Disclaimer: los personajes y la historia pertenecen íntegramente a J. K. Rowling , exceptuando los de creación propia.

Me levanté con el sonido del ajetreo de la Sala Común y de mis compañeras de habitación preparándose para bajar a desayunar. Aparté las sábanas de mala gana y me calcé las zapatillas. Todavía medio despierta me dirigí a los lavabos y me lavé la cara con agua fresca. Me metí en la ducha y suspiré de placer al notar el agua caliente sobre la piel. Después de media hora bajo el agua decidí salir, o de lo contrario llegaría tarde a mi primer día de clases. Con un simple hechizo me sequé el pelo húmedo y me dispuse a lavarme los dientes. Estaba claro que las mañanas no eran lo mío.

Contemplé mi reflejo en el espejo. A diferencia de mi hermana Martina, que había heredado el pelo de color caramelo y los ojos azules de mi madre, yo había heredado los rasgos hispanos de mi padre. Poseía un pelo castaño ceniza ondulado y unos ojos negros (que en ocasiones costaba discernir el iris de la pupila) ligeramente rasgados que me concedían un aire gatuno. A pesar del tópico de que las españolas somos todas morenas, mi piel estaba bronceada muy ligeramente, con un color parecido a la miel.

Volví a la habitación y me vestí con el uniforme de Hogwarts. Salí de la Sala Común y al llegar al Gran Salón me dirigí a la mesa de Gryffindor, donde ya me esperaban algunos de los alumnos que había conocido anoche.

— ¡Buenos días dormilona! —Me saludó Dominique Weasley con energía— Por un momento pensé que te habías quedado en estado de coma— todos rieron y yo le saqué la lengua infantilmente.

— ¿Tenéis ya los horarios? —pregunté. Todos respondieron negativamente. Me serví un poco de huevos revueltos, una tostada y un vaso de zumo. Vi que Damián también había formado su pequeño grupo de amigos y lo saludé con la mano. — Estoy un poco agobiada con las optativas. ¿Cuáles habéis escogido vosotras?

—Bueno, todo depende de a qué profesión tengas pensado dedicarte —Me contestó Roxanne Weasley, prima de Dominique, que estaba sentada a mi derecha. Por lo poco que averigüé anoche, la familia Weasley era bastante grande y la mitad de sus componentes estaban estudiando ahora en Hogwarts.

—Seguramente acabaré como Sanadora.

— Bueno, como Herbología y Pociones ya son obligatorias, te recomiendo que escojas Alquimia, Cuidado de Criaturas Mágicas o Magia Terrestre.

— Gracias Rox, esas eran las que tenía pensadas más o menos.

— Cambiando de tema. —Interrumpió Dominique— ¿Os ha dicho James que va a organizar una fiesta de bienvenida esta noche? — nos miró con picardía.

— ¡Vaya!, como no, James organizando una fiesta— bromeó Maya Lloyd, que hasta ahora había permanecido ocupada engullendo su desayuno.

— ¿James es otro de vuestros primos, no? —pregunté divertida.

—Sí. Y te puedo asegurar que sus fiestas son legendarias. El motivo principal de la fiesta es daros la bienvenida, pero todos sabemos que es una excusa para emborracharse y enrollarse con alguna de sus fans histéricas — las cuatro estallamos en carcajadas.

—Te olvidas, querida prima, —contestó ahora más seria Roxanne— de que James ha vuelto con su novia Alisa Helm.

— ¿Otra vez?, ¿Cuántas veces han vuelto ya? —preguntó Dominique sorprendida por las noticias.

— Ni idea. Dejé de contar cuando volvieron por cuarta vez. —contestó Roxanne indignada.

— ¡Argg!, no soporto a esa maldita Helm —Dominique miró hacia la mesa de Ravenclaw. Una chica con el cabello dorado y ojos verdes desayunaba ajena a todo. —Se pasa el día detrás de James y no soporta cuando mi primo no le hace caso aunque sea durante un solo minuto de todo el día.

Permanecieron en silencio y comiendo durante un rato. Dominique y Roxanne echaban de vez en cuando miradas enfadadas hacia la mesa de Ravenclaw.

— Ahí viene Leah —Maya señaló con la cabeza a la morena que se acercaba a la mesa. La saludé con un beso y se sentó a mi lado.

—Chicas os tengo que dejar. — dije levantándome del banco. —Tengo que ir a hablar con McGonagall antes de clase para confirmar las optativas y que me dé el horario. Os veo luego.

Salí del Gran Comedor y me dirigí al despacho de la profesora. Cuando llegué llamé suavemente con los nudillos sobre la robusta puerta de madera.

—Buenos días profesora McGonagall— dije al entrar— vengo a por el horario.

—Por supuesto. Buenos días señorita Herrero. —Contuve una risita al escuchar pronunciar a McGonagall mi apellido.— ¿Ha decidido ya que asignaturas optativas cursará?

— Alquimia y Magia Terrestre —McGonagall asintió y golpeó suavemente un pergamino con la varita. De la nada surgió el horario ya organizado. —Su primera clase es Encantamientos, dese prisa o llegará tarde.

Cogí el horario que la profesora me ofrecía y me dispuse a abandonar el despacho.

— ¿Quiere que la acompañe?

—Sí, por favor. —Aquel castillo era dos veces más grande que el de Bellver y temía perderme por alguno de sus rincones.

La profesora McGonagall y yo caminamos en silencio hasta una de las aulas y se despidió de mí ante la puerta para atender otros asuntos. Escaneé las mesas y me dirigí hacia donde Maya y Dominique estaban sentadas.

— ¿Roxanne y Leah no están con nosotras? —pregunté en un susurro, pues el profesor Fitwick ya había llegado.

—Tienen clase de Defensa con Ravenclaw— Dominique me arrebató el horario de las manos y le echó un rápido vistazo— Pero tranquila, luego tenemos Pociones las cinco juntas. — sonrió y me devolvió el horario.

Durante la hora y media siguiente estuvimos atendiendo al profesor Fitwick, pasándonos alguna nota de vez en cuando en las que el tema predominante era la fiesta de aquella noche y la ropa que nos pondríamos.

Las clases se pasaron con rapidez. Comprobé que aunque algunas de las asignaturas tenían un nombre diferente en el Internado Bellver, el contenido era esencialmente el mismo. Durante la clase de Pociones pude por fin ponerle cara a James Potter, el famoso organizador de la fiesta, pues él y sus amigos interrumpieron la clase durante media hora al hacer explotar su caldero.

A las ocho de la tarde, las cinco salimos de la Sala Común y nos dirigimos al comedor para cenar rápidamente y poder subir así a las habitaciones a cambiarnos de ropa y arreglarnos para la fiesta. Mientras comía mi plato de estofado de cordero, Dominique me miró con picardía.

— Cuéntanos Cam, ¿Le has echado el ojo ya a alguno de los chicos? —Soltó una risita más propia de una niña de trece años— Si lo conozco puedo presentártelo esta noche.

—La verdad es que no. —Leah soltó un resoplido de incredulidad.

—Imposible. Está Mark Lovingthon de Slytherin, Joe Shaw y Robert Stewart de Ravenclaw, tu compañero Héctor Hernandez, el chico de Durmstrang con nombre raro…

—Se llama Yevgeniy y sólo tiene quince años. —contesté divertida.

—… Elliot Andrews de nuestra Casa. —Continuó como si no la hubiese interrumpido— La lista es interminable. ¿¡Cómo no puedes haberte fijado en ninguno!?

—Cálmate Leah, que te va a estallar la vena del cuello— dijo Roxanne entretenida por el arrebato que había sufrido su amiga.

—Está bien, admito que en alguno sí que me he fijado. Pero eso no quiere decir que vaya a interesarme particularmente por alguno de ellos.

— ¿Por qué no? — preguntó incrédula Dominique, que no comprendía cómo una chica de diecisiete años no pudiese interesarse por el sector masculino del colegio. — ¿No serás…?

—No soy lesbiana Dom. —contesté divertida. — El problema no es ese. Lo que pasa es que sólo voy a estar aquí un año y luego tendré que regresar a España. No quiero enamorarme de alguien al que sé que no voy a poder ver más.

—Vaya, no había pensado en eso—murmuró Maya.

—Siempre puedes darte una alegría Cam, —Dominique se rió— sin sentimientos de por medio.

—Bueno… en el caso de que aparezca un chico que me llame la atención suficiente, entonces, como tú dices, me daré una alegría. —Todas prorrumpimos en carcajadas y nos levantamos para irnos.

Subimos a nuestras habitaciones (yo la compartía sólo con Maya y Dominique mientras que Roxanne y Leah dormían en otras habitaciones) y comenzamos a sacar ropa de los baúles y a enseñárnosla para pedir consejo. Después de mucho cavilar, y de las insistencias de Dominique para que me pusiese sexy, me decidí por una simple blusa de tirantes blanca, unos vaqueros de cintura alta que me estilizaban las piernas, un kimono de tonos borgoña y unas sandalias negras con plataforma. Ya en el lavabo, decidí marcar un poco más las ondas naturales de mi pelo. Maya insistió en maquillarme y se decantó por una fina línea negra de eyeliner, un poco de rímel, colorete de tonos cálidos y un pintalabios burdeos.

— ¡Estás guapísima Cammie! —exclamó Dominique.

— Gracias Dom, tú también estás muy guapa.

— Por supuesto, esta perra seguiría estando guapa aunque llevase una cagada de lechuza en la cabeza. —Todas nos reímos de la broma de Roxanne y nos dirigimos a las escaleras. La música ya se escuchaba desde abajo. James y sus amigos se habían encargado de poner guirnaldas por el techo, arrinconar los sillones contra la pared y de infiltrar, Godric sabe cómo, alcohol muggle y mágico en la Torre de Gryffindor.

— ¡Vamos a tomar algo! —Leah me agarró de la mano y me arrastró hasta la mesa donde estaban expuestas las distintas botellas. — ¿Qué te apetece?

Acostumbrada a las bebidas alcohólicas más típicas de España, me decanté por el único licor británico que conocía, el whiskey de fuego. Di un pequeño trago y noté como la bebida me dejaba un rastro ardiente por la garganta. Contemplé desde la improvisada barra la gente que había acudido a la fiesta. Casi todos los alumnos eran de sexto y séptimo año, con la excepción de algún alumno de quinto, y, aunque la mayoría pertenecían a Gryffindor, también habían venido alumnos de otras casas.

De nuevo Leah nos arrastró hasta el centro de la sala, que ejercía la función de pista de baile. Comenzamos a bailar al ritmo de la música, sosteniendo en una mano el vaso e intercambiando bromas y comentarios sobre los chicos que pululaban por la fiesta. De repente noté como alguien colocaba un brazo sobre mis hombros y me apartaba ligeramente de mi grupo de amigas. Levanté la mirada para ver de quién se trataba y vi a James Potter sonriéndome divertido.

—Creo que hemos compartido clase de Pociones, pero todavía no nos hemos presentado formalmente. —Me dedicó una sonrisa encantadora— ¿Camila Herrero verdad? James Potter, a su servicio.

Le sonreí y le tendí la mano a modo de presentación. James contempló mi mano tendida con una ceja levantada y sonrío burlonamente.

—Tenía entendido que los españoles se saludaban con dos besos en las mejillas. —me miró retándome a contradecirle. Con un ligero rubor en las mejillas me puse de puntillas para darle los dos besos.

Muchas gracias muy bonita señorita— solté una carcajada al oír su pésimo castellano. James se llevó una mano al pecho como si mi diversión le hubiese dolido. — Que sepas que he estado toda la noche practicando esta frase.

—No lo has hecho tan mal, a decir verdad. —volví a reírme. Le di un pequeño sorbo a mi bebida mientras James me miraba divertido. — Gran fiesta, por cierto. Tu prima me ha contado algunas de las muchas locuras que se han cometido durante tus fiestas.

James echó la cabeza hacia atrás y se rió con ganas. Estuvimos hablando un rato más, intercambiando bromas y conociéndonos mejor, hasta que noté que alguien nos miraba desde el otro lado de la sala.

—Tu novia lleva mirándonos un buen rato. — incomoda señalé con la cabeza hacia donde Alisa Helm nos miraba con los ojos entrecerrados. James soltó un suspiro exasperado y apartó el brazo que había tenido sobre mis hombros.

—Será mejor que vaya a ver que quiere. Un placer conocerte Camila. Nos veremos por aquí. —me despedí con un gesto de la mano y James se dio la vuelta para volver junto a su novia. Hice lo mismo y me dirigí hacia donde mis amigas seguían bailando.

— ¿Dónde está Maya? —pregunté mientras la buscaba con la mirada.

— Desapareció hace media hora con su novio de Slytherin. —Dicho esto Roxanne me miró con preocupación— Ten cuidado con James. Su novia te ha estado lanzando dagas con la mirada desde que te vio hablando con él.

—Tranquila, sólo ha venido a presentarse.

Continuamos bailando y hablando durante el resto de la noche. Dominique, de lejos la chica más bonita de la fiesta (y probablemente de todo Hogwarts), estuvo rodeada permanentemente por chicos, pero ella se deshizo de todos con una habilidad sorprendente. Hablé y bailé con Damián y Héctor, que se había acercado desde Hufflepuff con algún amigo, entre ellos Louis Weasley. Conversé también con Geraldine, con la que había establecido también una buena amistad.

En una de las ocasiones en que me acerqué a la barra para rellenar mi vaso vi como James y su novia se habían alejado hacia un rincón, donde intercambiaron susurros enfadados en lo que parecía una discusión de pareja. Poco después pude ver como Alisa abandonaba la sala de Gryffindor junto con sus amigas y James se pasaba una mano nerviosa por el pelo.

Hacia las cuatro de la madrugada, la gente comenzó a retirarse ya que, por desgracia, al día siguiente había clases. Acompañada por Roxanne y Dominique (Leah también había desaparecido con un apuesto chico de Gryffidor), nos dirigimos dando tumbos hacia nuestras respectivas habitaciones y como pudimos, o el alcohol nos permitió, nos cambiamos y nos acostamos.