Como notaron, comenzaran a ocurrir cosas inesperadas, Rukia revelo que la razón de sus malestares es por su embarazo e Ichigo se entero de la forma menos ortodoxa y en la peor condición. Ok! La historia la quiero entornar en un contexto dramático, con un toque de tristeza y desesperación (principalmente para la Fresita u.u)
Incluso ya tengo pensando que un nuevo personaje aparezca (recuerden que NO me estoy apegando ni al manga ni al anime, así que ofrezco disculpas por cambios radicales en las personalidades o cambios en algún personaje).
En pocas palabras, el giro de la historia se vera un poco más de drama (espero poder lograrlo ^^)
ღRukia_Kღ
:::::::::::::::::::
Capítulo 12: Pesquisa
::::::::::::
Hisagi encontró pistas que indicaban el lugar en que Ichigo y Rukia, probablemente, estarían refugiados, por lo que busco a Kira y a Renji para llevarlos hasta donde unas ligeras pulsaciones de energía espiritual podían sentirse, en los rincones más peligrosos del distrito 78.
Rápidamente Renji especulo que quizá Rukia guio a Ichigo hasta la choza en la que crecieron juntos, por lo que ambos tenientes siguieron al pelirrojo. Con lo que no contaban era con un pequeño inconveniente: Hanataro. El pequeño shinigami salió trastabillando de unos arbustos, golpeando a Renji, haciéndolo caer de bruces en la tierra.
― ¡Tsk! Maldición, eso dolió.
―Lo… lo siento, Teniente Abarai. ―aún seguía sobre el pelirrojo.
― ¿Qué haces aquí?, ¿Tu escuadrón viene contigo? ―Hisagi lo ayudaba a pararse.
―No, vine solo. Quiero encontrar a la señorita Rukia, antes que le hagan daño.
―De acuerdo, nosotros queremos lo mismo. ―Kira estaba aliviado.
― ¡Ah! ¿Enserio?
―Sí. Pero caminemos, no es seguro quedarnos parados en un mismo punto.
Renji sacudió la tierra de su uniforme y prosiguió su camino, mientras le contaba a Hanataro las razones por las cuales ellos también la buscaban. Eso reconforto al pequeño shinigami, pues de su escuadrón solo la capitana Unohana sabía que él salió de la división para hacer algo por Rukia.
Al poco tiempo dieron con la choza y las pulsaciones de energía, dando la razón de que era muy seguro que ambos estuvieran ahí. Lo confirmaron cuando vieron a Ichigo y a los demás alrededor de una fogata; se quedaron quietos pensando la forma de acercarse sin provocar algún malentendido cuando de pronto Kira busco a Hanataro:
― ¿Dónde estás Hanataro? ―volteaba para todos lados.
― ¡Ahhh! Chicos, ayúdenme. ―trepo a un árbol para regresar un parajito a su nido, pero se quedó pasmado de miedo al no saber cómo bajar.
― ¡Ash! Que torpe eres, se supone que puedes bajar, eres un shinigami. ―Renji lo veía con enfado.
― ¡Ahhh! ―se aferraba a la rama sin dejar de lloriquear―No puedo.
―Lo siento, es por tu bien. ―Hisagi cogió una pequeña piedra para arrojársela y hacerlo caer, claro que con la intención de atraparlo.
La piedra golpeo en las costillas del pequeño shinigami, lastimándolo y haciéndolo caer bruscamente sobre un arbusto. Esto causo un gran escándalo, y por ende llamando la atención de Ichigo y los demás. Sin más remedio, y tras regañar a Hanataro, Renji se vio obligado a salir de su escondite; y para asegurar una tregua recargo su espada en el árbol, levantando las manos desnudas:
―No quiero lastimar a Rukia, se los aseguro.
― ¡Tsk! ―Ichigo alcanzo su espada con la intención de dar el primer golpe, hasta que algo lo hizo cambiar de opinión.
Hanataro salió, de entre los arbustos, dando traspiés y cayendo boca abajo a los pies del ojiambar; y no solo eso, detrás de él salió, con las manos levantadas, Hisagi y Kira. Orihime reacciono impulsivamente y los protegió a todos con el Santen Kesshun, Uryu les apunto con una flecha y Chad activo su brazo derecho del gigante. Los tres estaban dispuestos a proteger a sus amigos, pero Yoruichi los detuvo al percatarse de que lo que los Tenientes decían era verdad, además de que Hanataro no estaría tan tranquilo.
::::
::::
::::
::::
Después de revelarles el motivo que los condujo en su búsqueda, Hisagi y Kira decidieron que era momento de regresar con sus respectivos escuadrones y proseguir con los informes incompletos, y ligeramente alterados, para no levantar sospechas. Pero antes de eso, Renji pidió verla, por lo menos una vez antes de regresar con su escuadrón y rendirle un informe a su Capitán; y cómo su explicación los convenció, Ichigo no objeto en que el pelirrojo entrara a la vieja choza.
Inmensidad de recuerdos embargaron su mente y su corazón. Pudo oler las hojas secas que rodeaban, en aquel entonces, la choza; también como le encantaba ver a Rukia a la luz del atardecer, pues el precioso dorado bañaba su silueta tal cual un ángel. El verla acostada, en un apacible sueño removió su deseo por estar con ella, pues aun la amaba. Para su desgracia, el rumbo de la situación lo obligo a protegerla en lugar de dañarla; o por lo menos eso pensaba, ya que aún quería redimir el error de haberla apartado de su lado.
Cuando se arrodillo a su lado, la ojivioleta abrió los ojos y le sonrió sutilmente. La breve conversación que sostuvieron fue amena y algo extraña, pues Renji no pudo ocultar la curiosidad por saber cuánto tiempo tenia de embarazo. A esto, Rukia le confeso que de no haber sido por Unohana, no hubiera sabido que tenía casi tres semanas; el tono de su voz, el hermoso destello de sus ojos, la tierna sonrisa, todas esos pequeños gestos le fueron suficientes al pelirrojo para darse cuenta de que ella realmente era feliz con la idea de tener ese bebé entre sus brazos.
― ¿Sabes, nunca te imagine siendo mamá? ―llevo su mano detrás de su nuca.
―Tampoco yo creí estar en esta situación. ―acariciaba suavemente su, aun plano, vientre.
Mientras la veía, Hisagi y Kira los interrumpieron, avisándole que ya era hora de retirarse antes de llamar la atención por sus ausencias. Con pesar, Renji se levantó de su sitio despidiéndose, no sin antes mencionar que Hanataro se quedaría con ellos. De alguna forma eso lo tranquilizaba un poco más, ya que no solo contarían con el apoyo de Orihime sino con del pequeño shinigami también.
Rukia no pudo despedirse pues él se retiró rápidamente dándole paso a Ichigo, quien mantenía su característico ceño fruncido, el cual ya estaba acostumbrada a ver.
::::
::::
::::
::::
Estaba en su oficina, viendo por la ventana esperando pacientemente a que uno de sus oficiales le rindiera cuentas de un informe especial. Solo unas cuantas horas transcurrieron antes de que dicho hombre llegara con buenas noticias.
―Capitán, lamento la demora. ―se acercó al escritorio para dejar un sobre―Esta es la información que quería.
―Gracias, puedes irte y… ―lo vio sobre su hombro―continuar con "la búsqueda".
Una vez solo, Byakuya cogió el sobre para revisar la información que contenía la ubicación del escondite de su hermana menor. Estaba consciente de la alianza que su teniente mantiene con los tenientes de la novena y tercera división, así como el apoyo indirecto de Unohana al permitir a Hanataro a estar con ellos. ¿Sus planes?, ¿Quién sabe?... seguramente enfrentarlos y acabar con el deshonor que su hermana trajo a la familia Kuchiki y al Seireitei. La inmutable serenidad con la que se abría pasó dejaba ver la frialdad que embargaba su corazón. ¿Por qué?... Posiblemente por la irremediable amargura de perder a uno de los seres que más adoro y amo en su vida: su esposa.
Al salir de la capitanía, Byakuya no tardo en encontrarse con el Capitán Kurotsushi Mayuri. Este descontrolado, malévolo y algo desquiciado hombre, le insinuó que no se resguardara tan valiosa información, siendo que también quería encontrarlos.
―No tengo porque informarte de mis asuntos.
―Deja de ser tan pretencioso Kuchiki. ―se lamia la comisura de su boca― ¡Ah! Daria lo que fuera por tenerlos en mis manos para torturarlos y examinarlos. ―se frotaba las manos―Que interesante seria poder examinar a tu pequeña hermana.
― ¿Interesante? ―lo veía de reojo.
― ¡Sí! ―levanto los brazos animosamente―Ella lleva dentro un ser vivo extremadamente deseable para investigaciones. Es humano, hollow y shinigami, con el tonto de Kurosaki Ichigo no puedo revelar esos enigmas, solo con ese nuevo espécimen lo lograre. ―sus ojos parecían salir de su órbita.
―Le pones un dedo encima a Rukia y yo mismo te asesinare.
El ojivioleta siguió su camino, dejando atrás a Mayuri con un gesto de amargura y exasperación ante la negativa y la amenaza. Y todo aquello fue presenciado por Toshiro, quien no tardo en caer en la cuenta de que Byakuya sí estaba escondiendo valiosa información; es así que decidió seguirlo.
::::
::::
::::
::::
Yoruichi se retiró para investigar sobre los movimientos de los escuadrones, que los buscaban, no sin antes obligar a Chappy a regresar a ser una pildorita para devolver el Gigai al mundo de los vivos. En cuanto a Uryu, Chad, Orihime y Hanataro se encaminaron al río para pescar y buscar algunos leños para una fogata. Dejaron solos a los amantes fugitivos, ya deseosos de disfrutar de un momento a solas y asimilar los acontecimientos.
―Rukia.―sujetaba su mano mientras se acostaba a su lado― ¿Eres feliz?
― ¿Hum? ―alzo la mirada tras reposar su mejilla en su pecho― ¿Sería malo que dijera que sí?
―Pues…―trataba de hacerle a un lado su rebelde mechón―… no. Pensé que no lo serias a causa de todos los problemas que te cause desde que nos conocimos.
―Sí, fueron muchos problemas, aun así no cambiaría el destino. ―se recargo sobre su codo para verlo a la cara―No me arrepiento de haberte conocido, Kurosaki Ichigo.
Le sonrió dulcemente antes de besarlo y susurrarle al oído lo mucho que deseaba estar con él. Esa fue la perfecta chispa que empezó la cuenta regresiva para hacer explotar los deseos, del shinigami sustituto, por complacerla. Aquel suave beso se tornó rápidamente, de una chispa, a una inigualable llamarada consumiendo todo a su paso: arrebatadoras y apasionadas caricias; jadeos por la limitada dosis de oxígeno a su alrededor; besos repletos de inigualable pasión con sabor a ambrosia… Les encantaba degustar el elixir del placer. Rukia movilizaba rápidamente sus manos, sus piernas y su cuerpo para desenvolverse de su kimono negro, permitiendo que Ichigo se embelesara con su aun fina figura.
―Aún es muy pequeño. ―le sujeto la mano para llevarla hasta su, aun plano, vientre.
―Lo sé. ―acaricio tiernamente el vientre de la ojivioleta―Gracias, Rukia.
Los apasionados besos regresaron e Ichigo no tardo en recostarla para poder deleitarse con su exquisito cuerpo: sus pequeños y suaves senos, sus delgados y dulces labios, su fina cintura y cadera, sus largas y bien formadas piernas. Todo su ser irradiaba más éxtasis que antes. Súbitamente se detuvo para contemplarla, al mismo tiempo que se quitaba su ropa quedando completamente en su hercúlea desnudes. Hecho que encanto a la shinigami, pues no tardo en delinear con sus besos aquellos fornidos pectorales, bajando poco a poco hasta su bien marcado abdomen para finalmente llegar hasta aquel culpable de sus locuras lujuriosas.
Sin embargo, antes de que ella pensara siquiera en cometer su plan lujurioso, el ojiambar la recostó contra el viejo futón, flanqueándola con ambos brazos. Mirándola directo a los ojos, comenzó a besarle su frente, sus mejillas, su nariz, sus labios, su cuello. Sus labios conocían perfectamente cada centímetro de su fina cintura, su mesurada cadera y sus largas y bien torneadas piernas. Lo único que sus labios desconocían, y deseaban desesperadamente por investigar, era la deliciosa feminidad que lo enloquecía debido a su cálida estreches.
― ¿Qué haces? ―sus mejillas se estaban pintando de carmesí.
―Nada.―le sonrió traviesamente antes de perderse de su vista.
Fingiendo besar su linda pierna, el shinigami la levanto para colocarla sobre su fornido hombro. Repitiendo el mismo acto con la otra pierna, Ichigo vislumbro aquella hermosa intimidad rosa pálido, con la dulce forma de una delgada rebanada de fresa. Sin demora, introdujo su cabeza entre las piernas de Rukia.
― ¡Hah! Ichigo… ―le aferro sus uñas en su musculosa espalda.
No se inmuto, prosiguió lamiendo el contorno de aquella feminidad tan suave y delicada; descubriendo con su lengua aquella miniatura rosada que desquiciaba a Rukia cuando la mimaba. Pequeños mordiscos, besos y lamidas hacían arquear el pequeño cuerpo de la shinigami, robándole más de un gemido de placer, con tan solo juguetear con ese deleitable clítoris. En poco tiempo la intimidad que mimaba dejaba fluir una constante prueba de su ansiedad por llegar al clímax. Este indicio lo hizo sonreír y colocarse rápidamente entre las lindas piernas de la shinigami, misma que lo aprenso de la cintura.
―Quiero ser tu mujer. ―le susurro al juntar sus frentes.
―Lo eres desde hace mucho tiempo. ―al mismo tiempo la penetro.
― ¡Hah! ―se arquero y lo oprimió, con sus piernas, hacia ella.
― ¡Hah! ―no le fue difícil adentrarse en ella, pues la constante lubricación se lo facilito, además de excitarlo aún más.
― ¡Hah!... Así ―el sentir dentro de su ser aquella virilidad, de inigualable tamaño y grosor, la satisfacían.
Sujetándola de la cintura, con una mano y flanqueándola con la otra, dejo caer casi todo su peso sobre aquella delicada figura para desatar con impaciente pasión sus embestidas. En cada penetración, Rukia gemía y jadeaba; cerraba sus ojos ante tal ferocidad lujuriosa, pues en cada encuentro se adentraba aún más, haciéndola creer que rompería nuevamente su ya diluida fragilidad.
Rukia no dejaba de pedirle que siguiera con aquellas feroces embestidas, suplicaba, entre gemidos, cada vez más de su imponente virilidad. Gustoso, Ichigo recreaba los vaivenes, de las olas del mar, con más rudeza y fuerza; sin mencionar los subibajas alternados, proporcionándoles un mayor éxtasis. Él se embriagaba de seducción con cada gemido de la shinigami, con cada estremecimiento y con cada suspiro de gozo.
― ¡Hah! Ichigo. ―cerraba sus ojos, dejando escapar diminutas lagrimas que no rodaban por sus mejillas.
― ¡Hah! ―no se detenía― ¿Estas bien?
―Sí.―se aferraba a su cuello. ― ¡Hah, sigue, así! ―se recargo sobre su codo para acercársele aún más a su potente cadera― ¡Hahh! ―sus gemidos aumentaron en ritmo y volumen.
Al verla bañada de finas perlas liquidas, el movimiento de sus hermosos senos bailar al compás de sus estocadas, además de ver el precioso color carmesí en sus mejillas y labios, causaron que su juicio se nublara. No podía contenerse más, así que elevo las lindas piernas de Rukia, manteniéndolas verticalmente.
― ¡Hah! ―movía su cabeza a los lados― ¡Ichigo! ―se aferraba a las ropas bajo ella.
― ¡Hah! ―cerro los ojos un instante al no soportar tanto placer.
― ¡Ichigo, Ichigo! ―entreabría los ojos para verlo sumergirse en ella.
El éxtasis estaba llevándolos a su clímax tan añorado. Entre jadeos, gemidos y besos, ambos alcanzaron un glorioso orgasmo, donde la shinigami elevo su cadera en encuentro con el extasiado miembro del ojiambar; mismo que deposito soberbiamente su semilla.
Agotado, Ichigo se dejó caer sobre Rukia e intentaba recuperar el aliento. Sin embargo, la ojivioleta interpuso sus manos entre ambos con la intención de hacerlo a un lado, pues con él encima le era imposible regular su respiración.
―Lo siento. ―sonreía mientras la acomodaba sobre su pecho― ¿Mejor?
―Sí.―coloco su pierna izquierda sobre las piernas de él.
El silencio reino por algunos momentos, pues las palabras parecían sobrarles. Solo las caricias y los besos estaban presentes. Lamentablemente su tranquilidad se vería irrumpida por una inesperada presencia. No tenían ni quince minutos dormitando cuando Ichigo abrió demasiado los ojos al sentir una pesada energía espiritual cerca de ellos.
Se vistió precipitadamente para enfrentar lo que estaba por venir, sin embargo se pasmo al sentir otras dos energías espirituales acercándose con gran rapidez. Se volvió a ver a Rukia como si buscara en ella una respuesta a lo que sucedía.
::::
::::
::::
::::
Escondida tras algunas ruinas, arbustos o entre las copas de los árboles, Yoruichi se percató de que Ichigo y Rukia estarían en problemas en cualquier instante. Así que adopto su forma gatuna y se encamino hacia la presencia que se acercaba amenazadoramente hacia donde ese par de tortolos se encontraban. Durante su trayecto pudo sentir otras dos energías espirituales acercarse al mismo punto, alarmándola aún más pues uno de ellos era de nivel Capitán; "Si es Soi Fong estarán en problemas", pensaba mientras se acercaba más a su destino. Sin embargo, al estar a un par de metros de la choza recibió las secuelas de una espesa nube de hielo seco y estuvo a punto de caer en la enorme grieta que surcaba en la tierra.
::::
::::
::::
::::
Pacientemente esperaron a que aquella figura se adentrara en la choza, y cuando al fin se dignó a entrar, ambos no evitaron abrir demasiado los ojos. Rukia susurro entre dientes "hermano", mientras el miedo la invadía. Ichigo se interpuso entre ambos hermanos para encarar a Byakuya y advertirle que no permitiría que alejase a la ojivioleta de su lado, y mucho menos en su condición.
El Capitán se le acercaba a paso lento al mismo tiempo que le decía que él solo era un shinigami sustituto, sin autoridad en el Seireitei, además de recalcar el hecho de que la mujer a la que protegía celosamente era parte de una familia noble.
― ¡Tsk! No me importa.
―No te cruces en mi camino, Kurosaki. ―cerro los ojos con afán de mantener la paciencia.
―Lo siento Rukia, prometí protegerte, incluso de tu propio hermano.
―Espera… Ichigo… ―la ojivioleta observo como liberaba el Bankai para blandir la espada contra su hermano.
―Si eso quieres. ―abrió los ojos para verlo fijamente―Shire, Senbonzakura.
Millares de aquellos mortales pétalos de cerezo obedecían la voluntad del ojivioleta, con la finalidad de apartar a Ichigo de su camino. Aun así, la velocidad del shinigami sustituto era impresionante; su shunpo era más preciso y veloz que antes, sin mencionar que cada vez que liberaba a Tensa Zangetsu aumentaba su agilidad y fuerza.
No importaba cuantos pétalos le lanzara, Ichigo los esparcía con un movimiento de su zanpakuto. Aunque, era el mismo resultado cuando este le lanzaba un Getsuga Tensho: Byakuya interponía un escudo de pétalos y contraatacaba con otro torbellino hacia el ojiambar.
Cortadas superficiales en la mejilla, en la frente, en los brazos y piernas, eran lo más que lograban. Solo que, en cuanto el ojivioleta libero su Bankai y se dispuso a atacar, una espesa pared de hielo se interpuso en el ataque e Ichigo, al igual que una enorme grieta separándolos aún más.
― ¿¡Pero qué demonios!? ―volteo hacia Rukia― ¿Estas bien?
―Renji…―miraba como Zabimaru se enroscaba alrededor del pelirrojo.
―No se trata de matarlos, solo debemos capturarlos. ―una templada voz sobresalía de la nube de tierra y hielo seco.
―Y Toshiro. ―agrego el ojiambar al verlo acercársele.
― ¡Tsk! Soy Capitán Hitsugaya. ―una venita sobresalía de su frente― ¡Afff! Llegue justo a tiempo.
―Sentí tu energía espiritual y vine lo más pronto posible. ―Renji flanqueaba al shinigami albino.
―Kurosaki, no creas que los protegeré, solo quiero evitar muertes innecesarias.
― ¿Entonces que pretendes? ―su voz denotaba desconcierto.
―Solo quiero encarcelarlos, pero... ―vio a Byakuya a través del espeso hielo―… se me adelanto y los encontró antes, por eso lo seguí.
De la nada Uryu, Chad, Orihime y Hanataro corrían hacia ellos con la angustia y los nervios pintados en sus rostros; mientras que Yoruichi adopto su forma humana para acercarse velozmente e intervenir en el conflicto. Aun así, el alboroto no tardó en aparecer. Las cosas se complicaron más de lo que pensaron, pues Byakuya se deshizo del grueso muro de hielo para terminar lo que empezó al chocar nuevamente su espada con la de Ichigo.
No importaba cuanto gritara Toshiro, ninguno mostraba indicios de detenerse, así que trataba de separarlos. Tampoco la ayuda de Renji sirvió de mucho, lo único que provoco fue agrandar el problema, sin mencionar que Rukia estuvo a punto de congelarlos al atacarlos con su primera danza: Tsukishiro.
― ¡Kuchiki, detente! ―Orihime gritaba en vano, pues la shinigami se había alejadode ellos.
―Señorita Rukia. ―Hanataro la veía con miedo.
― ¡Tsk! Maldición, esto atraerá a Soi Fong y a las demás divisiones que los buscan. ―Yoruichi observaba el caos frente a sus ojos. ― ¡Ah! ―toco su bolsillo, recordando que "tomo prestado" una bomba de humo en la que Urahara estaba trabajando. ―Espero que esto sirva de algo.
Al mismo tiempo que la columna de hielo caía en pedazos, Yoruichi lanzo la bomba para manifestar una confusión y poder sacar a todos del lugar. Sin embargo, no contaba con que Chad reaccionara rápidamente al lanzar una fuerte ráfaga de reiatsu, con "el directo", con el fin de disipar el humo, mismo que expulsó a gran velocidad a Rukia sin darse cuenta.
― ¡Demonios! ―la morena sujeto del cuello del kimono a Ichigo para llevarlo lejos.
―Inoue, vamos. ―Uryu la sujeto de la muñeca para hacerla correr―Chad, encárgate de Hanataro.
―Sí.―Chad cargo al pequeño shinigami para ir detrás de sus amigos.
― ¡Tsk! ―Toshiro apenas podía abrir los ojos por culpa del polvo a su alrededor.
― ¡Rukia! ―Renji intentaba mirar a su alrededor con la esperanza de encontrarla.
Lentamente el polvo se disipo, permitiendo al shinigami alvino y al pelirrojo percatarse de que estaban solos, pues Byakuya también había aprovechado la situación para retirarse.
::::
::::
::::
::::
La presión, la velocidad y la fuerza con la que fue lanzada le dificultaban respirar. De hecho sus pulmones apenas y podían expandirse, además de no poder abrir completamente los ojos pues el viento parecía cortarle las retinas. "¡Tsk! No puedo moverme… me falta aire… ¿Qué hago?", pensaba creyendo que se estrellaría en cualquier momento contra algo que realmente la lastimara o matara por el fuerte golpe. Resignada, cerró con fuerza los ojos esperando alguna fatalidad. Pero, para su suerte no ocurrió así. De pronto alguien la abrazo, bloqueándole el cortante viento y tratando de detenerla, "¿Quién es?", cuando trato de abrir un ojo perdió la conciencia, pues recibió un fuerte golpe en la cabeza cuando ambos chocaron contra un gran muro de roca.
::::
::::
::::
::::
Los guio de nuevo al Seireitei, ya que pretendía que Hanataro los adentrara en los túneles del drenaje pues era el lugar más seguro en aquel momento. Una vez adentro y recuperando el aliento, Ichigo golpeo la pared con su puño y profirió reclamos contra Yoruichi por no dejarlo buscar a Rukia.
―Cálmate, ni siquiera yo vi en qué dirección salió volando. ―lo veía fijamente mientras cruzaba sus brazos.
―Disculpa, Ichigo.
―No te preocupes Chad. ―recargo su frente en la pared, aun con el puño enterrado en el pequeño agujero que hizo. ―Solo espero que no se haya lastimado.
―Kurosaki.―Orihime lo veía con tristeza.
―Lo siento. ―Hanataro inclinaba su cabeza―No soy de ayuda, quizá si fuera más fuerte podía haber ayudado y cuidar mejor de la señorita Rukia.
―Tampoco es tu culpa. ―lo veía de reojo―Es mía por no saber protegerla.
―Ichigo,―Hanataro se acercaba a él. ―déjame curarte las heridas que tienes, así podrás buscarla sin problemas.
―Gracias.
El shinigami sustituto se recargo en la pared mientras el pequeño shinigami realizaba su trabajo. Los demás aprovecharon el momento para curar sus heridas, con ayuda de Orihime, y descansar un poco antes de buscar a Rukia. Desafortunadamente la mente de la ojigris estaba ocupada pensando en que a la shinigami no le hubiera ocurrido algo que afectara su estado, hecho que llamo la atención de Uryu:
―Inoue, ¿Te preocupa Kuchiki?
―Lo siento, ―mantenía su vista fija en los raspones que Chad tenía en el brazo―no puedo dejar de pensar en que ella pudo haberse lastimado y… ―un nudo se formó en su garganta.
―Orihime, no digas esas cosas. ―Yoruichi se mantenía en temple―Rukia es una fuerte shinigami.
Los chicos dirigieron su mirada hacia el pelinaranja en la espera de alguna agresiva reacción, sin embargo lo único que observaron fue a un hombre aletargado, con la mirada perdida, a causa de la angustia y desesperación por salir de aquel lugar.
::::
::::
::::
::::
Ahora la única alternativa que tenía era permanecer junto al Capitán Toshiro, ya que las circunstancias lo obligaron a buscar alianzas que aseguraran, por lo menos, la seguridad de Rukia. Esta situación se las informo inmediatamente a sus colegas con el fin de brindarles más seguridad en la ayuda por buscar a la shinigami. Por tal, se vieron en la necesidad de reunirse en la capitanía de la décima división para mermarse de la nueva situación, pues debían saber que la ojivioleta estaba perdida.
― ¿Y el shinigami sustituto dónde está? ―Hisagi miraba de reojo a Renji mientras se dirigía a Toshiro.
―No lo sabemos. En cuanto todo se calmó se habían ido. ―estaba sentado detrás de su escritorio.
―Capitán Histugaya, ¿Puedo preguntar a qué viene su apoyo? ―Kira se mostraba algo dudoso.
―Mi Capitán quiere ayudar porque la idea de asesinar a alguien, solo por orgullo, es retrograda. Solamente queremos mantenerla encarcelada hasta que sepamos realmente si existe una amenaza para la Sociedad de Almas. ―Rangiku estaba a un lado del shinigami alvino.
―Ya veo. ―Kira suspiro de alivio― ¿Dicen que se perdió por la zona norte del distrito 78?
―Sí, enviare a Matsumoto con ustedes para una búsqueda más exhaustiva. ―se recargo sobre el dorso de sus manos―Traten que la Capitana Soi Fong no los vea, sino querrá encerrarlos por traición u obligarlos a llevarla hasta Kurosaki y Kuchiki.
Dicho eso, Toshiro les permitió retirarse para comenzar a buscar a Rukia; el único que permaneció en la habitación fue Renji, quien se acercó al escritorio para solicitarle otro favor.
::::
::::
::::
::::
Estaba realmente disgustado, ¿Pero por qué? Si lo que deseaba hacer protegería el honor de su familia y su posición dentro de La Corte de las Almas Puras. Aun así, algo le incomodaba. Es así como rápidamente se adentró en su mansión para estar frente al altar familiar; sitio en el que podía hablar con ella y desahogar sus pesares.
Se limitó a encender los inciensos y las velas para alumbrar el altar. Sin embargo, cuando la tenue luz titilante de la vela más cercana ilumino la hermosa sonrisa, de aquella fotografía, se desarmo completamente. Aunque mantenía su semblante serio e inmutable, Byakuya no dejaba de cuestionarse si realmente hacia lo correcto, pues odiaba la idea de deshonrar nuevamente el orgullo de la familia Kuchiki.
―Hisana, mi hermosa Hisana. ―veía fijamente aquellos ojos violeta― ¿Estas molesta porque no supe cómo proteger a tu hermana? ―cerro los ojos mientras suspiraba―Ella… está esperando un ser que… me pone entre la espada y la pared.
―Disculpe mi atrevimiento, señor Kuchiki. ―el anciano estaba parado en el umbral de la puerta.
― ¿Ocurre algo? ―lo miraba sobre su hombro.
―No. ―se acercó lentamente―Señor Kuchiki, su abuelo era un hombre honorable, fuerte y benévolo; al igual que su padre. ―ya estaba alado del ojivioleta―Ellos buscaban arduamente mantener la estabilidad del honor y el orgullo de la familia. ―hizo una breve reverencia al altar.
― ¿A qué viene esta conversación?
―En realidad nada. ―lo vio unos segundos―Solo que busque lo que en verdad es importante para el bienestar de la familia Kuchiki, mi señor.
Sin decir más, el anciano se retiró dejando a un hombre con grietas de dudas en su mente y en su corazón. Mientras Byakuya veía fijamente la enternecedora y dulce mirada de su difunta esposa tomo una decisión que, efectivamente, beneficiaria el orgullo de la familia Kuchiki.
::::
::::
::::
::::
La falta de aire ya no era problema pero su cabeza le punzaba como si la estuvieran martilleando, causándole remolinos visuales al tratar de enfocar su vista. Al tantear, con su mano, sobre lo que estaba recostada, se percató de que estaba sobre un mullido futón.
― ¡Tsk! ―toco la herida detrás de su cabeza. ―Maldición.―entrecerraba los ojos al sentir una gran rajada detrás entre su cabello― ¿Dónde estoy?
―Recuéstate.
― ¿Eh?, ¿Quién eres? ―intentaba ver quien le hablaba― ¿Dónde estoy? ―al poder ver mejor, noto que estaba en una choza de madera vieja.
― ¡Que te quedes quieta!, la hería volverá a sangrar. ―un joven estaba en el umbral de la puerta.
Rukia gimió de dolor al sentir otra fuerte punzada en la herida ocasionando que se recostara, mientras que aquel extraño hombre se le acercaba para limpiarle la herida y cubrirla con algunas hojas medicinales.
Tras curarla y recibir la amenazadora advertencia de que no se moviera, Rukia se volvió, sobre el futón, para ver los movimientos de aquel hombre, haciéndola sentir un hueco en el pecho y una gran angustia al creer que algo no andaba bien. Sus ojos los tenía bien abiertos al no saber cómo responder ante una pieza faltante en lo último que recordaba.
― ¿Quién eres? ―insistía, quería reconocerlo.
― ¿Hum? ―no dejaba de meter leños a la choza― ¿Deque servirá que lo sepas?, de todos modos cuando te recuperes te largaras al Seireitei y te olvidaras de que existo. ―la miro fríamente―A los shinigamis no les importamos a los que vivimos en el Rukongai.
― ¿Shi... shi… shinigamis? ―abrió más los ojos.
― ¡Tsk!, ¿No me digas que no recuerdas que eres una shinigami? ―hizo una mueca con su boca con afán de burla.
― ¿¡Soy una shinigami!? ―se sentó sobre el futón mientras recargaba sus manos sobre el piso con inquietud.
― ¿Pero qué demonios? ―dijo para sí mismo― ¿De verdad no lo recuerdas? ―su sonrisa burlona se desvaneció al ver las lágrimas de la ojivioleta― ¡Demonios! No pensé que el golpe en tu cabeza realmente fuera grave. ―dejo caer los leños para acercársele.
Rukia aferro sus manos alrededor de su cabeza, se agacho hasta tocar el piso con su frente y dejo escapar un angustiante grito. No dejaba de repetir la misma pregunta: "¿Quién soy?". El joven extraño se inquietó al verla en ese estado, así que la sujeto de los hombros obligándola a verlo a los ojos:
― ¡Cálmate! ―no dejaba de hacerla verlo a los ojos. ―¡Ya recordaras quien eres!
― ¡Ahhh! ―no dejaba de sujetar su cabeza mientras la movía de un lado a otro.
― ¡Tranquilízate, Yuki!
Al pronunciar ese nombre, Rukia dejo de moverse, de sujetarse y de llorar. "¿Yuki?", ese nombre le resonaba en la mente.
― ¿Por qué me dijiste Yuki? ―lo veía fijamente a los ojos.
― ¡Tsk! Es obvio que no se tu verdadero nombre, y de esa forma puedo hablarte sin tener que decirte todo el tiempo "señorita" o "shinigami" ―la soltaba poco a poco.
― ¿Quién eres tú? ―bajo la mirada.
― ¡Uf! ―suspiro―Kano… Ashido Kano.
La ojivioleta levanto la mirada para contemplar a aquel hombre que la había salvado de una muerte segura, ya que los únicos recuerdos que tenía eran sombras moviéndose frenéticamente a su alrededor. Además de un fuerte viento, que la hizo salir expulsada, y del golpe antes de perder la conciencia.
Inesperadamente, Rukia abrió demasiado sus ojos y aferro sus manos a su vientre sin dejar de gritar agudamente, pues el dolor era tan insoportable que incluso el mismo Ashido se paralizo ante la expresión de sufrimiento de aquella mujer. Además, se impactó de ver algunas gotas de sangre caer por las tablas que mantenían en alto el futón.
― ¡Yuki! ―se acercó a la mujer hecha ovillo―¡Demonios! ―la vio a los ojos. ― ¿¡Estas embarazada!?
― ¡Ahhh! ―sus ojos estaban fuertemente cerrados― ¡No lo sé, no lo sé! ―la frustración de haber olvidado ese importante detalle la enloqueció― ¡Ashido! ―estiro su mano en busca de la de él.
Pero al entreabrir los ojos se percató de que la dejo sola, en medio de angustia emocional y dolor físico. Por varios minutos soporto sola el sufrimiento, y cuando estaba por perder la conciencia pudo ver a Ashido acercársele junto a otra persona que no logro distinguir pues el desmayo fue inevitable.
::::
::::
::::
::::
Durante los siguientes dos días las cosas seguían igual: Ichigo y sus amigos continuaban ocultándose, mientras buscaban a Rukia, de los escuadrones que los perseguían; Renji, Hisagui, Kira y Rangiku hacían lo mismo al buscar a los amantes; Byakuya no se quedó atrás pues, además de enviar parte de su división a rastrear a su hermana, él mismo la buscaba por otros lados.
Rukia seguía desaparecida, y por más que intentaban rastrearla a través de su reiatsu no lograban sentir la más mínima pulsación de su energía. Esto comenzaba a desesperar a Ichigo, pues deseaba saber la condición en la que estaban ella y su bebé.
―Kurosaki, la encontraremos. ―Orihime trataba decalmarlo.
― ¡Tsk!
―Kurosaki, deja de frustrarte, así no podremos proseguir en la búsqueda. Por lo menos ya salimos del Seireitei y estamos cerca de la zona donde ella se perdió. ―Uryu iba detrás del ojiambar.
―Vamos chicos, apresúrense. ―Yoruichi iba hasta elfrente.
"Espera Rukia, te encontrare cueste lo que cueste", pensaba mientras miraba hacia el frente con una gran determinación. Claro que, no era el único que pensaba lo mismo; sus amigos deseaban encontrarla pronto, en especial Hanataro y Orihime, pues les angustiaba la salud de la shinigami y de su bebé.
::::
::::
::::
::::
Lo miraba fijamente, asimilando aun la extraña petición que le había solicitado el Teniente, pues no estaba seguro de poder cumplirla pues debía anteponer las órdenes del Comandante Yamamoto, en caso de que contradijeran la solicitud recién escuchada.
― ¿Crees que eso arreglaría el problema, si es que la Capitana Unohana confirma una potencial amenaza? ―recargaba su mentón sobre el dorso de sus manos.
―Tal vez. Solo quiero asegurar que ella sobreviva. ―Renji lo miraba fijamente a los ojos.
―Bien, entiendo tu necesidad por protegerla. ―cerro los ojos y suspiro―Haré lo que este en mis manos. ―lo vio fijamente―Sí puedo mantenerla en estado de congelación, con ayuda de Hyorinmaru, para encontrar alguna solución… lo haré.
―Gracias Capitán Hitsugaya. ―inclino brevemente su cabeza antes de retirarse de la oficina.
"¿Sera buena idea? O… ¿Solo está desesperado?", Toshiro no dejaba de ver por la ventana mientras trataba de comprender el favor que Renji le había pedido. ¿Pero qué más podía hacer?, el teniente de la sexta división estaba seguro y quería creer en la esperanza de proteger la vida de Rukia, aun a costa de restar de la ecuación a aquel bebé.
Mientras tanto, Renji alcanzo a sus colegas para proseguir con la búsqueda, por dos días y dos noches sin éxito alguno. Extrañamente no se encontraron con el grupo de Ichigo, mucho menos por estar cerca de la misma zona en la que vieron por última vez a Rukia. "Maldito Ichigo, ahora que es conveniente encontrarnos desapareces también", Renji estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se percató de que alguien los veía, mientras buscaban alguna pista, hasta que una voz los sorprendió:
― ¡Ey! ¿Qué hacen aquí? ―Ikkaku estaba en una rama.
―Lo mismo que todos, buscando a los fugitivos. ―Renji no quería darles motivos para iniciar alguna pelea.
― ¡Tsk! No somos idiotas, Abarai. ―bajo hasta donde el pelirrojo―Sabemos que están rastreando a la pequeña Rukia.
― ¡Nah, nah, nah! Es feo mentir. ―Yumichika salía detrás del árbol, moviendo el dedo índice negativamente―No nos interesa lo que le ocurra a la niña noble, solo queremos enfrentarnos a Ichigo antes que nuestro capitán.
― ¡Ash! De todos los shinigamis tuvimos que toparnos con ustedes. ―Rangiku los veía con desdén.
―Solo déjenos acompañarlos, prometemos que si encontramos primero a la pequeña Rukia no nos entrometeremos… solo lo haremos si nos encontramos con el shinigami sustituto.
Renji y Rangiku se miraron durante algunos segundos, suficiente tiempo para que Hisagi interviniera y aceptara el trato pues le pareció conveniente "tener de su lado" a dos de los shinigamis que amaban las peleas. A esto, los tres shinigamis se anonadaron e intentaron convencerlo de que no era buena idea, ya que si atraían al Capitán Zaraki se verían envueltos en verdaderos problemas.
―Todo estará bien, ellos no son traicioneros… solo les gusta luchar. ―los veía sobre su hombro, pues se colocó frente a ellos.
―Muy bien, puede que nos ayuden si nos encontramos con las fuerzas secretas. ―Kira, se mostraba positivo al cubrir ese ángulo.
― ¡Ok! ―Rangiku cerró los ojos y suspiro profundamente.
Renji les conto el incidente para darles un panorama completo, ya que si deseaban estar con ellos para pelear contra Ichigo, creyó que por lo menos podían contribuir en encontrar a Rukia. Desde luego, Ikkaku y Yumichika no se negaron, pues el tener cara a cara a Ichigo era suficiente motivación para ayudar a sus colegas.
::::
::::
::::
::::
¿Cuánto tiempo duro inconsciente?... Lo suficiente cómo para que su vida diera otro giro inesperado. Cuando recobro la conciencia, Ashido estaba a su lado, viéndola fijamente y con un semblante de angustia dibujada en su rostro. La ojivioleta se sentía mareada, adolorida y con la horrenda sensación de un hueco en su ser.
―Creí que tardarías en despertar. ―el alivio se notó en sus ojos.
― ¿Por qué me desmaye? ―quería levantarse del futón, pero el dolor abdominal y el ojiclaro no se lo permitieron.
―Yuki, ¿Cómo es que olvidaste estar embarazada?
― ¿Qué? ―no sabía cómo reaccionar― ¿Cómo pude olvidarlo? ―repentinamente una calidez lleno su pecho, haciéndola aferrar su mano a la altura de su corazón―Yo… tenía casi tres o cuatro semanas… recuerdo eso vagamente. ―una nostálgica sonrisa surcaba su rostro.
―Yuki… ―sujeto la mano de la shinigami―Tú… ―la tristeza inundaba su mirada y su voz.
Aquella mirada, aquel tono de voz, ese contacto le indicaron a la ojivioleta que algo no estaba bien, por lo que se levantó exigiendo una explicación clara, pues deseaba recuperar sus recuerdos y si él sabía parte de ellos necesitaba que se los dijera. Tras la insistencia de la shinigami, Ashido no vio más remedio que explicarle el motivo por el cual ella perdió la conciencia.
Brevemente le relato que la persona que vio, antes de desmayarse, era una "medica" del lugar. Esto levanto más la curiosidad de Rukia por saber la verdad de esa pieza faltante tan importante. No muy seguro dedecirle las cosas, Ashido termino por decirle que aquella medica la reviso para asegurarse de que estaba embarazada, y que al confirmarlo intento salvar la vida del bebé, pues el fuerte golpe que recibieron al estrellarse contra el muro de roca realmente le afecto, a pesar de haberse amortiguado con él. Desde luego, Rukia no respondió positivamente:
―No… ―sus ojos estaban muy abiertos―No… ―se cubrió la boca con las manos.
―Lo siento, Yuki. ―quiso abrazarla, sin embargo recibió un rotundo rechazo.
― ¡Nooo!... ¡Nooo! ―lloraba, gritaba y golpeaba el piso con sus manos― ¡Ahhh! ―sus lágrimas no dejaban de cesar.
Rukia sentía que su mundo se desmoronaba, que el aire que inhalaba la laceraba como si millares de chuchillos desgarraran sus pulmones, que su sola existencia era una infamia por no tener a ese hermoso ser creciendo dentro de ella. Su devastación era aún más profunda por no haberlo recordado a tiempo, se odiaba más que nada en el mundo por perder sus recuerdos, su memoria, su vida. Se sentía el ser más desdichado en la vida.
Al verla destrozada, y con gran impotencia, Ashido la dejo sola para que se desahogara. Aun así, no evito compartir el dolor al dejar escapar algunas lágrimas, pues él también había sufrido la trágica pérdida de un ser amado, en específico de dos: su esposa e hijo.
::::::
3 GRACIAS POR LEER MI FIC 3
ღRukia_Kღ (L. Ro)
