Bleach no pertenece, es de Tite Kubo, solo los tomo prestados para poder crear una historia sin fines de lucro.
No esta basada en el manga ni en el anime.
Gracias a todos quienes han comentado y siguen leyendo mi Fic.
.
Capítulo 13: Quiero recordar
Comenzaba a alterarse y a desesperarse por no encontrarla. Tres semanas transcurrieron sin tener alguna pista de ella o algún indicio de que estuviera viva. Incluso Yoruichi comenzaba a preocuparse, ya que ni siquiera la ayuda de Urahara era suficiente para rastrearla.
―Kurosaki. ―Orihime quería darle ánimos, pero no sabía cómo―La encontraremos.
―Sí, lo sé. ―no despegaba su vista del atardecer―¿Pero cuando? ―apretó sus puños.
―Creo que por hoy es suficiente, ―Yoruichi los invitaba a acercarse a la fogata―no tiene caso que sigamos buscándola en estas condiciones.
― ¡Tsk!... Rukia, ¿Dónde estás? ―apretaba los dientes.
En ese instante, los seis abrieron demasiado los ojos al percatarse de la presencia de Ikkaku y Yumichika, por lo que se posicionaron defensivamente, esperando el primer golpe. Sin embargo, al verlos salir de entre los árboles, notaron que no iban solos. Renji, Hisagi, Kira y Rangiku los flanqueaban.
Hanataro fue el primero en angustiarse, pues eran cuatro tenientes los que estaban frente a ellos, sin mencionar a dos de los mejores oficiales de la onceaba división. A esto, Uryu lo tranquilizo al decirle que no iban a atacarlos, pues de haberlo querido ya estarían peleando. Por su lado, Ichigo se les acerco para cuestionarles sus intenciones:
―Nosotros solo queremos pelear contigo antes de que nuestro capitán te encuentre. ―Ikkaku sonreía de oreja a oreja.
―Ichigo, solo queremos encontrar a Rukia. ―Rangiku tomo la palabra―Mi Capitán se responsabilizara de ella para protegerla y a su bebé, y para eso necesitamos encerrarla bajo el cuidado de la Capitana Unohana.
―Ya veo. ―su ceño estaba más fruncido de lo normal―Renji… ¿Qué hay con Byakuya?
―No lo sé. Desde nuestro último encuentro no he sabido nada del Capitán Kuchiki. ―Renji lo veía con la misma angustia.
El anochecer los sorprendió rápidamente, por lo que Yoruichi intervino para hacerlos descansar y proseguir, por la mañana, con la actualización de información que cada grupo recolecto durante esas tres semanas.
::::
::::
::::
::::
Paralelamente, Rukia, entre sollozos, lucho por hallarlas piezas faltantes de su memoria. Casi no dormía, no comía y clavaba la mirada al vacío; sus ojos ya no eran de un violeta brillante, eran opacos y sin vida. Tener todo difuso, además de haber perdido al ser que amaba, la exasperaba. Por tal, su anfitrión se fastidio y la obligo a salir para que respirara aire fresco y recibiera luz de sol. En verdad le molestaba verla abatida y frustrada, pero al cabo de varias reprimendas logro hacerla comer:
―Yuki, Sé que aun te duele la…
―Por favor, no lo digas. ―sujetaba la cuchara cerca de su boca―Lo único que logre recordar ya no está conmigo. ―dejo la cuchara en su lugar y aferro su mano a su vientre―Recordé que era lo que más amaba en esta vida… y que deseaba tenerlo entre mis brazos. ―cubrió su boca para ocultar su sollozo.
―Yuki… ―al verla así lo animo a compartirle su dolor.
Rukia aún mantenía la mirada perdida, y aun así Ashido comenzó su relato. Al principio su rostro se ilumino, y su sonrisa surco su frío semblante. Casi cuatro años atrás él vivía en esa misma cabaña junto a su hermosa esposa y su pequeño hijo, mismo a quien llevaba consigo a pescar, cazar o a recolectar frutos y semillas. Su vida era plena, era feliz y no le importaba vivir cerca del bosque.
Durante esa parte del relato, Rukia mantenía la misma postura y el mismo gesto ido; solo miro con interés al joven narrador cuando este menciono la parte donde su tragedia daba lugar. Una mañana su pequeño estaba enfermo, así que lo dejo al cuidado de su madre para que no empeorara su malestar. Se fue sin pendiente pues nunca habían tenido problemas con los hollows en esa zona. Sin embargo, ese día todo cambio. Ya llevaba casi cuatro horas fuera de casa cuando de pronto vio una columna de humo salir por entre las copas de los árboles, justamente por la dirección de su choza. Así es como el joven corrió tan rápido como pudo para asegurarse de que no se trataba de su familia, pero el destino le jugo una cruel broma, pues al llegar se topó con una inmensa llamarada y una deforme figura entre los escombros: un hollow de tamaño descomunal de extraña forma canina.
La atención de la ojivioleta se tornó, más que morbosa, angustiada. Pero el joven no le prestó atención y prosiguió: Lo único que sostenía era una vieja hacha, misma con la que pensó acabar con el maldito hollow.
― ¿Qué ocurrió con tu familia? ―sus ojos estaban muy abiertos.
―Ese maldito… ¡Tsk! ―apretó los dientes y los puños. ―Justo cuando llegue asesino a mi hijo… a ella la mato por defenderlo.
―Ashido…
Lo veía a través de gotitas de agua, e intento tocar su mano pero se detuvo de súbito cuando él continúo contando: Al correr hacia el hollow, para eliminarlo, este lo golpeo fuertemente con su larga cola, haciéndolo volar varios metros entre los árboles. Entre jadeos de dolor, logro incorporarse y arrastrar los pies de regreso, únicamente para encontrarse con un par de shinigamis que eliminaron al hollow.
― ¿Por eso hablas con desdén cuando mencionas a los shinigamis? ―agacho su cabeza, pero aun así lo miraba.
― ¡Tsk!―se limpió los ojos con la manga de su kimono. ―¡Ja! Llegaron demasiado tarde, no tenía caso. Me hubieran dejado morir, así estaría con ellos.
Rukia meramente con verlo se dio cuenta de lo doloroso que fue su pasado. Era cierto, él la comprendía mejor que nadie pues sabía el sufrimiento por el que pasaba, así que sin darse cuenta lo abrazo para acallar su pesadumbre.
::::
::::
::::
::::
Orihime y Hanataro se mostraban muy alegres al preparar el desayuno para todos, aunque Uryu intervino pues no confiaba mucho en las artes culinarias de la ojigris. Mientras tanto, los demás se reunieron para ponerse al tanto.
―Tampoco hemos podido sentir su reaitsu. ―Renji apretó sus puños.
― ¡Ash! Es muy extraño, ya deberíamos haber sentido alguna pulsación, ―Ikkaku los miraba aburrido―o del bebé que espera.
Esto llamo la atención de todos, en especial de Hanataro y Orihime, quienes dejaron lo que hacían para introducirse en la conversación.
―Yoruichi, ―la veía con terror en los ojos―es cierto, ¿Cuánto tiempo tiene que no sentimos la energía espiritual del bebé?
― ¿Qué?... no lo sé. ―trato de hacer memoria, y cuando cayó en la cuenta se preocupó. ―Desde que ella se perdió no tuve tiempo siquiera de sentirla, y menos al bebé.
―No es posible que a estas alturas el bebé de la señorita Rukia no tenga pulsaciones propias, lo que lo hace más extraño pues a través de la energía de él deberíamos poder localizarla, ya que se supone no puede controlar el reaitsu, como Ichigo. ―Hanataro se rasco la cabeza ante su chiste inconsciente.
―Hanataro… ―la ojigris se acercó a él―… ¿Crees que…?―sus palabras denotaban tristeza.
― ¡Ahhh! ―al comprenderla, el pequeño shinigami se alteró.
Al verlos reaccionar de ese modo, Ichigo se levantó de su sitio para coger de los hombros a Orihime para sacudirla al mismo tiempo que le exigía una respuesta. La ojigris se asustó, por lo que sollozo un poco y le pidió al ojiambar que la soltara; tanto era el enfado de Ichigo que Uryu tuvo que intervenir para que la soltara.
―Relájate Kurosaki. ―Uryu hacia a un lado a Orihime.
― ¡Tsk! ―se agacho y sujeto entre sus manos su cabeza―Lo siento Inoue, pero no puedo aceptar que… ―aunque la chica no afirmo nada, él comprendió sus reacciones― ¡Ahhh! ―las lágrimas brotaban como ríos desbordados.
La incapacidad de no haber hecho algo por protegerlos lo devasto. Todo la daba vueltas y deseaba arrancarse el corazón. "Si es así, ¿Cómo se estará sintiendo ella?", pensó vagamente antes de soltar un grito desesperanzador. Se dejó caer de rodillas, enterrando sus dedos entre la tierra y rociando el poco pasto con sus lágrimas.
Todos los presentes se acongojaron al percatarse de que había un alto índice de que Rukia hubiera perdido a su bebé, pues de acuerdo apalabras de Hanataro es sumamente extraño que nadie lo sintiera. Fue así que Rangiku le envió una mariposa infernal a su Capitán para informarle, con la esperanza de que se lo haría saber a Byakuya, de quien aún no sabían algo.
::::
::::
::::
::::
Llevaba tres semanas buscando, al igual que las divisiones que estaban tras sus cabezas, aunque sus intenciones eran confusas. Aun así, hurgo cada rincón del Seireitei, y parte del Rukongai para encontrarla, sin éxito. El único sitio que le faltaba era donde ella vivía: el distrito 78. El hecho de acercarse lo hastiaba, pues temía encontrar algún indicio de ella, ya que de hacerlo aún no tenía la menor idea de que hacer.
―Capitán Kuchiki. ―una templada voz lo llamaba.
― ¿Qué ocurre, Capitán Hitsugaya? ―lo vio sobre su hombro.
―Iré contigo, necesito encontrarme con Matsumoto. Acaba de enviarme una mariposa infernal.
―Has lo que quieras. ―estaba por seguir su andar, pero lo que escuchó lo hizo detenerse de súbito.
―Tu hermana, Kuchiki Rukia, al parecer perdió a su bebé. ―se acercó a Byakuya―Que irónico, todos la buscan para asesinarla y aun no se enteran de que ese "potencial peligro" ya no existe.
Byakuya abrió demasiado los ojos, aun no daba crédito a lo que Toshiro menciono. "Rukia…", solo podía pensar en ella y en el dolor que debería de estar sintiendo, pues a pesar de que tenía a casi todo el Seireitei detrás de su vida estaba dispuesta a aferrarse a su bebé. Al notar la dolorosa expresión en el semblante de Byakuya, el shinigami alvino prosiguió con su andar, animándolo con una sencilla oración: "Tienes que encontrar a tu hermana, debe estar necesitándote más que nunca".
El ojivioleta hizo un recuento de sus actitudes para con su hermana, todas las ocasiones en que la hizo sentir un vacío en su corazón al no verse completamente aceptada por él. Tras apretar sus puños, siguió al pequeño shinigami con la intención de cuidar de su hermana, se lo debía no solo a ella, sino a su esposa, Hisana.
::::
::::
::::
::::
Al hallar el grupo de Ichigo, ambos capitanes se acercaron sigilosamente para toparse con una afligida escena: Ichigo se mantenía alejado de todos, arrodillado, en dirección al horizonte, y apretando los puños entre la tierra. Podía notarse su impotencia. A esto, Byakuya se acercó directamente a él, dejando a todos mudos por no haberlo notado al llegar junto a Toshiro, quien ya se hallaba con Rangiku para pedirle detalles de aquella teoría.
―Kurosaki, ¿Qué se supone que haces? ―lo veía con frialdad.
―Lo siento, Byakuya. ―lo vio sobre su hombro―No fui capaz de cuidar de tu hermana.
―Ella es una shinigami honorable y valiente, sabe cuidarse sola. ―se mantenía detrás de él.
― ¡Tsk! ―cerro con fuerza los ojos.
―Óyeme bien. ―alzo un poco la voz―Ella sabe cuidarse sola, pero en estos momentos debe estar en problemas y no es tiempo de que estés viendo la tierra. ―se le acercó para posar su mano sobre su hombro―Tienes que buscarla, nosotros haremos lo mismo desde otros ángulos que no puedas cubrir en un solo día.
La impresión no se la llevo solo Ichigo, también los demás pues enmudecieron al escuchar que el mismo Kuchiki Byakuya mostraba humanidad al preocuparse de su hermana pequeña, ademas de consentir su rescate. Yoruichi aprovechó el momento y le propino un fuerte golpe en la cabeza al ojiambar para hacerlo reaccionar y aceptar la oferta del ojivioleta, pues era una excelente oportunidad de abarcar más terreno. Dicho esto, todos se separaron en grupos: Rangiku con Toshiro; Ikkau y Yumichika; Uryu y Chad; Yoruichi, Hanataro y Orihime; Renji y Byakuya. Desde luego, Ichigo era el único que iría por su cuenta.
Mientras cada uno se alejaba, Renji miro sobre su hombro a Ichigo mientras susurraba que más le valía encontrarla antes que él, pues de ser al revés no sería capaz de dejarla ir esta ocasión.
::::
::::
::::
::::
Se avergonzó al sentir el abrazo, le agrado el dulce aroma, la suave piel que lo rozaba, incluso le agrado sentir los latidos de su corazón contra su pecho. Durante esas tres semanas no la había visto más que como un manojo de depresión y nervios, pero ese momento todo comenzaría a cambiar. Sin darse cuenta, correspondió el abrazo, recargando su mentón sobre la cabeza de aquella mujer. "Es muyc álida", Ashido cerró los ojos y deleitaba su olfato con ese delicioso aroma a cerezo blanco.
―Lo lamento. ―se apartó repentinamente de él.
―No tienes porque, Yuki. ―dejaba que se soltara del abrazo.
―Ashido, ¿Puedo preguntar algo?
―Sí.
― ¿Por qué no te has vuelto a casar? ―bajo la mirada.
Esa pregunta la había evitado durante esos cuatro años, incluso llego a alejarse de las personas del pueblo con tal de evadir esa pregunta. Y pese a su sorpresa e incomodidad, no se negó a responder. El joven ojiclaro carcajeo un poco antes de ver a los ojos a Rukia y levantarle la cara:
―Para ser honesto, nunca quise responderme ni a mí mismo esa cuestión.
―Aun eres joven, deberías considerarlo. ―sus ojos aun resguardaban algunas lágrimas.
No respondió, sencillamente se limitó a admirar a aquella nostálgica mujer que lo invitaba a ser feliz y recomenzar su vida. "Ni siquiera me conoce, ¿Por qué se preocupa por mí?", la veía con detenimiento, si darse cuenta de que comenzaba a gustarle.
En cuanto a Rukia, sus latidos le martillaban el pecho, dándole la sensación de perder el aliento al visualizar difusamente una imagen. Y no era cualquier imagen, era la de un varón que la hacía sentirse segura, protegida y amada, pero el maldito dolor de cabeza la regreso a la realidad de que tal vez nunca lograría averiguar quién era aquel hombre por el que su corazón clamaba. Aun así, se resguardo nuevamente en el abrazo de Ashido, pues él la había estrechado al verla hiperventilar.
― ¿Estas bien?
―Quiero… quiero recordarlo… ―sus manos rodeaban su cabeza. ―Ashido, ¿Quién es él?
― ¿De quién hablas? ―no dejaba de abrazarla.
―De él, de esa sombra que mi corazón intenta mostrarme. ―cerro con fuerza sus ojos.
―Tranquila, Yuki. ―comenzaba a interesarse en ella, por lo que le angustiaba verla de esa forma.
No paraba de llorar, no hasta que Ashido la sujeto por los hombros para que lo viera a los ojos. Ella estaba en lo cierto, debía recomenzar su vida. Lo único con lo que no contaba era que en ella creía tener la oportunidad de hacerlo, lo cual no estaba mal pues la ayudaría también a olvidar su doloroso pasado y escribir una nueva historia a su lado.
―Yuki, quédate conmigo. ―se acercó lentamente a su rostro.
― ¿Qué? ―algo en su inconsciente la hizo retroceder―Espera.―interpuso sus manos entre sus cuerpos―Yo… no estoy segura de que sea lo correcto, ni siquiera recuerdo mi verdadero nombre, acabo de enterarme de que iba a ser mamá y ahora mi corazón me dice que hay alguien más a quien debo recordar.
―Lo sé, pero no estamos seguros de que lo recuerdes. ―no la soltaba― ¿Y si no lo haces?, ¿Vas a perder tu vida por esperar a alguien a quien olvidaste?
Por un segundo sus palabras mataron una parte de su lógica. Mientras trataba como refutar aquella idea, Rukia se vio sorprendida con un suave beso de Ashido. Abrió demasiado sus ojos al verse indefensa. "No, esto no está bien", pensaba al mismo tiempo que se dejó sucumbir poco a poco ante la extraña sensación de sus caricias que recorrían su cintura.
―Yuki, por favor, quédate conmigo. ―junto su frente a la de ella.
―Ashido… no lo sé… algo no está bien… ―aferraba su mano a la altura de su corazón.
―Todo estará bien, te lo aseguro.
De nuevo le robo un beso, esta ocasión correspondido con un poco de duda y confusión. No resistía acariciarla, aunque fuera sobre el viejo kimono que le consiguió para tirar el uniforme de shinigami. Por su lado, Rukia llego a pensar que una chispa se encendía en su pecho, convenciéndola de aceptar la petición de Ashido.
Prontamente un extraño deseo los recorrió, invitándolos a perecer ante un instinto carnal. Mientras besaba su cuello deslizaba la prenda para recorrer con más facilidad el contorno de sus hombros y su cintura. Se embeleso al su hermosa desnudez, pues Rukia se había sonrojado completamente. Y cuando intento cubrir sus pequeños senos, Ashido la detuvo mientras le susurraba en el oído que era una hermosa mujer. Esto estremeció a la ojivioleta pues súbitamente recordó una voz que le decía algo muy similar, pero aquel difuso recuerdo se disipo al sentir los besos del ojiclaro sobre su cuello.
―No estoy muy segura de esto. ―interponía sus manos entre ambos.
―Lo siento, Yuki. ―se detuvo, pero no dejaba de acariciar su ceñida cintura―Es que eres tan hermosa. ―su deseo comenzaba a ganarle a la sensatez.
―Ashido. ―no resistió más.
Rukia comenzó a despojarlo de sus ropas para contemplarlo, con gran timidez, en la misma desnudez en la que él la había dejado. Suavemente él la recostó sobre el futón sin dejar de acariciarle sus muslos, su cintura y su cadera.
―Quédate conmigo. ―la veía con seducción.
―No puedo. ―sus ojos estaban entrecerrados al percatarse de que él se estaba colocando entre sus piernas. ―No puedo.
―Yuki, quédate conmigo. ―al mismo tiempo que la beso, la penetro dócilmente.
― ¡hah! ―cerro un poco los ojos al sentirlo adentrarse en ella. ―Ashido, yo…
―Yuki.
Cuando se sumergió por completo en ese delicado cuerpo, realizo su vaivén con mucha suavidad. Rukia disfrutaba del placer que le proporcionaba, tanto que se dejó llevar y realizaba ligeros subibaja con su cadera para completar el circuito de éxtasis. Ambos jadeaban y gemían de placer, sus cuerpos se bañaron con millones de perlas liquidas.
Por algunos minutos, la ojivioleta creyó volver a su tan añorada realidad. Entre gemidos de placer, la shinigami cerro aún más los ojos, sin saber que dentro de aquella oscuridad se toparía con algo realmente inesperado:
"― ¡Ja! ¿Otra vez olvidaste a ese inútil? ―era él, el hollow blanco de Ichigo.
― ¡Ah! ¿Quién eres? ―de alguna forma logro conectarse en la superficie de su mundo interno, y ya no era Ashido con quien estaba.
― ¡Tt! ¡tt! ¡tt! ―movía el dedo índice negativamente―¡Vaya! Eres perversa, mira que olvidarlo dos veces y esta ocasión traicionarlo de verdad con otro, yo solo plasme esa ilusión en lo más profundo de tus instintos, pero esta ocasión excediste los límites, Kuchiki Rukia.
― ¿Cómo me llamaste? ―sus ojos se agitaban al escuchar su nombre― ¿Ese es mi nombre?
―Ni siquiera te importa que hago en tu mundo interno. ―la veía con expectación― ¡Ok! Te lo explicare para que comprendas. ―le sonrió burlonamente―Parte de mi esencia estaba en tu mundo interno, pues esperaba que al llegar el momento justo me introduciría en el mundo de tu bebé, pero no fue así ya que…
― ¡Cállate! ―lo veía con odio.
―De acuerdo, no volverás a verme, pues no tiene caso perder energía al mantenerme aquí. Solo recuerda bien tu nombre."
Bruscamente Rukia deshizo su unión con Ashido para envolverse con la manta y hacerse ovillo en una esquina. Esto desconcertó al ojiclaro, por lo que busco la forma de acercársele y saber la razón de su repentino cambio de humor, pero lo único que obtuvo fue un "Aléjate de mí".
::::
::::
::::
::::
Apenas transcurrieron un par de horas cuando dividieron el grupo, y para su suerte se encontró la misma Soi Fong junto al escuadrón de fuerzas especiales. La sonrisa irónica de la shinigami, le fueron suficientes a Ichigo para darse cuenta de que no saldría sin rasguños. Lo único que debía hacer era enfrentárseles y continuar con su camino, pues algo comenzaba a incomodarle en lo más profundo de su corazón.
― ¡Shinigami sustituto!, ¿A dónde crees que vas con tanta prisa?, ¿Ya encontraste a Kuchiki Rukia? ―su voz también era irónica.
―No te entrometas, Soi Fong. ―se mantenía sereno, pero listo para desenfundar a Zangetsu de ser necesario.
― ¡Vaya!, no pensé que aun tuvieras agallas, no sé si considerarte un hombre valiente o idiota.
― ¡Tsk! ―su ceño se frunció aún más.
―Sí eres listo, Kurosaki, me dirás donde esta esa niña. ―caminaba hacia él―Anda, dime de una vez.
―Aunque lo supiera, nunca te lo diría. ―sonrió―¡Zangetsu!
En un parpadeo, Ichigo estaba rodeado por los miembros de las fuerzas especiales, y uno por uno lucho cuerpo a cuerpo contra ellos, blandiendo ocasionalmente su zanpakuto al liberar un Getsuga Tensho que los lanzaba lejos de la zona de pelea. En cuestión de minutos, casi todos los miembros estaban inconscientes o mal heridos como para seguir combatiendo con el shinigami sustituto, por lo que la Capitana de la segunda división tuvo que tomar cartas en el asunto.
Realmente molesta e impaciente, Soi Fong corrió hacia Ichigo para sorprenderlo con un fuerte golpe con su pie. Ella creía que el impacto lo lanzaría varios metros, pero ella fue la sorprendida al notar que él la había sujetado del tobillo para arrojarla en otra dirección. Desde luego, la pelinegra maniobro su cuerpo de tal forma que cayo arrastrando su rodilla derecha y mano izquierda contra la tierra.
― ¡Tsk!, ¿Desde cuándo te volviste más ágil y fuerte?
―Desde que tuve otro motivo que proteger. ―no pretendía actualizarle la información de que Rukia posiblemente perdió al bebé, pues ni él mismo lo tenía confirmado―Apartare de mi camino. ―sus ojos expulsaban ira.
―Tengo órdenes directas de no dejarte salir con la tuya.
Tras su burlona sonrisa, Soi Fong corrió nuevamente hacia él para iniciar un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, en el que Ichigo tenía un poco de desventaja pues apenas había logrado manejar el arte de la espada. Varios puntapiés en su rostro, sus costillas y sus piernas lo dejaron adolorido y cansado, aun así no dejaría de luchar.
En un hueco temporal logro liberar su Bankai, lanzando inmediatamente un potente ataque que por poco alcanza a la pelinegra. Un detalle que ella averiguo hasta despues, era que Ichigo se volvía más rápido y ágil al liberar a Tensa Zangetsu.
― ¿Pero qué…? ―miraba para todos lados al tratar de distinguir a Ichigo. ― ¡Tsk!, ese maldito.
―Dije que te apartaras. ―no dejaba de moverse alrededor de la shinigami.
―No lo harás fácil. ―cerro los ojos― ¡Jinteki Shakusetsu, Suzubemachi!
Soi Fong volaba hacia él, con Suzubemachi por delante, con la intención de golpearlo dos veces en el mismo punto. Pero los reflejos del pelinaranja le permitieron bloquear el ataque al interponer la hoja de Zangetsu entre ambos.
―Eres rápido. ―antes de retomar su combate, una voz los detuvo.
― ¡Alto, Soi Fong! ―era Yoruichi, quien salía de entre los árboles junto a Hanataro y Orihime.
― ¡Señorita Yoruichi! ―automáticamente se acercó a ella. ―Lo siento, tengo ordenes de llevármelo preso junto a la shinigami Kuchiki Rukia. ―se inclinó un poco ante la morena.
―Lo sé, pero podrías hacerte de la vista gorda unos días.
― ¿Hum?, ¿Por qué su afán por salvarla? ―veía con disgusto a sus acompañantes.
―Tenemos que corroborar un asunto muy delicado, ¿Puedes confiar en mí? ―le sonrió, sabía que eso desarmaba a su pequeña amiga.
― ¡Tsk!, de acuerdo, lo haré por usted. ―apretó los puños, les dio la espalda y les ordeno a los miembros de las fuerzas secretas que se retiraran.
Ichigo los veía con expectación, pues se suponía que debían separarse para abarcar más terreno. Pero lo único que consiguió, al preguntarles la razón de su aparición, fue un estruendoso regaño, ya que Yoruichi lo veía con ojos asesinos.
― ¡Tsk!, debí enseñarte a controlar mejor tu reiatsu. ―se cruzó de brazos―Si continuas así el Capitán Zaraki te encontrara y no podre ayudarte.
―Ichigo, a partir de ahora yo iré contigo. ―Hanataro se señalaba a sí mismo mientras se le acercaba.
―Yo me quedare con Yoruichi. ―Orihime se quedó a lado de la morena.
― ¿Por qué Hanataro ira conmigo? ―sentía que le tomaban el pelo.
―Esperamos que encuentres primero a Kuchiki. ―bajo la mirada―Y de ser así, Hanataro quiere ser quien la cure, de ser necesario. ―jugueteaba con sus dedos índices.
―Ya veo. ―miro al pequeño shinigami―Gracias, Hanataro.
―No tienes que agradecerlo, aprecio a la señorita Rukia. ―sujetaba el aza de su mochila―Quiero serle de más ayuda.
―Bien, no es tiempo de ponernos sentimentales, tenemos una misión que completar. ―la morena aplaudió para atraer su atención―Vamos,Orihime. Cuídense. ―los miro de reojo antes de desaparecer entre los árboles junto a la ojigris.
Sin nada más que hacer, Ichigo retomo su camino junto a Hanataro. Ambos iban en silencio, con la esperanza de hallar a Rukia y asegurarse de que sus presentimientos fueran falacias.
Al paso de las horas, Hanataro comenzaba a fastidiar al pelinaranja al exigirle descansar un poco y buscar algún sitio donde pasara la noche, pues el atardecer ya estaba presente. Después de varias muecas Ichigo accedió, por lo que comenzaron a buscar un río o lago para refrescarse un poco y acampar a un lado.
― ¡Ah! Ichigo, hay bastante musgo en las rocas. ―veía fascinado la roca.
―Eso quiere decir que hay agua cerca. ―paso de largo al pequeño shinigami―Anda, sigue buscando las rocas con musgo.
―Tenemos que atravesar entre los árboles y esa espesa yerba. ―señalaba aquella trampa natural.
― ¡Afff! ―exhalo― ¡Ok! ―desenvaino su zanpakuto para cortar las yerbas, y aun así no evitaban recibir raspones.
Hanataro iba detrás de Ichigo y aun así no evitaba tropezar constantemente con pequeñas piedras, o hundir un pie en algún desnivel, así que sus quejas de dolor se oyeron en todo el camino. El pelinaranja ya estaba exasperándose de la torpeza del pequeño shinigami, tanto que deseaba golpearlo en la cabeza, pero para su fortuna vislumbro más claridad a través de algunos árboles.
―Por fin. ―hizo una mueca de alivio. ― ¡Ey! Hanataro, crees que haya agua por allá. ―señalo con un gesto de cabeza.
―Sí, hay bastante musgo en los troncos y en la tierra.―sonrió.
―Grandioso. ―sonrió de gusto.
Cuando estuvo por acercarse, el pelinegro no dejaba de seguir lastimándose, aun así a Ichigo ya no le importaba pues ya estaban por llegar a su destino, mismo del que no pretendía encontrar algo que lo dejara sin aliento.
Al terminar de cortar algunas yerbas más, Ichigo noto que efectivamente había un pequeño lago, al igual que una pequeña figura dentro del agua. Pero por causa del brillo, de los rayos de sol en su cara, no distinguió inmediatamente de quien se trataba. Por lo menos hasta que Hanataro se tropezó con una piedra –golpeando su cara contra la espalda de Ichigo- haciéndolo caer en el agua, ante aquella figura.
Cerró con fuerza los ojos e inhalo todo el aire quepudo, pero aun así no aguanto más y salió repentinamente del agua respirandoagitadamente. Paralelamente, la persona que estaba en el agua comenzó a gritarenérgicamente, mientras se cubría el torso con sus brazos. Al tallarse losojos, Ichigo trato de disculparse, pero al abrirlos y ver detenidamente dequien estaba frente a él –sin la luz del sol cegándolo- su aliento se cortó.
―No grites, lo siento, lo… ―dejo de limpiarse el agua―Eres…
::::
::::
::::
::::
Cubrió su rostro entre la manta, abrazaba con fuerza sus piernas mientras apretaba los dientes de ira. "¡Tsk!, ¿Quién era? Y ¿Por qué me dijo Kuchiki Rukia?... ¿Acaso es mi nombre?, además, no puedo alejar la imagen indefinida de aquella persona". No lloraba, pero tampoco mostraba sensatez, mucho menos cuando Ashido seguía intentando acercársele.
―Dije que te alejaras de mí. ―levanto un poco la cabeza para verlo con un ojo―Te dije que no estaba bien… Yo no puedo quedarme contigo. ―volvió a ocultarse entre sus rodillas.
―Yuki, lamento si te hice daño. ―le dolía decirlo ya que comenzaba a sentir algo por ella.
―No me digas Yuki.
― ¿Qué? ―se desconcertó― ¿Cómo te llamo entonces?, no sé cuál es tu verdadero nombre.
― ¿Has oído de alguien llamada, Kuchiki Rukia?
― ¿Kuchiki… Rukia?
No comprendía por qué le preguntaba precisamente ese nombre, y otra cosa que pico su curiosidad era de donde rayos lo saco. Dudo algunos segundos antes de cuestionarla sobre el repentino recuerdo de ese nombre, ¿Acaso era su madre, su hermana, o alguien más?
―Creerás que soy extraña, ―se descubrió hasta los hombros.
―Solo quiero ayudarte, y si hablando de eso sirve de algo creo que deberías exteriorizarlo.
―De acuerdo.
Lo vio fijamente al relatarle la extraña experiencia que tuvo con aquel extraño hombre, completamente alvino y de sonrisa sarcástica. Y no solo eso, también le menciono haber tenido algún encuentro con ese mismo ser tiempo atrás, pero lo que más la atormento de esa ocasión era que la señalara como traidora a un hombre que no recordaba. Su conciencia se vio consumida y, aunque no supiera porque, no dejaba se sentir el remordimiento. Y tras escuchar aquel nombre y la existencia de ese hombre, sabía que no podría vivir tranquila hasta recobrar sus recuerdos.
Ashido la escuchaba atento, manteniendo la serenidad. Incluso cuando ella reafirmo que su encuentro casual fue un grave error. Eso lo lastimo. Le costaba aceptar que ella deseaba recobrar su memoria, ya que eso significaba que no tendría oportunidad de estar a su lado.
―Yuki… Lo siento… ―bajo la mirada al no saber cómo hablarle.
―Necesito recordarlo ―restregó la palma de su mano sobre su frente―, quiero saber quién es y que tiene que ver con mi vida.
Rukia se levantó del piso, aun envuelta con la manta, para ir al pequeño lago que se encontraba cerca de la choza. Era casi de noche, por lo que no habría problema en que alguien la viera. Al mismo tiempo, Ashido solo la dejo irse pues sabía que, esta vez, regresaría. Sin embargo, no resistió pensar en su hermoso cuerpo, su cálido aliento, su delicioso aroma y su suave piel junto a la suya; por lo que la siguió. Y al verla metiéndose lentamente en el agua clara, deleito su pupila al ver su delicado cuerpo, su fina cintura y su seductora espalda. Era preciosa, en especial a la luz del atardecer.
La ojivioleta se recargo en una roca para meditar sobre su extraña experiencia. "Mundo interno, ¡Mm!... Ese ser alvino me dejo con más dudas que antes, ¡Tsk!, si tan solo tuviera alguna pista…", sus cavilaciones se vieron interrumpidas al escuchar ruidos raros cerca de donde estaba. Por supuesto, Ashido también presto atención para saber de dónde provenía ese ruido.
Se quedó dentro del agua, esperando a que algo saliera de entre las yerbas. Comenzaba a asustarse, en especial al escuchar constantes gemidos –como si alguien se estuviera quejando por alguna molestia- que se oían cada vez más cerca. De pronto, una silueta apareció entre las yerbas cortadas.
― ¿Quién es? ―dijo para sí misma― ¡Ah! ―en aquel momento, aquella silueta salió disparada hacia el lago, cayendo justo frente a ella.
En una fracción de segundos, aquella persona que cayó y salió abrumante del agua -al mismo tiempo que se limpiaba el agua de sus ojos para poder abrirlos, Rukia grito con todas sus fuerzas, sin dejar de abrazarse a sí misma.
―No grites, lo siento, lo… ―dejo de limpiarse el agua―Eres…
― ¡Sal del agua! ―cerro los ojos― ¡Salte!
― ¡Oh!, señorita Rukia. ―Hanataro se incorporó y enseguida la vio.
―Rukia.
― ¡No soy Rukia! ― interpuso sus manos― ¡Aléjate de mí!
― ¿¡Qué demonios te pasa!? ―un desconcierto inundaba su corazón.
Al mismo tiempo, Ashido había ido por una espada vieja que tenía guardada, pero al cabo de ese breve momento escucho el fuerte grito que Rukia emitía:
― ¡Yuki! ―salió corriendo de la choza con la espada en mano. ― ¿¡Estas bien!? ―se detuvo de pronto al ver la razón por la cual ella grito. ― ¡Tsk!
Entrecerró los ojos y apretó con fuerza el mango de la vieja espada, apuntando hacia aquel hombre que la sujetaba de los hombros y le alzaba la voz.
::::
::::
::::
::::
De la nada un estremecimiento recorrió su columna vertebral, haciéndolo volver la mirada como si algo lo estuviera incitando a ir por aquella dirección. Se quedó mucho tiempo parado, llamando la atención de suacompañante:
― ¿Ocurre algo?
―Nada. ―no dejaba de ver a aquella dirección.
―Entonces deja de perder el tiempo, tenemos que buscar a Rukia.
―Sí, lo siento, Capitán.
En lo profundo de su corazón, Renji presentía que a donde se dirigían no encontrarían a Rukia. En cambio, por la coordenada en la que fijo su atención posiblemente tendrían más éxito, pues no por nada sintió esta sensación de necesidad por encaminarse al sentido contrario. Y como aquel presentimiento no lo abandonaba, le insistió a Byakuya ir al noroeste del Rukongai. Al principio el ojivioleta se reusó, pero al ver la seguridad en los ojos de Renji se dejó convencer. Tardaron casi todo lo que restaba del día llegar hasta los límites del Rukongai con el bosque, solo faltaba recorrer el perímetro. Pero Byakuya creyó más conveniente descansar un poco antes deproseguir, pues ninguno había dormido o comido bien durante las últimas tres semanas.
Ambos estaban frente a la fogata donde cocinaban los pescados que el pelirrojo había ido a pescar, dispuestos a cenar y descansar un poco hasta que un lejano grito llamo su atención:
― ¿Hum? ―se volvió hacia donde se escuchó el grito―No creo que sea un hollow, ya hubiéramos sentido su presencia. ―Renji no dejo decomer.
Byakuya también estaba seguro de que no se trataba de un hollow que logró colarse en la Sociedad de Almas, sin embargo, ahora era él quien presentía que no debían echar en saco roto aquel lejano grito. Algo planeaba, pero no quería comentarlo pues detestaba la idea de estar equivocado, así que espero a que Renji durmiera profundamente para averiguar de quien se trataba.
:::::::::
ღRukia_Kღ (L. Ro)
