Capítulo 9: Novedades

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A pesar de haber vigilado el Seireitei no encontró algún indicio que le advirtiera que algo grave o peligroso sucedería al cabo de unos días, cuando Renji fuera por Rukia al mundo de los vivos. Lo cual la alivio por algunos segundos, pues cuando estuvo a punto de irse vio de reojo al pequeño Hanataro correr desesperadamente por las calles en dirección a la treceava división. De ese modo, Yoruichi lo siguió para saber la razón de su nerviosismo y angustia.

Después de verlo pasar por la seguridad del cuartel, siguió a Hanataro directamente hasta Ukitake, quien descasaba bajo la sombra de un árbol. Tan pronto se colocó en una buena rama prestó atención a la conversación:

―Hanataro, ¿Por qué vienes tan exaltado? ―se preocupó un poco al verlo así.

― ¡Afff! Capitán Ukitake. ―se recaba sobre sus rodillas y trataba de recuperar el aliento.

―Cálmate Hanataro. ―le dio unas palmaditas en el hombro.

―Lo siento. ―levanto la mirada. ―Tengo que decirle algo muy importante.

― ¿Tiene que ver con Kuchiki Rukia? ―se arrodillo para verlo a la cara.

―Algo así, Capitán. Hace unos momentos hable con el Teniente Abarai y… ―junto sus dedos índices.

― ¿Y…? ―quería entender el porque estaba angustiado.

―Me comento que haría todo lo necesario para recuperar a la señorita Rukia, inclusive a costa de la vida de Ichigo.

Ukitake se paralizo al escuchar semejante declaración, pero viendo el estado desesperado de Hanataro, enfrió su reacción y le aseguro de que él mismo se encargaría de que nada trágico ocurriría cuando mandasen a Renji al mundo delos vivos.

― ¿Cómo lograra eso? ―lo veía con duda.

―Yo sé con quién debo contactarme.

― ¡Vaya! No pensé que buscarías nuestra ayuda. ―una voz irrumpió.

― ¿Hum? ¡Muéstrate! ―Ukitake se incorporó y busco con la mirada al dueño de la voz.

―No temas, Capitán Ukitake. ―Yoruichi salió detrás del árbol ya en su forma humana.

―Shihouin Yoruichi. ―la veía con desconcierto. ― ¿Oíste todo, cierto?

― ¡Ah! Señorita Yoruichi. ―Hanataro se sorprendió al verla.

―Déjanos esto, Ukitake. También pensamos en el peor escenario, así que estas semanas hemos hecho sudar y caer de cansancio a Rukia e Ichigo. Sin mencionar a sus amigos: Orihime, Uryu y Chad, quienes han mejorado considerablemente mientras nos ayudaron a entrenar a ese par de tercos.

―Ya veo. ―una onda de paz lo inundo. ―Aun así, necesitaran de alguien que los ayude. ―estaba por llamar al par que siempre lo procuraban, pero la morena intervino en el llamado.

―Espera, no será necesario que terceros salgan heridos. Tenemos todo bajo control. ―su mirada denotaba confianza.

―Muy bien, Hanataro ¿Podrías hacerme un favor?

―Sí.

―Yo me encargare de todo, necesito que acompañes de regreso a la señorita Yoruichi al mundo de los vivos para que los ayudes.

― ¡Ukitake! ―la morena se enfadó un poco.

―Te lo pido, Yoruichi. ―la veía con decisión.

La morena tuvo que notar la desesperación e impotencia en los ojos de Ukitake para flaquear y acceder a llevarse a Hanataro.

― ¡Ok!, esperare a que le den la autorización. No sé cómo le harás para que lo dejen venir antes que a Renji…

―No tienen que esperar al permiso. ―Ukitake tenía una traviesa mirada. ―Dije que me encargaría de todo, no del permiso sino de las consecuencias que pueden conllevarle a Hanataro salir sin autorización al mundo de los vivos.

― ¡Excelente! Eres realmente sorprendente. ―Yoruichi carcajeo.

―Pe… pero estaré en problemas con la Capitana Unohana. ―movía rápidamente sus brazos de arriba abajo.

―Ya dijo Ukitake que se encargara de todo, así que vámonos. ―la morena lo sujeto de su mochila para cargarlo. ―No vemos. ―le giño el ojo y desapareció

Ukitake se quedó viendo el horizonte, algo preocupado por el bienestar de Rukia e Ichigo. Por lo que, sin demora, se dirigió al cuartel de la cuarta división en busca de Unohana.

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Rukia solo podía ver la sonrisa que le regalaba, pero lo que realmente quería era que le dijera algo para sacarla de su timidez.

― ¿Ichigo? ―sus mejillas se colorearon de carmín.

― ¿Sabes algo? ―le acaricio su mejilla. ―Puedes estar segura de que estoy enamorado de ti.

Una sonrisa y una destellante brillo avivaron los ojos de la shinigami al saberse correspondida en todos los aspectos, así que no dudo en abrazarlo y besarlo. No cabía de felicidad, incluso podía asegurar que sus confusiones se disipaban rápidamente, tanto que se atrevió a confesárselo a Ichigo:

―Yo…―se puso encima de él. ―… quiero decirte algo. ―recargo su mentón sobre sus manos, las cuales se posaban sobre el pecho del ojiambar.

―Escuchare todo lo que desees decirme. ―una mano la coloco detrás de su nuca y con la otra acariciaba la espalada descubierta de Rukia.

―Una de las razones por las cuales me negaba a enamorarme de ti era porque… ―bajo la mirada unos segundos. ―… te pareces demasiado físicamente a… Shiba Kaien. Bueno, él tenía los ojos negros al igual que su cabello. Sin embargo…

―Sin embargo mis facciones son muy similares, ¿Eso tratas de decirme? ―no dejaba de rosar, con la yema de sus dedos, la suave espalda de ella.

―No solo eso, tu carácter es semejante. ―sonrió levemente. ―Aun así, hay muchas cosas que los distinguen. No negare que Kaien me ayudo tener autoconfianza, él me aceptaba tal como era.

― ¿Te aceptaba?

―A muchos les desagradaban que me graduara con anticipación de la Academia, así como el ser reclutada en el treceavo escuadrón sin pasar por los arduos exámenes. Aunque solo era otro miembro de un equipo, nadie me toleraba. Kaien me trato como a cualquier subordinado suyo, y como persona. No me trato como la niña huérfana que vivió en el Rukongai ni como la hermana pequeña de un prestigioso noble.

―Ya veo. ―la veía fijamente. ― ¿Por eso te enamoraste de él?

―Sí.―le devolvió la mirada. ―Pero… ―le dibujo el contorno de sus labios con su dedo índice.

― ¿Pero?

―Es algo vergonzoso. ―carcajeo un poco. ―Cuando nos conocimos te considere un problema irremediable, y conforme vivimos aventuras juntos yo… ―su risa se difumino. ―… yo dude.

― ¿Sigues pensando igual?

―No.―se recargo sobre su mejilla izquierda. ―Me alegro de habernos arriesgado a convivir y confrontar nuestros sentimientos.

―Eso se lo debemos a la loca de Yoruichi.

Ambos rieron al concordar ante ese irrefutable hecho; si no hubiera sido por la morena ninguno se hubiera arriesgado a enfrentarse a su mejor amigo y a Kuchiki Byakuya. Sin mencionar los miedos y las sombras pasadas que nublaban sus verdaderos deseos.

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Chappy fue la primera en despertar y levantarse para prepararse algo de desayunar. Estaba tan adormilada que no se percató de que Rukia no estaba en la habitación o alguna parte de la tienda. Continúo con sus actividades matutinas, hasta que se le ocurrió mirar por la ventana los tenues rayos de Sol filtrándose entre los árboles, además de un par de shinigamis muy familiares:

― ¿Hum? ―apenas y abría los ojos. ―Esos dos… ―los entrecerraba más para enfocarla vista.

―Chappy, ¿Qué haces levantada tan temprano? ―Orihime seguía en pijama y se tallaba los ojos con la manga de su blusa.

― ¡Pyon! Es que me dio hambre. ―seguía viendo las dos figuras que ya se acercaban a la tienda.

― ¿Qué miras? ―se acercó por la curiosidad. ― ¡Ah! ―el rastro de sueño se esfumo.

―Tengo hambre. ―Kon salía del pasillo tallándose los ojos de botón.

― ¡Ahhh! ¡Kon! ¿Por qué estas despierto? ―Orihime le bloqueo la vista.

― ¡Pyon! ―Chappy salió corriendo de la tienda.

― ¡Espera!... ¡Oh! Esto no suena bien.

― ¿Hum? ¿Dónde está mi hermosa nee-san? ―volteaba para todos lados.

Y antes de que Orihime respondiera se pudo escuchar el grito de alguien, así que salió para saber que había hecho Chappy. Todo sucedió tan rápido que se olvidó de Kon, por lo que al estar afuera no pudo evitar que el peluche reaccionara con el mismo enfado con la pobre víctima de la pildorita.

Lo tenían tendido boca abajo en el asfalto, retorciéndole los brazos y las piernas para hacerlo gritar; también tiraban de su cabello y de la comisura de su boca. Estaban realmente furiosos y su víctima no ayudaba, ni hacia el menor intento de quitárselos de encima; al contrario, los provocaba más al negarse a responder las preguntas que le hacían. Las únicas voces que intercedían por el perdón de aquella persona era el de dos chicas: una preocupada y la otra irritada por aquel ridículo drama.

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Yoruichi y Hanataro atravesaron el Dangai sin problemas, atravesando la Senkaimon artificial que Urahara mantenía oculto en el campo de entrenamiento debajo de la tienda. El pequeño chico se mostraba nervioso y angustiado, como siempre, al no saber si seria de ayuda como dijo el Capitán Ukitake. Eso le molesto a la morena, incitándola a darle un golpe en la cabeza para hacerlo reaccionar y lo acompañase a la tienda y reunirse con los demás. Mientras tanto le mencionaba que si les seria de mucha ayuda pues, además de ser un buen amigo de Ichigo y Rukia, podría ayudarle a Orihime a curarlos después de la pelea contra Renji.

Tan ensimismados estaban que no prestaron atención al escándalo afuera de la tienda, por lo menos no hasta que Ururu entro corriendo en busca de alguien más para que ayudase a calmar a Chappy y a Kon, quienes torturaban a alguien. Esto los alarmo, pues la primera persona que se les vino a la mente era el mismo pelirrojo, pues de ser Byakuya ese par de tontitos no estarían con vida, así que corrieron con la idea de adelantar los planes que hace unos segundos planearon. Sin embargo, al estar afuera toda la adrenalina se reprimió al ver a la víctima de esos atolondrados:

― ¿Enserio? ―lo veía con desdén.

―Creímos que… que era Renji. ―Hanataro aun recuperaba el aliento.

― ¡Ahhh! ¿Qué le vamos a hacer? No se distraigan, deben descansar. ―los miro de reojo antes de retirarse.

― ¡Vaya! Es un buen día, ¿No lo creen? ―Urahara iba detrás de la morena, seguido por Tessai y Jinta.

Orihime solo los veía retirarse y sin saber qué hacer para poder ayudar al pobre de Ichigo, quien continuaba boca abajo en el asfalto.

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El confort les hizo perder la noción del tiempo y del lugar en el que se encontraban, y de no haber sido por los cálidos rayos de Sol iluminando sus rostros aun estarían dormidos. Se vistieron tan rápido como pudieron y corrieron hasta la tienda para que nadie supiera que no habían pasado la noche ahí.

Lamentablemente no llegaron a tiempo. Cuando estuvieron frente a la tienda se quedaron parados para recuperar el aliento y reír ante la posibilidad de ser descubiertos. Y cuando al fin iban a entrar, Ichigo fue tacleado y sometido en fracción de segundos: Chappy lo sujetaba de su pierna y su brazo derecho para torturarlo e interrogarlo:

― ¿¡Dónde tenías a la señorita Rukia!? ¡Pyon!

― ¡Tsk! ¡Quítate de encima! ―una venita brotaba de su frente y mostraba los dientes histéricamente. ― ¡Rukia! ¡Ayúdame!

La ojivioleta solo observaba la vergonzosa escena, la cual empeoro cuando distinguió el grito de alguien aún más irritante: Kon, quien ya estaba encima del shinigami sustituto, torturándolo al sujetar el brazo y la pierna faltantes.

Orihime corría hacia ellos mientras Ichigo era sometido por esos personajes iracundos y suplicaba la ayuda de cualquiera de ellas. Y a pesar de ello, Rukia solo mostraba fastidio por el show que los tres armaron, así que estaba a punto de golpear a Kon y reprender a Chappy cuando Urahara interrumpió el espectáculo:

― ¡Hum! ¿Cómo están chicas? ―se acercó curioso hasta Ichigo.

―Urahara, ayúdelo por favor, no quieren dejarlo ir. ―la ojigris corría en circulitos y agitaba sus brazos de arriba abajo.

― ¡Oigan! ¡Dejen de hacer tonterías! ―Rukia levanto su mano para mostrarles su puño.

―Ururu, recibe a Yoruichi y su invitado. ―el ojigris le pidió secretamente.

―Sí.

Mientras la pequeña niña corría al interior de la tienda, Urahara le indicaba a Tessai ya Jinta que guardaran la mercancía. Y mientras ellos entraban y salían del almacén, Yoruichi y Hanataro hicieron acto de presencia; ya estaban listos para un enfrentamiento pero en su lugar se toparon con la cómica escena:

― ¿Enserio?

―Creímos que… que era Renji.

― ¡Ahhh! ¿Qué le vamos a hacer? No se distraigan, deben descansar. ―los miro de reojo antes de retirarse. ―la morena regreso por donde vino.

― ¡Vaya! Es un buen día, ¿No lo creen? ―Urahara iba detrás de la morena, seguido por Tessai y Jinta, quienes ya habían terminado de almacenar todo.

― ¿Qué pasara con Kurosaki? Aun lo tienen tumbado en el piso.

―Inoue, yo me encargare. ―la ojivioleta se acercó a los torturadores y les mostró como se preparaba para algo malvado. ―Bien, ya se los advertí. ―se tronaba los dedos y movía de un lado a otro la cabeza. ―Suelten a Ichigo.

― ¿Eh? Señorita Rukia, no puedo hacer eso. ―Chappy la veía con mucho miedo.

― ¡Nee-san! ―se avanzó hacia ella, recibiendo, muy afectuosamente, un puñetazo en la cara.

En fracción de segundos, la ojivioleta noqueo al peluche y sujeto a Chappy con el Bakudo Rikujokoro para liberar a Ichigo.

― ¿¡Por qué tardaste en quitármelos de encima!? ―parecía que la venita de su frente explotaría en cualquier momento.

―Cálmate, te ayude ¿No? ―lo veía despreocupadamente mientras se cruzaba de brazos.

Mientras tanto, Orihime, al observarlos reñir, se asustó al notar la presencia de Hanataro a su lado, pues no hablaba y temblaba de miedo:

―Hanataro, ¿Hum? ―caminaba a su alrededor. ― ¿Qué haces aquí?

― ¡Eh! Bu… bueno, es que… ―carcajeaba de nervios.

― ¿Hanataro? ―Rukia e Ichigo caminaban hacia él. ― ¿Cómo lograste venir antes que Renji?

―Señorita Rukia. ―su rostro se ilumino al verla. ―La señorita Yoruichi me trajo a escondidas de mi Capitana, con ayuda del Capitán Ukitake.

―Eso no explica la razón por la que te enviaran, dinos que ocurre. ―el ojiambar temía lo peor.

―Les contare todo para que comprendan.

Hanataro les contó la extraña conversación que sostuvo con Renji, así como fue a pedirle ayuda a Ukitake y la oportuna intromisión de Yoruichi. El relato paralizo a los shinigamis, incluso a Orihime, pues el que les dijera que Renji estaba dispuesto a acabar con la vida de su amigo, únicamente para recuperar algo que la misma Rukia le dijo que ya no era posible, los dejo absortos.

―Bien, tenemos que entrenar más. ―se levantó para ir directo al campo bajo la tienda.

―Ni lo pienses, Ichigo. ―Yoruichi estaba en el umbral de la puerta viéndolo fríamente.

―Ya sabes lo que ocurrirá, tengo que estar preparado para poder enfrentarlo y protegerla. ―señalo con un ademan de cabeza a Rukia.

―Comprendo que desees protegerla, pero matándote de entrenar no conseguirás nada. ―seguía parada donde hace un momento.

―Ella tiene razón, Kurosaki. No tiene sentido que te sobre esfuerces. ―Uryu caminaba hacia ellos, junto a Chad.

Rukia solo veía la desesperación en el semblante y los ojos de Ichigo, entendía que no pretendía perder lo que apenas estaba consiguiendo y disfrutando. Sin embargo, compartía la idea de que no era lo mejor excederse con su afán de protegerla.

―Ichigo.―su mirada era triste oculta tras una linda sonrisa. ―Uryu y Urahara me han comentado que tu shunpo ya es bastante bueno, incluso me comentaron que tu Bankai mejoro bastante. Y lo sé porque sentía tu reiatsu y es realmente sorprendente.

― ¿También quieres que me quede de brazos cruzados? ―la sujeto de los hombros.

―No, solo pido que confíes en las advertencias que Yoruichi te está dando. Y si el capitán Ukitake envió a Hanataro fue por pura precaución. ―hizo a un lado las manos de Ichigo para abrazarlo por la cintura.

―Rukia.

―Muy bien, te entrenare hoy y los siguientes dos días, así podrás descansar. ―Urahara estaba al lado de la morena.

―Si no hay más remedio. ―suspiro. ―También te ayudare.

―Urahara, Yoruichi. ―abrazo con más fuerza a la ojivioleta mientras sonreía de gusto ante la ayuda de aquellos veteranos shinigamis.

Y durante los siguientes tres días Rukia no vio a Ichigo, ya que caía rendido de cansancio y dormía donde perdía el conocimiento, en el campo de entrenamiento. Orihime, al notar la tristeza en el semblante de su amiga intento animarla: la llevo de compras, al parque de diversiones, a comer helados, al karaoke, entre otras actividades que solo la distraían algunos minutos. Y no importaba cuanto tratara de animarla o distraerla, la shinigami únicamente se enfocaba en observar, cuando podía, el entrenamiento de Ichigo. Ni siquiera Kon ni Chappy podían sacarla de su abstraída atención.

Otra razón por la que Rukia buscaba un momento para poder verlo era para comentarle sus extraños malestares. Seguramente eran los nervios que la traicionaban, sumado el hecho de que casi no comía ni dormía como debía.

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Pasaron los tres días y creía que estaba a punto de explotar, pues lo extrañaba más de lo que pensó y ya deseaba estar con él. Caminaba de un lado a otro en espera de que Yoruichi y Urahara salieran del campo de entrenamiento, de esa forma sabría que él yacía en la tierra muerto de cansancio. Por fortuna su paciencia fue más que recomenzada, pues los vio salir casi una hora antes de lo normal. Se escondió tras unas cajas, permitiéndole escuchar la conversación que tenían: donde comentaban el extraordinario progreso de Ichigo y lo bien que podría descansar al fin los siguientes días.

Al verlos alejarse, y de asegurarse que nadie regresara, velozmente bajo las escaleras que conducían a ese eterno campo iluminado. Ya dentro, daba pequeños pasos y veía para todos lados para encontrarlo, ya que si gritaba podría llamarla atención de alguien, cosa que no quería pues ese momento era para ellos solos, en especial porque ya quería decirle lo que realmente la estaba aquejando. Ya se lo merecían después de tres días y tres noches de abstinencia, era lo justo.

Solo unos cuantos pasos más y dio con él: tendido boca arriba y sus extremidades extendidas, como si quisiera hacer ángeles de tierra. También se deleitó la pupila al notar que su torso estaba descubierto, dejando a entrever la estupenda musculatura que marcaban lo bien dotado que él esta. En ipso facto fue hasta donde él estaba.

―Ichigo.―le susurraba mientras se sentaba a su lado.

― ¡Ufff! ¿Rukia? ―abrió un ojo para confirmar su duda. ― ¿Qué haces aquí? ―respiraba con dificultad.

―Idiota.―arrugaba la ropa, sobre sus rodillas, al hacer un puño. ―Te extraño mucho.

―También te extraño. ―mostró su blanca dentadura a través de su sonrisa.

Rukia se acurruco a su lado, posando su mejilla sobre el pecho de Ichigo para sentir como se contraía y expandía al intentar recuperar el aliento. El ojiambar la abrazo tan pronto como sus brazos reaccionaron.

―Ichigo, ¿En verdad estas muy cansado? ―su voz denotaba timidez.

―Creo que moriré de dolor y cansancio. ―carcajeo un poco. ―Yoruichi y el Sombrerero Loco se extralimitaron con el entrenamiento. Aun así, logre alcanzar sus expectativas. ―le beso la coronilla. ―No te preocupes, podre detener a Renji ya Byakuya de ser necesario. Ya lo hice una vez por ti, y volveré hacerlo.

―Eso no hace que deje de preocuparme. ―se recargo sobre su brazo derecho para poder verlo.

― ¿Hum? ―parpadeo. ― ¿Ocurre algo?

―Sí.―la shinigami lo beso y acaricio cada una de sus nuevas heridas. ―Quiero decirte algo que…

― ¡Tsk! ―guiño un ojo por el dolor. ―Está cortada es más profunda de lo que pensé. ―miro y toco el gran surco rojizo que tenía en el hombro.

― ¡Oh! Te ayudare a sanar, no por nada fui la mejor de mi clase en Kido―se sentó otra vez para curarlo, ya habría una oportunidad para decirle.

Junto sus manos e invoco el Kaido para comenzar la curación. De la palma de sus manos, un tenue resplandor, verde claro, cubrió la rajada que surcaba casi todo el hombro de Ichigo. Se mantuvo así por algunos minutos hasta que esa desagradable línea roja cerró completamente, sin rastros de dolor o cicatriz.

―Gracias. Sí que eres buena en esto. ―le sonrió mientras le acariciaba su mejilla.

―Tonto.―le sujeto la mano y se acercó a él para darle un beso.

Sin darse cuente ahora era ella quien yacía boca arriba, pues Ichigo la había acostado en la tierra para flanquearla y sostenerle las extremidades con las suyas: sus manos la sujetaban de las muñecas y sus espinillas le impedían mover sus piernas desde los tobillos.

―Creí que morías de cansancio. ―se humedeció los labios y los mordisqueaba.

―Te demostrare que no.

Sus besos eran feroces, lujuriosos y atrevidos, pues sus lenguas se encontraban para deleitarse aún más con el excitante sabor de la ardiente pasión que ambos emanaban. Las habilidosas manos del ojiambar ya se encontraban haciendo a un lado los vendajes de la shinigami, para poder agasajarse de aquellos seductores senos. ¡Y sí que se agasajó!, y no solo de la zona norte, sino de la deliciosa zona sur que adoraba poseer, ya fuese feroz o dulcemente. Sus dedos ya conocían aquella linda feminidad, que hacían suya al excitarla cuando oprimían y estimulaban el diminuto clítoris, así como al introducirse una y otra vez dentro de la sensible vagina de la shinigami.

―Ichigo, hazme tuya. ―Por supuesto que le pedía, seductoramente, que la poseyera, si siempre la excitaba con sus fervientes y experimentados dedos. ― ¡Hah! ―ya quería bailar al ritmo del amor y la lujuria.

―Sabes que siempre te complaceré. ―le sonreía al mismo tiempo que se acomodaba entre sus lindas piernas. ―Rukia, me encanta hacer temía. ―es realmente astuto, pues al darle un beso la penetro con tal rapidez y fuerza que obligo que la shinigami se arqueara y levantara su cadera.

― ¡Hah! Ichigo.―cerró con fuerza los ojos, y era lógico ya que para su pequeño y delicado cuerpo no era normal resguardar semejante miembro adentrándose hasta lo más fondo de su ser.

― ¡Hah! ―le gusta flanquearla con un brazo, de esa forma pudo mimarle los senos y su clítoris con la otra mano. ― ¡Hah!

― ¡Así! ―no hallaba otra forma de fundirse aún más a él, únicamente aferrándolo por la cadera con ambas piernas para ayudarlo dar con más fuerza sus estocadas. ― ¡Sigue, sigue! ―movía de lado a lado la cabeza a causa de tanto placer.

― ¡Hah! ―le levanto la pierna derecha hasta su fornido hombro, sin esperar que ella, voluntariamente, hiciera lo mismo con la otra pierna. ― ¡Tsk! Esto se siente mejor.

Al tener ambas piernas elevadas y sumando el hecho de que ella movía su cadera, conforme a las estocadas, Ichigo comenzó a gemir aún más, pues podía sentir como su virilidad se introducía no solo con más facilidad, en la feminidad de Rukia, sino porque la penetraba con más profundidad.

― ¡Así, Ichigo, así! ¡Hah! ―sus gemidos eran más agudos y prolongados que en sus últimos encuentros. ― ¡Hahh! ―se arqueaba más de lo normal.

― ¡Hah! Sigue así. ―dejo de mimarle sus senos para sujetarla de la cintura. ―Sigue. ―la ayudaba a que elevara más su pelvis. ―¡Hah! Rukia, sigue moviéndote así ¡Hah!

Su vigoroso miembro resentía las contracciones vaginales de la shinigami al no soportar tanta lujuria. Nunca lo habían hecho de una forma tan lujuriosa, ya que en fracción de segundos Ichigo la coloco boca abajo, obligándola a recargarse sobre sus rodillas y codos, dejando a su completa merced su feminidad. Quedo extasiado al ver la exquisita forma de melocotón en el trasero de la shinigami, así como al admirar el delirante color rosado de la intimidad que estaba por hacer suya.

―Ichigo, ¿Qué haces? ―lo veía de reojo.

―Tranquila. ―se recargo sobre su preciosa espalda. ―Eres dulce. ―recargo su mano derecha en el suelo, al mismo tiempo que le acariciaba sus senos con la otra mano.

―Eso no responde a mi pregunta. ―volvió a cerrar los ojos al dejarse llevar por la pasión.

― ¡Hah!

¡Vaya respuesta que le dio! Pues, tras buscar la fina línea de su feminidad, le introdujo su firme miembro en su ser, lo más profundo que ese pequeño cuerpo se lo permitía. Le arranco, no uno solo sino, varios gemidos y jadeos de excitación. No quería perder detalle del éxtasis, así que se levantó de la espalda de su amada para sujetarla, con ambas manos, de la cintura para comprimirla aún más en su virilidad.

Rukia nunca había imaginado que Ichigo le hiciera el amor de esa forma, aun así le fascino pues su lívido se embriago al recibir ese vigoroso miembro de una forma distinta; brindándole más placer de lo que imagino. Así que, con la finalidad de obtener más, oscilo su cadera con la de él.

― ¡Hah! ―intentaba abrir los ojos para contemplar el bello trasero, de la shinigami, contonearse.

― ¡Hah, hah! ―se acostó sobre la ropa para elevar aún más su cadera. ― ¡Así, Ichigo, así!

― ¡Hah! ―desde luego que le hacía caso, por eso la embestía con más rapidez y con más fuerza.

― ¡Hah, sigue! ―ya estaba empapada en sudor y finas gotas caían por todo su cuerpo: su espalda, sus muslos, su rostro, su cuello,etc. ― ¡Así! ―las contracciones de la feminidad de Rukia eran más frecuentes, siendo un indicador de su pronto orgasmo.

Eso lo estímulo para embestirla con más rapidez, ocasionando que los lindos senos de la shinigami se contonearan aún más. Y tras repetidas estocadas, Ichigo alcanzo el punto G de su amada, regalándole un glorioso orgasmo.

― ¡Haaahhh! ―elevo un poco más su cadera. ― ¡Ichi…go!

― ¡Haaahhh! ―obviamente él también alcanzo el orgasmo más exquisito.

Rukia se dejó caer, boca abajo, muerta de cansancio y respirando precipitadamente para recuperar el aliento; con los ojos cerrados, la boca entre abierta y sus manos enmarcando su lindo rostro. A su lado, Ichigo se recargo sobre sus brazos cruzados para admirar el hermoso color escarlata en las mejillas y labios de la shinigami.

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Antes de que alguien le informara, se encamino a comunicarle las razones por las que lo dejo irse con Yoruichi. No estaba seguro de que la Capitana Unohana comprendería todo o se enfadaría, aun así asumió la responsabilidad y gustosamente afrontaría las consecuencias.

―Capitán Ukitake, ¿Qué lo trae a mi capitanía? ―estaba detrás de su escritorio, redactando informes.

― ¿Cómo estas Unohana? ―sonrió y llevo su mano a su nuca. ―Quiero decirte algo importante, se trata de Yamada Hanataro.

― ¿Le paso algo? ―levanto la vista y detuvo el papeleo.

―No. ―su semblante cambio y se acercó para contarle a detalle lo que ocurriría en algunos días.

Se mostraba seria, atenta a cada palabra para asimilar la mala situación en la que se encontraban, tanto su subordinado como, el shinigami sustituto y la hermana menor de Byakuya. Cuando el ojicafe guardo silencio, Unohana suspiro profundamente para tomarse el tiempo de responder.

―Ya veo. ―lo vio fijamente. ―No castigare a Hanataro, sin embargo espero que consideres esto como una deuda, pues enviaste a un miembro de mi división a una misión que no le concierne.

―Ten lo por seguro. ―sonrió de alivio.

― ¿El Comandante lo sabe?

―No, pienso decírselo esta tarde.

―Quizá lo tome como algo de baja prioridad, aunque tratándose de ti creo que solo se enfadara un momento antes de ignorar el hecho. ―ladeo la cabeza y dibujo una sonrisa en su rostro.

―Gracias, Unohana. ―se limpió el sudor de la frente.

Ahora Unohana no era el problema, sino el Comandante Genryusai Yamamoto. Y más pronto que tarde Ukitake se encamino a la oficina de su maestro, dispuesto a recibir alguna reprimenda.

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Ya solo le faltaban un par de días para tenerlo frente a frente y darle dos opciones: devolverle a Rukia sin discusión o impedir que se la llevara a costa de su vida. Entreno día y noche, comía y dormía lo estrictamente necesario para no perder tiempo y tener buena condición.

Su Capitán, Kuchiki Byakuya lo observaba desde lejos, impresionado por el nivel de exigencia se imponía. ¡Pero que loco! Byakuya nunca le exigió que entrenara como loco y menos para traer a su hermana devuelta al Seireitei, sin embargo trataba de ignorar el hecho de que él la ama.

― ¡Renji!

― ¡Ah, ah! ―jadeaba de cansancio. ―Capitán, no lo vi. ―enfundo su zanpakuto.

―Ya es suficiente, debes descansar un poco antes de ir por Rukia.

―Si no le importa quisie…

― ¡No! ―lo veía fijamente. ―Solo quiero que la traigas, no que la lastimes.

― ¡Tsk! A ella no le haré nada, a quien…

― ¡No quiero que hagas nada estúpido en el mundo delos vivos! ―le alzo más la voz. ―No me interesa el conflicto que tengas con Ichigo, no me importa si lo asesinas para conquistar a Rukia, ya te advertí que ella se casara con alguien de la nobleza.

―Capitán. ―apenas mascullo las palabras. ―Yo amo a Rukia. ―sus ojos emanaban fuego y desesperación.

―Lo sé, y te diré lo mismo que le dije a Shiba Kaien: No puede estar a tu lado, no te acerques a ella.

Destrozándole las esperanzas y el corazón, Byakuya le dio la espalda y mientras se retiraba le advirtió que él mismo lo detendría si intentaba acercársele con afán de enamorarla. Renji no podía dejar de apretar los dientes y los puños, deseaba… no, mejor dicho, necesitaba gritar de ira y dolor al arrepentirse nuevamente de haberla dejado ir.

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ღRukia_Kღ (L. Ro)