"-Soledad y dolor... Oscuridad."
Sus orbes son incapaces de ver nada más que oscuridad, su cuerpo yace desfallecido sobre una extraña superficie de agua, casi de la misma forma en que fue cuando se encontró con su otro yo. Parpadeó, sintiendo la sombra de otra persona sobre ella, sujetándola de los hombros y sumergiéndola lentamente. No hacía falta saber de qué se trataba: aquella solo era la breve forma física que el sharingan le daba a los deseos de Sasuke para llevarlo dentro de su interior, dentro de sus memorias, donde sería capaz de responder sus dudas.
"-Ese es el castigo que la vida me otorga; el destino me ha marcado, me ha encaminado a correr a través de un sendero sin fin de dolor. ¿No es injusto? ¿Esto es lo que debo soportar solo por haber nacido como la hija del yondaime? ¿Es lo que merezco por no darme cuenta de lo correcto, por no saber elegir y por no hacer frente a mis sentimientos?... Si, tal vez lo sea. La oscuridad absorbe toda la luz, como un agujero negro que traga todo a su alrededor sin importarle que tanto daño hará. La vida es total sufrimiento, la vida es cruel y ataca sin piedad para arrebatarnos la felicidad. ¿Es que acaso que nosotros no merecemos vivir felices?"
Intento una última vez, temerosa de ver sus recuerdos nuevamente y perderse en ellos como había hecho antaño. Paso tanto tiempo de su vida reprimiendo las memorias, restringiéndose a sí misma de volver a ese momento y aun así, una vez más era arrastrada por el destino a mirar su oscuridad. El agua a su alrededor se agitó con su lucha, que duró apenas unos minutos hasta que entendió que ahora que estaba dentro del genjutsu de un Uchiha, le sería imposible escapar. La voluntad de Sasuke la sumergió aún más, hasta que su cuerpo yacía totalmente bajo la superficie del agua; el aire se escapó de sus pulmones pero no sintió asfixia, miró a su captor leves instantes, intentando inútilmente que pudiese escuchar sus ruegos. Ella no quería volver, no quería regresar a su pasado, no podía hacerlo y tenía miedo, un gran pavor de verse tan inútil e indefensa. No lo soportaría ¿es que era tan difícil de entender? ¡Se volvería loca! De sus orbes emergieron lágrimas que se mezclaron como diminutas esferas con el resto del agua, no existía escapatoria.
"-Mi vida había comenzado bien, era feliz, realmente existían muchas razones por las cuales valía la pena seguir adelante… Pero todo cambio, el destino vino a arrebatarme todo lo que amaba. Todo a mí alrededor se derrumba, se tiñe de rojo y poco a poco, mientras más sangramos, más terminamos por cambiar de color y llenarnos de negro. Nos herimos, nos atacamos, mentimos y traicionamos… Si, esta es nuestra vida de porquería, una vida que nosotros mismo arruinamos por miedo."
Su mano desfalleció y sus parpados cayeron sobre sus orbes, sumergiéndola, arrastrándola junto al ente hacia la profundidad del agua. Su cuerpo se sentía liviano pero a su vez, conforme se sumergía, se sentía pesada. ¿Era solo la sensación, o es que en su cuerpo repentinamente habían aparecido cadenas que le arrastraban de regreso a su pasado? Luego pensó que no debería siquiera de preocuparse en esa sensación, después de todo, ¿no era así de vacía que se sentía todos los días después de su holocausto? Si, esa era la verdad, ella solo era una bella muñeca, orgullosa, fuerte pero que en el interior no contenía nada, estaba rota.
"-Ojala pudiese simplemente cerrar los ojos y desaparecer… Ojala pudiese simplemente morir, tal vez así pudiese librarme del dolor… Pero es tarde para ello."
Escuchó la voz de Sasuke llamándola por su nombre en medio de la oscuridad y con cada uno de sus llamados, lo que parecía ser el espacio a su alrededor se ensombreció un poco más, signo de que estaban al fin en las profundidades de su mente donde ella misma había creado una barrera para evitar que esos dolorosos recuerdos pudiesen escapar a la superficie. Sakura abrió ligeramente sus orbes y sopesó la realidad, Sasuke tenía razón, a ese punto ya no existía forma de huir. Instantáneamente, las oscuras paredes comenzaron a agrietarse y en un breve lapso cedieron, y cual trozos de cristal, la barrera y el espacio se fragmentaron en miles de pedazos. Y una luz la llevo junto a Sasuke al interior de su alma. Los recuerdos de la incapacidad de tres niños para enfrentarse al mundo; la incapacidad de tres jóvenes para soportar la oscuridad dentro de sí. La incapacidad de no verse arrastrados por la tragedia de su pasado y sus propios errores… Esa era la historia detrás del equipo 7 perteneciente a un mundo alterno, la secuencia de sucesos dolientes en la vida de una chica que lo perdió todo. Aquellas eran las memorias de un alma en pena que vagaba por el mundo fingiendo que no le importaba verse a sí misma morir ante un destino fatídico compartido con aquellos a quien consideraba importantes en su vida; aquellas eran las memorias de la hija del Yondaime, esas eran las condenas de una condena de muerte para la fría princesa de Konoha.
Esa era la verdad de aquella triste y solitaria mujer de ojos tristes
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Road to Ninja
Capítulo 31: Darknes
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Kakashi soltó un suspiró de exasperación al tiempo en que detenía sus pasos y observaba los alrededores. Hacía poco tiempo que salió a buscar a su alumna, teniendo como finalidad hablar con ella y disculparse por su actitud luego de darle un poco de espacio; después de todo, no podía presionarla a contarle lo que le causaba dolor. Sin embargo no había tenido éxito alguno. Fue entonces que sus ojos se toparon con Ino Yanamaka, quien platicaba muy cerca de Sai y junto a ellos, estaban Lee, Neji y Kiba, quienes parecían disfrutar de su última comida decente antes del inicio de la guerra. Dudo un poco pero luego se encamino a ellos con pasos firmes.
-¡Hola, chicos! –El resto saludo en sintonía.
-¿Sucede algo, Kakashi-san? No se te ve buena pinta.
-Bueno, siendo sincero, Sai, he estado pensando mucho en Sakura que no he podido siquiera conciliar el sueño. –Lee le apunto amenazadoramente.
-¡Usted, viejo pervertido! ¿Cómo puede decir eso? ¡Sakura-san es su alumna y además es menor de edad!
-¡No me refería a eso! Dios, no me mal intérpretes, Lee-kun. Me temo que Sakura está furiosa conmigo, estábamos hablando y dije cosas sin pensar, creo que le herí…
-Vaya, ahora entiendo porque mi bella flor paso por nuestro lado gruñendo horas tras.
-De cualquier forma, parece que ya se le ha pasado el enojo, Kakashi-sensei. –Explicó Neji mientras tomaba un poco más de comida.- Hace poco sentí su chakra dirigirse a la tienda del Uchiha.
-¡¿A la tienda de Sasuke?! ¿Por qué iría allí?
-¡¿Y nosotros porque sabríamos?! Usted es su sensei, tal vez debería preguntárselo… ¡Ella es tan extraña últimamente! –Siseo Kiba, enojado.
En ese instante, el eco de lo que fuese un grito de desesperación se dejó escuchar, interrumpiendo las acciones de aquellos que reconocieran a la persona de quien provenía tal lamento. Duró pocos segundos, pero los suficientes para parecerles una eternidad y luego, el silencio solo fue la apertura a las miradas de nerviosismo y confusión entre los shinobi de la Hoja. Ino se puso en pie con las manos en su pecho y su rostro fue moldeado por el nerviosismo.
-¿E-Esa voz, ha sido Sakura no es así?
-En efecto, Ino-san, no hay duda de que esa fue la voz de mi flor de cerezo…
-Tal como imagine, provino de la tienda del Uchiha. –Siseo Neji, frunciendo el ceño.
Sin una palabra pero con una notable preocupación, Kakashi emprendió carrera –Siendo seguido por los demás– hasta la tienda de dónde provenía el chakra de su alumna y a la vez en que la distancia se volvía menor, temía lo peor, tenía un mal presentimiento al respecto. No pudo evitar sentirse culpable por no mantenerse al pendiente de los movimientos del Uchiha y de la propia Haruno. ¿Dónde demonios estaba él para cuidarla si ya sabía que Sasuke sospechaba de ella? Por otro lado, dedujo que sentía ese breve deje de ira que empezaba a tener, era por el temor que sentía de solo imaginar lo que el Uchiha pudo haberle hecho a su alumna o bien, por el hecho de no haberle advertido a Sakura de su peligrosidad.
Al llegar a la tienda, todos los de Konoha ensancharon sus orbes con impresión mientras que frente a ellos, Sasuke se mantenía de pie cargando en sus brazos a la chica de cabello rosado, quien mostraba un rostro afligido, sus ojos estaban entreabiertos pero sin brillo u conciencia alguna a la par en que sus lágrimas caían sobre sus mejillas acompañadas del constante espasmo producto del llanto y la conmoción que causaba estar encerrada dentro del poder del Mangekyo Sharingan. Kakashi recobró la compostura luego del impacto de ver a Sakura en ese estado y miró con furia a su ex alumno. El mismo se giró a ellos y les miró con severa indiferencia.
-¡¿Qué demonios le has hecho, Sasuke?! –Gritó Kakashi.
-Nada más allá de lo que sabias que sucedería….
Los ojos de Sasuke miraron de nueva cuenta a Sakura, a quien apretó un poco más hacia su pecho; Kakashi reparó en ese gesto pero no pronuncio palabra alguna, más pendiente de estar atento a cualquier movimiento de parte de Sasuke, cuyos ojos se alzaron sobre él, mostrando una extraña versión del sharingan en sus ojos. La estrella de seis picos que se reflejaba en los ojos rojos del Uchiha se entrecerró con total y aterradora seriedad. Él parecía querer decirle algo pero se detenía por la presencia de los otros; Kakashi relajó un poco su postura al comprender la conducta de Sasuke.
-Váyanse.
-¿Pero que dice, Kakashi-sensei? ¡No podemos dejar a mi bella Sakura así!
-Cejotas tiene razón, ¡Uchiha es peligroso! Y en este instante Akamaru y yo le haremos pagar lo que ha hecho.
-¡Ni se les ocurra hacer algo, no sabemos que puede hacer! Deben irse, me encargare personalmente de este asunto. –Rugió Kakashi, deteniendo al resto de su intento de ir tras Sasuke.
-¡P-Pero…!
-Es una orden, Sai, no está en discusión... Sakura estará bien, ahora deben marcharse y confiar en mí.
Todos miraron a Kakashi con asombró para luego obedecer con notable reticencia sus órdenes. Una vez que Kakashi se aseguró de que sus chakras se mantenían lejos de la carpa, procedió a mirar a Sasuke, quien ahora se encaminaba al catre y depositaba con una extraña delicadeza a la pelirosa alterna. Sasuke produjo un breve gruñido enfocando con notable dificultad, sus ojos estaban cada vez peor y el dolor se volvía insoportable, aunque en ese momento no pretendía dejarlo en evidencia frente a Kakashi. Sasuke se giró al ninja copia y su sharingan le advirtió que no intentase alguna estupidez o no se detendría para hacerle sufrir. Un suspiro y el sensei del equipo 7 se atrevió a hablar en medio del tenso silencio.
-¿Qué ha pasado, Sasuke, qué es lo que…?
-¿Cuándo más planeabas ocultar el hecho de que proviene de un universo alterno? –Kakashi respingó.
-Ya veo, lo sabes… Usaste el sharingan para ver sus recuerdos, ¿qué tanto has visto?
-Hn, por tu tono de voz y por el contenido de tu última discusión con ella, deduzco que tienes gran interés en saber sobre su vida.
-No sabía que a los Uchiha se les daba por espiar… Déjate de rodeos, y dime qué tanto has visto.
-Todo y estoy seguro de que también deseas conocer su verdad, ¿no es así, Kakashi? Pudiste usar ese sharingan prestado tuyo para hacerla hablar…
-No me compares contigo, Sasuke, no soy tan bastardo para no considerar los posibles daños de exponerla de ese modo. –El pelinegro no emitió respuesta ante esa agresión directa.- Sin embargo no voy a negártelo, me he visto tentado a hacerlo. Realmente quiero entender por qué Sakura termino así.
-Entonces asumo que, ahora que yo he hecho la cobardía que tú no te permitiste, quieres que sea el conducto para hacerte entender. ¿No es así?
-Estas en lo correcto.
-No es común que vengas a mí y pidas favores.
-No te lo estoy pidiendo, tómalo como una retribución o pago a cambio de no matarte en este mismo momento. –Sasuke rio.
-No eres el indicado para decir eso…
-No juegues conmigo, mocoso, quiero una respuesta.
Sasuke guardó silencio mientras se giraba hacia a Sakura y acariciaba con sus nidillos una de sus mejillas, deteniendo sus lágrimas en el proceso; lagrimas que fueron provocadas por él de nueva cuenta, unas incitadas por un pasado doloroso y una carga similar a la suya. Entrecerró sus ojos, ahora comprendía porque en ella veía tanta tristeza y oscuridad, ahora era consiente de por qué Sakura hablaba de pérdidas y sufrimiento como si supiese de ello. Ahora entendía porque ella hacia todo aquello. Kakashi se atrevió a caminar hasta él y plantarse frente al mismo, aunque su ex alumno no le prestase la menor atención. Sasuke soltó una exhalación de cansancio y alejo su mano de la piel fría de Sakura.
-Lo que yace dentro de las memorias de esta mujer no es algo que debiese revelarse con facilidad.
-Creo que ya has ido demasiado lejos como para decirme esto. –Sasuke le miró.
-Hn
Kakashi abrió sus ojos de golpe, impactado por la desconcertante sensación que le había transportado inesperadamente de un lugar a otro. Casi de la misma forma en que hacia su Kamui pero muy diferente a la vez, Kakashi reconoció entonces que aquel sitio no se encontraba en alguna dimensión o dentro de lo material y sin embargo, aquel patio tracero de vívido color le parecía demasiado real. Entrecerró sus ojos con cierto nerviosismo, algo en ese sitio le parecía hasta cierto punto familiar. Fue entonces que sus ojos se alzaron y observaron a la distancia lo que fuese el monte hokage pero su asombro aumento al ver una cara distinta en el puesto que perteneció a su antiguo sensei.
-¿Satisfecho?
El mismo se giro con velocidad hacia su ex alumno, que le miraba con indiferencia y seriedad total; Sasuke parpadeo y bufo con cierto aire de diversión en ello, pues no todos los días –y no es como si hubiese compartido muchos con el hijo del colmillo blanco– podía apreciar al notable ninja copia tan alterado y nervioso como en ese momento. Hatake respiro profundo y al exhalar el aire, su postura se relajó y prontamente estaba repuesto, observando prontamente con cautela al Uchiha, quien permanecía sin alteración, acostumbrado al propio efecto de su Sharingan.
-¿Dónde estamos?
-…En el lugar en que residen las respuestas a tus dudas, Kakashi.
En ese momento, Kakashi volvió la vista a su espalda, siendo atraído por la interrupción de una risilla infantil revoloteando cerca de su ubicación. Abrió sus ojos con impresión y pronto cayo en cuenta de lo que el Uchiha había querido darle a entender con su anterior frase: Frente a sus ojos se desarrollaba una escena de lo más tierna y conmovedora para él. Kishashi Haruno, tan jovial y juguetón como él le conocía, giraba en su propia circunferencia mientras cargaba en brazos a una pequeña niña; la hermosa sonrisa en el rostro infantil de Sakura resplandeció cuando él le alzo al aire y le atrapo, besando sus mejillas mientras hacía un ruidillo chistoso, logrando que el grato sonido de sus carcajadas inundaran los silenciosos espacios del lugar. Un sutil brillo y la mirada de Kakashi reconocieron el colguije que hacia un tiempo había visto en Sakura. No había duda, Sasuke le había llevado dentro de los recuerdos de la Haruno alternativa.
El pelinegro se limitó a observar la escena con el mismo interés que su ex sensei, escuchando alrededor los débiles susurros de la pelirosa; Kakashi reparo en ello también y cuestiono al respecto, así que le explico que al ser los recuerdos de Sakura, no había forma de que sus pensamientos no se viesen involucrados directamente en aquella interacción con sus memorias. Era algo norma, supuso él, pues durante su batalla con Itachi había sucedido lo mismo: Su hermano había narrado algunas cosas, explicado y expresando sus propios pensamientos mientras le mostraba la vida de Uchiha Madara y sus propios "fines malignos". Entrecerró los ojos y entorno su vista sobre el jounnin con una arrebatadora firmeza.; kakashi le miro de la misma forma, sintiendo como nuevamente el entorno volvía a distorsionarse.
Y como un sueño, los recuerdos que deseó olvidar, resurgen del abismo para hacerse presentes.
Sakura Haruno vivía en un hogar amoroso, en una familia de las más importantes dado a que su Padre era Yondaime Hokage, y aunque eso le había dado algunas complicaciones, se podía decir que vivía feliz. Madre se encargaba de instruirle en casa sobre las labores del hogar, de cómo debía comportarme fuera y dentro de casa, el respeto y la sobriedad, la elegancia con el refinamiento de un intelecto nato y por supuesto, en los conceptos políticos a los que padre tuvo que recurrir para volverse hokage –Aunque siempre se preguntó en que podría beneficiarle ese conocimiento–. No paso mucho tiempo para que Sakura se sintiese vacía con aquella rutina, después de todo, ¿Qué era la imagen si ninguna de aquellas facetas era la verdadera Sakura? Pero aun cuando de vez en vez mostraba su molestia, las enseñanzas de mamá ya habían hecho mella en ella como para permitirse derrumbar el teatro que giraba en torno a la pequeña celebridad actual de Konoha que Sakura representaba.
A sus seis años de edad y aunque la gente solía pensar que a la "princesa de konoha" no le hacía falta nada, la verdad era que existían muchas cosas de las que carecía y que, a esa edad, le eran necesarias: Emociones, cariño, atención y reconocimiento. De mamá no era necesario siempre y cuando se comportarse como ella esperaba pero faltaba algo más: Su padre. Cómo Hokage, él tenía un sinfín de ocupaciones y en la gran parte de las ocasiones no estaba en casa, ella podía verlo de vez en cuando pero no obtenía la atención que necesitaba. Prontamente decidio enfocar sus habilidades en un campo al que su madre, pese a ser shinobi, se había negado rotundamente a permitir.
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-Entréname, papá…
-¿Entrenarte, dices…? ¿Pero en que, princesa?
-Quiero ser shinobi.
El silencio azoto la mesa donde la familia consumía el almuerzo por breves pero tensos minutos.
-…Discúlpame, princesa, ¿podrías repetirlo? C-Creo que no escuche bien…
-Quiero ser un ninja y para ello, necesito entrenamiento. –Mebuki suspiró
-Ya hablamos de esto, hija…
-¿Tu sabias de esto, Mebuki? ¿Hace cuánto?
-Hace poco, querido… Tu hija es una testaruda, sabe perfectamente que alguien de su posición no puede de ningún modo convertirse en shinobi. –Sakura gruño.
-¿Y por que no? ¿Por qué los aldeanos no aprovarian que la linda y tierna Sakura se dedique a ensuciarse las manos con sangre y lodo? ¿Por qué la reputación de mi padre y la tuya pueden ensuciarse si fallo? –Mebuki se puso en pie, con claras intenciones de armar escandalo, pero no se lo permitio.- Llevo dos semanas intentando decírtelo, pero a Mamá no le agrada la idea y me a prohibido siquiera mencionarlo… Supongo que en tu ausencia no has podido notar que prácticamente soy prisionera de sus extraños complejos de aceptación social.
-¡Sakura, ya basta!
-Lo siento, Mamá, pero no voy a seguir así. Siempre he estado haciendo mi mejor esfuerzo en complacerte y cumplir tus decesos, ¡¿pero que hay de mi?! Hago todo lo que me dices, me comporto como todos esperan y no recibo el más minimo incentivo de recompensa por ello.
-¿Pero que estás diciendo? ¡No debes contestarle a tus mayores, especialmente a tus padres!
-¡Lo vez, siempre ha sido así! ¡Una y otra vez, siempre estoy buscando que estés feliz obedeciendo tus órdenes pero no recibo nada sincero, nada de Papá! Hasta ahora eso era más que suficiente pero… Sé que soy una niña pero quiero decidir por mi misma que es lo que quiero hacer. ¡Y quiero contar aunque sea una vez con algo de su apoyo y atención! ¡Que me mire y diga: esa es mi hija! ¿Es mucho pedir? -Sakura bajo la vista, frustrada.
Kishashi ensancho los ojos con total sorpresa, quedándose pasmado ante sus palabras, dejando caer de sus manos el periódico matutino del que leia anteriormente; Mebuki, por su parte, gruño y entorno sus ojos llenos de furia sobre la pelirosa, quien ignoró su reproche aunque sabia que luego de que su padre se fuese, su madre le daría una dura reprimenta. Luego de algunos segundos, Kishashi se acerco a Sakura y acaricio su cabellera con cariño mientras sus ojos la observaban con tristeza.
-Entiendo, Saku-chan, debe ser difícil para ti sobrellevar esto y quiero disculparme por no ser el padre que deseas, eres una niña inteligente y muy especial… Pero no puedo cumplir ese capricho tuyo. No voy a dejar que seas un ninja, Sakura.
-…¿P-Porque no? Papá, en verdad quiero hacerlo. ¡Se que sere la mejor!
-No seas ingenua, cariño, la vida de un shinobi esta en las sombras, carga con demaciadas responsabilidades y te pone en situaciones que se debaten entre la vida y la muerte. Eres mi bebé y no toleraría que alguien pusiese una mano sobre ti. Imaginar que de permitirte hacerlo y por esa causa salieses herida o aun peor… -Kishashi cerró los ojos, frunciendo el ceño para después abrirlos de nuevo y mirar, severamente, a su hija.- No serás un shinobi y no esta en discusión. No voy a arriesgarme a perderte, no lo soportaría. Quiero que vivas como un sivil, que te cases y seas una buena esposa, que te encuentres lo más alejada del peligro y de la vida de un ninja. Y lo siento, Sakura, aun si me odias por ello no voy a cambiar de opinión.
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Al día siguiente de esa discusión, recibio la noticia de que nunca podría ingresar a la academia ninja por orden directa de su padre y su madre, fuera de intentar consolarle, simplemente aumento su preparación en el mundo de "la alta alcurnia". Aun en su frustración, Sakura no dio su brazo a torcer tan facilemente: Se dedico a leer grandes cantidades de libros y rollos que pedía prestados -O robaba– de la biblioteca para informarse con respecto a las actividades y habilidades de un ninja, recolectando datos a través de la observación que hacía a algunos niños que entrenaban en la academia mientras se dirigía a casa cargada de documentos. En secreto, escapaba por las noches y huía a las afueras de la aldea, donde se dedicaba a poner en práctica todo lo aprendido. No paso mucho tiempo para que se diese cuenta de que alguien le observaba desde las sombras y al principio pretendio no prestarle atención, hasta que después de algunas lunas, la persona que vigilaba sus pasos se hizo presente frente a sí.
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-Eres sorprendente…
La pelirosa frunció el ceño, girándose a mirar a aquel desconocido tras suyo. La luz de la luna emergió entre las nubes y permitió que sus orbes observasen con más detalle al intruso en sus rutinas de entrenamiento: Se trataba de un chico que le dejaba imaginar que tenía por lo menos 16 o 17 años, su cabello era oscuro y estaba atado en una coleta baja y sus ojos, tan negros como su propio cabello, le miraban con interés.
-¿Quién eres y porque has estado observándome?
-Lo notaste, ¿hace cuánto?
-Dos semanas atrás… La primera vez escuche algunos ruidos, supuse entonces que alguien más venias a este bosque a entrenar, así que no quise inmiscuirme. No como tú, fisgón.
-Esas son palabras muy rudas e inadecuadas viniendo de una niñita. Aunque no es de extrañar, siendo la princesa del Hokage, no esperaba menos. –Sakura gruñó.
-Si no vas a decir algo más, lárgate y déjame tranquila.
Sakura tomó un par de kunai y los lanzo, algunos quedaron clavados en el árbol pero otros cayeron notablemente lejos de su blanco. Gruñó y maldijo, escuchando la risa baja de ese chico; girándose para gritonearle, no contó con que tropezaría con sus propias herramientas hasta caer con poca gracia sobre el suelo. Incorporándose, Sakura se percató de que tenía un corte a lo largo de su mano y pese al dolor, maldijo de nueva cuenta por su torpeza. Un instante después y sin esperarlo, el pelinegro se hincó ante ella y rasgando la parte baja de su ramera, cubrió la zona con la tela cuidadosamente.
-Deberías tener más cuidado con esas cosas, cuando utilices estas armas procura recogerlas y no dejarlas tiradas por ahí como si fuesen juguetes de plástico.
-¿Por qué haces esto?
-No lo sé con exactitud… Pero desde la primera vez, vi en ti algo de mi reflejado en tu persona. Te observe y realmente tienes un potencial, aunque por lo que veo no estas invirtiendo el tiempo que se le requiere ni en la forma precisa para ello.
-No soy estúpida, sé que no es la forma pero no me queda de otra. Hay personas a las que no les convence la idea.
-¿Y qué es lo que quieres tú? –Ella bajó la mirada con tristeza.
-Q-Quiero ser la mejor kunoichi de konohagakure, yo… quiero lograr que papá este orgulloso de mi por mis propias acciones y no por la opinión pública. Pero él no lo entiende… Me ha prohibido asistir a la academia y juró impedírmelo a cualquier costo.
-Ya veo… Puedo suponer que Kishashi-sama tiene buenos motivos para hacerlo, es un hombre que se preocupa por su hija y no lo culpo, los humanos hacen cualquier cosa para proteger a quienes más aman a costa de ganarse su odio, de provocarle dolor o inclusive a costa de impedirles obtener la felicidad que anhelan. –Siseó y llevo la mano herida de la niña a sus labios, besando sutilmente sus nudillos, sonrojándola a más no poder por primera vez.- Pero si me lo pregunta, creo que es una exageración total, además de una total perdida de talento. Por otro lado y se me permite decirlo, no todo está perdido para usted y creo que yo tengo la solución perfecta para su problema…
-¿U-Una solución?
-Yo le entrenare, Hime-chan, le ayudare a convertirse en toda una kunoichi.
El pelinegro se puso en pie y se giró, emprendiendo lenta caminata de regreso a la oscuridad del bosque. Sakura no cabía de la impresión y sin pensarlo mucho, se puso en pie y corrió hasta alcanzarlo, deteniéndole al sujetarle de la manga de su ramera. Él le miro por sobre el hombro, con clara duda en sus orbes oscuros.
-Repítelo.
-Voy a entrenarte, Sakura-Hime… Si continúas con estas rutinas sin supervisión alguna más que simple teoría, terminaras lastimándote en lugar de sacarle provecho. Como tal, pienso que sería fructífero que entrenases bajo la tutela de alguien experimentado y tienes suerte, te encontraste con la persona indicada para ello. –Sakura pretendió refutar pero el golpecillo de los dedos del chico sobre su frente le detuvieron. Luego de soltarse de su agarre, él pretendió seguir su camino.- Estando todo claro, te dejare pensar tu respuesta… Mañana a esta misma hora ven al bosque, estaré esperándote en este lugar. Si no vienes daré por entendido que rechazaste la propuesta, y si al contrario te presentas aquí puntalmente… Bueno, pondremos manos a la obra.
-¡Oye, espera un momento! ¿Cómo sé que no mientes? ¡Aun no sé quién eres, Shannaro!
Por segunda vez él se detuvo mientras las nubes ocultaban la luna, oscureciendo la escena entre ellos; Sakura noto con dificultad una clase de símbolo impuesto a la espalda del mismo, aunque no pudo distinguir de que se trataba con exactitud. Al cabo de unos segundos, la luz iluminó el rostro de aquel joven que le sonreía de medio lado sin rastro de arrogancia, mostrando solamente una simple sinceridad reflejada en su amable rostro marcado por unas largas ojeras.
-Itachi… Uchiha Itachi.
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Al salir el sol al siguiente día, corrió a buscar información que hablase con respecto a ese tal Itachi y grande fue la sorpresa al darse saber que él formaba parte de los cientos de shinobi a las órdenes de su padre. Itachi Uchiha, además de pertenecer a uno de los clanes más antiguos y poderosos de todos, también era hijo de Fugaku, el líder del clan y aun mejor, era reconocido por ser todo un genio. ¡Con tan solo 13 años, él había ascendido a Ambu! Acepto su oferta sin dudar y con los días que estuvo a su lado, Sakura desarrollo un gran respeto y admiración por él. Itachi no solo era inteligente y filosófico, sino que también tenía grandes habilidades como ninja; pero por sobre todas las cosas, era un hombre amable, carismático y educado, sin proponérselo, Itachi ganó su afecto al punto en que lo veía como un hermano mayor. Gracias a él, las noches de entrenamiento rendían frutos.
El Uchiha fue una pieza fundamental en la creación de los ideales en Sakura, le ayudo a fijarse metas, a ser ella misma por sobre las cosas que se suponía debía ser para el resto; por primera vez al andar por la aldea no se sentía tensa, no le importaba si hablan bien o mal de su persona, si su ropa era inadecuada por estar sucia o rasgada por milésimas… En ese entonces, no era la hija del hokage; solo era Sakura y nada más. Un día, Itachi le cito para realizar entrenamiento a plena luz de la tarde que le traería una grata sorpresa. Ese día también establecería un vínculo emocional del que no se haría consiente hasta mucho tiempo después.
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-Estúpido Uchiha… ¿Quién se cree que es, Shannaro?
Sakura dejo de encaminar golpes y patadas a su clon, que desapareció instantáneamente en una nube de humo. Hacia buen rato que estaba entrenando y eso no habia ayudado en nada a bajar su mal humor, después de todo, Itachi sensei le habia citado y el muy desgraciado le dejo plantada totalmente. ¿Podrían creerlo? Él bastardo le habia dejando esperando bajo el abrazador calor durante tres horas y media. De pronto escucho un par de sigilosos pasos acercándose a su posición y en cuestión de segundos, una de sus manos se condujo a su estuche de armas, empuño un kunai y con una velocidad envidiable, lo lanzo hacia el intruso. Para su sorpresa, el intruso que habia detenido efectivamente su arma bloqueándolo con otro kunai no era otro que su propio padre, Kishashi Haruno. Asustada por el regaño que obtendría al ser descubierta, retrocedio y miro nerviosamente cada movimiento de su padre, que se encamino a ella, sin perderla de vista y sin emitir palabra alguna al respecto.
- Todos esos blancos… ¿Has sido tu quien les ha dado? –Dijo Kishashi, mirando a su alrededor.
-S-Sí.
-No lo creo… Una niña de tu edad simplemente no podría darle a todos, es imposible.
-¡Tsk! Pruébame.
Kishashi ensancho sus orbes cuando su hija comenzó a atacarle con un taijutsu que le hizo ponerse realmente serio al combatirla. Sakura no iba a permitir que le subestimaran, ni siquiera su propio padre tenía derecho a hacerlo. Era cierto que solo era una niña pero aun en ese momento había cosas que podía hacer y pensar mejor o a la altura de cualquier adulto. En ese momento, bloqueando los puños y patadas de Sakura, Kishashi entendió que ella ya no era una bebe, entendió lo que había intentado decirle aquella mañana cuando revelo su deseo de ser shinobi; a sus ojos. En un parpadeo, Kishashi detuvo totalmente a su hija sometiéndola a un abrazo. Ella no se quejó, estaba totalmente perpleja. Él le separo ligeramente para observar su rostro con una sonrisa.
-Discúlpame por ser tan tonto, pequeña… Mi único deseo siempre, desde que te vi nacer, fue protegerte y verte feliz; aun así, en mi deseo termine por negarte muchas cosas… Quise creer que mi ausencia no te afectaría, quise creer que si tu madre te inculcaba ciertas conductas, llegaría el día en que el ser shinobi, más que agradarte, te resultaría inadmisible… Así te mantendría a salvo. –Siseó, acariciando la cabellera de Sakura.- Me equivoque, ahora veo mi error contigo. Te subestime y me negué a ver lo realmente había dentro de ti, sin duda, eres una niña muy poderosa y lamento no haberte dicho lo orgulloso que estoy de ti por todo lo que eres capaz de lograr. En verdad, no me equivoque al venir a verte.
-¿C-Cómo sabias donde encontrarme?
-Itachi vino a verme hace dos días y me hablo de tu entrenamiento. ¡No podía creerlo! Por un momento lo odie por ayudarte a ser un shinobi.
-¡¿Le has castigado?! ¡¿Es por eso que no ha venido?! ¡He sido yo quien lo escogí, papá, Itachi-sensei no tiene nada que ver en ello!
-Lo sé y es por eso que no le reprendí, aunque ese arrogante mocoso Uchiha no perdió la oportunidad para regañarme por mi conducta contigo… Debo decirlo, ese chico sí que es intimidante. Me propuso venir a observarte y me negué a ello pero luego, algo me impulso a venir pese a mi indignación… Para cuando llegue, tu primer movimiento fue arrojarme ese kunai. –Sakura respingo e intento disculparse, pero no se lo permitió. Sus orbes estaban fijos en el kunai que ella lanzo y que ahora reposaba sobre la tierra.- Desde el momento en que salí de la torre hokage para dirigirme a este lugar, repetí una y mil veces lo que sería mi letanía de enojo contigo, incluso pensé en un castigo adecuado a tu acción y sin embargo me dejaste sin palabras una vez me lanzaste ese kunai. La precisión, la velocidad… No cualquier ninja tiene una fuerza de empuje como esa.
-P-Papá…
-Eres mi mayor tesoro, Sakura-chan, estoy seguro de que serás una kunoichi reconocida en las naciones tanto por tu fuerza como por tu belleza…
-E-Espera, ¿eso quiere decir qué…? –Kishashi asintió.
-Revocaré mi orden, podrás asistir a la academia ninja cuando lo desees.
Los labios de Sakura se curvaron en una enorme sonrisa, después de tanto tiempo, su padre le miraba de frente reconociéndola como alguien fuerte y capaz. Abrazo a su padre, prometiéndole ser la mejor en las clases, jurándole que no le decepcionaría y que estaría el doble o el triple de orgulloso de ella cuando sus acciones como shinobi hicieran reconocido el apellido Haruno; Kishashi correspondió, diciéndole que la amaba y que siempre estaría orgulloso de ella hiciese lo que hiciese, aun en sus derrotas y victorias, le prometió que estaría junto a ella siempre.
-Debo decírselo, ¡Itachi-san debe saber! ¿Sabes dónde puedo encontrarlo, papá?
-No le he dado ninguna misión, así que supongo que no ha salido en lo absoluto del barrio Uchiha. ¿Sabes llegar no? Puedes ir pero ten cuidado y compórtate ¿de acuerdo? Los Uchiha son muy reservados, no admiten a personas que no son de su linaje dentro de su distrito a no ser que se trate de mí.
-Entiendo, tendré cuidado.
Sakura emprendió camino rápidamente, despidiéndose de su padre sin dejar de moverse y se encamino por el bosque, cruzando por algunas calles de la aldea hasta llegar a las afueras de la misma, donde encontró la entrada de lo que era el distrito perteneciente al legendario clan Uchiha. Respiró hondamente y con paso firme, entró. A su alrededor, algunos de los Uchiha que se cruzaban en su camino se detenían y le miraban con curiosidad, otros muchos –tal y como había dicho su padre– le dedicaban una mirada furiosa acompañada de altos comentarios que dejaban en claro que no era bienvenida en ese lugar. Sin embargo, Sakura estaba más pendiente de la rustica pero agradable y tradicional decoración de las casas de ese lugar que de esa hostil actitud; se notaba claramente que eran un clan orgulloso pues en cada espalda, en cada puerta, en cada cartelón o tela, e inclusive en las paredes que delimitaban su hogar con el interior de Konoha, prevalecía el grabado del abanico blanco y rojo, símbolo idóneo de los Uchiha. Luego de darse cuenta de que estaba caminando sin rumbo fijo, se atrevió a detenerse frente a la casa de una anciana que yacía sentada en una butaca fuera de su hogar.
-Buenas tardes, señora, busco el hogar de Itachi Uchiha y me temo que me he perdido. ¿Podría indicarme por donde debo ir?
-¿Quién le busca?
Sakura se giró con rapidez a sus espaldas, encontrándose con un trio de hombres con la insignia Uchiha presente en sus ropas. A diferencia de los otros dos, el hombre que iba en medio y que denotaba ser el líder de los mismo, le pareció un poco más intimidante que cualquier otro Uchiha con el que se hubiese topado; trago saliva y le miro, intentando mantenerse firme, reconociendo prontamente aquel chaleco verde que acompañaba la vestimenta de ese señor como parte de la policía de Konoha –la cual estaba a manos de los Uchiha–. Él hombre por su lado dio un paso al frente y cruzo sus brazos sobre el pecho, mirándole con cautela.
-¿Y bien? Dices que buscas a Itachi pero es claro que no eres una Uchiha… ¿Quién busca a mi hijo entonces?
-¡¿Usted es su padre?! Eso quiere decir que usted es…
-El líder del clan, en efecto. ¿Ya responderás mi pregunta o me veré en la necesidad de obtenerla a la fuerza?
-¡D-Disculpe!… Soy H-Haruno Sakura, Fugaku-sama.
-¿Haruno? Entonces tú eres la hija del Hokage…
Sakura asintio ligeramente nerviosa pero con los orbes brillantes de orgullo ante el título de su padre. Fugaku le miro breves instantes para luego girarse a sus acompañantes que se retiraron y después, con voz demandante pero cordial, le indico que le siguiese. Caminaron en silencio y prontamente se encontraron en la residencia del líder del clan y que era, sin duda, la más grande de todas las que habia dentro del distrito; él le invito a pasar y sucesivamente, ambos fueron recibidos por una mujer de hermoso cabello negro. Sakura parpadeo sorprendida al reconocer a esa amable mujer.
-¿Mikoto-san?
-¡Hola, pequeña Sakura! ¿Qué haces por aquí? ¿Mebuki te a enviado o algo así?
-Está buscando a Itachi. –Respondió Fugaku.
-¡Ya veo! En este momento no está en casa, querida pero no debe tardar en regresar. ¿Por qué no lo esperas? Prepararé te y galletas.
-N-No quiero incomodar…
-Hn, no digas tonterías y siéntate. Si no lo haces, mi esposa no dejara de insistir en ello… Realmente es una molestia. -Comento Fugaku, caminando y después, sentándose a la mesa de la cocina.- Has venido hasta aquí, entonces, eres bienvenida a esperarle, Haruno-Hime.
Sakura acepto silenciosamente y mientras espero, comió de lo que la señora Uchiha le ofrecía. Sin duda, la comida de Mikoto era exc elente y aunque su marido no lo reconociera a pleno pulmón, Sakura podía ver en las breves miradas que él le dedicaba a su esposa que realmente le agradaba lo que ella cocinaba. En ese momento, Sakura pensó que los Uchiha no eran nada parecido a como la aldea los pintaba: Había escuchado rumores de lo crueles y fríos que eran, la historia tampoco les ayudaba mucho a forjar una reputación limpia pero siendo sincera, ahora que convivía un poco con ellos, supo que los Uchiha solo tenían una diferencia con el resto de la aldea y esa, era su forma de amar.
Si bien al primer vistazo todos los Uchiha eran serios –Inclusive Itachi– fuera de casa, dentro de ella, se comportaban distintos. Al igual que Fugaku, ellos no eran de muchas palabras, no eran de gestos constantes y públicos pero tenían su propia forma de expresar sus sentimientos: En las profundas miradas, en esas raras y torcidas sonrisas, en los breves y casi raros gestos de ternura sencilla y timida, en los silenciosos susurros que se dedicaban entre ellos cuando parecía que nadie los observaba. Itachi, Fugaku y seguramente todos los Uchiha eran así y eso, solo le produjo una sonrisa, por que al igual que ella, ese clan era visto superficialmente y nunca por su interior. Deseaba que algún día, alguien pudiera ver la magnificencia de esa escencia tan especial que caracterizaba a los Uchiha, tal y como ella presenciaba en ese momento.
Ojala alguien viese en ella su verdadero valor, así como Mikoto hacía con Fugaku.
Su análisis fue roto cuando la puerta corrediza se abrió y tras algunos pasos, la imagen de Itachi entrando en la cocina se hizo presente. Él le miro con sorpresa y luego sonrió, saludándola con un breve asentimiento para luego ir donde su madre y besar su mejilla. Una mirada a su padre y el saludo entre él y su progenitor se dio por entendido, ¿Qué tan orgullosos podrían ser los hombres Uchiha como para realizar semejantes actitudes entre ellos? Otra cosa que los caracterizaba, pensó Sakura. Itachi le hizo un gesto y tras ponerse en pie, le siguió fuera a lo que sería una clase de patio.
-Supongo que has venido a continuar con el entrenamiento que dejamos pendiente, ¿no es así?
-En realidad no, pero ahora que lo dice, creo que sería productivo hacerlo. –Itachi carcajeó.
-Opino lo mismo, pareces muy entusiasmada, puede que esta vez si puedas llegar a tocarme… Al menos lo intentaras, claro.
Sakura sonrió y comenzó su pelea con Itachi, luego de unos intentos, la teoría del mismo realmente fue cierta: Aun no era capaz de llegar siquiera a un par de centímetros de él. Chasqueo la lengua, estaba empezando a frustrarse de su situación, ¿Qué itachi simplemente era intocable o qué demonios? Itachi sonrio torcidamente, reteniendo los esfuerzos de la hija del hokage inmovilizando sus manos tras su espalda. Sakura maldijo y miró, con algo de extrañeza, la mirada curiosa que él le conducía.
-¿Y cómo a sido el encuentro con tu padre?
-¡Lindo! Papá y yo tuvimos una pelea de taijutsu luego de que intentara incrustarle un kunai en la cabeza pensando que eras tú…. –Itachi realizó un gesto de nerviosismo ante ello. Sakura aprovecho eso para zafarse y volver a arremeter contra él.- Papá me dijo lo que hiciste y vine a buscarte para contártelo, además de agradecerte…
-Yo no he hecho nada.
-Lo hiciste, Itachi, lograste convencer a papá de darme una oportunidad y mirarme por primera vez de frente. Aunque aún no te perdono por dejarme plantada, ¡estuve esperando por horas, Shannaro!
Un breve choque de puños y ambos dieron un salto hacia atrás. Itachi le miró con cierto asombro, viendo a la arrogante hija del Hokage sonreír anchamente, desprendiendo una ternura y alegría digna de un niño. Aun con el sudor que perlaba su amplia frente, aun con el cansancio y las mejillas sonrojadas, ella no perdía el brillante aura que flotaba a su alrededor. Estaba feliz y eso, causaba una sensación de alivio en Itachi. Él momento se vio interrumpido cuando un niño de la misma edad que Sakura entró a toda velocidad y abrazó a Itachi con fuerza. Por primera vez, Sakura observó una mirada completamente llena de amor y cariño por parte de Itachi, ¿pero quién era ese niño al que él le profesaba tanta adoración?
-Bienvenido, Ototo… ¿Cómo estuvo la academia?
-¡Fue fabuloso, Nii-san! Tuvimos lección de shuriken… Oye, Nii-san, ¿quién… es ella? Ella no es un Uchiha.
-…Una amiga mía. ¿Quieres presentarte? Es de mala educación recibir así a las visitas. –el menor se giró a ella, titubeante.
-Yo… ¡Tsk! Mi nombre Sasuke.
-…Sakura.
Ambos se miraron fijamente, encontrando una extraña conexión entre ellos que se manifestó en ambos de distinta manera pero en Sakura fue una rara sensación en su estómago, como si algo se removiese inquietamente en su interior a la par de la ligera opresión que sintió en su corazón. Él no despego sus ojos de ella ni un poco, de la misma manera en que ella intento mantenerse inamovible ante su mirar y sin embargo, fue Sakura quien cedió, removiéndose un poco en su sitio. ¿Qué era lo que tenían los Uchiha en su estúpida mirada que la ponían fácilmente nerviosa? Aunque si lo pensaba, no se trataba únicamente de su mirada pues ese niño tenía un sinfín de razones para intimidar.
Sasuke era, a su parecer, bastante… lindo, diría ella. Sus orbes eran de un negro demasiado profundo, incluso más que los de su hermano; su cabello también era oscuro aunque reflejaba una tonalidad ligeramente azulada y eso le gusto, pues esa tonalidad resaltaba la palidez de su piel, que de por sí, ya dejaba en claro que era demasiado suave y tersa. Repentinamente se sintió desorientada al entender que ese niño le era interesante y se sentía extrañamente débil con solo mirarlo, aunque atribuyo ese sentir a su entrenamiento. Inmediatamente después, Sasuke pareció cambiar radicalmente su actitud pues le miro con cierto recelo y se giró, ignorándola inmediatamente para observar Itachi.
-Nii-san, ¿puedes ayudarme con mi lanzamiento de shuriken?
-Lo siento, Sasuke, pero en este momento estoy ocupado ayudando a Sakura-chan con su entrenamiento.
-¡¿He?! No es justo, Nii-san, siempre haces los mismo. ¡Dijiste que me ayudarías al volver de la academia!
-Lo haremos luego, ¿sí? Ahora debo seguir con Sakura-chan.
-No es necesario, ya debo irme a casa.
Sakura camino de regreso al hogar Uchiha, encaminándose seguidamente a la salida, teniendo tras de sí los pasos de Itachi; mientras se ponía las calzas, Mikoto paso por el pasillo llevando consigo una canasta de ropa sucia a la par en que Fugaku salía de la cocina con un vaso de agua en la mano. Sasuke por su parte, miraba todo desde la distancia pocos metros detrás de su hermano Itachi, quien ya estaba en el marco de la puerta observándola prepararse para irse.
-Gracias, Itachi, es por ti que papá cambio de opinión.
-No hay que agradecer, la verdad no he hecho nada. ¿Estas segura que debes irte ya? No hemos tenido un entrenamiento adecuado.
-Mi intensión al venir a buscarte no era entrenar, de cualquier modo debo regresar, papá estará esperándome para hablar con mamá. Seguramente a ella no le agradará… -Siseó, realizando una mueca de disgusto. Luego, miro a los padres de Itachi y se inclinó rápidamente.- Muchas gracias por guiarme y recibirme en su hogar, Fugaku-sama, Mikoto-san, ha sido agradable. Espero no haber sido una molestia. Me voy ahora, Itachi…
-Ve con cuidado, te veré luego
Sakura asintió y sin pensarlo, sus ojos se encontraron con Sasuke quien le miraba con fijeza, respingo con rapidez y salió de la casa con una rápida despedida; una vez fuera del barrio Uchiha y sin detener su carrera hacia su hogar, Sakura no pudo evitar preguntarse por qué sentía otra vez aquella sensación en el estómago y qué era lo que significaba.
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En ese entonces Sakura no tenía ni la más mínima idea de que era lo que ese niño ocasionaba en ella y la verdad era que en ese preciso momento no le importaba enfrascarse en una discusión conmigo misma para darle definición a aquella sensación; cuando diviso su hogar a la distancia, solo fue consciente de la boba sonrisa que se formó en sus labios al recordar la grata noticia que papá le dio esa tarde. Pero como todo, siempre habría algo que saliese mal y que arruinase el momento; aunque afortunada o desafortunadamente para ella, la situación ameritaría su primer contacto con la otra de las personas que, en un futuro, consideraría un vínculo especial en su vida: Uno que luego se vería forzada a romper.
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-¡Cuidado, puedes resbalarte! –Formulo un niño, que sucesivamente empujo a Sakura al suelo.- ¡Oh, lo siento, no me di cuenta!
La pelirosa miro desde el suelo al diminuto grupo de niños que en ese instante había interceptado su camino y ahora, disfrutaban de agredirla con empujones y palabras. No los conocía y tampoco deseaba conecerlos y sin embargo, ellos parecían conocerla muy bien, ¿pero quien no lo haría, si era la hija del Hokage y a quien muchos niños debían tener envidia? Sin intención de responder sus agresiones –Más por un raro y vago sentido de lastima hacia ellos–, se limito a mirarlos con ira comprimida en sus orbes jade, que ya tenían claros signos de querer desbordarse en lagrimas de frustración. ¡Ella podría patear su tracero, shannaro! Y sin embargo no se movio, por que por primera vez recibia algo sincero de los aldeanos.
Era el odio y rencor que ellos mostraban con sus burlas y empujones, lo que hacia sentir en Sakura la masoquista necesidad de quedarse así y dejarlos hacer lo que quisieran, por que ellos diferían de sus padres y del resto de los aldeanos, que siempre le miraban con ojos de distorcionada admiración y sonreían, soberbiamente, fingiendo siempre su comportamiento ante ella y sus padres. Pero otra parte de sí, la más humana, se estaba undiendo en un mar de lagrimas que necesitaban salir por que ninguna persona en su sano juicio aprecia el odio y ella, una niña que aunque fuera fuerte pero que en su interior era frágil, ciertamente no estaba hecha para soportar el dolor.
Un par de empujones más y sus lagrimas calleron, entre la dicha de esa nueva y verdadera sensación y la tristeza de recibir ese tipo de trato injustificadamente. Sus rodillas ardían al igual que hacían las palmas raspadas de sus manos y que ya comenzaban a expulsar un ligero rastro de sangre; cuando parecía que Sakura reaccionaria al fin de su letargo y actuaria en defensa propia, alguien más intervino en el asunto y alejo, con notable facilidad, al grupillo de niños que abusaban de ella. Sus orbes jade vieron frente a sí lo que sería un niño milésimas más alto que ella, de cabellera oscura y una ropa naranja imposible de no ignorar.
-Déjenla en paz, mocosos, o voy a golpearlos hasta que no haya un mañana. –Uno de los niños le observo.
-¿Marcas de bigotes…? ¡E-Espera! ¿N-No me digas que tu eres…? –El pelinegro sonrió, ocacionando que los otros niños retrocedieran alarmados.- ¡Tú eres el monstruo, eres la bestia Namikaze!
Y tras eso, el trio salio huyendo sin siquiera mirar atrás, dejando a Sakura totalmente sorprendida y confundida de aquel raro encuentro. Aquel niño al que llamaban "la bestia" se giro a ella y sus orbes azules le miraron con total amabilidad, que ocaciono un ligero sonrojo en la pelirosa. Él le ayudo a ponerse en pie, mientras la analizaba detenidamente con la mirada.
-¿Te encuentras bien? ¿Puedes caminar? Esas rodillas tuyas no se ven nada bien.
-Si, no es nada… Gracias por ayudarme. ¿Tú eres…?
-¿Qué quien soy…? ¡Espera, espera! ¡¿N-No sabes quien soy?!
-Si lo supiera, no estaría preguntando al respecto, ¿no crees? –Él parpadeo, carcajeando.
-Eres muy ruda como para verte asi de frágil, tal vez deberías fanfarronear así con otros y no conmigo, tu salvador, mocosa engreída. –Sakura enrojecio ahora de enojo, pero él no le permitio responder a sus palabras.- Por otro lado y lo que si es de sorprenderme, es el hecho de que no tengas ni una minima idea de quien soy yo. Por lo regular todo el mundo hulle al verme…
-¿Huir? ¿Por qué deberían huir de ti?
-Bueno… Digamos que hay algo malo dentro de mi que causa que la gente me tenga miedo. Ya lo has oído, la aldea me conoce como "la bestia Namikaze", el monstruo…
Sakura observo el gesto de tristeza en el niño frente suyo y sintió que aunque tal vez las circunstancias fueran de diferente contexto, ambos compartían sentimientos en cuanto a lo que era no ser vistos por la aldea como en verdad eran y solo ser prejuzgados por el resto. Algo en su mirada azulada le hacía entender ese dolor. Con un suspiró, Sakura se decidió a ser sincera con alguien que no fuera Itachi.
-Yo no creo que seas un monstruo. –Él le miró incrédulo.
-C-Cómo… ¿Cómo puedes estar segura de eso? No me conoces…
-Bueno, es cierto que no te conozco pero sé que no eres alguien malo. Los aldeanos son estúpidos y solo hablan por hablar. ¡Es absurdo, shannaro! Además… Tú me salvaste, eso demuestra que no eres malo. –Exclamó, moviendo sus manos teatralmente. Él ensancho sus orbes un poco más- No se qué es eso que ahuyenta a la gente pero no creo que realmente seas una bestia o lo que todos esos estúpidos niños digan… A mi ver no eres ninguna clase de monstruo, solo eres un niño, igual que yo… Eso basta para mi.
-Ya veo… Esta es la primera vez que alguien me dice algo así. Se siente bien no ser repudiado, al menos por una mocosa engreída. –Sakura resoplo burlonamente y alzo su mano a él.
-Pues esta niña engreída tiene un nombre, ¿sabes? Mi nombre es Sakura, Haruno Sakura. ¿Y el tuyo?
El niño le miro por largos instantes, intercambiando su mirada entre su mano y su rostro, mostrándose un tanto indeciso sobre el significado de ese gesto y si debía o no, aceptarlo. Lentamente, su mano se alzo y sujeto titubeante la que la pelirosa le ofrecia; ante el apretón que ella le dio, como si se tratase de un saludo entre adultos, el pelinegro no pudo evitar sentirse en confianza y sonreir, de medio lado, mostrándose plenamente feliz de su encuentro con ella.
-…Mi nombre es Menma, Namikaze Menma.
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Sin darse cuenta y pese a no haber vuelto a toparse con Sasuke o con Menma, Sakura ya había sellado su destino al de ellos; en un futuro próximo, los tres serían los principales jugadores dentro de un juego de supervivencia que los llevaría al limite de sus emociones, obligándoles a darse cuenta de que los cuentos perfectos donde todo es amor y tranquilidad siempre comienzan con tragedias y desesperación. Ellos transitarían en un tortuoso camino lleno de espinas que les sangrarían sin piedad y teñirían sus senderos con ira, dolor y desesperación hasta que no quedara nada de si mismos…
Hasta que se decidiesen a despertar de la horrible pesadilla que serían sus vidas.
Hola! capitlo 31 y ya comenzamos directamente con las memorias de los tres miembros del alterno equipo 7. Quiero hacerles la advertencia previa de que puede que sean un tanto confusos los siguientes capitulos, dado a lo largo del asunto, los capitulos siguientes muestran la vida de Menma, Sasuke y Sakura hime por su propia parte pero con una secuencia de tiempo que se enlaza con los otros... Ya lo veran :D Nos vemos, gracias por seguir la historia y ya sabes que puedes dajarme un review para saber tu opinion al respecto;)
