Capítulo 5: ¿Deseo? ¿Amor?

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Corría por los techos sin saber exactamente a donde ir pues no podía regresar a la Sociedad de Almas, a menos que lo que buscara fuera el encarcelamiento o la muerte en manos de su hermano.

― ¡Tsk! No hay remedio, tendré que ir con el maldito Urahara.

Detestó la idea ya que no le agradaba la idea de someterse a sus sarcasmos e ironías, así que se limitó a llegar enfadada y angustiada por no saber qué hacer para regresar, o quedarse hasta que todo se calmara en el Seireitei. Esperaba ser recibida con bromas, en cambio fueron regaños las que la esperaban:

― ¡Uahara! Necesito tu ayuda. ―entro a la tienda y buscando con la mirada a alguien. ― ¿Hola?

― ¡Mocosa! ―Yoruichi le propino un fuerte zape desde atrás. ― ¡Ash! Eres tan testaruda, ¿Por qué no estas con Ichigo? ―se masajeaba las cienes para relajarse.

― ¡Auch! Yoruichi ¡Ah! ―se sobaba la parte golpeada.

― ¡Oh! Kuchiki, ¿Qué haces aquí? ―Urahara se sorprendió ante la agresividad de la morena hacia Rukia. ― ¿Dónde está Kurosaki?

―Él… está en su casa. ―bajo cabeza evadiendo la mirada. ―Urahara, ¿Cómo puedo regresar a la Sociedad de Almas? ―sus brazos estaban tensos y sus puños muy apretados.

― ¿Eh? Bueno… ―se rasco la mejilla. ―… en realidad deberías quedarte aquí, por lo menos unas semanas o… un par de meses.

― ¡No puedo quedarme! ―lo veía con ira. ―Ayúdame a regresar ahora mismo.

―Cálmate Rukia, no puedes regresar ahora, es mejor que esperes a que vengan por ti. ―la morena la sujeto del hombro para controlarla.

―Explíquenme. ―apretó con más fuerza sus puños.

―De acuerdo. ―Urahara la invito a sentarse para beber un poco de té mientras escuchaba la razón.

Le explico que Yoruichi se infiltro en la mansión de Byakuya para averiguar lo que ocurría tras saber que ella no estaba. De esa forma se enteró de que él solicito un permiso al Comandante para ir al mundo de los vivos y tomar cartas en el asunto, ya fuera a la buena o a punta de espada.

― ¿Mi hermano vendrá por mí? ―veía la taza de té que sostenía entre sus manos.

―No. ―la veía fijamente. ―Enviara a Renji, a quien seguí hasta una cantina y escuche decir que de ser necesario acabaría con Ichigo. ―la morena termino el relato con una expresión fría.

―Renji… ―recordó la última vez que lo vio. ― ¡Tsk! ―apretó la taza, sus dientes y cerro con fuerza sus ojos. ―Me estoy cansando, me estoy hartando de no saber qué hacer ni que decidir.

―Rukia, no tienes por qué pensarlo tanto, o es que ¿Sigues enamorada de Shiba Kaien? ―Yoruichi la quería obligar a reaccionar.

― ¿Qué? ―abrió los ojos para golpearse de frente con la realidad. ―Ya no importa, solo yo lo ame con todo mi corazón.

―Creo que deberías contarle lo que sabes. ―Urahara poso su mano en el hombro de Yoruichi.

―Muy bien, si esto ayuda a que cierres ese ciclo lo haré.

Eso llamo la atención de la ojivioleta, quien prestó atención a cada una de las palabras que la morena le decía. Escucho la misma historia que Ichigo supo, también de la misma boca de aquella mujer, solo que la reacción no fue exactamente la misma:

―Kaien… Kaien ¿También me amaba? ―soltó la taza ante la sorpresa, derramando así todo el líquido sobre el tatami. ― ¿Por qué nunca me lo dijo?

―Deseaba proteger el honor de su esposa y desde luego el tuyo. ―Yoruichi noto el desconcierto en Rukia. ―Planeaba separarse lo más discretamente de Miyako para estar contigo. ―sin que la oyente se diera cuenta, le dio una señal a Urahara para que se contactara con Ichigo.

― ¿Cómo pretendía hacer eso? ¿Qué haría con mi hermano si le negó estar conmigo? ―sollozaba.

―Ya tenía todo planeado: aclararle sus sentimientos a Miyako, separarse de ella y buscarte para proponerte irse lejos del Seireitei.

― ¿Vivir lejos del Seireitei? ―levanto la cabeza aun con lágrimas rodando por sus mejillas.

―La noche que Metastacia ataco al escuadrón de Miyako… esa noche era en la que Kaien cerraría ese ciclo y se iría contigo.

No daba crédito a lo que había escuchado, comenzó a tener sentimientos encontrados: alegría, confusión, dolor, tristeza y aborrecimiento sobre sí misma. "Me amaba, en verdad me amaba… e iba a estar conmigo, ¿Pero a costa de qué? ¿Del dolor de su esposa?" no dejaba de pensar creyendo que gritaría en cualquier segundo, pero alguien la sujeto de los hombros para abrazarla por la espalda.

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Solo miraba como parpadeaba el emblema, no pensaba responder pues creía que era alguien del Seireitei que buscaba a Rukia así que lo aventó a un lado de la cama. Pero era tanta la insistencia del contacto que prefirió acabar con el asunto de una vez.

― ¡Tsk! Rukia no está aquí.

―Ya sé que no, está en mi tienda y te necesita.

―Urahara. ―se incorporó rápidamente de la cama. ― ¿Le paso algo?

―Mejor ven, así sabrás lo que ocurrió.

Lanzo a una esquina de la habitación el emblema al salir corriendo. Lo único que ocupaba su mente era estar al lado de Rukia, los problemas en los que estaban metidos los solucionarían poco a poco.

A mitad del camino se arrepintió de no haber usado el emblema para ir como shinigami y llegar más rápido a la tienda, y por primera vez se enfadó de no tener cerca a Kon para que cuidara de su cuerpo. De todos modos no demoro en llegar, solo que al hacerlo se topó con una sorpresa: cuando abrió precipitadamente la puerta de la entrada no evito ver aquel hermoso cuerpo, con el que había experimentado el mejor placer la noche anterior, en su completa desnudez.

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La tomo por sorpresa ya que no se percató de que la estaba siguiendo, ni siquiera de que había presenciado la historia detrás de la puerta corrediza pues se olvidó de ese pequeño detalle cuando salió deprisa de casa de Ichigo:

― ¿Ah?

― ¡Ahhh! Señorita Rukia. ―era Chappy en el Gigai. ― ¡Ahhh! No llore. ―la abraza con fuerza al mismo tiempo que lloraba.

― ¡Chappy! ―no sabía cómo reaccionar. ―Relájate. ―se sentía mal por olvidarla y dejarla sola.

― ¡Ahhh! ―la abrazaba aún más.

―Cha… Chappy, deja de llorar, ya estoy bien. ―se limpió las lágrimas y le sonrió para convencerla.

― ¡Ok! Dejare de llorar, pero no la soltare señorita Rukia. ―se recargo aún más sobre la espalda de la ojivioleta.

― ¿Hum? ¿Y porque no Chappy? ―enseguida sintió los pequeños montículos del Gigai.

―Creo que es mejor que te cubras con esto. ―Urahara le acercaba una yukata a Chappy.

―Sabíamos que estabas aquí, pero ¿Por qué estas desnuda? ―Yoruichi sonreía pícaramente.

― ¿Hum? ―el Alma artificial no dejaba de abrazar a Rukia.

Justo en ese momento algunos ruidos los distrajo: era Ichigo que respiraba dificultosamente y se quedó mudo al ver aquella escena. Aquellos segundos fueron los más incómodos y eternos que pudieron experimentar antes de que Chappy se abalanzara sobre él:

― ¡Quítate! ―interponía sus manos ante el Gigai desnudo de Rukia.

― ¿¡Por qué dejaste que la señorita Rukia se fuera así de tu casa!?, ¡Pyon!

―Por favor, que alguien me la quite de encima. ―no sabía cómo tocarla debido a su desnudez.

―Chappy, cúbrete con la yukata. ―la ojivioleta le aventó la prenda.

―Sí señorita, ¡Pyon! ―dejo a Ichigo tumbado en el piso para vestirse. ― ¿Ahora qué quiere que haga señorita? ―su proxémica para con Rukia era muy escasa.

― ¿Eh? Bien, pues… ―se apartó un poco de Chappy.

―Si quieres puedes descansar en mi cuarto. ―Yoruichi le señalaba por dónde ir.

Cuando Chappy se retiró el silencio incomodo regreso, solo que esta vez una espesa carga de tensión los rodeaba; en especial a Rukia e Ichigo, quienes evitaban verse a los ojos aun estando uno frente al otro. Por lo cual, Urahara trato de romper esa barrera de tensión al iniciar una conversación que poco a poco la fue dirigiendo al problema al que se enfrentarían al cabo de un par de semanas o incluso meses:

― ¿Están seguros? ―como siempre su ceño estaba fruncido. ― ¡Tsk! No me importa si es Byakuya o Renji quien venga por ella, no permitiré que se la vuelva a llevar.

―Aun no te preocupes por eso ya que el Comandante no lo toma como una misión de prioridad, ―la morena estaba cruzada de brazos y piernas. ―así que tendrán algo de tiempo para solucionar sus malditas confusiones. ―golpeo la palma de su mano contra el piso. ― ¿Acaso no son lo suficientemente grandes como para saber que quieren? Por una vez en sus vidas sean egoístas y elijan lo que los hace feliz.

Tanto Ichigo como Rukia vieron a la morena sin saber cómo reaccionar o que responder ante aquella verdad. Por su parte, Urahara les aconsejo que no tendrían mucho tiempo juntos y que la situación se tornaría realmente mal si no tomaban una decisión antes de que Renji vaya al mundo de los vivos para matar a Ichigo y llevarse por la fuerza a Rukia.

― ¡Tsk! ―bajo la cabeza y sus dientes los apretaba con fuerza. ―No comprendo, si decido ir con ella a la Sociedad de Almas Byakuya hará hasta lo imposible por alejarnos, si ella decide quedarse vendrán a buscarla para llevársela por la fuerza y si decidimos… ―masajeo su cien. ―… alejarnos seremos infelices.

―No dije que sería una decisión fácil. Sea lo que sea que decidan, tengan por seguro de que será difícil y doloroso… ―le dedico una rápida mirada a Yoruichi.

―Pero valdrá la pena si es lo que realmente los hace feliz. ―la morena recargaba su mentón sobre el pequeño puño.

Ambos jóvenes se quedaron inertes, mudos y nerviosos al golpearse la nariz contra la realidad y un ultimátum para decidir el curso de sus vidas. Y para que asimilaran aquel confrontamiento, Urahara y Yoruichi los dejaron solos para que comenzaran a resolver sus dudas y tomaran una decisión definitiva.

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Esa noche no durmió bien, los celos, la ira, el dolor y la tristeza abrazaban con fuerza su corazón y su mente. Por eso, la mañana siguiente se dedicó arduamente a entrenar hasta caer casi muerto, tanto que incluso sus colegas se desconcertaron al verlo actuar de esa forma:

―Teniente, relájese. ―uno de los oficiales le acercaba una toalla.

―Descuida, estoy bien. ―estaba arrodillado y recargado en su zanpakuto mientras respiraba agitadamente. ―Ustedes, ya vayan a descansar.

―Sí, aunque usted también debería de hacerlo. ―otro de los hombres lo ayudaba a incorporarse.

―Muy bien, lo haré. ―cogió la toalla para secarse todo el sudor. ―Si no les importa, quiero estar solo. ―Renji se encamino a la salida para ir a su habitación.

No deseaba ver ni hablar con nadie, sus pensamientos solo estaban con Rukia y su odio dirigido a Ichigo. Odiaba tener que lidiar con aquellos sentimientos y aun así no veía el momento en que el Comandante Yamamoto autorizara ir al mundo de los vivos para regresar a Rukia al Seireitei, ya fuera para encarcelarla o simplemente regresarla.

Mientras se daba un baño, observaba el abundante vapor que se esparcía por todo el cuarto de baño e imaginaba como hubiera sido su vida si Rukia no hubiera aceptado la adopción, o si él lo hubiera evitado. Pero nada de eso tenía sentido ya. Lo que si tenía claro era que esta vez daría todo de sí mismo para tener a Rukia a su lado.

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Al estar solos, Rukia no aguanto la tensión y salió de la tienda, encontrándose con un hermoso cielo azul. Le recordaba las mañanas en las que entrenaba a lado de Kaien, así que sonrió inconscientemente. Ichigo salió detrás de ella, contemplándola por unos instantes antes de posar sus manos sobre los pequeños hombros de la ojivioleta.

― ¿Te acordaste de él, cierto? ―su sonrisa era forzada, pero que más daba, ella no podía verlo.

―Sí. ―cerro los ojos para suprimir el recuerdo. ― ¿Qué quieres, Ichigo? ―se movió para que la soltara.

―Urahara tiene razón, debemos poner las cartas sobre la mesa y definir lo que realmente deseamos para nosotros. ―la volteo hacia él.

― ¡Tsk! Esto es estúpido. ―dio un paso hacia atrás. ― ¿No lo entiendes? Nunca podremos estar juntos.

―Yo no opino lo mismo. ―Isshin se inmiscuyo en la conversación. ―Tienen que saber algo antes de que hagan conclusiones.

―Viejo. ―Ichigo no sabía que otra cosa podría decir su padre para ayudarlos.

― ¿Recuerdas lo que te conté el otro día? ―se acercó a ellos.

―Sí, ¿Qué tiene que ver eso con esto?

―Solo te dije que perdí mi poder espiritual al sellar al hollow que tu madre absorbió para salvarme, lo que no te dije fue que recupere mi reiatsu cuando ella murió. ―Isshin veía fijamente a su hijo.

― ¿Qué? ―el pelinaranja encontró un punto a favor para que Rukia fuera quien se quedara en el mundo de los vivos. ― ¿Eso significa que…? ―veía a Rukia con detenimiento. ―Puedes estar aquí sin temor a perder tu poder espiritual. ―intento acercarse a ella, pero se encontró con un rechazo.

―No… ¡No! ―levanto sus manos en ademan de alejarlo ―No renunciare al Seireitei, no renunciare a mi hermano ni a mi Capitán.

― ¿Acaso no te das cuenta? No hay problema. ―quería acercarse pero solo lograba alejarla más.

― ¡No!

Rukia estaba furiosa y, al no soportar el increíble egoísmo de Ichigo, se fue del lugar. A esto, Isshin desaprobó la actitud de su hijo al puntualizarle que no le había revelado ese detalle para que la obligara a quedarse en el mundo de los vivos.

― ¿Entonces qué es lo que debo entender? ―se apretaba los ojos con su pulgar y su índice.

―Idiota, eso lo deben descubrirlo solos y no pueden hacerlo si la presionas constantemente para que sea ella quien se quede.

― ¿De qué hablas?

―Deja que ella forme parte de tus decisiones, no que se someta a lo que es cómodo para ti. Si ella quiere quedarse te lo hará saber, aunque puede que seas tú el que quiera irse con ella. ―le dio una palmada en la espalda. ―Y por eso no debes preocuparte pues sabré cuidar muy bien de tus hermanas.

Al fin Ichigo comprendió a lo que Urahara y Yoruichi se referían cuando hablaban de que debían tomar una decisión. Se sentía un completo imbécil por querer únicamente su comodidad sin pensar en lo que Rukia quería. Así que, le agradeció a su padre y fue en busca de la ojivioleta para disculparse y proponerle un nuevo comienzo. No sin antes de que Isshin le entregara su emblema de shinigami sustituto.

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El viento que acariciaba su rostro se llevaba algunas lágrimas, que por más que limpiaba no dejaban de escaparse. Se detuvo entre los árboles, que rodeaban el pequeño cementerio de Karakura, para recuperar el aliento y recobrar su tranquilidad. Ira, desesperación, tristeza y confusión era lo único que le robaba la serenidad. Ya deseaba regresar al Seireitei, no importaba a que consecuencias se enfrentaría.

El fuerte nudo en su garganta la asfixiaba y no le permitía llorar, "Mejor, ya estoy cansada de llorar" pensaba mientras trepaba a una gruesa rama para sentarse, abrazar sus piernas y recargar su mentón sobre sus rodillas. El viento aun soplaba volviéndose más frío con forme los minutos transcurrían.

―Te resfriaras.

― ¿Eh? ―levanto la mirada para saber quién le hablaba.

―Lo siento. ―Ichigo estaba sentado frente a ella. ―Rukia.

―Lárgate. ―se levantó sobre la rama. ―Solo quiero regresar y nadie me ayuda ¡Tsk! ―apretó con fuerza sus pequeños puños. ―Maldito el momento en que seguí a Yoruichi hasta aquí. ―un abrazo la aquieto.

―Dije que lo siento, ¿Acaso no sabes escuchar? ―hundía su nariz en la cabellera de la ojivioleta.

―Suéltame. ―interpuso sus manos para apartarlo, pero inconscientemente delineaba la forma de aquellos músculos que memorizo en su accidental encuentro.

―No tienes por qué quedarte si no quieres. ―le beso la coronilla. ―Solo… solo pasemos este tiempo juntos antes de que vengan por ti y las cosas se tornen mal.

― ¿Para qué? ―recargo su mejilla sobre el pecho de él.

―Para convencernos en donde queremos estar juntos. ―acaricio su rostro para levantarla del mentón y hacer que lo viera. ―No importa si es en la Sociedad de Almas o aquí.

―Ichi… go. ―cerro poco a poco los ojos al sentir la respiración del pelinaranja cerca de sus labios.

Y antes de darse cuenta, la lluvia los sorprendió en medio de un tierno beso.

Intentaron llegar hasta la casa de Ichigo pero la lluvia se arrecio más de lo que esperaban, obligándolos a buscar un lugar más cercano para refugiarse. De algún modo, Rukia noto una bodega con la puerta abierta.

―Ven. ―cogió la mano del ojiambar.

Al percatarse de que el lugar estaba vacío entraron cautelosamente con el fin de no encontrarse con alguien.

―Está abandonada. ―puntualizo mientras cerraba la puerta tras de si. ― ¿Estas bien?

―Sí. ―suspiraba de resignación. ― ¿Podemos hacer una fogata? ―se abrazaba y buscaba con la mirada madera.

― ¿Hum? Esta casi vacío este lugar. ―caminaba más al fondo para averiguar si había algo que les pudiera servir. ― ¡Bingo! Aquí hay algunos muebles viejos, podemos desarmarlos y encender la fogata.

―De acuerdo.

Ambos destartalaron los muebles y enseguida prendieron, en un bote de metal, la fogata. Se acercaron para recibir aquel reconfortante calor. En ese momento, Rukia comenzó a estornudar e Ichigo se acercó para quitarle el kimono negro:

― ¡¿Qué haces?! ―se aferró a su ropa.

―Enfermaras si no te quitas la ropa mojada. ―se quitó la playera y la forzó a quitarse la parte de arriba del kimono, dejándola únicamente con las vendas. ―De esta forma te calentaras más rápido.

― ¿Para eso tenías que desvestirte del torso? ―de nuevo recargo su mejilla en el pecho de él.

―Sí, de esta forma el calor no llegara de golpe a tus pulmones. ―la acercaba más a él.

―Ya veo, pero… ¿Recuerdas que estoy muerta? ―entrecerró los ojos con un dejo de tristeza.

―Yo estoy muerto sin ti. ―Ichigo comenzó a acariciar los hombros descubiertos de Rukia al mismo tiempo que se le acercaba para darle un beso. ―Espera. ―saco del bolsillo de su pantalón el emblema.

― ¿Qué harás? ―Rukia veía con curiosidad el objeto.

―Quiero experimentarlo de ambas formas. ―tras una traviesa sonrisa, golpeo su pecho con el emblema obligándolo a permanecer en su estado de alma.

― ¿Eh? ¿Acaso estás loco? ―se ruborizo al verlo y ante las intenciones que él planeo.

―Me volveré loco si te alejas de mi lado. ―la abrazo de la cintura.

―Ichigo. ―parpadeo.

Sus labios se encontraron y las manos de ella se filtraban bajo el kimono para poder delinear los bien trabajados pectorales de Ichigo. Se encantó ante aquel cuerpo, como si los mismos dioses lo hubieran esculpido solo para su soberbio y egoísta deleite. A cada centímetro de aquella piel, sus dedos leyeron la historia de las peleas a través de las innumerables cicatrices, prueba de su deseo por salvarla. La confusión que la embargaba se disipaba un poco a cada encuentro con aquel shinigami sustituto, "¿Lo estaré amando?, ¿Yo… podre amarlo más que a Kaien?" pensaba sin dejar de besarlo.

Por su lado, Ichigo deslizaba sus dedos por la espalda de la shinigami, arrancándole suspiros y pequeños estremecimientos. Le fascinaba saber que aquella hermosa mujer era solo para él. Su pequeña cintura, sus delicados hombros, su fina cadera y su preciosa espalda los dibujaba, plasmando el amor que empezaba a sentir por ella. "¿Amor? ¿Estaré sintiendo amor por Rukia? O simplemente deseo carnal", entre sus pensamientos, Ichigo deslizo sus manos hacia las vendas que aun la envolvían.

―Espera. ―su respiración se agitaba.

―Eso no puedo cumplirlo.―recargo su frente a la de ella mientras sus manos maniobraban para desenvolverla. ―Rukia, te deseo. ―En pocos segundos Ichigo admiraba nuevamente aquellos hermosos senos que lo volvían loco.

Con malicia, Rukia lo abrazo para dejarlo sentir sus pequeños montículos y desesperarlo aún más; al mismo tiempo aparto la ropa que aún lo aprisionaba; también quería embelesarse ante la masculinidad de Ichigo.

―Rukia. ―dejo que le quitara las prendas. ―Rukia. ―sin perder tiempo la aparto un poco para poder acariciarle un seno.

― ¿Crees que… sea distinto que con el Gigai? ―ya lo había dejado completamente desnudo.

―Podemos investigarlo. ―la recostó dulcemente sobre la ropa que ya no los sofocaba.

Las caricias de Ichigo en sus pequeños senos la extasiaban, pero lo que en verdad la estremecía hasta la locura era la habilidad que tenía al tocarla en su intimidad. Tanto que, juraría sentir más placer que con el Gigai, "¡Tsk! Se supone que con aquel cuerpo debí haberme excitado aún más", cavilaba al mismo tiempo que se lubricaba a causa las caricias, de Ichigo, en la fina línea de su feminidad.

― ¡Hah! Ichigo. ―sintió como uno de los dedos de él se inmiscuía ligeramente en su interior.

― ¿Qué? ―no la veía pues estaba ocupado mimándola al besarle sus tiernas aureolas.

― ¡Hah! "Esto se siente diferente con el Gigai." ―arqueaba su pequeño cuerpo debajo de él.

Su dedo índice y medio jugueteaban con el pequeño clítoris de la shinigami, al trazar pequeños círculos y hundiéndolos repentinamente dentro de su feminidad, provocándole ligeros espasmos, suspiros y una constante lubricación. Aquella humedad era el indicio del sumo placer que le brindaba.

― ¡Hah! No es justo. ―entreabrió un ojo para verlo con odio.

― ¿Entonces qué piensas hacer? ―levanto la mirada para retarla.

No le respondió, sencillamente se limitó a acercar su pequeña mano a la virilidad de Ichigo, la cual no había cambiado en absoluto: mantenía la misma imponencia y rigidez que la noche anterior al estar juntos. Rukia se sonrojo, pero al ver la sonrisa de Ichigo se animó a mimarle su extraordinario miembro. Al comienzo no estaba segura de lo que hacía o si lo hacía bien, por lo menos hasta que el pelinaranja sujeto su mano:

― ¡Hah! ―gráficamente le indico como maniobrar su mano para consentirlo. ―Sigue ¡Hah!

― ¡Wow! ―al subir y bajar su pequeña mano, con a la virilidad de Ichigo, se dio cuenta de que este se hinchaba y endurecía aún más.

― ¡Hah! ―Ichigo creía que el mismo infierno se desataba dentro de él.

Ichigo proseguía excitando a Rukia al introducir cada vez más sus dedos en su pequeña feminidad y provocando aún más una fluida lubricación. Hecho que lo desespero por hacerla suya, manifestándolo de la única forma que concebía en ese instante: colocándose poco a poco entre sus piernas, sin dejar de besarla, sin dejar de acariciar sus senos y de mimar su intimidad. Mientras tanto, Rukia proseguía incitando la hombría del pelinaranja, misma que rozaba la línea de su feminidad:

― ¡Hah! ¿Tan pronto te desesperaste? ―lo observaba seductoramente mientras lo dejaba colocarse entre sus sensuales piernas.

―Me vuelves loco, completamente loco. ―le robo un beso aún más apasionado y arrebatado.

Rukia lo abrazo con sus piernas dejando su intimidad a merced de aquel hombre, en cuyas venas corría lava ardiendo. No apresuro las cosas, únicamente dejo que aquel el shinigami sustituto prosiguiera con su planes de hacerla suya.

―Rukia. ―junto su frente a la de ella.

― ¿Pasa algo? ―lo abrazaba del cuello.

― ¡Hah! ―sin más preámbulos la penetro de una sola estocada, arrebatándole un agudo gemido de placer.

― ¡HAH! Ichigo… ―se arqueo debajo de él, levantando su cadera como invitación a que la penetrara aún más. ― ¡Hah!

― ¡MM! ―coloco su rostro entre el cuello y el hombro de Rukia. ― ¡Hah! ―cerro con fuerza sus ojos y empezaba a respirar agitadamente.

― ¡Hah! ¡Hah! ―levanto un brazo para arrugar la ropa entre sus dedos, pues con la otra mano le rasguñaba la espalda.

Ichigo no sentía los rasguños ya que estaba más ocupado embistiéndola cada vez más rápido y para conseguirlo se recargo sobre sus codos, permitiéndole ver como el delicado cuerpo de la shinigami se perlaba por culpa de la pasión. Le fascino ver como las mejillas de aquella mujer se coloreaban de carmín, al igual que sus finos labios.

Rukia lo acercaba aún más al aprensarlo con más fuerza con sus piernas. Por algunos instantes creyó que la rompería pues el miembro de Ichigo realmente la arrastraba a la locura, la excitaba y complacía en toda la extensión de la palabra debido al inigualable grosor y longitud con el que estaba bien dotado. Al inicio solo lo pensaba, pero al cabo de algunos segundos le susurró al oído que se introdujera con más fuerza y con más rapidez, a lo cual, el ojiambar respondió con una gran sonrisa dibujada en su rostro, así que la hizo elevar ambas piernas para que las colocase sobre sus fornidos hombros:

― ¡Ahhh! ―suspiro profundamente ante la breve pausa. ―Dije que me hicieras tuya. ―levanto a los lados sus brazos y ladeo la cabeza para verlo a través de su alborotado cabello.

―Te escuche. ―arqueo un poco sus brazos para realizar un vaivén más profundo. ― ¡Hah!

― ¡HAH! ¡Ichigo! ―gimió de goce.

Ichigo arqueo un poco los brazos para poder poseerla como deseaba. Alterno un vaivén con un subibaja constante y profundo. "Están… estrecha", afirmaba al mismo tiempo que notaba que ella respiraba agitadamente y la escuchaba gemir de pasión. Lo desquicio la fluida lubricación que demostraba que la shinigami llegaría a la cúspide del delirio.

Los gemidos, los suspiros, las caricias y algunas lágrimas fueron constantes durante varios minutos, en los cuales ambos estaban por alcanzar el límite del deleite. Por lo que Ichigo sujeto de la cintura a Rukia para sentarla sobre él e incitarla a que ella se encargara del resto.

― ¡Hah! ―el oleaje que realizo con su cadera mantuvo el ritmo rápido, pero Ichigo se encargaba de la profundidad.

― ¡Hah! ―la sujetaba de la cintura, de ese modo la hundía con más fuerza en cada penetración.

― ¡Hah! Ichi… go ¡Hah! ―dejaba caer con más despreocupación su pequeño cuerpo en la masculinidad de Ichigo. ― ¡Hah! ¡Hah! ―lo abrazaba con fuerza.

― ¡Tsk! ― mantenía la vista sobre ella pues no quería perderse su expresión tras el cercano orgasmo. ― ¡Hah! ―busco la mano de él para que acariciara sus senos.

― ¡Hah! ―complacido mimo el pequeño y firme pecho de su amada. Su lengua jugueteo con las suaves aureolas de Rukia.

― ¡MM! ―levanto la cabeza. ― ¡Ichigo! ―ninguno resistía más, el límite estaba cerca y el deseo proseguía avivándose.

Ichigo, mientras saboreaba y mordisqueaba los senos de Rukia, dejo escapar un agudo y prolongado gemido al sentir como la feminidad de ella se contraía completamente, aprisionando su virilidad y obligándolo a depositar su semilla sin dejar de estar dentro de ella. Seguidamente, la shinigami profirió un gemido semejante tras sentir como su cuerpo se tensaba ante tal gozo. El orgasmo los alcanzo casi al mismo tiempo, hecho que los dejo complemente satisfechos.

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La lluvia no se detuvo hasta la siguiente mañana, por lo que la tranquilidad reinaba por casi todas las calles de Karakura, a excepción de un sitio en particular. De algún modo logro salir de donde lo tenían encerrado, estaba furioso y desesperado por saber dónde estaba su linda Rukia, así que indago por todo el lugar sin éxito alguno. Ya casi rendido, salió por la puerta principal topándose con Yoruichi, Urahara e Isshin:

― ¡Oigan ustedes! ¡Me deben una explicación! ―corrió hacia ellos con la intención de golpearlos.

― ¡Ey! ¿Cómo lograste salir? ―Urahara lo veía con desconcierto.

―Cálmate pequeñín. ―la morena lo sujeto de una oreja para levantarlo y verlo de frente. ― ¿Por qué tan enojado?

― ¿¡Cómo que porque!? ―agitaba sus patas, de felpa, frenéticamente. ― ¡No esta nee-san! ¡¿Dónde está?! ¡Díganmelo ahora!

― ¿La pequeña Rukia? ―Isshin se rasco la barbilla. ―Seguramente esta con Ichigo.

― ¿¡Qué!? ―su alma podía verse salir por su boca. ― ¿¡Por qué debería de estar con ese idiota!?

―Es lo más seguro. ―Urahara veía al cielo dando crédito a la suposición de Isshin. ―Kurosaki fue a buscarla antes de que la lluvia empezara. Si la encontró ten por seguro que buscó algún refugio.

― ¡Maldito Ichigo! ―los ojos de Kon parecían escupir fuego. ― ¡Nee-san, regresa! ―lloraba desconsoladamente.

― ¡Ash! Ya cállate, me vuelves loca. ―Yoruichi golpeo con fuerza la cabeza de Kon. ―Ya aparecerán.

―Lo único que importa es que ese par de tontos entren en razón. ―la conversación regresaba a la seriedad de antes de la interrupción de Kon. ―Me preocupa mucho lo que Byakuya vaya hacer contra Rukia e Ichigo. ―Isshin veía su tasa de té.

―En quien deberías de preocuparte más es por Abarai. ―Urahara cruzó los brazos. ―Por lo que Yoruichi me contó él está realmente desconectado de sí mismo por perder a Rukia y a su amigo.

― ¿Hum? ¿Por qué él? ―Isshin no comprendía.

―Renji está enamorado de Rukia. ―la morena lanzo a una esquina a Kon. ―La perdió al no detenerla cuando la familia Kuchiki la adopto. ―cerro los ojos y cruzo los brazos. ―Y esta vez no permitirá que ni su amigo le arrebate lo que desea recuperar.

Ignoraron el berrinche de Kon al asimilar la situación que se le avecinaban a Ichigo y Rukia, ya que por parte del Gotei 13 no había tanto de lo cual preocuparse; sin embargo, eran Byakuya y Renji de quienes se esperaba un conflicto.

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La estrecho toda la noche, dejándola recargarse sobre su pecho mientras se daba el lujo de acariciar su espalda, con la yema de los dedos, hasta llegar al límite de su bien curveada espalda baja. Cuando ella se durmió, él la cubrió con su kimono para protegerla del frío y del sometimiento de sus deseos carnales, ya que con solo admirarla la deseaba. El kimono solo los cubría de la cintura, dejando expuesta sus piernas y sus torsos. A Ichigo no le molestaba, pues disfrutaba sentir la tersa piel de la shinigami sobre la suya. Embelesaba su pupila al ver la fina cintura, la estrecha cadera, las hermosas piernas y los dulces senos de su amante. "De nuevo… la hice mía de nuevo" , pensaba al hacer a un lado el rebelde mechón que mediaba el rostro de Rukia.

―Deja de observarme, asustas. ―aún tenía los ojos cerrados y poso su pierna sobre él.

― ¿Cuánto tiempo llevas despierta? ―acaricio su mejilla.

―Lo suficiente como para saber que no has dejado de verme y acariciarme. ―entreabrió los ojos.

― ¡Ok! ―la acerco más a él.

Realmente le gustaba como Ichigo delineaba su figura con la yema de sus dedos, pues protección, seguridad y confort era lo que denotaban cada una de los roses de sus manos, cada beso y cada mirada. En lo único que un estaba confusa por determinar era si comenzaba a amarlo o sencillamente era puro deseo.

―Esta vez fue distinto. ―con sus dedos peinaba el cabello de ella.

― ¿Hum? ¿Distinto? ―abrió completamente los ojos.

―Sí. Tú… tu cuerpo, tus reacciones, tus besos y tu entrega, esta ocasión las sentí reales.

― ¿Reales? ―se desconcertó. ―Explícame. ―aún se mantenía recargada sobre su pecho.

―Con tu Gigai las sensaciones fueron deliciosas, pero con tu cuerpo real… aun siendo un espíritu… ―la hizo verlo levantando su mentón. ―… en verdad que el éxtasis fue mejor.

― ¿Qué? ―se sorprendió. ―Creí que sería al revés ya que el Gigai es idéntico al de los humanos, tiene ―se ruborizo. ―todo lo que un cuerpo normal tiene.

―Lo sé, me consta. ―sonrió. ―Pero esa no eres tú. ―la coloco sobre él. ―Este es tu cuerpo, tu verdadero ser. ―dibujaba la forma de la cintura de Rukia. ―Por ende te dejas llevar con más naturalidad y seguridad.

― ¡Tsk! Estás loco, entonces dime ¿Por qué contigo todo fue igual de delicioso y satisfactorio de ambos modos? ―recargo sus pequeñas manos en el pecho del ojiambar.

― ¿Olvidas que mi padre es un shinigami y qué dentro de mi hay dos esencias, Zangetsu y mi hollow blanco, que me conectan con tu mundo? ―le beso la punta de la nariz. ―Rukia, no importa que sea un shinigami sustituto, un hollow o un humano, las experiencias siguen siendo las mismas, sin restricciones o límites físicos o fisiológicos.

― ¡Vaya! ―lo miro detenidamente. ―No pensé que dirías eso. ―se recostó sobre él.

―Rukia, lo que intento decir es que de cualquier modo te protegeré. ―cogió su mano para darle un beso en el dorso. ―Y buscare oportunidades para hacerte mía.

― ¿Qué? ―apretó con fuerza sus puños.

―Quiero… que estemos de esta forma cada noche, cada día. ―la peinaba con sus dedos.

―Ichigo. ―entrecerró sus ojos por culpa del enternecimiento y la sensación de seguridad que él le brindaba.

Continuaron abrazados sin deseos de levantarse por un buen rato, ni por la exigencia del sol de hacerlos despertar al filtrarse por las ranuras del techo y las paredes, de aquella bodega abandonada, sus tenues rayos.

Rukia aún mantenía aquella confusión en su corazón por no saber si lo que sentía por Ichigo era amor, mismo que aun sentía por Kaien, además de estar desarrollando el miedo de que él no cumpliera con su palabra. "Cabe la posibilidad de que solo me desee… que no que me ame. Él mismo lo dijo: que quiere hacerme suya. Eso no es amor… no es amor", cavilaba aun recostada sobre el pecho del ojiambar, mismo que ya estaba durmiendo de nuevo.

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ღRukia_Kღ (L. Ro.)