Road to Ninja
Capítulo 33: El niño del infortunio.
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Menma no tuvo un inicio de vida feliz pues siempre vivió rodeado de la pestilencia y la suciedad a la que estuvo atado desde su nacimiento por ser precisamente lo que era: Una bestia. Él era conocido por toda la aldea como "La bestia Namikaze" y para entender ese concepto, es necesario hablar sobre sus padres: Minato Namikaze y Kushina Uzumaki. La madre de Menma había sido traída a Konoha por un motivo en específico y ese era su especial chakra, capaz de retener al Kyuubi, una bestia de cola de infinito y maligno poder que estaba bajo cuidado de Konoha desde su fundación. Para cuando Minato apareció en la vida de Kushina, ella ya portaba en su interior al nueve colas y sin embargo, el amor surgió entre ellos de una forma bastante peculiar. Siendo adultos contrajeron nupcias y luego, para sorpresa de ambos, tuvieron la suerte de esperar un hijo.
Cuando el consejo supo de ello, el pánico arremetió con fuerza en la aldea, ya que era sabido que si una jinchuriki daba a luz, el sello que retenía a la bestia podía romperse y liberarlo; la solución del consejo era abortar al bebé pero Minato no estaba de acuerdo con ello. ¡Era un bebe, su bebe y no podía permitir eso! Durante muchas noches, Minato pensó en la forma de permitir que su hijo llegase al mundo sin la necesidad de perder ni a su esposa ni de liberar al Kyuubi y no fue, hasta cuando Kushina tuvo 6 meses de embarazo que tuvo una idea algo descabellada: En efecto, si pudiera controlar el sello y mantenerlo durante el parto, luego de algún par de años o meses, sería necesario cambiar de portador pues el chakra de Kushina ya no sería capaz de retener al Kyuubi. Tal vez el consejo buscase opciones de portadores pero ninguno era mejor que aquellos quienes eran Uzumaki y ante el desvanecimiento de este clan, no había mejor opción que su bebe.
Su hijo llevaba consigo sangre Uzumaki y por tal, podría soportar llevar en su interior el chakra del Kyuubi aun siendo un recién nacido… Si lograba convencer de su teoría al consejo y al hokage, eso garantizaría la vida de su amada familia.
La idea resultó ser la mejor opción para resolver el asunto y permitieron pues a Minato llevarlo acabo con el requerimiento de que marchasen fuera de Konoha hasta que se diese el parto para evitar que de existir un fallo, el Kyuubi pudiese atacar la aldea. Y fue así que ocultándose en una cueva de aquellos desolados lares y durante el mes de octubre, Kushina entró en parto y dio a luz a un niño de cabellera rubia y ojos azulados. Para suerte del Namikaze, la operación de traspaso del Kyuubi de Kushina a su hijo fue exitosa y como consecuencia de ello, el bebe cuyo nombre sería Menma sufrió un efecto secundario al ingreso del malévolo chakra del nueve colas: Su dorado cabello se tiñó de negro y en sus mejillas aparecieron unas marcas resaltadas que parecían bigotes. Y sin embargo, a los ojos de sus padres ese era el bebe más hermoso del mundo y lo amarían, cuidarían de él durante toda su vida, no sería sencillo lidiar con la aldea una vez que Menma comenzará a interactuar en ella pero lo apoyarían, juntos, los tres, afrontarían cualquier problema.
Ese fue el día en que Menma Namikaze llegó al mundo casi como un milagro pero tal y como Minato había predicho, las cosas no iban a ser tan fáciles para ellos.
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-¡Alejate, mujer del demonio!
Kushina lanzó un gritillo al observar como un anciano lanzaba una lata de comida que permanecía en la estantería de su tienda para darle en la cara. El golpe no fue demasiado duro pero le ocasionó una ligera abertura sobre la ceja izquierda que la obligó a arrodillarse para evitar que el resto de las cosas que el viejo le lanzaba terminara cayendo sobre su hijo. Miró con dificultad a sus lados y se percató, con notable impresión que pese a estar la calle repleta de personas, ninguno parecía tener deseos de ayudarla. No fue hasta que un hombre de cabellera blanquecina se interpuso en el camino y logró, aparentemente, detener la agresión. Kushina alzó la mirada y se encontró con Jiraya, el legendario sannin, mirando con enojo al tiendero.
-¿Pero que hace? ¡Quítese del camino, Jiraya-sama!
-Ni hablar, ¿cree que no lo he visto? Kushina no le ha hecho nada, usted es quien está agrediéndola sin motivo, ¿y pretende que lo deje continuar? ¡Es totalmente inaceptable! –El viejo gruñó.
-¡Lo que es inaceptable es que esa mujer venga a mi negocio con ese engendro! ¡Si mis clientes lo ven, arruinarían mi establecimiento!
-¿Engendro? ¿Pero de qué demonios habla?
Fuera de una contestación, los ojos del anciano fueron a parar sobre el pequeño bulto en brazos de Kushina. Cuando parecía que el anciano volvería a arremeter, apareció la policía de Konoha para dispersar a los curiosos pero sin castigar en lo absoluto al tiendero pese al daño que había sufrido Kushina. Jiraya acompañó a Kushina a su hogar, sin comprender por qué la aldea le miraba de ese modo y mucho peor, sin entender que era lo que causaba en los aldeanos tal repulsión por el bebé de la pelirroja Uzumaki. Una vez en casa, Minato les recibió con notable horror al ver la herida de su esposa y mientras la trataba, invitó a Jiraya pasar a su hogar. Observando el tratamiento que Minato tenía con su esposa, el sannin sostuvo en sus brazos al bebé Namikaze, que dormia tranquilamente pese a todo el alboroto de minutos atrás.
-¿Te sientes bien, Kushina, quien te hizo esto?
-No a sido nada, querido. Lo importante es que Menma-chan no este herido. –Jiraya la miró.
-¿Cómo pudieron hacerte esto, Kushina? Nadie había hecho algo como esto contigo, no desde que te casaste con el rayo amarillo… No comprendo la actitud de la aldea.
-Es por él, por Menma-chan…
-¿Por el bebé? ¿Pero que tiene que ver el pequeño con esa actitud, Minato? Explicate. –El matrimonio se miró entre ellos con rapidez.
-Maestro, tu sabias que Kushina era el jinchuriki del Kyuubi pero ahora la bestia tiene un nuevo portador. Supongo que aun no te has enterado por tus viajes… Pero Menma-chan es ese contenedor, él es el nuevo jinchuriki del Kyuubi.
Jiraya no escondió la conmosión en su rostro, totalmente impresionado de lo que escuchaba y miro con rapidez al pequeño bebé en sus brazos. Él mismo abrió sus ojitos y revelo el claro azul de sus ojos, a la par en que Jiraya le miraba ahora con fija seriedad; Minato y Kushina estaban alertas a la reacción del sannin pues era bien sabido que Jiraya repudiaba a las criaturas de cola. Sin embargo, pese a todo lo que pudiese pasar en la mente del peliblanco, lo único que realmente se produjo en él fue un sentimiento de ternura y cariño hacia ese niño pelinegro, que aun sin tener motivo o razón, sonreía y soltaba risillas ante su presencia. El hombre mayor alzó una de sus manos y el pequeño sujetó uno de sus dedos con fuerza, entonces, Jiraya supo que ese niño era totalmente inocente de lo que el resto de mundo le culpaba; ese bebé no era un monstruo, solo era un niño común y corriente que crecería, que sería fuerte y se enamoraría como todos los demás…
Ciertamente la bestia en su interior era peligrosa pero él sabia que si Menma se convertía en alguien cruel y sanguinario sería precisamente por la influencia y acciones de los otros con él, era preciso que sus padres jamás decayeran en su apoyo y cariño para con el niño, era necesario que al ir creciendo existiera algo que le impulsase a sacar sus agallas y mostrarse fuerte ante el sufrimiento para ser mejor cada día y terminar por demostrar que mejor de lo que todo el mundo creía. Y él formaría parte de esas personas, aun si sus padres le fallaban, aun si el mundo le fallaba, estaría apoyándolo en donde fuese que estuviera.
Menma sería alguien grande y reconocido en todas las aldeas shinobi.
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Jiraya se convirtió en el padrino de Menma y podría decirse que era precisamente la influencia del sabio de los sapos que el pelinegro se mantuvo en un estado cuerdo y tranquilo durante sus primeros años de vida. Además, fue el sensei de Minato el único que había conseguido que el menor aprendiera a restringir el paso del chakra y conciencia del Kyuubi hacia su propia mente, con lo cual Menma suprimió la voz del mismo por mucho tiempo y era raro cuando lograba escuchar esa gruesa y malévola voz susurrándole maldades. Solo con su padrino Menma no se sentía vació ni inútil, cuando viajaba a su lado se sentía libre, normal y le parecía dejar todo el dolor en algún otro sitio, mientras el caminaba libre de ataduras y pesos por los senderos del mundo. Aun con el dolor de lo que él era, el ojiazul mantenía una extraña fe y amor por el mundo por lo cual deseaba ser un shinobi y cuando Jiraya dijo eso a sus padres las relaciones con el mismo se rompieron, pues Minato y Kushina se molestaron tanto que les prohibieron volver a verse y así sería hasta entrados muchos años… Pero Jiraya no se daría por vencido y con sus grandes influencias, conseguiría darle una sorpresa a su ahijado por ultima vez.
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Menma miró la puerta de la oficina del Hokage, era la primera vez que le llevaban a ese sitio y aunque él no había hecho nada de nada de lo que le acusasen, se sentía como un acusado a muerte presentándose ahí. Su acompañante, Tsunade Senju, le abrió la puerta con una sonrisa que logró ponerlo aún más nervioso que antes, ¿era normal sentirse así cuando alguien te sonreía sin odio de por medio? Entró con cierto titubeo y al ver a sus padres ahí, no pudo evitar dar paso a la confusión. Detrás de un escritorio encontró al hombre al que todos llamaban Yondaime Hokake, Kishashi Haruno, acompañado de un hombre mucho más joven que él –Y menos ridículo si le preguntaban– pero con grandes semejanzas físicas. Por segunda vez, Menma se sintió mareado ante aquella sonrisa amable que exponía el hokage y su acompañante.
-¿Así que tú eres Menma-kun, he? ¿Cómo ha estado tu día?
-B-Bien, supongo.
-Hokage-sama, díganos por que nos ha llamado aquí. Si es algo que mi hijo ha hecho… -Kishashi negó.
-El asunto que los trae ante mi no es ninguna acusación en contra de tu hijo, de hecho y si me preguntas, realmente dudo que todo lo que se dice en la aldea sea cierto. ¡A mi me parece que la gente exagera! Ya me encargare de ponerle un alto a los abusos contra ti, pequeño. –Recargándose en su silla, Kishashi ensancho su sonrisa.- Este es mi hermano menor, Riosuke y es amigo de Jiraya y es por él que ambos estamos aquí… Dime, Menma-kun, ¿Qué edad tienes?
-…Estoy por cumplir seis años. –Riosuke silbó.
-¿Casi seis, he? Bueno, mi buen jiraiya me dijo que tenias buenas habilidades ninja, ¿Qué tal es en la academia, Minato-san?
-Él no asiste a la academia, Riosuke-san. Usted sabe nuestra situación, no voy a exponer a los hijos de otros a cualquier riesgo que Menma pueda provocar.
Riosuke y Kishashi observaron con cierto enojo a los padres del menor, quien ya habia desviado el rostro para ocultar la ira y la frustración de las palabras hirientes de su padre; los hermanos haruno no podían creer lo que Minato acababa de decir, ¿Por qué un padre ponía a otros antes que a su propio hijo? Sin perder la compostura, pero sin mandar una mirada de reproche hacia los padres del pelinegro, Kishashi regresó una mirada curiosa ahora al niño frente suyo.
-Debe ser duro para ti, pero ¿sabes? Entiendo que tus padres sean unas cabezas huecas, muchas veces los adultos hacemos cosas insensatas y hasta crueles a nuestros hijos precisamente porque queremos evitarles sufrimientos. –Suspiro cansadamente, rascándose la barbilla.- Si mi hija me dijera que quiere ser un shinobi, créeme que no lo permitiría…. Pero dada tu situación, creo que excluirte del mundo y sus actividades resulta más contraproducente para tu crecimiento. ¿Que te parece si te propongo asistir a la academia ninja?
-¡¿Pero que dice, Hokage-sama?! ¡Usted no puede estar hablando enserio!
-Hablo muy enserio, Kushina-san y lo haré. Menma-kun asistirá a la academia ninja, aunque se que ustedes y Konoha se opondrán a ello y por eso, ya he tomado medidas al respecto. Además, debo pagarle el favor a Jiraya-san… -Minato respingó.
-¿Mi maestro?
-Si, él salvo la aldea donde mi hermano y su esposa viven, estoy en deuda con él. Algunas semanas atrás él visito a mi hermano y le pidió que intercediera ante mi por su ahijado, ¿Qué puedo decir? Si Jiraya ve en Menma-kun un prospecto para ninja, entonces, creo que debemos darle la oportunidad de probarlo.
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Fue así que Menma asistió a la academia inconsistentemente al resto de los niños de la aldea, si bien el trato planteaba que él pudiese ir y aprender en la academia ninja de una a dos veces al mes, para Menma era todo un deleite y milagro, pues el consejo –quien siempre había estado en su contra– autorizo dicho tratado. Minato y Kushina supieron que no todo en ese trato era malo, pues su hijo parecía más animado que nunca antes: Se levantaba temprano, preguntaba a su padre muchas cosas sobre los ninja y sus habilidades, al llegar de la academia les contaba a ambos durante las comidas o cenas todo lo que habia visto y aprendido sin la mayor reserva. Ante sus ojos, Menma había despertado totalmente como un niño hiperactivo e inquieto, insaciable de conocimiento y necesitado del mismo; por primera vez en muchos años, la familia Namikaze se sentía feliz, plena y tranquila, pues su hijo ya no llevaba sobre si la sombra de la tristeza del repudio de la aldea.
Menma creía firmemente que podría deshacerse de la oscuridad.
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-¡Buen tiro, Menma-kun!
El pelinegro sonrió con orgullo al ver como todos los blancos a su alrededor tenían una shuriken incrustada en su centro, aquello le parecía un juego de niños pero no importaba, él disfrutaba de cada una de las actividades a las que Iruka sensei le indicaba. Ese hombre era alguien importante para él, era casi como un segundo papá por decirlo de algún modo. Aunque algo contraproducente era que con cada visita que hacia a la academia, más de un niño le molestaba o susurraba constantemente sobre si, aunque durante de las practicas –debia admitir– le era particularmente divertido ver a todos esos mocosos observándole con notable admiración e incredulidad ante sus habilidades cada vez más desarrolladas. Lanzó una vez más y escucho las exclamaciones de impresión del resto de la clase en turno de Iruka-sensei, sintiéndose extrañamente más poderoso que antes.
Con un suspiró, se decidió por mirar la expresión de su público y sin esperarlo, sus orbes se toparon con unos de color ónix, cuyo portador parecía observarle con la misma conmoción del primer encuentro. Se miraron por breves instantes y Menma reconoció a ese niño al instante. En alguna ocasión en que paseaba por la aldea antes de comenzar a visitar la academia y mientras pasaba por la misma, recordaba haber visto a ese chico de cabellera oscura realizar una aparente prueba de ninjutsu donde se impuso como el mejor tras usar una técnica de Katon, tan sorprendente y admirable, que inclusive él se sintió celoso de que alguien pudiese ser tan hábil. Sasuke Uchiha, ese era el nombre de ese niño y era conocido en la academia por ser no solo el mejor de la escuela y su aula, sino también por ser un atractivo para las niñas y ser proveniente de un legendario clan. Por breves instantes le pareció divertido el hecho de que precisamente fuera con él con quien primero se encontrase en su campo visual y sin poder evitarlo, una sonrisa arrogante se formó en sus labios, dichoso de la reacción furiosa que recibió del otro.
En ese momento, Menma pudo jurar que ese chico y él compartirían una grandiosa y épica rivalidad que se extendería con los años.
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Ese mismo día y al regresar a casa, Menma pensó que no era mala idea intentar acercarse a ese Uchiha alguna vez para conversar o practicar juntos, apostaba que sería bastante productivo tener alguna relación con él, ¿Quién sabe? Hasta podían terminar siendo ese clásico par que iniciaban como rivales pero que terminaban por convertirse en los mejores amigos del mundo. La palabra amigos jamas figuró entre sus intereses u aspiraciones, pero ahora que estaba probando un poco del mundo que siempre se le negó, no encontraba desagradable el hecho de tener por lo menos un amigo… De hecho y siendo sincero, deseaba enérgicamente llegar a compartir un vínculo de amistad con otra persona que le comprendiera sin la necesidad de dirigirse palabras, tanto así que el choque de sus puños y miradas fuesen suficientes para saber lo que el otro pensaba. Irónicamente, no fue el niño Uchiha con quien compartiría su primer contacto de amistad de este tipo.
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-¿Te encuentras bien? ¿Puedes caminar? Esas rodillas tuyas no se ven nada bien.
Menma observó serenamente a la niña pelirosa que ahora se mantenía de pie frente suyo. Aquella chiquilla a la que había ayudado era particularmente rara, se dijo, sin embargo, en esa rareza albergaba una nada clásica y poco frecuente belleza. Realmente no sabia que era lo que le había impulsado a intervenir en aquella pelea, después de todo, no era normal que él se preocupase por alguien de la aldea. Sin embargo, viendo detenidamente a esa niña, toda ella le parecía demasiado frágil… Sus ojos, su cabello, su piel, su cuerpo entero, todo en ella indicaba un clásico espécimen de fragilidad y debilidad nata de las mujeres y no solo eso, algo en su aura dejaba en claro que más allá de su aspecto, en la cuestión emocional también era dulce y amable. Algo que sin duda llegaba a fastidiarle, esa niña no era diferente a las demás.
-Si, no es nada… Gracias por ayudarme. ¿Tú eres…? –Ahora si se sorprendió.
-¿Qué quien soy…? ¡Espera, espera! ¡¿N-No sabes quien soy?!
-Si lo supiera, no estaría preguntando al respecto, ¿no crees?
Con un rápido parpadeo, la sorpresa se mezcló con alguna clase de amena gracia, ¿Qué no sabia quien era el, la bestia, el monstruo de Konoha? ¡No podía creerlo! Más que sentirse ofendido ante su desconocimiento, Menma se encontró algo aliviado de ello. ¿Qué reacción habría tenido de saberlo? Aunque de antemano le sorprendía la forma en que le habló, es decir, no era frecuente encontrarse con alguien tan aparentemente delicado y que tenga una lengua tan afilada… Posiblemente, estaba exagerando un poco solo por el hecho de que no se esperaba una contestación como aquella. Carcajeó, mostrándose bastante relajado ante ella.
-Eres muy ruda como para verte así de frágil, tal vez deberías fanfarronear así con otros y no conmigo, tu salvador, mocosa engreída. –Le pareció tierno el sonrojo de enojo en sus pálidas mejillas y se apresuró a hablar.- Por otro lado y lo que si es de sorprenderme, es el hecho de que no tengas ni una mínima idea de quien soy yo. Por lo regular todo el mundo huye al verme…
-¿Huir? ¿Por qué deberían huir de ti?
-Bueno… Digamos que hay algo malo dentro de mi que causa que la gente me tenga miedo. Ya lo has oído, la aldea me conoce como "la bestia Namikaze", el monstruo…
Mencionar eso le produjo una enorme sensación de triste nostalgia, era casi imposible no rememorar cada insulto, cada golpe, cada mirada que recibía de la aldea desde que comenzó a crecer en Konoha; con la oportunidad que Kishashi le dio, esas cosas habían disminuido y sin embargo, el sentimiento de odio prevalecía implícito en cada lugar y en cada persona. Era inevitable ser rechazado y se preguntaba si algún día podría vivir en paz. Sus pensamientos fueron interrumpidos con la suave pero firme voz de la pelirosa.
-Yo no creo que seas un monstruo.
-C-Cómo… ¿Cómo puedes estar segura de eso? No me conoces… -Ella se encogió de hombros.
-Bueno, es cierto que no te conozco pero sé que no eres alguien malo. Los aldeanos son estúpidos y solo hablan por hablar. ¡Es absurdo, shannaro! Además… Tú me salvaste, eso demuestra que no eres malo. –Esta vez, Menma no pudo disimular su asombro.- No se qué es eso que ahuyenta a la gente pero no creo que realmente seas una bestia o lo que todos esos estúpidos niños digan… A mi ver no eres ninguna clase de monstruo, solo eres un niño, igual que yo… Eso basta para mi.
-Ya veo… Esta es la primera vez que alguien me dice algo así. Se siente bien no ser repudiado, al menos por una mocosa engreída. –Ella resoplo, alzando una mano hacia él.
-Pues esta niña engreída tiene un nombre, ¿sabes? Mi nombre es Sakura, Haruno Sakura. ¿Y el tuyo?
Era sabido para él que la naturaleza humana era cambiante y engañosa, en su vida no había podido confiar en nadie por que siempre estaban atentos a cualquier distracción para apuñalarle y sin embargo, en los orbes jade de esa niña no encontraba ningún indicio de mentira o intención distinta más allá del ofrecimiento de una amistad. Por un momento dudo, no por ella, sino por él mismo, ¿seria capaz de llevarse bien con ella? ¿Podrían relacionarse normalmente sin que su origen fuese un impedimento? ¿Él que era una bestia, podría estar junto a alguien tan amable como ella? Lentamente, su mano se alzó y sujeto titubeante la que la pelirosa le ofrecía; ante el apretón que ella le dio, como si se tratase de un saludo entre adultos, el pelinegro no pudo evitar sentirse en confianza y sonreír, de medio lado, mostrándose plenamente feliz de su encuentro con ella.
-…Mi nombre es Menma, Namikaze Menma.
Tal vez se había equivocado, Sakura si era diferente al resto.
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Durante esa época muchos en la aldea hablaban ahora de las aparentemente buenas habilidades que poseía sobre el manejo de la teoría y práctica de las técnicas shinobi, era por palabras de Iruka que algunos comenzaban a cuchichear que no era tan malo como parecía hace algunos años atrás. De ser odiado por la aldea, Menma comenzó a ser bien visto por algunas minorías… Y cada vez que pensaba en ello, a su mente venia el recuerdo de la niña pelirosada a la que ayudo y que había estrechado su mano con sincera simpatía. Deseaba que algún día pudiese volver a verla. Sin embargo, dicha buena atención comenzó a crear entre algunos niños cierto rencor hacia él y debido a ello, nuevamente comenzó a ser blanco de agresiones físicas y verbales; Menma había pasado un año sin lidiar con esas cosas y ahora que todo volvia a él, se sentía cada vez más acorralado que nunca en el pasado. ¡Realmente se esforzaba al máximo! Día tras día hacia oídos sordos y labios mudos ante las horribles cosas que decían en su contra… Todo apuntaba a que Menma lograría sobrellevar la carga, hasta ese día en que perdió el control.
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-Menma-kun… ¿Qué has hecho?
El ojiazul giró su mirada a la persona que hablaba a sus espaldas mientras su mano seguía sujetando del cuello a uno de los niños de la academia ninja; el niño gimoteaba como un cerdo mientras su rostro estaba amoratado e hinchado. Iruka-sensei le miró con horror y pánico, casi del mismo modo en que el resto del grupo lo hacia desde sus lejanas posiciones pagadas a cada extremo del aula. Él por su parte no se inmuto, ya estaba demasiado acostumbrado a causar esas reacciones y no tenía necesidad de ponerse nervioso, sabía lo que vendría después de golpear a un "inocente" niño.
Tal y como predijo, ese mismo día llamaron a su padre para que fuese por él a la academia, además de informarle que no deseaban que volviese a aparecerse en la misma para evitar daños peores. El padre del agredido exigió que le dieran su merecido y sin siquiera esperar, comenzó a golpearlo en el salón que fungía como dirección ante la vista de Iruka-sensei y su propio padre, Minato, quien únicamente se limitó a observar a su hijo sin ninguna emoción aparente más allá de la lastima. Una vez terminada la paliza, Minato se disculpó y marcho junto a Menma de regreso a su hogar. Durante el transcurso, no fue extraño que los aldeanos le dirigieran rencorosas y nauseabundas miradas al menor; antes de llegar a casa, Minato se detuvo y viendo que ambos estaban solos, se inclinó frente a su hijo dispuesto a hablar por primera vez con él desde que salieron de la academia.
-Menma, hijo… ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué golpeaste a ese niño?
-No lo entenderías, padre.
-Lo haría si me lo explicaras… No comprendo como lo hiciste, es decir, luego de mucho tiempo Kishashi-sama pudo hacer una excepción contigo para que pudieras presentarte en la academia. ¿No era eso lo que querías? Prometiste que te portarías bien y lo hiciste, por eso no comprendo como fue que te saliste de control cuando todo marchaba perfectamente.
-…N-No quería hacerlo.
-¿Entonces por que lo hiciste?
-¡Por que él me incito a hacerlo! Desde la primera vez que me plante en la academia, ese mocoso y muchos más hablaban a mis espaldas, decían cosas horribles de mi, de mamá… No podía tolerarlo pero no hice nada por la promesa que hice contigo… -Explicó con un gesto de frustración en su rostro.- Pero hoy fue mi límite. Quise evitarlo pero él insistía una y otra vez… Tanto como la otra voz y al final no pude resistirme, debía darle su merecido. Sabía lo que pasaría si lo hacia pero no me importo, ya no…
-Entiendo como te sientes, no a sido fácil para ninguno pero lo que hiciste no fue correcto. Debiste contenerte como siempre… Además es normal que existan bravucones en la escuela, no es algo nuevo, incluso mamá y yo sufrimos de ese tipo de agresiones… -Menma le miró repentinamente iracundo.
-¿Qué sufrieron las mismas agresiones? ¿Qué es normal que abusen de mi? ¡¿Crees que soy estúpido?! ¡Vas a decirme que es normal que toda la aldea me odie hasta el punto de desear matarme, es normal que la gente nos agreda! ¡¿Es normal, lo es?!
-Menma-kun… Escúchame…
-No, ya no creo en ti. Jamás hablas con la verdad, solo me mientes y te mientes a ti mismo diciendo que todo mejorara cuando no es así… Dices que puedes entenderlo pero ¿que puedes saber tu? No es a ti a quien llaman monstruo, no es a ti a quien fastidian, no es a ti a quien arrojan cosas ni humillan mientras va por la calle… Después de todo eres el rayo amarillo, un héroe de guerra ¿no? Nadie se atrevería a avergonzarte.
-Te equivocas, me avergüenzan y humillan cada vez que voy contigo.
Sus orbes se abrieron con total impresión ante las palabras de su propio padre, sintiendo dentro de si un enorme vacio. Minato boqueó como un pez, sabia perfectamente que sus palabras no habían sido las correctas para expresar lo que sentía pero estaba cansado de lidiar con toda esa porquería, no sabia que decir ni como decirle las cosas a su hijo y sin saber que más hacer para remediar sus palabras, se puso en pie y subió las escaleras que llevaban a su hogar. "Te lo dije, mocoso. Incluso tu padre te odia…" Menma comenzó a temblar a la par en que sus ojos comenzaban a nublarse con lo que serían lagrimas retenidas, pues aun con el dolor que sentía, era incapaz de permitirse llorar y se dispuso, únicamente a buscar la forma de contener su tristeza dentro de su alma como siempre hacia desde que llego al mundo. Cuando se hubo tranquilizado, siguió el camino que llevaba a su hogar. Tal vez la otra voz tuviera razón, pero no culpaba a sus padres si lo odiaban.
Después de todo, él llevaba una bestia en el interior.
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Las cosas empeoraron después de ello. Dejó de asistir a la academia y prácticamente había adoptado una actitud totalmente lúgubre y desanimada, o mejor dicho, reacia a mostrarse agradable con el mundo. Cada vez con mayor presencia, él y sus padres se distanciaban más hasta el punto en que tanto Minato como Kushina reuían de su contacto; se había vuelto muy agresivo, tanto que ahora la gente ya era incapaz de maltratarle como antes por temor a activar su locura; todo el mundo hablaba sobre su monstruosidad en voz alta cuando no estaba presente y cuando lo estaba, susurraban, hasta que el punto en que nadie le llamaba por su nombre sino simplemente por la bestia Namikaze y aunque pudo haberse mostrado molesto por ello, Menma se sentía orgulloso de ese título, decidiéndose por no negar lo que realmente era y preservar ese sobrenombre por una eternidad.
De la nada y ante la creciente amenaza que Menma representaba, y temiendo que su actitud despertase de algún modo al Kyuubi, se le asignó un vigilante de las sombras para que lo mantuviese a raya de ser necesario, además de informar constantemente a los altos mandos de su conducta. Dicho vigía no sería otro que Uchiha Itachi, un Ambu y miembro de la Akatsuki –Organización que poco le interesaba, pues a la menor mención se aburría y quedaba ampliamente dormido–. La primera impresión que tuvo fue negativa, se sintió tremendamente fastidiado y odiaba tener que aguantar a un tipo siguiéndole las espaldas. Sin embargo, las cosas cambiaron e Itachi logró abrirse paso al interior de Menma. De algún modo y con el transcurso de los días, ambos habían desarrollado una amistad y Menma se dio cuanta de que había personas que compartían muchos de sus ideales.
Itachi podía verse aterrador e intimidante para muchos, pero comparándolo consigo mismo, Menma se encontró mucho más horroroso de lo que el Uchiha podría llegar a ser; además él era un hombre pacifico y muy amable, casi podía decirse que Itachi era todo lo contrario a lo que su imagen dejaba a ver. Itachi odiaba la guerra y consideraba absurdas las ideologías de las naciones que provocaban problemáticas estúpidas y guerras sin sentidos, algo con lo que Menma se familiarizo en extremo: Era a causa del Uchiha que el Namikaze mantendría el sueño de reformar el mundo y traer la paz al mundo. Y con cada vez que Menma le repetía a Itachi que no se rendiría hasta lograrlo, Itachi le repetía constantemente que tenia fe en él y que creía firmemente en que podría llegar a transformar al mundo en un lugar mejor, tanto así que le prometió abogar por él ante el consejo para que le permitiesen regresar a la academia. En sus palabras, Menma encontró fuerza para seguir adelante e intentar cambiar para bien de la aldea, para el bien de su familia y para su propio bien.
Sin embargo, Itachi comenzó a actuar cada vez más extraño y una noche, Menma observó al fin la imagen más deplorable del portentoso y amable Uchiha.
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-Itachi, ¿eres tú?
Menma observó sin siquiera intentar disimular su impresión al Uchiha, que se mantenía de espaldas a él en medio del bosque donde algunas veces Menma solía ir y dormitar. Hacia tiempo que Itachi había sido removido de su cargo como vigía, por lo cual hacia días que no le había visto y sin embargo, en aquella ocasión, el Namikaze no pensó encontrarse con Itachi de aquella manera. Itachi estaba en medio de la oscuridad, luciendo totalmente desolado, portando sus vestimentas Ambu manchadas con sangre al igual que su katana. Lejos de temer, el pelinegro se acerco con claro gesto de confusión y preocupación en su rostro hasta colocarse frente a él.
-¿Qué demonios paso? ¿Qué fue lo que hiciste? ¡No me digas que…!
-Si, acabo de eliminar a todo el clan. –Menma respingó.
-No me lo puedo creer… Itachi, ¿acaso estas loco? ¡No debiste aceptar la misión de Danzou! ¿Crees que realmente va a ayudarte ahora que mataste a los Uchiha? ¡Él solo te ha usado y va a traicionarte!
-Losé, no soy tan estúpido como para caer en los engaños de ese hombre… Desde el primer instante en que me propuso ayudarle a eliminar al clan supe que de aceptar, no tardaría mucho en asesinarme a mi también. Soy una amenaza igual o mayor que mi clan entero y Danzou lo sabe, con lo que he hecho, ahora tendrá total apoyo de la aldea para cazarme. –Menma quizo reprocharle pero el mayor no se lo permitió.- No me dejaron alternativa… De cualquier forma, sea que lo hiciese o no, los Uchiha iban a desaparecer. Además no hice esto por Danzou sino por mi y por la aldea… Soy Itachi Uchiha de la aldea de la hoja y eso nunca cambiara.
-¡Tsk! Pues esta bien que te consideres aun un shinobi fiel a Konoha, aunque Konoha no pensara igual y te darán la espalda.
-Eso no me importa, de momento, debo proteger a la aldea y detener los planes de Danzou para hacerse con ella. Akatsuki me ayudara con ello, me ocultare por tiempo indefinido y cuidare de la aldea pero antes de irme… Quería saber si estabas bien. –Menma parpadeó, confundido.
-Espera, ¿estas diciendo que te preocupas por mí y viniste hasta aquí, sabiendo que en estos instantes medio mundo estará buscándote? ¡Eres un completo idiota! Esto es incómodo, no deberías preocuparte por mi, no lo vale.
-De acuerdo, me atrapaste, la verdad era que quería despedirme de ti. Eres un amigo muy apreciado…
-Oye, ¿estas intentando decirme que eres gay? Por qué temo decepcionarte, a mi me gustan las chicas. –Ambos rieron sutilmente ante la broma.- Yo estaré bien, siempre lo estoy, por el contrario tu no estas a salvo aquí, es mejor que te vayas antes de que te encuentren.
Itachi asintió y tras guardar su arma, alzó su mano y golpeó sutilmente la frente de Menma en un gesto que el menor sabia, significaba mucho para el Uchiha. Por primera vez, el Namikaze no se quejo ni emitió alguna clase de reproche por el acto y se limitó a guardar silencio, observando a Itachi marcharse con indicios de tristeza bien enmarcados en sus orbes azules. Chasqueó la lengua y apretó los puños con frustración; abrió sus labios y le llamo en un grito, logrando detenerlo por breves instantes.
-¡He decidido convertirme en Hokage! Voy a cambiar el mundo, ya no habrá más dolor ni guerra, no habrá matanzas ni injusticias, ¡Solo paz, solo tranquilidad! No se cómo voy a hacerlo pero lo haré. P-Por eso, debes volver… ¡Debes encontrar el modo de volver! –Gritoneó, desviando la mirada al suelo y sintiendo sus mejillas arder con vergüenza.- No creas que digo esto porque te aprecio o por que te considero un amigo, bastardo, solo lo hago para que sepas que no olvido mis promesas…
-Entiendo, haré lo posible por cumplir la mía.
-Eso espero, para cuando vuelvas, ya verás que seré tu nuevo hokage. ¡Y más te vale que mates a ese idiota de Danzou pronto o pateare tu trasero por lento, maldita sea!
Y así, Menma vio partir al único hombre a quien pudo llamar amigo por primera vez.
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Ya habían pasado mucho tiempo desde que se había desconectado del mundo luego de la partida de Itachi y los acontecimientos de la masacre Uchiha cuando un hombre, extraño a su ver, vino a verle durante una de sus fugas nocturnas. Él había estado practicando lo poco que recordaba sobre las clases de Iruka sensei cuando ese tipo le interrumpió mostrándose bastante amistoso con él y aunque algo de alerta le advirtió que aquello no era normal, el hecho de que alguien volviese a acercársele de ese modo tan sencillo y amigrable le hizo caer en la trampa. Durante todas las noches, ambos se reunían en la profundidad del bosque para conversar o practicar. Descubrió pues que ese tipo enmascarado era nada más y nada menos que un Uchiha, uno que al igual que él había sido repudiado por su propia gente por un malestar psicológico a causa de su participación en la guerra. Le pareció demasiado injusto que las personas como ellos, quienes no eran culpables de sus fallas, fueran simplemente tachados por la sociedad y obligados a vivir en la soledad sin ninguna clase de esperanza en el futuro.
Obito, su compañero de exilio, era parte de la organización Akatsuki –De la cual lo único que le interesaba era su relación con Itachi– y decía que como líder, buscaba hacer que la compañía dejase de lado cualquier índole político entre las naciones para perseguir un fin mayor: la paz del mundo bajo sus propios medios. En su letanía, Menma creyó encontrar al fin una forma de convertirse en Hokage y reformar el mundo y sin preámbulos se mostró ampliamente cooperativo en dicho plan. Ese fue el primer y más grave error. Las noches siguientes, Obito le hacia entrar en un estado de inconsciencia con la que supuestamente pretendía liberar su propio chakra y separarlo del Kyuubi, a fin de que pudiera demostrar su verdadero poder y fuese un digno candidato al mando de Konoha al que nadie podría retar para destruir su aldea. Sin embargo, la verdad era que en esa inconsciencia inducida por el sharingan, Obito intentaba inmiscuirse en su interior para negociar con el Zorro demoníaco, aliándose para consumir al joven jinchuriki y poder liberarlo.
La voz del Kyuubi susurraba en sus oídos día y noche, insinuándole traiciones y palabras que despertaban con facilidad su odio y mal humor; para Menma era cada vez más difícil no concordar con las ideas que planteaba la bestia, algunas veces no podía evitar hacer lo que él le decía y sin embargo, de algún u otro modo y cuando parecía casi perder los estribos, lograba controlarse. Obito no se dio por vencido y comenzó a trastornar la mente del Namikaze a través de los pesares de Menma y su relación tanto con la aldea como con sus padres, con quienes parecía tener cada vez más diferencias que semejanzas. Poco a poco, el ojiazul comenzó a perder el rumbo, empezó por creer que realmente lo que Obito y el Kyuubi decían era la verdad. Él nunca sería visto por Konoha como un amigo, nadie le miraría sin sentir repudio u odio hacia él… Y en una noche, cuando Menma se mostró ampliamente desairado, Obito vio al fin la oportunidad perfecta para romper el sello que limitaba al zorro.
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-Te lo dije, ¿no es así? A Minato no le importas en lo absoluto.
Menma bajó el rostro mientras intentaba retener las lagrimas que buscaban salir de sus orbes ante la ira y el enorme sentimiento de desamor que llevaba consigo. Su mejilla estaba rojiza y dolía como mil agujas sembon pero eso no era precisamente lo que causaba agonía al Namikaze, sino la forma en que recibió ese golpe y de quien lo había recibido. Ese día sus padres recibieron la queja de un hombre, un simple e inocente tiendero que decía haber recibido una fuerte agresión de él y exigía que se le diera una reprimenda adecuada a su ultraje, ya que además de haberle golpeado, aseguraba que Menma habia intentado robar una de sus mascaras en venta. Como muchas otras ocasiones, sus padres solo creían lo que los aldeanos iban y les decían sobre sus actos pero nunca se detenían a oír la versión de su hijo: Sin duda, había agredido a ese tiendero pero con la única intención de defenderse a si mismo.
La verdad era que él planeaba comprar esa mascara para el próximo festival –Al que no asistiría pero que quería celebrar en su soledad– de Konoha y cuando preguntó el precio, el hombre reacciono con furia y comenzó a golpearlo con algo similar a un palo, con el que supuso alzaba las mascaras a su sitio de venta. Si vieran su espalda se darían cuenta de ello, pero no lo hicieron y una vez el tiendero se fue, Kushina estalló en lagrimas y Minato comenzó a descargar su frustración con Menma. La bofetada que recibió de su padre le dolió mucho más que las acusaciones falsas que recibía todos los días, le dolió mucho más que los golpes en su espalda y los odio, a ambos, por haberle traicionado una vez más. Así pues huyo de casa y ahora, se encontraba con el hombre enmascarado de Akatsuki, aunque este ultimo había cambiado de vestimentas. La antigua mascara amarillenta y con flamas negras había desaparecido, mostrando su rostro marcado por la falta de un ojo y la piel arrugada en ese sitio; no vestía la túnica de nubes de Akatsuki, en su lugar llevaba una clase de ramera de cuello alto en tono morado, unos pantalones oscuros y una rara arma con forma de calabaza a su espalda; su cabello anteriormente largo ahora estaba corto, poco más corto que el suyo. Obito acaricio su cabellera y sonrió con sorna.
-Debe ser difícil para ti lidiar con esto, si no llevases a ese monstruo en tu interior, seguramente toda la aldea y tus padres cambiarían su forma de ser contigo. –Menma asintió, alzando tímidamente la mirada.- Quiero ayudarte, chico, ¿quieres que saque esa bestia de ti?
-¡¿Qué? ¿Eso es posible?! Papá… No, Minato dijo que eso no podía ser.
-Tu padre es un ingenuo, seguro dijo eso por que el desconoce la forma de hacerlo pero para suerte tuya, yo se la forma de quitarte toda esa carga. Imagina lo bien que te recibirán, ¡todos te amaran, te aceptaran! ¿No es eso lo que quieres? Entonces, ¿Qué dices, Menma-kun?
-Yo... Quiero dejar de ser un monstruo, ¡quiero que la bestia este lejos de mi, quiero vivir en paz y ser normal! –Obito sonrió, malévolamente.
-Entonces pongamos manos a la obra.
Sin siquiera esperarlo, y tras un par de rápidos sellos, Menma se vio siendo atado de piernas y manos por alguna clase de cadenas de tinta o mejor dicho de escritos que el no podía lograr ver ante su incomoda posición. Aquellas cadenas se entendieron para mantenerlo cautivo y se unieron en su estomago, causándole una breve punzada de dolor. Obito se encargó de abrir la ramera naranjada que portaba, alzó un poco su camiseta blanca y le permitió ver como el sello que había estado en su estomago desde su nacimiento se expandía y se abría como un agujero. Otra punzada y Menma comenzó a sentirse repentinamente asfixiado. Una explosión algunos metros a la distancia llamo su atención, aunque aparentemente el mayor no mostró ninguna clase de extrañeza ante ello.
-¿Qué a sido eso? Esa explosión fue dentro de Konoha…
-…Parece que ya a comenzado.
-¿De que hablas? ¿Sabes sobre esto?
-Por supuesto, este es el golpe de estado que Danzou a estado planeando… Ahora que Itachi es un traidor, a usado a sus mejores usuarios en jutsus de transformación para hacerlos pasar por los miembros de Akatsuki y hacer parecer que todo este ataque es parte de la organización.
-¿Y que demonios haces aquí? ¡Tu eres el líder de Akatsuki, ¿no es así? Debes ir y detenerlo! –Obito rió sonoramente.
-¿Es que acaso no lo entiendes, mocoso? ¡En verdad eres estúpido! La muerte de los Uchiha, mi acercamiento a ti, todo esto a sido planeado para que saliera de este modo. Danzou se ocupara de eliminar al actual Hokage y bueno, ya te imaginaras a quien le han dado la parte más importante. –Comentó, apuntando el agujero en el estómago de Menma.- Yo soy un infiltrado de Danzou en Akatsuki, de modo que con mi papel en este golpe nadie dudara que Itachi y la organización están en contra de la aldea. Eres demasiado ingenuo, realmente me dejaste fáciles las cosas.
-E-Eso quiere decir que todo fue… ¿Todo fue una… mentira?
-Todo excepto el hecho de que extraeré de ti al Kyuubi, hasta cierto punto deberías estar feliz, muchacho, tu sufrimiento terminará una vez que la bestia este liberada… Después de todo, una vez que un jinchuriki pierde a su biju, morirá. –Menma le miró, totalmente aterrado; Obito por su lado sonrió.- Vas a morir, chico y cuando el Kyuubi este libre me encargaré de destruir esta aldea que tanto dolor te a causado… Tómalo como un favor de mi parte. ¡Ven, Kyuubi!
Y el ensordecedor grito de Menma acompañó la agonía que sucedió luego de que su cuerpo fuese cubierto por el chakra rojizo y burbujeante del zorro y de su interior, surgiera al fin la imponente figura del Kyuubi. Inmediatamente después Obito desapareció junto a la bestia que reapareció en medio de la aldea, lanzando un estremecedor rugido; luego de la conmoción, Minato apareció en el lugar con total preocupación: Menma yacía en el suelo, sin aparente signo de vida. Su hijo estaba muerto… O eso era lo que debería ser.
Sin embargo y para sorpresa de Minato, la suerte parecía desear lo contrario para Menma.
Hola. ¿Que les parece el capitulo? Espero fuese de su agrado, particularmente este es uno de mis capitulos favoritos :D Por otra parte, ¿que les ha parecido el manga de Naruto Gaiden con ese 7mo capitulo? Gracias por sus comentarios y favoritos, son de gran inspiración para continuar la historia y ya saben que cualquier comentario que tengan pueden hacermelo saber a través de un review ¡Byeee!
