"Esta historia está basada en la novela romántica Herencia Italiana de Lynne Graham".

Gracias por todos sus comentarios. Disfruten el capítulo. Saludos y besos.

Capítulo 5

El Castello Malfoy era un castillo me dieval que se alzaba sobre un remoto valle cerca de la frontera italiana. Lo rodeaba un precioso lago de aguas cristali nas en las que se reflejaba su inmensa silueta y los picos nevados que lo circundaban. Tanto el edificio como los alrededores eran in creíbles y Hermione entendió inmediatamente que Draco hubiera estado dispuesto a casarse con ella con tal de no perder aquel lugar. El helicóptero que habían tomado en Ginebra aterrizó en el helipuerto que había junto al castillo. Draco la ayudó a salir del aparato, la agarró de la mano y la condujo hacia el interior. De repente, Hermione se dio cuenta de que fruncía el ceño ante la claridad del día.

-¿Estás bien? -le preguntó.

-Sí, sólo estoy un poco cansado -contestó Draco molesto por no estar en plena forma-. Es que esta mañana me he ido a trabajar a las cinco...

-¿Cómo? -lo interrumpió Hermione parándose en seco.

-Yo soy el Banco Malfoy. El banco no funciona sin mí -contestó Draco bruscamente-. Tenía que familiarizarme con lo que ha pasado reciente mente, asegurarme de que las operaciones siguie ran sin mí y ocuparme de lo que no entendía.

-¡No me puedo creer que haga tan sólo veinti cuatro horas que tu médico te dijo que necesitabas reposo absoluto y tú ya hayas ido a trabajar al ama necer! -le espetó Hermione.

-He hecho lo que debía hacer.

Hermione lo miró y vio que estaba apretando los dientes. Aquel hombre era un cabezota redomado, pero parecía agotado.

-No respetas tu salud.

-¿Te crees que puedo desaparecer como si nada? -le contestó Draco entrando en el castillo-. Tenía que dar una explicación. De lo contrario, el pánico hubiera dañado a mi empresa.

-¿Y qué les has dicho?-

-Les he dicho que, como consecuencia del acci dente, veo doble y que tengo que descansar la vista. Así, mis secretarias me han dado toda la in formación que les he pedido sin sospechar nada-

-Muy listo -concedió Hermione admirada.

-Además, les he dicho que iba a aprovechar para disfrutar de unas bien merecidas vacaciones con mi esposa-

-¡Dios mío! Los habrás dejado con la boca abierta...-

Hermione estaba convencida, después de haber visto la reacción de Peter, de que excepto su tía Bellatrix nadie debía de saber que estaba casado. Por tanto, oír hablar de ella así, de repente, debía de haber sido una conmoción para sus empleados.

-Sí, se han sorprendido porque nunca me suelo ir de vacaciones -admitió Draco-. Por cierto, debe rías haberme consultado antes de decirle a Peter que no me pasara llamadas.

Hermione se sonrojó.

-Hubieras dicho que querías hacerte cargo de ellas -se defendió.

-Me ha parecido una buena idea a corto plazo -contestó Draco saludando con respeto a Florenza, el ama de llaves que había salido a recibirlos-, pero no vuelvas a dar órdenes en mi nombre sin habérmelo consultado primero.

Hermione abrió la boca para defenderse, pero Draco le puso un dedo en los labios para que se callara. Hermione se estremeció.

-Sabes que tengo razón...-

-No, no lo sé. ¿Qué te pasa?-

Draco se quedó mirándola unos segundos y arrugó el ceño.

-Saliste corriendo a la calle detrás de mí...-

Hermione no comprendió lo que le estaba diciendo, pero, al ver que se secaba el sudor que le corría por la frente, se asustó.

-Draco, por favor, siéntate-

-No... -se negó Draco agarrándola de la cin tura—. Vamos arriba a hablar de esto en privado-

-¿Hablar de qué? -murmuró Hermione nerviosa.

Entonces, lo comprendió.

«Saliste corriendo a la calle detrás de mí».

-Has recordado algo -le dijo tensa-. Has recor dado algo sobre mí.

-Ha sido como si alguien me hubiera puesto una fotografía vieja delante -le explicó Draco abriendo una puerta con impaciencia-. Querías de volverme la propina que te había dejado...-

-Sí... -contestó Hermione retorciéndose los dedos. Draco la miraba atónito-

-¿Por qué te había dejado una propina? ¿Era una broma nuestra o algo así?-

Hermione palideció. Entre ellos se estaba abriendo un abismo imposible de cerrar. Draco estaba empe zando a comprender que ella no pertenecía a su privilegiado mundo.

-Te había cortado el pelo -le explicó ella-

-¿El pelo? -repitió Draco estupefacto. Hermione apretó los labios y asintió.

-Soy... peluquera. Aquella vez en la que me diste esa propina fue la primera que nos vimos-

-lnferno ¡Recuerdo perfectamente lo que es taba pensando y sintiendo en ese preciso instante! Estaba completamente excitado -admitió Draco con brutal sinceridad-. Quería meterte en la limusina, ir a un hotel y no salir en todo el fin de semana-

Hermione se sonrojó de pies a cabeza. Bueno, por lo menos no le estaba mintiendo. Por una parte, era halagador que la hubiera encon trado atractiva, pero Hermione no se sentía halagada. Se sentía furiosa ¿Y después de ese fin de semana qué? Nada, ¿verdad? Para él, sólo habría sido una fresca con la que pasar un par de noches. ¿Cómo se atrevía a pensar que se hubiera ido con él si no lo conocía de nada? ¿Qué la estaba llamando?

De repente, sintió una inmensa angustia. Lo cierto era que, tal vez, se hubiera ido con él. No el primer día, por supuesto, pero si Draco se lo hubiera pedido más adelante habría accedido porque estaba completamente anonadada con él y estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de estar a su lado. Incluso acostarse con él. Sintió que la rabia hacía que se le saltaran las lá grimas.

-Perdón, no debería haber dicho eso -se dis culpó Draco apoyándose en la pared. Obviamente, estaba agotado-

-No te preocupes, no soy una mujer débil -min tió Hermione intentando sonar natural-. Por favor, túmbate un rato. Estás muy cansado-

Draco se aflojó la corbata y se desabrochó la ca misa mientras avanzaba hacia el dormitorio contiguo.

-Creo que voy a llamar al médico -dijo Hermione desde la puerta.

-¡No me pasa nada! —le espetó Draco—. Deja de darme la lata-

Hermione lo observó mientras se dejaba caer sobre la cama y apoyaba la cabeza sobre las almohadas. Ni siquiera se había quitado los zapatos. Hermione cerró las persianas y lo miró. Draco exten dió una mano hacia ella en un gesto reconciliador.

-Deberías saber, cara mia, que tomo mis pro pias decisiones-

-Ningún problema -le aseguró Hermione con ter nura sentándose en el borde de la cama y entrela zando los dedos con los suyos.

No, que Draco tomara sus propias decisiones no era ningún problema siempre y cuando coincidie ran con las conclusiones de Hermione.

-Lo que te he dicho... recordar así, de repente, me ha pillado por sorpresa y he sido un bestia-

-No digas eso -contestó Hermione con ternura-. Has sido un poco brusco, eso sí, pero te perdono porque sueles ser el hombre más romántico del mundo-

Draco le soltó la mano y abrió los ojos.

-¿Romántico? -sonrió-. Me estás tomando el pelo...-

-No, de eso nada -le aseguró Hermione.

Draco le pasó el brazo por la cintura y la agarró con fuerza.

-Quédate hasta que me duerma-

Hermione estuvo a punto de preguntarle si su ma dre solía hacer eso, pero se mordió la lengua a tiempo. Era imposible que tuviera recuerdos así de su infancia pues su madre se había fugado con su amante cuando Draco sólo tenía un año y no la ha bía vuelto a ver.

Hermione esperó a que se durmiera y bajó a hablar con el ama de llaves. A continuación, comió en un delicioso comedor lleno de flores.

A pesar de que el entorno era increíble, ella sólo podía pensar en Draco y en lo difícil que iba a ser volver a casa sin él, habiéndolo perdido para siem pre. Ya había empezado a recordar, así que aquello era imparable.

Cuando el doctor Severus le había dicho que la amnesia de Draco iba a ser temporal y que pronto recobraría la memoria, Hermione había pensado que el médico era demasiado optimista, pero ahora se daba cuenta de que tenía razón.

Draco no iba a tardar en recordar los cinco años que se le habían borrado y dejaría de necesitarla. ¿Es que acaso la había necesitado en algún mo mento? ¿No había sido ella la que se había hecho aquella ilusión?

Volvió junto a él después de comer y se sentó en una silla a observarlo mientras dormía. Se dijo que su relación tenía que ser estrictamente platónica. ¿Qué pensaría de ella cuando hubiera recuperado la memoria? ¿Le parecería extraño que se hubiera acostado con él? Tal vez, ni le importara.

«Es un hombre», le dijo una voz interior.

Efectivamente. Draco no iba a pasarse mucho tiempo dándole vueltas a la cabeza sobre ella. No, lo único que iba a querer iba a ser volver a su vida normal. Seguro que se sentiría muy aliviado de sa ber que estaban casados sólo por conveniencia. Seguro que se reiría.

Hermione abrió los ojos y vio que estaba tumbada en la cama. Los primeros rayos del sol entrabanpor la ventana y recortaban la silueta de Draco, que la estaba mirando.

Estaba desnudo y junto a ella.

-¿Qué hora es? -murmuró Hermione sorprendida de verse de nuevo en la misma cama que él-

-Las siete y cinco -contestó Draco-

- He dormido un montón y me siento muy bien. No recuerdo haberme metido en la cama...-

-No te metiste tú. Te quedaste dormida en la si lla -le explicó Draco-. No deberías preocuparte tanto por mí, cara. Sé cuidarme solo-

Hermione sintió un escalofrío por la espalda y se encontró acercándose un poco más a él. Presa del pánico, pensó que aquello era como estar poseída. «No más sexo», se recordó sentándose. Sin dudarlo, Draco la agarró, la volvió a tumbar y la miró con intensidad.

-Usted no se va a mover de aquí, señora Malfoy-Que la llamara así no hizo sino dolerle-

-Pero...-

-Estás muy inquieta hoy -rió Draco colocando un muslo entre sus piernas-. No puedes levantarte hasta que yo te dé permiso-

Hermione lo miró a los ojos y se dio cuenta de que lo deseaba con todo su cuerpo. Mientras lo pensaba, Draco la besó con sensualidad y, al percibir su deseo, el de Hermione se acrecentó sobremanera. Draco la miró y, al ver que estaba igual que él, comenzó a juguetear con sus pezones. Hermione sintió una punzada entre las piernas y el instinto le hizo echar las caderas hacia delante.

-Me deseas -dijo Draco muy satisfecho.

-Sí... —admitió Hermione.

¿Cómo era posible que no fuera capaz de resis tirse a él cuando había tomado la firme decisión de hacerlo? Se moría por besarlo y su cuerpo echaba de me nos aquellas manos expertas que sabían darle pla cer. Aquello aplastó a la vocecita que le decía que no estaba actuando con prudencia.

Hermione lo besó con pasión, metió los dedos entre su pelo y le acarició los hombros. Le lamió el torso y sintió que el deseo era superior a sus fuerzas.

-Te deseo -rugió Draco tumbándose sobre ella y penetrándola sin previo aviso.

La sorpresa se tornó placer rápidamente y Hermione sintió un vivo fuego entre las piernas. El éxtasis se había apoderado de ella y no dejaba sitio para la vergüenza ni el orgullo.

Hermione alcanzó el clímax con un grito y, pocos segundos después, Draco la siguió. Hermione sintió lá grimas de felicidad en los ojos, se apoyó en los al mohadones y abrazó a Draco, que la besó lenta mente mientras ella intentaba recuperar el aliento. Lo miró y se maravilló ante su belleza mascu lina al tiempo que una inmensa oleada de amor y de aprecio por él se apoderaba de ella.

Los ojos de Draco se miraron en los suyos y se dio cuenta de que lo estaba mirando con ternura, pero aun así Hermione no quiso negarse el placer de mirarlo. Era increíblemente guapo.

-Me dejas sin aliento... -susurró ella con voz tré mula acariciándole los labios.

Draco le agarró la mano y le miró los dedos sor prendido.

-¿Y tu alianza?-

Hermione se quedó helada.

-Yo... eh... nunca he querido llevarla... -im provisó.

-¿Por qué? -le preguntó Draco con curiosidad.

Hermione se sonrojó.

-Yo... bueno, siempre me ha parecido que las alianzas estaban pasadas de moda y no me apetecía llevarla-

-No me gusta -opinó Draco sin dudarlo-. Eres mi esposa y quiero que lleves alianza-

-Me lo pensaré -contestó Hermione sintiéndose fa tal consigo misma por mentirle de nuevo-

-No, no hay nada que pensar. Te voy a comprar una alianza y la vas a llevar. Se acabó la discusión -sentenció Draco levantándose de la cama y ponién dose los calzoncillos-

Se paró cuando estaba cruzando la habitación, se giró hacia ella y la miró con intensidad.

-Ahora que lo recuerdo, todavía no me has di cho por qué seguías siendo virgen -le espetó-

-Y no pienso decírtelo si me hablas en ese tono -contestó Hermione sentándose y tapándose con las sábanas-

-Tarde o temprano, me lo dirás -insistió Draco. Hermione lo miró furiosa y le habló en italiano.

-¡De eso, nada! Cuando recuperes la memoria, te darás cuenta de que mi falta de experiencia no es ningún misterio-

-¿De verdad?-Respondió él-

-¡Además, te va a dar igual! -le aseguró Hermione.

-¿Me gustaría saber por qué me casé contigo?-

Hermione se quedó de piedra.

-Te casaste conmigo por las mismas razones por las que se casa cualquier hombre con cualquier mujer -murmuró Hermione.

-¿Me estás diciendo que me enamoré de ti?-

-Yo no he dicho eso... -contestó Hermione-. Bueno, sí, te enamoraste de mí-añadió decidiendo que era mejor darle la razón y dejar el tema-

Draco dio un paso hacia ella.

-¿Quería un cuento con final feliz?-

-¿Por qué no? -se defendió Hermione.

-Por nada -contestó Draco tomándola en bra zos-. Si me enamoré de ti, seguro que fue porque te gustaba ducharte conmigo –bromeó-

-¿Me estás retando? -contestó Hermione.

Mientras desayunaban en una preciosa terraza cuajada de flores de vivos colores, Hermione le preguntó a Draco por la historia del castillo, un hogar que era obvio que adoraba.

Intentó no pensar en las mentiras que le había contado pues Draco había parado de hacer preguntas y ya no parecía preocupado por su relación. El doctor Severus le había dicho que no debía decirle nada que pudiera preocuparlo, así que ha bía hecho lo correcto, ¿no? Hermione se dijo que por un par de mentirijillas no pasaba nada.

-Te he preparado una sorpresa -le dijo Draco al terminar de desayunar-

-¿Qué sorpresa?-

-Se me ocurrió que ya iba siendo hora de poner solución al problema de tu vestuario -contestó abriendo la puerta de un salón.

Draco había invitado a varios diseñadores de ropa para que acudieran al castillo con una selec ción de sus colecciones. Hermione se encontró rodeada de modistos que le tomaban medidas. Estaba aterrada. ¿Cómo iba a permitir que Draco se gastara una fortuna en comprarle ropa? Era imposible pues había visto con sus propios ojos la poca ropa que tenía.

Minutos después, la pusieron de nuevo ante su marido vestida con un traje de falda y chaqueta a la última moda.

Draco la miró atentamente. El color aguamarina ensalzaba la blancura de su piel y las prendas, tanto la falda como la chaqueta, realzaban su figura.

-Impresionante -le dijo al oído.

Por primera vez en su vida, Hermione se sintió el centro de atención. Al ver que Draco la miraba con aprobación, dejó de pensar en sus imperfecciones. Estaba muy orgullosa de sí misma y se olvidó de que siempre había pensado que le faltaba altura y le sobraban curvas.

A partir de aquel momento, se probó varios con juntos encantada. Se vio con un delicioso vestido de fiesta, un increíble traje pantalón y una serie preciosa de vestiditos de diario que hicieron las de licias de Draco. También había bolsos y zapatos a juego. Aquello era maravilloso. Era como un sueño hecho realidad. Todas aquellas personas se habían puesto de acuerdo para que ella jugara a lo que más le había gustado jugar de pequeña: a disfrazarse.

En pocas horas, tenía más ropa de la que había tenido jamás. Se dio cuenta de que no le iba a dar tiempo a estrenar muchas de las cosas que Draco le había comprado, pero se dijo que, cuando se hu biera ido, Draco podría devolverlas. No pudo negarse a adquirir también varios ca misones y conjuntos de lencería.

-Me parece que me estoy pasando -dijo Hermione de re pente.

-Eres mi esposa y quiero que tengas todo lo que te guste -contestó Draco.

Hermione sintió que algo se le retorcía en el cora zón y no pudo evitar hacer una mueca de disgusto.

-¿Hermione?

-Eres demasiado generoso -contestó con un nudo en la garganta.

-Pero tú sabes cómo darme las gracias, ¿ver dad? -sonrió Draco con malicia y sensualidad.

Hermione sintió que el corazón le latía acelerada mente. Aquel hombre era tan guapo que la hacía estremecerse. Tenía un poder sobre ella que la acongojaba y la atraía a la vez.

-Si no lo sabes, ya te daré yo alguna pista, bella mia -añadió.

Hermione tuvo que apretar las piernas, sorprendida por la intensidad de su reacción física ante sus pa labras. Draco se acercó a ella y la abrazó. Al sentir su potente erección, Hermione se sonrojó y deseó sentirlo dentro de ella inmediatamente.

-Estás preciosa con esa ropa, pero me gustaría que te la quitaras -le dijo Draco.

Hermione se apartó de él e hizo algo que jamás hu biera soñado con hacer. Se quitó la blusa, se bajó la cremallera de la falda y dejó que cayera al suelo.

-Me parece que me casé contigo porque no de jas de sorprenderme -comentó Draco abrazándola con fuerza y besándola con pasión-

De momento paró, sacó una pequeña cajita y la abrió dejando ver pequeñas lucesitas tornasoles.

-Es preciosa -dijo Hermione-. No sé qué decir... no me lo esperaba-

Mientras Draco le colocaba en el dedo anular la delicada alianza de platino, ella lo miraba con gra titud. Una alianza. Aquel detalle le había llegado al corazón porque Draco quería que llevara algo que significaba que estaban casados.

-No te voy a fallar, cara -dijo Draco mirándola a los ojos-. Quiero que nuestro matrimonio vaya bien-

Hicieron el amor nuevamente, casi como la primera vez. Después de disfrutarse de todas las maneras posibles, él le sugirió tomar fuera el almuerzo. Salir del Castello hizo que el velo de fantasía en el que Hermione estaba viviendo se cayera. Llevaba cuatro días sin pensar en el futuro, disfrutando del pre sente, del tiempo que pasaba con Draco. Estaba completamente enamorada de él. Incómoda por su sinceridad y herida por lo que sabía que no podía tener. Hermione desvió la mirada y miró a su alrededor.

Hacía un día maravilloso y el paisaje era espec tacular. Estaban sentados en una terraza de piedra de un exclusivo restaurante situado en el lago de Lucerna. El cielo estaba despejado y la pintoresca ciudad medieval estaba a sus pies.

-Hermione...-

En ese momento, un hombre fuerte y castaño se acercó a ellos.

-¿Draco? -le dijo con alegría.

Draco sonrió y se puso inmediatamente de pie para saludarlo. Hermione reconoció inmediatamente a Theodore Nott, uno de los testigos de su boda. El pá nico se apoderó de ella y el intenso escrutinio del abogado la paralizó.

Aquel hombre sabía que no era una esposa de verdad, que se había casado con Draco a cambio de dinero.

¡Debía de estar atónito de verlos juntos en Suiza!