Disclaimer: todo lo que reconozcáis le pertenece a J. K. Rowling.


Los rayos de luz se filtraban con suavidad por entre las cortinas, iluminando levemente las siluetas que todavía dormían sobre las múltiples camas del dormitorio. Con el sueño todavía nublando mi mente, me giré sobre el colchón para observar a un James dormido. Respiraba con la boca entreabierta, con el rostro girado hacia mí y un brazo descansando sobre su torso. Una ligera pelusa comenzaba a cubrir su mandíbula.

Con una sonrisa me levanté poco a poco de la cama, procurando no despertarle con ningún movimiento brusco. James permaneció quieto mientras yo rebuscaba por el suelo las diferentes prendas que anoche habíamos dejado caer descuidadamente. Con un vistazo rápido, comprobé que el reloj indicaba las cinco de la mañana pasadas. Me vestí con rapidez, intentando desprenderme del frío agudo de febrero. Una vez abrigada, salí de la habitación de los chicos procurando no despertar a nadie, y después me encaminé a mis dormitorios.

Lo primero que hice al llegar fue dirigirme directamente a los baños para darme una ducha reconfortante que calentase mis huesos. Desgraciadamente, a pesar de la temprana hora, al volver de la ducha Maya ya estaba despierta. Dominique, como de costumbre, seguía durmiendo, intentando apurar al máximo el tiempo de sueño antes del desayuno.

— ¿Dónde estabas? —preguntó Maya con un tono de sospecha mientras sacaba un uniforme limpio de su baúl.

— Dándome una ducha. —contesté con tono condescendiente, como si la respuesta fuese obvia. Maya me miró con exasperación, como si me intentase decir que hacerme la tonta no serviría de nada. Con la toalla comencé a secarme el pelo húmedo, buscando cualquier forma de evitar más preguntas.

— No has dormido aquí. —afirmó Maya, sin necesidad de preguntar.— ¿Dónde has pasado la noche?

Suspiré ante su insistencia y dejé caer la toalla mojada al suelo, sabiendo que después la recogerían los elfos. Me giré hacia ella, segura de que no dejaría de insistir hasta que no le dijese lo que quería oír.

— Con James. —Maya no parecía sorprendida, pero si confundida por el giro que había tomado todo.

— Pensaba que no os hablabais. —contestó Maya con un encogimiento de hombros, mientras buscaba en el baúl ropa interior limpia.

— Ahá, pero ayer vino por la noche para felicitarme y arreglar las cosas.— Maya se llevó la mano rápidamente a la frente, como si de repente hubiese recordado algo.

—¡Es verdad! ¡Feliz cumpleaños Cam! —Maya se levantó de la cama y corrió a abrazarme con una sonrisa. Agradecida por el cambio de tema, le devolví el abrazo con ganas. Los gritos de entusiasmo de Maya parecían haber despertado al resto de ocupantes del dormitorio, porque de repente nos vimos envueltas por los brazos de Dominique.

—¡Feliz cumpleaños Camila! —gritó Dominique junto a mi oreja. Divertida por la situación, me limité a reír como contestación.

Tras varios minutos en los que permanecimos en medio del dormitorio abrazándonos, Maya se despegó para dirigirse al baño y duchase, no sin antes poner al día a Dominique de mis escapadas nocturnas con su primo.

— ¡Te odio! —grité a Maya antes de que cerrase la puerta y no pudiese escucharlo.

— ¿En serio pasaste la noche con James? —preguntó desconcertada Dom.

—Sí. Vino a buscarme para felicitarme y pedirme perdón. —contesté exasperada. Tenía la sensación de que esa mañana iba a tener que repetir la misma historia varias veces.— Aunque al final la que acabó pidiendo perdón fui yo. Obviamente.

Dominique permaneció varios segundos callada y observándome. Intimidada por el repentino silencio y el gesto serio tan inusual en la rubia, jugueteé con el borde de la corbata roja, a la espera de una reprimenda.

— ¿No estás molesta, verdad? —pregunté con inseguridad, sin saber muy bien qué era lo que opinaba de todo aquello.

— No, claro que no. Es solo que pensaba que no querías que volviese a pasar. —contestó Dominique con el rostro más relajado y deshaciéndose la coleta que se había hecho ayer para dormir.

—Sí, no. No lo sé. —respondí con un suspiró entrecortado, dudosa de qué era lo que realmente quería. Dominique dejó escapar una carcajada y se dirigió sin decir nada más hacia el baño.

Confundida por la incertidumbre que me embargaba cuando se trataba de James, acabé de vestirme y me dirigí hacia el Gran Comedor sin esperar a las chicas.

Al ser tan pronto, apenas había gente desayunando, sólo los alumnos más madrugadores. A lo lejos detecté a Louis y a Héctor desayunando juntos en la mesa de Hufflepuff, así que decidí dirigirme hacia allí para desayunar en compañía.

—Buenos días, chicos— pasé una pierna por encima del banco y me senté junto a Héctor, en el lado opuesto de Louis.

— Buenos días, Cam. Tienes unas ojeras impresionantes. —contestó Louis con preocupación, pero con un brillo de diversión en la mirada.

— Ahá, ayer me acosté tarde.— contesté intentando parecer indiferente mientras me servía un vaso de zumo de calabaza.

— Más bien te acostaste con alguien. —dijo Héctor con diversión. Noté que las mejillas se me teñían de un color rosado. Tosí para disimular la incomodidad, a mi lado Héctor estalló en carcajadas.

— Tranquila, ya nos hemos enterado por Rhys. —aclaró Louis. Mascullando entre dientes maldiciones contra el moreno, seguí untando la tostada para evitar contestar.— Ya era hora, estás dos últimas semanas han sido las más tensas de mi vida. Y eso que yo no me estoy acostando con James.

Lo fulminé con la mirada a la vez que la pareja volvía a prorrumpir en carcajadas. Posé la tostada sobre el plato y me limpié con la servilleta la mermelada que se había quedado en mis dedos.

— No estamos acostándonos, fue una noche tonta. —mientras hablaba, por el rabillo del ojo pude ver como James entraba al Comedor junto a Rhys. Parecía buscar a alguien en la mesa de Gryffindor, pero al no encontrarla, se sentó en el extremo de la mesa junto a su amigo con un encogimiento de hombros.

— Cariño, una noche tonta sólo pasa una vez, cuando pasan dos es porque tú quieres. —añadió Louis con afecto en la voz, comprendiendo lo delicado de la situación. Con un suspiro mordí la tostada, dando a entender que aquel no era un tema que quisiera hablar en aquel momento (y seguramente en ninguno otro). Louis y Héctor parecieron captar la indirecta y comenzaron a hablar sobre la redacción de Artimancia que tenían que entregar hoy.

Contenta de aquel cambio de rumbo en la conversación, finalmente logré calmar los latidos de mi corazón y unirme a la charla hasta que llegó la hora de irse a clase de Pociones.


Nada más entrar en el aula supe que mis amigas dedicarían aquella clase a hacer un interrogatorio. Dominique y Maya, que ya conocían los sucesos de la noche anterior, se habían sentado junto a una chica de Ravenclaw, sin dejarme más opciones que sentarme junto a Leah y Roxanne. Las dos me miraban con expectación desde la mesa, sin duda esperando enterarse de todos los detalles. Suspiré con resignación mientras dejaba caer la mochila junto a la mesa.

— Dominique ya nos ha dado un avance. —fue lo primero que dijo Leah en cuanto me senté entre ellas dos.— Ahora necesitamos tu versión. —Leah me miró con expectación y ojos atentos, preparada para empaparse de cada mínimo detalle de la historia.

—No hay mucho que contar. Fuimos a la Torre de Astronomía, nos disculpamos mutuamente y después nos fuimos a su habitación. —por dentro rezaba por que el profesor Pearce llegase pronto y me librase de aquella tortura.

—Vaya, no sabía que mi primo fuese tan romántico. —contestó pensativa Roxanne, mientras rescataba un par de plumas y un tintero de su bandolera.

—No fue un gesto romántico. Sólo fue su regalo de cumpleaños. —contesté cansada de que todos intentasen ver más allá de lo que había sido. Aunque no podía negar que la noche de ayer había sido especial como ninguna otra.

—Sí, pero aún así es muy bonito. —susurró Leah con tono ensoñador.

—Todo el mundo va a la Torre de Astronomía. Si no recuerdo mal, Seth te llevó hace poco. —abrí el libro de Pociones y comencé a pasar páginas para evitar más preguntas. A mi lado Leah se sonrojaba al recordar su propia escapada nocturna con el rubio de rastas.

El profesor Pearce llegó por fin y comenzó la clase sin perder ni un minuto. Distraída, paseé la mirada por el aula hasta llegar a James, que aquel día había decidido tomarse la clase en serio y tomaba apuntes con concentración.

Dirigí la mirada a mis propias notas y de reojo pude ver que Roxanne me miraba con complicidad tras haber visto hacia donde había estado mirando. Puse los ojos en blanco y comencé a anotar los ingredientes que había en la pizarra. Cuando Pearce nos mandó coger del armario lo que necesitásemos, Roxanne se levantó, dejándonos solas a Leah y a mí.

— Bueno, cuéntame, ¿qué tal se le da a James en la cama? —preguntó sin tapujos la morena. Leah se inclinó sobre mí, ansiosa por enterarse de las habilidades amatorias de James.

— ¿En serio Le?, no voy a contarte nada. —Roxanne apareció junto a nuestra mesa con los brazos cargados de ingredientes. Leah, poco dispuesta a perder aquella oportunidad, decidió insistir, ignorando la poción que se suponía que teníamos que hacer.

—Vamooos, —insistió con tono zalamero— ¿dura mucho o es de los que acaba enseguida?

— ¡Oh, por favor! —exclamó asqueada Roxanne— No me apetece enterarme de cómo se maneja mi primo en la cama. —Roxanne fingió una arcada que nos hizo estallar a todas en carcajadas. Pearce nos dirigió una mirada reprobatoria desde la mesa donde controlaba y supervisaba el trabajo de los alumnos, haciéndonos callar al instante.

—Será mejor que empecemos con esto. —dije unos segundos después mientras comenzaba a rallar un cuerno de erumpent, decidida a no sufrir otra detención de Pearce.

— Por cierto, feliz cumpleaños. —susurró con una sonrisa Roxanne mientras encendía el fuego del caldero. Leah asintió con una sonrisa y pasó un brazo por mis hombros a modo de abrazo.


La música se oía retumbar amortiguada desde la Sala Común. Cabiendo a duras penas en el lavabo, Leah y Roxanne habían venido hasta el nuestro para maquillarnos las cinco juntas.

— Desde luego, en Bellver nunca organizábamos tantas fiestas. —comenté divertida mientras me aplicaba una segunda capa de rímel, intentando a duras penas no darle un codazo a Roxanne.

— Hoy es una ocasión especial, —contestó Dominique mientras rebuscaba en su neceser en búsqueda de su corrector.— Te has convertido en una adulta.

Las chicas murmuraron asentimientos mientras acaban de añadir los últimos retoques a sus rostros. A pesar de sus insistencias, había logrado convencerlas de que hoy fuese una fiesta informal, rodeada de nuestros compañeros más cercanos y sin necesidad de arreglarse en exceso.

Cuando por fin Maya acabó, la más tardona de las cinco, nos dirigimos a las escaleras para hacer acto de presencia en nuestra fiesta. Abajo, la fiesta estaba en su apogeo, alguien, probablemente un Ravenclaw, había logrado hechizar la Sala para que diese cabida a la mayoría de los alumnos de séptimo de todas las casas y algunos compañeros de años inferiores.

Damián nos esperaba al pie de la escalera con un pastel de chocolate que los elfos habían preparado especialmente a petición de Dominique. El resto esperaba detrás de él, cantando el «cumpleaños feliz» a viva voz. Con una sonrisa y algo sobrecogida por la cantidad de gente que había decidido venir a celebrar mi cumpleaños, me acerqué al chico de quinto para soplar las velas encantadas que cambiaban de color continuamente.

— ¿Has pedido un deseo? —preguntó Damián con una sonrisa. Asentí a modo de respuesta y Damián procedió inmediatamente a repartir trozos de tarta entre los invitados.

Dominique nos dirigió hacia el stand de bebidas y comenzó a preparar una de sus famosas mezclas sin molestarse en preguntarnos qué queríamos beber.

— Ha llegado esta carta mientras estabas en el baño. —Maya me tendió una hoja de pergamino doblada cuidadosamente, mientras observaba a Dominique trabajar. Sin esperar, la abrí para leerla allí mismo, las letras en castellano delatando en seguida el remitente.

Querida Cam,

¡Feliz cumpleaños! Tu madre y yo no nos podemos creer que ya seas una adulta. Parecía ayer cuando comenzabas a gatear.—Sonreí ante las cursilerías de mi padre— Estamos muy contentos de que todo te vaya bien por Hogwarts, y de que hayas hecho tantos amigos maravillosos.

Nos gustaría poder celebrar contigo este día tan especial, pero ya sabes lo ocupados que estamos con el trabajo. Nos contentamos con poder visitarte en marzo en Hogsmeade.

Tu hermana te envía saludos, pero también está ocupada con sus estudios y sus hormonas. Te haremos llegar nuestros regalos junto al de tu amiga Adriana.

Un beso muy fuerte,

Diego.

Con una sonrisa volví a doblar el pergamino y lo guardé en el bolsillo de los tejanos. Algo triste por la ausencia de mis padres, recibí con gusto el vaso que me tendía Dominique.

—¿Tus padres? —preguntó con curiosidad Roxanne tras sorber sospechosamente el brebaje que Dominique había preparado

— Ahá. Tengo ganas ya de verlos. —contesté algo decaída.

—¡Fuera tristezas! —contestó Dominique, que ya se había bebido su vaso— ¡Vamos a bailar!

Riendo, nos dejamos arrastrar por una eufórica Dominique. Bailamos durante más de una hora, recibiendo con una sonrisa las felicitaciones y regalos de mis amigos más cercanos.

A medida que pasaba el rato, comencé a buscar a James, al que había visto de lejos en varias ocasiones pero con el que todavía no había podido hablar. Despegándome de las chicas, y notando que los tres vasos de hidromiel ya comenzaban a surtir su efecto, me dirigí al rincón donde había visto a James hablar con Geraldine.

Geraldine, al ver que me acercaba, dejó de hablar y se giró para darme un abrazó que me dejó prácticamente sin respiración.

—Camila, chérie, felis anniversaire. —por encima del hombro de Geraldine pude ver como James contenía la risa, al parecer también con un par de copas encima.— Justo estábamos hablando de ti.

—¿Ah sí? —pregunté sin apartar la mirada de James, con una ceja levantada de forma inquisitoria.

Oui, estábamos disiendo que podgiamos haceg un viaje todos huntos cuando nos graduemos. —dirigí la mirada hacia Geraldine y sonreí feliz.

—Eso sería genial. —contesté y Geraldine aplaudió entusiasmada.— ¿Sabes, Dine?, creo que Mijail te estaba buscando. —Geraldine paseó la mirada por la Sala hasta dar con el ruso de Hufflepuff.

D'accord, —contestó mientras se arreglaba el pelo con las manos— à bientôt. —dicho esto se marchó con rapidez hacia donde se encontraba Mijail hablando de Quidditch con un chico de su Casa.

—Cualquiera diría que querías quedarte a solas conmigo. —dijo James rompiendo el silencio mientras movía las cejas de forma sugerente. Sin poder evitarlo, dejé escapar una carcajada y con la varita levité dos vasos hasta donde estábamos.

— Solo quería volver a darte las gracias por lo de anoche. —contesté, sin saber muy bien de dónde venía la timidez que de repente me había inundado y que me había sonrojado las mejillas.— Y por la fiesta claro.

— No hay de qué. —contestó con sencillez a la vez que se llevaba el vaso a los labios. Sin romper el contacto visual, permanecimos un rato así, envueltos por un silencio cómodo mientras el resto de alumnos bailaba al son de la música ajenos a nosotros.

Finalmente, cuando ya nos habíamos acabado nuestros respectivos vasos, James se inclinó sobre mí para susurrarme junto al oído.

—¿Qué te parece si nos largamos de aquí? —intentando disimular el escalofrío que su voz tan cercana me había provocado, asentí levemente.

James se dirigió primero hacia el dormitorio de chicas, pasando desapercibido ante los ojos distraídos de los invitados. Al cabo de cinco minutos, decidí que ya había pasado tiempo suficiente y me dirigí hacia mi habitación, donde James esperaba sentado sobre mi cama.

Sin pronunciar ninguna palabra, ambos comenzamos a desnudarnos, con la mirada hambrienta y la respiración entrecortada.


La alarma nos despertó con sus berridos incesantes. James murmuró un par de palabras malsonantes mientras se estiraba en la cama. Con un gesto cansado, apagué la alarma con un movimiento de varita y me senté sobre el colchón, esta vez sin molestarme en tapar mi desnudez.

James se giró y permaneció unos instantes contemplándome, logrando hacerme sentir incomoda y deseando haberme cubierto.

— Será mejor que te vayas ya, antes de que se despierten las demás. —murmuré, a pesar de que teníamos un hechizo silenciador protegiéndonos de oídos indiscretos, para romper el silencio y para que James apartase por fin la mirada.

—Todavía tenemos tiempo para un asalto más.— contestó James con la voz ronca por el sueño, mientras sonreía como un gato astuto. Como siempre que estaba junto a James, dejé escapar una risa sincera a la vez que le daba un manotazo en el estomago.

James se encogió teatralmente, a pesar de que no le había dado con demasiada fuerza, y se unió a mis carcajadas.

—¿Puedo tomarme eso como un sí? —preguntó sin perder la esperanza, haciéndome reír de nuevo. Sin esperar respuesta, se sentó sobre la cama y me atrapó con rapidez hasta colocarse encima de mí.

Sin perder el tiempo, comenzó a desperdigar besos por mi cuello y hombros, haciéndome olvidar instantáneamente a mis compañeras que pronto se despertarían. Sin embargo, aquella inseguridad tan conocida y tan presente siempre que estaba junto a James volvió a hacerse oír.

—James… —el moreno cesó sus besos al oír el tono serio con el que había pronunciado su nombre, y levantó la cabeza para mirarme a los ojos.— ¿Sabes… sabes que esto no va en serio, verdad?

James permaneció en silenció contemplándome, pensando en lo que acababa de decir. Con un suspiró, se apoyó sobre un codo para estar más cómodo, pero sin dejar de estar encima de mí.

— No lo sé, pero ahora ya lo has dejado claro. —su tono no parecía enfadado, simplemente reflexivo. Aliviada por eso, le pasé una mano por el pelo despeinado, deleitándome con la suavidad de sus mechones.

— No es nada personal, pero ahora mismo no me siento preparada para algo serio. —James asintió levemente con la cabeza pero no dijo nada.— Y menos si voy a volver pronto a España.

—Lo sé, —contestó por fin— ¿pero qué pasa si ya no hay vuelta atrás? —asustada por lo que aquellas palabras podían implicar, giré la cabeza sobre la almohada para no tener que mirarle. James suspiró y me agarró suavemente de la barbilla, obligándome a mirarle de nuevo.

— Tranquila, si es lo que tú quieres, no hay problema. —Entristecida y asustada, asentí con la cabeza, sabedora de que James tenía muchas más cosas que decir pero que se callaba por no empeorar la situación. James decidió romper la tensión del momento retomando sus besos, logrando que ambos olvidásemos parcialmente lo que habíamos dicho, pero con las dudas siempre presentes en algún rincón de nuestras cabezas.


N/A: Lo sé, soy lo peor. Prometo comenzar a subir los capítulos más seguidos.

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