Historia original, sin finalidad de lucro. 100% IchiRuki

CONTENIDO LEMON (Soy amateur en escribir Lemon, así que espero les guste mi primer intento)

Los personajes y escenarios los tomo prestados pues pertenecen a Kubo Tite.

Si haces uso de mi historia FAVOR DE DARME LOS CRÉDITOS CORRESPONDIENTES, GRACIAS!

¿Qué ocurre cuando dos mundos se encuentran y crean confusiones en los sentimientos y deseos de una shinigami y un humano? ¿Qué pasa si de una pasión nace el amor? Y no cualquier amor, sino uno que va más allá de lo que pudieron haber imaginado pues el mundo del que ella proviene declara la guerra contra el amor que él profesa.

.

Capítulo 4: Más que un deseo

.

Al llegar la tienda de Urahara, todos se dispusieron a comer la deliciosa cena que Ururu y Tessai prepararon, como una pequeña recompensa por el esfuerzo de reunir a esos atolondrados de sus amigos.

― ¡Ahhh! ―Yoruichi bebió directo de la jarra de sake. ―Esos tontos son más testarudos de lo que pensé.

―Yoruichi, te embriagaras muy rápido si bebes de esa forma. ―Orihime intentaba quitarle la jarra, pero únicamente consiguió que la morena la mojara con el licor.

―No seas así Orihime, disfrutemos de la vida. ―comenzó a reír a grandes carcajadas.

―Yoruichi, deja en paz a la pobre de Inoue, ya la empapaste. ―Urahara mirada con miedo a la morena.

― ¿Urahara, le ocurre algo? ―Uryu noto la expresión del rubio.

―Solo te aconsejo que no hagas enojar a Yoruichi mientras come y bebe. ―se rasco la mejilla al recordar que una ocasión le aventó la jarra vacía de sake.

―Urahara, ¿Tienes algo de ropa seca? ―la ropa de la ojigris escurría sake.

―Seguro, Ururu llévala atrás por favor, ahí tenemos ropa limpia.

―Gracias. ―la ojigris siguió a la pequeña niña de ojos dormilones.

―Ven, es por aquí.

Yoruichi arraso con casi toda la comida; Orihime y Uryu jugaban póker mientras que Chad estaba ligeramente embriagado, pues Urahara le dio sake sin que se diera cuenta; Ururu y Jinta pintaron la cara de Tessai, que ya estaba dormido. Esa noche fue divertida para todos.

::::

::::

::::

::::

No tuvo que decirle algo, él simplemente comprendió que en ese momento la puerta debería estar más que simplemente cerrada. Al colocar el seguro, ella siguió caminando hasta acercarlo a la ventana, momento que él aprovecho para abrazarla por la espalda.

Sus labios dibujaron el contorno de su delicado cuello, obligándola a ladear la cabeza para que el lienzo no se le acabara y prosiguiera hasta buscar la comisura de los labios de esa pequeña mujer que estrechaba entre sus brazos.

―Esto no es posible. ―sus ojos estaban entreabiertos.

―Dime una razón para que lo crea. ―no dejaba de acariciar su cintura, su vientre y sus hombros.

―No soy humana, no estoy viva y tengo más de un siglo. ¿No crees que es extraño? ―cerro sus ojos al sentir el cálido aliento del ojiambar cerca de su oreja.

― ¡Tsk! Eso no me importa, en todo caso también estoy muerto. ―la volteo hacia él. ―Soy un shinigami, sustituto ¿No?, y todo gracias a ti.

―Ichigo, yo… ―poso sus manos sobre el pecho de aquel hombre y dibujaba las bien formadas líneas de sus músculos.

―Ya no quiero sentir dudas. ―acerco su frente a la de ella. ―Tampoco quiero que tú las tengas.

―Aún estoy muy confundida, Ichigo. ―sus labios están a unos milímetros de encontrarse. ―No quiero lastimarte.

―Rukia, dentro de mi hay una constante lluvia, detesto sentirla. Sé que amaste a Kaien y no pido que lo olvides, simplemente pido que me des a mí la oportunidad de demostrarte que puedo amarte, incluso más que él. ―recordó la anécdota que Yoruichi y Urahara contaron.

―Él no me amo, estaba casado. ―que crédula, seguía ignorando la verdad.

Ichigo no resistió más y término por besarla suavemente: era como degustar el mejor vino, como saborear el caramelo más dulce o el pan más suave. La rodeo en un abrazo que la levanto un poco del piso. Rukia lo rodeo del cuello para no caer, aun estando segura deque no sería así, sus labios ardían y su cuerpo comenzaba a desearlo.

― ¡Ah! ―se apartó un poco de él.

― ¿Ocurre algo? ―la bajo poco a poco sin dejar de abrazarla.

― ¿Me ves cómo shinigami?, ¿Cómo humana? O ¿Cómo una mujer?

―Eres las tres cosas para mí. ―sus manos dibujaron la pequeña silueta de la shinigami.

―Este es un cuerpo artificial. ―miraba las palmas de sus manos.

― ¿Acaso no sientes lo mismo que cuando eres un espíritu? ―la veía directo a los ojos.

―Sí.

― ¿Las almas que están en el Rukongai también pueden tener hijos?

―Sí.

―Por ende un shinigami también. ―beso su frente.

―Eso es imposible. ―estiro sus brazos para apartarlo aún más de ella.

― ¿No pueden? ―la veía fijamente.

―Bueno… sí, pero… ―no sabía que decir. ― ¿Preguntas esto porque quieres tener un hijo?

―No seas tonta. ―sonrió. ―Creo que es obvio lo que intento decir. ―sus manos se acercaron a los pequeños senos de la shinigami para frotarlos suavemente.

―Mi hermano nunca lo permitirá y… ―sus labios fueron aprensados por los de Ichigo.

Él ya no aguantaba más el dolor que su corazón le provocaba, pues parecía que se saldría de su pecho a causa de las fuertes palpitaciones. Sus manos se movieron con torpeza al intentar despojar a la ojivioleta de su blusa y su falda húmedas, dejándola únicamente con el lindo conjunto interior blanco. Rukia se dejó llevar por las caricias y se acercó a la cama jalando de la playera a Ichigo, provocándolo a que se recostara a su lado. Desde luego él no tardo en deshacerse de las ropas que le impedían tener contacto con la tersa piel nívea de aquella shinigami.

Sus varoniles manos dibujaban, memorizaban y acariciaban la delicada silueta de la ojiviloeta, quien hacía lo mismo: delineaba con sus dedos los bien formados músculos de los brazos, del pecho, del abdomen e incluso de la intimidad, que aún estaba cubierta, de aquel hombre. Esto dibujo una sonrisa en el rostro del shinigami sustituto al percatarse de lo ruborizada que ella quedo tras intentar averiguar, con la mirada, la magnitud de su masculinidad.

―Tonta. ―la levanto del mentón para que lo viera.

―Es que… ―desvió la mirada. ―… todo esto es nuevo para mí: el Gigai, estos sentimientos y confusiones. ―su pequeño puño se posaba a la altura del corazón. ―Tengo miedo. ―cerro con fuerza los ojos.

―También es nuevo para mí. ―beso la comisura de los suaves y rosados labios de la shinigami.

Lentamente deslizo hacia abajo los tirantes, por los hombros de Rukia, invitándola a deshacerse de la pequeña prenda. De este modo Ichigo podía contemplar lo pequeños, definidos y firmes, senos de aquella mujer.

―Eres hermosa.

―Tú eres atractivo. ―no dejaba de acariciar cada uno de los músculos bien trabajados del ojiambar. ―Me encanta tu mirada. ―cogió entre sus manos el rostro de Ichigo.

―Si tengo que enfrentarme nuevamente a Byakuya, ten por seguro que no me contendré. ―hizo a un lado el rebelde mechón que mediaba el rostro de ella. ―Quiero protegerte.

―Ichigo… ―lo acerco para darle un beso.

Sus besos y caricias los sumergían cada vez más en el juego de la seducción, de la sensualidad, de la pasión y de lo sexual. Rukia aparto una de sus manos del rostro de Ichigo para dibujar sus brazos, su pecho, su abdomen y finalmente su virilidad, sobre la prenda interior.

― ¿Estas segura? ―era más que obvio que sí, pero deseaba y necesitaba oírlo de la misma voz de la shinigami.

―Sí. ―lo veía fijamente.

Su pequeña mano apenas y abarcaba la mitad de la masculinidad que Ichigo aún no le mostraba y brindaba placer. Lo acariciaba de tal forma que, al ojiambar, le provocaba ligeros escalofríos a lo largo de su espalda. Estaba incitándolo, estimulándolo e invitándolo a ella sin saber que estaba a punto de encender un fuego que no sabía si sería capaz de apaciguar.

― ¡Tsk! Rukia. ―hizo que la pierna de la ojivioleta lo rodeara por la cadera.

―Dime. ―lo veía con deseo.

No respondido, simplemente se limitó a deslizar con sutileza la prenda que aun cubría parte de aquella hermosa mujer. La admiro por un momento al verla en su completa desnudes: era tan frágil y pequeña, inspirandole ternura y deseo al mismo tiempo. No dudo en acercarse a ella para besarla y frotar ligeramente su virilidad sobre la intimidad de Rukia.

A ella no le agrado estar en desventaja, así que a través de caricias, besos y acercamientos incitantes logro hacer a un lado los boxers de Ichigo, convenciéndola de mirar la dimensión de aquella masculinidad, de la cual pronto descubriría su capacidad de otorgar placer.

―Rukia. ―la beso para acomodarse con tranquilidad entre sus piernas.

―Tengo miedo. ―repitió sin dejar de corresponderle el beso.

―Igual yo, créeme.

Tan distraída estaba que no se dio cuenta de que Ichigo ya estaba en medio de sus piernas hasta que sintió la firmeza de su virilidad rozar su feminidad.

― ¡Ah! ―sus manos lo apartaban un poco.

―Tranquila. ―se recargo sobre sus codos para poder juguetear con su intimidad al rozarla.

Solo podía verlo a los ojos mientras él acercaba cada vez más la punta de su miembro a su feminidad, frotándose de arriba abajo para excitarla. Lo que comenzó a desarmarla fue la presencia de la mano de Ichigo investigando su parte intima. Repentinamente sintió como la mimaba al crearle placer con tan solo dibujar círculos en su diminuto clitorix. "¡Tsk! Maldito Ichigo, ¿Cómo puede provocarme tanto placer con un solo dedo?" pensaba dificultosamente pues estaba más ocupada suspirando, gimiendo y retorciéndose, cada vez más con impaciencia, bajo el musculoso cuerpo del pelinaranja.

― ¡Hah! ―levantaba su cadera en busca de más placer. ―Esto es… ¡Hah!... injusto. ―ya estaba estimulando la virilidad de Ichigo.

― ¡Mm! ―su miembro mostraba la impaciencia del ojiambar por estar dentro de ella.

― ¡Hah! ―le encanto verla expresión de excitación de Ichigo, así que prosiguió mimando el miembro del ojiambar.

― ¡Hah! Rukia. ―su virilidad no tardo en estar más que estimulada, pues las pequeñas manos de la ojivioleta realizaban una placentera frotación a lo largo de su miembro.

El jugueteo duro unos cuantos minutos hasta que Ichigo sucumbió ante la lujuria. Así que después de asegurarse de humedecer a la shinigami hizo que lo rodeara con ambas piernas para quedar completamente en medio de ella. Lentamente acerco la punta de su miembro en el centro de la feminidad de Rukia.

―Si sientes que te hago daño, dímelo. ―no dejaba de verla a los ojos.

―Tonto, como si fueras capas de… ¡HAH! ―arquero su espalda haciéndola levantar su cadera, permitiéndole mayor facilidad de penetración a Ichigo.

― ¡HAH!

Planeaba introducirse lentamente en ella, pero al sentir en la punta de su miembro lo estrecha que era no evito penetrarla sin más preámbulos.

― ¡Hah! Ichigo. ―lo atrajo con fuerza con sus piernas mientras levantaba su cadera al sentirlo salir de ella.

― ¡Hah! ―su cordura se estaba desvaneciendo.

Sintió como el pequeño cuerpo de Rukia se estremecía y temblaba. "Me vuelve loco" pensó al mismo tiempo que decidió penetrarla completamente con rudeza, esta vez. Y al escuchar el agudo gemido de la ojivioleta, Ichigo supo que la fragilidad interna de ella le pertenecería solamente a él, solo a él.

― ¡Hah! ¡Hah! ―subía y baja la cadera conforme las estocadas de Ichigo la hacían arquearse, y sujetar con fuerza las sábanas hasta arrugarlas.

― ¡Hah! ―sus embestidas comenzaron como un vaivén ligero, pero al sentir la calidez y lo estrecho del interior de su amada se desquicio. Únicamente quería hacerla suya.

Alternaba el vaivén con un subibaja causando que su miembro saliera por segundos de ella, enloqueciéndolo por perder segundos de placer. Perlas liquidas comenzaban a empaparlos de pies a cabeza. La forma en que la mano de Ichigo jugaba con el seno hacía que Rukia se volviera loca, ya que lo delineaba mientras besaba y lamía el rosado pezón que lo adornaba. Parecía que comía un cremoso y delicioso cup cake.

― ¡Hah! ―lo aprisionaba con más fuerza hacia ella para adentrarlo aún más. ―Ichigo. ―levanto la cabeza ante el placer.

― ¡Hah! ―comprendió la necesidad de ella por tener más de él. ―Eres exquisita. ―la sujeto de su pequeño trasero para cargarla al mismo tiempo que se levantaba de la cama, con dificultad.

― ¿Qué haces? ―lo abrazo con fuerza del cuello, así como se aferraba más a la cadera de él con sus piernas.

―Ya lo sabrás. ―se acercó al escritorio para sentarla e iniciar un nuevo vaivén; no sin antes recargar sus manos, sobre el mueble, a los costados de la fina figura de la shinigami; provocando que el mueble chocara abruptamente contra la pared. ― ¡Hah!

― ¡Hah! Espera. ―la rudeza con la que el shinigami sustituto la penetraba era diferente. ― ¡Hah!

―Lo siento… ¡Hah!... me vuelves loco. ―dejo que ella lo abrazara tras comenzar con un vaivén más frenético.

― ¡Hah! ―cerro con fuerza sus ojos, dejando escapar una pequeña lagrima. ― "¿Esto es a lo que los humanos llaman placer?" pensó sin dejar de prestar atención al éxtasis al que la conducía aquel humano.

El escritorio cada vez golpeaba con más fuerza la pared al recibir las rápidas y rudas envestidas, de Ichigo, a través del delicado cuerpo de Rukia. Todos los objetos yacían en el piso, pues el constante temblor los hizo caer inmediatamente. Pero que les importaba a los amantes, si el paraíso recorría cada milímetro de su piel donde cada célula explotaba de delirante elixir lujurioso: sus alientos se encontraban como un plus al gozo, sus jadeos y gemidos eran la recompensa de un encuentro que no planearon ni buscaron.

Rukia sentía como una extraña calidez recorría su espina dorsal y su vientre, "¿Qué… qué es esta extraña sensación?" , intentaba darle respuesta a algo que era el inicio de otra oleada de delicia. "Este Gigai es… extraño…" , pensaba al percatarse que su intimidad cosquilleaba y empezaba a contraerse, aprisionando poco a poco la virilidad de Ichigo.

― ¡Hah! No, aun no. ―Ichigo la sujeto de su trasero para levantarla del escritorio y mantenerla en el aire.― ¡Hah! Aférrate a mi cadera. ―junto su frente a la de ella.

― Sí… ¡Hah! ―sus piernas lo aprensaron aún más y sus brazos lo rodearon del cuello para no dejarle tanto peso al ojiambar, quien no dejaba de sostenerla de su pequeño trasero. ― ¡HAH!

Ichigo no solo hacia fuerza para sostener a Rukia contra él mientras estaba parado, también aplicaba fuerza en sus estocadas pues deseaba sentir como ella contraía su feminidad oprimiendo su masculinidad. Los nuevos estremecimientos de la ojivioleta en su cuerpo lo excitaban a tal grado que ya casi no podía evitar soltar su jactanciosa semilla dentro de ella.

―Aun no ¡Hah! Aun no ¡HAH! ―la rapidez con que la penetraba estaba casi en su límite de celeridad.

― ¡HAH! ¡Ichigo! ¡HAH! ―jadeaba y gemía el nombre de quien la estaba llevando al mismo infierno.

― ¡Rukia! ¡HAH! ―era inevitable, ya estaba más allá de su límite.

Rukia no resistió más las envestidas, por lo que su feminidad se contrajo a tal grado que aprisiono el miembro de Ichigo. El orgasmo la hizo juntar aún más su cuerpo al de Ichigo, quien sucumbió a la debilidad de experimentar un orgasmo. La ojivioleta pudo sentir una extraña calidez dentro de su cuerpo que la obligo a gemir agudamente de placer.

― ¡HAHH! ―cerro con fuerza los ojos. ― ¡Tsk! ¡Hah! ―levanto su cabeza al no soportar aquella delicia.

― ¡HAHH! ―la oprimió aún más contra su miembro. ― ¡Hah! ―el muy arrogante no la apartaría de él hasta depositar por completo su semilla dentro de su delicado cuerpo.

Un par de segundos después, Ichigo aun la cargaba manteniéndola clavada en su virilidad.

― ¡Ah! Me enloqueces. ―le dio un tierno beso.

― ¡Ah! ―respiraba con dificultad y entrecortadamente. ― ¿Qué hicimos? ―aun lo abrazaba con ambas piernas y sus brazos lo rodeaban del cuello mientras recargaba su rostro sobre el pecho de su amado. ―Tu corazón… esta agitado. ―le fascino escucharlo.

―Hicimos el amor. ―beso la coronilla de Rukia mientras caminaba a la cama para recostarla.

―Fue solo un encuentro accidental. ―su mirada se tornó triste al mismo tiempo que él salía de su ser quedando parado frente a ella, dejándola ver al culpable de su excitación.

― ¡Tonta! ―la flanqueo para que no se moviera. ― ¡Para mí no eres un accidente!

―Sí lo fue, esto… ―se cubría sus senos. ―… esto… fue un accidente.

―Rukia. ―comenzaba a frustrarse. ― ¡Te hice el amor! ―cerro sus ojos para retener sus lágrimas de coraje. ― ¡Y tú me correspondiste! ―la abrazo. ― ¿No lo entiendes?

― ¿Qué debo entender? Mi hermano nunca nos permitirá estar juntos.

― ¡Me importa un carajo Byakuya!, ¡Yo te protegeré cueste lo que cueste! ―hundió su rostro entre los pechos de Rukia.

―I… Ichigo. ―se dio cuenta de que él lloraba pues unas cálidas lágrimas se deslizaban por sus senos.

― ¡Tsk! ―apretaba fuertemente sus dientes intentando reprimir su impotencia.

―Yo… ―con los dedos peinaba el cabello anaranjado de su amado. ―… quiero estar a tu lado.

El ojiambar tardo unos segundos en asimilar aquellas palabras.

―Juro que te protegeré, incluso de tu propio hermano. ―no dejo de abrazarla y de estar recostado en los pequeños pechos de la ojivioleta.

―Lo sé. ―una sutil sonrisa se dibujó en su rostro. ―Ichigo. ―tenía algo de timidez.

― ¿Qué ocurre? ―a pesar de lo que escucho sus lágrimas no dejaban de aparecer.

―Quiero dormir acurrucada a tu lado. Quiero… que me abraces toda la noche.

―Rukia. ―alzo su mirada para verla con expectación.

Aun no daba crédito a la iniciativa de la ojivioleta ante tal petición, aun así la consintió dejándola acurrucarse sobre su pecho mientras la abrazaba y la cubría con las sábanas.

::::

::::

::::

::::

La lluvia no de detuvo en toda la noche, por lo que un ligero frío recibió al amanecer. Sin embargo, todos estaban calientitos dentro de la tienda.

― ¡Ash! ―Yoruichi despertó a causa de un fuerte dolor de cabeza. ―Que dolor.

― ¿Hum? ¿Te sientes bien Yoruichi? ―Orihime se tallo los ojos con la palma de su mano.

―No, me duele la cabeza. ―se negaba a levantarse del futón.

―Iré por Urahara para que te de medicina. ―estaba por levantarse cuando Ururu entro a la habitación.

―Buenos días, traje esto para Yoruichi. ―deslizo una bandeja que contenía un vaso con agua y un frasco con aspirinas.

― ¡Ahhh! Gracias Ururu. ―rápidamente la morena ingirió dos aspirinas y bebió por completo el agua.

― ¡Vaya! Están sincronizados. ―la ojigris se impresiono ante la eficiencia de la pequeña niña.

―Es que la señorita Yoruichi siempre se embriaga. ―Ururu ya estaba sentada a lado de ellas.

― ¡Ahhh! ―se limpió con su brazo el agua que quedo alrededor de su boca. ―Sí, esto es casi rutina para nosotros. ―dijo mientras volvía a recostarse.

― ¡Oh! Ya veo. ―en ese momento un agudo golpe llamo la atención de Orihime. ― ¿Eh? ¿Qué fue eso?

― ¿Qué cosa? ―la morena presto atención al ruido. ― ¡Ah! Debe ser Kon. ―bostezo con despreocupación.

― ¡¿Kon?! ―se cubrió la boca al olvidarlo.

―Kisuke lo trajo para encerrarlo en el almacén.

― ¿Por qué?

―Para que no molestara a la señorita Kuchiki y al joven Kurosaki. ―Ururu levanto su dedo índice para enfatizar sus palabras. ―El jefe lo trajo bajo el engaño de que le regalaría fotografías de la señorita Kuchiki en bikini.

Yoruichi soltó una fuerte carcajada, haciendo que el resto de los huéspedes despertaran. El primero en despertar fue Uryu, quien tomo la iniciativa de preparar el desayuno para todos.

― ¡Wow! Eres increíble Ishida. ―Orihime estaba maravillada al ver la mesa lista.

― ¡Ey! No solo eres buen costurero, también eres buen cocinero. ―Yoruichi le dio un par de palmadas en la espalda.

― ¡Auch! Soy diseñador, no costurero. ―se colocó las gafas, las cuales cayeron a causa de las palmadas.―Espero que lo disfruten.

―Gracias Ishida. ―Chad ya estaba con los demás, listo para comer.

―Muchas gracias, Ishida. ―Urahara ya se estaba sentando a lado de la morena.

― ¡Oigan! Sáquenme de aquí, por lo menos denme de comer. ―Kon gritaba desde algún sitio de la tienda.

― ¡A comer! ¡Gracias por la comida! ―Yoruichi y Jinta gritaron al unísono.

Posteriormente de la diversión todos cayeron dormidos, momento en que Yoruichi aprovecho para ir al Seireitei para averiguar qué medidas tomaría Byakuya al saber que Rukia se había ido.

::::

::::

::::

::::

Estaba realmente furioso, en especial porque le vieron la cara al escabullirse bajo sus narices. Nada lo bajaba de su mal humor, simplemente deseaba que la trajeran de regreso, pero necesitaba el permiso del Comandante Yamamoto para ir al mundo real y eso tardaría por lo menos un par de semanas o más, pues no era un asunto prioritario.

― ¿Cómo es que pudo irse sin que se dieran cuenta? ―les daba la espalda.

―Lo sentimos Capitán Kuchiki. ―el primer oficial del escuadrón, encargado de cuidar a Rukia, se inclinó.

―Eso no me sirve de nada.―cerro los ojos y suspiro profundamente para retirar lentamente el estrés. ―Regresen al cuartel, entrenen y después hagan lo que quieran. ―con un incienso prendió algunas velas.

―Sí Capitán. ―se retiró del sitio, dejando solo a Byakuya.

Estaba en la habitación donde mantenía el altar familiar. Su mirada era fría, nostálgica y melancólica muy a pesar de su disgusto por la huida de Rukia.

― ¿Qué hice mal? ―observaba una fotografía. ―Creo que no soy un buen hermano.―encendió la última vela. ―Perdóname, mi amada Hisana, por no saber cuidar de Rukia.

Se quedó observando la fotografía de su esposa por algunos minutos cuando alguien lo saco de sus recuerdos para informarle que Renji había llegado y esperaba en el jardín. Sin demora, Byakuya se encamino al lugar para hablar con el pelirrojo.

―Capitán, ¿De qué quiere hablar conmigo?

― ¿Sabías que Rukia se fue del Seireitei? ―lo tenía frente a él.

― ¿Qué? ―apretó con fuerza sus puños.

―Shihoin Yoruichi la ayudo a escapar.

― ¿Cuando? Y ¿Cómo supo que fue ella quien le ayudo? ―no sabía si estar preocupado o furico.

―Mando una mariposa infernal diciéndome que se llevaría a Rukia al mundo de los vivos.

― ¡Tsk! ¿Por qué se la llevo? ―sabia la respuesta, sin embargo quería escuchar otra cosa.

―Ambos sabemos muy bien a qué.

― ¿Y podemos considerarla desertora?

―No. Ni ella ni Rukia dejaron indicios de traición. ―cerro los ojos ante ese alivio.

― ¿Para qué quería que lo supiera? ―cerro con fuerza los ojos para detener algunas lágrimas.

―Porqué quiero que tú vayas por ella cuando obtenga el permiso del Comandante.

―Entendido. ―se retiró del lugar sin darse cuenta de que un sigiloso intruso escucho toda la conversación.

Después de recibir algunas explicaciones, Renji se fue de la mansión de los Kuchiki para refugiarse inmediatamente en una pequeña cantina en algún lugar del Rukongai. Sitio en el que se topó con Hisagi, Kira, Ikkau y Yumichika.

―Te ves realmente feo con esa cara de pocos amigos Abarai. ―Yumichika sobria un poco de sake.

― ¡Tsk! Seguramente sigue llorando por la pequeña Rukia. ―Ikkaku lo veía de reojo mientras se recargaba sobre la pared.

―Abarai ya deberías de superarla y dejarla atrás. ―Kira le acercaba un poco de sake.

―No seas tonto, hay más chicas en el Seireitei o aquí en el Rukongai, después de todo la mayoría de los miembros de los trece escuadrones provenimos de este basurero. ―Hisagi ya estaba casi ebrio.

―Ella se fue de la Sociedad de Almas. ―trago de un golpe el sake. ―Cuando El Comandante de la orden iré tras ella y la… ―apretó el vaso hasta romperlo.

― ¿Y qué? ―Ikkaku se incorporó. ― ¿La mataras? No seas estúpido, no serias capaz de hacerlo.

―Que feo, en verdad solo escucho cosas feas. ―Yumichika se observaba en un espejo. ―Piénsalo bien Abarai, no vayas a arrepentirte cuando la elimines.

―Primero debo pasar sobre el cadáver de Ichigo. ―cogió otro vaso para servirse sake.

― ¿Qué no es a quien nombraron shinigami sustituto? ―Kira estaba desconcertado.

―Exactamente. ―volvió a romper el vaso al golpearlo contra la mesa.

― ¡Ey! Acabaras con los vasos del sitio. ―Hisagi lo sujeto de la muñeca. ―Dinos, ¿Qué tiene que ver el shinigami sustituto en todo esto?

―Ella se fue con él. ―bebía directo de la pequeña jarra de sake.

― ¡Tsk! Lo sabía. ―Ikkau rió con ironía.

― ¿Lo sabias? ―Yumichika lo vio con expectación. ―Explícate.

―Cuando me enfrente a Ichigo le pregunte la razón por la cual estaba tan ansioso por salvarla. He de admitir que me convenció su respuesta. ―Ikkaku relato el final de su encuentro:

"―Ya despertaste, grandioso, así podrás decirme donde tienen a Rukia―miraba para todos lados como si ya deseara encontrarla.

―Antes responde―estaba tendido en el piso sin poder moverme― ¿Por qué quieres salvar a esa niña?

―Sencillo. Ella salvo la vida de mi familia en el momento en que me dio sus poderes. Es algo que nunca terminare de agradecerle. ―sus ojos y su voz denotaban sinceridad."

Renji no apartaba su mirada de la pequeña jarra, ni siquiera al termino de la narración. Enseguida, Yumichika e Ikkau iniciaron una discusión por saber quién de los dos podría vencer a Ichigo la siguiente ocasión que lo vieran, ya fuera en la Sociedad de Almas o en el mundo de los vivos.

― ¡Tsk!

― ¿Ahora qué Abarai? ―Kira comenzaba a preocuparse más por la forma de beber el pelirrojo.

―Me importa un carajo que Ichigo la ame. ―lazo el vaso aun con sake. ―También la amo y no me daré por vencido tan fácil.

Renji se fue lleno de furia, celos, impotencia y una pizca de ebriedad. Estaba decidido, cuando llegara el momento de ir por la pequeña Kuchiki no solo la apartaría de Ichigo, sino que lo haría de forma definitiva.

―Eres mi amigo Ichigo, pero amo más a esa mujer. ―caminaba solo por las calles del Rukongai que lo encaminaban a una de las entradas del Seireitei.

::::

::::

::::

::::

No podía dejar de contemplarla, pues le encanto estar con ella en más de un sentido. Tampoco podía dejar de acariciar su espalda, de intentar alejar ese rebelde mechón que mediaba su rostro o de delinear su pequeña boca con la punta de su dedo.

― ¿Mm? ―parpadeo al sentir un ligero cosquilleo.

―Rukia. ―no evito sonreír al verla adormilada.

―Ichigo. ―se aferró más a él. ― ¿Qué haremos ahora? ―recargo su mejilla sobre el pecho de él.

―Tranquila. ―la abrazo con fuerza. ―No lo sé. De lo único que estoy completamente seguro es que no dejare que te hagan daño.

―Ichigo… ―a pesar de esas palabras sentía una profunda tristeza. ―… ¿Estarías dispuesto a ir a la Sociedad de Almas?

Esa pregunta lo tomo por sorpresa, no creyó que la misma Rukia se lo cuestionara tan pronto pues ni él mismo daba una respuesta concreta a ese sentimiento de duda al tener que elegir. Obviamente la ojivioleta se percató de la tensión en el cuerpo de Ichigo; hecho que la hizo sentir insegura.

―Sabes que yo no puedo quedarme. ―aun lo abrazaba. ―Perderé mi derecho a ser shinigami y a regresar al Seireitei si deseo regresar.

―Sí puedes quedarte. ―beso su coronilla.

― ¿Cómo sabes?

―Mi padre era un shinigami.

― ¿Qué? ―se recargo sobre sus codos para poder verlo con más atención.

―Antes de que Urahara nos ayudara a llegar a la Sociedad de Almas, mi padre fue al final de mi entrenamiento y me contó toda la verdad a cerca de nuestro pasado. ―se colocó de lado para verla y acariciar su hombro junto a su cintura. ―Él era el Capitán de la décima división.

―El puesto que ahora tiene el Capitán Hitsugaya.

―Sí.

― ¿Cómo es que esta aquí?

―Por azares del destino conoció a mi madre, quien era una quincy. ―recordó la breve conversación con su padre:

"― ¿Cómo demonios se conocieron?

―Por su valor. ―nunca lo había visto tan serio al relatar algo. ―Vine al mundo de los vivos, sin autorización, para erradicar aun hollow que estaba causando muchos problemas. Cuando él me encontró me dí cuenta de que era realmente difícil de someter. Tras un poco de pelea supe que estaba en problemas, estaba seguro de que sería mi fin cuando de pronto una luz lo atravesó, provocándolo distraerse al punto proveniente del ataque.

― ¿Era mi madre?

―Sí. Ella lanzo miles de flechas con un extraño arco, sin embargo no fueron suficientes para detenerlo.

― ¿Cómo solucionaron eso?

―Cuando estaba por atacarla ella activo algo extraño y lo abrazo con suma fuerza: lo estaba absorbiendo en su propio cuerpo para detenerlo. Eso casi le causa la muerte. Así fue como conocí a Urahara.

― ¿Y él que tiene que ver en todo?

―Él también formo parte de La Corte de las Almas Puras, pero eso es otra historia. Urahara me llevo hasta su tienda para examinar a Masaki, detectando que si no se bloquea con rapidez al hollow que había absorbido la consumiría hasta desintegrarla.

― ¿Cuál fue la solución? ―era más que obvio que la eligió a ella, pero necesitaba saber la razón en concreto que lo motivo.

―Yo debía sellar con todo mi Reiatsu al hollow, para toda la vida. Por ende perder mi poder espiritual y debía renunciar a la Sociedad de Almas."

Ichigo se quedó pensando algunos segundos viendo fijamente al blanco techo. Su ceño fruncido se había remarcado como siempre. Y algo de lo que no se percato fue que menciono "necesitaba saber la razón en concreto que lo motivo", palabras que se incrustaron en lo más profundo del corazón y la razón de Rukia. Palabras suficientes que le indicaron que Ichigo no estaba dispuesto a ir con ella a la S. S.

― ¿Hum? ―al salir de sus cavilaciones se percató de que Rukia estaba boca abajo abrazando la almohada. ―¿Ocurre algo?

―Nada.

―Bien. ―imito a la ojivioleta. ―Por esa razón pienso que si es posible que te quedes en este mundo.

―Ichigo, no renunciare a ser una shinigami. ―se incorporó cubriendo su cuerpo con la sábana.

―Rukia, creí que…

―Exacto…―se levantó y solo viendo de reojo se encamino a la puerta. ―… tú creíste… creíste lo mejor para ti, no para ambos.

Salió del cuarto con la sábana envuelta, dejando a Ichigo realmente desconcertado y pensando en lo egoísta y comoda de su propuesta.

::::

::::

::::

::::

Los visitantes ya se retiraron de la casa de Urahara, no sin antes dejar limpio el lugar como agradecimiento por la hospitalidad. Sin embargo, no paso mucho tiempo en que la tienda se deshabito de visitas cuando alguien llego sin previa invitación.

―¡Vaya! ¿A que debo tu visita? ―Urahara le ofrecía un poco de té.

―Bien, necesitaba dejar a solas a mi hijo, en especial por el favor que Yoruichi y tú le hicieron al reunirlo con la pequeña Rukia. ―sorbió con cuidado el té caliente.

―¡Mm! Ya veo, aunque sé que es otro motivo el que trae aquí.

―Nada se te escapa. ―sonrió. ―De acuerdo, quiero saber que represalias tomara el Seireitei contra Ichigo.

―Posiblemente lo encarcelen, lo ejecuten o destierren por completo de la Sociedad de Almas, más que nada por el orgullo de Kuchiki Byakuya.

―Ya veo, pero ambos sabemos que no pueden hacer eso, por lo menos no sin antes deque sepan que él es un shinigami. ―dejo la taza sobre la mesa.

―Sí, sí es un shinigami. ―bebió un poco de té. ―Pero también es un quincy, y ambos lo sabemos de sobra. ―sonrió maliciosamente. ―Aunque… ―se peinó su escasa barba con los dedos.

―¿Qué? ―lo miraba con suma seriedad.

―Puede ganarse su derecho como shinigami, sin importar que sea mestizo, si renuncia al mundo de los vivos. ―lo vio fijamente, bajo la lúgubre sombra que su sombrero provocaba sobre sus ojos.

―Comprendo. Me encargare de que no desperdicie más tiempo dudando y elija su felicidad.

―¿Crees que necesites convencerlo?

―Sí, él piensa que no puede dejarnos solos y debe protegernos.

―Pero ya le contaste que eras Capitán.

―Aun no le cuento que recupere mi poder espiritual tiempo después de que su madre falleció.

―¡Ah! Es por eso que aun duda.

―Ese idiota. ―Isshin se incorporó.

―Ya deberías contarle esa parte, en especial antes de algunas semanas.

―¿Quién vendrá? ―ya estaba caminando a la puerta para retirarse.

―Lo más probable es que sea alguien del sexto escuadrón, ya imaginaras porque. Ichigo deberá estar listo para confrontar una decisión.

―Tenlo por seguro. ―dijo antes de cerrar tras de si la puerta.

::::

::::

::::

::::

Se encerró algunos minutos en el baño, por suerte aún era temprano como para que alguien llegara y presenciara aquella mala situación. Aun envuelta, con la sábana, se recargo en la puerta para sentarse y meditar en cómo resolver sus sentimientos. Únicamente algunos golpecillos la distrajeron:

―Rukia.

―Déjame sola. ―se aferró a sus piernas.

―En verdad quiero estar contigo. ―se sentía ridículo al no saber cómo convencerla.

―Por favor Ichigo, ambos sabemos que no es posible. ―recargo su cabeza sobre la puerta.

―¿Qué no es posible? ―recargo su frente del otro lado.

―Aun no olvido a Kaien y tú no deseas desproteger a tu familia. ―veía al vacío dejando salir una lagrima. ―Además, Renji estará siempre en nuestra contra y mi hermano no permitirá que me enamore de alguien que no sea digno de la familia Kuchiki.

―¡Tsk! Dije que te protegería. ―le dio un puñetazo a la puerta.

―Seamos honestos… lo que ocurrió anoche fue a lo que los humanos llaman pasión y deseo.

―¡No digas estupideces! ―golpeo de nuevo la puerta. ― ¡Los shinigamis son igual que los humanos!... ¡Desean y temen lo mismo!

Estaban aterrados al enfrentarse al hecho de admitir que se querían, que deseaban estar juntos o de que pretendían cuidarse pues ponían obstáculos y excusas que los lastimaban. Debilidad, desconfianza, miedo o falta de valor era lo que nublaba su juicio y sus sentimientos.

Rukia no quería seguir discutiendo y por suerte estaba el frasco con el Alma Artificial de Chappy en el baño, así que lo cogió y se tragó la píldora para irse de la casa de Ichigo. Por supuesto, el ojiambar sintió el reiatsu de la ojivioleta y supo que se fue.

―¡Tsk! Tonta. ―golpeo la puerta.

En ese instante, Yuzu y Karin llegaron a casa, ignorando que Rukia había pasado la noche en su casa.

―¿Hermano? ―Yuzu subía las escaleras. ―Lamentamos llegar apenas, la lluvia nos impidió llegar a casa y los teléfonos no funcionaban, así que nos quedamos en casa de una amiga. ¿Hum? ¿Hermano?

―Me alegra que estén bien. ―aun recargaba la palma de su mano sobre la puerta del baño.

―¿Estas bien? ―se acercaba poco a poco.

―Sí, solo… ―se froto los ojos. ―… no dormí bien por la preocupación, eso es todo. ―se apartó para encerrarse en su alcoba.

―Hermano.―cuando quiso acercársele Karin la detuvo.

―Déjalo, seguramente quiere descansar un poco más. ―la encaminaba a la cocina, además de que sabía que en verdad le ocurrió algo.

Después de arreglarse y de preparar el desayuno, Yuzu llamo a su hermano para que comiera algo antes de irse a la preparatoria solo para obtener como respuesta una negativa que la dejo angustiada.

―Yuzu, déjalo tranquilo. ―Karin ya la esperaba en la puerta para ir a la escuela.

―Está bien. ¡Hermanito, come algo! ―grito antes de irse. ― ¡Te veremos más tarde!

Ichigo las observo irse, desde la ventana, hasta que se perdieron de su vista. No bajo a comer lo que su hermana le preparo, únicamente se quedó encerrado, acostado boca arriba para contemplar el desquiciante techo blanco por más de una hora. Por lo menos hasta que el emblema que Ukitake le envió comenzó a sonar.

.

^-^ Gracias por leer mi Fic ^-^

ღRukia_Kღ (L. Ro)