Disclaimer: los personajes y la historia pertenecen íntegramente a J. K. Rowling , exceptuando los de creación propia.
— ¿Puedes recordarme otra vez por qué estamos aquí un miércoles a las seis de la mañana, pudiendo estar en la cama durmiendo? — Con la cabeza apoyada sobre el hombro de Maya me reajusté el abrigo para poder entrar en calor. El aire era frío, enrojeciendo las mejillas y la nariz. Los asientos de las gradas del campo de Quidditch todavía estaban húmedos del agua condensada en el aire.
— Para ver practicar a Dominique y a Rox antes del partido contra Slytherin. —dijo Maya a la vez que sorbía la nariz. — A veces creo que somos demasiado buenas amigas.
—No voy a ser capaz de aguantar en clase con los ojos abiertos. —Un quejido surgió de los labios de Leah, molesta por haber tenido que madrugar tanto. — ¿Vamos a quedarnos para ver la práctica de Slytherin?
—Por supuesto. —Exclamé algo más despierta— Tenemos que aprender todo lo posible sobre el enemigo.
— Te recuerdo que mi novio juega con el "enemigo" — Maya volvió a sorber por la nariz y se sentó más recta al ver a los miembros del equipo Gryffindor salir de los vestuarios y caminar hasta el centro del campo.
— Sabes que Aiden es la excepción. — Permanecimos en silencio y observamos como James daba órdenes e instrucciones a sus compañeros.
—Mirad, ha venido la arpía de Helm. — Leah señaló disimuladamente hacia las primeras gradas. Sentadas un poco más a la izquierda de donde nosotras nos encontrábamos estaba Alisa Helm con dos de sus amigas. James, al notar su presencia, la saludó desde la distancia y Alisa soltó un chillido satisfecho. Estallamos en carcajadas cuando vimos como Dominique, que se encontraba al lado de James, ponía los ojos en blanco al escuchar el chillido de la novia de su primo.
El equipo comenzó el calentamiento corriendo varias vueltas alrededor del campo y haciendo estiramientos. Seguidamente, montaron sobre sus escobas y se colocaron en sus posiciones. Durante una hora observamos soñolientas como los miembros del equipo volaban de un lado a otro poniendo en práctica las tácticas que James les había indicado. James, que al parecer sólo mostraba su faceta seria y concentrada cuando se trataba de jugar al Quidditch, gritaba órdenes mientras se encargaba de buscar la snitch. Permanecimos en silencio durante toda la práctica, con la excepción de algún grito de ánimo ocasional o alguna felicitación cuando alguno de los miembros protagonizaba una jugada excepcional.
Cuando James tocó el silbato, el equipo desmontó de las escobas aliviado de poder finalmente descansar. Se dirigieron de nuevo hacia los vestuarios mientras que el equipo de Slytherin ocupaba ahora el centro del campo. Aunque el cielo había clareado un poco más, seguía haciendo el mismo frío cortante que antes.
El equipo de Slytherin, entre el que se encontraba Albus Potter, comenzó a calentar de forma parecida al nuestro y en seguida se pusieron a volar. Cuando ya llevaban un cuarto de hora jugando, nuestros compañeros, ya duchados y cambiados, se dirigieron hacia las gradas para poder también observar jugar al contrincante. Dominque, Roxanne y alguno de los otros miembros se sentaron junto a nosotras y James se acercó a donde su novia estaba sentada.
— ¡Estoy muerta!, creo que el domingo no podré ni subirme a la escoba para jugar. —Roxanne se dejó caer a mi lado.
— Creo que me tiemblan hasta las pestañas. — dijo Dominque con aquel dramatismo tan típico de ella. Sonreí en silencio mientras seguía observando a Slytherin entrenar.
— La verdad es que son muy buenos. —miré como Albus realizaba una filigrana sorprendente con la escoba. —Sobretodo vuestro primo Albus. Lo vais a tener difícil este domingo.
— ¡No te dejes engañar Mila! —me gritó James desde las gradas de abajo, que había escuchado mi comentario. —Sólo se esfuerza tanto porque sabe que hay chicas mirando.
— No metas a tu hermano en el mismo saco que tú. —le respondí divertida. James me sacó la lengua mientras Alisa nos miraba molesta.
Durante todo el partido James estuvo gritándole tonterías a Allbus para distraerle y molestarle. A cambio, Albus le respondió con comentarios igual de insultantes, haciéndonos a todos reír. Cuando Slytherin por fin comenzó a recoger el material y a caminar hacia los vestuarios, nos levantamos para ir a desayunar y comenzar las clases.
— ¿Te has dado cuenta de lo mucho que te miraba Hughes? — me preguntó Dominique en un susurro. Nos encontrábamos en la clase de Alquimia, optativa que sólo ella y yo habíamos escogido. Fruncí el ceño al detectar la picardía en los ojos de la rubia.
— ¿De quién estás hablando?
— Vamos Cammie no te hagas la tonta que conmigo no funciona. Sabes perfectamente que me refiero al Guardián del equipo de Slytherin. — Aparté los ojos y me hice la loca.
— Yo no he notado nada. — Dominique suspiró resignada, sabiendo que iba a tener que insistir hasta que yo cediera.
— ¡Vamos Cam! ¡Si aprovechaba cada oportunidad para repasarte de arriba abajo con los ojos! — dijo en un tono más alto de lo intencionado. Algunos alumnos de alrededor se giraron para mirarnos divertidos. Me sonrojé y le di un codazo en el costado para que bajase la voz. — ¿Por qué siempre que surge el tema de los chicos te vuelves tan esquiva?
— Ya sabes que mi última relación no acabó demasiado bien. — permanecí un rato en silencio. Dominique esperó con paciencia a que pusiese en orden mis pensamientos. — Desde entonces me da miedo volver a enamorarme.
— ¿Te refieres al chico con el que estuviste un año y medio, no?
— Ahá. Isaac.
— ¿Por qué? ¿No se atrevería a hacerte daño?
— No, tranquila. Al menos no la clase de daño al que tú te refieres. ¿Podemos hablar de esto en otro momento? La profesora Griffiths nos está asesinando con la mirada. —Dominique me echó una última mirada preocupada y se concentró en las explicaciones que Griffiths daba.
Cuando la clase finalmente terminó, recogimos nuestras cosas y salimos del aula.
— No quiero que esto quede así. Sabes que las cosas es mejor hablarlas. — suspiré cansada de hablar del tema y asentí para tranquilizarla.
— No te preocupes, luego os lo cuento todo.
Con las mochilas colgando del hombro caminamos hacia nuestra siguiente clase. De repente escuché como alguien me llamaba desde atrás. Me giré para ver de quién se trataba y me encontré con el sujeto de nuestra anterior conversación caminando hacia nosotras con una sonrisa en la cara. Noté como el calor subía hasta mis mejillas y como Dominique esbozaba una sonrisa cómplice. Leo Hughes trotó hasta nosotras y se detuvo en frente de mí, pasándose nervioso una mano por la nuca.
— Esto… hola, soy Leo, juego en el equipo de Slytherin. — Ahora que lo tenía más cerca, y no volando por el campo, pude observar que el Guardián era bastante atractivo. Con el pelo rubio trigo y los ojos aguamarina, poseía un encanto innato que seguramente traería locas a muchas de las chicas del colegio. Poseía el físico propio de un deportista; espalda ancha, hombros fornidos y piernas robustas. Cuando sonreía se le formaba un pequeño hoyuelo junto a la boca.
— Sí, ya lo sé. — contesté nerviosa intentando que la voz no me fallase. Leo asintió y se quedó callado sin saber muy bien cómo continuar. — ¿Necesitabas algo?
— S-sí. Aunque no hemos hablado mucho, compartimos un par de clases. — miró hacia el suelo con un ligero rubor en las mejillas. No pude evitar pensar que aquella leve timidez lo hacía más encantador aún. — Te he visto también en alguno de los entrenos de Gryffindor. Quería preguntarte si… sitegustaríairalbaileconmigo.
— ¿Perdón? —Dominique soltó una risita ante la torpeza del rubio. Le eché una mirada cortante de reojo a la que ella respondió con un simple encogimiento de hombros. Leo se puso todavía más rojo y se aclaró la garganta.
— He dicho que si te gustaría ir al baile de Halloween conmigo. Si no tienes pareja ya, claro. — la sorpresa hizo que me quedase sin palabras. Tras recomponerme le sonreí nerviosa.
— La verdad es que no tengo ninguna. —me pasé una mano por el brazo para calmar la vergüenza. — Me has pillado por sorpresa si te soy sincera. —Leo se rió más tranquilo ahora que se había sacado un peso de encima.
— No hace falta que me contestes ahora.
— Gracias. Te daré mi respuesta lo antes posible.
— No aceptaré nada que no sea un sí. —dijo Leo dejando la timidez de lado. Reí y me despedí con la mano de él.
— ¿¡Qué te había dicho!? — Dominique empezó a dar saltitos mientras retomábamos nuestro camino hacia las mazmorras. — ¿Te has fijado?, ¡Es monísimo!
— Anda vamos, o llegaremos tarde a Pociones. —dije divertida ante la emoción de mi amiga por haber conseguido una cita. Y menos mal que la había conseguido pensé aliviada, pues sólo quedaban dos días para que llegase la fiesta.
— No cambies de tema. Le vas a decir que sí ¿no?
— Seguramente. A decir verdad es bastante guapo y simpático. —Dominique comenzó a dar brincos y a soltar burradas. Reí divertida y entré junto a ella en la mazmorra.
—Una cita con Leo Hughes nada más y nada menos. — aquellas palabras llamaron la atención de Leah, Maya y Roxanne, que también llegaban a la clase y se acercaban para sentarse en nuestra mesa.
— ¿Qué pasa con Hughes? —preguntó Leah curiosa. Dominique se adelantó antes de que pudiese contestar.
— A esta perra la ha invitado a la fiesta de Halloween uno de los chicos más sexys de todo el castillo. — Maya murmuró algo parecido a que su novio era el chico más sexy de todo el castillo, pero todas la ignoramos demasiado enfrascadas en el tema de Leo Hughes.
— ¡CUENTANOSLO TODO! —gritó Roxanne haciendo que varios alumnos se giraran.
— ¡Queréis cerrar el pico! — intenté acallarlas con un susurro. Cogí un trozo de pergamino y rápidamente les escribí un resumen de lo que había pasado. Una vez acabé, las tres chicas cogieron el pergamino con avidez y lo leyeron rápidamente. Sonrisas pícaras surgieron en sus caras y durante toda la clase de Pociones me asaltaron con preguntas y comentarios que harían sonrojar a cualquiera.
Cuando acabó la clase, alumnos de Gryffindor y Ravenclaw, con la que compartíamos la asignatura, comenzamos a salir de la mazmorra. Habíamos caminado ya unos cuantos metros cuando me di cuenta de que me había olvidado el libro de Alquimia en la mazmorra.
— Chicas id tirando sin mí. Me he olvidado el libro de Alquimia en la clase de Pociones. —todas asintieron y siguieron caminando hasta la siguiente clase planeando las mil maneras de conseguir que Leo y yo acabásemos siendo algo más que una pareja de baile.
Me di la vuelta y recorrí precipitadamente el camino hacia las mazmorras. Abrí la puerta con prisa y escuché como dos personas discutían acaloradamente. Las voces se detuvieron en seco al ver que tenían un testigo y se giraron para mirarme. Levanté la vista y vi que se trataba de James y su novia Alisa. Esta última echó un último vistazo enfadado a James y salió por la puerta apartándome a un lado con brusquedad. Permanecimos unos segundos en silencio tras su marcha.
— Lo siento, no pensé que quedase alguien en la clase. — dije rompiendo el incómodo silencio. James no se molestó en mirarme y se pasó una mano por el pelo. — Sólo venía a buscar un libro que me he dejado.
— ¡Me importa una mierda a qué has venido! —explotó James. Sorprendida por la forma en que me había contestado me precipité hacia la mesa donde nos habíamos sentado antes. Aunque James y yo habíamos tenido algún roce en alguna ocasión, siempre habían sido por temas banales y que no duraban más de dos minutos. En general nos llevábamos bien e incluso se podría decir que éramos amigos. Pero jamás me había dirigido la palabra con tanta furia. Cogí el libro de Alquimia y lo guardé en la mochila de mala manera. Me giré dispuesta a irme y vi que James seguía mirando hacia el suelo con la rabia reflejada en la mirada.
— Eres un cretino Potter. — dije con un nudo en la garganta cuando ya estaba saliendo por la puerta. — Si te va mal con tu novia no lo pagues conmigo. —Por fin, James levantó la vista y me miró.
— Mila… —me llamó más arrepentido, pero yo no le di tiempo a disculparse y salí corriendo por los pasillos para poder llegar a Historia de la Magia a tiempo.
— ¿Estás con la regla o qué te pasa? — preguntó Dominique con aquella sutileza tan típica de ella. —Llevas toda la cena con un humor de perros.
Miré hacia donde James estaba sentado en la mesa y comprobé que tampoco él parecía estar de mejor ánimo.
— Tu primo puede ser todo un amor cuando quiere. — las chicas me miraron extrañadas. — Esta tarde, cuando he ido a buscar el libro de Alquimia a las mazmorras, me encontré a James discutiendo con su novia.
— Sabía que tarde o temprano volverían a su rutina. —interrumpió Roxanne. La miré molesta y ella me contestó con una mirada arrepentida.
— Como iba diciendo, los vi discutiendo. Intenté disculparme por haberlos interrumpido en un momento tan delicado y no sólo su novia me placó contra la puerta al intentar salir, sino que vuestro primo me dijo que le importaban una mierda mis disculpas. — Todas abrieron los ojos indignadas.
— Esa relación no va a ninguna parte. — sentenció Leah.
— No lo entiendo. Si se pasan el día discutiendo, ¿por qué insisten en seguir intentándolo?
—Nosotros tampoco lo entendemos. Hemos intentado hablar con él pero no suelta prenda. —Suspiró Roxanne— Hasta Albus ha intentado hacerle entrar en razón. — Permanecimos un rato en silencio.
— No te preocupes Cam, ya verás que James vendrá arrastrándose para que le perdones. — aquellas palabras consiguieron tranquilizarme y pronto el mal humor desapareció.
— Volviendo al tema de antes. — puse los ojos en blanco al ver hacia donde dirigía Dominique la conversación. — ¿Le has dado ya tu respuesta a Hughes?
— No, todavía no.
— ¿Y a qué esperas? —soltó Maya exasperada. — No le irás a decir que no, ¿no?
— Estaba esperando al momento indicado.
— ¿Qué mejor momento que este? Ves a su mesa y dile que sí de una vez.
— Pero están todos sus amigos delante. —murmuré con las mejillas rojas.
— Pensé que las españolas teníais más coraje que el resto de mujeres. — dijo Dominique molesta por mi indecisión.
— Está bien pesadas. Ahora voy. —me levanté y pasé la pierna por encima del banco. Me coloqué bien la falda del uniforme e inspiré con fuerza para reunir valor. Con nervios me dirigí hasta la mesa de Slytherin, donde Leo cenaba charlando con sus amigos. Me coloqué detrás de él y le di un golpecito en la espalda con dedos temblorosos.
Leo se giró para ver quién llamaba su atención y sonrió al verme de pie tras él. Sus amigos comenzaron a darse codazos entre ellos y a silbar. Mi cara adquirió un tono de rojo aún más vibrante y Leo los acalló rápidamente.
— Supongo que vienes a darme tu respuesta. —su peculiar hoyuelo volvió a formarse en su mejilla cuando Leo sonrió.
— Sí. —con enfado pensé que parecía tonta hablando con monosílabos.
— ¿Sí: vienes a darme una respuesta o sí: vendrás al baile conmigo?
— Las dos. —dije riendo y Leo sonrió entusiasmado.
— ¡Genial!, no te arrepentirás Camila. —sus amigos volvieron a silbar pero los dos los ignoramos.
— Tú tampoco, Leo. Nos vemos mañana en Magia Terrestre. — me di la vuelta para volver a mi mesa y las chicas me acribillaron a preguntas en cuanto me senté.
Nos encontrábamos tiradas en los sofás de la Sala Común acabando de digerir la copiosa cena. Leah leía apáticamente la revista Corazón de Bruja. Dominique se limaba las uñas y Maya y Roxanne hacían deberes de Astronomía juntas. Mientras tanto yo pasaba el rato hablando con Damián sobre los últimos rumores que le habían llegado de la gente de Bellver.
— Parece que habléis en arameo. —dijo Leah levantando la vista por encima de la revista. Damián y yo nos reímos y continuamos hablando en castellano. De repente alguien se aclaró la garganta a nuestra espalda y los dos nos giramos para ver de quién se trataba. James nos miraba desde arriba con los ojos llenos de arrepentimiento.
— ¿Puedo hablar contigo un momento Mila? — entrecerré los ojos todavía dolida por el episodio de aquella mañana. Finalmente asentí con la cabeza y James suspiró aliviado.
— Ahora vengo Damián. — el chico de quinto asintió y yo me levanté del sofá. Seguí a James hasta la chimenea y lo enfrenté con cara seria.
— Oye, siento lo de esta mañana. Tú no tenías culpa de nada y yo no debería haberte hablado así. — Contempló las llamas un instante y luego me miró a mí. — Tenías razón. No debería pagar contigo mis problemas. Es solo que estaba muy frustrado y tú eras el blanco más cercano con el que desahogarme. —Asentí más relajada. En sus ojos vi que realmente se arrepentía de lo que había dicho.
— Quedas perdonado. — fui a preguntarle sobre Alisa pero inmediatamente me mordí la lengua al recordar que a James no le gustaba hablar de su relación. Ni siquiera con sus primos.
— Entonces, ¿amigos? — Puso ojos de cachorrito abandonado y ya no pude mantener mi coraza de tipa dura.
— Amigos. — cedí con una sonrisa— Pero como vuelvas a hablarme así te lanzo contra el Sauce Boxeador. — James rió y me abrazó durante unos instantes. Cuando se separó se despidió y se marchó para unirse a sus amigos. Igual que él, me dirigí de nuevo a los sofás donde mis amigas y Damián me esperaban sonriendo.
Nota de autor: Siento dejaros con la intriga pero pensé que quedaría muy forzado ponerlo en este capítulo. Así que tendréis que esperar hasta los próximos capítulos para averiguar que pasó con la anterior relación de Camila. De nuevo, ¡Gracias por leer!
