Harry Potter no me pertenece.
Tras cinco días reposando, los cuidados de la señora Weasley habían conseguido el efecto esperado. La herida de la cabeza se había curado completamente, sin rastro de cicatriz alguna. En las costillas, el hematoma se había reducido considerablemente y había dejado de ser de un espantoso color negro para adquirir un tono amarillento. Moverme ya no suponía un pinchazo de dolor en el costado.
Aprovechando el rato que teníamos antes de que empezase la cena de Noche Vieja, decidí leer algunas de las cartas que me habían llegado estos últimos días.
Cam,
Me alegró mucho oír que ya estás mejor de tu caída. Desde luego, unas semanas en casa de los Wotter y apenas sales viva para contarlo.
Aquí todo va bien (Aiden te envía saludos), los suegros de Aiden han sido muy simpáticos y hemos congeniado perfectamente. Mañana marcho para estar con mis padres hasta el retorno a Hogwarts.
Tengo ganas de veros a todas pronto. Manda un saludo a las chicas de mi parte.
Cuídate (aléjate de las Bludgers y de todo lo relacionado con el Quidditch) y besos.
Mila.
Con una sonrisa escribí rápidamente una respuesta y la até en la pata de la lechuza parda de Roxanne. Una vez el ave partió por la ventana para cumplir con sus obligaciones, cogí la segunda carta que me había llegado.
Querida Cam,
Espero que la herida no haya sido demasiado grave. Teniendo a Potter cerca era de esperar que acabases herida. —Puse los ojos en blanco al ver la animosidad que había crecido inexplicablemente entre los dos chicos— Prométeme que a partir de ahora tendrás más cuidado.
Te he echado mucho de menos. Entiendo que estarás muy ocupada pasándotelo bien con tus amigas, pero me hubiese gustado que hubieses aceptado mi invitación a ir a Diagon Alley conmigo. —Un sentimiento de culpabilidad me inundó al darme cuenta de que había ignorado completamente a Leo durante el tiempo que llevaba en La Madriguera.— Pero no te lo tengo en cuenta, sé que cuando llegues te tendré enteramente para mí.
Un abrazo muy grande.
Leo
— ¿Otra carta de Leo? —preguntó Dominique mientras se deshacía de la toalla que rodeaba su cuerpo desnudo y comenzaba a vestirse delante de nosotras sin pudor alguno.
— Ahá. — volví a doblar la carta y la guardé en mi baúl junto al resto de cartas que había recibido durante las Navidades. — Ha estado muy preocupado desde que le dije que me había caído durante el partido.
— Dile a tu Golden Retriever que no es para tanto. — Dominique resopló burlonamente y se comenzó a secar el pelo húmedo con la toalla. — La gente se hace daño continuamente cuando juega al Quidditch. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que he estado en la enfermería con un hueso roto. — Roxanne asintió totalmente de acuerdo con su prima.
Me encogí de hombros decidiendo ignorar las burlas de Dominique. Me levanté de la cama y me dirigí hacia el baño que había en el lado opuesto del pasillo de nuestra habitación. Tras una ducha caliente que me liberó de cualquier tensión y relajó mis músculos, salí al pasillo para vestirme y prepararme para la cena. Al salir me encontré con James, que se disponía a ducharse también, con una toalla colgando del cuello y una muda limpia bajo el brazo.
— ¿Esa que cantaba como un arce en celo eras tú? — dijo con un tono burlón mientras se apoyaba en el marco de la puerta del baño. James me miró de arriba abajo con una mirada pícara e intensa. Cohibida, me apreté con fuerza la toalla alrededor de mi cuerpo y le saqué la lengua. James se rió con humor y de un manotazo lo aparté para poder entrar en la habitación.
Arthur se había encargado de colocar una enorme carpa en el jardín de La Madriguera. Había hecho desaparecer la nieve que cubría parte del suelo y con un hechizo mantenía caliente el reducido espacio. Con nuestra ayuda, la señora Potter se había pasado toda la tarde colocando mesas y sillas para dar cabida a todos los miembros de la familia y a algunos amigos a los que habían invitado. También habíamos colgado guirnaldas y adornos festivos por todo el techo de la carpa. Un gramófono situado junto a una de las columnas emitía una bonita balada de Lorcan d'Eath.
Entre los amigos que la familia había invitado reconocí a Scorpius, que estaba sentado junto a un visiblemente descontento Ron Weasley, a Rhys Jordan, uno de los mejores amigos de James y el comentarista de los partidos de Quiddtich, y a Bethany Kaur, una tímida chica de Ravenclaw amiga de Rose.
Una voz me sorprendió desde atrás y me hizo saltar sobre el asiento.
— ¿No has invitado a Leo? —Dominique separó la silla que estaba junto a mí y se dejo caer sobre ella.
— Mmh. —negué distraídamente. Aunque la idea se me había pasado varias veces por la cabeza, finalmente me decanté por no invitarle pensando que no se encontraría muy cómodo rodeado de gente que le llamaba Golden Retriever. Además, pensé, aquella no era mi casa y por lo tanto no podía invitar a gente así como así. Aunque no lo quise reconocer, el hecho de haberle admitido por fin a James que lo que sentía por Leo no era realmente profundo complicaba todo el asunto aún más.
Molly golpeó su copa de vino con una cucharita para llamar la atención del inmenso número de comensales y nos indicó que ya podíamos empezar a cenar. Con entusiasmo comencé a servirme de las múltiples fuentes que decoraban la mesa. Los adultos, que hoy se sentían más permisivos, no nos pusieron impedimentos y nos dejaron beber unas cuantas copas de vino más de las usuales.
A medida que el tiempo avanzaba, Dominique y yo comenzábamos a entrar más en calor, pues habíamos aprovechado aquella inusual concesión para servirnos una copa tras otra. Aunque ciertamente todavía podíamos pensar con una claridad relativa, los efectos del alcohol comenzaban a notarse en nuestras estridentes carcajadas y en nuestros comentarios subidos de tono que de otra manera no nos hubiésemos atrevido a hacer delante de los padres.
— ¿Te he contado alguna vez cuando Alfie Murphy se me declaró en cuarto con un ramo de flores? — Dominique soltó una sonora carcajada ante el recuerdo. Negué contagiándome de su risa fácil.— Resulta que lo tenía todo planeado. Me había lanzado una notita durante nuestra clase de Herbología, pidiéndome que después de la cena me encontrase con él en los jardines. El problema es que James me robó la nota y él y sus amigos la leyeron. —Otra carcajada interrumpió su relato. Con un dedo se secó las lágrimas que ya comenzaban a resbalarle por la cara.— Aunque no me apetecía mucho tener que quedar con Murphy y arriesgarme a que me castigasen, fui a su encuentro de todas formas. Alfie estaba tan nervioso que podría haberse meado encima allí mismo por culpa de la vergüenza. —Esta vez fui yo la que prorrumpió en carcajadas.— La cuestión es que mi querido primo no se había contentado con sólo leer la nota, si no que había avisado a prácticamente todo el castillo para que se escondiesen y fuesen testigos de su confesión. Además también había hechizado el ramo que Alfie quería darme. —Llegados a este punto incluso Bill, que al parecer ya había escuchado la historia anteriormente, se estaba riendo.— Cuando el pobre chico me lo entregó, confesando su amor entre tartamudeos, las flores del ramo se volvieron negras y comenzaron a emitir un olor a huevo podrido horrible. — Todos los que habíamos estado escuchando la confesión del pobre Alfie nos reímos de nuevo con más ganas.
— Tu primo y tú sois tal para cual. —dije con la respiración acelerada por la risa y el rostro sonrojado por el vino.— Eres un arpía muy mala.
— Cuando todos nuestros compañeros comenzaron a salir de detrás de los arbustos, el pobre Alfie casi se desmaya de la vergüenza.
—Ahora entiendo por qué siempre nos mira con resentimiento cada vez que se cruza con nosotras por los pasillos. —comenté recordando al chico larguirucho y pecoso de Hufflepuff.
Durante un par de horas continuamos disfrutando de la compañía de los demás y riendo con varias de las anécdotas que iban contando. Cuando quedaban pocos minutos para la medianoche, todos nos levantamos de la mesa, copa de champán en mano, para comenzar la cuenta atrás.
— 10… —Dominique y yo nos miramos, eufóricas y dejándonos llevar por aquel momento tan mágico.
—5… — Héctor, situado a mi izquierda, colocó un brazo sobre mis hombros y se inclinó para dedicarme una sonrisa torcida.
— 1… —A mi izquierda, de pie a seis sillas de distancia, James y yo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, nos miramos a los ojos y levantamos la copa para felicitarnos el Año Nuevo.
Por el techo de la carpa comenzaron a estallar cohetes y petardos, llenando el lugar de diferentes luces de colores. Los familiares y amigos comenzaron a abrazarse celebrando la llegada de un nuevo año. Planté dos sonoros besos en las mejillas de Dominique, que entre risas se quejó y se secó las babas de un manotazo.
Era la una de la mañana. Algunos de los miembros más jóvenes, básicamente Lily (que de nuevo se fue entre protestas), ya se habían retirado a la cama. Habíamos apartado las mesas hacia los lados de la carpa para dejar espacio para charlar tranquilamente o bailar. En aquellos momentos me encontraba bailando junto a Rhys y a Roxanne una animada canción de Las Brujas de Macbeth cuando James se acercó por detrás y colocó pesadamente uno de sus brazos sobre mis hombros.
— Chicos, vamos a llevar la fiesta a otro lugar. — nos mostró un par de botellas de Whisky de Fuego que escondía debajo de la chaqueta y nos hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiéramos.
— ¿A dónde? —preguntó Roxanne mientras se situaba junto a James, que caminaba animadamente hacia la casa.
— A vuestra habitación, por supuesto. —dijo moviendo las cejas de forma sugestiva. Resoplé divertida y James se giró para guiñarme un ojo.
— Sabes, Potter, tu evidente gusto por el alcohol y las fiestas comienza a preocuparme.— Rhys se rió totalmente de acuerdo. — Además, ¿de dónde consigues sacar siempre alcohol? —la facilidad de James para infiltrar alcohol en cualquier lugar me dejaba cada día más sorprendida.
— Tengo mis métodos. —abrió la puerta principal y la sostuvo para que pasásemos todos hacia el interior del hogar. — Pero si te lo dijese tendría que matarte. —dijo con una voz misteriosa.
— Tu vida sería muy triste y oscura sin mi presencia en ella. — James se rió y me revolvió el pelo sin llevarme la contraria.
Subimos las escaleras de uno a uno y llegamos hasta nuestra habitación. Esparcidos por el reducido espacio estaban los primos y amigos más atrevidos y con más ganas de fiesta. A penas había espacio para moverse. Alguien había puesto en marcha la radio mágica de Roxanne, por la que sonaba una canción suave, creando un ambiente cálido y acogedor. Sobre la cama de Molly estaban sentados Louis, Héctor y ella misma. Sobre la de Roxanne estaban Dominique, Albus y Scorpius. Roxanne y Rhys fueron a sentarse junto a Lucy en la cama de Dominque y James y yo nos dejamos caer sobre la mía, la más cercana a la puerta. James colocó las dos botellas en el centro de la habitación, donde ya descansaban otras tres.
— Bueno, bueno. Ahora empieza la fiesta de verdad. —dijo mientras se frotaba las manos con expectación. Abrió una de las botellas y comenzó a servir chupitos en los vasos que había traído desde la cocina.
— ¿Rose y Bethany no vienen? —preguntó Louis mientras cogía el vaso que James le ofrecía.
— Nah, a la pobre Beth le daría un jamacuco si se enterase de que menores están bebiendo ilegalmente. —contestó Dominique con un gesto indiferente.— Pobrecilla. — Albus le dio un manotazo.
— No seas mala. —le soltó a pesar de que se estaba riendo por su comentario. Dominique lo miró con fingida ofensa pero no replicó.
— ¿A qué jugamos? —preguntó Rhys desde la cama de Dominique. —Beber por beber no tiene mucha gracia. —Todos asentimos y permanecimos en silencio meditando a qué jugar.
— ¿Qué tal a Verdad o Atrevimiento? —sugirió Molly.
— Perfecto Mo. —exclamó James entusiasmado. — A veces me sorprende que seas la hija de Percy. — Molly se limitó a contestarle con una sonrisa.
— ¿Cómo se juega a Verdad o Atrevimiento? —pregunté con timidez, no queriendo parecer una tonta.
— La persona a la que le toque el turno debe escoger Verdad o Atrevimiento. Si escoge Verdad, el resto de jugadores tiene que hacerle una pregunta, contra más controvertida mejor evidentemente, y éste debe responderla. En caso de que escoja Atrevimiento, debemos proponerle una prueba que deba realizar. Si se niega a responder o a realizar la prueba tendrá que beber. —James me explicó rápidamente las normas para poder empezar el juego lo antes posible. — Obviamente, el más borracho es el más cobarde.
— Ahá, aunque llega un punto en el que ya comenzamos a beber aunque hayamos realizado nuestra Verdad o Atrevimiento. —respondió Lucy con una carcajada. Asentí habiendo entendido las normas y James giró una de las botellas de Whisky que ya habíamos vaciado, para indicar quién sería el primero en jugar. La botella giró durante unos instantes y finalmente señaló hacia Roxanne.
— ¿Qué eliges prima? —preguntó James, que a pesar de que el juego ni siquiera había empezado ya se había bebido su chupito.
— Verdad. —contestó Roxanne con miedo tras meditarlo unos instantes.
Molly, la única que podía ejercer la magia fuera de Hogwarts, agitó la barita y lanzó un hechizo de forma que Roxanne no nos pudiese escuchar. Después de compartir varias ideas, llegamos a un acuerdo y Molly levantó el hechizo silenciador para que James pudiese formular la pregunta.
— ¿Con quién te diste tu primer beso? —varios silbidos y aullidos se oyeron por la estancia. Roxanne enrojeció visiblemente y tragó saliva.
— Con Alfie Murphy. — contestó finalmente Roxanne en voz queda. Tras unos instantes de silencio, todos prorrumpimos en carcajadas al recordar al chico pecoso y tímido que en cuarto se había declarado a Dominique de forma catastrófica.
Cuando finalmente logramos calmar aquel estallido de risas, James dio un giro a la botella, que finalmente señaló a Rhys. Éste, atrevido como era, escogió Atrevimiento, y entre risas observamos como bailaba semidesnudo de forma provocativa sobre el regazo de Lucy tal y como le habíamos pedido. Lucy tardó varios instantes en recomponerse y durante toda la noche Rhys estuvo mandándole miradas sugerentes.
Tras un buen rato escuchando confesiones vergonzosas y pensando en retos cada vez más descabellados para el pobre desgraciado que escogiese Atrevimiento, la botella finalmente señaló hacia mí. James sonrió con picardía y se frotó las manos expectante.
— Vamos Mila, no seas gallina y escoge Atrevimiento. —casi podía escuchar los engranajes del cerebro de James mientras pensaba en alguna prueba humillante a la que someterme. Sin embargo, y en contra de mi buen juicio, llevada por el atrevimiento (probablemente causado por los varios chupitos que me había bebido ya), escogí Atrevimiento.
— Perfecto. —James me dedicó una sonrisa maligna y le indicó a Molly con un gesto que silenciase sus voces. Tras observar su acalorada discusión, finalmente pude oír de nuevo. James se giró hacia mí y permaneció unos instantes mirándome y evaluando si sería capaz de llevar el reto a cabo o no. — Te desafiamos a que bajes hasta la carpa… —en aquel preciso instante, un sudor frío comenzó a deslizarse por mi espalda.—… y beses en la boca a la profesora Saunders delante de todos los invitados. — James soltó una carcajada divertido por la cara de espanto que seguramente había puesto.
— ¿QUÉ? —exclamé sin poder creer lo que me pedían. — ¿¡Estáis locos!?
— Además, —prosiguió James ignorando mis gritos.— como testigos bajaremos Rhys y yo para comprobar que lo llevas a cabo.
— Definitivamente estáis locos. —dije sin levantarme de la cama. Tras varias protestas de todos mis amigos, finalmente me levanté con un suspiro resignado y me dirigí hacia la puerta con James y Rhys a la zaga.— No me puedo creer que vaya a besar a una profesora sólo por un maldito juego. —rezongué entre murmullos.
— Vamos, Mila, sabía que no te echarías atrás.— dijo James mientras bajábamos las escaleras y caminábamos hacia el jardín de la casa. Rhys y James fueron intercambiando susurros emocionados durante todo el camino.
Cuando nos encontrábamos a apenas un metro de la carpa, me giré hacia ellos invadida súbitamente por un sentimiento de cobardía.
— Estoy segura de que voy a arrepentirme de esto durante el resto de mi existencia. — Rhys se rió por lo bajo para no levantar sospechas entre los adultos que conversaban en la carpa, ajenos a nuestros juegos.
— Imagínate la cara que pondrá Fred. —dijo Rhys aguantando la risa con una mano sobre la boca.— Y las caras que pondrá Saunders cuando te vea por los pasillos. — Rhys acabó estallando sin poder contener más la risa.
— Agradece que no haces Runas Antiguas, Mila.— añadió James con socarronería, divirtiéndose a costa de mi vergüenza.
— Esto me lo vais a pagar, os lo aseguro. —entrecerré los ojos para intimidarlos, pero eso solo pareció divertirlos aún más. Me giré hacia la carpa y di otro paso, pero me detuve de nuevo incapaz de seguir adelante. —No puedo hacerlo. —murmuré entre dientes.
— Venga, Mila, si lo haces te juro que éstas van a ser las mejores Navidades de mi vida entera. — James me dio un empujoncito para animarme a continuar.
Con un suspiro, reprendí el camino hacia la carpa y me adentré en ella. El hechizo que mantenía el lugar caliente me golpeó en la cara, haciendo que me sonrojase aún más si cabía. Con todo el coraje que pude reunir, me dirigí hacia la profesora Saunders que charlaba tranquilamente con Fred y George. Tomé aire para coger fuerzas y me planté delante de ella.
— Herr… — la profesora de Ruinas Antiguas se había girado hacía mi al verme allí plantada, pero antes de que pudiese acabar de pronunciar mi apellido, la agarré de la cara con las dos manos y le planté un sonoro beso. A mis espaldas, James y Rhys estallaron en carcajadas.
— ¡Hey! Ese es sólo privilegio mío. —gritó Fred divertido, que conociendo a sus primos ya había entendido de que iba todo eso. La profesora Saunders, al contrario, no parecía comprender a qué venía aquel arrebato amoroso de una de sus alumnas y se había quedado literalmente sin palabras. Algunos de los adultos que habían visto el intercambio comenzaron a reírse también.
Con el rostro escarlata hasta las raíces del pelo, me giré sin darle explicaciones a la pobre profesora y salí de allí tan dignamente como pude.
— ¡Cuando quieras podemos plantearnos hacer un trío, Cam! —soltó Fred a mis espaldas, haciendo que los invitados volviesen a reír. La profesora Saunders por fin despertó de su aturdimiento y le propinó un codazo. Poniéndome más roja aún, salí corriendo de allí y entré en la casa. Todavía riéndose, James y Rhys me alcanzaron y comentaron el beso durante todo el camino de regreso a la habitación.
— Tendríais que haber visto la cara de Saunders. —comentó Rhys intentando recuperar el aire.
— Tranquilo, lo hemos visto todo desde la ventana. —contestó Dominique con diversión.
Enfurruñada y muerta de la vergüenza, aunque también tenía que admitir que la cara de Saunders había sido bastante divertida, me senté sobre mi cama de nuevo. James me abrazó por la cintura y me obligó a tumbarme junto a él sobre la cama mientras se reía contra mi cuello. Intentando parecer enfadada con él, le intenté dar un codazo en las costillas, pero aquella posición dificultaba cualquier movimiento. Continuó riéndose tumbado junto a mí durante un rato hasta que consiguió recomponerse y retomar el juego.
Durante dos horas seguimos jugando a Verdad o Atrevimiento. Héctor tuvo que confesar, para gran enfado de Louis, con qué profesor se acostaría y Scorpius tuvo que vestirse con la ropa interior de Dominique y hacer un paso de modelos por la carpa. Con alivio pensé que al menos no había sido la única que se había tenido que humillar ante los adultos. Cuando tocaban las cuatro de la mañana todos estábamos visiblemente borrachos, a pesar de que la mayoría había cumplido con lo que se le había pedido. Yo, en vista de lo arriesgado que era someterse a las pruebas del clan Wotter, desde entonces había escogido Verdad.
James y yo nos habíamos afianzado de una de las botellas de Whisky de Fuego para nosotros solos. Nos habíamos colocado en la misma posición de antes; yo tumbada sobre mi espalda y James de costado con un brazo bajo su cabeza y el otro descansando sobre mi cintura. Como ya nos habíamos quedado sin ideas despiadadas, el juego había acabado por apagarse y la gente se limitaba a charlar y cotillear en pequeños grupos.
Intenté beber un trago desde mi posición horizontal y parte del contenido se derramó sobre mi cara y el colchón. Los dos prorrumpimos en carcajadas. James levantó la mano que tenía sobre mis caderas para secar los chorretes de Whisky que corrían por mis mejillas y después reposó la mano junto a mi cara.
— No me puedo creer que de verdad lo hicieses. —James volvió a reírse del beso por enésima vez en toda la noche. Giré la cabeza hacia él y me reí. Nuestras narices separadas por apenas un par de segundos. — Creo que Fred se está planteando seriamente lo del trío.— reí aún más fuerte y James me miró durante unos instantes. Sus ojos castaños (que a aquella distancia se podía apreciar motas de color verde en ellos), estaban vidriosos por el alcohol. —Tienes una risa encantadora.
Le sonreí y James me devolvió la sonrisa. Con la cabeza dándome vueltas y el corazón acelerado por el alcohol (y por los cumplidos de James, aunque no quisiera admitirlo), no me percaté de que todos nuestros amigos se había ido ya a sus respectivas habitaciones. Dominique, que estaba saliendo por la puerta, me guiño un ojo y me hizo un gesto obsceno con los dedos. Cerró la puerta detrás de ella dejándonos solos. Con una risita la ignoré y le pasé la botella a James, que a punto estuvo de dejarla caer.
— ¿Quieres otro trago? —me preguntó con la voz profunda. Asentí con la cabeza, ensimismada por la intensidad de sus ojos. James, sin romper contacto visual, se llevó la botella de Whisky a los labios y dejó caer un largo trago en su boca. Apoyándose en uno de sus codos, se inclinó y posó su boca contra la mía sin previo aviso. Aunque me había sorprendido aquel gesto tan inesperado, no me aparté de él. Sin querer pensar en las consecuencias que aquello podría acarrear, separé los labios y dejé que James me besara mientras compartía el whisky conmigo. Parte del contenido se escapó de nuestras bocas y se escurrió por nuestras mejillas y humedeció las sábanas, pero no le dimos importancia.
El beso se volvió más profundo y urgente. Rodeé el cuello de James con las manos y lo atraje aún más hacia mi cuerpo. Con el brazo que tenía libre, metió la mano diestramente bajo mi jersey y lo fue levantando poco a poco. Cerré los ojos disfrutando de sus caricias y dejé escapar un suspiro contra sus labios. El alcohol me había dejado los nervios a flor de piel, por lo que podía sentir sus caricias con más intensidad que nunca.
James separó su boca de la mía y comenzó a trazar con los labios un camino de besos por las mejillas, el cuello y la clavícula. Con el pulso acelerado y las mejillas sonrojadas, abrí los ojos y contemplé la mirada lobuna de James. Con movimientos exigentes, James me quitó el jersey y la camiseta que llevaba debajo y, poco después, yo hice lo mismo con su camisa. Permaneció unos instantes observando mi cuerpo con mirada inescrutable y se apresuró a desabrocharme los pantalones. Mientras deslizaba los tejanos por mis piernas, pasé una mano por su abdomen, disfrutando de las líneas marcadas de su cuerpo.
Volvió a inclinarse sobre mí y a tomarme los labios con los suyos. Respondí al beso con ganas y dejé escapar un leve gemido sin darme cuenta. James se separó de nuevo para mirarme con intensidad. Tenía los labios hinchados y enrojecidos por la fuerza de nuestros dientes. Su mirada, aunque seguía algo vidriosa, parecía más despejada que antes. Un leve sudor perlaba su frente y su respiración sonaba agitada por los besos y la excitación. Con el corazón palpitando a cien por hora y la mente nublada, lo observé con deseo.
— ¿Estás segura? —preguntó inclinándose sobre mi oreja. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al sentir su respiración contra los nervios de la oreja.
— Cállate y sigue. —con brusquedad lo atraje hacia mi cuerpo y James soltó una risa ronca.
Apremiada por el deseo, bajé mis manos sobre la cremallera de sus pantalones y me dispuse a desabrocharlos.
Nota de autor: ¡OMG!
Se me ha hecho muy raro escribir un capítulo así pero la verdad es que me lo he pasado muy bien. Comentad y seguid leyendo si queréis saber cómo continúa esto.
Intento revisar cada capítulo varias veces, pero si se me escapa una falta de ortografía no me lo tengáis en cuenta :)
Abrazos.
