La mañana de Navidad había amanecido con el cielo despejado y de un azul pálido. Como cada mañana desde que había llegado, el alboroto de todos los miembros de la familia inundaba la casa de ruidos y risas. En aquel preciso instante los miembros de la familia intercambiaban regalos entre sí. Contemplando el trueque con una sonrisa, pensé que esa misma escena estaría teniendo lugar en mi casa.

Miré hacia los paquetes que me habían llegado anoche desde España, y que no había abierto hasta ahora. El último modelo de escoba, la Cometa 310, más rápida y ligera que sus anteriores versiones, que mis padres me habían enviado por lechuza y que no podía esperar para estrenar. El regalo de Martina; un brazalete con una piedra incrustada que cambiaba de color según el estado de ánimo del portador. El disco de My Mystic Romance, mi grupo favorito de música, que Leo me había hecho llegar junto a una extensa carta en la que me felicitaba las Navidades y me pedía verme durante lo que quedaba de vacaciones. Por último, un marco con una foto de Adriana y Natalia en la que salían haciendo el payaso y poniendo distintas muecas y con una dedicatoria en la parte trasera.

Continué comiendo el trozo del delicioso bizcocho que la señora Weasley había preparado para desayunar. Dominque se acercó hasta la mesa y se sentó junto a mí a la vez que me entregaba un paquete envuelto en papel de regalo rosa chillón.

— Ugh, ¿no podría haber escogido un color más discreto? — con una sonrisa cogí el paquete y comencé a desenvolverlo.

— Me quedé sin papel y tuve que cogerle un poco a Lily. — Dominuque contempló con expectación cómo rompía el papel.

De entre los montones de papel rosa apareció una bonita cadena de plata con una pequeña lechuza colgando como único adorno.

— Es preciosa Dom, muchas gracias. —me incliné sobre la silla para abrazarla. Dominique me devolvió el abrazo con una sonrisa. De su cuello puede apreciar el perfume que minutos atrás le había regalado. Con entusiasmo me retiré el pelo de los hombros y me abroché el colgante diestramente.

— Por cierto, te sienta muy bien el jersey. Que sepas que hasta que mi abuela no te teje un jersey no has sido oficialmente adoptado por nuestro clan. — me reí y contemplé con cariño el jersey azul marino con una gran "C" amarilla en el centro que Molly me había entregado al bajar a desayunar. Miré de nuevo hacia Dominique, cuyo jersey era de un azul turquesa a juego con sus ojos y la "D" de un gris plomo.

— No se aceptan devoluciones. Ahora tendréis que cargar conmigo de por vida. — Dominique sonrió más que dispuesta a cumplir con su deber para conmigo.

— Hemos pensado ir todos a lanzarnos en trineo que le han regalado a Albus más tarde. ¿Te apuntas?

— Por supuesto, pienso gozar de toda la nieve que en Bellver no tenemos. — tras decir esto me corté un tercer trozo de bizcocho. "A este paso tendré que ir rodando hasta los sitios" pensé para mí misma mientras me palmeaba la barriga.


Con gran esfuerzo habíamos logrado subir hasta arriba de uno de los montículos colindantes a La Madriguera, luchando por no hundirnos en la nieve. Una vez arriba resoplamos satisfechos y contemplamos las impresionantes vistas.

— ¡Me pido primero! — exclamó Hugo, arrancándole de las manos el trineo a Albus. Sin perder el tiempo se situó sobre el borde de la colina y se sentó sobre el trineo para deslizarse por la cuesta. Soltó un chillido divertido y finalmente aterrizó en la base de la pequeña elevación montañosa. Poco a poco volvió a subir el montículo para entregarnos de nuevo el trineo.

— ¡Me pido última! — gritó Dominique con una sonrisa. Se inclinó sobre mi oreja para susurrarme confidencialmente. —Así no tengo que subir otra vez la colina. — con los ojos en blanco y un resoplido me dispuse a esperar mi turno.

Uno a uno, los múltiples primos comenzaron a deslizarse por la cuesta. Lily, al ser la más pequeña y la protegida por sus primos más mayores, se tiró junto a Rose riéndose alegremente. A James, cuyas piernas no le entraban por completo en el trineo, el descenso le presentó alguna que otra dificultad.

Finalmente, después de lanzarse Lucy, llegó mi turno. Con algo de inseguridad me senté sobre el trineo y agarré con las manos enguantadas el manillar. Albus se colocó a mi espalda y me dio un leve empujón. Con una velocidad vertiginosa comencé a descender la ladera. Asustada por aquella nueva y algo peligrosa experiencia, comencé a soltar mi vasto repertorio de improperios y palabrotas en español. A lo lejos pude oír como el grupo se divertía con la situación. Una vez el trineo se frenó, suspiré aliviada y me levanté.

— ¡Anda, deja de hablar en suajili y trae tu culo de vuelta hasta aquí! — me gritó Dominique desde arriba. El resto del grupo rió junto a ella y yo, todavía sin haberme recuperado de la experiencia, subí el montículo arrastrando el trineo detrás de mí.

Durante el resto de la mañana continuamos deslizándonos por la ladera cubierta de nieve. Al segundo intento perdí un poco el miedo y disfruté del viaje. Algunos de los primos repitieron varias veces, por lo que a Dominique, aunque entre improperios y resoplidos, no le quedó otra que volver a subir el montículo. Cuando llegó la hora de comer nos dirigimos todos juntos de vuelta a la casa para disfrutar de nuevo de los sabrosos platos que Molly había preparado con tanto cariño.


Mientras sonaba Vampire Money del disco que Leo me había regalado, Roxanne, Dominique y yo nos vestíamos para la cena de Navidad que comenzaría en breves minutos.

— ¿Habéis hablado con Leah y Maya estos días? — Roxanne se aplicaba frente al espejo una capa de rímel sobre las pestañas mientras ponía una mueca.

— Cierra la boca Roxanne o te va a entrar una mosca. — Roxanne cerró la boca de repente mientras fulminaba con la mirada a Dominique a través del espejo. — Leah me envió una carta hace un par de días. La pobre no aguanta más a sus primos. Dice que se está planteando seriamente huir hasta que se acaben las vacaciones. — Dominique se rió con ganas y metió la cabeza por el agujero del cuello de una camisa blanca.

Con esmero me cepillé el pelo y me lo recogí en un moño trenzado. Mientras seguía sonando My Wicked Romance de fondo, las tres charlábamos tranquilamente. Molly, que también se estaba vistiendo, de vez en cuando hacía algún comentario y se reía con nosotras.

— Venga, vamos a bajar ya, o la abuela se pasará la cena echándonos la culpa por que se haya enfriado el cordero. — Con una sonrisa nos levantamos y bajamos las escaleras hacia el salón, donde la mayoría de los miembros estaban sentados en la mesa o bien en los sillones.

— Por fin bajáis niñas. — exclamó Molly sofocada por el ajetreo que suponía cocinar para tanta gente. — A este paso se nos iba a enfriar la sopa. — Dominique me miró como diciéndome «te lo dije» y con una sonrisa me senté junto a ella y a Héctor.

Se abrieron las botellas de vino y el barullo de conversaciones llenó el salón. Mientras tomaba con gusto la sopa de pescado, hablaba tranquilamente con Louis y Héctor. A medida que las copas se iban vaciando y rellenando de nuevo, el ruido en la sala iba aumentando en volumen y para poder mantener una conversación había que hablar prácticamente a voces.

— Dinos Louis, con lo guapo que eres seguro que tienes a las chicas de Hogwarts loquitas. — Ron, con las mejillas algo sonrojadas por las tres copas de vino que se había bebido ya, le dio una sonora palmada en la espalda a su sobrino Louis, que estaba sentado junto a él. — ¿Tienes alguna novia ya? — Ron le guiño un ojo con picardía. Louis sonrió incómodo sin apartar la vista de su plato de sopa.

Héctor y yo intercambiamos una mirada incómoda. Pudimos apreciar también como Dominique, Roxanne, James y Albus se habían quedado de repente en silencio. Ron siguió contemplando a un avergonzado Louis a la espera de una respuesta.

— Vamos no seas tímido. Todos hemos tenido tu edad. — Ron le dirigió una mirada divertida a Hermione, que puso los ojos en blanco como única respuesta.

— No tengo novia aún, tío Ron. — dijo Louis con voz queda, levantando por fin la mirada de la mesa.

Pego, ¿cómo puede seg? — preguntó Fleur indignada por que el sector femenino del colegio no supiese apreciar el atractivo de su único hijo. — ¿Qué les pasa a las niñas de ahoga? — con el ceño fruncido miró a su marido, que se limitó a encoger los hombros.

Maman, assez! —exclamó Dominique entre dientes. Su madre la miró confundida pero siguió divagando sobre la ceguera de las niñas de Hogwarts.

Louis, cada vez más molesto por la diatriba de su madre y las insistencias de su tío Ron, fruncía el ceño mientras se mordía la lengua para no saltar y perder el control. El resto de comensales había dejado de lado sus conversaciones privadas para escuchar aquel intercambio que no acababan de comprender. Héctor colocó una mano sobre la rodilla de Louis para intentar, con escaso éxito, tranquilizarlo.

— Ron déjale en paz. — dijo Hermione con voz tranquila y pacificadora. — No todos están tan interesados en el amor y en el sexo opuesto como tú lo estabas.

Aquello fue lo que colmó el vaso. Todos los que conocíamos la orientación de Louis pudimos ver que aquellas palabras, que con buena intención habían intentado zanjar el tema que tanto incomodaba al rubio, habían acabado por completo con el autocontrol de Louis. Éste se levantó de su silla y miró con enfado a su tío, que al ver la reacción de su sobrino, había perdido la sonrisa burlona. Por debajo de las capas de enfado, los ojos de Louis también revelaban miedo e incertidumbre.

— No te equivoques tía, a todos nos preocupa enamorarnos. — Hermione se reclinó sobre el respaldo de su silla, sorprendida por la fuerza que destilaban las palabras de Louis. Para la mayoría de los que estábamos allí se nos hacía extraño ver a Louis de aquella guisa, acostumbrados a la naturaleza tranquila y pacífica del chico. — Lo que pasa es que a mí el sexo opuesto me es indiferente. —Louis se giró hacia Héctor que, nervioso, mantenía la mirada fija en su regazo. El silencio se hizo en la mesa mientras el peso de las palabras de Louis se colaban en nuestras cabezas y adquirían sentido.

Fleur, sorprendida, se llevó una mano a la boca pero no dijo nada. Bill, con una tranquilidad y naturalidad sorprendentes, paseó la vista entre Héctor y Louis. De fondo se podía oír como Hermione le susurraba enfadada a Ron que tenía la sensibilidad y el tacto de un doxy. Todos contuvimos el aire, asustados de que el más mínimo susurro pudiese hacer detonar la tensión que flotaba en el aire de la estancia.

Louis miró con ojos suplicantes a su padre, rogándole que dijese algo, ya fuese positivo o negativo. Bill se aclaró la garganta y se pasó una mano por el pelo con nerviosismo. Miró hacia su mujer, que seguía sin poder articular sonido alguno.

— Por mi parte tengo que decir que ya lo sospechaba. — Louis dejó escapar un suspiro con alivio. — Y los dos estamos muy felices de que hayas encontrado a alguien especial. — Héctor levantó por fin la vista y lo miró agradecido. Bill miró de reojo a su mujer, que parecía algo más recompuesta.

Clago, que sí, si tu eges feliz, nosotgos también lo somos. — Con una sonrisa cálida extendió los brazos para coger de la mano a Louis y a Héctor. Tras unos instantes más de silencio, todos prorrumpimos en aplausos.

Aunque la declaración de Louis había cambiado completamente el rumbo de la cena, todos intentamos continuar comiendo con la máxima naturalidad posible. Durante los postres, Ron Weasley se inclinó sobre la oreja de su sobrino para disculparse por su indiscreción. Bill se pasó toda la cena interrogando a Héctor, el cual respondía a sus preguntas entre tartamudeos, y finalmente le dio el visto bueno con un asentimiento satisfecho.

Una vez finalizado el banquete, George Weasley anunció con entusiasmo que había traído fuegos artificiales para acabar de celebrar la Nochebuena. Entre risas salimos de la casa y nos colocamos en círculo en el jardín mientras esperábamos a que George acabase de preparar el espectáculo pirotécnico.


Los estallidos de colores relampagueaban en el cielo estrellado. Arthur había decidido además encender una hoguera en el centro del círculo, donde todos nos calentábamos las manos mientras estirábamos el cuello para contemplar los fuegos artificiales. Algunas de las parejas aprovechaban aquel momento tan mágico para besarse y profesar su amor entre susurros.

Distraída, miré hacia el hogar de aquella familia y me percaté de la figura de James sentada en el porche mientras observaba a lo lejos como sus padres se abrazaban cariñosamente. Sin que se diera cuenta, observé su rostro cansado y abatido. Aunque intenté ignorarlo, sus hombros caídos y su aspecto desamparado y frágil, me empujaron a acercarme a él. Con cuidado de no llamar la atención, me alejé del grupo y me senté junto a James en las escaleras del porche.

Sin apartar la vista de sus padres, James gruñó a modo de saludo.

— ¿Qué haces aquí sólo? — James permaneció en silencio. Los diferentes estallidos de color se reflejaban sobre su cara. Aparté la vista de su perfil y miré hacia donde sus ojos estaban fijos. Deje escapar una risita al ver a Molly y Arthur bailando agarrados la música que sonaba desde la radio. — ¿Todas vuestras reuniones son así de…? — intenté encontrar una palabra que las definiese.

— ¿Peculiares? — James me miró por fin y sonrió divertido. — Te mentiría si te dijese que no. — le devolví la mirada divertida y pude verme reflejada en sus ojos castaños. — El año pasado mi tío Percy montó un berrinche cuando Molly le dijo que no iba a trabajar en el Ministerio después de graduarse. — James se carcajeó ante el recuerdo. — Y cuando Fred trajo por primera vez a casa a la profesora Saunders, mi abuela se desmayó cuando se enteró de que habían empezado a salir cuando Fred todavía estaba en Hogwarts. A mi tía Angelina le entró un ataque de risa histérica que le duró tres horas. Todos pensábamos que se había vuelto loca. — Nos reímos por la anécdota y permanecimos un rato sumidos en un silencio cómodo, observando al resto de la familia desde lejos.

La sonrisa se le fue del rostro y se pasó una mano por la nuca, lo cual había aprendido a detectar como un gesto suyo de nerviosismo. Aquel gesto de fragilidad hizo que se me partiese el corazón y que me diesen ganas de abrazarle hasta que todas sus preocupaciones se evaporasen. Sorprendida por aquel arranque de instinto protector, lo miré con suavidad.

— ¿Qué te preocupa James? — James me miró de reojo y suspiró. — ¿Por qué estás aquí, apartado, en vez de pasártelo bien con tu familia? — Permaneció varios minutos en silencio, por lo que pensé que no se iba a molestar en responderme. Levantándome para dejarlo en paz con sus pensamientos, bajé uno de los escalones para dirigirme de nuevo hacia el círculo. Sin embargo, una mano me agarró de la muñeca para impedirme que me marchase. Me giré para ver como James me rogaba con la mirada que me quedase. Con un suspiro me volví a sentar junto a él.

— Soy un cabrón, Mila. — lo miré sorprendida por sus palabras. James me miró con los ojos brillantes.

— ¿Por qué dices eso? — Con mi otra mano cogí la de James que todavía agarraba mi muñeca. — Puedes ser muchas cosas, pero nunca te he considerado un cabrón. — Negó con la cabeza.

— Créeme, sí que lo he sido.

— ¿Es por Alisa? — James asintió levemente con la cabeza y cogió aire. — ¿puedo hacerte una pregunta sin que te enfades? — James volvió a asentir con la cabeza gacha. — ¿Por qué sigues con ella si claramente ninguno de los dos sois felices? — James volvió a coger aire con la mirada perdida en la hoguera.

— Porque soy un cobarde y no me atrevo a dejarla. — James ladeó la cabeza y me miró por debajo de las pestañas. — He sido muy injusto con ella. — permanecí en silencio y esperé con paciencia a que James pusiese en orden sus pensamientos. — Antes de empezar a salir con ella, me divertía tonteando con las chicas que me iban detrás. Todas sabían que yo no quería nada serio y se contentaban con ser un ligue más. — Compuso una sonrisa torcida como si los escarceos románticos de antes ya no le pareciesen tan divertidos. — Cuando Alisa comenzó a insinuarse en quinto me lo tomé como un juego. Sabía que Alisa estaba bastante enamorada y que tenía intenciones de ser algo más que un rollo pasajero. Eso me divertía y me producía un gran placer. Saber que tenía ese poder sobre una chica me hacía sentir bien, importante. — me miró para intentar leer en mi cara lo que pensaba de aquellas revelaciones. Intenté mantener el rostro impasible. James suspiró, poco acostumbrado a abrirse y hablar de sus sentimientos tan abiertamente. Le di un apretón suave a su mano para animarle a que continuase. — Cuando Alisa se me declaró, acepté. Quería probar qué era estar en una relación, a pesar de que en el fondo sabía que nunca podría sentir algo realmente profundo por ella. — Se pasó una mano por la cara con un gesto cansado. — Con el tiempo, Alisa comenzó a darse cuenta de que para mí aquello había sido sólo un pasatiempo, una forma de probar algo nuevo, y comenzó a volverse una chica repelente y amargada. Yo me sentía demasiado culpable por lo que había hecho y no me atrevía a romper con ella. Sabía que el motivo de aquel cambio en ella era yo. — volvió a suspirar y frunció el ceño. — Alisa ha sabido jugar con eso y aprovecha cada momento para restregármelo y hacerme sentir aún peor. Aunque he intentado arreglar lo que yo mismo he provocado, nada ha servido para que Alisa me perdone y para que yo me sienta menos culpable. Y a pesar de todo este tiempo, todavía sigo sin sentir nada por ella.

James se calló, aliviado por fin de poder soltar todo aquel peso de encima. El arrepentimiento marcaba sus facciones. Me miró a la espera de escuchar mi opinión. Con el cuerpo encogido, James parecía un niño perdido y desamparado.

— Creo que lo que le has hecho a Alisa ha estado muy mal. Pero nadie es perfecto y todos hemos sido niños y hemos jugado con fuego sin tener en cuenta los sentimientos de otros. — James suspiró algo más aliviado. Tenía los ojos brillantes de lágrimas sin derramar. — También creo que Alisa no debería haberte seguido el juego y haberse aprovechado de tu sentimiento de culpabilidad para mantenerte a su lado.

— No sé cómo arreglar todo este embrollo sin que alguno de los dos salga herido. — la voz se le quebró y apartó la mirada para ocultar aquel momento de debilidad.

— Yo diría que ya os habéis hecho bastante daño los dos. — James soltó una risita triste. — Lo más justo para ambos sería que lo dejaseis antes de que sea demasiado tarde. No es justo que sigas este juego y le sigas haciendo daño, y tampoco es justo para ti estar sufriendo por estar junto a alguien al que no quieres. — James permaneció en silencio para asimilar lo que le había dicho.

— Gracias, Mila. — James me rodeó con los brazos y posó un beso sobre mi sien. Sorprendida por aquel gesto espontáneo, le rodeé con mis brazos y apoyé la cabeza sobre su hombro. Aspiré y del cuello de su jersey pude detectar un olor a suavizante y a su colonia. Durante unos instantes más, permanecimos en silencio, agradecidos por aquel momento de intimidad.

— ¿Sabes?, creo que debajo de esa fachada de fanfarronería y "todo me importa una mierda", eres un chico bastante decente. — James se rió y se separó con lentitud.

— ¿Sólo decente? Yo diría que soy bastante genial. — la sonrisa burlona distintiva de James volvió a ocupar su rostro. Le di un codazo amistoso y me reí de sus tonterías. — Gracias por el consejo, Mila. — susurró volviendo a ponerse serio. — Lo tuyo con Hughes debe ir viento en popa, eh pillina. — me guiñó un ojo con picardía. Intenté ignorar su comentario mientras miraba con diversión como los miembros de la familia se desperdigaban por los alrededores de la casa para jugar al escondite.

— En realidad no. La verdad es que no estoy muy segura de cómo va a acabar todo esto. — James me miró sorprendido por aquella revelación. — Me digo a mí misma que es un chico encantador y que se porta muy bien conmigo, pero no puedo evitar tener la sensación de que lo nuestro no va a ningún sitio. — James permaneció en silencio, dándome espacio para aclarar las ideas. — Supongo que desde lo de Isaac me resulta más difícil dejarme llevar por el corazón.

— ¿Isaac?

— Mi ex. — Aunque James no formuló ninguna pregunta por cortesía, sus ojos desprendían una curiosidad apenas contenida. Por algún motivo que desconocía, el corazón me pedía a gritos desahogarme con él. — Estuvimos saliendo un año y medio. Íbamos a la misma casa y siempre habíamos sido amigos. En quinto año los dos comenzamos a sentir algo más que amistad y finalmente se declaró. Era genial, no sólo era mi novio, también era mi mejor amigo; nos lo contábamos todo, nos reíamos juntos, casi nunca discutíamos, en fin, era perfecto. Era la primera vez que me enamoraba de alguien. Y cuando te enamoras de alguien y te corresponden, puede llegar a ser increíble.

— Si todo iba tan bien ¿por qué lo dejasteis? — preguntó James con cautela.

— Cuando quedaban tres meses para acabar sexto, Isaac comenzó a distanciarse. El problema es que yo estaba tan ciega que no me di cuenta. O quizás es que no lo quería ver. La afinidad que una vez habíamos tenido ya no estaba. Estaba distraído y ponía excusas para no hacer cosas juntos. Finalmente un día me dijo que simplemente ya no sentía lo mismo. Que el amor se había acabado. Que lo que había sentido por mí en quinto ya no era lo mismo que sentía por mí un año y medio después.

— ¿Cómo puedes dejar de querer a alguien tan de repente? — el tono de James sonaba algo indignado.

— No creo que fuese algo repentino. Supongo que llevaba meses sintiéndose así. Pero a mí me pilló por sorpresa y me dejó devastada. — Permanecí unos instantes sumida en mis pensamientos. — Muchas parejas rompen porque el amor se va apagando. El problema viene cuando la otra persona sigue tan enamorada del otro como si fuera el primer día. Ver como Isaac dejaba de quererme lentamente me rompía el corazón. Y el hecho de no poder hacer nada por recuperarle me frustraba y me dolía. Al final me pidió romper la relación. — suspiré y de reojo pude ver como James me observaba atentamente. — A las dos semanas empezó a salir con otra chica que había estado conociendo. Durante tres meses tuve que verlos juntos, ver como él era feliz con otra persona mientras que yo todavía seguía enamorada de él. Venir a Hogwarts fue un alivio.

Fijé la mirada en mi regazo. Con alivio me di cuenta de que hablar de Isaac ya no me dolía tanto como antes, y que la distancia y el tiempo habían logrado cerrar las heridas. Sin embargo, las inseguridades que aquella ruptura habían causado permanecían arraigadas en mi seguridad y autoestima.

Tras la ruptura había pasado por una etapa de negación. Me negaba a creer que lo que antes había sido una relación casi perfecta, se había desmoronado con tanta facilidad. Después pasé por una etapa de furia y enfado. Culpaba a Isaac por aquella situación, por mi corazón roto, y le odiaba por haber pasado página tan rápido. Finalmente llegué a una etapa de aceptación. Con los meses me hice a la idea de que aquellas cosas pasaban, y que los sentimientos eran volubles, que el amor a veces se acababa. No obstante, la inseguridad y el miedo también formaban parte de aquella etapa. Durante muchas noches permanecí en vela preguntándome qué era lo que había hecho mal, qué era lo que carecía, lo que no le podía haber dado a Isaac y que otra sí había conseguido darle.

— Tu ex novio es idiota. — dijo James con resolución. — No sabe lo que se pierde al haberte dejado e irse con otra. Eres una chica increíble y ese troll no te merecía. — dejé escapar una risa ahogada, intentando disimular el sonrojo que me había provocado aquel cumplido. James me revolvió el pelo. — Está claro que el amor no es lo nuestro.

— Estoy segura de que encontrarás a alguien que te hará feliz. — James me contempló con un sentimiento indescifrable en la mirada. Con el pulso acelerado, intenté ignorar el vuelco que me había dado el estomago. — Gracias por escucharme James. A veces sólo es necesario hablar de lo que te preocupa para hacerte sentir mejor. — James asintió con el rostro visiblemente más relajado. —Creo que voy a ir a acostarme.— dije con la voz algo estrangulada.

— Vale, buenas noches. — me levanté para dirigirme al interior del hogar. James me cogió de la muñeca y me hizo girarme. — Gracias, Mila. Y siento las veces que me he comportado como un niñato amargado. — James esbozó una sonrisa torcida que dejaba entrever sus dientes blancos. Le devolví la sonrisa con cariño, sintiendo que aquella noche muchas cosas habían cambiado entre nosotros.

— Buenas noches James. — James dejó caer el brazo que me agarraba. Giré sobre mis talones y me interné en La Madriguera, que seguía vacía y con sus habitantes correteando por los bosques de alrededor mientras jugaban al escondite.


N/A: muchas cosas han pasado en este capítulo. Por fin Louis ha podido salir del armario (aunque no de una manera muy discreta jajajaj).

Hemos podido ver a un James distinto al que estamos acostumbrados a ver, más frágil y humano. También hemos averiguado por qué Camila se siente tan insegura a la hora de establecer lazos afectivos con chicos :(

— Maman, assez!: — Mamá, ¡basta!

Este es uno de los capítulos que más me ha costado escribir. Me encantaría escuchar vuestras opiniones, tanto positivas como negativas (siempre que sean constructivas claro). Tengo muchas ganas de subir los próximos capítulos porque van a pasar muchas cosas muajajajaj.

PD: los que seáis fans de My Chemical Romance os habréis dado cuenta del juego de palabras con el nombre del grupo de música que le gusta a Camila :)