Tardes de Domingo
–No me lo puedo creer– Jim tomó aire y trató de oxigenar sus agotados pulmones al tiempo que apoyaba las manos en las rodillas–. Sigo sin creérmelo.
–Y cuanto más lo niegues más te costará– le dijo Bones palmeándole la espalda–. ¿Por qué no te sientas, chico? Pareces a punto de desmayarte.
–No me trates como a un enfermo– dijo Jim antes de dejarse caer sobre el césped y exhalar un gemido–. ¿¡Pero cómo puedes correr tanto!?
Bones rió y se sentó junto al rubio pero, al contrario que este, lo hizo con gracia.
Era domingo por la tarde y ambos habían decidido salir a correr antes de que anocheciese. Cómo era habitual en sus carreras Bones ganó, pero en esta ocasión el médico no se había limitado a adelantar a Jim sino que había soltado sus piernas y corrido hasta quedar realmente satisfecho. La buena forma de Jim era obvia, y en un primer principio había tratado de seguir al médico, mas la resistencia de este fue demasiado para el rubio.
–Siempre te puedes consolar pensando que tú estás más cansado que yo al tener el doble de clases y el triple de entrenamientos físicos.
–Sí, me quedo con esa excusa– dijo Jim echándose completamente sobre la hierba boca arriba.
–Ei, ni se te ocurra pensar en quedarte dormido aquí. Puede que sea primavera y hoy hayamos tenido un día de sol, pero el suelo aún está húmedo y…
–Vamos Bones, un poco de relax por aquí– dijo Jim con una sonrisa–. No voy a quedarme dormido, no cuando estás a mi lado gruñendo.
–Mocoso ingrato– masculló Bones reclinándose hacia atrás sobre sus codos, postura que le permitía ver la bahía de San Francisco frente a él y las nubes, de un blanco inmaculado, que surcaban el cielo.
–No sé por qué estás tan molesto: me has ganado y anoche saliste con una preciosa cadete que te mantuvo ocupado hasta altas horas de esta mañana.
–Gracias por llevar un estricto control sobre mis horarios.
–De nada viejo. Sabes que me preocupo por ti.
–¿Viejo? Pero sí sólo te saco seis años Jim.
–Más de un lustro. Y qué tal con… ¿Samantha?
–Sansha– le corrigió Bones–. Bien, es muy agradable, inteligente y divertida.
–¿Y…?
–¿Y? ¿Y qué?
–¿Nada más que contarme? ¡Vamos Bones! Regresaste a las diez de la mañana.
–Si esperas que te relate lo que aconteció en nuestra cama ya puedes quedarte ahí tirado cogiendo una pulmonía.
–¡Aja!– exclamó Jim sentándose repentinamente en la hierba y señalando con el índice a su amigo–. Admites pues que pasaste la noche en "nuestra cama". Bien Bones, bien, veo que la edad no impide que disfrutes de los placeres terrenales.
–Oye mocoso, a ver si voy a tener que darte otra lección pateando tu culo mientras corres de forma penosa alrededor de la academia, sin poder alcanzar a aquel al que llamas viejo.
–No, gracias– rió Jim volviendo a acostarse en el césped–. Con una vez a la semana tengo suficiente. Entonces, ¿Lo de Sansha va en serio?
–Todo lo enserio que puede ir una relación entre cadetes en una academia.
–Bueno, tú eres médico.
–Gran cosa– se mofó Bones.
–Pues lo es– insistió Jim–. Tienes una carrera, esos estudios son mucho más de lo que mayoría de los que están aquí poseen.
–Y me lo dice alguien que tiene un doctorado…
–Pero no estamos hablando de mi, sino de ti– dijo Jim dándole un codazo.
Un cómodo silencio se instaló entre ambos. Los dos observaban cómo las sinuosas formas de las nubes se deslizaban sobre ellos. Finalmente Jim habló.
–¿Siempre quisiste ser médico?
–No lo sé– respondió Leonard encogiéndose de hombros–. Simplemente es casi una tradición en mi familia. Además, se me daba bien y era lo que se esperaba de mi.
–¿Y si no hubieras sido médico? ¿Qué habrías hecho?
–¿A qué viene esta pregunta?– gruñó Bones.
–Me aburro.
–Pues estudia, que tienes más pruebas de esas sádicas en breve.
–Contéstame.
–No.
–Insistiré hasta destrozar tus nervios.
–No serás capaz.
–Prueba.
Resoplando, Bones se dio por vencido.
–Una granja, cuidar de una granja. Supongo que es lo que habría hecho de no estar aquí y ahora.
–¿En serio? Vaya, no lo hubiera adivinado jamás. No tienes pinta de granjero, ni de que te guste– admitió Jim.
–Puede, pero me crié en el campo, y he de reconocer que no era un mal sitio. La época de la recogida de los melocotones era la mejor: cuando esta llegaba, en casa, mi madre siempre horneaba tartas de melocotón cubiertas por un almíbar tan dulce que casi te hacía llorar. El olor a melocotón impregnaba cada rincón de la casa. En cierto modo aún asocio ese olor al hogar.
–Suena bien– dijo Jim dedicándole una sonrisa.
–¿Y tú? ¿Si no estuvieses aquí, ahora, qué habrías hecho con tu vida?
–Supongo que esta seguiría cómo estaba antes de que Chris me encontrase en aquel bar: investigando por mi cuenta, publicando artículos científicos ocasionalmente bajo nombres absurdos, y trabajando aquí y allá en cualquier taller para ganar unos créditos.
–No puedo decir que eso suene bien– dijo Bones–. ¿Nunca pensaste en asentarte en algún lugar?
–No– Jim volvió su mirada al cielo, que empezaba a oscurecerse con la llegada del atardecer–. Nada me une a este planeta: mi hermano trabaja fuera y mi madre viaja con la flota– un lejano brillo indicó que la primera estrella acababa de aparecer en el cielo–. Mi casa está ahí fuera.
El recuerdo del cruel nacimiento de Jim regresó a Bones, el sacrificio de George Kirk por salvar a su esposa y a su bebé, su prematura muerte en el espacio y, una parte de él, entendió por que Jim veía en las estrellas algo reconfortante. Bones miró a Jim, cuyos ojos azules estaban completamente perdidos en el manto estelar sobre sus cabezas. Así, relajado y ajeno a todo cuanto le rodeaba, Jim parecía un niño, un niño que anhelaba regresar a un hogar arrebatado.
–Lo conseguiremos chico– aseguró Bones viendo los últimos rayos del sol perdiéndose en el horizonte–. Y ahora en pie o tendré que acribillarte a hipos cuando regresemos a la habitación.
Jim volvió a reír y, aceptando la mano que Bones le tendía, se puso en pie para regresar junto a su amigo al que, de momento, era su hogar.
Nota: No he desaparecido no xD
Perdón por tardar tanto en actualizar, pero estas semanas son las más intensas en mi trabajo y este se me acumula a lo largo de las 24 horas del día. Espero poder actualizar, aunque con calma, Thy'la, y poder terminar el siguiente fic en el que estaba trabajando antes de que esta montaña de trabajo cayese sobre mi.
Gracias por la comprensión, y por seguir leyendo los fics :)
