Sólo unos pocos

Tras un largo día que había terminado casi a las once de la noche, Jim regresaba a su habitación. Las clases dilataban su horario casi diariamente debido a su obstinación por concluir comandos en el menor tiempo posible; sin embargo a él no parecía importarle, algo que dejaba claro la sonrisa que, incluso ahora, iluminaba su rostro. Él amaba a su pequeña familia, su madre y su hermano, pero no podía negar que en la flota había logrado encontrarse tan bien cómo en su propia casa.

Caminaba absorto en la organización de su siguiente día cuando percibió un rumor, un imperceptible ruido que sólo la quietud de los jardines, a esas horas de la noche, le permitió captar. Aminorando el paso, Jim acabó por detenerse y, consciente de que estaba siendo seguido, se detuvo en un lugar mal iluminado de su camino antes de girarse.
–¿Qué quieres?

De entre las sombras surgió un andoriano. La oscuridad atenuaba el pálido azul de su piel haciéndole parecer casi un fantasma envuelto en su uniforme negro, un uniforme que Jim no reconoció, si bien le resultó familiar.

–Tal y cómo dice tu expediente: tus capacidades de perpeccion son sobresalientes, James Tiberius Kirk.

–Me alegra que un desconocido ande leyendo mi informe académico– dijo con sarcasmo el rubio–. Pero me gustaría estar en igualdad de condiciones para conversar, más cuando se trata con alguien ajeno a la flota que esta invadiendo sus terrenos.

El andoriano se permitió una frugal sonrisa que mostró en su cara varias arrugas, lo que permitió a Jim calcular que debía rondar los cuarenta años.

–Y, cómo resaltan tus instructores: altamente exasperante. Te revelaré mi nombre, James, y luego tendrás que decidir si quieres continuar esta conversación, o zanjarla– Jim asintió–. Soy Altohar Uri, coronel del EFIT.

Fue inevitable que el gesto de Jim mostrase la sorpresa que en ese momento sentía.

–¿Del EFIT?

–Así es.

–¿Y qué puede querer un coronel del EFIT conmigo?

–Eso James, sólo puedo revelártelo si aceptas a continuar esta conversación– mirando a ambos lados de forma despreocupada el andoriano se encogió de hombros–. Aunque por supuesto no será aquí.

Por un instante, Jim sostuvo la mirada del andoriano antes de asentir.

–Está bien, hablemos.

Con otra rápida sonrisa, el andoriano se acercó al joven, lanzó una pequeña canica al suelo, y un tirón sacudió el pecho de Jim obligándole a cerrar los ojos. Cuando volvió a abrirlos ya no estaba en el parque, ni tan siquiera al aire libre: se encontraba en un amplio despacho, sin ventanas, y que parecía ser de Altohar ya que este se encontraba sentado tras un gran escritorio gris sobre el cual descansaba una carpeta de color negro con un código de barras.

–¿Cómo…?

–Teletransporte privado– respondió Altohar antes siquiera de que Jim terminase de formular su pregunta. El andoriano señaló hacia los pies de Jim–. Un pequeño avance tecnológico que hemos hecho hace unos meses. Nada excesivamente relevante, en verdad. Puedes tomar asiento.

Jim observó sus pies, ahora sobre un pequeño círculo metálico de un metro y medio de diámetro. Lentamente salió de la superficie y ocupó una silla frente al andoriano.

–Interesantes juguetes los que tenéis en el EFIT.

–Es lo menos que la división tecnológica de inteligencia podría tener– Altohar se relajó en su asiento–. Bueno Jim, es hora de comentar el motivo de tu visita, que no es ni más ni menos que una invitación.

–¿Invitación?

Altohar deslizó la carpeta hacia Jim.

–Sí James, una invitación formal para que vengas a jugar con ese juguete– señaló el transportador– y otros muchos más que intuyo van a encantarte.

Abriendo la carpeta, Jim comprobó que había un formulario de admisión y un documento resumen de la propuesta que, básicamente, venía a decir que el EFIT quería contar con sus servicios.

–He de advertirte que los estudios en nuestra división no son complementarios con los que actualmente cursas en la academia. Nuestros planes de estudios son independientes y tu horario tendría que completarse, en la medida de lo posible, con nuestras clases, algo que sé que es complicado debido a tu participación en comandos.

–Estoy seguro de que el ejército de tecnología y ciencia podrá hacer un horario– se mofó Jim antes de cerrar la carpeta y mirar al coronel–. Lo que no sé es si podréis explicarme por que yo.

–Sé que estás al tanto de lo que el EFIT es: la rama de la flota estelar dedicada al desarrollo de las nuevas tecnologías y el avance de la IA. Tal y cómo se estudia en vuestros textos, nosotros no admitimos libremente a los alumnos sino que los elegimos: nuestras instalaciones, medios y personal es el mejor y por ello sólo los mejores son llamados para aprender y servir aquí. La pregunta es, ¿por qué?– el andoriano se reclinó hacia atrás en el respaldo de su silla y unió las manos en su regazo–. La respuesta es fácil, James: porqué los conocimientos que aquí brindamos permiten un poder inimaginable. Aquí dotamos a nuestros soldados con los más novedosos trajes de asalto capaces de hacerles sobrevivir en las condiciones más extremas, durante días, sin agua o comida. Disponemos de armas con el tamaño de un phaser capaces de agrietar cascos de naves tan sólidas cómo los cruceros vulcanos. Enseñamos técnicas ancestrales de lucha que, con apenas un roce, pueden liquidar a un enemigo. Otorgamos una fuerza desmedida sólo a aquellos que, tras seguirles en sus años de academia, y tras estudiar sus capacidades de razocinio, sabemos fehacientemente que no van a errar en sus decisiones llegado el momento– Apoyando los codos sobre la mesa, e inclinándose hacia delante, Altohar continuó hablando–. Cómo ves, James, te estoy ofreciendo algo a lo que sólo unos pocos puedes acceder.

Asimilando las palabras del coronel, Jim no se percató de cómo este sacaba un padd y lo dejaba ante él.

–Seguramente sigas dudando, y aún no comprendas por qué has sido llamado– Altohar acercó aún más el padd a él, y Jim lo tomó.

La imagen de los medios de comunicación, anunciando el genocidico de Tarso IV, hizo que el estómago de Jim diese un vuelvo.

–Sabemos quien eres James, sabemos lo que hiciste, cómo lograste sobrevivir, cómo seguiste adelante, cómo llegaste a la academia. Eres férreo, constante, y, aunque aparentemente eres un paleto borracho, en verdad eres un genio, una mente casi sin límites que queremos mantener en el EFIT.

–¿Esto es… un chantaje?

–No, ni aunque quisiéramos hacer chantaje podríamos– el andoriano sonrió, esta vez de una forma mucho más real que las anteriores–. Tienes un poderoso defensor en la academia que acabaría cortando mi cuello si se enterase de que te he obligado a unirte a nosotros a la fuerza.

De inmediato los labios de Jim se movieron.

–Pike.

–Así es. En cuanto se enteró de que estabas entre nuestros candidatos se puso en contacto con nosotros. Tuve la suerte, o desgracia, de ser yo quien le enfrentó y escuchó sus amenazas, nada veladas por cierto.

Un cálido sentimiento de agradecimiento hacia Pike recorrió el pecho de Jim.

–James– prosiguió Altohar–. Quiero dejar muy claro que si no aceptas nada del tema relacionado con Tarso será empleado contra ti, al contrario: valoramos tus actos por encima de todo. Sólo quiero recalcar que tus vivencias en esa colonia te han hecho ser quien eres.

El silencio llegó al despacho pues Jim contemplaba el padd mientras el andoriano trataba de atisbar algún movimiento en su rostro. Viendo cómo Jim no reaccionaba, el coronel volvió a hablar.

–Puedo darte doce horas para que medites tu decisión.

–No será necesario– Jim dejó el padd sobre la mesa y posó su mano izquierda sobre la carpeta–. No puedo rechazar lo que me ofreces pues para mi no se trata de conocimientos y avances, sino de una forma más para proteger a los que quiero. Y podría negarme a muchas cosas, pero no a esto.

Justo once minutos después Jim firmaba su ingreso en el EFIT.

Pasada la medianoche el rubio regresaba a su habitación en dónde un malhumorado Bones le esperaba.

–¿Se puede saber dónde estabas? No, no me lo digas– dijo el médico poniéndose de pie y haciendo un gesto con la mano–. Seguramente tu excusa implica estar en un bar rodeado de mujeres tratando de conseguir besarlas a todas.

–Casi aciertas, pero sólo me demoré porque tuve que recargar mi tarjeta de la cafetería y la máquina estaba estropeada– dijo Jim mintiendo con facilidad mientras dejaba su bolsa de deporte sobre la cama y sus padds en el escritorio.

–Ya, y yo voy a creérmelo. Mañana tienes un seminario de política y tienes que madrugar, tu pequeña excursión nocturna te va a privar de un buen par de horas de sueño.

–Es cierto– musitó Jim mirando el calendario en el que ambos anotaban sus tareas más relevantes para que, en caso de que a uno se le olvidase el otro pudiera recordárselo.

–Dios Jim, tienes que ser más maduro– el médico se cruzó de brazos–. ¿Qué harás el día en el que yo ya no pueda ayudarte?

–Fácil Bones: a partir de ese día yo cuidaré de ti.

Leonard fue a replicar, pero la sencilla y sincera respuesta de Jim bloqueó todas sus réplicas sarcásticas. Frunciendo el ceño vio cómo Jim se perdía tras la puerta del baño sin saber que, esa misma noche su mejor amigo había rubricado son su firma el mayor de los sacrificios para ser capaz de proteger a aquellos que quería, entre otros, a él.


Nota: Por fin! Algo menos de trabajo y algo más de tiempo libre para comenzar a actualizar los fics! Gracias por esperar a que acabasen estos días locos de fin de Junio. Espero tener la actualización de Thy'la en breves, y una pequeña sorpresa para la semana que viene.
Un abrazo a todos!