus rostros. Un paso más y se hubieran besado.

No paso ni un minuto cuando la simpática figura de Gomamon apareció de entre las penumbras de la cárcel. Seguido de él, venía el superior Joe. El peli azul suspiró aliviado al verlos.

-¡Chicos! Al fin. Tenemos más de dos horas de buscarlos. Agumon dijo que se te llevaron a ti Tai, y Palmon que se separó de ti en la persecución, Mimi. ¿Por cierto, tú que haces aquí?

-Eso ya no importa, Joe. Solo sácanos de aquí.

-¿Y que estuvieron haciendo todo este tiempo?- quiso saber el demasiado curioso digimon.

-"tratando de matarnos"- pensó Mimi en sus adentros.

-Perdiendo el tiempo como no tienen idea- contesto Tai viendo de reojo a Mimi. Seguro lo estaba insultando en su cabeza hasta de lo que se iba a morir.

-¿En serio? Yo creí que estaban haciendo cosas de novios.

-¡Gomamon!- se quejó el mayor de los tres, claramente escandalizado por los comentarios imprudentes de su compañero.

Mimi se sonrojo y apartó la mirada. ¿Cómo se atrevía a decir eso?

-No, Gomamon- dijo con voz de miedo- el digimon se erizó- Nada de eso. No perderé más tiempo con este sujeto. ¡Abran la puerta!

Joe dio un brinco asustado y nerviosamente abrió la celda.

-¿Ustedes están peleados?

Tai se dio una fuerte palmada en la frente. ¿Podía haber alguien más lento de pensamiento?

-Déjalos Gomamon. Ellos saben arreglar sus problemas.

-No hable por los demás, superior Joe- zanjó la castaña. Fulmino con la mirada tanto a Tai como a Gomamon. A Joe lo dejo boquiabierto. Y como se le estaba haciendo costumbre se retiró del calabozo. Su cabello ondeando a su paso con movimiento altivo.

- A Mi le gusta tener la última palabra ¿Verdad?- Joe no reaccionaba. Mimi daba miedo en serio.

El muchacho de ojos chocolates apoyó su codo en el hombro del peli azul y rio con acidez- No tiene una jodida idea, hermano.

Gomamon parpadeo sorprendido y vio a los dos jóvenes- Que carácter el de las mujeres- viendo por el camino en el que la joven se fue, ambos asintieron estando de acuerdo.

….

Se me hizo largo. Por dios… que montón….

En fin…. Creo que tendrán digimundo para rato, esta cosa se me alarga demasiado. Y el drama entre los jóvenes castaños cabeza dura está que arde. Creo que algunos me quieren golpear por no reconciliarlos… pero tengan paz… todo al tiempo que yo quiera.

NozomiiCleito: mi querida compañera de bulliyng a Tai y Mimi. ESTE CAPITULO ES PARA TI MI CIELO. Tu fanfic es una bomba y yo amo… las bombas. Tienes un gran talento. Y gracias por decir que una chiquilla como yo tiene oportunidad en este asunto… suena raro… okey… no me hagas caso. Estoy muriendo por otro de tus genialosos de tus capítulos. Un abrazo.

hikariiii94: Hola!. Busque cosplays de Tai y Mimi y por Jesús, son tan malos que dan cáncer de ojos. Hablo en serio. Es una pena que no haya alguien que sepa hacerlos bien y bueno… que sepan tener la melena de mi violable Tai… gracias por tu apoyo y ojala continúes con el fic.

bueno. ya aclaré cosilla ahí.

continuen con la espera gente. Nos leemos luego!

Meroko-Y-Chan