Capítulo 10: Cadena de eventos desafortunados
Esperaron durante los siguientes cuatro días sin algún indicio de la llegada de Renji al mundo de los vivos, lo cual los mantenía en expectación y ansias. Aun así, Ichigo y Rukia buscaban cada momento para estar juntos sexualmente; aunque en esta ocasión, él la hizo usar su Gigai para al fin poder tener una cita, como Uryu le había recomendado. Y cuando al fin se dejó convencer, Rukia le pidió ayuda a Orihime para tener algo lindo que ponerse:
―Lo siento Kuchiki. ―lloraba ante el fracaso. ―No tengo ropa más pequeña. ―veía sus senos al olvidar que era muy evidente la diferencia de tallas.
―No te preocupes, Inoue. ―le sonreía dulcemente mientras le entregaba una blusa.
―Ya se. ―golpeo su puño en la palma de su mano. ―Vamos de compras, seguramente encontraras algo lindo. ―se levantó y la cogió del brazo para sacarla de su apartamento y dirigirse al centro comercial.
― ¡Oh! Espera.
Recorrieron tiendas tras tiendas, pero ninguna tenia ropa tan pequeña. Rukia le decía que no importaba, que iría como estaba vestida,pero Orihime la reprendió y la llevo hasta una tienda a buscar un lindo vestido:
― ¡Awww! Mira ese. ―sus ojos destellaron. ―Ven.
― ¡Ok! ―Orihime le contrapuso el vestido y la llevo hasta un espejo para que se viera.
―Kuchiki, te ves lindísima. ―sus ojos no dejaban de brillar. ―A Kurosaki le encantara verte con este vestido. ¡Hum! ¡Ah! ―fue por un suéter y unos zapatos. ―Ahora sí, te ves preciosa.
― ¿Crees que le guste? ―no dejaba de contemplarse en el espejo.
―Le fascinaras.
Orihime la abrazo y la llevo a que se probara, como debía, la ropa y así poder pagarla y llevarla a arreglar para su cita de esa tarde.
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Se sentía extraña y un poco fuera de lugar pues nunca había tenido una cita. Aunque no tardo en acostumbrarse a la idea… en realidad, comenzaba a gustarle caminar por las calles y el parque junto a él, tomados de las manos. "Un poco inusual, dado nuestro historial amoroso" cavilaba mientras miraba al suelo, para ser más exacta, las hojas secas que cayeron de los árboles.
Casi no había personas en el parque y eso le gusto aún más a Rukia, ya que quería preguntarle cosas a Ichigo un tanto íntimas y algo más que le ocurría desde los últimos días:
― ¿Te agrado salir? ―miraba al frente. ― ¿Rukia?
― ¿Eh? Sí. ―al verlo parpadeo.
― ¿De verdad? ―apretaba aún más sus dedos entrelazados.
―Sí. ―comenzó a reír casi para sí misma.
― ¿Por qué ríes?
―Lo siento, es que pensaba en que vamos al revés, o por lo menos es la conclusión que saque al leer un manga el otro día. ―lo vio de reojo aun con una sonrisa dibujada.
― ¿Hum? ¿Al revés? ―se llevó la mano a la nuca. ―Anda, explícame en lugar de reírte.
―Bueno. ―se aclaró la garganta. ―Por lo general, las personas primero se conocen, conviven y posteriormente deciden ser parejas. ―se detuvo para poder verlo. ―Y si todo marcha bien entre ambos deciden ir al siguiente paso. ―se sonrojo.
―Rukia, no comprendo.
―Lo que intento decir es que nosotros no dimos esos pasos en orden. ―lo abrazo de la cintura.
―Ya veo. ―le correspondió el abrazo. ― ¿Y eso te molesta?
―No lo sé. ―cerro los ojos ante la calidez del cuerpo de Ichigo. ―Nosotros… disfrutamos y aprovechamos cada momento juntos. ―levanto la cabeza para verlo. ― ¿Sabes?... no me arrepiento de que tú fueras el primer hombre en mi vida. ―sonrió ante lo irónico de la frase. ―Y no quiero que haya otro. Nunca.
―Rukia. ―la elevo del suelo para darle un tierno beso en la boca.
Lo comprobó, y aun así sus oídos se embelesaron al escucharla decir que él era el primer hombre en su vida. ¿Y cómo no iba a quedar encantado? Si ella le cambio la vida en varios sentidos, ayudándolo cuando más la necesito. Ella lo es todo para él, al igual que él lo es todo para ella.
―Te ves hermosa. ―aun la mantenía flotando sobre el suelo.
― ¿Sí? ―lo veía algo dudosa.
―Sí.
Le enterneció verla con ese vestido morado claro, que le llegaba hasta la mitad de la pantorrilla, con bastante vuelo y con un coqueto holán en la parte baja; ese suéter amarillo de manga de ¾, que le llegaba hasta la cintura; y esos bonitos zapatos bajos, color blanco. Le parecía una muñequita de porcelana.
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El momento había llegado y nada ni nadie le impedirían tener a su lado a la mujer que ama. Ni siquiera las amenas de Byakuya. Con gran decisión fue a la Senkaimon, donde dos guardias lo aguardaban para darle una mariposa infernal para poder cruzar el Dangai; pero antes de poner un pie dentro, una voz lo interrumpió:
―Renji. ―era Byakya. ―Recuerda lo que te dije, solo tráela de vuelta.
― ¿Qué pasa si se niega? ―lo veía sobre el hombro.
―Yo iré por ella.
―Muy bien, Capitán. ―sin decir más, prosiguió con su camino.
Las indicaciones que Tsubokura Rin fueron claras y precisas: no tardar más de lo indicado en cruzar el Dangai y procurar mantenerla mariposa infernal cerca. También le informo que saldría en un sitio algo apartado de la tienda de Urahara, aun así no le sería difícil de localizar el reiatsu de Rukia e Ichigo. No había problema, todo estaba bien planeado y el rango de búsqueda de energía espiritual era relativamente corta. El único problema que podría atravesarse en su camino seria la presencia de un hollow.
Solo le tomo parte de la mañana atravesar el Dangai, sin problemas, pues la luz al fondo le revelaba que ya estaba en el mundo delos vivos. Cuando las puertas se abrieron y dio un paso afuera, se percató de que estaba en sitio repleto de árboles, completamente vacío; mejor, de ese modo no desperdiciaría su tiempo en acabar con hollows. Solo una cosa distrajo su atención, y era algo que en realidad no esperaba. ¡Vaya! Su felicidad no cabía en sí. Solo necesitaba usar su shunpo para tener cerca aquello que lo desvió de su búsqueda.
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Caminaron por un rato más, adentrándose en la espesura de los árboles y acercándose al cementerio. Algunas lapidas podían verse desde donde ellos se encontraban; incluso Rukia recordó aquella ocasión en la que se enfrentaron con Grand Fish y le dijo a Ichigo que esperaría a que le tuviera confianza de contarle sobre la muerte de su madre.
―Creo que… es momento que lo sepas. ―se detuvo donde Rukia lo mantuvo en su regazo tras su pelea con Grad Fish.
― ¿Hum?... ¿Estás seguro?
―Sí. ―la invito a sentarse en el mismo punto que aquella vez para recargarse sobre su regazo.
Se tomó su tiempo para contarle a detalle la razón de la muerte de su madre: Kurosaki Masaki. Durante todo el relato mantuvo los ojos cerrados y sus manos entrelazadas sobre su pecho, mientras que Rukia peinaba hacia atrás su anaranjado cabello, pero cuando llego al punto donde su madre yacía sobre él, la ojivioleta detuvo en seco sus manos y se paralizo. Esto llamo la atención de Ichigo por lo que abrió los ojos y con tono de preocupación le pregunto si se encontraba bien.
―Lo siento, solo… solo… ―en realidad había recordado la muerte de Kaien, quien también murió en sus brazos.
― ¿Lo recordaste, cierto? ―levanto su brazo para poder limpiarle la lagrima que surcaba su mejilla.
―Sí. ―cerro los ojos y bajo la cabeza.
―Tranquila. ―suspiro. ― ¿Estas bien?
―Sí, todo… ―repentinamente abrió sus ojos demasiado al sentir una fuerte energía espiritual.
Ichigo también abrió demasiado los ojos al sentir semejante reiatsu. Se sentó para abrazarla y buscar con la mirada al poseedor de esa energía.
―Maldición. ―mascullo entre dientes. ―Es él. ―busco en sus bolsillos solo para darse cuenta de que no llevaba consigo el emblema.
―Ichigo. ―se aferró con fuerza a su brazo, moviendo para los lados sus pupilas deseando no encontrar lo que buscaba.
―Tranquila.
Detrás de ellos, unos pasos los puso alerta; solo esperaban a que de las sombras de los árboles saliera aquella figura que iba en su encuentro. Pacientemente esperaron hasta que los pasos se oían cada vez más cerca y lentamente la luz del atardecer dejaba ver esa inconfundible mirada, voz y zanpakuto.
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Una buena comida, un exquisito sake y buena música los entretenía; Yoruichi estaba bastante ebria y contenta, Urahara tocaba el shamisen, Ururu le servía más sake a la morena, Tessai preparaba los alimentos y Jinta disfrutaba de lo que ya estaba servido en la mesa.
―Gracias por hacer esta rica comida para nosotros Urahara. ―Orihime se llevaba a la boca una bolita de teriyaki.
―Sí, está realmente rica. ―Uryu imito a la ojigris.
―Chad, come una. ―la chica le acercaba una.
― ¡Ok! ―Chad alzo el pulgar enfatizando que estaba deliciosa.
―Hanataro, come también. ―le acerco otra bolita de teriyaki.
― ¡Eh! Gracias señorita Orihime. ―estaba muy contento.
― ¿Dónde está Kon? ―Uryu miraba los alrededores.
―Se regresó a casa de Kurosaki. ―Orihime seguía ofreciéndoles comida a sus amigos.
―Ese peluche tonto. Mejor, así no está de llorón porque Kuchiki se fue a una cita con Kurosaki.
Carcajearon ante la observación y disfrutaban un agradable día hasta que una repentina energía espiritual irrumpió en su tranquilidad, incluso Yoruichi olvido que estaba ebria:
― ¡Tsk! Tardó en llegar. ―hizo una mueca de disgusto―Pero ya está aquí.
―Ururu, Jinta, Tessai, por favor quédense aquí, nosotros iremos con Kurosaki y Kuchiki.
―Sí jefe. ―Tessai comenzó a guardar las cosas para recibirlos más tarde, en caso de una emergencia.
―Estamos listos. ―Orihime tenía a su lado a Uryu y a Chad, preparados para partir.
―Bien, no perdamos tiempo, vamos. ―la morena desapareció.
―No hay tiempo, vayamos. ―Urahara les dio la señal para que se apresuraran.
Uryu cargo a Orihime para poder usar su hirenkyaku mientras Chad, Hanataro y Urahara utilizarían esa extraña alfombra para ir detrás de ellos. Sin embargo, el shunpo de Yoruichi era inigualable, tanto que se aproximaba con más rapidez a donde se encontraban Ichigo, Rukia y Renji.
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Su semblante era serio, su cuerpo no mostraba miedo o nervios, sus pasos eran firmes y calmados, su voz era pacifica pero sus ojos denotaban ira y desesperación. Su mano se veía tentada a desenvainar su zanpakuto, pero prefirió darles el beneficio de rendición antes de iniciar una pelea.
―Hola, Rukia. ―la vio fijamente―Ichigo. Seguramente saben porque estoy aquí.
―Renji, ¿Por qué quieres regresarla al Seireitei? ―hablaba calmado pero firme.
―Órdenes del Capitán Kuchiki. No quiere que su hermana pequeña desvié su atención en el deber de su cumplimiento con la nobleza. ―mantenía su distancia.
―Sabes que no quiero volver. ―decidió enfrentarlo, así que se paró a lado de Ichigo―Renji, déjame aquí, yo sabré cuando regresar.
―Lo siento Rukia, el Capitán me ordeno llevarte.
―No te la llevaras, iré al Seireitei y hablare con Byakuya para…
―Aunque vayas no te escuchara, su orgullo y honor vale más que la palabra de un shinigami sustituto. Ichigo, entiende, tengo que llevármela.
No dejaba de observarlo, ni siquiera cuando Rukia le susurro que tenía consigo el guante rojo para ayudarlo para ser un shinigami. En cuanto vieron que Renji desenvaino su zanpakuto, Rukia golpeo la frente de Ichigo para que su alma saliera e invocara el Bankai.
―Renji, no eres así, detente. ―su ceño estaba realmente fruncido.
―No sabes como soy, no tenemos mucho tiempo de ser amigos. ―se acercaba a ellos.
― ¡Tsk!
―Bankai, Hihio Zabimaru.
―Bankai, Tensa Zangetsu.
Mientras Rukia observaba la pelea que ambos iniciaron, Yoruichi llego maldiciendo el haber llegado tarde:
― ¡Tsk! ¡Demonios, ese tonto tuvo que empezar la pelea!
― ¡Oh no! Kurosaki ya está peleando. ―Uryu bajaba a Orihime, quien corrió a lado de Rukia.
―Ese tonto de Kurosaki, ¿Por qué no espero?
―Esos dos… ―bajo la mirada, apretó los dientes y los puños― ¡Son unos idiotas! ―se tragó la píldora de Chappy.
― ¡Alto, no seas tonta! ―Yoruichi intento detenerla.
― ¡Señorita Rukia! ―Chappy aún estaba arrodillada, viéndola alejarse.
Rukia libero su zanpakuto, y con su tremendo ataque frontal: la segunda danza Hakuren, los separo para hablar con ambos. ¡Qué va!, todo fue inútil, pues inmediatamente Renji destrozo los cuchillos de hielo, al igual que Ichigo con su Getsuga Tensho.
― ¡Getsuga…Tensho! ―imprimía cada vez más fuerza en sus ataques.
― ¡Hikotsu Taiho! ―ese ataque logro alcanzar a Ichigo, lanzándolo lejos.
Arrasaba con cada árbol y cada roca que se atravesara en su camino, sin darse cuenta de que Rukia iba hacia él para detener su avance, pero a la velocidad y la fuerza con la que fue lanzado fue suficiente para arrastrarla también cuando sujeto la manga de su kimono. Estaban por chocar contra un muro de montaña y simplemente cerraron los ojos, e Ichigo logro abrazar a Rukia para que no recibiera el impacto.
― ¡Señorita Rukia! ¡Señorita Rukia!
― ¡Ohhh! Justo a tiempo, por poco se estampaban contra esta dura roca. ―Urahara golpeaba con la punta de su bastón la cabeza de Ichigo, quien era sujetado por Chad.
― ¿Eh? ―al abrir los ojos, volteo para todos lados y se inspecciono la espalda y a Rukia.
― ¿Ichigo? ―aún tenía los ojos cerrados, y estaba hecha ovillo en el regazo de él.
― ¡Ah! Señorita Rukia, me alegra que este bien. ―la abrazo con fuerza.
―Estoy bien, gracias por preocuparte. ―con ese tono de voz le daba a entender que lo asesinaría si no se quitaba de encima.
―Lo siento Ichigo, pero la señorita Rukia es más frágil. ―sujetaba la mano de la shinigami.
― ¡Aja! ―quería golpearlo.
―Kurosaki, es mejor que regreses y termines con esto. ―Chad lo ayudaba a bajar de esa extraña alfombra.
― ¡No! ―Rukia trato de detenerlo, pero él ya se había bajado de la alfombra y volaba hacia Renji.
― ¡Señorita! ―se aferró al brazo de la ojivioleta.
La ojivioleta logró zafarse de Chad, de Chappy y de Hanataro para correr tras de Ichigo. "Idiotas, dejen de pelear, no vale la pena hacer todo esto" pensaba cuando vio un millar de flechas ir en dirección a Renji. "Que injusto, dos contra uno", fue directamente hacia Uryu para detenerlo, pero se percató de que no le daba directamente al pelirrojo sino a las cientos de rocas que hacia volar hacia donde estaban Orihime y él. Se quedó tranquila al ver que tenían todo bajo control al protegerse y defenderse de los daños colaterales.
― ¡Hikotsu… Taiho!
― ¡Getsuga… Tenshooo!
Una y otra vez contraatacaban, destruían su alrededor y se herían de gravedad. La pelea se tornaba cada vez más seria y peligrosa,así que Rukia busco la oportunidad perfecta para realizar su primera danza: Tsukishiro.
Cuando peleaban sobre todos, hubo un instante en el que chocaban las hojas de sus zanpakutos, dándole a la shinigami la oportunidad perfecta para detenerlos. Invoco su shikai y su primera danza, con toda la elegancia que Kaien le había enseñado.
― ¡Some no Mai, Tsukishiro! ―sus hermosos movimientos, pero mortales, hicieron lo suyo, lograron congelarlos dentro de la columna de hielo. No buscaba matarlos, solo inmovilizarlos un momento.
Sin embargo, no contaba con la enorme cantidad de adrenalina que ese par cargaba, pues con un simple movimiento de sus espadas lograron deshacer el hielo. Hermosas y destellantes partículas de hielo caían cual nieve a su alrededor, al igual que enormes fragmentos de gran peligrosidad si no se quitaba. Demasiado tarde. Cuando estuvo a punto de moverse, extrañamente sus ojos se nublaron y perdió el equilibrio haciéndola perder la atención del enorme bloque de hielo, mismo que le cayó encima, dejándola completamente inconsciente y muy mal herida.
― ¡RUKIA! ―ignoro la pelea. ― ¡RUKIA!
Inmediatamente descendió para quitar el bloque de hielo. Lo único que quería era estrecharla entre sus brazos, pero Yoruichi lo atajó advirtiéndole que si la tocaba podría terminar por romperle algún hueso o abrir más alguna herida. Hanataro y Orihime llegaron corriendo para ver a Rukia:
― ¡Ahhh! ―sus nervios le ganaban.
― ¡Soten Kisshun! ―coloco sus manos sobre el cuerpo herido de la shinigami.
― ¡Maldición! ―golpeo su puño contra la tierra. La ira fue tal que sus nudillos sangraron.
―Ru… kia. ―al acercarse soltó su espada.
―Abarai, Kurosaki, ¿¡Ven lo que ocasionaron!? ―a pesar de no haber convivido mucho con Rukia, demostró su enfado al apuntarles, alternadamente, con su flecha.
― ¡Ey! Dejen sus tonterías. ―Yoruichi bajo la punta de la flecha. ―Hay cosas más importantes.
― ¡Señorita Rukia! ―Chappy lloraba sentada a un lado de la shinigami.
Al volverse a ver a Rukia, notaron una extraña expresión en el rostro de Orihime, quien le susurraba algo al oído a Hanataro. Al parecer había algo más que huesos rotos y heridas profundas, pero ella quería asegurarse de que lo que sentía era verdad, así que dejo que Hanataro se acercara para corroborarlo:
―No puede ser, es imposible. ―saco sus guantes y se preparó para curar a Rukia. ―Se… señorita Orihime. ―la veía con ansiedad y terror.
― ¿Entonces no me equivoque? ―sus ojos denotaban angustia y preocupación.
― ¿Qué ocurre? ―los asusto al acercárseles demasiado. ―¡Díganme que paso! ¡Ella no es débil, se supone que ya debería de haber despertado!
―Creo que después de todo si deberá regresar a la Sociedad de Almas. ―Urahara estaba a un lado de Hanataro. ―Renji, Hanataro ira contigo y Rukia.
Nadie comprendía porque dio esa autorización, a excepción de Yoruichi que mostraba serenidad en medio de su miedo, pero no por ella sino por algo que no esperaban afectara la situación; pues ese secreto, curiosamente solo lo sabían Urahara y ella.
― ¿Cómo que me la lleve así como así? ―abrió demasiado sus ojos y no los apartaba de Rukia.
―Si no te la llevas será demasiado tarde. ―Hanataro tenía la mirada y la cabeza baja. ― ¡Por favor, llévatela!
― ¡¿Por qué le pides eso?! ―Ichigo lo sujeto del cuello con fuerza.
―Kurosaki, deja que se la lleve. ―Orihime le sujeto su muñeca para que soltara al shinigami.
― ¿Por qué? ―apretó los dientes y cubrió su rostro con sus manos.
―Primero deben llevársela, pero tu iras también, y prepárate pues seguramente tendrás que pelear contra Byakuya. ―Urahara miro a Renji.―Abarai, abre la Senkaimon por la que viniste, será mejor para Rukia. Asegúrate de llevarla directo a la cuarta división, y que sea Unohana la única que la atienda.
Uryu y Chad sujetaron a Ichigo para que no hiciera alguna imprudencia cuando Renji cargo a Rukia y se introdujo en la Senkaimon; detrás de él ingreso Hanataro, Orihime, Yoruichi y Chappy. Cuando Urahara les hizo una seña soltaron al pelinaranja, quien corrió para ir detrás de Renji.
―Deberían ir.
―Seguro. ―ambos jóvenes alcanzaron a sus amigos.
Solo Orihime, Hanataro y Yoruichi conocían la gravedad por la que estaba a punto de enfrentarse Rukia. Los demás debían quedarse a la expectativa, únicamente esperando.
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Como Unohana lo había predicho, el Comandante Yamamoto se enfadó por la grave falta que cometió al enviar sin autorización, y a escondidas, a Hanataro al mundo de los vivos. Y pese al interminable sermón, salió ileso de la capitanía del Comandante; ya solo debía descansar y esperar las noticias que fuesen a llegar. Por lo menos los siguientes días fueron igualque todos, hasta esa tarde. Estaba relajándose bajo un árbol de su jardín cuando de pronto una mariposa infernal tintineo cerca, llevándole una inusual información acerca de su subordinada. Kuchiki Rukia.
Al terminar de escuchar el inverosímil mensaje, Ukitake se levantó a toda prisa, siendo interceptado por Kiyone Kotetsu y Kotsuaki Sentaro, quienes siempre le muestran un exagerado cuidado.
―Déjenos acompañarlo.
―Lo siento, deben quedarse, este asunto es privado.
―Pero… ―al ver la expresión de su Capitán, Kiyone entendió que no podrían convencerlo. ―Sí Capitán, como usted diga. ―se inclinó un poco y lo dejo pasar.
Se apresuró lo más que su cuerpo enfermo resistía. El mensaje fue lo suficientemente claro para comprender que Rukia se metió en graves problemas, de hecho en más de los que podría manejar.
Tan pronto como llego, Yoruichi aguardaba en la entrada para llevarlo por otro camino, pues de esa forma nadie los vería entrara un conducto oculto que llevaba hasta una habitación donde todos se encontraba, incluyendo a la Capitana Unohana.
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Lo primero que hizo al entrar al Seireitei fue emplear el shunpo para llegar con Unohana. Uryu, quien cargaba a Orihime; Chad, Ichigo, Yoruichi y Hanataro le pisaban los talones. La angustia no dejaba de embargar a Ichigo, quien no dejaba de mirar los pies de Rukia, pues el fornido cuerpo de Renji la cubría por completo.
Yoruichi tenía todo bajo control; en el momento en que pusieron un pie dentro del Seireitei le envió una mariposa infernal a Unohana notificándole que requerían de su ayuda, pues lo que estaba a punto de saber era algo peligroso, en muchos sentidos.
―Llegaron rápido. ―Isane los esperaba para conducirlos por un conducto clandestino.
―Gracias, Isane. ―Yoruichi sabía que podían contar con la discreción de la Teniente Kotetsu.
Corrieron hasta un cuarto bien iluminado y bien provisto de todo lo necesario para cualquier intervención, y el motivo por el cual estaba oculto era simple: está ahí por si acaso deben proteger a un noble herido en circunstancias de alerta roja. Que irónico, Rukia no creía encajar con la nobleza y se encuentra en un sitio destinado para los nobles.
―Shihoin Youichi, ¿Es verdad? ―a decir por su expresión, capto enseguida a lo que la morena se refería con un asunto peligroso.
―No estoy muy segura. ―veía como Renji recostaba en la cama a la ojivioleta, aun inconsciente.
― ¡Eh! Lo siento. ―Orihime interrumpió. ―Solo pude curar los huesos rotos y las heridas superficiales, ya que algo… algo me impidió terminar con la curación. Tampoco estoy muy segura, pero cabe la probabilidad de que…
― ¿¡Qué alguien me diga que le ocurre a Rukia!? ―Ichigo entro al último a la habitación.
Al verla tendida sobre la cama se acercó a ella para sujetar su mano y besarle el dorso; al mismo tiempo, Chappy lloraba del otro lado, susurrándole que despertara.
― ¿Aun no lo sabe? ―lo veía detenidamente.
―No, queremos asegurarnos de que es verdad.
―Capitana. ―Hanataro se acercaba con miedo. ―También la examine y puedo asegurarlo.
Renji, Uryu y Chad fueron los únicos en escuchar claramente lo que afirmaba Hanataro. Los tres mostraron una gran impresión y angustia al saber que le ocurría a la shinigami, pues aquella confesión no era algo por lo que tomarse a la ligera. Unohana intervino al percatarse de que Renji estuvo a punto de explotar de sufrimiento al ocasionar aquella infortunada situación.
―Renji, cálmate, no quiero que Ichigo dirija su atención a nosotros, ¿Sabes cómo va a reaccionar si se entera ahora?
― ¡Tsk! ¿Cómo puedo calmarme? ―apretaba los dientes, y a juzgar por su expresión el dolor lo consumía. ―Y todo por un estúpido sentimiento no correspondido―se recargo en la pared y se dejó caer.
―Díganme de una vez que le ocurre a Rukia. ―Ichigo mantenía la cabeza y la mirada bajas, sus brazos temblaban y sus puños estaban más apretados que nunca. ―Por favor, hablen ya. Ella debió despertar hace mucho, ¡No es débil! ―alzo la voz exigiendo una respuesta.
Miradas tristes, de angustia y preocupación rodeaban al pelinaranja. Yoruichi decidió que sería mejor decirte todo, ya que de todos modos se enteraría; justo cuando estuvo a punto de decirle, Ukitake entro a la habitación, con una inesperada sorpresa:
―Ukitake, ¿Qué haces…
― ¿Dónde está Rukia? ―maldición, esa irreconocible voz los pasmo a todos.
―Niño Byakuya. ―Yoruichi cruzo los brazos y esbozo una sarcástica sonrisa. ―No esperábamos verte, y mucho menos en este lugar.
Byakuya ignoro a la morena, pasándola de largo, al igual que a Ichigo, para acercarse hasta donde Rukia yacía inconsciente. Después de algunos minutos de ver a su hermana, se volvió hacia el pelinaranja, apuntándola a la yugular con la hoja de su espada:
― ¡Capitán!
―Quédate donde estas, Renji. ―mantenía la espada en alto. ―Kurosaki Ichigo, ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer?
―No. ―su voz era lejana y abatida. ―Nadie me dice que le ocurre, y me estoy cansando de eso.
―Te lo diré, pero sal de este lugar.
―Byakuya, no deberías…
―No se preocupe, Capitán Ukitake, estaré bien. ―sus ojos carecían de profundidad y de brillo.
Quizá era tanto su pesar que acepto sin reprochar, solo lo animo la promesa de que le dijera que demonios pasaba. Lo único que rondo por su mente fue ¿Cómo lo supo con solo verla un par de minutos?; bien, pues eso es exactamente lo que averiguaría una vez fuera de ahí.
― ¿Sabes que puedo ordenar que te encarcelen o ejecuten por haberte involucrado con alguien de la nobleza? ―ya no apuntaba su espada contra él, pero la mantenía empuñada.
― ¡Tsk! Eso me importa un carajo. ―le daba la espalda y apretaba con fuerza los dientes.
― ¡Niño Byakuya, no te atrevas a decirle algo! ―demasiado tarde. El perímetro estaba rodeado por la sexta división. ― ¿Qué demonios sucede? ―miraba para todos lados.
― ¡Oh, no puede ser! ―Orihime se cubrió la boca de la impresión, al igual que todos, pues salieron detrás de la morena.
El ojivioleta la veía sobe su hombro mientras le explicaba que Ichigo debía pagar las consecuencias por haberse metido con su hermana pequeña. Además, de sumar el hecho de haberla deshonrado no solo una vez, sino dos.
― ¿A qué te refieres con dos veces? ―seguía cabizbajo.
―No seas tonto, la hiciste tuya y no te conformaste con eso.
― ¡Tsk! ¡Maldita sea, que alguien me explique! ―su reiatsu retumbo por el perímetro, causando que Rukia despertara.
―Rukia está embarazada y por tu culpa puede que lo pierda. ―levanto su cabeza al tener en su mentón la punta de la espada de Ichigo―Si no la atienden pronto, perderá a ese bebé ilegitimo.
― ¿Qué… dijiste? ―levanto un poco la mirada para verlo a los ojos. ― ¿Rukia… va a…
―Por culpa tuya Rukia tendrá un hijo ilegitimo.
― ¡No digas tonterías! ―le acercó la hoja de la espada cerca de la yugular. ― ¡Ella es tu hermana!, ¿¡Cómo puedes decir semejante estupidez!?
Las cartas ya estaban sobre la mesa. Ichigo libero su Bankai, descargando su dolor y la angustia sobre Kuchiki Byakuya; no le importaba un carajo que fuera la cabeza de la familia noble más poderosa del Seireitei.
―Sí así lo quieres. ―cerro los ojos. ―Shire Senbonzakura.
Millares de filos brillantes, en forma de pétalos de cerezo, manipulados por el mismo Byakuya, reunidos en un mortal remolino se dirigían directamente a Ichigo: rasgaron su ropa, hirieron sus brazos, sus piernas y cara, su pecho quedo descubierto y lleno de surcos escarlata; pero eso no basto. Aun al dirigir a Senbonzakura a voluntad, la velocidad del ojiambar logro esquivar cada uno de los ataques, permitiéndole llegar hasta Byakuya, con algo inesperado:
― ¿Cuánto tiempo si verte, Kuchiki Byakuya? ―esa sonrisa, esa mirada y esa agresividad al empuñar a Zangetsu. ―Esta vez no permitiré que mi estúpido Rey intervenga. ―coloco la punta de la zanpakuto a la altura del corazón del shinigami.
― ¡Tsk! De nuevo tú.
― ¡Capitán! ―al unísono, los oficiales de Byakuya rodearon al ser extraño que aún le apuntaba al corazón.
― ¡Vaya! Trajiste refuerzos, quizá mi Rey no hubiera podido con la presión… pero yo sí.
Rukia aprovecho que todos estaban afuera, para levantarse de la cama e ir hasta donde su hermano e Ichigo peleaban, tan solo para preocuparse al notar que el pelinaranja dejo que su hollow lo dominara nuevamente.
―Ichi… go. ―se sostenía en el marco de la puerta y aferraba su mano en su vientre.
―Kuchiki. ―Orihime corrió hacia ella. ―No deberías estar aquí, regresa.
― ¿Qué pasa? ―abrió demasiado sus ojos. ― ¿Por qué Ichigo dejo escapar a su hollow blanco?
―Rukia, debes estar adentro, es peligroso que te quedes aquí. ―Ukitake trato de tocarla pero la ojivioleta interpuso su mano para detenerlo. ― ¿Lo sabias, verdad?
―Sí… sí lo sabía. ―apretó sus dientes. ―Se lo iba a decir hoy. ―se sujetó al marco y se dejó caer de rodillas. ―Él… yo iba a saberlo hoy… por mí… no por mi hermano. ―recargo su frente sobre sus manos y lloro.
―Señorita Rukia, por favor regrese a la cama. ―Hanataro estaba realmente nervioso.
Renji enfureció al ver al amor de su vida sufrir de ese modo, así que a costa de su propio amor se encamino a ayudar a Ichigo; sobre todo por Rukia, ya que si a ese atolondrado le ocurría algo ella sufriría toda la vida.
Mientras tanto, el hollow blanco ya había hecho de las suyas: dejo inconsciente, a la mayoría, de los oficiales además de mal herir a Byakuya. Se divertía como nunca, carcajeaba y provocaba al shinigami, incluso se alegró de ver que tenía un nuevo contendiente:
― ¿Quién eres tú?
―Abarai Renji, amigo de ese atolondrado que permitió que lo dominaras. ―sin más preámbulo, se lanzó contra él.
Una enorme sonrisa y una mirada asesina adornaban el rostro de quien hacia girar a Zangetsu, tal cual una cadena a punto de golpear su objetivo sin algún miramiento o remordimiento por los daños. La sujetaba con fuerza en cada lanzamiento contra el shinigami, evitando, bloqueando y regresando los ataques de Zabimaru. Renji comenzaba a desesperarse y a perder el aliento al no saber de qué modo combatir con alguien sediento de sangre; por primera vez deseo que la Unidad de Fuerzas Especiales estuviera ahí para detener ese descontrol. Sin embargo, repentinamente, ambos visualizaron una pequeña figura filtrarse entre la nube de tierra y humo.
―Esto es cada vez más divertido. ―tras sonreír voló directo a aquella figura.
―Pero si es… ―abrió demasiado los ojos. ― ¡Rukia,quítate del camino! ―Renji trato de llegar antes para hacerla a un lado.
De alguna forma, Rukia logro subir a uno de los techos para hacer reaccionar a Ichigo, pues creía que al escucharla llamarlo él detendría al hollow.
― ¡Ichigo, no seas idiota, eres más fuerte que el hollow! ―su mirada denotaba determinación y valor.
― ¡Kuchiki, baja de ahí! ―Orihime le gritaba desde abajo.
― ¡Ahhh! ―Hanataro se movía de un lado a otro al no saber qué hacer.
― ¡Tsk! ―apretó los dientes y los puños. ― ¡Ichigo, vas a ser padre! ―la ojivioleta cerró los ojos al tener, a unos centímetros, la punta de la espada sobre su pecho.
El hollow aun empuñaba a Zangetsu; comenzó a retorcerse; a sujetarse la máscara, peleando por mantenerla en su sitio y por quitarla; además, de soltar estruendosos gritos. Todos lo veían luchar contra sí mismo… contra Ichigo, quien alternaba su voz para advertirle que no permitiría que no se atreviera a lastimar a sus amigos, de lo contrario sería capaz de acabar con su propia vida con tal de protegerlos.
―Rukia, no debes estar aquí. ―Renji la sujeto del brazo para hacerla bajar.
―No, él me necesita. ―aparto su brazo. ― ¡Ichigo,reacciona!
―Ru…kia… ―era él. ― Ru... kia.
―Ichigo. ―susurro antes de quedar pasmada. ― ¡Tsk! ―la mirada de todos se dirigían a la shinigami.
― ¡Rukia! ―Renji la atrapo.
― ¡Kuchiki! ―Orihime grito horrorizada.
― ¡Inoue no pierdas el tiempo! ―Yoruichi la obligo a invocar a Soten Kisshun.
Todo parecía que ocurría en cámara lenta, dándole tiempo a Ichigo de percatarse de que, por una fracción de segundos, pudo haber evitado otra desdicha: un segundo antes de retomar el control de su cuerpo, y conciencia, el hollow atravesó el pecho de Rukia, con Zangetsu.
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ღRukia_Kღ (L. Ro)
