Disclaimer: Harry Potter no me pertenece.


Unas fuertes sacudidas me despertaron. Con los ojos entreabiertos pude ver como Dominique levantaba las sábanas con energía, desprendiéndome del acogedor calor. El frío se coló entre mis ropas y un escalofrío sacudió mi espina dorsal y me puso la piel de gallina.

—Dom ¿qué…? —Dominique no me dejó terminar la frase porque saltó sobre mí, dándome un rodillazo en las costillas que me entrecortó la respiración. — ¡Ten más cuidado! —protesté molesta por aquella intrusión.

— Levanta dormilona, James ha organizado un partido de Quiddicth entre primos para animar esta encantadora mañana de invierno. —dijo Dominique con una sonrisa en la cara mientras dejaba caer todo su peso sobre mí.

— Me parece muy bien. —aún molesta intenté volver a taparme con las mantas pero Dominique me lo impidió. Apoyada en el marco de la puerta, Roxanne nos observaba divertida. — Pero como yo no pertenezco al inmenso grupo de primos que formáis, prefiero quedarme durmiendo. — con un ojo abierto y el otro cerrado vi como Dominique hacía un puchero y volvía a levantar las sábanas.

— Un detalle sin importancia. — Roxanne se acercó hasta la cama y entre las dos consiguieron arrastrarme fuera de la cama. — No puedes perderte uno de nuestros partidos. Son incomparables. Cuando Hugo tenía diez años, se pasó tres días llorando al escuchar los insultos que se lanzaban Fred y Teddy pensando que realmente se odiaban. — Dominique dejó escapar una risa poco femenina.

Con una sonrisa de resignación me desnudé delante de ellas y con rapidez me vestí para evitar el frío. Después de tres meses compartiendo dormitorio con ellas, la desnudez ya no nos incomodaba.

Después de calzarme las zapatillas de deporte, seguí a Roxanne y a Dominique para desayunar algo antes del partido. La mayoría de los adultos se había ido a trabajar o a realizar algún recado. Desperdigados por el salón había algunos de los primos. Desde fuera resonaban los gritos del resto de los miembros más jóvenes de la familia que estaban en el jardín listos para empezar a jugar.

Apremiada por Roxanne y Dominique, desayuné huevos revueltos con beacon. Finalmente salimos hacia el exterior donde, a pesar del frio punzante, relucía un sol que se reflejaba con fuerza en la nieve. James se giró al escuchar la puerta de entrada cerrarse con un golpe seco.

— ¡Por fin!, pensaba que me haría viejo aquí fuera esperando. — con una sonrisa se ajustó la bufanda mientras me miraba. — ¿Estamos todos ya? — Roxanne asintió con la cabeza. — Perfecto. Yo seré el capitán de un equipo y Roxanne la del otro. — Dominique puso los ojos en blanco ante el tono autoritario de su primo. — Las damas primero. — James le hizo una reverencia cómica a Roxanne y esta escaneó el grupo mientras pensaba a quién elegir.

— Scorpius. — Enfoqué la vista hacia el rubio situado junto a Albus y del que hasta entonces no me había percatado. Scorpius Malfoy, que al parecer había venido para pasar el día con su mejor amigo Albus, jugaba como Guardián del equipo de Slytherin y era uno de los mejores jugadores de todo Hogwarts.

— Mila. — James me miró con una sonrisa lobuna en la cara. Dominique puso los ojos en blanco por segunda vez. Lo miré con el ceño fruncido, sorprendida porque no hubiese escogido antes a otros jugadores mejores, y James simplemente se encogió de hombros. —Todavía no he tenido la oportunidad de ver como juegas. Qué mejor oportunidad que esta para ver cómo te desenvuelves en el campo.

— Soy la mejor, por supuesto. — le guiñé un ojo mientras Roxanne escogía a su siguiente compañero. A mis espaldas pude oír como Dominique resoplaba pero decidí ignorarla.

Uno a uno, los capitanes siguieron escogiendo a los componentes de sus respectivos equipos. James, que por supuesto jugaría como Buscador, nos escogió a Louis, Dominique y a mí como Cazadoras, a Fred y a Hugo como Bateadores y a Molly como Cazadora. Nos entregó a cada uno un brazalete de color verde, mientras que el equipo de Roxanne lo llevaba de color negro.

— Ugh, el color de Slytherin. — James puso una mueca de asco mientras observaba el trozo de tela que llevaba en el brazo. — Eso no es buena señal. — Albus lo miró con ojos entrecerrados pero no dijo nada.

— No culpes al color de tu brazalete por tu ineptitud en el Quidditch. — le dijo Rose, que jugaba de Bateadora en el equipo de Roxanne a pesar de que habría preferido quedarse en la cama leyendo. James le dirigió una fingida mirada de ofensa.

— Bueno basta de cháchara y comencemos a jugar. Se me están helando hasta las pestañas. — Dominique se dirigió hacia uno de los lados del jardín y se subió sobre su escoba. Imitándola, me situé en mi posición y me subí sobre mi flamante y nueva escoba sin estrenar.

— Una Cometa 301 ¿eh? — James le dirigió una mirada aprobatoria a mi escoba. — Vamos a darles una paliza a esos lerdos. — solté una risita y James miró hacia el centro del campo improvisado, donde Ron, que ese día no tenía nada que hacer, soltaba las pelotas.

En cuanto Ron, que ejercería de árbitro, sopló por el silbato, pateé el suelo y me elevé en el aire. Héctor tomó enseguida posesión de la Quaffle y con una inclinación, me dirigí rápidamente hacia él para arrebatársela. Tras un par de filigranas conseguí arrancársela de las manos y giré para dirigirme a los aros que estaban en el lado contrario. Scorpius, flotando frente a los postes, me miró con socarronería y logró desviar la Quaffle. Con un resoplido frustrado viré con la escoba para perseguir el balón, que ya había caído en manos de Lily.

Durante varios minutos continuamos jugando y persiguiendo la Quaffle. Tras haber pasado más de tres meses sin jugar al Quidditch, la sonrisa no abandonaba mi rostro.

— ¡Deja de sonreír como una lela y céntrate en la Quaffle! — Dominique me gritó desde la lejanía mientras perseguía a Lucy con un gesto de concentración y seriedad que raramente mostraba. Le mostré el dedo corazón y volví a concentrarme. A lo lejos escuché la risita de James, que junto a su hermano, buscaba la snitch mientras supervisaba el partido y nos gritaba órdenes.

Asombrada por la rapidez y la ligereza de mi nueva escoba, disfruté de la sensación de libertad que el vuelo me proporcionaba y de la suave caricia del viento sobre mi rostro y mis cabellos. Louis, a pesar de no ser un gran jugador, había logrado arrebatarle la Quaffle a Lucy y me la lanzó desde la distancia. Con un movimiento diestro la agarré y me la coloqué bajo el brazo. Con decisión me dirigí hacia los aros, donde Scorpius ya me esperaba. Realicé un movimiento de distracción y logré hacer pasar la pelota a través del círculo. Scorpius maldijo molesto mientras que yo levantaba el brazo en señal de victoria. James, que todavía no había detectado la pelota dorada, se acercó y me chocó los cinco.

— Ochenta a cincuenta a favor del equipo verde. — gritó Ron desde el suelo. James, que todavía flotaba a mi lado, me dirigió una sonrisa satisfecha y se alejó para continuar su búsqueda.

El partido continuó durante veinte minutos más con nuestro equipo aún en cabeza. Durante un minuto tuvimos que parar el partido para que Ron pudiese reparar el bate que Fred había roto sin querer al golpear demasiado fuerte una Bludger con intención de derribar a Scorpius.

Observé cómo Lily se dirigía hacia nuestros postes e intentaba marcar en vano. Cerrando los ojos, decidí olvidarme por unos instantes del partido y me dispuse a disfrutar del vuelo. Aunque mis planes de futuro no implicaban el Quidditch, desde que mi padre me había enseñado a jugar a los siete años, aquel deporte, y volar en general, me habían proporcionado un placer inmenso. Uno de los remedios que siempre usaba contra la tristeza o el estrés era volar sobre mi escoba. Con los ojos aún cerrados, solté las manos del mango y estiré los brazos para disfrutar del vuelo. Sin importarme demasiado quién iba ganando o perdiendo, me dejé llevar en círculos por el campo. Inconscientemente dejé escapar una risa genuina y vibrante.

Godric, eres preciosa. — Abrí los ojos con sorpresa y frené en seco la escoba. James se encontraba delante de mí, flotando lánguidamente mientras me miraba con un sentimiento indescifrable en los ojos.

El rostro se le cubrió de un sonrojo y cerró la boca de golpe, sorprendido por sus propias palabras que al parecer había dejado escapar sin querer. Noté que yo misma me ponía roja hasta la raíz del pelo. Una leve sensación de vacío, como cuando tienes vértigo, inundó mi estómago y mi corazón se saltó un par de latidos. Permanecimos en silencio incómodo. En el aire que nos rodeaba se podía notar una especie de vibración, de zumbido, imperceptible para el resto. Parecía como si de golpe los gritos y sonidos del resto de jugadores se hubiesen silenciado.

Dejé escapar una risa nerviosa para intentar romper el silencio. James se pasó una mano por la nuca y se rió con inquietud. De repente, una fuerza demoledora impactó contra mi costado y me desmontó de la escoba. Con una velocidad vertiginosa me precipité hacia la hierba mientras oía las exclamaciones de asombro de mis compañeros y el grito victorioso de Albus, que ajeno a lo que estaba pasando celebraba haber atrapado la snitch.


Un dolor agudo me despertó. Parpadeé varias veces para orientarme y enfocar la vista. Tres siluetas se inclinaban sobre mí y hablaban entre murmullos.

— ¡Ya se ha despertado! — Fruncí el ceño ante el pinchazo dolor que aquel grito me había provocado en la cabeza.

Cuando por fin se me aclaró la vista pude ver que se trataba de Dominique, Roxanne y James. Con gestos de preocupación se sentaron sobre mi cama. Con una mueca de dolor intenté sentarme, pero el dolor en las costillas me lo impidió.

— Cuidado, no te muevas demasiado. — Roxanne me empujó suavemente con la mano para que volviese a recostarme sobre las almohadas.

— ¿Qué ha pasado? —pregunté confundida mientras intentaba recordar los sucesos de aquella mañana. El dolor de cabeza persistía y no me dejaba pensar con claridad.

— Te has llevado un buen golpe de una Bludger en las costillas. — susurró Dominique con aprensión. — Te caíste de la escoba y te golpeaste contra el suelo antes de que pudiéramos atraparte. — dejé escapar un suspiró cansado.

— Lo siento mucho Cam. — Roxanne, con cara afligida y retorciéndose las manos, me miraba con arrepentimiento. — Quería darle al mango de tu escoba pero sin querer te di a ti.

— No te preocupes. — puse una mano sobre su rodilla para calmarla. Roxanne me dedicó un sonrisa débil y asintió- — La culpa es mía por estar distraída.

James carraspeó levemente y se retorció con incomodidad sobre el colchón. Intenté no mirarle, avergonzada al recordar el porqué de mi distracción durante el partido.

— Mi abuela ya te ha curado las costillas y la herida en la cabeza. — Dominique miró a su primo con un gesto de interrogación al verlo tan incómodo. — Por suerte no estábamos volando demasiado alto.

Asentí con la cabeza hundida en las almohadas. Roxanne me ofreció un vaso de agua que acepté gustosa. Dominique se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.

— Voy a ir a buscar a mi abuela para que te aplique una crema para el dolor. — Se escabulló por la puerta dejándonos a los tres en la habitación.

— ¿Al final quién ganó el partido? — tenía la voz algo reseca de estar tantas horas durmiendo.

— Nuestro equipo. —contestó Roxanne victoriosa. —James sigue insistiendo en que perdieron por culpa del color de vuestros brazaletes. —soltó un resoplido burlón mientras ponía los ojos en blanco.

Dirigí una mirada a James, que tenía los ojos fijos en la colcha de colores, intentando evitar a toda costa mirarme. Dejé escapar una risa queda y solté un gemido de dolor.

— ¿Cuántas horas llevo inconsciente? Tengo la sensación de haber estado dos años en coma. —como respuesta a mi pregunta, mi estómago gruñó en protesta. Roxanne se rió y miró el reloj de pared que indicaba las ocho y diez de la tarde.

— Unas diez horas. — se levantó de la cama y me dio una palmadita afectuosa sobre la pierna. — voy a buscarte algo de comer que haya sobrado de la cena.

Asentí agradecida y Roxanne se fue, dejándonos a James y a mí sumidos en un silencio incómodo. James levantó la vista y me miró por primera vez desde que me había levantado.

— ¿Cómo te encuentras? — me miró preocupado y con un tinte de arrepentimiento en la mirada.

— Como si me hubiese pasado por encima el Autobús Nocturno. — James dejó escapar una risa a pesar de todo. Intenté reírme yo también pero el dolor en el costado me hizo cerrar la boca de golpe.

Permanecimos en silencio durante un rato, mirándonos sin saber muy bien cómo romper aquella tensión. James parecía querer decir algo pero se contenía con nerviosismo. Estuve tentada de preguntarle qué había querido decir aquella mañana, pero me mordí la lengua pensando que aquello sólo haría más incómodo todo. Finalmente, tras un rato más callados, James optó por bromear y charlar de la forma más natural posible, intentando ignorar por completo lo dicho y hecho durante el partido. Dominique finalmente apareció ante la puerta seguida de su abuela.

— Siento haber tardado tanto, querida. —se disculpó Molly. —Se nos había acabado el ungüento y he tenido que preparar un poco más.

Molly se acercó hacia la cama y levantó los cobertores. James se puso de pie y se alejó para dejar espacio a su abuela. Con cuidado, Molly me levantó la camiseta, revelando el feo hematoma y mi sujetador de deporte. Con el rostro ardiendo por la vergüenza pude ver por el rabillo del ojo como James se quedaba mirando con intensidad unos instantes para después apartar la vista ruborizado. Molly comenzó a aplicar el frío bálsamo y siseé entre dientes por el dolor.

Roxanne apareció en aquellos instantes con una bandeja llena de alitas de pollo y sopa caliente. Una vez acabó con el costado, me bajó la camiseta (para mi gran alivio y el de James) y se dispuso a tratar la herida de la cabeza. Finalmente, Molly cerró el bote de pomada y se levantó para dejarme descansar.

— ¿Quieres que te dé de comer yo? — preguntó Dominique burlonamente mientras le arrebataba de las manos a Roxanne la bandeja con la cena. James dejó escapar una risita y los fulminé con la mirada. Finalmente asentí con resignación y dejé que Dominique me pusiera una servilleta a modo de babero mientras se burlaba de mí.

— Aquí viene la escoba volando. — Dominique dijo con voz exagerada mientras hacía zigzag con una cucharada de sopa. — ¡Ñam!

Abrí la boca con los ojos entrecerrados. Dominique metió la cuchara y se rió ante mi cara de odio. Tras una mortificante cena en la que Dominique no cesó de tratarme como una niña de tres años y en la que James y Roxanne no dejaban de reírse de sus bromas, por fin los tres se levantaron para dejarme descansar.

James, que se levantó el último para irse, se acercó hacia la cama y me arropó con las mantas. Colocó los brazos sobre el colchón y se inclinó para darme un beso en la frente. Con las mejillas sonrojadas, lo miré confundida. James se limitó a sonreír y a alejarse hacia la puerta.

— Descansa bien, Mila. — apagó la luz y cerró la puerta al salir, dejándome algo desorientada sobre la cama. Sus palabras resonaban todavía en mi cabeza. «Godric, eres preciosa». Con un suspiró cerré los ojos y me dejé llevar por el sueño.


Nota de autor: Muchas gracias a BlauerDache y a draxanlea por seguir comentando y dándome ánimos :)