CAPITULO 52

Kurt estaba demasiado incómodo, ya no sabía cómo sentarse o acostarse. No estaba sintiendo ningún tipo de dolor, pero la molestia que tenía en su cuerpo era peor.

Luego de que su novio se fue al bar, se dio una ducha y bajó a cenar aunque en realidad no tenía hambre.

"¿Te sientes bien cariño?" Le preguntó amablemente Carole. Ella lo miraba con dulzura y sostuvo la mano de su hijastro sobre la mesa.

Kurt le dio una sonrisa cansada y suspiró. "No lo sé…" Dijo con frustración dejando la cuchara a un lado del tazón de sopa donde estaba tomando un caldo. Los días se habían vuelto un poco más fríos paulatinamente y Kurt siempre tenía antojo de sopa de verduras. "Me siento… raro." Explicó acariciando su estómago suavemente, el vientre se sentía más caído de lo normal. "Es como si… tuviera una presión en la cadera por dentro" Dijo tratando de sonar lo más claro posible, pero no estaba seguro de ello, no estaba seguro de nada.

Burt y Carole se miraron sorprendidos, ellos sí creían saber lo que estaba sucediendo con el chico.

"Te comiste un cheescake entero tu solo a la tarde, Kurt, debe ser eso lo que te tiene así. Tienes indigestión" Dijo Finn, no teniendo idea de lo que podría estar sucediendo. Todos ignoraron al chico alto, que seguía comiendo como si nada.

"Kurt… te das cuenta de lo que eso significa, ¿verdad?" Carole le preguntó con una ceja levantada.

Las manos de Kurt fueron directo a su rostro, para ocultar las lágrimas que habían comenzado a caer sobre sus mejillas. Repentinamente se dio cuenta de todo. Los nueve meses que pasaron, de pronto cayeron a él, como un balde de agua fría. Mientras su hijo esté dentro suyo, todo era fácil, pero ahora cayó en la cuenta de que su bebé no podía estar para siempre en su vientre, tenía que salir y comenzar a vivir. Iba a tener un bebé, una pequeña personita que dependería de él para todo. Definitivamente Kurt estaba entrando en pánico.

"¿Kurt?" Burt intentó quitar las manos del chico de su rostro, pero no pudo, Kurt no se lo permitió. Los hombros del chico embarazado temblaban y los sollozos se hacían cada vez más fuertes. El hombre no sabía qué hacer al ver a su hijo así. Con Elizabeth, la madre de Kurt, había sido todo tan fácil, ella estaba feliz y ansiosa de ser madre.

Burt miró a su esposa, pidiéndole ayuda tácitamente. Carole se paró y se arrodilló frente a su hijastro. "¿Kurt…?" Ella dijo con dulzura y en voz baja como para no asustar al chico, mientras Kurt no paraba de llorar. "Cariño… ¿qué tienes? ¿Por qué lloras?" La mujer tomó las manos del chico apartándolas de su rostro, mojadas por las lágrimas y las apretó entre las suyas.

Kurt miró a la mujer con ojos llorosos y el rostro húmedo y colorado. "Tengo miedo" Dijo en apenas un susurro. Esa voz partió el corazón de Burt, no había nada que pudiera hacer o decir para calmar a su niño.

Carole le dio una pequeña sonrisa y acarició el rostro de Kurt. "Oh, Kurt… es normal que te sientas así. Pero no hay que temer, todo saldrá bien." La mujer dijo amablemente. "Tienes que estar relajado. Tu cuerpo sabrá lo que tiene que hacer, tu solo déjate llevar." Kurt asintió y le brindó una pequeña sonrisa de agradecimiento a su madrastra. "Eso es…" Dijo ella devolviéndole la sonrisa. "Me gusta verte sonreír, tendrás a tu bebé en tus brazos muy pronto"

Kurt se secó las lágrimas con el dorso de la mano, esas palabras lo consolaron. "Gracias, Carole"

"De nada, cariño. ¿Quieres que llame a Blaine?" Preguntó la mujer volviéndose a sentarse en su lugar en la silla. Kurt negó con la cabeza. "Deberías a descansar. Si ese pequeñito viene esta noche, entonces será mejor que duermas lo que más puedas."

"De acuerdo" Asintió Kurt. Intentó pararse, pero le costaba, entonces Burt se paró frente a él, le tomó ambas manos y le ayudó a impulsarse hacia arriba.

Cuando Kurt estuvo de pie y estabilizado en el suelo, abrazó muy fuerte a su padre, el hombre le devolvió el abrazo con la misma fuerza. "Todo estará bien, hijo" Murmuró Burt y besó la frente de Kurt.

"Si, todo estará bien" Repitió Kurt, casi como un mantra y un deseo de que fuera así.

Burt miró a su hijo subir las escaleras acompañado por Carole y suspiró audiblemente. "Oh Elizabeth… desearía que estuvieras aquí conmigo y con nuestro hijo." Murmuró el hombre para sí mismo. Miró hacia atrás y vio a Finn agarrando el tazón de sopa que Kurt había dejado, Burt arrugó el entrecejo al ver a su hijastro.

"¿Qué? Tengo hambre" Dijo Finn con la boca llena. Burt sonrió y negó con la cabeza y volvió a sentarse a la mesa.


Carole ayudó a Kurt a subir las escaleras, lo esperó a que termine de cepillarse los dientes y luego lo acompañó a su habitación. El chico embarazado se metió en la cama con dificultad y su madrastra le colocó una manta encima y besó su frente con dulzura.

"Trata de descansar. Llama si necesitas algo, yo estaré atenta a tu llamado." La mujer sonrió y comenzó a caminar hasta la puerta, pero la suave voz de Kurt la detuvo.

"¿Carole?"

"¿Si?" Preguntó la mujer mientras se volteaba a mirar al chico.

"¿Puedes quedarte conmigo hasta que me duerma?" Preguntó Kurt con timidez. La mujer sonrió y volvió a caminar hacia Kurt.

"Por supuesto" Contestó mientras se sentaba al lado de Kurt sobre las sábanas y con la espalda apoyada en la cabecera. Kurt se acostó de lado, mirando hacia su madrastra y cerró los ojos, tratando de tranquilizarse, a pesar de los movimientos de su hijo en el vientre.

Carole observó como Kurt cerraba los ojos y su respiración se estabilizaba, mientras ella acariciaba el mechón de cabello que caía en la frente del chico. De a poco, Kurt se quedó dormido y Carole no podía creer lo afortunada que era en ese momento. Haber encontrado a Burt y Kurt, había sido una de las mejores cosas que le habían sucedido en la vida. Encontró en ellos una familia que completaba la suya con Finn. Por supuesto ella jamás olvidaría al padre de su hijo, pero tampoco podía ni siquiera imaginar su vida sin Burt, Kurt y su nietito por nacer. Además ella estaba contenta por Finn, que había encontrado en Burt la mejor figura paterna que pudiera pedir, y en Kurt el hermano que nunca le pudo dar.

Cuando estuvo segura de que Kurt estaba dormido, Carole besó la sien del chico y salió de la habitación, dejando la puerta entreabierta para escuchar si él la llamaba.


Un dolor punzante y agudo en la cintura despertó a Kurt. El chico abrió los ojos e intentó no gemir de dolor cuando trató de sentarse en la cama, pero era inútil. Se tomó con fuerza el vientre y se inclinó hacia adelante, parecía funcionar porque el dolor disminuyó luego de unos segundos de encontrarse en esa posición. Respiró profundamente, tal y como había visto en los videos online sobre ejercicios de preparto; apoyó la espalda contra la cabecera de la cama y cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás. Kurt miró el reloj que estaba sobre su mesita de noche; solo treinta minutos habían pasado desde que Carole lo mandó a acostarse.

Cuando por fin estaba mejor, otra vez ese fuerte dolor lo invadió. Esta vez gritó fuerte, pidiendo por la persona que lo entendía en este momento.

"¡CAROLE!" Gritó, otra vez se tiró hacia adelante y apretó muy fuerte los puños en las sábanas mientras el dolor atravesaba su cuerpo.

En seguida la mujer corrió hacia la habitación de su hijastro al escuchar el grito desgarrador que venía de su cuarto.

"¿Kurt?" Carole entró a la habitación, seguida por Burt. Ambos estaban todavía en su ropa del día. Ella se acercó a la cama al lado de Kurt, su marido del otro lado.

"¡Creo… que… tengo… contracciones!" Logró decir Kurt, entre dientes y haciendo fuerza con su cara. El dolor intenso en su cintura lo hacía sentir como si se estuviera partiendo en dos.

Carole tomó la mano de Kurt y él le apretó con fuerza los dedos de la mujer. "Okey." Carole dijo, muy tranquila. "Respira, Kurt" Indicó la mujer mientras acariciaba con la mano que no sostenía la de Kurt, su vientre. El estómago de Kurt se sentía duro. "Vamos a contar los minutos, ¿de acuerdo?" El chico asintió, el dolor iba disminuyendo.

"Ya… ya pasó" Dijo Kurt, volviendo a relajarse contra la almohada detrás suyo que colocó Burt un segundo antes. Carole asintió y se sentó en el borde de la cama, junto a su hijastro, miró el reloj de su muñeca y esperó.

Burt se sentía inútil. Lo mismo sucedió hace dieciocho años, cuando su fallecida esposa estaba a punto de dar a luz a su único hijo. Con la diferencia en que ella estaba perfectamente preparada para este momento y muy tranquila al respecto. Burt confiaba en la seguridad de su esposa. Pero al ver el sufrimiento en el rostro de su hijo embarazado, se sentía impotente e incapaz de aliviar el dolor de su niño. El hombre sabía que este día llegaría en algún momento, pero al igual que Kurt, no estaba preparado para enfrentarlo solo, y esperaban que no sea tan pronto. Burt agradeció al cielo por tener a alguien como Carole a su lado en estos momentos.

Carole se dio cuenta de los nervios de su marido cuando lo miró quedarse quieto y firme como una estatua.

"Burt, cariño…" Ella lo llamó suavemente. Los ojos del hombre se desviaron del rostro de su hijo para mirar a su esposa. "Debemos prepararnos para ir al hospital. ¿Podrías llamar a Blaine?" Ella sintió otra vez el apretón de la mano de Kurt cuando otra contracción estaba llegando y miró el reloj. Doce minutos habían pasado desde la última. Otra vez, la cara de dolor en el rostro de Kurt.

Burt asintió con la cabeza para contestar a la pregunta de Carole. Salió de la habitación y tomó el teléfono para llamar al otro padre del bebé.


Blaine miró por última vez su teléfono celular, esperando por una llamada o un mensaje de texto de Kurt. No tenía permitido llevar el celular con él al escenario, ya que la señal hacía interferencia con los amplificadores de los instrumentos y el micrófono.

"¡Vamos, Blaine. Es tu turno!" Le dijo Rob, asomando la cabeza por la puerta. Suspiró y dejó el teléfono celular dentro de la mochila, en el pequeño espacio que le dieron para cambiarse y prepararse antes de salir a cantar en el bar.

"Estoy listo" Contestó Blaine. Miró por una vez más hacia el lugar donde había dejado su teléfono. Agudizó su oído, tratando de escuchar el tono de llamada del celular, pero no había una llamada entrando. El chico salió del cuartito, sin darse cuenta que el celular estaba vibrando dentro de su mochila.


Burt había intentado llamar a Blaine unas diez veces, más o menos, pero ninguna llamada había sido respondida por el chico. Resoplando, el hombre volvió a la habitación de su hijo.

"¿Hablaste con Blaine?" Preguntó Carole en voz baja mientras se acercaba a su marido. Kurt acostado de lado, dándole la espalda a la puerta, estaba casi dormido. Entre contracción y contracción, Carole lo incitó a que descansara. El chico embarazado hizo caso, todavía no había empezado el trabajo de parto y ya estaba agotado.

"No, no me contesta la llamada. Ya intenté llamarlo varias veces y nada. Dejé a Finn para que se encargara de eso." Explicó el hombre.

Carole frunció el ceño. "Debe estar en el escenario cantando" Especuló ella.

Burt asintió con la cabeza, coincidiendo con el pensamiento de su esposa. "¿Cómo está?" Preguntó, señalando hacia la cama donde se encuentra su hijo.

"Está muy bien. Solo un poco nervioso y dolorido. Preguntó varias veces por Blaine" Respondió la mujer sonriendo para tranquilizar a su marido preocupado. "Pero creo que debemos ir al hospital, las contracciones son cada vez más seguidas y más dolorosas. Nuestro nieto está por nacer"

"¡AAAH!" Se quejó Kurt, haciendo que los dos adultos vuelvan su atención a él. Carole miró su reloj, habían pasado menos minutos desde la última contracción. El chico sintió mojado en la parte inferior de su cuerpo. "Creo… creo que me oriné" Dijo luego de que la contracción disminuya, sintiéndose avergonzado por su accidente. Su madrastra le quitó la manta que lo tapaba y miró la aureola de humedad en el pijama de Kurt y sobre la cama.

"Uhmmm… eso no es orina, cariño." Ella dijo con una pequeña sonrisa. "Kurt… rompiste bolsa." Los ojos de Kurt se abrieron enormes y su corazón comenzó a latir más rápido dentro de su pecho. Llegó la hora, no había nada que pudiera hacer.

Kurt Elizabeth Hummel iba a tener un bebé.