N/A: Antes de pasar al quinto capítulo me gustaría disculparme porque debido a mi inexperiencia (esta es mi primera historia) he cometido algunos errores de los que no me había dado cuenta. Por motivos que desconozco (probablemente no guardaría bien los cambios) en el primer capítulo se repitió la historia unas cuatro veces. Por suerte, y gracias a la intervención de un lector, he corregido ya los errores. Así que si la lectura del primer capítulo os pareció algo confusa, podéis releerlo ahora sin ningún problema.

Quiero agradecer a los pocos que habéis hecho un review del fic, sobre todo a BlauerDrache, por hacerme notar ese fallo, por sus consejos y por darme su opinión de forma sincera y sin tapujos.

Espero no cometer los mismos errores en un futuro y seguir recibiendo vuestros sinceros comentarios. Sin más dilación os dejo con el capítulo.

Disclaimer: los personajes pertenecen íntegramente a J. K. Rowling, exceptuando los de creación propia.


El ruido de múltiples conversaciones y el tintineo de los cubiertos contra los platos inundaban el Gran Salón. Era viernes por fin y el día tan esperado había llegado. El tema que ocupaba casi todas las conversaciones era la fiesta de Halloween que tendría lugar aquella misma noche. El techo del Gran Comedor, por el que se podía ver el cielo nublado y gris, estaba cubierto de guirnaldas y cientos de murciélagos revoloteaban perezosamente.

— No me puedo creer que a pesar de ser Halloween tengamos que ir a clase. —protestó Dominique mientras revolvía con la cuchara los cereales de su cuenco. — Podrían habernos dado el día libre.

— Por una vez coincido contigo, prima. — dijo Rox sin levantar los ojos del periódico.

El ruido del aleteo de cientos de lechuzas atrajo nuestra atención. Miramos hacia arriba y vimos como los alados animales de distintos colores se acercaban a las distintas mesas para repartir el correo. Rápidamente apartamos los platos de la mesa para que las lechuzas no aterrizaran sobre ellos. Varias lechuzas aterrizaron junto a Leah y una de color claro se posó sobre mi hombro con ligereza.

— ¡Por fin me llega el disfraz! —exclamó Leah contenta retirando el paquete que las tres lechuzas le habían entregado. Las lechuzas levantaron el vuelo para retornar a la Lechucería y Leah se dispuso a abrir la caja con entusiasmo. — A este paso pensaba que tendría que ir desnuda a la fiesta.

— Estoy segura de que muchos disfrutarían con ese espectáculo. — repuso Dominque. — Pero ahórratelo.

— Un momento, —exclamé asustada— ¿vais a ir disfrazadas?

— Yo sí, pero no es obligatorio Cam, mucha gente opta por ir vestida de gala simplemente. —me explicó Leah sacando lo que parecía una túnica negra y un par de cuernos también negros. Leah no nos había querido decir de qué iría disfrazada para que fuese una sorpresa.

Suspiré aliviada al oír su contestación. Entre las clases y los deberes, apenas había tenido tiempo para salir y poder comprarme un disfraz medianamente decente y en caso de que mis padres me hubiesen enviado uno desde España, las lechuzas no habrían llegado a tiempo. Tendría que conformarme con alguno de los vestidos que por casualidad había metido en el baúl en el último momento. La lechuza seguía posada sobre mi hombro y me picoteaba impacientemente para que cogiese el correo de una vez.

Recogí la carta que la lechuza tenía atada sobre una de las patas. En el reverso pude ver que se trataba de una carta de mi amiga Adriana, que estudiaba en la Casa Dardavich como yo y que había sido una de mis mejores amigas desde el inicio de mis estudios en Bellver. Rompí el sello de cera, la abrí con cuidado y desplegué el pergamino. Una letra pulcra y bonita ocupaba la página.

Querida Camila,

Que sepas que estamos todas muy molestas contigo, apenas nos has escrito dos cartas desde que te fuiste. — esbocé una mueca de culpabilidad al reconocer que Adriana tenía razón. — Es broma, sabemos que estarás muy ocupada haciendo amigos y estudiando.

Aquí todo sigue prácticamente igual. Como nos pediste, le echamos un ojo a tu hermana de vez en cuando. No te preocupes, excepto alguna que otra travesura, tu hermana muestra un comportamiento ejemplar. Aunque se rumorea que está saliendo con un chico de su Casa. — fruncí los labios. Tendría que escribirle pronto a mi hermana, era demasiado joven para estar tonteando con chicos. Me asusté al pensar que cada vez sonaba más como mi madre. —

Parece mentira que sólo llevas poco más de un mes fuera y sin embargo han pasado tantas cosas. Natalia y Dani por fin han reconocido sus sentimientos y han empezado a salir. Supongo que pronto recibirás una carta suya con todo tipo de detalles. — sonreí al pensar en mi otra amiga, que desde cuarto año había tenido una relación amor-odio con Daniel, aunque todos sabíamos perfectamente que entre ellos había una química innegable. — En cuanto a mí, ya sabes lo mucho que el amor me rehúye. De momento me conformaré con sacar buenas notas y comer chocolate hasta ponerme como un hipogrifo.

Espero que en tus próximas cartas nos lo cuentes todo con más detalles. Quiero saberlo todo sobre tus amigas y sobre el colegio Hogwarts. Es una pena que no puedas venir en Navidad, así que esperaré con ganas a que llegue el verano para poder volver a verte.

PD: Se que no querrás saber esto, pero Isaac lo ha dejado con Paula.

Un beso muy grande desde Bellver.

Adriana.

Sonreí al leer lo que Adriana me contaba sobre los amigos que había dejado atrás. Intenté ignorar el nudo en la garganta que la posdata me había provocado y sacudí la cabeza para alejar todo tipo de pensamiento relacionado con Isaac. Volví a doblar la carta y la guardé en la mochila junto a los libros. De repente noté como alguien se dejaba caer en el banco junto a mí y me giré para ver a James con cara de circunstancias.

— Me has decepcionado mucho Mila. —James negó teatralmente la cabeza como si una gran tristeza hubiese invadido su corazón. — Nunca pensé que eras de las que se aliaba con el enemigo.

— ¿De qué hablas exactamente? — sonreí ante su dramatismo y continué comiendo la tostada untada de mermelada.

— Un pajarito me ha dicho que vas a ir al baile con un Slyhterin. — solté un resoplido y lo miré de reojo.

— Veo que las noticias vuelan rápido. —me limpié los labios con la servilleta y vi como las demás nos miraban atentas a nuestra conversación. — ¿Cómo te has enterado?

— Tengo mis contactos. —desvió la mirada hacia Dominique y me giré para mirarla molesta. Dominique se encogió de hombros sin un ápice de arrepentimiento y continuó comiendo. — Pero no cambies de tema. ¿Y si Hughes te está utilizando para descubrir nuestras tácticas de Quidditch? — dijo tratando de parecer serio.

— No seas melodramático. —Reí ante sus tonterías. — No todo gira alrededor del Quidditch. — James me miró como si no pudiese creer lo que acababa de decir. — Además, te recuerdo que tu novia también es el "enemigo". A lo mejor el que está siendo utilizado para que Ravenclaw gane eres tú. — añadí con el mismo dramatismo que James.

— No es lo mismo. La rivalidad entre Gryffindor y Slytherin es legendaria y conocida por todos. Primero Maya se enrolla con Aiden y ahora tú también, Mila. No me lo esperaba de ti. — puse los ojos en blanco y le di un codazo. James me revolvió el pelo riéndose y se levantó para marcharse. Maya miró con ojos entrecerrados como el chico moreno se iba hacia donde sus amigos estaban pero no dijo nada.

— Tendré que decirle a mi tío Ron que deje de meterle en la cabeza ideas sobre Slytherin. —comentó divertida Roxanne. — Anda, vamos o llegaremos tarde a Transformaciones.


La profesora McGonagall entró en el aula y nos mandó hacer silencio sin éxito. Sentada junto a Roxanne y Leah, abrí el libro de Transformaciones por la página en la que nos habíamos quedado en la anterior clase.

— Bien, hoy empezareis una redacción en parejas sobre los Animagos, el método que se debe utilizar para convertirse en uno y las leyes que regulan este tipo de magos. — las tres nos miramos pensando en cómo nos dividiríamos. Leah gruñó al ver como una tarea más se añadía a la que ya era una larga lista de deberes por hacer.

— ¿Podemos hacer grupos de tres? — preguntó rápidamente Roxanne con la mano levantada.

— No. Y no se preocupe señorita Weasley, porque las parejas las escogeré yo. Les recomiendo que se tomen esta tarea con seriedad, pues contará para su nota final. Bien, Atkinson con Ross… —McGonagall continuó emparejando a los diferentes alumnos. Uno a uno, los nombrados se levantaron para acercarse a la pareja que se les había asignado para hacer la redacción. —…Griggs con Duval. — miré hacia donde la francesa de Ravenclaw estaba sentada y suspiré aliviada por haber sido emparejada con una cara familiar. La profesora continuó nombrando a los alumnos y cuando acabó nos mandó empezar la redacción sin perder el tiempo. Me levanté del banco y me dirigí hacia Geraldine.

— ¡Qué bieng que nos haya tocado juntas! — Geraldine me agarró del brazo efusivamente y me hizo sentarme junto a ella. — Transforgmaciones no es una de mis mejoges asignatugas si te soy sincega.

— La mía tampoco pero veremos qué podemos hacer. — Me pareció simpático el acento francés de Geraldine, pero intenté no sonreír para evitar ofenderla. Abrimos nuestro libro por el tema de los Animagos y nos pusimos a trabajar con concentración. Durante un buen rato apenas intercambiamos palabras, únicamente para murmurar cómo podríamos estructurar el contenido de nuestro trabajo. Al cabo de un rato Geraldine dejó caer la pluma y me miró con una sonrisa.

— ¿Cómo te está yendo en Hogwagts, chérie? A mí me encanta, pego si te digo la vegdad, el clima de aquí es hogogoso. —sonreí y asentí totalmente de acuerdo con su afirmación sobre el infame clima inglés.

— Muy bien, gracias. Veo que has mejorado mucho en el inglés. — Geraldine sonrió agradecida.

Grasias, aunque no puedo deshacegme de este maldito acento. — Geraldine frunció molesta por su marcada pronunciación. — Pog ciegto, ¿te vas ha disfgacarg esta noche?

— No. —Contesté apenada— no me ha dado tiempo a comprarme uno. ¿Tú?

Bien sûr, voy a ig de… ¿mais comment ça dit?.. ah, oui, de mujeg esqueleto. —asentí distraída lamentando no poder disfrazarme yo también. En Bellver sólo hacíamos fiesta de disfraces para carnaval, pero la temática era diferente. Los disfraces que nos poníamos eran más estridentes y abarcaban un abanico mucho más amplio de temáticas. Cuando me había enterado de que había sido escogida para ir a Hogwarts, había deseado poder por fin disfrazarme de algo más terrorífico, pero las circunstancias se habían interpuesto en mi camino.

— Señorita Duval, silencio. — levantamos la vista hacia McGonagall, que nos miraba con ojos reprobatorios desde su mesa. Permanecimos en silencio durante el resto de la clase y cuando sonó la campana me despedí de Geraldine con la mano y salí del aula junto a las demás.

Las clases pasaron con una lentitud exasperante. Durante las clases se notaba que los alumnos estaban pendientes de otras cosas y excitados por el acontecimiento de aquella noche. Los profesores no tuvieron más remedio que resignarse e intentar continuar con el temario cómo pudiesen. Cuando llegaron las ocho de la tarde bajamos de la Torre de Gryffindor hasta el Gran Comedor para poder tomar una cena rápida.


Después de una hora y media preparándonos frenéticamente para la fiesta, bajamos hasta la Sala Común para descansar antes de que empezase a sonar la música en el Gran Comedor. Leah, que ya se había maquillado y vestido con el disfraz que aquella mañana le había llegado por correo, iba vestida como Maléfica, la villana de uno de los cuentos muggles con los que se había criado. Dominique, la eterna presumida, había preferido vestirse más elegantemente con un vestido negro con la espalda abierta y un escote que mostraba insinuantemente la clavícula. Maya se había recogido el pelo rubio en dos coletas y se había disfrazado como Myrtle la Llorona, el fantasma que vagaba por el baño de las chicas. Roxanne había decidido ir de forma más sencilla y se había decantado por un simple vestido skater del mismo color que las calabazas que decoraban ahora todo el castillo y que contrastaba con su piel de un tono más oscuro.

— ¡Pero bueno! Nadie me había dicho que todas teníais sangre veela — Dominique resopló ante el cumplido que su primo nos había echado. Todas sonreímos complacidas. — ¿Un poco de hidromiel para ir calentando los motores? — James, disfrazado de dementor con una túnica negra con capucha raída, nos guiño un ojo y nos mostró un par de botellas que había colocado sobre una de las mesitas de café. Por enésima vez James había conseguido robar algo de bebida de las cocinas para animar el ambiente antes de empezar la fiesta.

Todas asentimos y nos servimos un vaso de la deliciosa bebida. Alisa, que al parecer ya se había reconciliado con James, colgaba de su brazo ataviada con un bonito vestido verde botella. El retrato de la entrada se abrió y por él entraron Aiden y Leo. Los dos Slytherin habían optado por vestirse con unos simples trajes de gala negros. Aiden se acercó hasta Maya y le plantó un casto beso en los labios. Leo, sobrecogido por estar rodeado de Gryffindors, se acercó y me saludó con dos besos.

— Estás preciosa Cam. — me sonrojé al ver como todos sonreían con complicidad y murmuré un quedo gracias. Leo contempló el vestido granate de manga larga y encaje floral que me llegaba hasta los tobillos. Mi larga melena yacía sobre mi nuca en un pesado e intrincado moño que Dominique me había hecho expertamente. — Cuando quieras podemos irnos. — apuré el vaso de un trago y lo dejé sobre la mesita. Entrelacé mi brazo con el de Leo y éste me guió hasta la salida. Aiden, Maya, James y Alisa nos siguieron, mientras que las demás se quedaron en la sala a esperar a que llegasen sus parejas.

Recorrimos el pasillo conversando animadamente y finalmente llegamos hasta las puertas del Gran Comedor. Impresionada, contemplé cómo las velas y los cientos de adornos otoñales flotaban por el techo. A través de éste se podía contemplar un cielo tranquilo y carente de nubes. Las estrellas brillaban con fuerza. La música que la banda tocaba resonaba por la estancia. Cientos de cuerpos, algunos disfrazados y otros no, se movían ya al son del ritmo que los instrumentos marcaban.

Leo nos dirigió hacia la mesa donde el ponche y todo tipo de bebidas quedaban expuestos. Nos servimos cada uno un vaso y nos dirigimos hacia el centro del Salón para bailar. Sin perder el tiempo, Alisa se colgó del cuello de James y comenzó a comerle la boca ávidamente. Leo y yo nos lanzamos una mirada divertida y asqueada a la vez. Rodeados de cuerpos sudorosos, comenzamos a bailar juntos la animada canción que resonaba a todo volumen. Poco después se nos unieron Roxanne, Leah y Dominque con sus respectivas parejas y formamos un círculo para poder bailar todos juntos.

Sentí como Leo me rodeaba la cintura con los brazos por detrás y llevada por la euforia me dejé mecer por su compás. Percibí su olor a colonia y cerré los ojos al notar los efectos del alcohol haciendo mella en mi cabeza. Continuamos bebiendo y bailando durante un par de horas más, intercambiando bromas y voceando por encima de la música comentarios sobre los ridículos disfraces de algunos de los asistentes. A lo lejos vi a Héctor bailando con Louis y decidí acercarme a saludarlos.

— ¿Os lo estáis pasando bien? — Leo me había seguido a través de la marabunta de gente y se había posicionado detrás de mí.

— Nunca pensé que los estirados de los ingleses pudiesen dar fiestas tan buenas. — comentó Héctor en castellano. Estallé en carcajadas, con una risa más fuerte de lo normal debido al hidromiel. Louis nos miró sin entender nada y siguió bailando.

— ¿Hablaste con tu hermana? — le pregunté en inglés a Louis. El rubio se sonrojó y asintió.

— Estaba un poco molesta por no haberle dicho nada, pero ya se le ha pasado. —comentó Louis algo arrepentido por habérselo ocultado a su hermana.

— Incluso nos dio su bendición. — apuntó divertido Héctor rodeando con un brazo los hombros de Louis, que a pesar de ser alto le llegaba por la barbilla al chico español. — Quizás tenga que ver con que cierta chica le habló bien de mí.

— No hace falta que me lo agradezcas. —contesté, continuando con su broma.

— Por cierto, gracias por no ir contándolo por ahí, Cam. — Dijo Louis realmente agradecido. Aunque a los dos Hufflepuff se les veía juntos a todas horas, la pareja procuraba ser discreta a la hora de profesar su afecto y sólo lo hacían delante de gente que ya conocía la naturaleza de su relación.

— No digas tonterías Lou, por supuesto que no voy a decir nada. —miré de reojo por si Leo había estado escuchando nuestra conversación, pero el rubio movía los pies al ritmo de la música y paseaba la mirada por la sala, ajeno a lo que se estaba diciendo.

Tras hablar durante un rato más, nos alejamos de ellos y nos dirigimos de nuevo hacia donde bailaban nuestros compañeros. Leo siempre a la zaga.

— No hace falta que la sigas a todos lados Hughes. Pareces su guardaespaldas. —comentó James con un tono divertido pero con una emoción desconocida e indescifrable en la mirada. Leo lo ignoró y siguió bailando conmigo. Pronto comencé a sentir un ligero embotellamiento en los sentidos y como me costaba mantener un poco el equilibrio.

Leah, al igual que en la fiesta de bienvenida, había desaparecido con Seth de nuevo y Dominique charlaba junto a las bebidas de forma coqueta con su compañero. Una melodía más suave comenzó a sonar y Leo me tomó entre sus brazos para bailar más lentamente. Tras balancearnos suavemente hacia los lados durante unos instantes, Leo me miró desde arriba con una sonrisa.

— ¿Te apetece salir a tomar el aire? — preguntó intentando parecer indiferente. Lo miré divertida con los ojos entrecerrados sabedora de cuáles eran sus intenciones. ¿Por qué no? Pensé. Ya hacía cinco meses desde que lo había dejado con Isaac y desde entonces no me había acercado a ningún chico, sanando las heridas que aquella previa relación me había dejado en el corazón. Pensé que ya era hora de darme una alegría, como bien había dicho Dominique una vez. Asentí con la cabeza y Leo me cogió de la mano para guiarme hasta los jardines.

Cuando salimos agradecí la brisa fresca, que aclaró un poco mis sentidos. Todavía cogida de la mano de Leo, fuimos a sentarnos en uno de los múltiples bancos esparcidos por el jardín. En la intimidad que proporcionaba la oscuridad, se podían ver otras parejas dándose arrumacos y susurrándose palabras cariñosas. Leo me colocó detrás de la oreja un mechón que se me había soltado del moño.

— Eres guapísima. — me susurró Leo con la mirada puesta en mis ojos negros. Estábamos tan cerca que pude verme reflejada en sus pupilas azul turquesa. Me sonrojé y dejé escapar una risa nerviosa.

— No exageres. — Sin perder el tiempo Leo no me permitió seguir replicando. Con los ojos entrecerrados vi como sus labios se acercaban a los míos lentamente y finalmente los posaba en un beso suave y tierno. Cerré por completo los ojos y me dejé llevar por el momento. La música sonaba amortiguada a través de las paredes del castillo. La brisa nos revolvió ligeramente el pelo y un escalofrío me recorrió los brazos, aunque no estaba segura de si era por culpa del frío o del beso. Leo posó la mano libre sobre mi nuca y profundizó el beso. Abrí los labios en respuesta y dejé que Leo los invadiese con su lengua. Comenzamos a mover los labios y las lenguas primero de forma lenta y sensual y, a medida que el calor inundaba nuestros cuerpos, de forma más exigente.

De repente nos vimos interrumpidos por un carraspeo y una serie de risitas. Abrí los ojos con un pestañeo aturdido y oí como Leo gruñía molesto junto a mi oreja. James —que se había quitado la túnica de dementor por el calor y vestía con una simple camiseta gris— y un pequeño grupo de gente, entre los que se encontraban mis amigas, Louis, Héctor, Albus, Scorpius y algunos de los chicos de intercambio, nos observaban divertidos. Roja como un tomate los miré y levanté la mano del muslo de Leo, donde la había colocado sin darme cuenta durante nuestro beso.

— Mila, vamos a llevar la fiesta a otro sitio. — levantó un par de botellas de Whiskey de Fuego de forma invitadora y me guiño un ojo. — ¿Te vienes? Te puedes traer a tu Golden Retriever si quieres. — Leo lo fulminó con la mirada. Me aclaré la garganta y le lancé dagas con la mirada a Dominique, que agarrada a Edward me hacía gestos obscenos con la mano.

— Esto… claro. —respondí todavía aturdida por la vergüenza. Miré hacia Leo para ver que contestaba. Pude ver que el comentario de James le había molestado más de lo que admitiría.

— Yo creo que voy a ir a ver donde están mis amigos. — Se levantó del banco y me dio dos besos en las mejillas para despedirse. — ¿Mañana hablamos?

— Claro. Hasta mañana. —le sonreí y vi como se volvía a internar en el castillo.

— Qué poco sentido del humor tienen estos Slytherin. — lo miré algo molesta por cómo había hablado a Leo pero me levanté para seguirlos hasta la Sala de los Menesteres. Cuando llegamos al séptimo pasillo, James se pasó tres veces por delante del muro de piedra, concentrado en pensar la habitación que quería que apareciese. La puerta de madera apareció de la nada sobre la piedra y al abrirla vimos una amplia habitación con una decoración parecida a la del Gran Comedor. Junto a la pared se encontraban un par de sillones que proporcionaban intimidad para charlar tranquilamente, en la pared contraria, una mesa con bebidas alcohólicas de todo tipo y snacks para picar. De una pequeña radio mágica sonaba The Dirty Dwarves, un popular grupo de rock del momento.

James me rodeó los hombros con un brazo y me guió hacia la mesa de las bebidas. Comenzó a servirnos un vaso a cada uno y de reojo comprobó que todavía seguía algo molesta.

— Vamos Mila, no te enfades conmigo. —me miró con aquellos ojos de cachorrito que tan bien sabía utilizar en su beneficio y reí a mi pesar. — Tienes que reconocer que ese Hughes no sabe lo que es reír. Parece que lleve metida su escoba por el culo todo el tiempo y se la saque sólo para entrenar. — Sin poder evitarlo estallé en carcajadas. James sonrió complacido por haberme hecho reír y bebió de su vaso con un gesto burlón. Tras controlar la risa pasé una mirada por la sala. El grupo ya se había esparcido por la estancia. Algunos como Roxanne y Dominique, bailaban en el centro, otros bebían junto a nosotros y otros, como Louis y Héctor, se morreaban con descaro sentados en los sofás. Finalmente caí en la cuenta de que Alisa no estaba con nosotros.

— ¿Dónde te has dejado a tu novia? —le di un sorbo al vaso y de reojo vi como James se encogía de hombros indiferente al paradero de Alisa.

— Con sus amigas supongo. — permanecimos un rato callados y, una vez nos acabamos la bebida, James me arrastró hasta la pista a bailar. Geraldine, que venía acompañada de Mijail, el Hufflepuff ruso de aspecto tosco, me guiño un ojo y me dio un golpecito amistoso con el hombro. Sonreí, contenta de estar rodeada de mis nuevos amigos. James sonrió también.


Eran pasadas las cinco de la mañana, la fiesta en el Gran Comedor hacía rato que había acabado. Algunos de los asistentes de nuestra fiesta privada ya se habían retirado a la cama o hacia algún rincón oscuro del castillo. Me dirigí hacia los sofás pues sentía las piernas cansadas y la cabeza me daba vueltas por culpa de los múltiples vasos de hidromiel que me había tomado y el juego de chupitos que James había propuesto. Cuando llegué a los sofás comprobé que Louis y Héctor seguían besándose, sin haber parado en toda la noche. A ese paso se desgastarían los labios, pensé con diversión. A su lado, Dominique dormía despatarrada, claramente borracha. Busqué indignada por la sala a Edward preguntándome por qué demonios no estaba allí cuidándola. Preocupada, me incliné hacia ella y la sacudí levemente, pero Dominique no respondió.

— ¿Dom? , Dom despierta, vámonos a dormir o a este ritmo te vas a desnucar. —Contemplé la postura en la que dormía con una mueca de dolor. Ciertamente, la rubia se despertaría con un fuerte malestar en el cuello. Dominique parpadeó ligeramente y murmuró entre dientes. — Venga Dom. — volví a sacudirla sin éxito.

Noté como alguien se colocaba detrás de mí y me giré para ver que se trataba de James, que miraba a su prima con el ceño fruncido.

— ¿Se encuentra bien? —preguntó preocupado por Dominque. — ¿Porqué Louis no la ha ayudado?

— Está demasiado ocupado besándose con su novio. — dirigí una mirada enfadada hacia los dos chicos que estaban sentados al lado de Dominique. Louis, al oír su nombre, se separó de Héctor por primera vez en toda la noche y me miró con verdadero arrepentimiento.

— Lo siento. No pensé que se encontrase tan mal. — Le hice un gesto con la mano para que no se preocupase y volví a mirar a James para contestar su anterior pregunta.

— Está muy borracha. Voy a ver si consigo llevármela a los dormitorios para acostarla. — James asintió y me ayudó a levantarla del sofá. Con cuidado se pasó uno de los pálidos brazos de Dominique por encima de sus hombros. Con premura, me coloqué el otro brazo de Dominique de igual forma. Aunque Dominique era una chica delgada, el peso muerto de su cuerpo hizo que los hombros se me hundiesen y las rodillas se me flexionasen.

— No hace falta que me acompañes. Te vas a perder la fiesta. —le dije a James que me miró molesto.

— No digas tonterías. Dom ahora mismo pesa tanto como una ballena varada en una playa. No podrías con ella tu sola. —reí ante la burrada de James y con cuidado y esfuerzo la fuimos arrastrando hacia la salida.

Resoplando por el esfuerzo, caminamos cargando a Dominique por los pasillos intentando no hacer ruido y parándonos de vez en cuando para comprobar que no se nos cruzaba ningún profesor o prefecto haciendo rondas. En más de una ocasión estuve a punto de tropezar por culpa de los tacones y el largo vestido, o por los efectos que el alcohol producía en mi equilibrio. Cada vez que esto pasaba, James me miraba socarronamente y se burlaba de mí de forma ingeniosa.

Tras un largo cuarto de hora caminando en silencio llegamos hasta el retrato de la Dama Gorda y le susurramos la contraseña para que nos dejase pasar. Dominique, que seguía dormida y sin reaccionar, arrastró con los pies durante un trecho la moqueta de la Sala Común, provocando que los sillones se movieran ligeramente. James y yo nos reímos entrecortadamente y nos situamos ante las escaleras que subían al dormitorio de las chicas.

— Voy a tener que subir contigo. Tú sola no vas a poder llegar con Dom hasta el dormitorio de las chicas de séptimo. — James me miró desde el otro lado de Dominique con la frente perlada por el esfuerzo.

— Me dijo Roxanne que las escaleras se convertían en un tobogán cuando un chico intentaba subirlas. — dije resollando, intentando recuperar el aire.

No te preocupar, — James volvió a hacer gala de su pésimo castellano. — tengo mis métodos. — Sacó la varita y murmuró entre dientes un hechizo para evitar que las escaleras cambiasen de forma.

— No quiero ni saber cómo has descubierto ese hechizo. —dije con una fingida expresión de repulsión.

— Quizás la próxima vez lo utilice para venir a visitarte a ti en mitad de la noche. — puse los ojos en blanco, deseando fervientemente que la oscuridad de la sala le impidiese ver mi sonrojo.

Con esfuerzo subimos una a una las escaleras. Dominique comenzó a soltar quejidos, al parecer algo más despierta y sobria que antes. Para nuestro gran alivio finalmente llegamos hasta el dormitorio que Dominique compartía conmigo y Maya. James la dejó caer pesadamente sobre la cama que le indiqué y estiró los músculos de la espalda, agarrotados por el peso que habían tenido que cargar.

— Gracias. —susurré para no despertar al resto de chicas que ya dormían en sus respectivas camas.

— No hay de qué. — James me guiñó un ojo, me revolvió el pelo y salió de la habitación.

Con un suspiro me dejé caer sobre mi cama sin molestarme en levantar las sabanas ni en quitarme el vestido o el maquillaje. Al instante, a pesar de las muchas vueltas que me daba el techo, caí en un sueño profundo.


Nota de autor: Este es el capítulo más largo que hasta ahora he escrito. Espero que no se os haya hecho muy pesado y que lo hayáis disfrutado tanto como he disfrutado yo escribiéndolo. Como siempre, repito que si queréis dar vuestra opinión o si os gustaría dar alguna idea sobre cómo debería seguir el transcurso de esta historia y estos personajes, no dudéis en decírmelo.

Como estudiante de francés que soy, me ha hecho mucha gracia intentar imitar el acento francés con Geraldine, aunque probablemente no haya acertado.