GRACIAS A QUIENES LEEN MI FIC, RECUERDEN QUE ES UNA ADAPTACIÓN ALTERNATIVA! QUE NO SIGUE AL PIE DE LA LETRA EL ANIME O MANGA.
LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE KUBO TITE, SOLO LOS TOMO PRESTADOS PARA CREAR UNA HISTORIA ALTERNATIVA SIN FINES DE LUCRO.
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Capítulo 3: Desenredando un hilo rojo
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Al regresar lo llevo directamente a la tienda de Urahara, quien lo aguardaba junto a sus amigos: Kon, Orihime, Uryu y Chad.
― ¿Qué hacen aquí? ―pregunto al mismo tiempo que Ururu sacaba a Kon del cuerpo del pelinaranja.
―Kurosaki, debiste decirnos que querías quedarte con Kuchiki. ―la ojigris lo veía con tristeza.
―Nosotros te hubiéramos entendido y seguramente tu padre también. ―Uryu tenía los ojos cerrados y tenía los brazos cruzados. ― ¿También es un shinigami, cierto?
―Urahara nos explicó esa historia, dice que ya lo sabias de tu mismo padre. ―Chad estaba junto a él.
―Sí, me lo dijo antes de venir a entrenar. ―ya estaba en su cuerpo y Kon en el peluche.
― ¡No debiste dejar a nee-san! ―Kon le cubrió la cara al ojiambar.
― ¡Tsk! Largo de aquí peluche molesto. ―lo aventó al otro extremo del cuarto. ―No la deje por gusto, pasaron cosas extrañas además de que… ―enmudeció.
― ¿Además de qué? ―Orihime poso su mano en el hombro de él. ― ¿No quieres estar con ella?
―No lo sé.
Sus amigos se sorprendieron ante la respuesta pues creían que él deseaba convivir con Rukia para quedarse con ella. Los únicos que se temían ese imprevisto eran Urahara y Yoruichi, quien retomo su forma humana para poder reprender con más gusto al pelinaranja.
―Por eso no quería que fueras tan pronto a la Sociedad de Almas. ―la morena le propino un golpe en la cabeza. ―Ahora deberás esperar algunos meses para que las cosas se calmen allá y puedas volver a verla.
― ¡No quiero! ―estaba sentado, recargando sus manos sobre sus muslos, su cabeza estaba completamente agachada para esconder sus lágrimas y sus dientes apretados. ―No quiero verla.
― ¡¿Cómo dices eso Kurosaki?! ―Uryu lo cogió de su playera obligándolo a elevar su rostro.
―Ichigo, tú la quieres. ―Chad no creyó lo que su amigo dijo.
―Renji me dijo algo que nunca considere: mi familia, mis amigos, la escuela y… ―trato de soltarse del agarre de Uryu. ―… mi vida.
―Nosotros entenderemos si deseas quedarte en la S. S. Si de verdad la quieres tienes que regresar con ella. ―Orihime lo abofeteo.
―Cálmate Orihime. ―Yoruichi sujeto la mano de la ojigris. ― ¡Ichigo! no creí que fueras tan cobarde como para no defender lo que realmente quieres.
―Sí… soy un cobarde. ―por fin su amigo lo soltó.
― ¿La quieres?
―Sí… sí la quiero, Inoue.―al verla denotaba tristeza y dolor.
―Entonces espera a que puedas volver, sería suficiente para que acomodes tus ideas y tus sentimientos.―Urahara intervino al fin a la conversación. ―Créeme, a Kuchiki le encantara que vuelas por ella.
―No creo que sea así. ―volvió a agachar la cabeza. ―Ella dijo que no sabía que sentía por mí, si amor a mi o un recuerdo al que me parezco.
―Shiba Kaien. ―la morena cruzo los brazos para enfatizar su disgusto. ―Esa niña tonta aun no lo supera.
Orihime, Uryu y Chad tuvieron curiosidad de saber quién era aquel hombre, así que entre Urahara y Yoruichi narraron la historia de amor que Rukia desarrollo al conocer a Kaien. Incluso comentaron algo que ni la misma ojivioleta supo.
―Pero él estaba casado ―Kon no creyó lo que escucho. ―eso es lo que contaron.
―Expliquen bien, están tratando de decir que Shiba Kaien también… ―Orihime se entristeció.
―Exacto. ―Urahara cerró los ojos. ―Shiba Kaien también estaba enamorado de Kuchiki Rukia.
― ¿Por qué nunca se lo dijo? Digo… solo es curiosidad. ―Uryu aún no daba crédito a la historia.
―La más obvia razón era su esposa. ―la morena veía al pelinaranja. ―La segunda fue porque Kuchiki Byakuya se enteró por el mismo Kaien:
"― ¿Qué quieres? ―yo tenía mi forma gatuna y estaba en el techo escuchando.
―Kuchiki Byakuya, amo a Rukia.
― ¿No sabes respetar tu matrimonio? No mereces a mi hermana si desprecias a tu propia esposa.
―No la desprecio, aun pienso que es una mujer maravillosa, sin embargo mi corazón se lo ha ganado poco a poco la pequeña Rukia. Adoro como es cuando está conmigo y como soy yo cuando estoy con ella. ―la voz de Kaien me pareció sincera.
―Si es que la conoces bien explícame entonces como es ella a tu lado. ―Byakuya mantenía su distancia.
―Ella tiene el desprecio de la mayoría de los miembros de nuestra división por tus influencias al ingresarla como oficial sin pasar por los exámenes. Eso la deprime y la angustia, pero cuando entrenamos a solas en la montaña ella luce feliz, radiante y tranquila. Sonríe, me sonríe a mí.
―Eso no significa nada.
―Sé que ella me ama también.
―No la dejare estar a tu lado. No te acerques a ella. ―Byakuya le dio la espalda para irse."
Ichigo se había mantenido pasivo, pero el recuerdo narrado lo hizo reaccionar con desesperación, llanto y dolor, "¿Qué hubiera pasado si Rukia lo hubiera sabido?" se preguntaba al mismo tiempo que aferraba sus manos entre su cabello y pegaba su frente contra el tatami. De ese modo, sus amigos se angustiaron al verlo reaccionar de esa forma.
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Solo tuvo cuatro misiones, de bajo nivel, en el Rukongai además de sus entrenamientos regulares durante esos dos meses; siempre vigilada por los oficiales que su hermano le impuso. Y a pesar de tener el apoyo de su Capitán, Ukitake, aún estaba confundida, "¿Aun no se sí lo amo a él o al recuerdo?" era lo único que ocupaba su mente, estuviera donde estuviera e hiciera lo que hiciera.
Tampoco sabía algo de Renji y ese aislamiento la estaba volviendo loca. Ya no soportaba la exigencia familiar que se arrepentía de haber aceptado; por primera vez deseo regresar a vivir en el Rukongai. Por lo menos en aquel hoyo negro era libre.
Como siempre, se fue a encerrar en su habitación para llorar como cada día desde que él se fue, o mejor dicho desde que ella lo aparto de su lado.
― ¿Te gusta sufrir? ―una voz llamo su atención.
― ¿Eh? ―levanto su cara de entre sus rodillas. ― ¿Quién es?
― ¡Shhh! Que fácil me olvidaste ―Yoruichi salió de debajo de uno de los tatamis.
― ¿Cómo es que llegaste hasta aquí? ―gateo hasta el gato negro.
―No hagas ruido y sígueme. ―se metió al túnel debajo del tatami.
―Está bien. ―se limpió las lágrimas antes de ir detrás del gato.
Al seguirla por el estrecho y oscuro túnel, Yoruichi le platico que el abuelo de Byakuya le mostró todos conductos secretos de la mansión por si surgía una emergencia que requiriera la protección de algún miembro de la familia Kuchiki.
―Eso no me explica totalmente como es que conoces estos pasajes y mi hermano no.
―Simple. Hace poco más de cien años yo era la Capitana de la segunda división, la Comandante Suprema de las Fuerzas Especiales y la Comandante en Jefe de los Ejecutores. Por ende debía saber los secretos de las mansiones de todos los nobles para poder salvarlos en caso de peligro extremo. Y Byakuya solo conoce la mitad de todos los pasajes porque nunca le intereso aprenderlos.
―Ya veo. ―seguía gateando detrás del gato. ―Es demasiado largo.
―Lo sé.
Siguieron el camino, casi recto hasta que Yoruichi corrió ― ¡Oh! Ya llegamos. ―levanto una roca.
Ambas salieron en un campo abierto y deshabitado. Estaban en el Rukongai.
― ¿Por qué me trajiste aquí?
―Te llevare el mundo delos vivos.
―No iré.
― ¡Ash! Eres igual de testaruda que ese mocoso. ―señalo con su cola hacia un árbol. ― No importa, traje caballería por si te negabas. ―detrás de ese árbol salió Orihime.
―Inoue.
―Kuchiki, tienes que ir. ―su mirada reflejaba angustia.
―Es que yo aún estoy confundida. ―se abrazó a si misma.
―Él te necesita. ―la cogió de los hombros. ―No quiere salir de su casa, casi no come y falta mucho a clases. Incluso sus hermanas y su padre están preocupados.
―Ichigo… ―sus ojos se abrieron por completo. ―Llévenme con él.
―Gracias Kuchiki. ―la ojigris la abrazo con fuerza.
Yoruichi sonrió al ver la reacción que esperaba ver, y sin demora la condujeron a la Senkaimon artificial para ir al mundo de los vivos.
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Ese día se desplomo por el estrés y posteriormente se dejó derrumbar poco a poco dejando pasar días y semanas casi en blanco. No deseaba hablar con alguien ni convivir como antes lo hacía con su familia, siendo su padre y Kon los únicos, en la casa, que comprendían la razón de esa depresión.
Fue así que Isshin busco a Urahara para encontrar alguna forma de ayudar a su atolondrado hijo, siendo Yoruichi quien intervino en la conversación ofreciéndose a encontrar esa desesperada solución al malestar emocional del pelinaranja.
― ¿Qué pretendes? ―Isshin la miraba con expectación.
―Ya verán, tengo la medicina perfecta para ese tonto.
―Ya veo, por eso quieres que prepare la Senkaimon. ―Urahara sonreía.
― ¿Iras por Rukia? ―Isshin la veía con desconcierto.
―Obvio, ese par de tontos necesitan estar juntos. ―la morena golpeo la mesa con su puño.
―De acuerdo, solo no te molestes.―Urahara la veía con miedo, al igual que Isshin.
―Necesitare que prepares la Senkaimon y un Gigai, Kisuke. ―acerco un plato de arroz y comenzó a devorarla comida.
―Mañana mismo todo estará listo.
Isshin agradeció el apoyo de sus viejos colegas antes de retirarse. Mientras tanto, Yoruichi planeaba como sacar a Rukia de la mansión de Byakuya y cómo hacer que Ichigo acceda a ira su encuentro.
Así, al siguiente día la morena fue a buscar a Orihime, a Uryu y a Chad para planear encontrar a ese par de atolondrados esa misma noche.
―Entonces, procuren llevar a ese mocoso a la orilla del Río.
―De acuerdo, será a la fuerza si es necesario. ―Chad golpeaba su puño contra la palma de su mano.
―Espero que se resista. ―Uryu sonreía maliciosamente.
―Ishida, no digas esas cosas. ―Orihime lo veía con desaprobación.
―Eso no importa, Orihime, tú cendras conmigo para convencerla, estoy segura que se negara.
―Sí.
Todos acercaron sus manos antes de separarse y seguir el plan que acababan de hacer para encontrarlos.
Mientras los chicos iban en busca de Ichigo, las chicas ya ingresaban al Senkaimon para ir por Rukia. Mismas que atravesaron el Koryu, con éxito. Yoruichi le dio instrucciones a la ojigris para que ocultara su reiatsu y se escondiera detrás de algunos arbustos que estaban cerca del campo deshabitado en el que habían caído.
Yoruichi tomo su forma humana para llegar con más rapidez hasta la mansión de Byakuya, en esos momentos adoraba ser la diosa del shunpo. Al llegar se percató de que Rukia aún no estaba en casa, por lo que tuvo que esperar varios minutos antes de verla llegar escoltada por cuatro oficiales de la sexta división. Mismos que flanquearon la salida.
―Niño Byakuya, sí que estás loco. No sé si por querer proteger a tu hermanita o a tu estúpido orgullo. ―Yoruichi tomo su forma gatuna para adentrarse por un pasaje que conducía a la habitación de la ojivioleta.
No tardó mucho en llegar y escuchar los sollozos de Rukia. Solo debía levantar el tatami que cubría la entrada para poder verla.
― ¿Te gusta sufrir? ―una voz llamo su atención.
― ¿Eh? ―levanto su cara de entre sus rodillas. ― ¿Quién es?
― ¡Shhh! Que fácil me olvidaste.
Yoruichi no tardó en hacerla salir de su habitación y que la siguiera por el pasaje hasta el campo en que Orihime las esperaba para convencer, de la forma más fría y cruel, que regresara al mundo de los vivos. Rukia no pudo negarse y las siguió.
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Uryu y Chad lo llevaban casi a rastras, pues reaccionaba violentamente y desentendido. Se rehusaba a ir con ellos, no importaba que le hubieran dicho que tenían algo muy importante que mostrarle. Nada le importaba, absolutamente nada.
―Ya me tienes harto Kurosaki, queremos ayudarte. ―Uryu se acomodaba sus lentes.
―No les pedí que me trajeran. ―se dejó caer en la banca. ― Ademas, ¿Por qué me trajeron aquí?
―Lo siento Ichigo, necesitamos que esperes aquí. ―Chad lo sujetaba con fuerza de los hombros para que no se levantara.
― ¡Tsk! Hagan lo que quieran, no me importa. ―se recargo en el respaldo y apretó el tabique de su nariz con el pulgar y su índice. ―Las cosas no tienen sentido desde que… ―temía terminar la frase.
― ¿Desde qué Kurosaki?, ¿Desde qué te alejaste de Kuchiki? ―Uryu lo veía con frialdad.
―Eso no importa, seguramente ella es feliz ahora. ―se encorvo para recargarse sobre sus piernas.
―Yo no estaría tan seguro Kurosaki. ―otra voz se filtró en su conversación.
―Urahara, ¿Qué haces aquí? ―Ichigo lo veía expectante.
― ¡Oh! Nada, solo paseaba por aquí y aproveche para probar el nuevo Gigai que fabrique. ―dio un paso de lado para dejar ver lo que estaba detrás suyo. ― ¿Les agrada? ―sonrió traviesamente.
―No puede ser. ―el ojiambar se incorporó aun crédulo de lo que veía y su corazón aclamaba.
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El Senkaimon las llevo directamente al campo desértico que Urahara escondía bajo su tienda. La primera reacción de Rukia fue correr a la salida para buscar a Ichigo, pero Yoruichi la sujeto con fuerza diciéndole que no debía precipitarse.
―Debes entrar a tu Gigai.
―Pero no tengo uno. ―quería salir corriendo.
―Claro que sí. ―silbo una vez. ―Kisuke, ¿Ya está listo lo que te pedí?
― ¡Oh! Claro que sí. ―Urahara se acercaba con un Gigai. ―lo fabrique especialmente para ti Kuchiki. ―se lo entregó a la shinigami.
―No comprendo. ―miraba curiosa el Gigai.
―Es para que puedas estar con él. ―Orihime la rodeo con su brazo. ―Pensamos que sería bueno que te quedaras aquí, con Kurosaki.
―Imposible, soy una shinigami, no puedo permanecer en el mundo de los vivos. Perdería mi poder espiritual eventualmente y…
―Nada de eso. ―Isshin ya se acercaba a ella. ―Yo viví como humano durante dieciséis años y aún sigo siendo un shinigami, y todo gracias al Gigai de este sombrerero loco. ―simulo golpear el hombro de Urahara.
―Usted es… el padre de Ichigo. ―lo veía con timidez.
―Sí, ahora entra en ese Gigai y busca a mi idiota hijo. ―poso su mano en el pequeño hombro de Rukia para animarla.
―Sí. ―Orihime acompaño a Rukia a la tienda para ayudarla a cambiarse una vez que entrara al Gigai.
Una vez que se alisto, Rukia no dejaba de preguntar la condición de Ichigo a lo que Orihime le respondía que su estado de salud mental y emocional empeoraba cada vez más. Incluso le contó que no le importaba buscar pelea con cualquier delincuente, sus notas habían bajado, su trabajo lo descuido y cobraba por favores deportivos.
Rukia no creía que Ichigo se convirtió en un ser insensible, inhumano y problemático. "Él no es así, ¿Por qué Ichigo?" se cuestionaba cuando de pronto su nariz golpeo directo la espalda de Urahara, quien las acompaño hasta el parque e indicarles que se mantuvieran detrás de él todo el tiempo.
De pronto, ella logro escuchar una voz que le resultaba familiar:
―Eso no importa, seguramente ella es feliz ahora.
―Yo no estaría tan seguro Kurosaki.
―Urahara, ¿Qué haces aquí?
― ¡Oh! Nada, solo paseaba por aquí y aproveche para probar el nuevo Gigai que fabrique. ―dio un paso del ado dejando expuesta a Rukia― ¿Les agrada? ―sonrió traviesamente.
―No puede ser.
―Ve con él. ―Orihime le dio un ligero empujón para hacerla caminar.
Rukia se sentía avergonzada, frágil y vulnerable, "¿Porqué? Sí es él quien está más vulnerable que yo" pensaba mientras se acercaba a él a paso lento. Por su lado, Ichigo caminaba inconscientemente hacia ella, aun no daba crédito a que la tuviera frente a él.
―Rukia. ―repentinamente ya la estrechaba entre sus brazos con fuerza y levantándola ligeramente del piso.
―Ichigo. ―hundió su cara en el cuello del ojiambar para sollozar. ―Te extrañe.
― ¿De verdad? ―no rompía el abrazo pues le encanto sentir aquella fina figura entre sus brazos.
―Idiota.
Uryu, Chad y Orihime sonreían ante el tan anhelado encuentro que sus amigos esperaron. En ese momento, Yoruichi y Urahara les dijeron, secretamente, que los acompañaran de regreso hasta la tienda y así poder dejar solos a los atolondrados jóvenes.
Sin embargo, ellos ni siquiera se dieron cuenta de que los habían abandonado en medio de la fría noche y de un parque solitario.
― ¿Por qué viniste?, ¿Byakuya lo sabe?, ¿Cómo saliste de la Sociedad de Almas?, ¿Cómo llegaste?―la soltó para poder verla.
―Espera, son muchas preguntas. ―Rukia se limpió una lágrima con el dorso de su mano, misma que Ichigo besaba tras cogerla antes de alejarla de su rostro.
―Yoruichi, Orihime y Urahara me ayudaron a salir. ―se sonrojo al ver un acto inusual en el pelinaranja. ―Ichigo, me dijeron en los problemas en el que estas metido. ―sus ojos se tornaron opacos debido a la tristeza.
― ¡Tsk! Exageraron las cosas. ―frunció su ceño más de lo normal.
―No me mientas. ―dibujo con su dedo índice su labio inferior al notar una rajada amoratada.
―Estoy bien. ―sujeto su pequeña mano para acariciarla contra sus labios.
Nuevamente la confusión invadió el corazón de Rukia, al grado que arranco súbitamente su mano de la de él, desconcertándolo y provocándole la abertura de la herida punzante de dudas y miedos.
―Creo que no debí venir. ―acerco su puño a su boca para cubrirla.
―Sí, pienso igual. ―la miraba con nostalgia, con tristeza y dolor al recordar que ella albergaba a otro hombre en su corazón. ―Solo somos amigos, madamas. ―los brazos los mantenía a sus costados para controlarse.
―Ichigo… ― odiaba esa sensación de desesperación y frustración por no saber aun si lo amaba de verdad o solo amaba al recuerdo de su amor fallecido.
―Te llevare a la tienda de Urahara para que regreses al Seiretitei. ―comenzó a caminar dejándola poco apoco detrás de si.
―Sí. ―bajo la mirada antes de seguirlo.
Iban a paso lento, como si desearan encontrar alguna excusa que los obligara a mantenerse juntos. La frustración porque algo así no ocurriera comenzaba a alterarlo, haciéndolos creer que aquello llamado destino no los unía con ese bendito hilo rojo del que todos los amantes hablaban.
Falta poco para llegar a la tienda, por lo que una última oportunidad para encontrar una excusa se agotaba. Hecho que a Ichigo comenzaba a disgustarle, así que al mismo tiempo que tomo la decisión de arrepentirse, y decirle a Rukia que fueran a otro sitio, una fuerte lluvia los sorprendió.
―Maldición, ven conmigo. ―la cogió de la mano para hacerla correr.
― ¿A dónde vamos? ―se cubría la cara con su brazo.
―A mi casa. ―era el único sitio que se le había ocurrido.
En el momento Rukia no objeto, pero ya estando frente a la casa del pelinaranja la vergüenza la invadió:
―Espera, tus hermanas y tú padre ¿Qué dirán? ―los nervios hicieron que olvidara que Isshin se había quedado en la tienda de Urahara.
―Entra. ―abrió la puerta para dejarla entrar.
Cuando entraron se percataron de que las luces estaban apagadas, incluso las de la clínica, haciendo suponer a Ichigo que sus hermanas salieron y a causa de semejante lluvia no pueden volver a casa.
―Seguramente mi padre salió a una conferencia. ―aun la sujetaba de la mano. ―Ven, si no te secas podrás enfermarte.
― ¡Achu! Sí. ―dejo que la llevara hasta el baño por una toalla seca.
Al verlo y escucharlo no podía imaginar a aquel joven que su amiga le describió; aquel chico amargado e ido de la vida no estaba frente a ella. Un chico dulce, preocupado y gentil era quien se presentaba ante sus ojos. "Aún estoy confundida" pensaba al mismo tiempo que él se acercaba a ella para secarle su corta cabellera negra.
― ¿Hum?, ¿Pasa algo?
― ¿Eh? Nada. ―al tenerlo cerca no evito notar que su playera se transparentaba, dejándola ver sus bien formados pectorales y abdomen.
―Bien.
Ichigo estaba por dejarle la toalla a Rukia para ir por otra seca, sin embargo él también noto que la blusa de ella se transparentaba, dejándolo ver el sostén blanco que llevaba puesto.
― ¡Eh! Rukia, ¿Puedo preguntar algo? ―le dio la espalda para ir por la toalla seca.―Desde que te llevaron para ejecutarte no te he vuelto a ver con tu shihakusho… bueno tu kimono negro.
― ¿Y que con eso? ―no dejaba de verlo, en especial por que la playera también dejaba ver lo musculosa que era su espalda.
―Pues, me gustaría verte así de nuevo. ¿Podrías dejarme verte así? ―se volvió hacia ella.
― ¿Eh? No lo sé, Urahara no me dio Almas Mod.
―Aún conservo la que mediste aquella ocasión. ―le mostró el pequeño frasco de Chappy.
― ¿Dónde lo tenías? ―se sorprendió
―Siempre lo llevo conmigo, junto a esto. ―le mostró el emblema. ―No pude usarlo, ni por más fuerte que pronunciara tu nombre nunca respondías.
―El Seireitei tomo medias. ―bajo su mirada.
―Dirás que Byakuya las tomo. ―la cogió del mentón para que lo viera a los ojos.
Su corazón comenzó a latir cada vez más fuerte, ese estúpido Gigai la hacía sentir con más intensidad los malestares emocionales y físicos: su respiración era más dificultosa, sus pulmones se contraían con dolor al igual que su corazón, un cosquilleo la invadía y los nervios la traicionaban al mostrar como su cuerpo temblaba sutilmente. "¿Así se siente ser humana?, ¿Así se siente estar vivo?" , no alejaba esas preguntas de su cabeza al mismo tiempo que cogía el pequeño frasco y se tragó la pequeña píldora dejándola salir de ese cuerpo artificial.
Extrañamente seguía mojada, incomodándola pues el kimono le pesaba más de lo normal. Solo se abrazó a si misma al contemplar la idea de despojarse de sus ropas, ya fuese como espíritu o como humano falso. En ese momento Ichigo se acercó a ella para contemplarla:
― ¿Qué haces? ―no dejaba de abrazarse a sí misma.
―Te ves tan diferente cuando usas tu uniforme. ―acariciaba sus hombros, aun cubiertos por la ropa. ―Te vez como una mujer valiente, fuerte y decidida. Así es como te recuerdo… como la primera vez que te conocí.
―Espera. ―trato de alejarla mano del pelinaranja al notar que hacía a un lado su shihakusho.
―Dije que quiero verte. ―poco a poco la dejo, de la parte de arriba, solo con el hadajuban y la faja blanca aun sujeta a su pequeña cintura. ―acaricio su hombro descubriéndolo un poco.
― ¿Qué pretendes? ―cerro sus ojos, sus mejillas se colorearon de carmín y recargo su frente en el hombro de Ichigo.
―Contemplarte. ―la despojo de la ropa por completo de su torso, dejándola únicamente con los vendajes que envolvían sus senos. ―Tu piel es tan suave y pálida. ―la acariciaba con la yema de sus dedos.
―Es porque estoy muerta… en tu mundo. ―se alejó de él.
―No estas muerta. ―junto su frente con la de ella.
―Soy ciento cincuenta años más grande que tú. ―su risa fue forzada. ―Esto es estúpido, no podemos estar juntos, incluso es enfer…
―Eso lo decido yo. ―poso su dedo en su boca para interrumpirla.
Ichigo beso suavemente el rostro de Rukia: sus ojos, sus mejillas, su frente, su mentón y la comisura de sus labios. Sus manos acariciaron sus hombros descubiertos, deslizándose hacia los vendajes que aun aprisionaban a la shinigami.
―No lo hagas. ―detuvo sus manos al comprender lo que quería hacer.
―Rukia, después me gustaría verte usando ese sostén que llevabas en el Gigai. ―la rodeo por la cintura para acercarla a él.
―Esto es una locura. ―recargo su frente y sus manos en los pectorales del ojiambar.
―Lo sé.
A pesar de ser un novato en ese tipo de experiencias, Ichigo mostró agilidad al desenvolver los vendajes del pequeño cuerpo de la shinigami, dejándola completamente vulnerable. La reacción de Rukia fue cubrirse sus pechos, pero el pelinaranja lo evito.
―Por favor, déjame verte.―hizo a un lado los brazos de Rukia.
―Es que…―sus labios se pintaron de un intenso escarlata.
―Eres tan suave. ―sutilmente toco el seno derecho de la shinigami. ―Tan perfecta. ―su otra mano imito a la primera.
―No me tortures de ese modo. ―cerro con fuerza sus ojos dejando escapar una lagrima.
― ¿Quién te tortura?... Rukia, eres hermosa. ―acariciaba su cintura, su espalda y sus pequeños pero firmes senos. ―sus besos se acercaban cada vez más al centro de sus labios.
―Pero soy una shinigami. ―dejaba que las caricias del pelinaranja la estremecieran.
―Eso tiene arreglo. ―acerco el Gigai a Rukia haciéndola volver y por ende a que estuviera nuevamente vestida del torso.
El pelinaranja se disgustó al ver que el pequeño avance que logro, hacia algunos minutos, se arruino. No obstante, la pequeña shinigami cogió la mano que la había tocado para hacerlo caminar junto a ella hacia la habitación, cuya puerta estaba adornada con una tablilla con el numero "15" grabada en ella.
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ღRukia_Kღ (L. Ro.)
