Comandos

Todo aspirante a capitanear una nave estelar debía enfrentarse a la imbatible Kobayashi Maru, una prueba destinada a los cadetes de último año que, previamente, tenían que pasar "Marathon", prueba ubicada en el tercer año de formación y que estaba ideada para simular una interminable batalla contra los klingon, a bordo de una NX-01, que podía extenderse hasta las veinticuatro horas de duración. A lo largo de la historia de la academia pocos habían logrado llegar hasta el final de la prueba pero, todos y cada uno de cuantos lo habían logrado, habían obtenido los mejores tiempos en la Maru y, años después, llegado al puente de mandos de una nave de la federación.

Debido a su programa acelerado de comandos Jim iba tomar la prueba en apenas unos minutos. A diferencia de la Maru, en Marathon no podía disponer de un equipo elegido por él, sino que todos los miembros del puente eran instructores de la academia designados por sorteo entre todos aquellos que estuviesen disponibles.

–¿Dispuesto a aguantar de una pieza por lo menos cinco horas?– le preguntó Bones en la sala de espera previa al simulador, sabedor de que aguantar aquel tiempo era ya un gran resultado.

–Más que eso– las comisuras de los labios de Jim se alzaron en una confiada sonrisa–. Voy a pulverizar esa marca y voy a lograr terminar la prueba en menos de diez.

–Para que no se diga que te falta confianza, ¿eh muchacho?– el médico palmeó el hombro de su amigo–. Voy al pasillo de observación, tengo algo tiempo, hasta mi próxima clase, para ver como derribas a un par de klingons. Buena suerte.

–Gracias Bones.

Al tiempo que Leonard iba a la zona destinada a los observadores y curiosos, Jim fue llamado para entrar en el simulador. Una réplica casi exacta del puente de mando de la NX-01 en dónde ya le esperaban ocho instructores que harían las veces de su tripulación. Uno a uno Jim les saludó, ocupó su puesto en el centro, y la prueba dio comienzo. A los diecisiete minutos de vuelo las alarmas comenzaron a sonar y los klingon aparecieron en los paneles.

Desde su cómoda posición Bones había observado el aspecto confiado, casi arrogante, con el que Jim se había entrado en el puente.
–Maldito mocoso engreído– dijo entre dientes, pero sin evitar una sonrisa.

Sin embargo, en cuanto las alarmas anunciaron la llegada de los enemigos, la postura de Jim varió, no mucho, pero si lo suficiente cómo para dejar de ser insultantemente despreocupado y parecer sereno. El médico no se sorprendió al ver como Jim comenzaba a dar órdenes a diestro y siniestro sin dudar ni vacilar en ninguna de ellas; él ya le había visto actuar de forma similar en las maniobras que habían realizado durante su primer año, y en las que Jim había terminado asumiendo el mando después de que su escuadrón realizase una desastrosa incursión en territorio enemigo.

Hora y media después, y en medio de un envite bastante duro de los klingon, Bones tuvo que dejar su observación para asistir a sus propias clases.


A primera hora de la tarde el médico regresó a la sala de entrenamiento en la que Jim continuaba resistiendo. Antes de acercase al cristal que le separaba de su amigo se detuvo un instante ante el panel que mostraba los resultados hasta ese momento obtenidos por Jim, Bones no pudo evitar que al confusión se reflejase en su rostro.
–Pero que cojon…
–Sorprendente, ¿verdad?

Volviéndose a su izquierda, Bones vio al capitán Pike ojeando el panel, pero con una sonrisa que nada tenía que envidiar a la que Jim había exhibido antes de la prueba.
–Más que sorprendente: en apenas cuatro horas ha acabado con el ochenta y tres por ciento de sus enemigos. Nunca antes nadie había logrado efectuar tantas bajas sobre los klingon, no sin antes invertir más de diez horas en ello.

–No, es cierto. Pero hasta ahora nadie como él había tomado la Marathon.

Los dos hombres se acercaron hasta el cristal para observar lo que estaba pasando tras el: la réplica del puente se sacudía de forma violenta, y todos los miembros de la tripulación permanecían atados a sus asientos por los cinturones de seguridad, incluido Jim que dirigía, en ese instante, el ataque de fotones sobre una nave enemiga. Su gesto era serio y parecía plenamente inmerso en la simulación.

–Esta es la peor parte– dijo Pike–. Hay dos cruceros klingon atacando, y Jim está quedándose sin recursos: se le agota la munición.

–Por la sonrisa de idiota que llevas desde que llegué deduzco que el muchacho va a salir a airoso.

Pike le miró con diversión.

–Así es.

Bones no tuvo que esperar mucho para ver cómo su amigo solventaba el problema de la munición pues, tras hundir el primero de los cruceros con un certero disparo, envistió con la NX al segundo, exprimiendo al máximo los escudos de la misma y haciendo que estos reventasen a la nave enemiga.

Desde ese momento, Jim sólo necesitó de una hora más para finalizar la simulación que concluyó con aplausos y felicitaciones por parte de los instructores. Cuando Bones se giró hacia Pike para alabar el trabajo de su compañero descubrió que el capitán ya se alejaba por el pasillo, con una sonrisa aún mayor en sus labios.


–Por ti– Bones alzó su cerveza hacia Jim–. Por el mayor culo de la historia de esta academia, y por el único que ha pasado la Marathon en siete horas y treinta y dos minutos.

Riendo, Jim alzó su propia cerveza hacia la de Bones antes de chocarla con las bebidas de Uhura y Gaila que les acompañaban en la mesa del bar al que Jim les había invitado para celebrar los resultados de su prueba.

–El primero que ha bajado de las diez horas– dijo Gaila abrazándose al brazo de Jim–. Y sin apenas daños en su nave.

–Bueno, tuve que renunciar a los escudos– admitió Jim dando un trago a su cerveza–. Eso me hubiera colocado a mi nave en una situación bastante comprometida si el ataque se hubiera prolongado por más tiempo.

–El caso es que venciste.

Jim sonrió a la orionita y le dio un beso.

–Aún no puedo creerlo– dijo Uhura viendo el padd con las marcas que Jim había logrado–. Según esto no eres un completo descerebrado.

–Ya te lo había dicho– replicó Jim con un mohín–. ¿Por qué no me creíste?

–Por que a pesar de lo que diga esto– Uhura le mostró el padd– yo sé que eres un descerebrado.

–En ese caso, voy a tener que demostrarte que no lo soy.

–¿Y cómo lo harás?

–Invitándote a acompañarme en mi Maru.

Tres pares de ojos se clavaron en Jim, que no varió su postura.

–Estás de coña, ¿no?– dijo Bones.

–En absoluto. De hecho Bones, tú también estás invitado– estrechó a Gaila con su brazo izquierdo contra él–. Y tú también.

–Te recuerdo que la Maru se toma en el último año– dijo Uhura.

–Y yo te recuerdo a ti que estoy en comandos avanzados– Jim sonrió–. Me han permitido tomarla a final de curso.

–Estás loco– rió Gaila–. ¡Pero me encanta! Cuenta conmigo.

–¿Vosotros que decís?– les preguntó Jim a Bones y a Uhura.

La mujer le dedicó una mirada de desidia.

–Está bien Kirk, veré con mis propios ojos hasta dónde llega tu arrogancia.

–¡Bien! ¿Y tú Bones?

El médico respondió con un gruñido que Jim sabía que significaba que le acompañaría a dónde fuera necesario. Riendo, alzó de nuevo su cerveza y brindó con sus amigos.


–Aún no puedo creer que vayas a tomar la Maru– dijo Bones mientras se quitaba las botas, sentado en la cama de su habitación.
Tras un par de rondas junto a Gaila y Uhura las habían acompañado hasta sus dormitorios pues ambas tenían examen al día siguiente. Extrañamente Jim no había replicado al alejarse de la orionita por lo que Bones supuso que Marathon le había cansado lo suficiente cómo para iniciar una temprana retirada esa noche.
–El profesor Sullivan me lo dijo al darme los resultados de hoy– explicó Jim desde el baño pues acababa de tomar una rápida ducha sónica–. Puedo tomarla cuando quiera a partir del último mes de este curso académico.

–¿Y por qué a partir de entonces y no antes?

–Se supone que es por que aún debo de tomar las clases de salto warp avanzado. Marathon emplea una nave NX, pero para la Maru se simula una NCC, y lleva un motor de última generación que permite una mayor velocidad. Además su armamento es diferente, y tampoco lo hemos visto en clase.

–Entiendo: hasta que no sepas cosas de gentes raras no puedes tomar la Maru.

–Realmente serían cosas de ingeniería– rió Jim echándose en su cama con unos calzoncillos, y una camiseta, limpios–. Y ya las sé.

–¿Ves? Si hubieras puesto en tu expediente que ya tenías estudios universitarios de gentes raras no tardarías tanto en tomar la Maru– dijo Bones entrando al baño para lavarse los dientes.

–Es una licenciatura en física y en matemáticas– le corrigió Jim acomodándose más sobre su catre– Además, tampoco tengo que esperar tanto. Aunque por una parte me gustaría tomar la Maru cuanto antes y acallar las blasfemias de Uhura.

–Debes admitir que en parte lleva razón– farfulló Bones con la boca llena de espuma–. Eres un mocoso engreído.

–Hablas casi como ella. Eso significa que, al igual que Uhura: me amas.

–¿Según tú cuando alguien te dice lo que eres te ama?– Bones se aclaró la boca–. Vaya Jim, entonces debes ser el humano más amado de la galaxia.

Desde la cama, Jim rió.

–Debo serlo.

Secándose la boca, Bones salió del baño encontrándose que, en su cama, Jim había comenzado a adormecerse sin preocuparse de cubrirse con las mantas.

–Vamos, tápate– dijo el médico tirando de las mantas y obligándole a moverse–. No seas vago.

–Estoy bien así– musitó Jim, aunque siguió las órdenes de su amigo para abrigarse bajo la ropa.

Asegurándose de que Jim quedaba tapado hasta la barbilla, Bones escrutó a Jim, que estaba de nuevo a punto de quedarse dormido.

–Ei niño– le llamó con voz baja, rozando su sien con suavidad–. ¿Estás bien?

–Ummm sí– Jim se removió bajo las mantas y bostezó–. Sólo cansado.

–Entonces duerme. Buenas noches.

–Buenas noches Bones.

Atenuando las luces, el médico fue hacia su escritorio y se dispuso a ordenar los trabajos que tenía que entregar al día siguiente sin darse cuenta de que, de vez en cuando su mirada se alejaba de los padds para revisar el tranquilo sueño de su amigo, y sin saber que en poco más de dos años estaría haciendo exactamente lo mismo en el buque insignia de la federación: velar por el descanso del capitán más joven de la flota estelar.