Injusto
Volver a la rutina de la academia fue fácil y apenas seis días después del inicio de las clases Jim se encontró en una situación similar a la que había vivido el año anterior: sumido en su mundo interior en las clases básicas, disfrutando de las horas de mecánica y física avanzada, perfeccionando sus estilos de lucha en las clases de defensa, y rezando por el fin de la agonía en las horas de política exterior. Tras las clases Jim se reunía con sus amigos en la cafetería, coqueteaba con alguna que otra cadete y, a última hora del día, regresaba a su habitación para terminar sus tareas y reunirse con Bones si es que ambos no se encontraban antes, tal y cómo había sucedido ese día ya que los dos tenían la misma clase a última hora de la tarde de los miércoles: supervivencia II.
–Nunca pensé que con una hoja de palmera se pudieran hacer tantas cosas– dijo Bones.
–Y seguro que aún hay uno o dos trucos que el profesor no nos ha dicho, y que nos revelará cuando vayamos a realizar las prácticas en el exterior– opinó Jim.
–Espero que no, ya casi no me acuerdo ni cómo era la explicación para trenzar las hojas en caso de querer hacer una construcción con techo.
–Tendremos que practicar.
–Claro, podemos ir ahora a la floristería, comprar tres o cuatro palmeras de diez metros cada una, plantarlas en nuestro salón, y mañana fabricarnos unas cabañas.
–Bonesy, la ironía en tu voz sobraba– rió Jim–. Aunque, para tu alivio, debes saber que cómo mi jefe médico yo estaré allí, dónde sea, para salvar tu incompetente culo.
–Te recuerdo que para que eso pase debes llegar a capitanía y para ello necesitas una evaluación psicológica. Imagínate que semejante hecho acaba siendo mi responsabilidad.
–Me darías el visto bueno, ambos lo sabemos: soy el único lo suficientemente loco cómo para llevar en mi nave a un médico especialista en cirugía de trauma con aviofobia.
–Sería un buen médico al lado de un capitán tan ególatra cómo tú.
–La verdad es que sí.
Ambos estallaron en risas.
Estaban decidiendo que iban a cenar cuando el comunicador de Bones sonó. El hombre respondió y mantuvo una breve conversación con su interlocutor antes de colgar y maldecir.
–Tengo que irme, hay una emergencia de nivel A.
Con rapidez Jim repasó sus conocimientos de medicina, aprendidos en su instrucción básica, y se encontró con el dato de que el nivel A significaba emergencia de máxima gravedad: todos los médicos disponibles debían presentarse en el hospital designado y permanecer allí el tiempo que fuese necesario.
–¿Crees que podrás hacer algo decente para cenar?– le preguntó Bones a Jim no sin preocupación ante las escasas artes culinarias del rubio.
–Oh venga, puedo sobrevivir unas horas sin ti– Jim hizo un gesto de desdén con la mano–. Ve tranquilo, hablaremos en cuanto regreses. Buena suerte.
Bones asintió y se alejó para tomar un transporte directo hacia el hospital.
La semana continuó y Bones siguió en el hospital recluido, hecho que no sorprendió a Jim ya que Bones no era un aprendiz de cadete médico sino que él ya era médico y la única formación que estaba recibiendo en la academia era militar; Jim sabía que en sus años de trabajo en Georgia Bones se había labrado una gran reputación por la que ya era conocido en el recinto de la flota estelar y que por ello sus habilidades se requerían con mayor frecuencia que las de un cadete normal.
En la noche del jueves Jim le envió un mensaje, simplemente interesándose por su estado y animándole en las horas que aún le quedaban por delante. Pero el médico no lo respondió. Jim concluyó que debían estar demasiado ocupados manejando la emergencia. Por ello a última hora del viernes, cuando regresó al edificio dormitorio sonrió al ver cómo la luz de permanencia estaba encendida: Bones había regresado. Tecleó el código de acceso y la puerta se abrió. Nada más entrar Jim supo que algo estaba mal: la estancia estaba en penumbras y Bones sentado en el sofá, con los brazos sobre sus muslos y la cabeza entre sus manos. Al acercarse reparó en que sobre la mesa había una botella de bourbon casi terminada, ningún vaso estaba a la vista por lo que el médico debía de haber estado bebiendo directamente de la botella. Jim frunció el ceño.
–¿Bones?
El hombre no le respondió por lo que Jim llegó hasta él y le zarandeó. La única reacción de Bones fue la de gemir. Varias burlas acudieron a la mente de Jim pero las dejó a un lado intuyendo que el médico había tenido unos días demasiado duros en el hospital y había regresado a su cuarto con la única intención de relajarse.
–Arriba grandullón– dijo Jim tomándole del brazo–. Vamos a ver si podemos hacer el camino hasta la cama sin incidentes.
Apenas había logrado poner al hombre en pie cuando este vomitó. Jim esperó pacientemente hasta que la mayor parte del alcohol abandonó el estómago de su amigo y luego volvió a tirar de él.
–Venga Bones, una mano aquí, hemos de llegar hasta el baño.
El médico no dijo nada pero trató de moverse junto a él. Jim logró entrar en el pequeño baño, sentó a su amigo en el retrete, y dejó su cabeza sobre el plato de la ducha consciente de que volvería a vomitar. Empapó una toalla y preparó un vaso de agua fría. Iba de regreso al baño cuando Bones vomitó de nuevo. Entró con rapidez, dejó a un lado el vaso, envolvió la cabeza del hombre con la toalla y sujetó su frente mientras este seguía vaciando el contenido de su estómago. Pasaron así casi veinte minutos hasta que Bones gimió.
–¿Mejor?– ante el nuevo gemido Jim sonrió–. Eso está bien. Ahora ten– le pasó el vaso de agua y se lo llevó hasta los labios–. Venga, un par de sorbos Bones, te sentirás aún mejor.
Con paciencia Jim logró que Bones tomase la mitad del vaso de agua y se enjugase la boca. Luego volvió a ponerlo en pie y le condujo hacia su cama sobre la que el médico se desplomó cómo un peso muerto. Jim le descalzó y le quitó la ropa. Antes de taparle con las mantas hizo uso del botiquín que el médico siempre mantenía en la habitación y del que Jim tomó un parche desintoxicante y un analgésico para prevenir la tremenda resaca que debía estar gestándose ya en el cuerpo de Bones que parecía estar sollozando. Le puso el parche en el brazo y le inyectó el hipo con suavidad.
–¿Qué sucede?– le preguntó Jim, musitó Jim arropándole. Sabía que su amigo iba a ser incapaz de responderle, pero no podía evitar estremecerse al ver las lágrimas cayendo sobre las mejillas de su mejor amigo–. Tranquilo, estás bien, o lo vas a estar. Te lo prometo.
Tal y cómo Bones había hecho con él en innumerables ocasiones, Jim permaneció junto a su amigo susurrándole tranquilizadoras palabras hasta que este se durmió. Asegurándose de que estaba cómodo y abrigado se alejó de la cama. Limpió el desastre del salón y arregló el baño antes de prepararse un té. Con una buena taza del líquido caliente, Jim se sentó en el sofá, tomó uno de sus padds, y se dedicó a leer mientras velaba el sueño de su amigo.
A las nueve de la mañana, y después de ponerse al día con todos sus trabajos, Jim decidió darse una ducha. Disfrutó de un breve periodo sónico antes de ponerse un cómodo pantalón de chándal y una camiseta vieja. Al salir del baño se encontró con que Bones había despertado y estaba sentado, de espaldas a él, en su cama.
–No tenías por que haberme dado analgésicos– musitó Bones.
Desde su posición Jim pudo ver cómo el hombre se quitaba el parque de desintoxicación. Rió por lo bajo.
–¿Acaso querías levantarte agonizando?
–Tal vez.
–¿Y qué se supone que has hecho para merecer tal castigo? ¿Negarte a una noche de sexo loco con una orionita?
Notando cómo sus palabras no eran replicadas, Jim se volvió hacia Bones, en aquellos momentos la viva imagen del dolor. En el año de convivencia que habían compartido, Jim jamás había visto al médico tan abatido, ni tan siquiera cuando Jocelyn le hacía la vida imposible a través de sus llamadas.
–¿Bones?– al no recibir respuesta Jim se acercó a él notando cómo los latidos de su corazón ahogaban su garganta–. ¿Bones?– el médico alzó sus ojos, en ese momento de un verde muy oscuro–. ¿Qué ha pasado?
–Un orfanato. La emergencia era un incendio en un orfanato.
Jim ató cabos rápidamente: su amigo se había emborrachado después de atender durante cuarenta y ocho horas a niños gravemente heridos. Vio cómo Leonard volvió la mirada hacia sus manos y cerró los dedos lentamente.
–Doce niños. Murieron en mis manos, uno tras otro.
–Lo siento Bones– dijo Jim sentándose a su lado y pasando un brazo sobre sus hombros.
–Todos quemados en vida– Bones sollozó–. Eran tan pequeños Jim… el mayor de ellos tenía la edad de mi Joanna.
Con horror, Jim supo que el médico estaba culpándose de sus muertes. Se deslizó hacia el suelo, arrodillándose ante él, y tomó sus manos.
–Bones, eh Bones, vamos mírame.
–Maldita sea… doce niños…
Lo único que Jim pudo hacer fue abrazar a Bones. Al instante el hombre se rompió y comenzó a derramar amargas lágrimas que se sucedieron durante demasiados minutos hasta que su llanto se calmó. Jim aún esperó varios minutos más para soltar al hombre, inclinándole sobre la cama. Fue hacia la cocina y preparó un café que dejó entre las manos de Bones.
El médico asintió a modo de reconocimiento y dio un sorbo mientras Jim volvía a alejarse. Leonard, en su estado de estupor, no fue consciente de que Jim iniciaba una video llamada, de hecho apenas notó cómo regresó a su lado dejando el padd sobre la mesita y sentándose junto a él en la cama.
–Límpiate la cara– le dijo Jim pasándole un pañuelo humedecido.
–Jim no estoy de humor.
–Lo sé, por ello voy a darte lo único que puede levantarte el ánimo.
–Ahora mismo no hay nada…
Las palabras de Bones murieron en su pecho cuando Jim alzó el padd hacia él. Bones pudo ver cómo había una llamada en espera, reparó en el interlocutor al otro lado de la línea y vio el nombre de su hija. Sus labios temblaron.
–Jim… yo…
–Ya me darás las gracias luego, tenemos prisa, Jocelyn sólo ha accedido a darnos un par de minutos. Ahora límpiate la cara, no querrás que Joanna te vea así, ¿verdad?
Tratando de aprovechar el poco tiempo que tenían, Bones se recompuso lo mejor que pudo y abrió la video llamada.
Aunque breve, la conversación con Joanna alivió el pesar en el corazón del médico que, tras colgar, miró a su amigo.
–¿Cómo lo has conseguido? Jocelyn no suele acceder a que hable con Joanna fuera de los días y horarios establecidos.
–Digamos que a ella le interesaba mi ayuda en un asunto a cambio de esta llamada.
–¿Qué asunto?– preguntó Bones confundido tratando de imaginar de que se podía tratar.
Jim agitó el padd y sonrió.
–Te sorprendería saber cuanto puedes llegar a saber de una persona, sin violar la ley, a través de este pequeño aparatito. Antes de llamar a Jocelyn miré en un par de sitios y me di cuenta que tu ex está en una larga lista de espera para obtener un traslado de oficina a una más próxima a su hogar. Al llamar a Jocelyn le sugerí que si cedía ante mi petición tal vez el lunes obtuviese ese traslado.
Los ojos de Bones se abrieron mostrando una genuina sorpresa.
–Pero…
–Aclaremos algo– le interrumpió Jim–. Hice lo que hice por Jocelyn por que me dio la gana. No puedes oponerte a ello ya que lo volvería a hacer las veces que fueran necesarias si con ello puedes ver, aunque sean unos segundos, a Joanna.
–En verdad sólo iba a darte las gracias.
La voz del doctor había sonado más a "Bones" y Jim sonrió.
El resto del día sucedió de forma tranquila. Tras la breve conversación, Bones accedió a la petición de Jim de volver a dormir pues tal y cómo el joven había dicho: el hombre se veía en un estado lamentable. Cuando Leonard volvió a despertarse pasaban de las dos de la tarde pero la comida ya estaba dispuesta en la mesa, cómo si Jim hubiera podido adivinar cuando se iba a levantar. Bones descubrió que estaba hambriento y no tardó en devorar el contenido de los platos, todos pedidos a un restaurante de comida rápida que ambos solían frecuentar cuando ninguno de los dos tenía ganas de cocinar. Comieron manteniendo una tranquila conversación cuya mayor parte corría a cargo de Jim, el rubio informó a su amigo de lo que se había perdido en sus dos días de ausencia en la academia.
Una vez los platos de comida estuvieron vacíos, Bones se ofreció a preparar él mismo una cafetera de café bien cargado mientras Jim recogía. Cerca de las tres de la tarde ambos estaban sentados en el sofá, con sendas tazas de café en sus manos. Jim no dijo nada consciente de que Bones hablaría cuando él estuviese preparado, y así fue, tras un largo trago de café, Bones suspiró.
–No debería ser tan difícil– musitó el médico–. Cuando entras en la carrera ya te preparan para perder a tus pacientes. A lo largo de estos años he visto a muchas personas morir. Pero con los niños… sólo podía pensar en Joanna, en que ella podía estar tendida en la mesa de otro médico que, al igual que yo, fuese incapaz de salvarla en ese momento.
–Pero sabes que no es así– dijo Jim–. Lo que pensaste fue una mala pasada de tu mente, aveces sucede.
–Lo sé, había estudiado el fenómeno, pero hasta ahora nunca lo había experimentado– Bones echó la cabeza hacia atrás en el sofá–. Tal vez no sea tan duro como yo pensaba.
–No tiene nada de malo sentir dolor ante una pérdida así– dijo Jim.
–Se supone que es parte de nuestro trabajo.
–Sí, pero mal iríamos si ante una tragedia cómo el incendio de un orfanato no pudiéramos emocionarnos. Eso nos hace lo que somos: humanos.
–Sin embargo nos hace más vulnerables.
Girando el rostro, Jim clavó sus ojos en Bones, que le devolvió la mirada.
–Bones, estamos aquí para formarnos dentro de la flota estelar cuyo fin es explorar el universo, normalmente en misiones que pueden durar varios años. Si tuviera que pasar tanto tiempo lejos de la Tierra, en una nave, rodeado de una tripulación, preferiría que estos pudieran fallar, emocionarse y sentir antes que vivir en medio de seres carentes de sentimiento alguno.
Una vez más, entre todas las caóticas sensaciones que Jim emitía, la fuerza, la solemnidad, y la solidez se abrieron camino sobre todas las demás, haciéndole saber a Bones dos cosas: que Jim sería un gran capitán y que él sólo serviría bajo sus órdenes.
Alzando la taza, Bones la chocó con la de Jim, brindando así por un futuro que esperaba ver cumplido.
Nota: Muchas gracias por todas las revs, de verdad, no esperaba que tanta gente tuviese ganas de un "Días de Academia 2"; ha sido una muy grata sorpresa, gracias de verdad.
Espero poder cumplir con vuestras expectativas! :)
