Disclaimer: Harry Potter le pertenece a J. K. Rowling


Los rayos de luz pálida se filtraban por las rendijas de las persianas, iluminando ligeramente la estancia. Sentía los ojos pesados por el maquillaje de la noche anterior que no me había quitado para dormir. Notaba la cabeza pesada y la garganta seca y rasposa del alcohol ingerido ayer. Con un gruñido me froté la cara con una mano para intentar despejarme. Me senté sobre la cama y con asombro comprobé que estaba totalmente desnuda. Con un tirón de las sábanas me cubrí el torso e hice un esfuerzo mental para hacer desaparecer la bruma que enturbiaba mi mente y recordar los sucesos de anoche. Desorientada miré hacia mi derecha y me encontré con un James dormido e igualmente desnudo, cubierto apenas por las sábanas. Con un tirón más fuerte, acerqué los cobertores hacia mi pecho descubierto.

Deslicé las piernas fuera de la cama y me senté en el borde, la realidad golpeándome como un mazazo.

— Mierda, mierda, mierda, —apoyé los codos en las rodillas y me cogí la cabeza con las manos, notando como el nudo en la garganta crecía a momentos.— joder, joder.

Con cuidado de no hacer ruido, me levanté y me acerqué a mi baúl para vestirme con ropa limpia tratando de no despertar al chico que todavía dormía en mi cama. Sin molestarme en ducharme o limpiar los chorretones de rímel y pintalabios que ensuciaban mi rostro, me dirigí de puntillas a la puerta y bajé las escaleras hasta el salón. Con una ojeada a mi reloj de muñeca comprobé que ya eran las diez de la mañana, por lo que gran parte de la familia ya habría desayunado (y la otra gran parte, como James, seguiría durmiendo y recuperándose de los estragos de Noche Vieja).

A pesar de mis silenciosas súplicas, Dominique, Roxanne y Lucy no habían sido mucho más madrugadoras que yo y se encontraban desayunando en aquel preciso instante. Con un gruñido de protesta me acerqué hasta la mesa y me serví un vaso de agua para calmar la sequedad de mi garganta.

— Bueno, bueno, parece que por fin nos dignamos a levantarnos. —dijo Dominique con sorna mientras se untaba una tostada con mantequilla. Fulminándola con la mirada, volví a llenarme el vaso de agua y me lo bebí en apenas dos tragos. — No me mires así, que la que decidió beberse una botella de whisky sólo con James fuiste tú. —la rubia continuó masticando mientras me evaluaba con la mirada.

— No tiene gracia Dom. — contesté molesta y todavía en shock por haberme despertado junto a un James desnudo. — Por favor, decidme que todo esto es mentira y que sigo soñando. —supliqué mientras miraba con preocupación a las tres chicas.

— ¿A qué te refieres querida Cammie? — preguntó Dominique todavía bromeando. Notando como el desconcierto dejaba paso al enfado, posé de un golpe el vaso sobre la mesa. Roxanne dio un respingo al percibir que no todos estábamos de humor para bromas.

— ¡Hablo en serio Dom! — grité perdiendo los estribos. La sonrisa burlona desapareció del rostro de la rubia y me miró sorprendida por mi arrebato. — ¿Dios mío qué he hecho? —pregunté más a mí misma que a las demás. El nudo de la garganta cada vez se hacía más pesado y un súbito temor me inundó. — Mierda, mierda, mierda… —volví a pronunciar la retahíla de palabrotas en castellano. Las tres primas se miraron entre sí, comprendiendo por fin que no me había sentado nada bien descubrir lo que ayer había sucedido.

— Vamos, Cam, tampoco exageres. —dijo Roxanne con voz pausada intentando calmarme. Su tono solo consiguió enervarme más. Comencé a pasearme de forma frenética por el salón, pasándome la mano por el pelo continuamente y despeinándome más de lo que ya estaba. — Tuviste un pequeño revolcón con mi primo ¿y qué? Ayer no parecías estar tan preocupada. De hecho, parecías bastante predispuesta. — Roxanne se hundió más en la silla al darse cuenta de que aquellas palabras sólo habían conseguido empeorar más mi estado de ánimo.

— ¿¡Cómo que y qué!? — solté elevando la voz varios tonos más. — ¿cómo pudisteis dejar que me acostase con James? ¡Estaba borracha! —grité mientras movía las manos con gestos enfadados.

— Vamos a ver. —interrumpió Dominique intentando razonar conmigo.— No estabas tan borracha Cam, de lo contrario no os hubiésemos dejado a solas. Además llevabais toda la noche sin despegaros, todos sabíamos que acabaría pasando. —sentenció la rubia dejando el tono socarrón de lado de una vez por todas.

— Eso no quita que… —de repente una idea interrumpió el hilo de mis pensamientos y me golpeó como si de una bofetada se tratase. Roxanne se levantó de su silla al ver mi repentina palidez.— Dios mío, ¿qué he hecho?, ¿qué le voy a decir a Leo?

— Mierda, Hughes. —soltó Dominique como si también se hubiese acordado de repente de que llevaba viéndome con un chico desde septiembre.— Bueno, tienes que admitir que lo tuyo con Leo no iba a ir a ningún sitio. —comentó, intentando quitarle hierro al asunto.

— ¡Esa no es la cuestión! —estallé ante la indiferencia con la que Dominique estaba tratando el tema. — ¡La cuestión es que Leo no se merece esto! Es un chico encantador y yo lo he estropeado todo. Es más, Alisa, por muy arpía que sea, tampoco se merece que su novio la engañe con otra.

— Técnicamente no has estropeado nada porque técnicamente todavía no eráis novios. — informó con calma Dominique. Le lancé una mirada envenenada y Roxanne le dio un codazo para que dejase de ponerme más nerviosa. Dominique se encogió de hombros y decidió que lo mejor era no seguir interviniendo.

— ¡Eso no justifica que me haya acostado con James! —notando que la voz se me comenzaba a quebrar por culpa del nudo de la garganta y que perdía visibilidad por las lágrimas contenidas, decidí que no tenía sentido continuar discutiendo con una persona que al parecer no lograba entender el sentimiento de pura culpabilidad que me invadía.

Con un movimiento brusco salí del comedor y me dirigí hacia el baño de la planta baja. Cerré la puerta de un golpe y la bloqueé con el pestillo para que nadie me molestase. Sintiendo que las piernas me fallaban, me senté sobre la tapa del inodoro y enterré la cabeza entre las manos. «Merlín Cam, ¿qué has hecho?». El recuerdo de la sonrisa de Leo al despedirse de mí antes de subirnos al tren reverberaba en mi cabeza. Aunque lo que Dominique había dicho era totalmente cierto, y yo lo había asumido hacía ya un tiempo, entre mis planes no contaba con tener que decirle así a Leo que ya no podía seguir con aquella «relación» (si es que realmente habíamos llegado hasta ese punto). En aquellos momentos me sentía como la persona más mezquina del planeta y notaba la culpabilidad como una daga alojada en el pecho.

La respiración se me comenzó a acelerar y la presión en la garganta finalmente cedió para dejar paso a las lágrimas. «Tú no eres esa clase de chica, ¿cómo has podido hacer algo así?». James, pensé. Desde el primer día habíamos tenido una gran afinidad y sus constantes flirteos (aunque en un principio había querido pensar que eran de forma amistosa, pero ahora ya no estaba tan segura de la naturaleza de sus bromas) habían conseguido resurgir emociones olvidadas desde hacía tiempo (básicamente desde que había estado con Isaac) y que ni siquiera con Leo había conseguido sentir. Aunque me negaba a pensar que aquello fuese amor, porque no lo era, James había conseguido colarse poco a poco bajo mi piel. «Nada de esto sigue justificando lo que has hecho» pensé con resentimiento.

La cuestión era que me había dejado llevar por los encantos de James y sabía que aquellos actos acabarían por hacer daño a varias personas, yo misma incluida. Sin embargo, a pesar del gran sentimiento de culpabilidad y las lágrimas que no conseguía detener, no lograba arrepentirme del todo por haberme acostado con James, porque en el fondo sabía que anoche lo había deseado. De lo único que realmente me arrepentía era de dañar y engañar a otras personas por un maldito error. Me consideraba una persona bastante racional y tranquila, que normalmente pensaba las cosas dos veces antes de hacerlas, y por eso no acababa de comprender qué era lo que me había empujado a cometer aquel desliz. James, volví a pensar, y su maldito encanto. James y las nuevas facetas que me había mostrado; el James humano, el James más frágil y cercano, el James que no se escondía detrás de una máscara burlona y fanfarrona. El James que comprendía mis inseguridades y que me había hecho partícipe de las suyas. Pero a pesar de todo, por muchas explicaciones que intentase buscar allí sentada y con el rímel ensuciándome la cara, el daño estaba hecho y tendría que buscar una forma de repararlo.

Levantándome con algo más de decisión y más calmada por haber logrado poner mis frenéticos pensamientos en orden, salí del baño y me dirigí hacia las escaleras. Ignoré los ruegos de Roxanne y Dominique que me pedían que perdonase su indiscreción y que volviese junto a ellas. Desde el cuarto de baño se escuchaba el ruido de una ducha, y al entrar en la habitación comprobé que James ya no dormía en mi cama, por lo que supuse que era él el que se estaba duchando.

Me encaminé hacia el único escritorio que había en la habitación, junto a la cama de Molly, y saqué dos trozos de pergamino, tinta y una pluma. Sin molestarme en sentarme sobre la silla, comencé a escribir inclinada sobre la mesa.

Leo,

Tenemos que hablar. Búscame cuando lleguemos a Hogwarts.

Un beso, Cam.

Sin sentirme capaz de escribirle nada más, plegué la carta y la dejé de lado. Abrí el segundo trozo de pergamino y me dispuse a escribir a una de las pocas personas que realmente sabría que decir para disipar mis miedos.

Adriana,

La he cagado bien cagada. Me siento como una mierda y no sé con quién hablar. En momentos como estos me encantaría poder estar en Bellver de nuevo y poder desahogarme contigo.

¿Te acuerdas de James?, creo que te lo he mencionado en alguna carta. Bien, pues ayer no tuve mejor idea que acostarme con él estando borracha, olvidándome completamente de Leo Hughes, el chico con el que llevo viéndome desde octubre y al que llevo dos meses dándole esperanzas. No sé cómo voy a ser capaz de mirarle a la cara a partir de ahora.

Repito: me siento fatal. Tú sabes que yo no soy esa clase de chica. Y la simple idea de partirle el corazón a un chico tan encantador como él sólo hace que me sienta aún peor.

Contéstame y dime qué debo hacer.

PS: lo peor de todo es que James tiene novia.

Te quiero, Cam.

Con un suspiro doblé el segundo trozo de pergamino. Cogí las dos cartas y me dirigí hacia el desván de La Madriguera, donde descansaban las varias lechuzas de los miembros de la familia. Reconocí a lo lejos la lechuza parda de Roxanne y le entregué una de ellas. Después escogí otra de las lechuzas al azar y le até en la pata la segunda carta. Cuando las dos lechuzas eran ya sólo dos motas negras en el cielo, arrastré los pies hasta el pasillo y bajé las escaleras de nuevo hacia el salón, donde Dominique y Roxanne seguían sentadas y esperándome angustiadas.

Dominique, al verme los ojos rojos e hinchados de llorar, se levantó con premura y posó una de sus delicadas manos sobre mi hombro.

—Lo siento Cam, sabes que a veces puedo ser una idiota insensible. —sorbiendo la nariz asentí y dejé que Dominique me envolviera entre sus brazos.— No pensé que todo esto pudiera afectarte tanto.— negué contra su hombro, agradecida por el reconfortante abrazo.

— Yo también lo siento, no debería haberos gritado así. —lentamente, Dominique se separó de mí e intentó limpiarme el rímel con los dedos mientras sonreía levemente. — Es sólo que toda esta situación me ha bloqueado por un momento.— Roxanne se había acercado con pasos tentativos y había posado su mano morena sobre mi otro hombro.— Me siento fatal por Leo. No sé que me pasó ayer.

— Lo que te pasó ayer es que ibas ligeramente bebida y que tenías ganas de un buen revolcón con James. —a pesar de la situación y del peso de culpabilidad que todavía estaba alojado en la base de mi estómago, las palabras de Dominique consiguieron hacerme reír ligeramente.— Cam eres demasiado dura contigo misma y no te dejas disfrutar. A lo mejor ayer pasó lo que pasó porque era lo que realmente te apetecía en ese momento. Eso no quita que esté mal, y es normal que te sientas así, pero quizás deberías soltarte el pelo más a menudo y no pensar tanto en las consecuencias. A lo mejor esto era lo que necesitabas para que te dieses cuenta de que tu y Leo no vais a ninguna parte y que ya va siendo de olvidarse de él.

— Sí, desde luego no eres la única que se ha despertado junto a alguien después de una noche de borrachera y se ha arrepentido. —añadió Roxanne intentando animarme.— Estas cosas pasan Cam. Lo hecho, hecho está. Ahora sólo te queda disculparte con Hughes. —Los ánimos de las chicas consiguieron animarme un poco más y aligerar el peso de la culpabilidad.

— Anda, vete a la ducha que hueles a zarigüeya. —dijo Dominique haciéndonos reír.

Subí las escaleras y me dirigí hacia el baño para darme una ducha que me liberase de tensiones. Al ver que la puerta seguía cerrada, llamé para asegurarme de que había alguien dentro.

— ¡Ya salgo! —la voz de James llegó desde dentro. Se oyó como acababa de vestirse y abrió la puerta dejando salir todo el vapor. Sin estar todavía preparada para enfrentarme a él y a las consecuencias que acarrearía lo que había pasado la noche anterior, me escabullí por debajo de su brazo y cerré la puerta del baño antes de que pudiese decir nada. Dejando a un James sorprendido en el umbral, me apoyé contra la puerta del baño hasta que escuché varios minutos después como sus pasos se alejaban por el pasillo.

Con un suspiro comencé a desnudarme intentando dejar de pensar en aquello.


La respuesta de Adriana había llegado aquella misma noche para mí gran sorpresa. Durante todo el día había estado evitando a James, intentando retrasar la inevitable confrontación lo antes posible. Aunque Roxanne me había asegurado que sólo los pocos primos que habían estado jugando a Verdad o Atrevimiento con nosotros tenían una ligera idea de lo que había pasado entre los dos, no podía evitar tener la sensación de que toda la casa se había percatado de algo. Por esto mismo no me había atrevido a bajar durante la cena, poniendo la débil excusa de que no me encontraba bien cuando Molly había subido a preguntar el motivo de mi ausencia.

Dominique, Roxanne y Molly dormían ya plácidamente sobre sus lechos, recuperando las horas de sueño que ayer habían gastado jugando y bebiendo. Sin embargo, yo no había tenido tanta suerte y no había logrado conciliar el sueño, las dudas y el remordimiento todavía danzando en mi cabeza. Cuando ya llevaba una hora mirando el techo a oscuras fue cuando pude oír el suave golpeteo de las garras de la lechuza de Roxanne contra el cristal de una de las ventanas de la habitación. Con cuidado de no despertar a mis compañeras, me levanté silenciosamente y dejé pasar a la lechuza de aspecto cansado. Con rapidez extraje el trozo de pergamino anudado a su pata y le di una suave caricia a modo de agradecimiento.

Me dirigí hacia el pasillo y me encerré en el lavabo que se encontraba justo delante de nuestra habitación. Encendí la luz y me senté sobre el inodoro para leer la carta con tranquilidad. Desplegué el pergamino y comprobé sorprendida que se trataba de una carta de Adriana. Agradecí mentalmente que mi amiga se hubiese percatado de mi urgente necesidad de una respuesta que me ayudase a disipar mis sentimientos enfrentados.

Cam,

Tengo que decir que cuando recibí tu carta no esperaba leer sobre uno de tus devaneos amorosos durante una borrachera. Aunque no puedo decir que lo que has hecho está bien, teniendo en cuenta que Leo tenía en mente una relación seria contigo y que ese tal James tiene novia, tampoco puedo dejar que te dejes llevar por la culpabilidad. Porque te conozco, y sé que odias cuando las cosas se te van de las manos y están fuera de tu control (por lo que me ha contado tu madre, creo que a veces encajarías más en Rovencaw —«Ravenclaw, Adri» pensé divertida para mí misma— que en Gryffindor). Sé que no soportas hacer daño a los demás, al menos nunca lo harías intencionadamente, pero no dejes que esto te consuma. Con el tiempo veras que sólo fue un error, un error que cualquiera puede cometer.

Ya me informarás de cómo acaba todo el asunto.

Tómatelo con calma y no hiperventiles, que acostumbras a hacer eso cuando te estresas.

Con amor, Adriana

Agradecida por las palabras de Adriana, pensé que quizás Dominique y ella tenían razón. Aunque odiaba que Leo y Alisa acabasen mal parados por aquello, no tenía sentido estresarse por algo que ya no podía enmendarse.