Indicios
Después del incidente de la explosión de gas pasaron un par de días hasta que todo volvió a la normalidad. Pronto Jim pudo reanudar sus clases, y en una de ellas le encontró Bones. A medida que avanzaba hacia su amigo, dentro de la gran sala en dónde iba a iniciarse la clase en apenas cinco minutos, no podía dejar de notar cómo los compañeros ubicados en la parte de atrás de la clase miraban si disimulo al rubio, mientras algunos situados en las filas delanteras le dedicaban furtivas miradas.
Con un sonoro suspiro se dejó caer en el asiento al lado de Jim que, en ese momento, leía con el ceño fruncido un artículo en su padd.
–Maldita sea, se estropeó el transportador en el que venía desde el hospital. Creí que no llegaba a tiempo– gruñó el médico.
–Deberías de haber venido andando, se tarda prácticamente lo mismo.
–Si ya, claro. Después de cuatro horas de turno en urgencias, mientras hay una epidemia de resfriado veellita, nadie querría moverse más de lo necesario. Por cierto, ¿qué tal llevas el ser un nuevo héroe?
–¿A qué te refieres?
–Desde que salvaste a los otros cadetes en la cafetería parece que has dejado de ser el "imbecil y arrogante Kirk" para pasar a ser el "valiente y audaz Kirk".
Alzando la mirada, Jim trató de encontrar la mofa en el rostro del médico, pero este sólo movió levemente la cabeza hacia atrás. Jim pudo ver cómo varios compañeros le observaban con renovado interés.
–Genial. Lo que me faltaba.
Bones rió ante la queja, pero se sorprendió al ver regresar a Jim a su lectura. No pudo evitar reparar en que el padd quedó más cerca de su rostro esta vez mientras los iris azules bizqueaban.
–Demasiado cerca– dijo Bones alejando el padd de los ojos del rubio.
–Oh no, es que la letra es excesivamente pequeña– replicó el joven.
"Problemas para enfocar" pensó Bones al constatar que el tamaño de la letra era el habitual.
Debido al hermetismo del Jim para manifestar su malestar, Bones decidió estudiar atentamente el comportamiento de su amigo para tratar de averiguar que le pasaba.
El segundo indicio de que algo no iba bien llegó al día siguiente, cuando Bones se reunió con Jim para comer ya que, misteriosamente, el muchacho había madrugado para atender un trabajo dejándole al médico una nota en su padd. Ambos se encontraron en la puerta de la biblioteca y caminaron a través del edificio.
–No entiendo por qué te gusta tan poco la política– dijo Bones–. Es solo estudiar y a ti eso se te da bien.
–En política, una vez que la llevas a la práctica, hay que ser muy cuidadoso y eso…
–Sí, eso no se te da tan bien– masculló el médico abriendo la puerta principal para salir a los jardines ya que la cafetería se encontraba en otro de los edificios de la academia–. Tendrás que aprender a fingir, al menos hasta el examen.
–Ya.
La parca respuesta del rubio hizo que Leonard le mirase, antes de que el muchacho pudiera recomponerse, sus ojos parpadearon varias veces y su ceño se frunció.
"Fotosensibilidad" pensó el médico. Pero no pudo preguntarle nada a su compañero ya que, en ese instante, Gaila llegó hasta ellos y la atención de Jim rápidamente se centró en la mujer.
Esa misma noche Bones percibió el tercer síntoma.
Él había regresado primero a la habitación ya que su turno en el hospital de la flota se había desarrollado sin incidente alguno. Tras una ducha, Bones dedicó varios minutos a organizar sus tareas pendientes. Sonrió al darse cuenta de que apenas tenía algo más que estudiar, al margen de un examen de neurociencia que tendría en una semana y media. Disfrutando de su relativa libertad decidió hacer una cena más elaborada que un bocadillo o una ensalada y pronto la cocina se encontró envuelta por el aroma de las especias de la pasta que el médico estaba cocinando.
Acababa de dejar una suculenta lasaña sobre la mesa cuando Jim apareció.
–Hola Bones.
–Bienvenido a nuestro humilde hogar, querida– canturreó el médico cuyo buen humor sacó una sonrisa en el rubio que, a ojos de Leonard, parecía cansado.
–¿A qué se debe esta cena?– preguntó Jim dejando su bolsa al lado del escritorio.
–Algo de tiempo libre bien aprovechado. Además, hace varios días que no comemos nada un poco decente. No nos vendrá mal llenar el estómago con un plato de comida no replicada.
–Pues tienes razón.
En cuanto Jim se cambió de ropa ambos se sentaron a cenar. A medida que comían Bones comprobó cómo Jim no sólo parecía cansado sino que estaba cansado pues un leve temblor, casi imperceptible para un ojo no entrenado, sacudía el vaso de agua de Jim cada vez que este lo tomaba para beber. Cuando el más joven dio cuenta del último bocado Bones le invitó a ir a descansar ofreciéndose él para recoger.
–No es justo, has cocinado tú– protestó Jim.
–Pero a diferencia de ti yo mañana, y aunque sea sábado, no tengo que estudiar para ningún examen próximo. Tú tienes tácticas de vuelo el jueves. Puedo permitirme recoger la cena e incluso irme de fiesta si me apetece.
–No te irías sin mi– dijo el rubio haciendo un mohín.
–No me retes.
Murmurando lo injusto que sería que le dejase allí solo, Jim fue a lavarse los dientes al baño. Una vez aseado regresó a la estancia principal y se sentó en su cama. Aunque parecía inmerso en la limpieza de la cocina, Bones estudió con cuidado los gestos de Jim y una palabra acudió a su mente.
"Fatiga".
Con algo de esfuerzo, bastante bien disimulado, Jim se acostó y se tapó con las mantas. Apenas tardó en quedarse dormido mientras los atentos ojos verdes de Bones le observaba con el ceño fruncido mientras los síntomas que había observado trataban de encajar de alguna manera.
Al levantarse Bones escuchó el familiar "clik" del padd de Jim. Apenas era un sonido audible, pero había aprendido a reconocerlo. Era algo habitual en su compañero el levantarse temprano, lo que no impedía que fuese muy silencioso para no molestarle consciente de sus muy irregulares ciclos de sueño debidos a sus guardias en el hospital. Bones se incorporó con su brazo derecho y, abriendo un ojo, vio a Jim sentado en el sofá, abrigado con una de sus sudaderas y absorto en su trabajo por lo que aún no se había dado cuenta de que él estaba despierto. Iba a gritarle los buenos días cuando un temblor recorrió todo el cuerpo del joven.
"Escalofríos".
Y de pronto un nuevo "clik" sonó, pero esta vez dentro de su cabeza.
–Maldita sea– siseó el médico saliendo del calor de sus mantas.
Jim alzó el rostro y miró cómo el hombre rebuscaba algo en su bolsa médica.
–¿Bones?
–¿Dónde lo dejé? … ¡Ah! ¡Aquí está!
Encendiendo el tricorder, Leonard llegó hasta el sofá.
–Estate quieto– gruñó Bones sujetándole por la barbilla y comenzando a pasar el tricorder frente a sus ojos.
Durante cinco largos minutos el doctor estudió desde todos los ángulos posibles la cabeza de Jim solicitando al dispositivo médico varios análisis. Cuando recibió el último de los datos resopló y, sin explicación alguna tomó su padd y comenzó a escribir en él.
–¿Bones? ¿Qué haces?– el médico no le respondió–. ¿Estás enfadado? ¿Qué sucede?
–Sucede qué tienes la vista cansada y que, cuando la fuerzas durante mucho tiempo, te ocasiona migrañas cómo la que tratabas de ocultarme.
–No es nada Bones.
–Y una mierda– dijo entredientes el médico qué, con una rapidez casi irreal descargó un hipo sobre el cuello de Jim.
La primera intención del joven fue quejarse pero por un segundo su aliento pareció congelarse antes de que un sonoro suspiro, mezclado con algo similar a un gemido de alivio, recorriese la estancia.
–¿Mejor?
–Mucho mejor Bones– musitó Jim echando hacia atrás la cabeza y cerrando los ojos–. Gracias.
Dirigiéndose a la lámpara junto al sofá Bones redujo la intensidad de la luz y quitó el padd de las manos de su amigo.
–Si no fueses tan testarudo podría haberte ayudado ya hace tres días, cuando empezó todo esto. ¿Desde que edad padeces migrañas?
–Desde los catorce.
Leonard no necesitó hacer más preguntas para saber porque las migrañas no figuraban en su expediente: Tarso IV.
–¿Y tú tratamiento?
–Alérgico a casi todo. Sólo pudieron recetarme analgésicos suaves. Nunca antes había tomado nada que pudiese aliviarme cómo lo que tú me has dado.
–Es un fármaco de nueva generación. Salió hace apenas dos años al mercado y sólo se receta en casos de migrañas severas. Dentro de la composición no hay ningún elemento al que seas alérgico así que lo incluiré dentro de tu informe médico cómo fármaco barrera del dolor– tecleó en su padd–. Encargaré un par de cajas: una para tenerla aquí y otra para que puedas llevarla contigo. Además debería de hacerte un seguimiento con un par de medicamentos más que pueden ayudarte en los ataques de dolor menos intenso. Además, a partir de ahora tendrás que usar gafas para largos periodos de lectura, y para que no haya lugar a dudas: por largos periodos de lectura consideraremos el tener la nariz en los libros más de dos horas seguidas– el médico le tendió el padd, mostrándole la prescripción médica que acababa de hacer en su expediente–. En cuanto el dolor se modere iremos a por las gafas y comenzarás a usarlas.
Una nueva queja llegó a la boca de Jim, pero esta murió en sus labios ya que el alivio de la presión en su cabeza era demasiado bueno. Así que asintió mansamente.
–De acuerdo.
Horas después Jim se encontraba pagando unas sencillas gafas de fina montura dorada bajo la atenta y satisfecha mirada de su médico y amigo.
Nota: Madre! Que se me había olvidado actualizar, y me di cuenta hace sólo unos minutos porque fui a subir el capítulo 5 y me di cuenta que no estaba el 4! Perdón!
Entre el trabajo, estudiar, y algún que otro evento se me ha ido el santo al cielo; espero que disfrutaseis del capítulo, prometo no tardar tanto con el próximo. Un abrazo a todos! :D
