CAPITULO 39
"Blaine… ¿estás seguro de esto?" Jeff preguntó desde el asiento del conductor de la camioneta de su padre.
Blaine, Nick y Jeff estaban estacionados frente a una hermosa casa, con un gran jardín frontal.
"Si" Blaine respondió mirando hacia la casa de sus padres. "Cien por ciento seguro."
"Bien… vamos, entonces" Nick y Jeff bajaron primeros del auto.
Blaine dio un profundo suspiro, preparándose. Cerró los ojos y se dio fuerza a sí mismo. Hazlo por tu hijo, pensó. Con el corazón acelerado bajó del auto y caminó hacia la puerta de entrada de la casa. Esa casa que guardaba los más lindos recuerdos de su niñez, pero también los peores de su pre adolescencia.
El jardín delantero estaba más hermoso que la última vez que lo había visto hace un par de años. La fachada también se veía mejor, pintada con colores brillantes, aparentando ser el hogar de la familia perfecta. El estómago de Blaine se revolvió un poco al pensar que a sus padres solo les importa aparentar ser mejor de lo que son.
Luego de atravesar el caminito rodeado de flores de diversos colores, Blaine llegó a la enorme puerta de madera oscura. De nuevo, se dio fuerzas a sí mismo, recordando que hacía esto por las dos personas más importantes de su vida, Kurt y su bebé. Nick tocó su hombro y Blaine se volteó a mirarlo, su amigo le dio una sonrisa alentadora. Blaine levantó la mano, tocó el timbre de la casa y esperó a que la puerta se abra.
Segundos después, una mujer de unos setenta años de edad se asoma por la puerta apenas abierta. "¿Si?" Pregunta con antipatía.
"Marie, soy yo, Blaine" Blaine dijo tratando de no sonar nervioso.
La puerta se abrió revelando a Marie, la cocinera y ama de llaves de la casa Anderson desde hace treinta años. Ella y su marido Alfred eran las personas que prácticamente criaron a Blaine.
"¡Niño Blainey!" La señora exclamó cuando reconoció al chico. Ella se acercó y le dio un abrazo cálido, Blaine respondió al abrazo con una sonrisa. "Mírate cuanto has crecido" Ella dijo mirando de arriba abajo a Blaine.
"No mucho" Murmuró Nick bromeando, pero ninguno dijo nada.
"Hola, Marie. ¿Cómo estás?" Preguntó Blaine, siempre sonriendo porque esta mujer fue más una madre para él, que la suya propia.
"Bien, poniéndome cada día más vieja. Pero tu… estás muy guapo" Ella dijo acariciando la mejilla del chico.
"Gracias, Marie" Contestó Blaine.
"Pasen, pasen por favor" Ella se hizo a un lado para que los chicos pudieran pasar, pero Blaine dudó un poco. "Tranquilo, tus padres están en un crucero, no vendrán hasta el próximo mes" Ella dijo de manera tranquilizadora. Blaine, Nick y Jeff entraron a la casa.
Esa casa… Blaine no había puesto un pie en ella desde que se fue de ahí. Miles de pensamientos pasaron por su mente al volver a ver la sala, aunque estaba muy diferente de la última vez que la vio. Ninguno de los portarretratos que colgaban de las paredes estaban, las fotos suyas de bebé o de más grande habían desaparecido por completo. Blaine sentía que sus padres lo habían borrado de su vida para siempre. Pero ese pensamiento no lo hizo poner triste, al contrario, lo hizo más fuerte y fortalecer el objetivo de su vida, que era que su propio hijo jamás sienta el desamor que él mismo sintió de niño.
Blaine no se había dado cuenta de cuando Marie salió de la cocina y volvió con un vaso de limonada fresca para cada uno de los chicos. Ellos lo tomaron agradecidos.
"¿Quiénes son tus amigos, Blainey?" Preguntó la mujer mayor mirando a los chicos que lo acompañaban.
"Ellos son Nick y Jeff, Marie. No sé si los recuerdas, pero nosotros éramos compañeros de escuela en Dalton." Explicó Blaine. La mujer trató de hacer memoria, pero no los recordaba.
"Lo siento, chicos, no los recuerdo." Ella se disculpó.
"No se preocupe, señora" Nick dijo sonriendo.
"Debo confesar, Blainey que quedé muy sorprendida cuando me dijiste que serías padre, hace unos días por teléfono" La mujer dijo mientras les hacía señas a los chicos para que se sienten en el sofá, ella hizo lo mismo. Blaine había llamado por teléfono a Marie algunos días atrás para pedirle un favor.
"Uhmm… bueno, yo también quedé sorprendido" Blaine dijo sonrojado y con una sonrisa.
"Tengo que conocer a este maravilloso novio tuyo, cariño" La señora dijo.
"¿Quieres… quieres conocer a Kurt?" Blaine le preguntó sorprendido, pero a la vez muy contento.
"Claro que si" La señora respondió. "Alfred y yo estaríamos encantados de conocer al chico que te hace así de feliz. Tráelo a cenar el sábado" Marie dijo, pero vio la cara de preocupación de Blaine. "No te preocupes, ya te dije que tus pa- que el Sr. Anderson y la Sra. Anderson no vendrán en muchos días. Será nuestro secreto" Ella dijo en voz baja y Blaine asintió con la cabeza mientras sonreía.
"Estoy seguro de que le encantará conocerlos también" Blaine dijo. En ese momento, un hombre de la misma edad de Marie, alto y con la cabeza blanca, entró a la sala.
"¡Blaine, muchacho!" El hombre, Alfred, dijo con una gran sonrisa en su rostro.
"¡Alfred!" Blaine exclamó mientras se paraba y abrazaba al hombre mayor. Alfred es el jardinero de los Anderson, en esa casa es donde conoció a Marie y se casó con ella.
"Que gusto verte. Eres todo un hombre" Alfred dijo. "Estaba terminando de preparar lo que le pediste a Marie. Te encantará el resultado, parece como nuevo" El hombre mayor dijo sonriendo.
"Estoy ansioso por verlo" Blaine dijo con la misma sonrisa.
"Vamos, entonces" Alfred guió a Blaine, Nick y Jeff hasta un pequeño taller que se encontraba al fondo del patio trasero de la casa.
Alfred abrió la puerta y Blaine se emocionó con lo que vio. Se acercó lentamente y pasó los dedos por la madera de la cuna. Siguió mirando y vio la cajonera que había pertenecido a él cuando era un bebé. El juego de muebles que sus padres compraron para él cuando nació, fue restaurado por Alfred para el bebé que estaba teniendo con Kurt.
"Los arreglé, los lijé, les pasé barniz y Marie lavó el colchón de la cuna" Alfred decía con una sonrisa, mientras Blaine miraba la cuna y la cajonera pintada con un barniz oscuro, brillando con la luz solar que se filtraba de la puerta abierta del taller.
"Está muy… muy lindo. Gracias, Alfred." Blaine dijo con la voz quebrada y algunas lágrimas en los ojos.
"Buscando entre las cosas del ático, encontré esto, Blaine" Marie dijo entregándole a Blaine un conejo de peluche que había sido de él. Blaine sonrió con nostalgia al ver el muñeco, se lo llevó a la nariz y lo olió. "Lo lavé muy bien" Marie sonrió.
"Gracias, Marie. Gracias a los dos" Blaine abrazó a los dos mayores.
"De nada, Blaine, te mereces ser feliz" Marie dijo tomándole la cara a Blaine con las dos manos, luego ella le dio un beso en la mejilla.
"¡Bueno!" Blaine dijo antes de que se escapen algunas lágrimas. "Nick, Jeff ayúdenme con esto."
Kurt había pasado todo el día con Quinn y Beth. Fueron al parque, comieron sentados sobre una manta en el césped, jugaron en el parque y la pasaron muy bien. Quinn habló con Kurt sobre cosas del embarazo y le dio algunos concejos.
Cuando llegaron a la casa, Quinn le dio una bolsa con ropa que a Beth ya no le quedaba, para su bebé. La idea de que su bebé use ropa usada no le gustaba mucho, pero Quinn le dijo que es una tradición que las familias pasen la ropa cuando un bebé está por nacer, por eso Kurt lo aceptó, además que todavía no tenía muchas cosas para su hijo. Kurt le preguntó a Quinn si la madre adoptiva de Beth no se enojaría por que le está dando la ropa de su hija a Kurt, pero la chica rubia le aseguró que Shelby le dio permiso. Kurt sonrió tímidamente y le dijo a Quinn que le agradezca a Shelby de su parte.
Ya llegada la tarde, Kurt estaba exhausto de tanto jugar con Beth, y le dolía un poco la cintura. La niña se había quedado dormida acostada encima de Kurt. Quinn le había explicado a Beth que Kurt tenía un bebé en su panza, y lejos de no entender, Beth no se había despegado ni un segundo de él. Ahora ella estaba durmiendo sobre el regazo de Kurt con la cabeza apoyada en el vientre del chico embarazado.
"Ella es muy hermosa, Quinn" Kurt dijo mientras miraba como dormía Beth y despejaba algunos mechones de cabello que caían sobre su carita.
"Lo es" Sonrió Quinn con amor. "Ella es mi cosita perfecta". Dijo y luego dio un gran suspiro sin apartar los ojos de su niña, pensando en cuan diferente sería todo si no la hubiera abandonado. Pero ahora la vida le estaba dando una segunda oportunidad, y si no podía ser su madre, entonces pensó que podría ser como una hermana mayor para la niña. El sonido del timbre distrajo sus pensamientos, se levantó del sofá a abrir la puerta.
"Hey, Q. ¿Está Kurt listo?" Blaine dijo en un tono muy alto, desde la puerta de entrada del apartamento de Shelby.
"Shh shh…" Ella colocó un dedo en su boca y le hizo señas de que baje el tono de voz. "Beth está durmiendo" Susurró Quinn.
"Lo siento" Blaine susurró mientras Quinn dejaba que entre a la casa y cerraba la puerta tras ellos. "¿Dónde está Kurt?" Preguntó, Quinn señaló hacia el sillón y Blaine miró hacia él. Los labios de Blaine se formaron en una gran sonrisa cuando vio a Kurt con Beth dormida en sus brazos. Kurt alzó la vista y vio a su novio parado frente suyo.
"Hola" Susurró Kurt. Blaine se inclinó y besó sus labios, apenas rozándolos, luego acarició la cabecita de Beth.
"Hola" Dijo suavemente. Esa visión de Kurt con Beth apoyada sobre su vientre, le hizo darse cuenta de que quería vivir con esa escena para toda la vida. Imaginó a Kurt embarazado de su segundo hijo mientras su otro bebé dormía plácidamente sobre su hermanito dentro de su padre. Definitivamente sentía que estaba haciendo las cosas bien.
