Capítulo 6: Decisiones
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Estaba sumamente hastiado de tener que realizar todos los informes pendientes, pero lo que realmente le quitaba el sueño era que el Comandante Yamamoto autorizara su viaje al mundo de los vivos para ir por la mujer que quiere recuperar, a toda costa. Aventó a un lado los papeles para dar un largo respiro y estirarse un poco antes de proseguir con aquella tortura burocrática. Solo observaba el techo con los pensamientos en blanco, pero alguien corto la paz que había conseguido después de varios días. No tardo en dejar pasar a quien lo buscaba: Hanataro Yamada.
― ¿Hum? ¿Qué hace alguien de la cuarta división aquí? ―parecía que lo asesinaría con la sola mirada.
― ¡Eh! Bueno… es que yo… es que quiero saber… ―frotaba sus manos afanosamente pues los nervios lo provocaban a tartamudear y encorvarse.
― ¡Aff! ―se recargo sobre el escritorio. ― ¿Quieres saber cuándo iré al mundo delos vivos por Rukia, cierto?
― ¡Eh!... sí. ―su voz era casi inaudible.
―Lamento informarte que aún no lo sé. ―recargo sus codos en el mueble para cubrir su boca con sus manos entrelazadas hechas puño.
―Lo… lo siento Teniente Abarai, no era mi intención molestarlo, solo que… ―bajo la mirada.
―¿Qué? ―lo veía fijamente.
―Bueno…―se rascaba la cabeza. ―… es que la señorita Kuchiki es una linda persona y… solo quería pedirle que no le haga daño cuando vaya por ella. ―agacho la cabeza pero lo veía directo a los ojos.
―No te preocupes Hanataro, no la lastimare. ―se levantó de su asiento y camino hacia él.
― ¡Oh! Eso es grandioso, me alegra saber que la señorita Kuchiki no está en problemas. ―sonrió de oreja a oreja.
―No, no está en problemas con el Seireitei. ―se detuvo a lado del pequeño chico. ―Tiene problemas con el Capitán Kuchiki.
Al decir eso, Renji salió de su oficina dejando atrás a un chico hecho un manojo de nervios al saber que la chica, a quien consideraba su amiga, estaba en problemas aristocráticos, los cuales no eran de tomarse a la ligera pues Byakuya podía decidir si encarcelan a Rukia, la ejecuten o la exilien del Seireitei.
El pelirrojo se dirigió al campo de entrenamiento de su división para expulsar la ira y la desesperación acumulada, tanto que nadie se atrevió a decirle que se estaba extralimitando con su reiatsu y el incontrolable manejo de su Bankai. Incluso al pasar un par de horas todos lo dejaron solo, ya que no querían salir lastimados.
Renji estaba tumbado en el pasto intentando recobrar el aliento, percatándose de que el ocaso lo había alcanzado. Su pecho subía y bajaba rápidamente a causa de su dificultad para alcanzar un poco de aire.
―Renji.
― ¡Ahhh! ―levanto la cabeza para poder ver quien lo llamo.
― ¿Por qué te sobrepasaste al emplear tu Bankai? ―Byakuya lo observaba.
― ¡Ah! Lo siento Capitán. ―se sentó.
―Ya veo, solo de esta forma puedes sacar tu irracionalidad. ―saco algo de su manga.―Ya hay una respuesta. ―extendió la mano con un papel.
― ¿Respuesta? ―cogió el papel y lo desdoblo para leerlo. ― ¡Esto es…! ―abrió los ojos como platos.
―En dos meses, a partir de hoy, puedes ir por Kuchiki Rukia. ―le dio la espalda para retirarse.
―Entendido, Capitán.
No podía creerlo, en ocho semanas tendría la libertad para ir al mundo de los vivos para arrebatarle a Ichigo a la mujer que ama. Arrugo el papel entre sus manos mientras pensaba la mejor forma de regresar a Rukia, sin dejar de lado la posibilidad de eliminar al pelinaranja, aun siendo su amigo.
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Un estornudo lo hizo despertar, obligándolo a abrir los ojos al notar la ausencia de un ligero peso extra sobre su cuerpo. Al observar su alrededor se percató de que Rukia le daba la espalda y terminaba de vestirse.
― ¡Achu!
―Rukia, ¿Estas bien? ―se levantó para ir con ella.
―Sí.―aun le daba la espalda.
― ¿Y si te da fiebre? ―la abrazo por la espalda y poso su mano en su frente para asegurarse de que no estuviera caliente. ― ¡Mm! No, no tienes fiebre. ―la estrecho aún más y hundió su rostro en el cuello de la shinigami.
― ¡Eh! Espera, Ichigo. ―intento deshacer el abrazo.
―Quiero abrazarte un poco más. ―recorría sus labios por el cuello, el mentón y las mejillas de ella.
―Ichigo, debemos irnos. ―logro deshacer el abrazo únicamente para encontrarse con la deslumbrante desnudez del ojiambar. ― ¡Maldición, Ichigo! ―señalo la virilidad claramente visible. ― ¡Vístete, tonto! ―se cubrió los ojos y le dio la espalda.
― ¿Qué? ―bajo la mirada. ―Tonta, ¿Cómo puedes avergonzarte si ya hemos estado juntos dos veces? ―se rascaba la cabeza y la veía con desconcierto. ―Muy bien, me vestiré.
―Idiota.―aún se cubría los ojos. ―Sé que hemos estado juntos… dos veces… ―lo último lo dijo para sí misma con un tono triste. ―… Ichigo. ―se descubrió los ojos manteniendo la vista al suelo.
― ¿Hum? ―la miro de reojo mientras se vestía.
― ¿Qué sientes por mí? ―se abrazó a si misma por la timidez y el miedo por la respuesta.
Ichigo termino de vestirse para acercarse a ella y posar las manos sobre sus pequeños hombros; acerco su boca al oído de la shinigami para susurrarle la respuesta, misma que hizo que ella se estremeciera y enmudeciera.
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Tras la tensa conversación, Yoruichi se encamino a la Sociedad de Almas para averiguar los movimientos que Byakuya estaba planeando y poder prevenir cualquier cosa que se avecinara. Por su lado, Isshin se limitó a regresar a su casa y Urahara a esperar las averiguaciones de la morena y planear una estrategia de protección.
En forma de gato no tardó en llegar a su destino, además de ser la forma más segura y rápida de indagar por todo el Seireitei sin ser detectada. Sin perder el tiempo, Yoruichi fue directamente a la sexta división para averiguar algo, pero antes se topó con Hanataro, quien salía del cuartel de Byakuya.
―Hanataro, ¡Psss!
― ¿Hum? ―miro para todos lados.
―Tonto, aquí abajo.
― ¿Eh? ¡Ah! Señorita Yoruichi. ―se sentó frente a ella. ― ¿Qué hace aquí?
―Eso debería de preguntarlo yo.
―Bueno, es que vine para pedirle al Teniente Abarai que cuando tenga que ir por la señorita Rukia no sea agresivo con ella. ―se rasco la nuca y bajo la mirada.
― ¿Te dijo cuándo ira al mundo de los vivos?
― ¿Huh?... no, dijo que aún no tiene respuesta.
―Ya veo. ―levanto las orejas al sentir el reiatsu de Renji. ―Nos vemos Hanataro, iré a ver que le ocurre a ese idiota. ―comenzó a correr por los tejados.
― ¡Ah! ¡Espere! ―intento detenerla para preguntarle acerca de Rukia, pero la morena ya se había alejado.
Aun en su forma gatuna su shunpo era inigualable, tanto que llego en fracción de segundos a donde Renji se salía de control al entrenar frenéticamente con su Bankai. Se acercó lo más que pudo, escondida entre las ramas de un árbol, para esperar a que terminara para seguirlo y de esa forma averiguar en qué día el Comandante le haría llegar la respuesta. Lo cual no fue problema pues al caer la tarde visualizo una figura acercarse al exhausto cuerpo de Renji, así que se acercó un poco más para poder escuchar:
― ¡Vaya! Pero si es el mismo niño Byakuya. ―se hecho en una rama. ―Oigamos que le dirás a tu fiel Teniente.
Su paciencia fue recompensaba al escuchar la noticia que Byakuya le fue a dar a su Teniente: que en dos meses podría ir por Rukia y regresarla a la Sociedad de Almas. La pequeña gata se movilizo de vuelta al mundo de los vivos para informarle inmediatamente a Ichigo y a Rukia sobre la visita de su amigo al mundo de los vivos.
― ¡Hum! Espero que ese idiota de Ichigo esté haciendo las cosas bien para ganarse el corazón de Rukia, sino estaremos en problemas.
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No dejaba de ver el suelo ni de abrazarse a sí misma, un constante hormigueo recorría su columna vertebral y los nervios no le permitieron proferir palabra alguna. Aun no creía haber escuchado aquellas palabras, mismas que la desarmaron:
―Rukia.―la mantenía entre sus brazos.
―Yo… ―su voz se ahogaba.
― ¿Quieres que lo repita? ―le beso la mejilla. ―Al verte dormir, al sentir tu calidez y al verte a los ojos me convencí de que eres la mujer que deseo este en mi vida. Rukia, se mi mujer. ―no pretendía soltarla.
―Ichi… Ichigo. ―una lágrima rodó por su mejilla hasta caer en la manga del kimono de él.
―Aún no sé si nos quedaremos aquí o en la Sociedad de Almas, pero… de lo que si estoy seguro es de que quiero que seas mi pareja. Sé que aun amas a Kaien, pero lamentablemente él ya no está aquí. ―la abrazo con más fuerza. ―Quiero creer que el destino preparo nuestro encuentro.
―No lo sé. ―la tristeza se notó en su voz. ―Creí que solo me deseabas.
―Te deseo, pero comienzo a amarte. Créeme.
―Admito que… también te deseo. ―deshizo el abrazo para verlo. ―Solo, no me pidas que te amé de la noche a la mañana. No niego que comienzo a sentir algo por ti, sin embargo mi corazón aun no lo olvida. ―aferro su puño sobre su pecho. ―El tiempo nos dirá si en verdad nuestro destino no fue pasajero.
―Estoy seguro de que eres el otro extremo de mi hilo rojo. ―cogió entre sus manos la de ella para besarla del dorso.
― ¿Tu… extremo? ―lo veía con curiosidad.
― ¿No has oído de la leyenda del hilo rojo?
― ¿Eh? Si, en la Sociedad de Almas es muy conocida. ―desvió la mirada. ―Mi hermano cree que mi otro extremo debe ser alguien de la nobleza.
―Me importa un carajo Byakuya, les demostrare a todos que ambos somos nuestro extremo de ese hilo rojo. ―la volvió a estrechar entre sus brazos.
El miedo la abandono, únicamente la atosigaba y la maldita confusión por saber si amaría a Ichigo o no, por su parecido a Kaien, aun la enloquecía. Sin mencionar la extrema diferencia de edades.
―Ichigo, ¿No te importa mí edad? ―su voz sonaba triste.
― ¿Tu edad?
―He vivido por lo menos diez vidas más que tú. ―cerro con fuerza los ojos.
― ¿En serio?, ¿Cuantas veces debo repetirte que también soy un shinigami? Y no solo porque me brindaste tu poder espiritual, sino de nacimiento gracias a mi padre.
― ¿Y tu lado quincy?
―No creo que sea un problema.
―Ichigo… si quieres que estemos juntos y decides ir conmigo a la Sociedad de Almas deberás renunciar a eso… ―lo vio de reojo. ―… y no creo que quieras hacerlo ya que es una de las pocas cosas que te unen al recuerdo de tu madre.
El pelinaranja sabía que lo que Rukia le dijo es verdad, sin embargo estaba consciente de que si su padre le dio la oportunidad de ser feliz, incluso en otro mundo, posiblemente su madre haría lo mismo con tal de verlo junto a la mujer que lo hace feliz.
―Por eso no te preocupes, no creo que mi madre tenga inconvenientes por que renuncie a su herencia quincy, ella no era una mujer egoísta. ―le beso la corinilla.
―Espero que no te arrepientas.
―No lo are.
Se quedaron un momento más abrazados pues ninguno quería irse sin terminar de aclarar sus sentimientos y pensamientos, ya que pretendían darse la oportunidad de confirmar si lo que sienten es realmente amor o puro deseo carnal.
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Ya estaba de regreso y no tardo en buscar a Urahara para informarle sobre la fecha en que Renji buscara a Rukia, y seguramente luchar contra Ichigo hasta eliminarlo.
―Dos meses, es poco tiempo. ―poso su mentón entre sus dedos. ―Pero es suficiente para que Kurosaki entre un poco más y se dé cuenta de que en verdad ama a Rukia.
―Kisuke, ¿Por qué estás tan seguro de que esos niños se aman? ―Yoruichi estiraba el brazo para pedirle más arroz a Ururu.
―Cuando traje a Kurosaki a entrenar le pregunte el motivo por el que deseaba hacerse más fuerte, pues no le veía siquiera un potencial más allá de su feroz reiatsu.―veía comer a la morena.
― ¿Y?
―Al cuestionarlo se quedó arrodillado en la tierra y solo levanto la cabeza para gritarme…
Urahara recordó la expresión de Ichigo: fuerte y decidido, impresionándolo aún más con la respuesta que le dio aquel día:
"― ¡Ok! Parece que lo único que tienes es ese bestial poder espiritual.
― ¡Tsk! Maldito, se supone que debes ayudarme a controlarlo y a saber el arte de la espada.
― ¿Por qué Kuorsaki? Dime ¿Cuál es la razón?, ¿Solo quieres hacerte más fuerte? O ¿No quieres deverle un favor a Kuchiki por darte su poder espiritual?
― ¡Tsk! ¿Cómo te atreves a suponer que solo quiero saldar una deuda? Sí, sí quiero devolverle el favor por haber arriesgado su vida por mi familia, ¡PERO ESO NO ES TODO!
―Entonces dime, quiero saber la verdadera razón.
―Rukia detuvo las desagradables confusiones y los tortuosos sentimientos de culpa que cargaba conmigo. ¡ELLA DETUVO UNA LLUVIA INTERNA DE LA CUAL NO PODÍA DESHACERME NI PODÍA DETENER!
― ¿Quieres decir que ella es tu fuerza?
― ¡Sí! Ella… es la razón por la cual ya no estoy confundido ni triste."
Yoruichi terminaba de comer sin dejar de ver la expresión de orgullo en el rostro de Urahara: quien no noto que sonreía al recordar la determinación y el espíritu que Ichigo le demostró por querer rescatar a Rukia, hecho que le aseguraba que esta ocasión no sería distinto y que la protegería a toda costa.
―Kisuke, ¿Qué harás ahora para que ese tonto mejore?
―Lo entrenare aquí, igual que la vez anterior, y haré que domine mejor su Bankai. ―bajo el plato que Yoruichi tenía entre sus manos. ―Y tu entrenaras a Rukia, de ese modo ambos se fortalecerán para lo que venga.
―Quieres que le haga de niñera y de cupido, no me engañas Kisuke te conozco desde siglos y se cómo piensas.
―Me descubriste, por eso te adoro.
―Lo sé, pero me pagaras con comida gratis. ―le estiraba el brazo con el plato vacío. ―Y sake también.
―Pero eso ya lo haces. ―la vio con desconcierto. ― ¡Afff! Ya que, lo que tú digas preciosa.
Estaba decidido, ambos ayudarían a los jóvenes amantes para la visita de Renji, lo único que ignoraban era si Byakuya decidiría acompañarlo al último momento.
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Como siempre se encontraba frente al altar familiar encendiendo inciensos y orando por sus seres amados, entre ellos su amada esposa: Kuchiki Hisana. Observaba con detenimiento la dulce sonrisa que ella dibujo para que se quedara por siempre plasmada en aquella fotografía. Byakuya se sentía culpable al obligar a Rukia a seguir una línea familiar que no le correspondía, ya que no era de la sangre Kuchiki. Sin embargo, ya la considera su hermana legítima y por lo mismo ella debía cumplir con las exigencias sociales que la nobleza de su calibre exigía.
―Mi amada Hisana, ¿Hago bien en obligarla en seguir nuestra tradición? ―cerro los ojos. ―Te pregunto pues yo no lo hice, pues me enamore de ti y no renuncie a nuestro amor aun a costa de mi familia.
No bajo la cabeza, se mantuvo erguido con los ojos cerrados y los puños bien apretados a sus costados. Se quedó en silencio como si esperase una respuesta proferida de los mismos labios de su difunta esposa. En su lugar, el anciano que cuida de la mansión lo interrumpió:
―Lo siento señor Kuchiki, estoy aquí para preguntarle si desea cenar.
―No tengo hambre, puedes retirarte a descansar. ―abrió los ojos y dejo de apretar sus puños antes de salir de la habitación.
― ¡Eh! Señor. ―hizo que dejara su andar.
― ¿Ocurre algo? ―lo vio de reojo.
―Sé que solo estoy para servirle pero… ―tosió un poco. ―… si me permite darle mi opinión, debería dejar que la señorita Kuchiki se enamore, no importa que sea de alguien del Rukongai. Después de todo ella proviene de ese lugar, al igual que su difunta esposa. ―junto sus manos en ademan de oración.
Byakuya se limitó a verlo antes de proseguir con su andar. En cuanto al anciano, solo vio alejarse a un hombre que por culpa de su orgullo estaba por hacer infeliz a la hermana del ser que más amo en su vida.
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Yoruichi adopto su forma gatuna para poder dormir sobre la rama de un árbol para esperar a que Ichigo y Rukia llegaran a la tienda, aunque llegaron primero Orihime, Uryu y Chad. La ojigris se notaba algo preocupado, Uryu molesto y Chad ecuánime, como siempre. La gatita descendió del árbol para saber la razón de aquella inesperada visita:
―Hola chicos, ¿Qué los trae por aquí?
― ¡Ah! Yoruichi, ¿Has visto a Kurosaki o a Kuchiki?, pensé que ambos asistirían a clases ya que ella vino y… ―junto sus índices y los frotaba con nervios. ―… bueno es que… no sabemos nada de ellos.
―Tampoco sabemos dónde están. ―Urahara salió de la tienda. ―Ambos salieron disgustados de aquí ayer por la tarde y no han regresado.
― ¡Eh! Pero ayer llovió a cantaros, ¿Y si les paso algo malo? ―la ojigris golpeo sus mejillas con las palmas de sus manos. ― ¿Qué haremos? ¿Qué haremos?
―Cálmate, recuerda que son shinigamis, ten por hecho que no les paso nada. ―Yoruichi le lanzo una piedrita a Orihime. ―Por ahora.
― ¡Ay! ―se sobo la frente, lugar donde la golpeo la piedrita. ― ¿Por ahora?
― ¿A qué te refieres Yoruichi? ―Uryu presto atención a la conversación.
―Acabo de regresar de la Sociedad de Almas y me entere de que en dos meses Renji vendrá por Rukia y ―hizo una ligera pausa. ―a eliminar a Ichigo. ―la gatita denotaba preocupación.
― ¿Renji, quiere eliminar a Kurosaki? ―Orihime quedo pasmada. ―Pero son amigos, ¿Entonces por qué quiere hacer eso? ―se sentó frente a la gatita.
―Sencillo, está enamorado de Rukia desde hace décadas y no quiere perderla nuevamente.
― ¿Perderla de nuevo? ―Chad mostró curiosidad al igual que Uryu y Orihime.
Entre Urahara y Yuroichi, los tres se enteraron de la historia de esos viejos amigos y como es que se alejaron tras la adopción de la ojivioleta. Tan ensimismados estaban en la historia que no se percataron de dos presencias detrás suyo hasta que profirieron una leve tos para llamar su atención: eran Ichigo, ya en su cuerpo, y Rukia.
― ¡Kuchiki, Kurosaki! ― Orihime se abalanzo a ellos para abrazarlos. ― ¿Dónde estaban? Nos tenían preocupados.
―Lo siento Inoue. ―Ichigo revolvía el cabello de la ojigris. ― ¿Hum?, ¿Pasa algo? ―noto la seriedad en los demás. ― ¿Por qué están aquí? ―miro a Uryu y Chad.
―Ichigo, Rukia, deben saber algo. ―Yoruichi subió al hombro de la ojigris. ―Tienen que entrenar y fortalecerse a más tardar en siete semanas.
― ¿Qué? ¿Cuál es el motivo? ―Rukia presintió lo peor.
―Renji tiene autorización de venir por ti en dos meses. ―Urahara intervino.
Ichigo tenso cada uno de sus músculos para esconder la angustia de que Renji hiciera alguna estupidez, así que miro a Rukia solo para ver en ella una mescolanza de miedo, frustración e intranquilidad. Impulsivamente la abrazo y le susurró al oído que no se mortificara, que él se encargaría de que nada saliera mal, pues no solo quería mantener la amistad de un buen colega sino que pretendía defender lo que ya consideraba lo más importante en su vida: ella.
Orihime, Uryu y Chad se alegraron al verlos juntos, por fin después de tanto tiempo de conflictos lograron que ese par de necios se dieran una oportunidad. Lamentablemente no era el momento de festejar, por lo que los tres se acercaron a ellos para afirmarles que no los dejarían solos y que al igual que ellos entrenarían duro para ayudarlos.
―Gracias chicos, no quiero que esto se torne mal. ―no dejaba de abrazar a Rukia.
―Kurosaki.―la ojigris lo veía con inquietud. ―Daremos lo mejor de nosotros para ayudarlos.
―Inoue, no te preocupes. ―Rukia le ofreció la mano. ―Todo estará bien.
―Kuchiki, ¿Y si viene tu hermano? ―Uryu se acomodó las gafas.
―Me enfrentare a él, aunque no tenga oportunidad contra Senbonzakura. No dejare que decida mi vida, no me importa que me adoptara. ―se aferró a la playera de Ichigo.
―Note precipites Rukia. ―la gatita suspiro. ―No creo que el niño Byakuya se atreva a hacerte daño, además no estamos seguros de que venga con Renji o no.
―Venga o no, no permitiré que lastimen a Rukia. ―Ichigo apretaba con fuerza el emblema que Ukitake le dio.
―Dejen de mortificarse antes de tiempo, es mejor que se concentren en entrenarse para esperar el peor de los casos. ―Urahara dio un par de aplausos para llamar la atención. ―Así que, desde mañana comenzaran su entrenamiento.
―Muy bien. ―Rukia asintió con la cabeza.
La tensión que se formó a causa de aquella noticia se disipo rápidamente cuando Kon y Chappy salieron corriendo de la tienda únicamente para abrazar a Rukia, misma que recibió al peluche con un puntapié mientras se dejaba abrazar por su pildorita.
― ¡Señorita Rukia!, ¡No vuela a dejarme sola! ―Chappy se colgó de la ojivioleta.
― ¡¿Eh?! No lo haré, pero tranquilízate Chappy.
― ¡Nee-san! ¿Por qué me dejaste solo? ―Kon lloraba aún bajo el pie de la shinigami.
Ichigo cogió al peluche para iniciar una acalorada discusión, aun dentro de la tienda y en plena comida. Rukia se limitó a soportar que Chappy no la soltara por casi todo el día; por lo menos hasta que le pidió el Gigai y regresar a donde no pensó que volvería después de varios meses.
Al caer la noche todos se retiraron, y poco a poco fueron dividieron sus caminos con excepción de Ichigo y Rukia, quienes iban al mismo destino. En cuanto pusieron un pie dentro de la casa del pelinaranja, este fue recibido por un fuerte puntapié de su padre seguido de una acostumbrada pelea entre ambos. Rukia presenciaba todo desde el umbral de la puerta hasta que Yuzu cogió su mano y la guio hasta el comedor y servirle un poco de curry.
―Rukia, tenía mucho tiempo que no te veíamos. ―le sonreía.
― ¡Eh! Sí, mucho tiempo. ―solo veía el plato de curry.
― ¿Hum?, ¿No tienes hambre?
― ¡Eh! La verdad no mucha. ―toco su pansa al recordar que Yoruichi se comió casi todo lo que Ururu y Jinta prepararon para la cena.
―Sé que aun tienes hambre, así que come algo. ―Ichigo se sentó a su lado con un gran chichón en su cabeza.
―No me molestes. ―cerro los ojos y cruzo los brazos algo molesta.
―Tonta.―dejo de verla para adueñarse de su plato con curry y comérselo.
― ¡Hermano, eso es para Rukia! ―Yuzu se recargo en la mesa para reprender a Ichigo.
―Vamos hijo, no seas maleducado con la pequeña Rukia. ―Isshin se frotaba la mejilla por culpa del golpe que su hijo le propino.
El alboroto familiar era normal en esa casa, por lo mismo Karin estaba acostumbrada a ver la televisión con tanto ruido a su alrededor.
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El siguiente día se presentó más pronto de lo que pensaron y a pesar de que Rukia madrugo solo estaba sentada, a la orilla de las cobijas del armario, observando el pequeño tuvo que contenía a Chappy. Muchas emociones comenzaban a acumularse dentro de su corazón, mismas de las cuales ya quería deshacerse para estar en paz.
― ¿Rukia? ―se frotaba los ojos con el dorso de su mano. ― ¿Desde a qué hora estas despierta?
―Levántate, tenemos que ir con Urahara. ―se tragó la píldora. ―Chappy, quédate aquí y no causes problemas. ―saco de entre las cobijas hojas de papel y algunos plumones.―Ten.
―Gracias señorita Rukia. ―Chappy se acomodó en el armario para dibujar.
― ¿Estas bien? ―Ichigo la veía desconcertado.
―Sí, solo quiero irme ya. ¿Hum?... ¿Dónde está Kon? ―miraba para todos lados.
― ¿Kon? ―se rasco la mejilla. ―Quizá se quedó con Urahara o intento huir como siempre lo hace.
―De acuerdo, te espero afuera. ―abrió la ventana. ―Apresúrate.
― ¡Ok! ―miro al armario. ―Chappy, ¿Sabes que le ocurre a Rukia?
― ¿Eh? ―dejo de dibujar para verlo. ―Mi señorita no me dijo algo, además de haberlo hecho no te lo diría. ―le enseño la lengua antes de seguir dibujando.
― ¡Tsk! Maldita. ―la vio con enfado. Sin embargo, tuvo que apresurarse para alcanzar a Rukia e ir rápidamente con Urahara y Yoruichi.
Tan pronto como se arregló, y le encargo su cuerpo a Chappy, salió por la ventana. En el instante en que vio a Rukia correr por los tejados comprendió que ya debían irse, así que la siguió. Iba lo más rápido que su neófito shunpo se lo permitía, pues aún no lo dominaba al igual que las Artes Demoníacas. Al alcanzarla trato de adelantarse para interponerse en su paso y preguntarle la razón de su mal humor, pero Rukia solamente le respondía que nada le ocurría.
Sin darse cuenta ya estaban frente a la tienda de Urahara, donde Tessai los esperaba para llevarlos hasta el cuarto de entrenamiento. En el corto camino, les explico que lo más probable es que no saldrían ni del cuarto de entrenamiento ni de la tienda, pues ni Urahara ni Yoruichi querían desperdiciar tiempo. A esto, Ichigo le reclamo que pasaría entonces con su cuerpo y con Chappy, a lo que Ururu rápidamente le respondió que Jinta ya estaba en camino a su casa para traerlos.
―Además, Kon se quedó con nosotros, por lo que él puede ocupar tu cuerpo mientras tanto, ademas de asistir a tu instituto. ―Ururu lo veía con miedo.
― ¡Tsk! Lo que me faltaba, que ese maldito peluche tome mi lugar otra vez en el instituto.
―No te alteres, Ichigo. ―Rukia mantenía los ojos cerrados y caminaba despreocupadamente.
―Es fácil para ti pues tu Alma artificial no resultó ser un pervertido. ―la veía como si deseara ahorcarla.
― ¿No recuerdas como es Chappy verdad? ―le dirigió una mirada asesina.
Ambos comenzaron a discutir por quien tenía al peor candidato para cuidar de su cuerpo y su Gigai. Sin embargo, su cómica discusión fue interrumpida por un fuerte golpe en sus cabezas, por el bastón de Urahara:
― ¡Ahhh!, ¡Maldición!, ¡¿Por qué hiciste eso?! ―Ichigo quería golpearlo, pero Tessai lo cogió del cuello del Kimono para detenerlo.
― ¿Cómo te atreves a golpearme? ―Rukia intentaba reprimir unas grandes lágrimas que ya estaban por salir.
―No vinieron a perder el tiempo, están aquí para entrenar así que empecemos de una vez.
Urahara tenía un semblante serio y frío, lo cual les indico a la ojivioleta y al ojoambar que no bromeaba y realmente quería hacer esto con la mayor seriedad posible. Por lo tanto, ambos asumieron que él y Yoruichi no esperaban algo tan simple como una discusión entre amigos, sino un verdadero enfrentamiento.
Sin más preámbulos, los dos siguieron a Urahara hasta donde la morena los esperaba con los brazos cruzados y sumamente disgustada por su falta de seriedad. Ichigo pudo notar que a tras de ella habían varias dianas y maniquíes:
― ¿Hum? Yoruichi, ¿Para qué son esos tiros al blanco? ―señalo con ironía.
―Las dianas son para Rukia, tú preocúpate por lo que Urahara preparo para ti. ―señalo en dirección a Ururu y Tessai.
― ¡Tsk! Demonios, ese loco piensa enfrentarme a la niña de fuerza sobrenatural ya ese loco fortachón. ―los miraba muy asustado al recordar su primer entrenamiento.
― ¿Para qué quieres que entrene con esas dianas? ―Rukia se acercó a la morena.
―Primero quiero que fortalezcas tu Kido, sé que eres muy buena en las artes demoníacas pero pretendo sacar todo tu potencial. ―la vio fijamente a los ojos. ―Quiero que aprendas a usar el Kido sin tener que rezar todo el conjuro.
― ¿Qué? ―la ojivioleta abrió se paralizo. ― ¡Eso es imposible, solo los shinigamis de alto rango pueden hacerlo! ―apretó con fuerza sus puños. ― ¡Eso toma décadas, y no todos los altos rangos lo logran!
― ¡Ya lo sé! ―Yoruichi la cogió del cuello de su Kimono para levantarla del suelo. ―Sí pude lograr que Ichigo consiguiera el Bankai en tres días, sé que podre hacer que tú realices un Kido sin recitarlo.
La ojivioleta abrió poco a poco sus puños y relajo su semblante, indicándole a Yoruichi que aceptaba el reto con tal de ser más fuerte. Lo único que ahora deseaba saber es si la ayudaría a entrenar el arte de la espada, pues ese siempre su punto débil a pesar de que Kaien entrenaba con ella arduamente.
―También te ayudare a sacar todo el potencial de Sode no Shirayuki, pero ―poso su mano en el pequeño hombro. ―debes dejar de estar confundida, ¿Sabes a que me refiero, cierto?
―Sí.―estaba consciente de que Sode no Shirayuki no sería capaz de brindarle todo su poder si su corazón estaba inquieto.
―Bien, que comience la diversión. ―Urahara sonreía como el sombrerero loco ante una mesa repleta de tazas de té.
De esa forma, toda la mañana los ex-shinigamis iniciaron con su rudo entrenamiento. Para esto, los separaron a ambos polos del campo desértico para que no se distrajeran y/o interrumpieran al momento de ejecutar ataques.
Yoruichi obligo a Rukia a dar en el blanco a las dianas, hecho que no se le dificulto a la ojivioleta pues en verdad era excelente en las artes demoníacas. Aunque, el verdadero problema empezó cuando la morena le exigió más concentración y que no recitara ni un solo verso. La paciencia no era algo con que podían contar, pues realmente debían mejorar.
Al pasar las horas, Rukia ya mostraba señas de cansancio y exasperación, pues por más dominio que tuviera en el Kido no daba indicios de poder ejecutarlos sin pronunciar aunque sea una sola línea del verso.
Por su lado, Ichigo se sometió nuevamente a la ridícula vestimenta con la que Urahara lo entreno por primera vez. A pesar de lo incómodo y ridículo que se sentía, el pelinaranja manifestaba que había adquirido más experiencia en el dominio de la espada. El único "pero" seguía siendo su nulo control de su reiatsu, del shunpo y ni hablar de las artes demoníacas.
Urahara se dedicaría únicamente a que Ichigo controlara lo mejor posible su poder espiritual, de esa forma podría explotar al máximo el poder de Zangetsu: y en cuanto al shunpo, este lo adquiriría con la práctica, y del Kido sencillamente no se lo enseñaría pues su punto fuerte era su zanpakuto.
Solo la interrupción de Jinta, Kon y Chappy, al llamarlos para cenar, ayudo a que los jóvenes se dieran un respiro.
―Señorita Rukia, ¿Está cansada? ―Chappy le acercaba una taza de té.
―Un poco. ―cogió la taza y se la llevo a la boca. ―Gracias.
― ¡Nee-san, no deberías de esforzarte tanto! Podrías hacerte daño. ―Kon estaba molesto y preocupado.
―Estoy bien. ―mantenía la mirada en el té.
―Urahara, ¿En verdad nos tomara las semanas que dijeron para poder progresar? ―Ichigo sostenía una taza.
―Eso depende de ustedes, nosotros solo los estamos ayudando. ―Urahara bebió un poco de sake.
―Dejen de preocuparse. ―Yoruichi pidió una tercera ronda de curry. ―Son buenos, solo deben dejar el miedo y las angustias atrás. ―miro específicamente a Rukia.
―Gracias por la comida, me retiro a mi habitación. ―dejo la taza en la mesa y se paró. ―Vamos Chappy, dormirás conmigo.
― ¿Eh? Sí señorita. ―la pildorita la siguió muy contenta.
― ¿Qué le pasa a Rukia? ―el pelinaranja la veía cerrar la puerta al salir.
―Kurosaki, ¿Has hecho bien las cosas? ―Urahara encendía una pipa. ―Has puesto en claro tus sentimientos, supongo.
― ¡Tsk! ¿Qué tiene que ver eso? ―frunció su ceño y lo vio con desagrado.
―Ichigo, es importante que ambos mantengan un equilibrio. ―la morena pedía una tercera jarra de sake. ―Tú mismo lo dijiste, que ella detuvo tu lluvia interna, ahora es tu turno de detener la tormenta que ella sostiene en su corazón.
―Pensé que lo estaba logrando.―golpeo su puño contra la mesa. ― ¡Tsk!
―Ten paciencia, para ella también fue difícil sacarte de esa depresión. ―Urahara lo veía detenidamente.
―Eso espero.
Ichigo miraba sus manos como si algo se hubiera escapado de entre sus dedos, haciéndolo sentir impotente y sin la capacidad de proteger a quienes más ama, en especial a Rukia.
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Inmediatamente de acomodar los futones se acostó dándole la espalda a Chappy, quien le pregunto si algo que ocurría, la pildorita esperaba que le respondiera con negativas, como siempre lo hacía, pero esta vez se enfrentó a una cuestión que la enmudeció:
―Chappy, ¿Crees que… merezco ser querida? ―se aferró a la manta. ― ¿Crees que puedo amar a otro hombre?
― ¿Eh? Señorita Rukia, ¿Está queriendo decir que ama al pelinaranja testarudo? ―se acostó a lado de ella.
―Yo… en realidad no lo sé. ―cubrió la mitad de su rostro con la manta al recordar las dos noches que estuvo con él.
―Si me permite, creo que cuando esta con ese atolondrado usted adquiere un hermoso brillo en sus ojos y su sonrisa no es forzada.
― ¿Qué? ―se sorprendió ante la confesión de su pildorita.
―Lo que intento decir es que, usted se ve realmente feliz.
Rukia se acurruco en la manta y sus cavilaciones no la dejaron en paz al intentar razonar las palabras que Chappy le acaba de decir. "¿En verdad lo estaré amando?", quería estar segura pues de esa forma podría resguardar el recuerdo de Kaien en su corazón e iniciar uno nuevo y real a lado de Ichigo.
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Gracias por leer mi Fic ^.^
Att.: ღRukia_Kღ (L. Ro)
