Hola, gracias por sus comentarios y pasarse a leer.
Este es el penúltimo capítulo. Falta uno más.
De verdad quiero agradecerles por seguirlo, comentar y estar al pendiente de todo. Es muy gratificante. Aunque cabe resaltar que la historia solo es una adaptación del libro Herencia Italiana de Lynne Graham.
Saludos y abrazos.
Capítulo 9
DRACO sonrió con irreverencia. -No te lo tomes como una crítica porque lo cierto es que me encanta la vena dramática que tienes, pero, ¿te importaría que cenáramos pri mero? Estoy muerto de hambre-
Hermione estaba nerviosa como una gata sobre un tejado de zinc y se mordió el labio inferior. Se sentó a la mesa y su única contribución a la con versación durante la cena fueron monosílabos.
-Cuando estás así de callada, me preocupo -co mentó Draco.
-A veces, hablo demasiado -contestó Hermione in cómoda.
-Ahora que me he acostumbrado, me gusta -dijo Draco acariciándole la mano-. Veo que me he equivocado creyendo que lo que me tenías que contar no era importante.
-Sí... -dijo Hermione tragando saliva-. En cualquier caso, no es algo que te puedas imaginar y...
-¿Te has acostado con aquel hombre que estaba en tu casa en Londres? -le preguntó Draco de repente.
-¿Con Harry? -exclamó Hermione-. ¡Claro que no!-
-Eso era lo peor que me podía imaginar y me quería cerciorar de que no era así-
-¿Te importaría escucharme antes de volver a hablar? -le espetó Hermione nerviosa.
-No acostumbro a interrumpir a nadie.
-No te enfades... esto no te va a gustar…pero no te enfades conmigo -suspiró Hermione despreciándose por su propia debilidad-. Somos los dos res ponsables.
Draco apretó los dientes.
-¿Qué pasa? Mi paciencia tiene un límite.
-Estoy... -dijo Hermione jugueteando nerviosa con el tenedor-. Me he quedado embarazada. Ocurrió la primera semana que estuvimos juntos.
Draco se quedó mirándola atónito. Frunció el ceño y sus labios se curvaron en una mueca apretujada.
-Yo también me llevé una buena sorpresa -ad mitió Hermione con nerviosismo, se revoloteba los dedos entre las palmas-
Draco la miró de arriba abajo, retiró la silla y se puso en pie. Se acercó a la barandilla y se quedó mirando el mar, que fue lo único que se oyó du rante el silencio que se produjo a continuación.
-No había pensado en acostarme contigo y, cuando sucedió, no me di cuenta de tomar medi das. Tenía muchas cosas en la cabeza...
Draco estaba de espaldas a ella y Hermione quería que se diera la vuelta.
-Supongo que estarás enfadado y lo entiendo porque no esperabas que esto sucediera, pero yo tampoco. No podría soportar la idea de abortar, así que ni la menciones.
Draco se giró hacia ella y la miró con dureza.
-Tal vez, ni siquiera se te había pasado por la cabeza esa opción, pero prefería dejarlo claro desde el principio. Aunque el hijo que voy a tener no entraba en nuestros planes, lo voy a querer igual -le aseguró-. Aunque admito que ahora mismo estoy asustada...
Draco se sirvió un whisky y se lo tomó de un trago.
Hermione se puso en pie.
-Por favor, di algo.
-Vas a ser la madre de mi hijo -contestó él en un tono insolente que hizo que Hermione palideciera-. Debo tener mucho cuidado con lo que te digo. Una mujer embarazada tiene muchos derechos y hay que tener cuidado con su situación. ¿Desde cuándo lo sabes?
-Desde que vino la doctora cuando me des mayé.
-¿Desde hace tanto? -se rió Draco-. ¿Y cómo es que no me lo has dicho en toda esta semana?
-Lo cierto es que hubiera preferido no tener que decírtelo nunca porque no quería... no quiero per derte.
-Nunca me has tenido -le aseguró Draco con du reza-. Sólo de la manera más básica, eso sí.
-Lo sé -murmuró Hermione-, pero sé que hasta eso se va a romper.
-No des por hecho que sabes lo que pienso, siento o lo que voy a hacer a continuación -le ad virtió Draco.
-Dime lo que estás pensando, no me voy a ofender -le aseguró Hermione desesperada por tapar el abismo que se había abierto entre ellos.
-Muy bien. ¿Por qué me iba a sorprender de tu logro? En la familia Malfoy los niños siempre han llegado con una etiqueta con un precio muy elevado.
-Nuestro hijo no... -se defendió Hermione.
Draco pasó a su lado como si no existiera y se metió en el salón. Hermione lo siguió y lo alcanzó en el vestíbulo, justamente cuando se disponía a salir de la casa.
-Nuestro hijo no –repitió Hermione-. ¿Te vas?-
-¿Tú qué crees?-
-¿Dónde vas?-ella le miró con suplica-
-¿Y a ti qué te importa?
Hermione se quedó sola en el vestíbulo. Cuando consiguió recuperarse un poco, volvió a la terraza. El servicio ya había recogido la mesa, pero Hermione ordenó que le llevaran una taza de chocolate con tostadas porque no quería que su hijo sufriera por su falta de apetito.
Durante la siguiente hora, llamó en dos ocasio nes al móvil de Draco y una de ellas oyó una risa fe menina de fondo que la hizo colgar mortificada.
Draco volvió a casa cerca de la una de la madru gada y fue directamente a la habitación de su mu jer, que había dejado la puerta abierta para oírlo llegar y que no dudó en levantarse de la cama a la carrera para ir a abrazarlo. Había vuelto y eso era lo único que importaba en aquellos momentos.
-No -le advirtió Draco levantando las manos.
Hermione se apartó de él.
-He tomado una serie de decisiones -anunció Draco-. Quiero que te examine un médico para que determine las fechas relevantes del embarazo. An tes de que nazca el niño, quiero estar todo lo se guro que pueda de que es mío.
Hermione lo miró anonadada.
-¿Lo dudas? -murmuró dolida.
-Hay mujeres que matarían por estar en tu lugar porque ese niño te va a reportar increíbles ganancias -contestó Draco.
-No creo que ninguna mujer matara por estar en mi piel en este momento -murmuró Hermione.
-Por supuesto, quiero que le hagan una prueba de ADN en cuanto nazca -continuó Draco como si ella no hubiera dicho nada-. Podrías haberte que dado embarazada de otro hombre durante las dos semanas que estuviste en Londres. No me parece muy probable, pero sería una estupidez por mi parte no asegurarme.
-Sí... -intentó sonreír Hermione-. ¿Cómo no ibas a aprovechar la oportunidad de humillarme?
-¿Y qué esperabas? No creo que este embarazo haya sido un accidente. Al fin y al cabo, tener un hijo conmigo te asegura una vida de ensueño.
-No estás siendo justo. Si no confías en mí, ¿cómo te voy a demostrar que te equivocas conmigo?
-No me he equivocado contigo.
-Hoy mismo me has dicho que estabas conven cido de que no era una caza fortunas.
-Eso ha sido antes de que me dijeras que esta bas embarazada.
-¿Y cómo iba yo a suponer que me iba a quedar embarazada en una semana? -se defendió Hermione-. Si por mí hubiera sido, no hubiera elegido tener a mi primer hijo así. ¿Por qué iba a querer tener un hijo con un padre que me odia?
-Yo no te odio.
-¿Ah, no? Me odias porque mientras tuviste amnesia no te conté la verdad sobre nuestro matrimonio.
-Me mentiste.
-Por tu bien. Es cierto que me dejé llevar un poco, estaba viviendo un sueño hecho realidad y...
-Por fin dices la verdad -la interrumpió Draco con satisfacción-. Estabas tan seducida por mi es tilo de vida que no te importó mentirme para se guir disfrutando de él.
Aquello hizo que Hermione se riera con amargura.
-Para tu información, mi sueño era tener un ma trimonio de cuento con un hombre que me tratara como una igual... sí, patético creer que ese hombre podías ser tú. ¡Un hombre que ni siquiera me pidió una cita cuando era obvio que yo hubiera dicho que sí! Claro que era mi sueño y no el tuyo y...
-¡Así que me hiciste vivir tu estúpida fantasía!
-Por muy raro que te parezca, estabas muy feliz viviendo mi estúpida fantasía -le aseguró Hermione levantando el mentón en actitud desafiante.
Draco se quedó como si lo hubiera abofeteado.
-Hablemos del bebé -dijo al cabo de un rato.
-Por favor, escúchame -contestó Hermione deses perada porque Draco entendiera que no se había quedado embarazada adrede-. Cuando me acosté contigo, no consideré las consecuencias. Nunca antes me había tenido que preocupar por ello. Fui ingenua e irresponsable, pero nada más. Tú tam poco tomaste medidas.
-La primera noche que nos acostamos, abrí el cajón de la mesilla en busca de preservativos y, al no encontrarlos y dando por hecho que eras mi es posa, asumí que estabas tomando la píldora.
-Así que a ti tampoco se te ocurrió tomar medi das.
-Sinceramente, entonces aquel asunto no me preocupaba. Tenía amnesia y una esposa a la que no reconocía.
-Te recuerdo que eso te pareció de lo más exci tante -contestó Hermione.
-Confié en ti. Ése fue mi error y sé que voy a pagar por él -le espetó Draco-. Sin embargo, tú vas a vivir conmigo teniendo muy claro lo que eres. ¡ Una asquerosa que se metió en mi cama en busca de dinero!
-No me hables así -gritó Hermione furiosa-. Si si gues haciéndolo, te voy a dar una bofetada.
En un abrir y cerrar de ojos, Draco la tomó en brazos.
-¡Bájame!-exclamó Hermione.
-No, es tarde y tienes que dormir.
-Sé ir sola a la cama.
-¿Por qué te crees que he vuelto? Eres mi esposa y vamos a tener un hijo, así que, a pesar de lo enfadado que estoy contigo, no quiero que te ocu rra nada.
Hermione cerró los ojos con fuerza y dejó que Draco la depositara sobre la cama y la tapara como si fuera su tatarabuela. Al recordar la pasión que ha bían compartido unas horas antes, sintió ganas de llorar.
Fue la primera vez que durmieron en habitacio nes separadas y aquello le dolió como si le hubiera clavado un cuchillo en el corazón. Era obvio que Draco quería marcar distancias entre ellos.
A la mañana siguiente, volvieron a Suiza. Cuando llevaban una hora de vuelo, Hermione decidió dejar de lado el orgullo y acercarse a él, que estaba trabajando.
Draco la ignoró.
-Muy bien, mensaje recibido. Quieres que desa parezca, ¿verdad?
Draco la miró con indiferencia.
-No me mires así -dijo Hermione con las manos en las caderas-. ¡Si no me aguantas, divórciate de mí!
Draco se puso en pie y se acercó a ella.
-Me estaba preguntando cuánto tiempo ibas a tardar en decir eso. Siento mucho decepcionarte, pero eso no va a suceder.
-¿Por qué dices eso?
-Te vas a quedar en Suiza, donde yo pueda vigi larte.
A Hermione le pareció interesante que, aunque la creyera una ambiciosa cazafortunas, a Draco no se le ocurriera un castigo peor que mantenerla a su lado. Aquello la hizo albergar ciertas esperanzas.
-¿Qué opinas de tener un hijo? -le preguntó ar mándose de valor.
-Quería tenerlo algún día -confesó Draco con la misma emoción con la que diría que quería comprarse un coche nuevo-. Lo cierto es que va a llegar antes de lo previsto, pero ya me haré a la idea.
Hermione apretó los puños con fuerza y se clavó las uñas en las palmas de las manos. Volvió a su sitio y decidió que debía darle tiempo. Draco era un hom bre muy cabezota y lo mejor era intentar compren derlo para ganarse su confianza. ¡Lo amaba tanto! Seguro que, al final, acababa aceptándola. ¿De verdad? ¿Draco Malfoy iba a aceptar tener una es posa que era peluquera?
De momento, parecía preocupado por ella, pero eso era sólo porque estaba embarazada. Podría divorciarse de ella en cuanto diera a luz.
Lo cierto era que nunca la había aceptado como su esposa, pero no podía culparlo por ello pues, al fin y al cabo, nunca le había dicho que se fuera a vivir con él y, desde luego, nunca le había pedido un hijo. No debía perder de vista la realidad y la realidad era dolorosa. Draco se sentía atrapado. Prefería re cobrar su libertad ¿Qué podía esperar del hombre al que amaba? ¿Sexo? ¿Joyas? ¿Estaba dispuesta a que Draco le echara en cara constantemente sus errores? ¿Es taba dispuesta a que le hiciera sentirse pequeña y vendida?
