A través de las ventanas del Gran Comedor se podían ver los copos de nieve cayendo suavemente, cubriendo los jardines y los muros con un grueso manto blanco. Llevaba nevando desde la semana anterior, y aunque al principio habían disfrutado del tiempo invernal con peleas de bolas de nieve, los alumnos comenzaban a cansarse de las constantes nevadas.
Desperdigados por las distintas mesas, los alumnos, que vestían con ropas corrientes y distintas al usual uniforme que llevaban, disfrutaban del desayuno antes de partir a Hogsmeade para disfrutar de la mañana de aquel apacible, pero frío, sábado.
Dominique comía con gusto mientras leía la carta que sus padres le habían enviado mediante lechuza. Leah se sirvió una taza de chocolate caliente y me miró de arriba abajo para hacer un escáner completo de la ropa que llevaba.
— ¿Vas a ir así a tu cita con Hughes? — dejando de masticar miré hacia el conjunto que había decidido llevar a Hogsmeade. Desde unas Timberland que calentaban mis pies, pasando por unos simples tejanos hasta llegar al jersey de lana blanco que ya comenzaba a apolillarse.
— ¿Qué hay de malo en la ropa que llevo? — Leah se encogió de hombros y le dio un sorbo a su chocolate.
— Nada. Sólo que esperaba que llevaras algo más… sofisticado. —puse los ojos en blanco y comencé a abrir la carta que una lechuza me había traído a mi también.
— ¿Has visto el frío que hace allí fuera? — Dije con ironía — No es el tiempo más adecuado para pasearse en faldita y tacones por Hogsmeade. — desplegando la carta de mi hermana menor ignoré las protestas de Leah.
Querida Cammie,
¡Tenias razón! Los chicos son todos idiotas. Al final dejé a Oscar, no llevábamos ni tres semanas juntos. Un día intentó besarme y puedo asegurarte que fue asqueroso. Creo que me olvidaré de chicos hasta quinto, más o menos, cuando las hormonas empiecen a afectarme y comience a preocuparme por cómo llevo el pelo y qué ropa ponerme como tu solías hacer. — puse los ojos en blanco pero me alegré de que Martina hubiese decidido dejar de perseguir a chicos tan temprano.
Mamá y papá están bien, como siempre. Durante el puente de Noviembre se fueron de vacaciones a Roma por su aniversario y tuve que quedarme los cuatro días con la tía Lucía, y ya sabes lo mucho que desvaría esa mujer. Cuando volvieron parecían una pareja de adolescentes. Fue asqueroso, eso puedo asegurártelo. —reí en voz alta sin poder evitarlo, ganándome las miradas extrañadas de algunos de los Gryffindor que me rodeaban. — Durante dos días estuvieron haciéndose manitas bajo la mesa y besándose delante de mí. Una experiencia que no quiero revivir.
Tus amigas también están bien, aunque no paran de incordiarme para que me porte bien. Por cierto, ¿podrías enviarme más productos Weasley con tu próxima carta? Son para un amigo. —negué levemente con la cabeza con una sonrisa en la cara. Sabía perfectamente que eran para hacer una de sus travesuras.
En fin, te escribía para decirte que ¡vamos a ir a verte! Mamá habló con la directora Canavan para que les diesen permiso para visitar Hogwarts durante un día. Vuestra directora accedió y nos dejarán visitarte durante vuestra próxima salida al pueblo de al lado, Hogsmeade me parece que dijo papá que se llamaba. ¡Por fin podré ver el colegio donde estudias!
No me enrollo más. Mamá y papá te envían saludos (y la tía Lucía también). Espero tu próxima carta (y tus regalos, por supuesto). Pásalo bien y no causes muchos estragos.
Martina.
Con una sonrisa melancólica guardé la carta en el bolsillo trasero de mis tejanos. Echaba de menos el torbellino que era mi hermana. Mientras que yo había nacido de una naturaleza más calmada como mi padre (aunque cuando quería podía tener bastante carácter), mi hermana había heredado de no se sabe quién un carácter aventurero y travieso.
— Me estás dando mucha grima con esa sonrisa tonta en la cara. — Dominique me miró con una mueca de fingido asco. Le mostré el dedo corazón y continué comiendo. — Ya te vale, dejarnos solas para irte a enrollarte con Hughes por los rincones de Hogsmeade.
— Qué grafica puedes ser a veces. — dije con la nariz arrugada. Dominique rió encantada por haberme incomodado.
Cuando acabamos de desayunar nos dirigimos hacia el vestíbulo, donde la profesora McGonagall recogía los permisos que los padres de los alumnos habían firmado para que pudiesen ir al pueblo. Tras entregarle los nuestros, nos alejamos hasta donde los carruajes esperaban para cargar con los alumnos.
— ¿Alguna de vosotras puede ver los Thestrals? —pregunté curiosa por saber qué aspecto tenían las misteriosas criaturas que muy pocas personas eran capaces de ver.
— No, gracias a Godric. — murmuró Roxanne mientras sentía que un escalofrío le recorría la espina dorsal.
— Seth me comentó que sí que podía verlos. —dijo en voz baja Leah. — Dice que tienen un aspecto bastante terrorífico.
— ¿A quién ha visto Seth morir? —preguntó Maya con la voz teñida de curiosidad. — Si no es indiscreción. — Leah la miró indicándole que, efectivamente, su pregunta había sido bastante indiscreta.
— No hablamos mucho de ese tema. —Leah se pasó una mano por el pelo castaño. — Me comentó de pasada que había visto morir a su hermano mayor cuando eran muy pequeños. — Todas contuvimos el aire con sorpresa y pena por el muchacho rubio con rastas que se había vuelto tan cercano a Leah. — No le digáis nada a nadie, a Seth no le gustaría que la gente se enterase. — Todas asentimos.
Roxanne hizo un gesto para indicar que Leo ya se acercaba hacia nosotras.
— Por cierto, —Dominique se miró las uñas para parecer desinteresada. — ¿tú y Seth vais en serio? Últimamente estáis todo el tiempo juntos. — Leah se sonrojó ante la pregunta y se encogió de hombros.
— Puede ser… — Dominique iba a seguir incordiándola e interrogándola pero se calló al ver que Leo se situaba junto a nosotras.
— Buenos días chicas. — Todas respondieron con un saludo. Leo se acercó y me besó castamente en la mejilla. Después se giró para mirar a Maya. — Maya, dice Aiden que te verá en frente de Honeydukes. Al parecer se ha quedado dormido y todavía no ha acabado de desayunar. — Maya suspiró por la tardanza de su novio y se subió al carruaje. Tras ella subimos todos y nos sentamos en los cómodos asientos. El carruaje comenzó a moverse y nos llevó hasta el pueblo mientras charlábamos de temas varios.
Con curiosidad contemplé el pequeño pueblo de encantadoras casas y establecimientos. Tal y como me habían comentado las chicas, Hogsmeade, a pesar de su pequeño tamaño, poseía un encanto propio, sobre todo cuando estaba cubierto de nieve. A lo lejos se podía ver la Casa de los Gritos, de la que tanto me había hablado James.
Maya se había marchado ya a Honeydukes para esperar a que llegase su novio. El resto de chicas se habían alejado juntas hasta las Tres Escobas para tomar una cerveza y después iniciar sus compras. Mientras paseaba la vista por las distintas tiendas, reparé en una tienda con un escaparate estridente.
— ¿Qué tienda es esa? — pregunté señalando hacia la tienda que tanto me había llamado la atención.
— Ah, es Zonko, venden golosinas y artículos de broma. — Leo me miró de reojo y sonrió. — No pensé que eras el tipo de chica que gastaba bromas. — reí entre dientes y le di un codazo amistoso. Leo se tocó el costado como si aquel golpe le hubiese hecho daño y riéndose me cogió de la mano.
— Yo no, pero mi hermana no deja de pedirme que le envíe productos Weasley. —algo incómoda por ir cogida de la mano con Leo delante de todos los alumnos, tiré de él para que me siguiese hasta la tienda.
Cuando entramos, la cantidad de productos y chucherías me sobrecogió. Leo bromeó sobre mi cara de estupefacción y me guió hasta el rincón donde los productos Weasley estaban expuestos.
— Mi hermana alucinaría si estuviese aquí. — con una sonrisa comencé a leer las etiquetas de cada producto y a meter en una cestita los que me pareció que interesarían a Martina.
Después de pagar por los artículos y una bolsa de golosinas que había cogido para mí, abandonamos el calor de la tienda repleta de alumnos entusiasmados y nos encaminamos otra vez por la calle principal del pueblo.
— ¿A dónde te apetece ir? — me preguntó Leo uniendo de nuevo nuestras manos. Me encogí de hombros.
— Donde tú quieras. No conozco muy bien el pueblo así que tú decides. — Leo asintió y comenzó a guiarme por una callejuela hasta lo que parecía una tetería. Los marcos de las ventanas estaban pintados de rosa y en el letrero se podía leer Madame Pudipié. Intentando disimular lo cursi que me parecía aquel lugar, entré al local cuando Leo abrió la puerta para dejarme pasar.
La tetería estaba repleta de parejas de alumnos que al parecer también se encontraban allí disfrutando de sus respectivas citas. Para mi desgracia, James y su novia estaban sentados junto a la única mesa libre que había en toda la tetería. Aunque durante las dos semanas que habían seguido al partido nos habíamos vuelto a hablar con algo más de normalidad, las cosas seguían un poco tensas entre nosotros. Leo, al darse cuenta también de aquel detalle hizo una mueca con la boca, pero no se dejó amilanar y caminó hasta la mesa decorada con múltiples detalles de color rosa.
James nos dedicó una mirada indescifrable que tanto Leo como yo decidimos ignorar. Alisa, por su parte, intentaba llamar la atención de James haciendo pucheros coquetos con la boca. Cogimos los menús que estaban sobre la mesa y nos dispusimos a leerlos. Al instante una mujer de aspecto amable y muy arreglado vino a atendernos.
— Buenos días jóvenes. ¡Qué pareja tan encantadora! — la mujer extrajo una libretita y una pluma del bolsillo de su delantal. — ¿Qué van a tomar?
— Yo tomaré un café con leche y un trozo de pastel de queso. — la dueña de la tienda me miró extrañada pero no dijo nada.
— ¿Y tú guapetón? — intenté contener la risa al ver que a Leo le sacudía un escalofrío al escuchar el apodo cariñoso de la camarera.
— Un té negro y un brownie. —cuando Madame Pudipié se alejó para preparar nuestra orden, Leo me miró con una ceja levantada. — ¿Café?, ¿te das cuenta de que estamos en una tetería?
— ¿Qué?, en España somos más de café. El té que tanto os gusta tomar, a mí me sabe a aguachirle. — Leo soltó una carcajada. James y Alisa, al parecer demasiado ocupados en los asuntos ajenos, se giraron para ver qué es lo que nos hacía tanta gracia. Nos callamos cuando la dueña del local apareció con nuestras comandas flotando detrás de ella. Con un movimiento suave de varita fue colocando cada plato y taza encima de la mesa.
— Bon appétit — vimos como la camarera se iba a atender a otros clientes y continuamos hablando y bromeando durante un rato. En una ocasión fuimos interrumpidos por un chillido que soltó Alisa, que se había puesto a discutir entre susurros enfadados con James. Intentando disimular nuestra curiosidad, continuamos hablando, ignorando la discusión que se estaba produciendo junto a nosotros.
— ¿Sabes cuándo será la próxima salida a Hogsmeade?
— ¿Ansiosa de volver a tener una cita conmigo, Cam? —sonriendo tontamente le di una patada por debajo de la mesa y le saqué la lengua. Leo se rió y puso cara dolorida.
— No… bueno sí. — me sonrojé ante mi torpeza. — Pero te lo preguntaba porque van a venir a verme mi familia.
— ¿En serio?, qué bien. — Leo colocó su mano sobre la mía, que reposaba sobre la mesa junto a uno de los servilleteros rosas. Aquel gesto cariñoso me tomó por supresa, pero no aparté la mano. — Me parece que es en marzo, pero no estoy del todo seguro.
— Mhm. — murmuré distraída.
— ¿Eso quiere decir que voy a poder conocer a tu familia? — espabilándome de pronto, levanté la vista hacia Leo, que me miraba con una sonrisa tímida e interrogante. Sin saber muy bien que contestar permanecí unos segundos en silencio.
— Bueno… si es lo que quieres, sí, por supuesto. — me coloqué el pelo detrás de la oreja y desvié la mirada. Aunque Leo era un chico encantador y me lo pasaba muy bien a su lado, todavía no estaba segura de querer dar aquel paso. Además, la promesa que me había hecho a mí misma de no iniciar una relación con nadie durante aquel curso todavía me perseguía. Sin embargo, era incapaz de decirle que no. — ¿Eso quiere decir que vamos en serio?
— Claro. — sentenció Leo más serio que antes. Le dio un ligero apretón a mi mano y me hizo mirarle. — Si no hubiese pretendido tener algo más contigo, no te hubiese pedido ir al baile conmigo.
Con la cara sonrojada y el pulso acelerado asentí. Sin embargo, aquella sensación incómoda que me apretaba el pecho no acababa de irse. Un carraspeo me hizo girar la cara hacia donde James estaba sentado. James, que había estado escuchando, hizo un gesto con los dedos y la boca insinuando que lo que acababa de escuchar le estaba dando ganas de vomitar.
— Metete en tus asuntos James. —le dije con los ojos entrecerrados.
—Sois más cursis que la propia Madame Pedipié. — dijo con una sonrisa socarrona. Alisa, a pesar de su reciente discusión con James, sonrió también.
— ¿Qué pasa Potter?, como te pasas tu cita discutiendo con tu novia no tienes más remedio que inmiscuirte en las citas ajenas. — James me miró molesto y ofendido por aquel comentario. Alisa, que hasta ahora había permanecido callada y enfurruñada, abrió la boca para contestarme con algún comentario igual de ofensivo. James le hizo un gesto cortante con la mano para que se callase y se levantó de la mesa para salir del local. Alisa, algo confusa, se levantó para seguirle.
— No sé cómo aguantas a ese cretino. —Leo levantó la mano para pedir la cuenta.
— Cuando quiere, su presencia puede ser de lo más agradable y placentera, —dije con un deje de sarcasmo. — pero desde que volvió con su novia tiene más cambios de humor que una embarazada. — Leo sonrió divertido y pagó la cuenta por los dos. — Anda vamos a tomarnos una cerveza. Esta vez invito yo.
Leo me cogió de la mano y, al salir de la tetería, me guió por la calle principal hasta la taberna Las Tres Escobas. Allí charlamos sentados entre la animada muchedumbre durante el resto de la mañana, y más tarde nos unimos a algunos de los amigos de Leo que se encontraban por ahí hasta la hora de volver a Hogwarts.
