Transportes
¿Cuatro años? Lo haré en tres.
Recordaba en su cabeza con nitidez el momento en el que, con descaro, le había dicho a Pike que obtendría su graduación en comandos antes de tiempo. Sin embargo Jim, en días como este lamentaba haber pronunciado semejantes palabras. No era que se arrepintiese de haberse unido a la flota, nada más lejos de la realidad, pero el plan de estudios para conseguir sus objetivos en un año menos que el estimado como mínimo para los estudiantes más brillantes empezaba a ponerse duro, muy duro en realidad.
Las últimas noventa y seis horas de Jim se habían dividido entre sus clases, sus exámenes, y más clases y más exámenes.
Afortunadamente todo había acabado y ahora, por delante, le esperaban tres semanas de tranquilidad. De hecho, su cabeza sólo tenía en mente el llegar a su cuarto, lanzar la bolsa a un lado, y tirarse sobre la cama a dormir hasta que su propio cuerpo se despertase sin que ninguna alarma le sacase de su sueño. Sin embargo, cuando llegó a su habitación supo que no podría descansar, no al menos hasta saber porque su mejor amigo estaba golpeándose la frente con el dorso de las manos.
–Hola Bones, ¿intentando retener información? ¿o tratando de deshacerte de un exceso de la misma?
–Muy gracioso Jim.
–Ya, pero no me has respondido.
–Tengo una prueba, y la voy a suspender.
–¿Tú? ¿suspendiendo un examen? No puedo creérmelo– Jim dejó sus bolsas en el armario–. Eres una de las personas más inteligentes que conozco, no vas a suspender.
El médico abandonó su posición y le miró con pesar.
–No es un examen de conocimientos, es una prueba práctica. Tengo a una lucha desde un transporte directo. Pero soy incapaz de hacerlo en el tiempo mínimo estipulado.
–Pues entonces debes entrenar más. ¿A qué hora tienes tu pase de examen?
El pase de examen era la última opción que un cadete tenía para usar una sala de entrenamiento tridimensional, grabar su prueba, y enviarla para que su instructor la evaluase. Aunque algunos optaban por enviar sus pruebas antes de tiempo, la mayoría de los cadetes optaban por alargar sus entrenamientos y hacer uso de su pase.
–A las nueve y media.
–Pues aún tienes dos horas y media por delante.
–Ya, pero todas las salas están reservadas– Bones resopló–. Creo que no soy el único angustiado con los exámenes simulados– frunció el ceño al ver que Jim escribía con rapidez en su padd–. ¿Me estás escuchando?
–Por supuesto Bones, estabas llorando acerca de algo y… ¡Aquí está!– Jim sonrió ampliamente y tomó la chaqueta de cadete de su amigo lanzándosela–. Coge tus cosas de médico, nos vamos a practicar.
–Pero no tengo turno hasta las nueve y…
Jim empujó a su amigo hacia la salida y le obligó a seguirle hasta los jardines.
–Estas horas son las últimas que tengo para estudiar Jim, si suspendo por tu culpa…
–Dame un poco de crédito– dijo Jim tomando a su amigo por el hombro–. En diez minutos te veo en las salas de simulación.
–Pero…
Bones desistió en su intento por continuar su frase ya que Jim se alejaba corriendo hacia los edificios principales. De hecho el rubio fue directamente hacia la zona de ocio, entrando en la cafetería, en dónde no tardó en localizar a Uhura, conversando junto a dos amigas. Se acercó a ellas, y, pasando tras la morena, se sentó a su lado.
–Que hermosa estás en esta tarde– le dijo el rubio con una sonrisa.
Las otras dos chicas rieron y Uhura rodó los ojos.
–¿Qué quieres Kirk?
–¿Por qué eres tan brusca conmigo?– gimió Jim.
–Porque eres un idiota descerebrado que, día tras día, me lanza los trastos aún cuando sales con una de mis mejores amigas.
–Rompes mi corazón Uhura– Jim se dio un par de palmaditas en el pecho mientras guiñaba un ojo a las compañeras de Uhura– Está bien, te perdono a cambio de un favor.
–¿Qué tú me perdonas a mi? Dios, eres más idiota de lo que creía.
–Venga mujer, si te pido bien poco. Sé que tienes reservada la sala de simulación tridimensional dos, de siete a ocho y media.
–Sí, tengo que practicar la respuesta ante mensajes de emergencia cifrados.
–Tienes casi un mes hasta que te examinen de ello, pero yo necesito esa sala hoy. ¿Me la dejarías?
–Ni en broma Kirk.
–¿Y si te consigo un acceso ilimitado a la sala durante tres tardes de la semana que viene?
Uhura arqueó una ceja pero negó con la cabeza.
–No Kirk.
–Si no lo haces por mi, hazlo por Bones.
–¿Qué pinta Leonard en todo esto?
–Tiene examen práctico de respuesta médica en campo de batalla y no es capaz de realizar el salto del transporte en el tiempo requerido. Necesita practicar pero su examen es hoy mismo– Uhura se mordió el labio–. Por favor…
–Está bien Kirk– Jim le dio un beso en la mejilla antes de saltar del banco para correr hacia la puerta–. Pero quiero esas tres tardes de simulador.
–Eso está hecho.
–¡Y tu firme promesa de que no volverás a besarme!
Volviéndose, Jim le lanzó un beso que causó la ira de Uhura pero que hizo reír a sus compañeras.
–Aquí– Jim entró corriendo en el pasillo de los simuladores, completamente abarrotado de cadetes en prácticas y cadetes que estaban realizando sus exámenes virtuales–. Sala dos.
–¿De dónde vienes corriendo?– Bones frunció el ceño–. ¿Y cómo has conseguido una sala en medio de todo este caos?
–No lo quieres saber– Jim abrió la puerta y entró.
La sala era un cuadrado de ocho por ocho metros. En ella había varios aparatos que simulaban situaciones reales y, lo que Jim necesitaba: una plataforma de salto que llevaba a una sala de simulación situada justo por encima de sus cabezas.
–Bien, tenemos una hora– anunció Jim mientras dejaba a un lado su bolsa y comenzaba a encender los sistemas que necesitaban–. ¿Qué prueba debes superar?
–Asistencia en campo de batalla de un superior al mando. He de llegar hasta él, asegurar su estado y solicitar un transporte en menos de nueve minutos.
–¿En cuanto lo estás haciendo actualmente?– quiso saber el rubio terminando de configurar la simulación.
–En doce– murmuró Bones–. Soy incapaz de ponerme a funcionar tras el transporte, me siento enfermo, mareado, y hasta que no recobro el aliento… que lamentable.
–Vamos, vamos, que harás cosas peores– le dijo Jim con simpatía–. Además, esto tiene fácil arreglo.
–Ilumíname.
–Práctica.
Durante los siguientes minutos, Jim se dedicó a observar la forma en que Bones se movía sobre la plataforma de transporte y sus posteriores intentos de recuperarse. Tras corregir su postura, e indicarle cuando debía cerrar y abrir los ojos para minimizar la sensación de vértigo, el rubio le acompañó en dos simulaciones mientras tomaba buena nota de sus fallos antes de comentarlos con el moreno.
–Vamos a intentarlo una vez más– dijo Jim mientras Bones tomaba aliento–. Pero ahora quiero que no pienses sólo en tu oficial al mando. Quiero que pienses en ti.
–¿En mi?
–Sí Bones. Como médico eres excelente, tal vez uno de los mejores con los que cuenta la flota. Sin embargo cuando saltas al campo de batalla te mueves con demasiada despreocupación cuando deberías ser cauto. Tu instinto de ayudar a los demás prima sobre el de autopreservación y eso, como médico, no puedes permitírtelo: si tú caes nadie podrá recuperar al oficial al mando, ni a los soldados, ni a los rehenes que se logren liberar. Por eso, a partir de ahora, quiero que salgas a la simulación con un único pensamiento: si no eres cuidadoso, si caes en combate, vas a dejar huérfana a una preciosa niña de grandes ojos castaños y eso, amigo mío, es algo que no te perdonaría nunca– apretando los dientes, Leonard asintió–. Pues entonces: vamos una vez más.
Tres cuartos de hora más tarde Leonard fue capaz de hacer la práctica en nueve minutos. Finalmente, en su nuevo intento, el médico rozó los ocho minutos.
–¿Te importa realizar esta simulación solo?– Jim dio un trago a su botella de agua–. Necesito ir un minuto al baño.
–Sí, descuida– Bones se ajustó los cinturones y tomó aire mientras se subía a la plataforma y el crono se ponía a cero–. Transporte.
Las luces envolvieron su cuerpo y, en unos segundos regresó al campo de batalla al que se lanzó con toda la rapidez que pudo, gracias a los consejos de Jim. Cuando su labor médica concluyó, ordenó un transporte de regreso con el cuerpo de su oficial al mando asegurado y la sala de simulaciones volvió a aparecer ante él. Leonard vio como el cronómetro marcaba siete minutos y cincuenta y dos segundos.
–Ojala pudiera hacer este tiempo en mi prueba– gruñó el médico acercándose a su amigo que tecleaba algo en padd–. Con una marca así mi instructor mantendría su bocaza cerrada.
–Pues estás de enhorabuena– Jim giró el padd justo en el momento en el que pulsaba un botón que ponía "enviar"–. Como es una puebla de entrada libre he grabado esta ronda y la he enviado a tu profesor. Técnicamente acabas de aprobar: "Urgencias en campo de batalla II".
Arrancando el padd de las manos de Jim, Bones comprobó que el rubio decía la verdad.
–Tú… has…– sin que Jim pudiera explciarse, Bones le abrazó con fuerza antes de palmear su hombro–. ¡Maldita sea Jim! ¡Estás como una cabra! ¡Gracias!
Jim rió ante la reacción de su mejor amigo.
–Te dije que me dieras un poco de crédito, ¿no?
–Y vaya si tenías razón– Bones suspiró–. Gracias Jim, gracias de verdad.
–No me las des Bones, tú haces mucho más por mi.
–Y más que haré: te invito a cenar, un grasiento bocadillo para celebrar que no tengo que volver a pasar por esta mierda. Venga, vamos.
Incapaz de replicar la invitación de Bones, Jim ayudó a su amigo a recoger y le siguió hasta el bar elegido para tomar su cena, aún cuando sentía sus piernas temblando bajo su peso. La algarabía de Leonard le hizo olvidar su cansancio y comer algo más de la mitad de su bocadillo antes de regresar a sus habitaciones.
De vuelta en su cuarto, y con la euforia desvaneciéndose, el ojo clínico del médico comenzó a reparar en el cansancio de su amigo en cuanto este se desvistió dejando su ropa sucia tirada sin orden alguno sobre el suelo.
–Mierda Jim, había olvidado que hoy terminabas tus exámenes.
Tomando el tricorder, Bones fue hacia el rubio, ya sentado en el borde de su cama.
–Calma Bones, estoy bien– Jim hizo un gesto de desdén con la mano mientras bostezaba–. Sólo tengo ganas de dormir, y ahora, con el estómago lleno, tengo aún más ganas.
–Yo… lo siento Jim.
Esbozando una sonrisa, al tiempo que se cubría con las mantas, Jim le replicó:
–No hay daño, no hay falta Bones. Buenas noches.
–Buenas noches muchacho.
Y aunque era innecesario, Bones se sentó en el sofá y observó el sueño de Jim hasta que estuvo seguro de que su amigo dormía de forma profunda.
Nota: Gracias por seguir leyéndome aunque ahora no pueda actualizar con tanta celeridad como antes. Sé que me habéis dejado varias reviews y que no he respondido a todas, y lo siento, pero he liado las carpetas de mi email y ahora soy incapaz de saber a quienes no he respondido así que lo lamento y os digo de verdad que aprecio todas y cada una de vuestras palabras! Espero poder responderos a todos la próxima vez.
Muchas gracias :)
