Nervios
–Pase que haya tenido que aprenderme todas las partes de una nave, la función de cada miembro de la tripulación, la ubicación de los conductos de escape, incluso las bases de tres idiomas de la federación para pedir ayuda en caso de ser necesario. Pero, ¿a cuento de qué tengo que memorizar ahora las coordenadas de las bases del cuadrante?
El discurso de Bones hizo a Jim reír mientras ambos tomaban su almuerzo en la cafetería. Ambos ocupaban una de las mesas más alejadas del bullicio en la que se habían sentado tras una nueva clase de tácticas de combate.
–No tienes que aprenderte todas las bases, sólo has de recordar dónde se encuentran los centros médicos con especificaciones concretas en caso de necesitar de sus servicios.
–Cállate Jim– gruñó el médico.
–Vamos hombre, son sólo doce.
Bones miró con suspicacia a su compañero.
–¿Tú ya te las sabes, verdad?
Jim se encogió de hombros.
–No es difícil recordarlas, piensa en ellas cómo en números de teléfono.
Sujetándose la cabeza Bones gimió amargamente.
–Nunca lo lograré. Cada vez que pienso que he logrado alejarme de la parte militar una nueva prueba se presenta ante mi.
–Estás exagerando– canturreó Jim.
–Y tú obviando el calcio en tu dieta– ladró Bones poniendo su yogurt sobre la bandeja de su amigo, esbozando una pequeña sonrisa interna al saber que el lácteo no era una de las aficiones del rubio–. Cómelo y cállate.
Fue el turno de Jim para gemir pero, ante la severa mirada del médico, no replicó y prosiguió con su comida.
La agonía de Bones prosiguió durante los siguientes días. El médico no dejaba de quejarse de la cantidad de datos, según él inútiles, que tenía que aprender, y todas las noches dedicaba largos minutos a despotricar en contra del sistema de estudios, de los profesores de rango militar, y de la flota estelar. Mientras hablaba Jim iba de un lado a otro de la habitación recogiendo cada una de las prendas de ropa que el médico tiraba al suelo encolerizado, o de cada padd o libros que aventaba sobre los escritorios. Los continuos refunfuños de Bones eran una parte más en el día a día de Jim. Finalmente, en la noche del viernes Jim invitó a su amigo a distraerse y relajarse tomando una copa en uno de los bares que acostumbraban a frecuentar.
–No sé que hacemos aquí– musitó Bones dando un trago a su bourbon–. Deberíamos de estar estudiando.
–No hay exámenes en las próximas dos semanas.
–Eso es en tu caso que eres un cadete sin obligación alguna. Yo tengo que presentarme a las pruebas de neurocirugía.
–Bones, eres cirujano de trauma, ya has tomado esas pruebas y lo único que vas a hacer el miércoles es renovar tu permiso.
–Bah.
–Además, me veo obligado a recordarte que no soy un cadete cualquiera sino uno que aspira a comandancia.
–Entonces estamos perdidos.
Ambos hombres se volvieron hacia la voz femenina que acababa de hablar encontrándose con una bella mujer de piel oscura cuya mera visión logró hacer sonreír a Jim.
–Siempre tan mala conmigo Uhura.
–Es lo que te mereces Kirk– dijo la mujer tomando dos copas que el camarero le tendía sobre la barra.
–Me rompes el corazón– dijo Jim poniendo un gesto desvalido mientras Uhura rodaba los ojos y se volvía hacia el otro hombre.
–Te compadezco Leonard.
–Gracias– repuso Bones alzando hacia ella su vaso y dando un trago.
Jim iba a replicarles cuando tres cadetes de anchas espaldas se acercaron.
–De nuevo molestando a la señorita Uhura, ¿verdad Kirk?
–Oh venga, yo sólo estaba conversando con ella.
El más fuerte de los cadetes se adelantó.
–No– gimió Bones apurando su vaso–. Otra vez no.
–Kirk…
–No estaba haciendo nada Magdalena.
Y en el mismo instante que Jim había pronunciado el mote del cadete Bones se apresuró para sacar a su amigo del bar y tratar de poner el mayor espacio entre ellos y los miembros del equipo de seguridad del campus.
–¡Siempre igual! No puedes mantener cerrada esa puta boca.
–Pero no estaba haciendo nada.
–¡Me da igual! El año pasado acabamos metidos en tres peleas Jim, ¡Tres! Tenemos suerte de que en todas las ocasiones Pike nos pudo salvar el culo, de lo contrario estaríamos expedientados.
–¿Ves? Todavía podemos permitirnos tener dos peleas: hasta el tercer aviso no te expulsan.
–¡Eres un inconsciente!
–Es que me gusta tanto sacarte de quicio…– rió Jim pasándole un brazo sobre los hombros de su amigo–. Eres demasiado previsible, Bones.
El médico suspiró de pura exasperación y prosiguió su camino junto al rubio, rumbo a sus habitaciones.
Una de las mayores diversiones de Jim era desquiciar a su amigo y compañero de cuarto. En los meses de convivencia se había dado cuenta de cuan frágil era la paciencia del buen doctor, hecho que reflejaban los acontecimientos de los últimos días. Sin embargo esa tarde la idea de Jim cambió.
Los accidentes en un campus militar repleto de cadetes inexpertos procedentes de todas las partes de la galaxia federal eran habituales. Por ello a nadie le sorprendió que dos de las clases de los cadetes de primer año se viesen involucradas en una explosión acontecida en la zona de armas de fuego. Cómo era habitual, los cadetes próximos al incidente acudieron a ayudar a sus compañeros. Por ello Jim se encontró transportando a varios alumnos hacia el hospital. Algunos tenían heridas bastante feas pero ninguno de ellos parecía tener sus funciones vitales comprometidas.
Ayudando a uno de los últimos cadetes heridos, Jim entró a la sala de urgencias. Buscó un sitio libre y le ayudó a llegar a él. Mirando a su alrededor calculó que habría una veintena de jóvenes en necesidad de cuidados, y un par de ellos con mal aspecto. Apenas pudo ponerse en pie para ir a ofrecerse voluntario para ayudar en lo que fuera necesario cuando un cadete de orion cayó fulminado al suelo. Las voces y el caos se alzaron en la sala. Sin dudarlo, Jim echó a correr hacia el herido pero, antes de que pudiese llegar Bones apareció: con manos firmes movió el cuerpo del cadete, recogió sus signos vitales y comenzó a ordenar un tratamiento al enfermero que había llegado junto a él. Pronto el orionita estuvo en una camilla, pero Bones tuvo que ir hacia otro cadete cuyo brazo amenazaba con desprenderse de su tronco. De nuevo Jim observó el trabajo de su amigo: con una tranquilidad inaudita, Bones analizó la herida, limpió la sangre que le impedía ver, y comenzó el sellado con manos diestras. Retirándose a un rincón de la zona de urgencias, Jim decidió permanecer a la espera, por lo que asistió a todos y cada uno de los milagros que esa noche Bones realizó, maravillándose ante la forma metódica, y casi feroz, con la que el médico alejaba a la muerte de sus pacientes.
Los ojos de Jim quedaron prendados de las manos del médico al darse cuenta que en el espacio serían aquellas mismas manos las que salvarían su vida, que ellas serían la última barrera ante la muerte y, a pesar de la dureza del pensamiento, había algo reconfortante en él pues sería Bones, y nadie más, quien se encargaría de cuidarle cuando por fin ambos estuviesen rumbo a las estrellas.
Durante siete horas Jim esperó en la sala de urgencias hasta que todos los pacientes estuvieron atendidos, fuera de peligro. Fue entonces cuando Bones apareció en el vestíbulo y el cadete fue hacia él.
–¿Qué haces aquí?– le preguntó sorprendido el médico antes de comenzar a revisar su rostro–. ¿No estarás herido?
–No, claro que no. Ni siquiera estaba en esa clase– le recordó Jim–. Vine para ver si te apetecía cenar algo.
Bones enarcó una ceja.
–¿A las dos de la madrugada?
Tratando de parecer lo más casual posible Jim asintió.
–A las dos de la madrugada.
–¿No te habrás metido en algún lío?
Jim alzó ambas manos y negó con la cabeza.
–En ninguno, lo prometo.
Aún con recelo, Bones asintió.
–Está bien.
–Perfecto. Apurémonos, el Herion aún está abierto.
–¿No es ese sitio dónde sirven las mejores tortillas del estado pero demasiado caras?
–El mismo. Pero hoy invito yo.
–¿A que debo tanta atención?– quiso saber el médico mientras abandonaban las instalaciones del hospital.
–Has trabajado sin descanso las últimas horas, creo que mereces una buena cena, ¿no?
Viendo la sincera mirada de Jim, Bones rió.
–A veces, Jim, eres cómo un niño.
Sin dejar que el rubio añadiese nada más, el médico le palmeó con fuerza la espalda y apuró el paso en pos de su cena.
Nota: De nuevo tarde! al principio tuve problemas con el servidor y luego mi tablet decidió poner fin a su vida fundiéndose a negro. Pero por fin vuelvo a tener tablet y el servidor me deja actualizar! xD
