Capítulo 2: Quiero verte

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Logro comunicarse con ella y termino planeando ir a la Sociedad de Almas para verla. Se quedó toda la noche viendo el techo preguntándose cómo demonios le prometió ir a ese lugar, mismo en el que sostuvo luchas, casi a muerte, por salvarla de morir.

―Es extraño. ―coloco sus manos detrás de su cabeza.

―¿Hum? ¿De qué hablas? ―Kon estaba adormilado.

―Nada, solo recordaba cuando pelee con Ikkaku, con el Capitán Zaraki, Renji y Byakuya.

―¡Ah! Déjame dormir, estaba soñando con nee-san. ―se acomodó nuevamente para dormir.

Ichigo no pensaba decirle palabra alguna a Kon de que iría a ver a Rukia, así que se fue antes de que despertara y comenzara a cuestionarlo. Solo se despidió rápidamente de su hermana Yuzu, quien le preparo un desayuno que no probo, antes de salir corriendo de su casa.

Al estar frente a la tienda de Urahara suspiro profundamente seguido de un gran grito de susto, pues Yoruichi apareció de la nada, en su forma gatuna, detrás de él:

―Buen día Ichigo.

―¡Ahhh! ―se volvió a verla con furia. ― ¡¿Quieres matarme del susto?! ¡No vuelvas a salir así de la nada!

―No exageres y entra de una vez, Kisuke está esperándote para que atravieses el portal que te conducirá a la Sociedad de Almas. ―se lamia la patita delantera.

―¿Eh? ¿Cómo supo que…? ―el enojo desapareció dando paso a la curiosidad.

―No seas tonto niño, era obvio que le pedirías ese favor tarde o temprano, y como lo predije fue más pronto de lo que imagine. ―comenzó a caminar hacia la tienda.

―¡Tsk! ―desvió la mirada al no saber que responder.

Y sin más remedio la siguió hasta el mismo campo desértico, subterráneo, en el que entreno antes de ir por Rukia. Al caminar un poco se topó con Ururu y Jinta a lado de Urahara, quien terminaba de preparar la Senkaimon artificial:

―¡Oh! Ya estás aquí Kurosaki, debo admitir que creí que tardarías en darte cuenta de que extrañas a Kuchiki. ―lo apuntaba con su bastón. ―Yoruichi, tenías razón, fue demasiado rápido.

―Te lo dije, ahora págame. ―la pequeña gata se subió al hombro de Urahara.

―¿Apostaron sobre lo que haría? ―los miraba con disgusto y parecía que su cuerpo ardía en llamas.

―Relájate, el punto es que deseas ir a la S. S. y nos necesitas para lograrlo. ―Tessai se colocó a lado del ojiambar.

―¡Ahhh! ¡¿Acaso quieren matarme?! ―golpeaba su pecho para apaciguar el susto.

―Ichigo, presta atención. ―Urahara le hablaba con seriedad. ―debes atravesar lo más pronto posible el Dangai, sino el Kouryu acabara contigo si detecta tu poder espiritual. Logre estabilizar el túnel para que pases sin problemas, el único requisito es que lo hagas en menos de cuatro minutos.

―¿Por qué en tan poco tiempo?

―Digamos que no es legal lo que estoy haciendo. ―se rascaba la nuca mientras reía a carcajadas.

―No me parece gracioso. ―lo miraba con un sentimiento de poca confianza.

―El Capitán del doceavo escuadrón se dará cuenta de que Kisuke intervino el Dangai, es por eso que solo puedes atravesarlo en ese corto tiempo. ―Yoruichi le dio un arañazo en la cara a Urahara.

―Sin mencionar que aún no soy muy bien recibido en ese lugar.

―Algo así, tendrás que ganarte la confianza de todos allá. ―Urahara se limpiaba la cara con un pañuelo.

―Muy bien, estoy listo.

Tessai, Ururu y Jinta activaron las palancas que estaban a su lado para accionar el Senkaimon, mientras que Urahara invitaba a Ichigo entrar por el portal.

―Bien, salúdanos a Rukia. ―Yoruichi seguía en el hombro de Urahara.

―Si.

El pelinaranja comenzó a correr antes de usar, inconscientemente, el shunpo para lograr llegar en cuatro minutos al Seireitei.

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Solo un día, solo paso un día de que él se fue al mundo de los vivos y ya pensaba en regresar, pero ¿Para qué? Rukia no dejaba de caminar de un lado para otro en su habitación, llamando la atención de su hermano:

―Rukia, deja de moverte de esa forma. ―la veía con la frialdad de siempre.

―Lo siento hermano. ―bajo la cabeza y la mirada.

―Quiero saber algo. ―se acercó un poco a ella.

―¿Paso algo entre Renji y tú?

―¿Eh? ―alzo la cara para verlo con desconcierto.

―Esta mañana estuvo distraído e irritado en el entrenamiento, y escuche algunos rumores de que los vieron caminar juntos.

―Yo…―no sabía que decirle. ―Solo conversamos un poco… ―aun así seguía viéndolo a los ojos.

―Solo te advierto una cosa, Rukia, ―le dio la espalda. ―no te enamores.

―¿No… enamorarme? ―no comprendía lo que escucho.

―Somos de una familia noble, no te está permitido enamorarte de cualquiera, y menos de un Teniente… ―la veía de reojo. ―… o un simple shinigami sustituto.

―¡Pero tú te enamoraste de mi hermana! ―se cubrió la boca ante su imprudencia.

―Losé, y no me arrepiento. ―comenzó a caminar.

―¡¿Entonces porque me prohíbes enamorarme de quien quiera?!

―¡Porque yo hice de lado el orgullo familiar y rompí reglas por Hisana y por ti!... ―se detuvo por un momento. ―No permitiré que tú hagas algo que deshonre, nuevamente, a la familia Kuchiki.

―No entiendo, ni siquiera soy tu hermana de sangre. ―quiso acercársele pero no se atrevió.

―No importa. ―comenzó a caminar otra vez. ―Quiero que comiences a sentir el peso de ser miembro de nuestra familia.

Cuando Byakuya desapareció de la habitación Rukia se dejó caer al piso con la vista pérdida en el vacío, intentando sumar una frustración más a su colección de sentimientos encontrados. Ni ella supo por cuantos minutos estuvo en ese estado pausado, sencillamente regreso a la conciencia al escuchar una campanilla de una mariposa infernal:

―¿Eh? ―levando su mano para que se posara en ella la mariposa. ― ¿Tan pronto?

Al escuchar el mensaje se levantó inmediatamente para salir corriendo de su habitación y de la mansión para ir a los límites del campo de entrenamiento de su escuadrón.

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Su velocidad era constante y todo indicaba que no tendría problemas con el Kouryu. Solo faltaba menos de dos minutos para llegar a su destino, sin embargo algo lo ilumino de pronto a su espalda: era el Koryu.

―¡Demonios! Ese maldito de Urahara dijo que no habría problemas. ―aumento su velocidad para lograr zafarse del problema. ― ¿Por qué se activó? ―lo observaba de reojo.

Ichigo estaba alcanzando su límite cuando de repente una cegadora luz comenzó a hacerse presente delante de él. Sonrió al saber que solo faltaba muy poco para llegar, aun así al estar a unos cuantos centímetros de la salida el Kouryu alcanzo parte de su ropa, rasgándola un poco de abajo, justo cuando se lanzó hacia un campo verde.

―Qué bueno que decidí venir como shinigami, sino me hubiera lastimado seriamente ―recordó como saco la píldora del peluche para tragársela y que Kon cuidara de su cuerpo. ― ¡Hum! Espero que ese tonto no haga algo indebido mientras ocupa mi lugar.

Presto atención al lugar en el que había caído, cayendo en la cuenta de que estaba solitario y algo alejado de la mansión de Byakuya, así que emprendió su camino para encontrarse con Rukia. Mientras avanzaba se dio cuenta de que una mariposa infernal estaba revoloteando a su lado:

―¿Hum? ¿Podrías guiarme a donde esta Rukia? ―dejo que se posara en el dorso de su mano.

La admiro por unos segundos antes de que se alejara con su inconfundible tintinar. Sencillamente la vio alejarse al mismo tiempo que una figura se interpuso en su visión:

―¡Ey! Hola, ¿Cómo…

―Ya hiciste lo que tenías que hacer, ¿A qué regresaste? ―lo miraba con disgusto.

―Es personal, no causare problemas. ―su sonrisa fue reemplazada por su típico ceño fruncido.

―No me importa, vete de aquí. ―coloco su mano cerca del mango de su espada.

―Ya veo, no me dejaras avanzar… como aquella vez. ¿No quieres que vea a Rukia, cierto?

―¡Tsk! ―desenvaino su espada. ―Aléjate de ella. ―bajo su cabeza para ocultar sus lágrimas de coraje. ― ¡Solo no te acerques a ella!

―Lamento decirte que no obedeceré. ―cogió su espada, que estaba colgada en su espalda y sostenida por un rosario rojo. ―Vine a verla… te guste o no.

―¡No lo permitiré!

Un choque de espadas resonó en el silencioso espacio junto a un grito de enfado y preocupación:

―¡Deténganse de una vez!

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Avanzaba lo más rápido que su shunpo se lo permitía, no sabía si sentirse feliz, triste o nerviosa; las palabras de su hermano aun le daban vueltas en la cabeza.

Al llegar al cuartel de su división se las ingenió para que no la vieran y poder llegar sin problemas hasta donde energía la energía espiritual de Ichigo.

―Ese tonto, aún no sabe controlar su reiatsu. ―se detuvo de golpe a sentir una descarga repentina de energía espiritual. ― ¿Pero qué demonios ocurre?... No… no puede ser… ―tras impresionarse siguió corriendo para impedir una tontería.

Mientras más cerca estaba podía visualizar dos figuras que chocaban espadas mientras liberaban una considerable cantidad de reiatsu.

―¿Hermano?... ¡No lo hagas! ―aún estaba algo lejos como para que la escucharan. ―aumento su paso al sentir miedo. ― ¡Detente! ―al estar más cerca se detuvo para poder gritar con más fuerza. ― ¡Deténganse de una vez! ―ambas figuras pararon al escucharla gritar.

―¡Tsk! No te entrometas, lárgate de aquí.

―No lo haré, Renji. ―se impresiono al notar que no era Byakuya. ― ¿Por qué se atacan?

―Tranquila… fue un saludo amistoso. ―Ichigo trataba de limpiarse la sangre que escurría por su frente.

―Ichigo.―corrió hacia él.

No se hubiera fijado en las heridas de Renji si no le hubiera bloqueado el paso con su espada. Rukia estaba a un par de metros de Ichigo, pero tenía que afrontar a su mejor amigo.

―También estás herido. ―observaba como un riachuelo de sangre recorría su brazo derecho, así como vio que su cabello estaba suelto. ― ¡Ah! Tu cabello. ―intento tocarlo.

―Déjalo.―atrapo su muñeca con fuerza. ―solo me lastimo un poco en la cabeza.

―Déjame curarte.

―No… cúralo a él. ―la soltó aventando su mano.

―Renji… espera ―paso junto a ella al mismo tiempo que envainaba su espada.

El pelirrojo se alejó en silencio y a pesar de que Rukia pensó en detenerlo algo le impidió moverse para alcanzarlo, solo se quedó parada observando cómo se alejaba. Pronuncio en voz baja su nombre con un dejo de tristeza en el viento que anunciaba más problemas:

―Kuchiki, Kurosaki.

―¿Eh? ―una voz amable la saco de su desánimo.

―Ukitake.―Ichigo se acercaba al Capitán.

―¿Qué hacen en el campo de entrenamiento? ―sonreía. ―Pudieron meterse en problemas, no me sorprendería que el Comandante ya lo supiera.

―Capitán, no debería de estar aquí, está enfermo.

―Tranquila Kuchiki, estoy bien, además no me hace daño salir a respirar aire puro de vez en cuando. ―suspiro un poco antes de toser. ―No hay problema, estoy bien. ―sonreía.

―Lo siento Ukitake, todo fue culpa mía. ―el ojiambar estaba serio.

―Cuéntenme los detalles en mi habitación, comienzo a sentirme un poco mal.

Rukia e Ichigo acompañaron a Ukitake hasta su habitación para darle razón de la pelea con Renji, al igual que la repentina visita del pelinaranja un día después de haberse ido.

―Ya veo. ―ya estaba recostado en su futón.

―Lo sentimos Capitán. ―Rukia hacia una pequeña reverencia.

―No tienes por qué disculparte Kuchiki. ―la miro con ternura. ―Yo me encargare de explicarles todo al Comandante y a los demás capitanes, así que pueden irse juntos.

―¿De verdad? ―la ojivioleta levanto la vista junto a una sonrisa dibujada en su rostro.

―Diviértanse, también me encargare de Byakuya.

―Gracias Ukitake. ―Ichigo terminaba de colocarse una venda en su brazo.

―Lo veré después en los entrenamientos. ―Rukia se despidió.

Rukia estaba realmente tranquila al saberse apoyada por su capitán y eso lo notaba Ichigo, quien se alegraba de verla sonreír un poco después de que fuese capturada.

Al caminar por la capitanía ambos se mostraban nerviosos pues muchos los observaban con expectación, el único que se alegró de verlos fue Hanataro Yamada, quien tropezó frente a ellos:

―Hanataro, ¿Qué haces en el escuadrón trece? ―Rukia lo ayudo a levantarse.

―Rukia, Ichigo. ―sonrió y abrazo a la ojivioleta. ―Es bueno verlos, ¿Huh? ¿No se supone que deberías estar en el mundo de los vivos? ―señalaba al pelinaranja.

―Pues… sí… ―lo miraba sin saber que responder.

―¡Ah! Ya veo, viniste a ver a Rukia. ―sonrió aún más.

―¡Eh! Hanataro, no me has dicho que haces aquí. ―quiso cambiar el tema.

―¡Cierto! Vine a revisar al Capitán Ukitake, mi Capitana me envió. ―soltó a Rukia. ―Tengo que ir a verlo, sino me reprenderá la Capitana Unohana.

―Nos veremos luego Hanataro. ―Ichigo revolvió su cabello como despedida.

―Sí, nos vemos. ―corría al mismo tiempo que les decía adiós con la mano.

Rápidamente, ambos salieron del cuartel y comenzaron a caminar por las calles del Seireitei. El silencio los había rodeado y una que otra mirada indiscreta los seguía con curiosidad, hecho que comenzó a incomodar a Rukia y a fastidiar a Ichigo.

―¡Tsk! ¿No hay otro sitio en el que nadie nos mire como si fuera un extraño?

―¿Eh? Bueno… ―puso su dedo índice entre los labios. ― ¡Oh! Hay uno, nadie nos molestara, solo que está a las afueras del Seireitei.

―Pues vamos de una vez. ―Ichigo cogió la mano de Rukia para obligarla a ir por los techos para salir rápidamente del Seireitei. ― ¿Voy por buen camino?

―Sí, es al norte.

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Al entrar a su habitación dejo caer su espada a su lado al mismo tiempo que se recargaba en la puerta hasta sentarse en el piso; su pierna izquierda estaba estirada y la derecha doblada hacia el para poder recargar su codo y poder recargar su frente en su puño. No dejaba de apretar con fuerza sus dientes para tragarse el coraje, la ira, los celos y los deseos reprimidos.

―¡Eh! Disculpe Teniente, el Capitán Kuchiki lo está buscando. ―uno de los oficiales de su escuadrón lo llamaba del otro lado de la puerta.

―Gracias, iré en un momento. ―mantenía la misma posición.

―De acuerdo.

Al escuchar cómo se alejaba, Renji se incorporó para acercarse a la ventana y ver el cielo, preguntándose cómo es que acepto la amistad de Ichigo.

―No sé si arrepentirme o no. ―se recargo con una mano en el borde de la ventana. ―Agradezco que salvara a Rukia, sin embargo… ―tallo sus ojos con su pulgar y su dedo índice. ―… detesto la idea de que vea en Rukia algo más que amistad. ―tras suspirar, profundamente, se encamino para encontrarse con su Capitán.

Al llegar a la capitanía de su escuadrón se anunció. ―Capitán, soy Abarai Renji.

―Pasa.―estaba en el escritorio haciendo papeleo.

―Gracias.

―Renji.―soltó los papeles y lo miro a los ojos. ― ¿Qué estabas haciendo en el treceavo escuadrón?

―¿Eh? ―apretó con fuerza sus puños. ―Discúlpeme Capitán, fui imprudente, yo…

―¿Querías matar al shinigami sustituto?... ¿Pensé que eran amigos tras aliarse en el rescate de Rukia?

―Sí, lo somos.

―Renji…no me importa si son amigos o no, o si quieres matarlo. ―se levantó. ―Lo que si me importa es que involucren a mi hermana. ―camino hasta estar frente al pelirrojo. ―Aléjense de ella. ―le dio la espalda y se acercó a la ventana. ―Cuando llegue el momento en que deba casarse será con alguien de la nobleza y que sea digno de ella.

―Lo sé Capitán. ―mantuvo la cabeza en alto pero su mirada baja.

―Me alegra que lo recuerdes. ―se sentó nuevamente para proseguir con su papeleo. ―Puedes irte.

―Sí.

Al salir de la oficina, Renji se llenó nuevamente de enojo y desesperación pues no solo tenía de por medio a Ichigo, sino que Kuchiki Byakuya era el mayor obstáculo que le impedía acercarse al amor de su vida.

Necesitaba desesperadamente desahogarse así que se encamino al único lugar en el que nadie lo buscaría.

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Rukia guió a Ichigo hasta la saliente de una montaña que apuntaba hacia el Seiteirtei. El pasto era realmente verde y el viento soplaba con fuerza.

―Es muy tranquilo. ―Ichigo iba detrás de la ojivioleta.

―Sí, es el último lugar que visite antes de ingresar a la Academia. Hace décadas que no me acerco a este lugar. ―se acercaba a tres cúmulos en la orilla de la saliente.

―¿Hum? Rukia… ¿Qué es eso?

―Mi pasado. ―se inclinó ante los cúmulos. ―Son mis amigos de la infancia.

―Lo siento. ―se rasco la cabeza mientras se acercaba a ella.

―Ellos no tenían poder espiritual como Renji y yo. ―cerro los ojos al recordar. ―Y a pesar de eso nos apoyaron en la idea de ingresar a la Academia de Shinigamis. ―se incorporó y miro el horizonte. ―Poco tiempo después comenzaron a morir uno por uno. Me canse de verlos morir, de vivir de la carroña y en la miseria.

―¿Por eso decidieron irse? ―quería tocar su hombro pero algo lo detuvo.

―Sí. No me fue difícil convencer a Renji pues ambos ya estábamos hartos.

―¿Por qué me cuentas esto? ¿Por qué me trajiste aquí si te traer tristes recuerdos? ―quería abrazarla pero no sabía si era lo correcto o no.

―Es un sitio especial para mí, además… ―dudo un poco antes de continuar. ―… además yo quería que mis amigos...

―¿Querías que ellos que, Rukia? ―una voz, a sus espaldas, la interrumpió.

Al voltearse para ver de quien se trataba se sorprendieron al ver a Renji: su semblante era serio y más tranquilo, aun así Ichigo cogió el mango de su zanpakuto por si la necesitaba. Por su lado, Rukia se acercó al pelirrojo para averiguar que hacía en ese sitio:

―También eran mis amigos, incluso antes de conocerte.

―Lo sé.

―Ichigo.―se le acerco. ―Lamento el recibimiento que te di hace un rato.

―¿Qué? ―estaba confundido. ―Renji… ¿Estas bien?

―Sí. Tengo mis arranques de locura… ―desvió la mirada. ―… después del rescate de Rukia algo cambio. No se cómo explicarlo, simplemente sé que… algo cambio.

―Renji…―lo sujeto de la manga de su kimono.

―¡Ey! No eres así, eres una mujer fuerte. ―no dejaba de darle la espalda.

―Yo…―no evito llorar. ― ¡Ya no lo soy! ¡Ya no soy fuerte! ―se puso de cuclillas y cubrió su rostro con sus manos. ― ¡Ni siquiera sé que es lo que siento!... ―no sé qué siento en realidad por…―sollozo un poco.

Renji cerró sus ojos y sus puños, con fuerza, al comprender que su amiga se encontraba en un enfrentamiento interno por acomodar sus sentimientos. Aunque para él era claro a quien quería.

―Rukia.―el ojiambar quiso acercarse, pero Renji lo detuvo.

―Déjala.

―¡Tsk!

―El capitán Byakuya me dijo que no permitirá que Rukia se enamore.

―¿Quién está hablando de eso? Solo quiero ver que este bien.

―¡No! ¡Si sigues acercándotele la confundirás más y cuando ya no vuelvas más ella sufrirá!

―¡Conmigo no sufrirá!

Tanto Renji como Rukia se callaron y observaron a Ichigo con expectación. El pelinaranja no dudo, ni antes ni después, de lo que dijo; a pesar de negarlo ante Urahara, sus amigos y él mismo. Esta ocasión estaba realmente seguro de lo que decía.

―¿A qué te refieres con eso?

―Ya lo dije, conmigo no sufrirá porque no la dejare sola.

―Eres un shinigami sustituto, no estarás aquí mucho tiempo, además… no creo que dejes a tu familia, tus amigos y tu vida así como así.

―¡Tsk!

Dudo, Ichigo dudo por un segundo ante el argumento del pelirrojo pues su lógica hizo que comenzara a cuestionarse cosas que no había hecho antes. Mientras tanto, Rukia se incorporó para estar frente a su amigo:

―¿Mi hermano sigue queriendo que me case con alguien noble?

―Él me busco para decírmelo. Me dejo claro que no me acercara a ti. ―miro a Ichigo.―Y por la forma en que me lo planteo dio a entender que tampoco él podría estar cerca de ti.

―¡Byakuya no puede decidir si me acerco a Rukia o no! ―el pelinaranja se enfureció.

―Si puede hacerlo. ―Rukia bajo la mirada y coloco sus brazos a los costados quedando completamente tiesa. ―Él es la cabeza de la familia Kuchiki, por ende decide por los miembros de su familia lo que es mejor para ellos.

―Pero tú no eres su hermana de sangre. ―Ichigo no lo aceptaba.

―¡No digas más!... ―no quería verlo a los ojos. ―Renji tiene razón: no puedes dejar tu vida, además yo tengo la mía aquí y será la que mi hermano decida.

―No puedes decir eso. ―quiso acercarse a ella.

―¡No te acerques! Ya tengo suficiente con no saber que siento, aun no olvido al amor de mi vida y de pronto apareces tú… eres idéntico a él y al mismo tiempo tan diferente… ¡No sé qué siento! ¡No sé si te quiero a ti o al recuerdo de él!―Rukia se alejó lo más rápido del lugar.

―¡Rukia, espera!

―¡Déjala!

Renji sujeto del brazo a Ichigo para evitar que fuera tras de ella, provocando que este desenvainara su zanpakuto libreando inmediatamente el Bankai.

―¡Cálmate idiota!

―¡¿Cómo quieres que me calme?!

―No me dejas otra opción… Bankai. ―Renji estaba dispuesto a detener a Ichigo a toda costa, aun sobre su amistad.

Las cosas se salieron de control, tanto que la Capitana Soi Fong tuvo que tomar cartas en el asunto, después de recibir una orden directa del Comandante Yamamoto. La unidad de fuerzas especiales llego en un abrir y cerrar de ojos para detener la pelea, llevarse a los involucrados e interrogarlos por haber liberado las zanpakutos sin permiso.

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No se detuvo hasta llegar a la mansión de su hermano, incluso corrió por los pasillos hasta llegar a su habitación y encerrarse para poder llorar a gusto. Aparte de su llanto, una suave voz rompió el sepulcral silencio que la rodeaba:

―Señorita, ¿Necesita algo? ―era el anciano que siempre acompaña a Byakuya.

―No… gracias. ―estaba sentada y recargada contra el shoji (la puerta corrediza de papel) mientras abrazaba sus piernas ocultando su rostro entre las rodillas.

―Señorita, no llore.

―No estoy llorando, gracias por preocuparte.

―Le dejare el té aquí. ―dejo la bandeja con la tetera y una pequeña taza.

―Gracias.

Al irse el anciano, Rukia metió la bandeja y tomo pequeños sorbos para calmarse un poco, incluso comenzó a sentir un poco de sueño por lo que se iría a recostar un rato, pero su hermano entro súbitamente a su habitación:

―Rukia, ¿No te advertí que no permitiría que te involucraras con mi Teniente o ese shinigami sustituto? ―estaba en el umbral de la puerta y su silueta la dibujaba la cegadora luz del sol.

―¿Qué? ―no entendía porque le recordaba eso.

―Esos imprudentes están en el cuartel de la segunda división. La Capitana Soi Fong los tiene encerrados por haber liberado sus zanpakuto y el Bankai a las afueras del Seireitei.

La ojivioleta se enmudeció al escuchar la semejante estupidez que Renji e Ichigo habían hecho cuando ella se marchó. "¿Porqué lo hicieron?" tan ensimismada en sus pensamientos que solo la advertencia de Byakuya la hizo prestar atención:

―No volverás a salir de esta mansión, salvo para ir a tu escuadrón, tus entrenamientos y las misiones que te den.

―No puedes hacer eso.

―Puedo hacerlo y lo haré. ―le dio la espalda para retirarse.

―¡No!... ―caminaba hacia él lentamente. ―No lo permitiré, no puedes alejarme de mis amigos.

―Rukia, quizá no lo has comprendido aun ―se detuvo para verla de reojo. ―pero tú ya eres noble y me he cansado de repetirte que no debes involucrarte con ellos.

―Pero…

―Nada.―siguió su andar. ―No quiero que los vuelvas a ver. ―Byakuya se alejó dejando detrás a una chica frágil, confundida, triste e impotente.

Rukia soltó a llorar, arrepintiéndose de haber aceptado ser adoptada por la familia Kuchiki, "¿Por qué acepte?" nuevamente sus pensamientos y llanto fueron interrumpidos por una suave voz:

―¿Kuchiki?

―¿Eh? ―alzo la mirada para ver quien le hablaba. ― Capitán Ukitake.

―Lo siento, llegue tarde para advertirte de la inflexibilidad de Byakuya ante lo ocurrido con el teniente Abarai y el shinigami sustituto. ―Hable con tu hermano, pero no logre sacarlo de su orgullo y sus reglas ortodoxas.

―No se preocupe Capitán, se lo agradezco. ―se limpió las lágrimas con el dorso de su mano.

―Seguramente me meteré en problemas con la Capitana Soi Fong, pero… ¿Quieres ir a verlos?

―¿Verlos?

―Sí, solo los dejaran esta noche encerrados.

―Sí.―una sutil sonrisa se dibujó en su rostro. ―Gracias Capitán.

Ambos salieron de la mansión y se encaminaron hasta el cuartel de la segunda división. Cuando llegaron, el Capitán Ukitake se las ingenió para entrar hasta los calabozos e ir a verlos antes de que la Capitana se enterara y los echara del lugar.

El área en la que se encontraban estaba vacía y más iluminada que los otros calabozos, simplemente iban lento para poder verlos sin problemas. Rukia miraba cada una de las celdas para encontrar a los atolondrados que se metieron en problemas por una tontería, o por lo menos ella lo veía de ese modo.

―Kuchiki, aquí están. ―Ukitake sonreía mientras se paraba frente a las celdas donde estaban.

―Ichigo, Renji. ―corrió hacia ellos y cogió sus manos, pues estaban encerrados uno alado del otro. ― ¡Son unos idiotas! ―estaba enojada. ― ¡¿Por qué lo hicieron?!

―Los dejare solos. ―el peliblanco se alejó con una risita de miedo ante la reacción de su subordinada.

―Rukia, lárgate. ―Renji se soltó y se apartó de los barrotes.

―Renji…

―Te meterás en problemas, debes irte de aquí, mañana por la mañana nos dejaran ir. ―Ichigo cogió la mano que Renji había soltado.

―No quiero, no quiero dejarlos solos. ―la ojivioleta se aferró a las manos del ojiambar.

―No seas tonta, mañana te veré. ―le sonrió ignorante de la nueva regla de Byakuya.

―Eso no ocurrirá. ―se soltó de las manos de él. ―Byakuya me vigilara para que no salga de la mansión, más que para ir a mi escuadrón y a las misiones.

―¡Tsk! Ese Byakuya es un inhumano e insensible. Ya encontrare la forma de verte.―Ichigo trato de coger de nuevo las manos de Rukia, pero ella se apartó de la celda.

―Lo siento, Ichigo.

―Te dije que la dejaras en paz. ―Renji hablada desde el fondo de su celda. ―Aquí tienes las consecuencias de tu terquedad.

Ichigo estaba por discutir con Renji cuando la Capitana Soi Fong entro a los calabozos y reprendió a Rukia y a Ukitake por irrumpir en su cuartel. Y junto a ella se encontraban unos oficiales de la división de Byakuya para llevarse a Rukia, por la fuerza si era necesario.

A pesar de los intentos de Ukitake por calmar las cosas, Soi Fong se mostró inflexible y permitió que los oficiales se llevaran a la ojivioleta, quien no se opuso.

―¡Rukia, Rukia! ―Ichigo intentaba alcanzarla sacando su brazo entre los barrotes.

―Kurosaki no hagas más alboroto. ―Soi Fong se acercó a él para controlarlo.

―¡Pero se la están llevando! ―estaba desesperándose.

―¡Ichigo, déjala ir! ―Renji le grito desde el fondo de su celda.

―Mañana saldrán, no hagan más alborotos. ―Soi Fong se fue dejándolos solos nuevamente.

Ichigo se aferró a los barrotes ante la impotencia de no poder detener a quienes se llevaron a Rukia, quería protegerla, deseaba tenerla a salvo. Sin embargo, las palabras de Renji retumbaron en su mente: "Eres un shinigami sustituto, no estarás aquí mucho tiempo, además… no creo que dejes a tu familia, tus amigos y tu vida así como así"; comenzaba a cuestionarse que era lo más importante en su vida, en su existencia.

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Byakuya la esperaba en su oficina, dándole la espalda para ver por la ventana; ella se encontraba en silencio, parada frente al escritorio a la espera de un regaño. "Ya no soy una niña, tengo más de cien años de vida… ya tengo una vida hecha" pensaba hasta que él le hablo:

―Te dije que no debías involucrarte en tonterías que puedan manchar nuestro orgullo familiar y como miembros de La Corte de las Almas Puras. ―no dejaba de darle la espalda.

―Lo siento, hermano. ―su mirada estaba baja pero su cabeza en alto.

―Regresa a casa.

―Sí.

―Desde este momento estarás constantemente vigilada ―la vio de reojo. ―así que ni pienses en buscar la forma de encontrarte con alguno de ellos. Siento lastima por Renji, no te ve desde hace cuarenta años y ahora que lo hace tiene que alejarse nuevamente.

Rukia no pudo pronunciar palabra alguna e intento reprimir sus lágrimas antes de salir de la oficina, escoltada por los mismos oficiales que la sacaron de los calabozos. No fue hasta que llegaron a la mansión de los Kuchiki que los oficiales la dejaron tranquila en su habitación, aunque flanqueando su puerta, pues tenían órdenes de no dejarla salir.

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Aquella noche fue la más fría que pudo haber sentido, no durmió por darle vueltas al asunto sobre qué hacer: quedarse en la Sociedad de Almas e iniciar una nueva vida, desde cero, o en el mundo de los vivos, donde ya tenía una vida hecha. "Quizá no la merezca si estoy dudando sobre qué hacer. Se supone que si un hombre realmente quiere a alguien piensa primero en ella… y yo estoy dudando mucho" no soportaba luchar contra esa lógica.

Tan ensimismado estaba que no se percató de que el Teniente de la segunda división, Omaeda Marechiyo, fue a sacarlos.

―¡Ey! Ustedes dos, largo de aquí. ―iba comiendo papas fritas. ―Ya es de mañana, largo.

―¿Dónde está Rukia? ―Ichigo se levantó adolorido tras estar varias horas sentado.

―¿Kuchiki? No lo sé y ni me importa. Ya lárguense de aquí. ―dejo las celdas abiertas antes de irse.

―No intentes buscarla, no te dejaran entrar ni a su división ni a la mansión de su hermano. ―Renji ya caminaba a la salida de los calabozos.

―¡Tsk! No puedo irme así como así.

―Tendrás que hacerlo, por lo menos por un tiempo. ―esa voz provenía de un rincón del calabozo.

―¿Quién anda ahí? ―Ichigo estaba preparando su espada.

―Tranquilo niño, estoy aquí para regresarte al mundo de los vivos. ―era Yoruichi en su forma gatuna.

―Nos vemos. ―a Renji no le intereso la visita, así que salió del sitio.

―Vámonos de una vez, te explicare todo allá.

―No quiero dejar a Rukia.

―Tienes que hacerlo… por ahora.

Yoruichi comenzó a correr obligando al ojiambar que la siguiera hasta la Senkaimon, donde ya lo aguardaban algunos oficiales para guiarlo hasta el otro extremo. Él regreso al mundo de los vivos a regañadientes, estaba disgustado y sentido porno saber que pensar con respecto a aquella ojivioleta que ocupaba sus pensamientos.

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ღRukia_Kღ (Laura Ro)