Capítulo 8: Encuentros furtivos
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Sin darse cuenta se quedó profundamente dormida y gracias a que una constante luz se filtraba por las cortinas fue que se levantó y noto que Rukia aún no llegaba a dormir. Así que se dirigió a la ventana para ver de dónde provenía la luz para después buscar a su amiga. Al abrir un poco la cortina se percató de que la luz que la molestaba provenía del onsen.
― ¿Hum? Las luces del cuarto de baño están encendidas, pero… ―se rasco la mejilla. ―el WC está aquí adentro, ¿Alguien se estará bañando? ―miro su reloj de pulsera. ―No puede ser, ya pasa de la media noche, ¡Ah! ―se cubrió la boca y se fijó de no haber despertado a Chappy. ―Kuchiki, ¿Y si le ocurrió algo?, debo ir a ver.
Orihime se puso la bata, salió cautelosamente de la habitación y a hurtadillas se encamino al cuarto de baño. Para su suerte el patio tenia luz propia, así que no tenía que temer al ir a averiguar si no había ocurrido algo grave. Mientras se acercaba al onsen noto sombras filtrarse, por las ranuras de las maderas, moviéndose de un lado a otro. Al principio se paralizo al imaginar que algún extraño hubiera entrado y lastimado a su amiga, pensamiento que desecho rápidamente al sacudir con rapidez su cabeza.
―Inoue Orihime, mantén la calma, averigua si alguien la lastimo antes de alarmar a los demás.
A pasos temblorosos fue acercándose más al onsen, pensando mil formas de rescatara la shinigami sin hacer ruido. Ya estaba a un par de metros para abrir la puerta cuando, de pronto, esta se abrió dejando ver la pequeña figura de Rukia. Orihime cerró los ojos y extendió las manos con la intención de repeler algún ataque, pero en su lugar escucho un golpe seco y la voz nerviosa de su amiga:
― ¡Eh! Inoue, ¿Qué haces tan tarde afuera? ―a sus espaldas sujetaba la manija de la puerta.
― ¿Huh? ¡Oh, Kuchiki! Que gusto me da, creí que alguien se había metido para lastimarte.
― ¿Qué? ―la vio con desconcierto.
―Me quede dormida y cuando desperté vi que ya era tarde y no regresabas ―la abrazo con fuerza.
―Tranquila, se… se… ―movió los ojos de un lado para otro buscando alguna excusa. ―se me fue el tiempo, me quede… revisando mi teléfono para ver si mi Capitán trato de localizarme y…
―No importa, me tranquiliza saber que estas bien.
―Inoue, no tenías porque, soy una shinigami por lo que no pueden verme, a menos que tengan esa habilidad, además de que no permitiría que me trasgredieran sin antes defenderme. ¿No lo crees?
―Que distraída y olvidadiza, lo siento, solo me preocupe por ti. ―simulo darse un golpecito en la cabeza. ―Aunque admito que también quería que Chappy no se enterara, es algo chillona cuando se trata de ti.
―Lo sé. ―recordó que Ichigo seguía dentro. ― ¡Purrr! Hace frío, vayamos adentro. ―comenzó a caminar a la tienda.
―Muy bien.
Mientras caminaban Orihime le pregunto si sabía que provoco el golpe que se escuchó antes de verla, pero Rukia negó haber escuchado algo.
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Cogió una toalla y se ofreció a secarle la espalda ya que no quería perderse ni un momento en que pudiera tenerla cerca y tocar su tersa piel. Sonreía cada vez que ella se movía y reía por culpa de las cosquillas. Al poco rato ambos estaban terminando de vestirse cuando una curiosidad lo distrajo:
―Ichigo, trajeron a Kon y tu cuerpo para que no te preocuparas de la asistencia a clases, pero…
―Lo sé. ―le dedico una mirada que denotaba arrepentimiento. ―En cuanto le iba a pedir a Kon que tomara mi lugar en la preparatoria sus ojos brillaron como siempre cuando ve a una linda chica.
― ¿Y eso que? ―entrecerró los ojos ante la obviedad. ― ¡Oh! Cierto, es un pervertido y seguramente hubiera hecho algo de lo cual hubieras que responder.
―Exacto, imagina si hubiera acosado a alguna chica y… ―se sonrojo ante la idea.
―No imagines esas perversiones. ―le aventó una toalla mojada.
―Tranquila, en realidad ―hecho la toalla a un canasto. ―me preocupaba ese hecho, quizá no lo hubiera hecho pero… la idea de que él usara mi cuerpo para estar con otra chica… ―la miro por unos segundos.
― ¿No te agrado? ―lo veía con duda.
―No.―se acercó para abrazarla por la cintura. ―Quiero que tanto mi lado humano como el shinigami sean solo tuyos. ―sonrió levemente. ―Suena estúpido pero…
― ¡Shhh! ―poso su índice en sus labios. ―Tal vez un poco, aunque me agrada la idea de que seas solo para mí. ―recargo su mejilla en su pecho.
―Me alegra haberte conocido aquel día, a pesar de la circunstancia.
―Comienzo a agradecer y a creer en aquel hilo rojo del destino del que me hablaste. ―sonrió al recordar la breve historia.
Ichigo estaba por besarla cuando escucho unos pasos a fuera del onsen. Se asomó entre las rendijas de las maderas para visualizar quien era, hasta que noto que se trataba de Orihime. Él reacciono rápidamente y termino de vestirse, no sin antes advertirle a Rukia que debía estar lista para salir e impedir que ella entrara y descubriera su travieso encuentro.
Se movían de un lado a otro acomodando las cosas y prepararse para lo que estuviera a punto de suceder, lográndolo justo a tiempo. Solo que al intentar abrir la puerta, Rukia se resbalo con una toalla mojada, y al sujetarse de la puerta golpeo a Ichigo con esta haciéndolo caer de espalda sobre el piso de madera. No desaprovecho el momento, así que salió rápidamente y cerro tras de sí la puerta. Para su fortuna Orihime tenía los ojos cerrados.
Después de la exaltación de la ojigris y la corta explicación, Rukia la encamino devuelta a la tienda alegando frío, pues Ichigo aún estaba encerrado y debía darle la oportunidad de salir. Ya dentro de la habitación, la ojivioleta se alivió al saber que su secreto estaba seguro, así que durmió tranquila y felizmente el resto de la noche.
En cuanto a Ichigo, este espero a que las luces se apagaran totalmente para salir y escabullirse sin que nadie lo viera. Entro exitosamente sin hacer ruido y silenciosamente se acomodó en su futón, ignorante de que un par de ojos brillantes lo observaron salir, después de Rukia, del onsen y entrar a la tienda.
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El entrenamiento de Ichigo y Uryu fue un poco más temprano de lo usual y era Yoruichi quien los vigilaba, en lo que sus pupilos se reunían. Aparentemente todo marchaba bien, por lo menos hasta que el shinigami sustituto se arrodillo repentinamente, aferrando su mano izquierda a su costado derecho. Obviamente Uryu se enfadó por su falta de calentamiento antes de entrenar, pero al acercarse se dio cuenta de que no se trataba propiamente de una lesión o un calambre:
― ¿Te lastimaste Kurosaki? ―se agacho ara intentar tocar la zona doliente.
―Sí, estoy bien. ―cerraba los ojos del dolor. ― ¡Tsk! Demonios. ―trato de pararse pero no pudo.
―Ichigo, deja que te revisemos. ―Yoruichi lo obligo a quitarse la parte de arriba del kimono.
― ¡Ufff! Está bien.
Al quitare las vendas, ambos se percataron de que tenía un gran moretón en la espalda baja, por lo que la morena y el ojiazul se movieron para untarle un efectivo ungüento antes de cubrirlo nuevamente. Cuando el ojiambar se vistió de nuevo se enfrentó a una mirada asesina de Yoruichi, quien le pidió hablar en privado en lo que Uryu descansaba un poco.
―Estoy bien. ―se rascaba la cabeza.
―Solo es un moretón, pero procura tener más cuidado. ―aun le daba la espalda. ―Debes ser prudente y prestar atención. ―cruzo sus brazos, cerró los ojos y suspiro. ―Si quieren estar juntos no hay problema, solo procuren ser más cuidadosos si no quieren que alguien los encuentre.
― ¿¡Eh!? ―se ruborizo completamente. ― ¿¡Estás diciendo que tú…!? ―la señalaba con enfado.
―De vez en cuando me encanta dormir sobre el tejado en mi forma gatuna, en especial en tiempos de calor. ―lo veía de reojo. ―No te preocupes, no escuche nada, solo los vi salir del lugar porque la pequeña Orihime estuvo por descubrirlos.
―Hola Yoruichi. ―Orihime corría hacia ellos agitando la mano. ―Hola Kurosaki.
―Ahí viene Kisuke, los dejare con él. ―la morena se acercó a sus pupilos para llevarlos al otro lado del campo para entrenar.
Rukia se acercó rápidamente para saludar a Ichigo, quien sonrió instantáneamente con solo verla.
― ¡Kuchiki! Ven ahora mismo. ―Yoruichi le gritaba ya desde una considerable distancia.
― ¡Sí! ―solo le dedico otra sonrisa antes de correr.
―Kurosaki, ¿Por fin están saliendo? ―Uryu se colocó a lado de él.
―Digamos que sí. ―lo veía con duda.
― ¿Cómo que digamos que sí? Kurosaki, no debes jugar con la pequeña Kuchiki, sino ¿Qué sentido tendría que entrenemos para protegerla de nuevo? ―lo veía con disgusto.
―No me exprese bien, solo que ―se rasco la mejilla y veía para arriba. ―no hemos tenido una cita, aunque ya hemos dicho todo lo que debíamos decirnos. ―se sonrojo al recordar la noche anterior.
―Eres un tonto, este fin de semana no entrenaremos, deberías pensar a donde llevarla. Sé un poco caballeroso con ella, no porque sea una shinigami y una oficial en su escuadrón no significa que no sea una mujer.
Al alejarse el ojiazul, Ichigo se dio cuenta de que en verdad estaba descuidando esa parte romántica en su nueva relación. "Nueva relación, ni siquiera he tenido novia antes de Rukia, y el nombrarla de ese modo es un poco extraño", miraba en la dirección en que ella desapareció, preguntándose si ese término le incomodaría a Rukia.
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El momento había llegado y Rukia debía entrenar con su zanpakuto, pero ya no le preocupaba pues su seguridad y confianza, al invocar a Sode no Shirayuki, cobraron fuerza. Y la forma más palpable de demostrarlo era en el enfrentamiento que tendría con Chad.
― ¡Brazo derecho del Gigante!
―Mae,Tsugino mai, ¡Hakuren!
― ¡Brazo izquierdo del Diablo!
―Someno mai, ¡Tsukishiro!
Rocas destruidas, avalanchas y columnas de hielo se dejaban ver en toda esa área del campo, y Yoruichi no dejaba de sonreír ante la notable fuerza de la shinigami. Mientras seguían entrenando, Orihime se acercó a la morena para preguntarse si había notado un cambio en los ataques de Rukia, obteniendo como respuesta una carcajada de la mujer felino:
―Deberías haberlo notado también, Orihime. ―con un gesto de cabeza señalo el siguiente ataque de Rukia: otro Hakuren. ―Observa.
― ¡Oh! ―abrió demasiado los ojos. ―Ese fue… más…
―Poderoso, a cada momento la columna y los cuchillos de hielo son más rápidos, más exactos y mortales. Tan solo mira lo exhausto que esta Sado.
―Es verdad. ―cubrió su boca con su puño al comprobar que Chad estaba sobre una rodilla y respirando agitadamente tras esquivar los poderes de Sode no Shirayuki.
― ¡Ok! Ese par lleva más de medio día entrenando. ―dio algunas palmadas para llamar la atención. ― ¡Chicos, es hora de descansar un poco!
― ¡Muy bien! ―gritaron al unísono los pupilos.
Iban limpiándose el sudor y riendo como viejos amigos pues nunca habían convivido mucho tiempo juntos, ni siquiera cuando salvaron al pequeño Yuichi Shibata. Mientras, Chappy ayudo a Ururu a llevar un par de canastas con comida suficiente pata todos.
Ya algo relajados, Yoruichi les recordó que faltaba una semana y media para que Renji se apareciera en el mundo de los vivos. Esto, causo una ligera tensión en todos los presentes, especialmente en la ojivioleta, quien había dejado de comer el pequeño sándwich que aun sostenía entre sus manos.
―No hay de qué preocuparse. ―la morena la veía de reojo.
―No me preocupo, se lo que debo hacer.
―Kuchiki.―Orihime la veía con tristeza.
―Descuida, Inoue. ―le dio una mordida a su sándwich. ―Ya lo dijo Yoruichi, no hay de qué preocuparse.
Durante los siguientes tres días el entrenamiento fue arduo, los progresos notorios y la seguridad elevada. Nada atemorizaría la confianza que todos habían sembrado, ni siquiera Rukia. Incluso Ichigo se enorgulleció al verla con la misma seguridad con la que la conoció hace varios meses atrás. Incluso Kon y Chappy festejaban los logros de cada uno de sus amigos.
Otra cosa que mejoro, fuera del campo de entrenamiento, eran los encuentros íntimos que Ichigo y Rukia planeaban con miradas, sonrisas e insinuaciones. Aprovecharon cada momento, no importaba si era en las pausas del entrenamiento, después de cenar o en el momento de darse un baño; siempre encontraron un hueco en el cual poder desencadenar su deseo sexual. Su sed, obsesión o necesidad, por tenerse, era tal que no se conformaron con tener relaciones una vez por día, incluso llegaron a encontrarse tres veces en uno solo.
El amor, la lujuria, la sensualidad, el erotismo y el deseo por estar juntos los había hecho perfeccionar cada encuentro. Conocieron perfectamente cada punto débil susceptible a caricias y jugueteos; las palabras correctas y las formas de alcanzar el elixir al mismo tiempo, pues ya eran tan afines que habían encontrado el equilibrio idóneo en el nivel sentimental como en el sexual.
En uno de sus deleitables momentos, Ichigo le susurró al oído si le agradaría la idea de la etiqueta "novios" entre ellos, pues su relación la habían llevado a más de un nivel. Por supuesto, Rukia no esperaba escuchar eso en medio de su dosis de lujuria, por lo que solo entre abrió los ojos para verlo de reojo:
― ¡Hah! ¿En serio… preguntas eso ahora? ―le dificultaba hablar.
―Sí, es importante. ―esta ocasión, se había asegurado de tener un sitio más agradable y confortable.
Estaban cubiertos, hasta la cintura, por una suave manta; Ichigo había juntado dos futones para que Rukia tuviera esta vez una superficie mullida bajo ella, en lugar de la dura madera con la que la oprimía o la inestabilidad del agua. También, buscaba realizar suaves vaivén y subibajas, a pesar de que ella ya tenía la costumbre de abrazarlo, con sus finas piernas, por la cadera para recibir toda su fuerza. Le fascinaba poder contemplar mejor como sus mejillas se ruborizaban, como su nívea piel se empapaba de perlas liquidas, como sus labios lo buscaban con más tranquilidad.
―Ichigo.―lo sujetaba del cuello y acariciaba su cabello anaranjado.
― ¡Hah! ―entrecerró los ojos pues el placer le dificultaba abrirlos totalmente. ―Rukia.
―Eres… ¡Hah!... extraño. ―lo acercaba más a ella.
―¿Entonces… que piensas?
―No lo sé… nunca contemple ese detalle… ¡Hah! ―en cada penetración sentía que un cosquilleo la recorría hasta cada célula de su ser. ― ¡Hah!
― ¡Ok! ―sin detener el vaivén, la flanqueo con ambos brazos. ―Yo si quiero.
― ¿Qué? ―aun entrecerraba los ojos y sus mejillas se colorearon aún más de carmín.― ¿Lo dices en serio?
―Sí.― le dio un beso. ―Quiero que seas mi novia.
―Ichigo.―le sujeto entre sus manos el rostro.
Entre sonrisas y tiernas miradas, su sensual baile culmino al mismo tiempo cuando Ichigo sintió la exquisita contracción de la feminidad de Rukia en su virilidad. Ambos gimieron al unísono, para enseguida caer rendidos uno a lado del otro, solo que la ojivioleta se acurruco a lado de él para recargar su mejilla sobre los grandiosos pectorales de su amando.
― ¿Lo dijiste enserio? ―se aferraba a él.
―Ya te dije que sí. ―con una mano acariciaba su espalda mientras entrelazaba la otra con la de ella. ―La verdad es que creí que te parecería ridícula esta situación.
― ¿Por qué?, ¿Por qué soy una shinigami? O ¿Por qué no estoy viva? ―cerro los ojos ante la dolorosa realidad.
―Rukia, no digas eso. ―levanto su cabeza, del mentón, para que lo viera a los ojos. ―También soy un shinigami, sustituto o no, y eso, te guste o no, me une a tu mundo.
―Ichigo.―sus ojos se cristalizaron por las lágrimas.
―Me fascinas, eres la mujer más hermosa y la más sensual. ―le seco las lágrimas que surcaron su mejilla. ―Solo tú sabes cómo animarme ―sonrió. ―en más de un sentido.
―Tonto.―se sonrojo y le dio un golpecito en el abdomen.
― ¡Auch! Es verdad. ―carcajeo un poco antes de buscar sus labios para besarla.
Su abrazo y sus besos se prolongaron a más de un par de minutos, pues en esa ocasión tuvieron la suerte de que los dejaran solos en la tienda. Urahara se fue junto a Ururu, Jinta y Tessai por mercancía; Yoruichi decidió ir a la Sociedad de Almas por alguna novedad; Orihime, Uryu y Chad fueron a revisar y limpiar sus respectivas casas, no sin antes llevarse a Chappy y a Kon para que les ayudasen un poco.
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Odiaba sus días libres ya que le daban tiempo de pensar e impacientarse porque el momento que tanto espera llegase pronto, de ese modo desataría ya la ira que había acumulado y desahogaría sus deseos con la mujer que ama.
Y para calmar las ansias, decidió ir por un poco de sake al bar de siempre y pensar que en algunos días esos horribles sentimientos, que lo carcomen, estaban por disiparse. Estaba solo, bebiendo y embriagándose cada vez más al punto de perder la conciencia. Ya al abrir los ojos se percató de que se encontraba en una de los cuartos del cuarto escuadrón:
― ¡Tsk!... ¿Qué hago aquí? ―intento sentarse. ― ¡Maldición! Este dolor de cabeza es demasiado punzante. ―tocaba su cabeza y noto que su cabello estaba suelto.
―No se mueva, se dio un golpe en la cabeza cuando perdió la conciencia. ―Hanataro lo veía del otro lado de la cortina que divida las camas de los pacientes.
― ¡Ash! Sí que me di fuerte. ―cerraba un ojo. ― ¿Hum? ¿Tú me trajiste hasta aquí?―lo veía con desconcierto y duda.
― ¿¡Ehhh!? ―negó con rapidez moviendo de un lado a otro su cabeza y sus manos. ―No, los Tenientes Hisagi y Kira lo encontraron en el bar y lo trajeron aquí. ―bajo la cabeza pero no dejo de verlo. ―Estaba muy mal.
―Ya veo. ―se dejó caer en la cama. ―Me urge ir al mundo de los vivos. ―coloco sus manos a sus costados.
― ¿Lo dice por la señorita Rukia? ―Hanataro sonrió, pues le tenía mucho cariño.
―Y por Kurosaki Ichigo.
―Pero… Ichigo es su amigo. ―la sonrisa se desvaneció por la forma en que Renji lo dijo.
― ¡Tsk! ¡Ya lo sé! ―golpeo la cama con su puño. ― ¡Pero si tengo que enfrentarme a él para recuperar a Rukia, no me importara vencerlo! ―cerro con fuerza sus ojos. ― ¡Incluso podría matarlo de ser necesario!
Hanataro se asustó al escucharlo decir aquella atrocidad, así que salió corriendo de la habitación y del cuartel en busca del Capitán Ukitake. Por su lado, Renj, ignoraba a donde había ido corriendo aquel niño, y nada le importaba, lo único que quería era salir de ahí. Y al caminar, sin rumbo, por las calles del Seireitei se topó con su Capitán, Kuchiki Byakuya, quien lo veía con desaprobación por la facha en la que se encontraba:
― ¿Ahora te embriagas para fortalecer tu reiatsu? ―mantenía sus manos a los costados y la frente en alto, como siempre. ―De esa forma no podrás traer a mi hermana de regreso.
―Capitán Kuchiki. ―bajo la cabeza y apretó los dientes. ―Discúlpeme, esto fue un… accidente que no ocurrirá de nuevo.
―No estoy seguro de eso, pero procura no perder miserablemente tu tiempo. ―camino y lo paso de largo.
―Sí, Capitán. ―casi destrozaba sus dedos ante lo fuerte que los aprensaba en el puño.
Renji se dio cuenta que a ese paso y con esas malas mañas no lograría vencer a Ichigo y conquistar a Rukia, así que se dio un baño y se fue a la parte más lejana del campo de entrenamiento de su escuadrón. Estaba decidido, no había marcha atrás para que obtuviera lo que deseaba, por lo que comenzó su entrenamiento para mejorar su Bankai. Aún tenía una semana y media antes de cumplir con su misión, y no la desperdiciaría.
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Una vocecilla se filtraba entre sus sueños, no estaban seguros si era parte de su inconsciente o de la realidad. Ichigo fue el primero en despertar, con Rukia aun recargada sobre su pecho, para saber si aquel ruido provenía de alguna parte. Se quedó unos segundos así cuando claramente escuchó a Chappy buscando a Rukia. Esto lo altero pues no quería que alguien se enterara de la intimidad que sostenía con la shinigami, a quien despertó advirtiéndole de su pildorita:
― ¿Chappy? ―abrió demasiado los ojos. ―Te matara si nos encuentra juntos.
― ¿Por qué habría de hacerlo? ―la veía con miedo.
―Porque es algo… celosa. ―ya tenía puesto el juban, solo faltaba el kimono. ―Bueno, es que ella… me quiere mucho. ―sonrió levemente.
―Entiendo.―de alguna forma termino de vestirse más rápido. ―No te preocupes, la distraeré.
Sin decir más, salió de la habitación para interceptar a Chappy. Y justo a tiempo, pues ya estaba dejando sus zapatos en la entrada.
― ¡Oh! Inoue. ―la vio entrar a lado de la pildorita.
―Hola Kurosaki. ―le sonrió de oreja a oreja. ― ¿Dónde está Kuchiki?
― ¿Rukia? ―llevo su mano a su nuca. ―Creo que se estaba bañando.
―Ya veo. ¿Hum? ―se le acerco demasiado.
― ¿Ocurre algo? ―una gotita de sudor recorría su frente.
― ¿No estás cansado de estar todos estos días como shinigami? ―lo pasó de largo para entrar a las habitaciones.
― ¡Ufff! ―se limpió el sudor con el dorso de la mano. ―No, estoy bien.
― ¡Señorita Rukia! ¿Dónde está? ¡Pyon! ―Chappy brincaba hacia el cuarto que compartían.
El pelinaranja se preocupó al creer que descubrirían algo, pero en ese instante Rukia salió de la habitación, atándose el cintillo de la cintura, siendo abrazada en ipso facto por Chappy. Kon no tardó en hacer acto de drama al intentar abrazar también a la shinigami, sin embargo fue recibido con un puñetazo de Chappy y un puntapié de Ichigo, dejando su cabecita de felpa enmedio del golpe.
Por ese día, solo ellos tres regresaron a la tienda de Urahara, pues los demás tardarían otro día más en volver. Aun así, Ichigo y Rukia no dejarían escapar oportunidades para estar juntos, pues aquellos encuentros eróticos eran fabulosos. Mientras tanto, Rukia, Kon, Chappy y Orihime limpiaron todo el lugar durante el resto del día, ya que Ichigo preparo la cena tras escuchar que la ojigris se ofreció a hacerla.
Rieron y conversó un poco durante y después de la cena, pero al cabo de algunos minutos Orihime ya no podía mantener los ojos abiertos y no paraba de bostezar, por lo que agradeció la comida y se encamino a dormir. Chappy la siguió al sentirse exhausta; en cuanto a Kon, él ya estaba dormido desde hace un buen rato.
―Casi lo olvido. ―se regresó a la mesa.
―Vea dormir, Inoue, nosotros limpiaremos todo. ―Ichigo sujeto su mano para que no hiciera algo.
―Pero…
―Nada, vayan a dormir. ―Rukia le sonreía.
―Gracias chicos. ―y dando un gran bostezo se fue.
―Buenas noches señorita Rukia. ―Chappy cargaba a Kon para llevarlo al cuarto del pelinaranja.
―Descansa Chappy.
Rukia e Ichigo limpiaron todo, quedando exhaustos y muy acalorados. Mientras el ojiambar terminaba de acomodar los platos en su sitio, la shinigami salió para refrescarse un poco.
― ¿Calor? ―le ofrecía un cubito de hielo.
―Bastante.―lo cogió y rápidamente lo froto en sus mejillas y frente.
―Buen momento para que llegaran. ―su tono era sarcástico.
― ¿Por qué lo dices? ―lo veía de reojo mientras frotaba el hielo en su cuello.
―Porque quería estar todo el día contigo. ―la abrazo por la espalda, hundiendo su nariz entre el hombro y el cuello de ella.
―Creo que ha sido suficiente, si seguimos así perderé la cuenta de las veces que hemos estado juntos. ―levanto su brazo para abrazarlo por el cuello.
―No me importa. ―al ver desprotegido su pequeño torso no dudo en acariciar, sobre la ropa, el seno izquierdo de la shinigami.
―Ichigo.―suspiro al saber lo que esa pequeña caricia significaría.
―Si quieres que me detenga lo haré, sino… ―metió su mano entre la ropa para tocar mejor la exquisita firmeza de su seno.
― ¡Ah! ¿Sino que? ―dejo caer el cubito de hielo y levanto el otro brazo.
El pelinaranja seguía abrazándola por la espalda: con su mano izquierda la rodeaba por la cintura, mientras que con su mano derecha mimaba los senos de la shinigami. Al mismo tiempo, besaba y lamia los rastros del hielo derretido hasta llegar a esa deliciosa boca, misma que asemejaba el dulce color de un melocotón. "Melocotón, sus labios tendrán el color y el dulzor… pero en ella he visto ese fruto en todo su esplendor", afirmaba al mismo tiempo que la volteo hacia él para cargarla cual princesa:
― ¿Qué haces? ―lo abrazo por el cuello.
―Ya lo veras.
En ese momento agradeció el arduo entrenamiento para mejorar su shunpo, pues era la única forma de alejarse del lugar a gran velocidad. No tenía idea de dónde ir, solo quería alejarse de todos para poder hacer suya, nuevamente, a aquella linda mujer. Aun así, llego hasta los límites de la Ciudad de Karakura, donde solamente un gran bosque rodeaba el perímetro. Ichigo esperaba ser reprendido por Rukia por haberla llevado a ese sitio, sin embargo fue un apasionado beso lo que obtuvo a cambio.
Las manos de Rukia se movían a gran velocidad para despojar de las prendas a aquel hombre, que no dejaba de besarla y ayudarla a deshacerse también de su ropa. Por suerte, grandes pinos los protegían y la tenue luz de la Luna les permitía admirar sus respectivos cuerpos.
―Rukia.―la recostó sobre la ropa.
―Estamos completamente locos. ―le acariciaba el rostro.
―Muy locos. ―le acariciaba la pierna derecha. ―Rukia, ―la veía fijamente a los ojos.― ¿Te sientes comoda con esto?
― ¿A qué viene esa pregunta? ―lo veía con desconcierto.
―Bueno, es que… no te he tratado como debería.
― ¿Quieres decir como lo hacen las parejas humanas?, ¿Citas y esas cosas?
―Sí, ¿Sigues leyendo mangas para aprender del mundo de los vivos? ―rió un poco.
―Ichigo.―lo veía con seriedad. ―Estoy consciente de lo que hacemos, tiene décadas que deje de ser una adolecente, por ende sé muy bien lo que hago y deseo hacer. ―lo acerco para darle un beso.
―De acuerdo. ―le sujeto la mano para darle un beso en el dorso. ―Ambos sabemos lo que deseamos hacer.
Una nube descubrió al fin la luz de la Luna, permitiéndole a Ichigo embelesarse visualmente con el hermoso cuerpo de la shinigami. Su suave y nívea piel lucían más frágiles; el sonrojo en sus mejillas y sus labios eran más seductores y ni hablar de su mirada. Quedo prendido al ver lo precioso que brillaban, cual piedra preciosa, sus ojos violetas.
Desde luego, Rukia también se delito al observar en plenitud la magnificencia de Ichigo. Ya conocía de memoria aquel fornido cuerpo, aun así le fascinaba recorrer los músculos de sus brazos, su pecho, sus piernas y su abdomen, además de besar sus cicatrices y deleitarse con la asombrosa virilidad con la que estaba bien armado su amante.
Ichigo sabía qué hacer para complacerla: primeramente mimaría la delicada feminidad con sus traviesos dedos; también mimaría con sus labios y su lengua los tiernos pechos. Por su lado, Rukia también sabía qué hacer para estimularlo: con su mano juguetearía por un buen rato con aquel miembro que, a pesar de tener un grandioso grosor y una satisfactoria longitud, sabia se engrandecería para cumplir a la perfección su desempeño al complacerla.
Sus lindos senos subían y bajaban, por culpa de su respiración agitada al no aguantar más las ganas de estar con él, así que lo abrazo con ambas piernas y con una seductora mirada y un sutil susurro al oído le bastaron para desatar aquel instinto de erotismo que envolvía al ojiambar.
Así, Ichigo sujeto la pierna izquierda de la shinigami, levantándola hasta sus fornidos hombros; y con su mano derecha se recargaba sobre el frío pasto para poder ejecutar con mayor delicia sus rudas y veloces estocadas, contra la fina y muy sensible feminidad de aquella exquisita mujer. Esto causaba espasmos en ella, suspiros y agudos gemidos, pues nadie la oiría en aquel apartado lugar; se arqueaba bajo el glorifico cuerpo del shinigami sustituto, pues sabía que aquel hercúleo hombre la desquiciaría de lujuria en cada segundo que estaban juntos.
Las caricias eran arrebatadoras, los besos lascivos, los jadeos interrumpidos por constantes gemidos y las embestidas de aquel hombre eran más profundas e intemperantes. El delicado cuerpo de la shinigami se veía forzado a resistirlas estocadas y aquella sorprendente virilidad: misma que se sumergía y se empapaba de la placentera estreches y suavidad de la tierna feminidad de aquella mujer.
Finas gotas surcaban por sus frentes, sus mejillas, sus hombros, sus cuellos y muslos. Estaban extasiándose hasta el límite e Ichigo quería prolongar lo más posible su tan esperado canto de placer, por lo que en momentos paraba de juguetear con el pequeño clítoris de Rukia, provocando que se desesperara por más excitación y se comprimiera más a su fornida virilidad en busca de más placer.
― ¡Hah! Ichigo… ―se prensaba más a aquel imponente miembro. ―… ¡Hah! ―cerraba con fuerza los ojos y contoneaba su pelvis en busca de más fogosidad.
― ¡Hah! ―la sentó sobre él y sujetándola de su precioso trasero la ayudo a clavarse más. ― ¡Hah!
― ¡Ichigo, sigue! ―levanto la cabeza dejando descubierto su cuello. ― ¡Hah! ¡Así!
― ¡Hah! ―le beso el cuello y aumento el ritmo de las estocadas para penetrarla con más fuerza.
― ¡Ichigo! ¡Hah! ―no sabía de qué otra forma sumergir el miembro de Ichigo en ella. ― ¡Sigue, sigue! ―le insistía.
― ¡Hah! ―cerro los ojos al concentrarse en brindarle la mayor explosión de lubricidad y goce.
― ¡Así, hah! ―contrajo sus muslos alrededor de la cintura del pelinaranja. ―¡Así!
― ¡Hah! Maldición, Rukia, te lastimare si sigo así. ―le dijo sin dejar de subirla y bajarla sobre su firme virilidad.
―No…¡Hah!... no te detengas. ―lo abrazo del cuello y dejo que sus jadeos acariciaran el hombro de él. ―No pares.
―No lo haré.
Introdujo su lengua, lascivamente, en la boca de la shinigami, invitándola a que ella hiciera lo mismo alternamente de la excitación desatada. A Rukia le fascino como le hacia el amor de una forma casi salvaje, instintiva y ruda, pues el sentir como aquel glorifico miembro, de idóneo tamaño y grosor, la penetraba, la satisfacía completamente. Podía jurar, en cualquier momento, que era la mujer más feliz y complacida de todo el mundo, así como la más afortunada de poder desencadenar pasiones casi libidinosas en el lívido de aquel hombre.
Asimismo, él juraba que había encontrado a una fascinante mujer con la que compartía el mismo deseo de saciar su sed de amor, sensualidad y erotismo. El simple hecho de tocar esa cinturita, esa soberbia cadera, esos sensibles senos y besar esos ardientes labios le eran suficientes para confirmar que no había otra mujer que lo complacería en toda la extensión de la palabra. Sin mencionar que aún, esa estrecha feminidad de su primera vez, lo mantenía enloquecido.
― ¡Hah! Ichigo… ―arqueo su cuerpo al disfrutar del tan buscado orgasmo. ― ¡Hahh!
― ¡Rukia! ―al mismo tiempo, el orgasmo lo obligo a depositar su abundante semilla dentro de la shinigami. ― ¡Hahh!
Ambos juntaron sus frentes, intentando recuperar el aliento, solo para dedicarse una satisfactoria sonrisa y un beso para finalizar aquel encuentro. Entre jadeos, se recostaron sobre su ropa para abrazarse por algunos minutos antes de volver a la realidad.
―Ichigo.―le delineaba sus pectorales. ― ¿No te has vuelto a sentir inseguro con respecto a decidir si quedarte o irte a la Sociedad de Almas? ―recargo su mejilla sobre los pectorales para poder delinear el bien trabajo abdomen del ojiambar.
―¿A qué viene esa pregunta? ―le peinaba su corta y suave cabellera. ― ¿Acaso tú…?
―No, estos últimos días me sentido más segura que antes.
― ¿Entonces por qué preguntas? ―con la otra mano le acariciaba su espalda.
―Porque… ―levanto la cabeza para verlo. ―… estoy enamorada de ti.
Esas palabras le sorprendieron y le embelesaron los oídos, pues él ya le había dicho "te amo" y habían hecho el amor tantas veces que pensó que todo lo demás sobraba. Sin embargo, el escuchar que ella está enamorada de él realmente lo enterneció y lo convenció que nada ni nadie los separaría.
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ღRukia_Kღ (L. Ro)
