Road to Ninja
Capítulo 19: Arma de doble filo.
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Mundo Alternativo
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-¿Te sientes bien?
Sakura dio un respingo, siendo sacada de sus pensamientos por la ronca voz de Sasuke, quien la cargaba sobre su espalda mientras se dirigían a la aldea. Luego del encuentro con Naruto, o mejor dicho Menma y la discusión entre ellos, la pelirosa se pasó todo el viaje en silencio, preguntándose tantas cosas que no tenían respuesta alguna. Sasuke estaba acostumbrado a los silencios de la hija del yondaime, sin embargo, algo parecía estar preocupando a la joven haruno.
-¿Y bien…?
-B-Bueno… Es sólo que no puedo dejar de pensar en lo que paso con ese chico, el enmascarado.
-Sería mejor para ti olvidarlo, Sakura, ya te lo he dicho. Menma no es alguien de fiar, no es bueno para ti.
-No puedo creerte, Sasuke-kun…
El Uchiha detuvo sus pasos abruptamente, mirándola por sobre su hombro con asombro, además de un ligero sonrojo en sus mejillas. Estaba furioso de que continuase en la postura de proteger a Menma, no era raro escucharla decir aquello, había empeñado gran parte de su vida en dejarlo en claro. Sin embargo, su sonrojo no era por eso, aunque debiera ser así. No, el motivo era otro, una cosa tan simple pero tan importante y significativa para él. Sakura parpadeó, uniendo sus cejas en un gesto de nerviosismo.
-¿Pasa algo, Sasuke-kun?
-N-No
-¿Estas molesto? –Él suspiró, perdiendo su notorio sonrojo.
-Un poco… La verdad, es que no comprendo muy bien cómo es que sigues teniéndole tanta fe. Él no es el mismo que se unió al equipo, ni siquiera un poco del niño que... te acompaño en aquel momento. Él ya no puede volver… ya no.
Sakura guardó silencio, observando con impresión la tristeza y decepción que el rostro de Sasuke formó con sus gesticulaciones. Apretó sus manos, arrugando un poco la ropa de su compañero; el Uchiha de su mundo siempre fue alguien atormentado… Pero el de este universo era demasiado jovial como para poder expresar semejantes cosas. Entonces pensó en lo que Ino le dijo al salir del restaurante y su mente comenzó a maquilar todo. Menma, Sasuke y Sakura-san… Todos ellos estaban unidos por un suceso en común, una trágica secuencia que parecía atarlos y a su ver, cada uno había intentado por si mismos dejarlo atrás, sin atreverse realmente a enfrentar las cosas como se debía.
Habían cometido el error de escapar de la realidad.
Del mismo modo en que ella hizo, de la misma manera en que Kakashi y Naruto, de la forma en que lo hizo Sasuke… Y ella sabía perfectamente lo que vendría después de eso, al parecer, ya había pasado: el equipo se había roto una vez más. Pero la cosa parecía haberse agravado mucho más de lo que en su universo. Soltó un suspiro y recargó su mejilla sobre la espalda de Sasuke, causándole ligeros escalofríos; inclusive en ese mundo alterno, el destino parecía desear verlos perdidos. Y como el sol, la imagen de Naruto apareció en su mente al ver un prado de girasoles.
Se alzó rápidamente, logrando que con su sobresalto él se detuviera. Sasuke la observó con extrañeza, en verdad estaba actuando demasiado anormal y sin embargo, no fue capaz de dejar de mirarla, cayendo embelesado ante el brillo que adquirieron sus orbes jade, como si hubiese visto lo más hermoso del mundo en aquellas simples plantas. Sakura por su lado recordó cada una de las palabras y acciones de Naruto, que seguía firme en su determinación de salvar a su mejor amigo de la oscuridad; entonces tomó la decisión, debía encontrar el modo de ayudar a esas personas para que no se repitiera lo que había pasado con su equipo antes de volver a su hogar.
Su apreciado equipo tenía salvación.
En su corta vida había visto infinidad de tragedias y en su inmadurez no pudo cargar con el peso que ello acarreaba, cometiendo errores que en lugar de ayudar empeoraban la situación, intentando ser fuerte cuando ni siquiera estaba firme de sus convicciones u decisiones. Pero a su vez, entre toda la miseria, pudo ver la luz y Naruto se encargaba de recordárselo día a día. ¿Por qué rendirse ahora? ¿Por qué simplemente quedarse quieta a observar, cuando al menos podía servir de ejemplo para aquellos entes alternativos? Naruto, Kakashi, Sai, todos sus demás compañeros estaban luchando contra las adversidades porque creían que el mundo podía ser mejor; la esperanza era lo último que moría, así que eso era lo que les mostraría, ellos entenderían que debían enfrentarlo todo con valentía y con el deseo de que todo se solucionara.
Sus pensamientos fueron nuevamente rotos cuando una de aquellas flores se plantó frente suyo. Parpadeando con credulidad, su corazón latió con fuerza cuando se dio cuenta de que era Sasuke quien se la extendía manteniéndola aun sobre su espalda. Ella le miró un tanto confundida mientras él le sonreía amigablemente y así, tímida, tomó la flor en sus manos. Sasuke continúo con su camino, admirando al cabo de unos minutos las enormes puertas de la Aldea a ciertos metros de distancia frente suyo.
-Así que te gustan los girasoles, ¿he? Ahora entiendo porque rechazas mis rosas.
-¡He! ¿Qué rosas? –Sasuke bufó.
-¡No tienes que hacerte la desentendida! Ya sé que odias que te regale rosas, pero nunca creí que fuese porque te gustasen otra clase de flores.
-N-No me desagrada las rosas. Son muy hermosas.
-Ya, entonces si es por mí.
Sakura infló sus cachetes, sonrojándose ahora de enojo mientras desviaba la mirada, recordando inevitablemente que había escuchado los cuchicheos de varias chicas de la aldea que mencionaban como Sasuke coqueteaba con algunas de ellas, además, fluían demasiados rumores mucho peores que esos. ¿Cómo esperaba él que Sakura-san reaccionara? Si, en algún tiempo se derretiría por el simple hecho de que Sasuke le dedicase rosas, sin embargo, las rechazarían millones de veces y con todo el dolor de su alma si no eran más que una muestra de que era un trofeo, un juego o algo pasajero. ¿Sería igual para Sakura-san? ¿O realmente ella lo odiaba? Existían muchas cosas entre estas dos personas que no terminaban de encajar.
-¿No me dirás entonces porque no recibes mis flores? –Ella gruñó.
-¿Qué más te da? Después de todo, tienes a millones de chicas a quienes puedes dárselas y las recibirán con gusto.
-¡Ya veo! Por lo que dices, puedo deducir entonces que las rechazas por qué estas celosa, ¿no es así?
Sakura se tensó al instante, sonrojándose a niveles extremos, comenzando a soltar palabras incompletas para justificar su anterior frase. El Uchiha no evitó reírse a pleno pulmón, sorprendiéndola con ello, en su vida se imaginó verlo reírse así de… ¿alegre, contento, divertido? Regresando a su aparente molestia, golpeó con sutileza su cabeza con su propia frente, acallándole de golpe. Sakura ocultó su rostro nuevamente pensando con rareza preguntandose cuándo fue que comenzó a tomarse tantas libertades con él. Aunque seguro se debía a dos cosas: La primera, que no se trataba de su verdadero Sasuke-kun; y la segunda, que ese chico tenía un extraño carisma y facilidad para interactuar con los otros, que casi podría compararlo con Naruto.
-¡O-Oye! Eso me dolió.
-Cállate, eso te pasa por baka.
-¡Que cruel eres conmigo, Sakura-chan!... –Él miró al frente, perdiéndose en sus recuerdos.- ¿Sabes? No deberías ponerte celosa. Ninguna de ellas me interesa realmente y lo sabes.
-Sí, claro. Finjamos que te creo...
El muchacho sonrió con culpabilidad brevemente sin que ella lo notase.
-Entonces, Sakura-chan, si no son los girasoles o las rosas… ¿cuáles son tus flores favoritas?
-Bueno... Los N-Narcisos, son los Narcisos.
-¿Así? ¿Y porqué? –Ella le miró, fijamente.
-Hay muchas razones por las cuales son mis favoritas… Tal vez, algún día te las contaré.
La nostalgia invadió el corazón de Sakura, siendo bajada de la espalda de Sasuke una vez estuvieron dentro de la Aldea. Los recuerdos de todas las ocasiones en que vio a sus compañeros sufrir, las veces en que estuvieron en el hospital y ella tuvo que cuidar de ellos; las veces en que derramó lágrimas de coraje e impotencia, cuando se resignó a ser únicamente espectadora de las peleas de sus compañeros y silenciosa espectadora del hundimiento del amor de su vida… Respiró hondamente, mirando sucesivamente a Sasuke fijamente con una determinación ya muy conocida para el Uchiha y que, dadas las circunstancias, levanto gran curiosidad en él.
-Necesito que me hagas un favor, Sasuke-kun. –Él volvió a sonrojarse.
-¿Q-Qué necesitas?
-Podrías… ¿Podrías reunirte conmigo por la noche?
-¡Oh! No esperaba algo como eso… Sakura-chan, ¿es acaso una insinuación? -Ella volvió a darle un golpe en la cabeza.
-¡No lo malinterpretes, pervertido! ¡Estoy hablando en serio, baka!
-¡Esta bien, ya lo entendí! No era necesario golpearme, Sakura-chan… ¿Entonces, para que estas citándote conmigo?
-Necesito decirte algo.
-¿Decirme…? ¡No me digas que Menma…! –Ella negó, rápidamente.
-Se trata de algo distinto.
-Y-Ya veo, casi me provocas un infarto. ¡Ufh! Por otro lado, estaría encantado de verte por la noche, Hime-chan pero dudo mucho que Riosuke-sama me permita estar cerca de ti por un tiempo después de lo que hice.
Terminando sus palabras, Sasuke señaló a la distancia al mayor de los Haruno, que se acercaba a ellos desde la lejanía en compañía de varias personas más. Incluso a esa distancia, ambos podían escuchar el millar de amenazas que soltaba hacia el único Uchiha, que para ese entonces, estaba mentalizándose por adelantado para las torturas que Riosuke le daría además claro del sin fin de horas de servicio comunitario al que probablemente sería sometido. Sakura suspiró para retomar su conversación.
-Lo sé, pero encontraras el modo, confió en ello. Yo… Yo necesito tu ayuda y creo que, hasta cierto punto, tú… Ustedes, necesitan de la mía. –Sasuke alzó una ceja, sin comprender nada de lo que ella decía.- Creo que ya va siendo tiempo de que lo sepas, así evitare que algo como lo que paso hoy se repita. Ya no puedo quedarme más aquí, mis amigos me necesitan de vuelta…
-¿De que estas hablando, Sakura-chan?
-Quiero revelarte quien soy en realidad y también, que fue lo que paso con la hija del yondaime.
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Las llamas ardían con fuerza, ondeando constantemente, iluminando de rojo carmesí la oscuridad de la noche. Los escombros de aquella remota aldea ardían con el fuego de la reciente batalla, cuyo único resultado había sido el fuego y la muerte. Niños, Mujeres, Hombres, Ansíanos, Shinobi… Todos muertos para la diversión morbosa de aquel joven adolescente, recubierto por finos ropajes que ocultaba su rostro con una máscara cualquiera pero que todos reconocían perfectamente. Una aldea más, víctima de su aburrimiento, destruida. Una muestra más de su poco tacto e humanidad, una probada de su crueldad y atemorizante poder. ¿Quién diría que él terminaría así? ¿Dónde había quedado la amabilidad que le caracterizo de niño? La tragedia le había seguido desde siempre, marcándolo una y otra vez hasta que su alma no pudo soportarlo y cayó, irremediablemente, en la oscuridad. Había tenido miedo de sí mismo y de la monstruosidad que llevaba dentro de él que susurraba sin fin de atroces verdades que le incitaban a cometer crímenes imperdonables. El demonio susurraba, llevándole a la locura que termino apoderándose de él.
La aldea a la que perteneció, las personas a las que intentó proteger y agradar, los compañeros en los que confió, los amigos con los que creyó encontrar una familia, la persona a la que amo… Todos ellos, cada uno a su manera, le traiciono. La aldea le atacó una y otra vez con agresiones a su persona; las personas a quienes quiso proteger terminaron temiéndole, mintiéndole, engañándole; los compañeros en que confió su fe, jamás respondieron del mismo modo; los amigos que supusieron su familia le abandonaron… ¿Y ella, a la que amo?
A ella nunca pudo perdonarla por engañarse a sí misma.
Detuvo abruptamente su paso, mirando la aldea que ardía a sus espaldas sin ninguna clase de remordimiento expresable en su rostro oculto a excepción de la oscuridad que sus orbes azules mostraban a la nada, única espectadora de su culpabilidad. Era tarde para él, nadie, ni siquiera el mismo podía perdonarse. ¿Y qué más da? Una sonrisa aterradora y burlona se formó en sus labios, que se encargó de relamer por debajo de la máscara mientras sus orbes ocultaban nuevamente su verdadera cara, dejando únicamente la frialdad del ente al que todos llamaban monstruo. Bajó la mirada hacia el cuerpo que llevaba a rastras consigo, el cuerpo sin vida del antiguo maestro de su padre podría proporcionarle mucha información de la misteriosa Akatsuki.
-Parece que te estas divirtiendo ¿he?
Menma giró su atención hacia el bosque y observó la silueta de aquel desconocido hombre que le llamaba; vestido con una negruzca capa de nubles blancas, cubría su rostro llevando sobre el mismo una máscara naranja de espirales mostrando a través de su único agujero el rojizo brillo de lo que reconoció, con notable sorpresa, un Sharingan. Inesperadamente sintió que aquella voz ya la había escuchado antes; ese sujeto frente a él le era jodidamente conocido. Cauteloso, soltó al inerte Sannin, atento a cualquier cosa que ese tipo buscase con él.
-¿Así que por él has destruido este lugar? No te equivocaste, Jiraiya era un entrometido, a la larga se convertiría en una gran molestia.
-¿Quién eres tú?
-Un amigo. Un colega que busca lo mismo que tú, chico… La paz, bajo el dominio absoluto.
-¡Hn! No me hagas reír. ¿Un amigo, colega? ¿Qué demonios es eso? Yo no necesito nada de ti, ni de nadie. –Siseó Menma, alzando el mentón con socarronería.- No sé quién seas, pero será mejor que dejes de fastidiarme o terminaras igual que este sujeto.
-Lo dudo mucho, muchacho, después de todo solo soy una proyección de alguien ajeno a este lugar. Sin embargo, puedo ver claramente dentro de ti y se dé la oscuridad que yace en tu interior… El Kyuubi, es una pesada carga para alguien tan joven como tú. –Menma gruñó.
-¿Cómo sabes eso? ¿Qué tanto sabes sobre mí?
-De ti, no mucho… Pero de tu oscuridad, lo sé todo. Deseas un poder ilimitado, ser invencible; quieres apoderarte de este absurdo mundo y reformarlo, dominarlo para traer la verdadera felicidad. Una donde los niños no mueran, donde no exista ninguna clase de odio… Donde todo lo que anhelas sea tuyo. ¿No es así? –Ladeó el rostro, satisfecho de la atención que obtenía del jinchuriki.- Este mundo no es muy distinto del sitio de donde provengo, a decir verdad, yo comparto tu sueño. Al igual que tú, deseo exterminar este cruel mundo que sólo nos ha causado dolor… Es por eso que estoy aquí, para darte lo que necesitas. Darte poder y un efectivo modo para tenerlos a todos, a tus pies.
El silencio fue extenso después de aquel comentario. Al cabo de unos instantes, Menma encamino sus pasos hasta detenerse frente al tipo de la máscara naranjada, intimidando ocultamente al mismo. Ese chico no estaba tan roto como él, el agujero en su corazón no parecía tan extenso como el suyo y sin embargo, la caída de aquel ser tan lleno de luz como lo era Naruto, era mil veces peor de lo que él podía ser. Tan aberrantico y lleno de desesperación, que irradiaba una extraña pero lamentable hermosura. Un alma que se pavoneaba dentro de la oscuridad, bañándose en ella, pero sin perder su pulcritud, adquiriendo orgullo y pasión por su propia pérdida.
Deseando únicamente el terminó de su sufrimiento.
Menma soltó un suspiro, retirando al fin su máscara, revelando su rostro tan característico por sus raras marcas cual bigotes de gato. El apagado color azul de sus ojos le provocó una notable satisfacción, que únicamente le dio más seguridad en sus oscuros objetivos y supo, con solo ver sus gesticulaciones, que lo tenía justo donde quería. Una sonrisa de medio lado surgió en los labios de Menma, entre divertida y maliciosa.
-Bien, lograste captar mi atención… ¿Qué es lo que propones?
Hola a todos, aqui llega el capitulo 19 de Road to Ninja, ojala sea de su agrado y dejen sus comentarios, quejas y sugerencias, aseguro que los leeré con prontitud y deleite. Poco a poco nos acercamos a situaciones tensas y dramáticas, tanto de nuestra Sakura real con el mundo alterno, como de la Sakura alterna con el mundo real. Tengan paciencia con mi tardanza, la universidad me tiene algo corta de tiempo... Agradesco a todos los que se toman un tiempo para comentar el fic, a los que agregaron a favoritos y a sus alertas también. Nos veremos en la siguiente publicación ;)
