Gracias por seguir leyendo mi Fic


Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
Pagina de Facebook: KuchikiRukiaIchiRuki
Los personajes no me pertencen, son propiedad de Tite Kubo. Únicamente los tomo prestados para entretenimiento de fans.


Capítulo 16: Deseo recordarte


Cuando volvió a la Sociedad de Almas, Ichigo busco antes a Hanataro para preguntarle la salud de Rukia, y para su alivio el pequeño shinigami le notifico que ella estaba fuera de sospechas, además de que el arresto se había cancelado. Lo único que dudo en decirle era la cercanía que sostenía con Renji:

― ¿Me estas ocultando algo? ―alzo una ceja.

― ¡Uf! Ichigo ―bajo la cabeza―, la señorita Rukia ha pasado todos estos días con el teniente Abarai. Se les ve muy contentos.

―Ellos… son amigos, no lo olvides. ―su mirada se ensombreció, aunque trato de ocultarlo―¿Crees que si no fuera de ese modo, Byakuya dejaría con vida a Renji? ―ni él creyó su mal chiste.

―Ichigo, ella está en su casa. Aprovecha y ve a visitarla, de ese modo la conquistaras nuevamente.

―De acuerdo. ―Ichigo estaba cabizbajo, aun así se encamino hacia la mansión de Byakuya.

En el camino se encontró con Toshiro, quien le confirmo lo que Hanataro ya le había dicho. Además, de que la capitana Unohana seguía revisando la salud de Rukia, solo por si acaso. No se entretuvieron, en cuanto el shinigami alvino le dijo todo acerca de la ojivioleta, se retiró.

Al estar frente a la mansión, Ichigo se detuvo al sentir un sofocante vacío en su corazón. Por más de diez minutos se quedó parado frente a la entrada principal, luchando por decidirse a entrar y no encontrar algo que lo lastimara aún más. Estaba tan perdido en sus cavilaciones que ni siquiera se percató de la presencia de Byakuya:

―Así que volviste ―le dedico una fría mirada― ¿Viniste a verla, cierto? ―lo pasó de largo.

―Byakuya.―se sorprendió.

―Si quieres verla ―lo vio de reojo― entra de una vez. Es molesto que estés ahí parado sin hacer algo.

―Está bien. ―el pelinaranja asintió y lo siguió.

Ya dentro, la formalidad se esfumo cuando Byakuya le dio la espalda y le dijo que podía ir con tranquilidad hasta la habitación de su hermana. Ichigo entendió que el ojivioleta no pretendía socializar con él, así que tras sonreír se apresuró a buscar a la shinigami.

Uno puede imaginar la emoción o los nervios que Ichigo sentía en esos momentos, pues no era fácil reconquistar al amor de tu vida. Sin embargo, lo que estaba por ver destrozaría por completo sus esperanzas. Caminaba con decisión, apretando los dientes y tratando de evitar que sus manos sudaran dibujo una sonrisa en su rostro. La felicidad de comenzar desde cero lo animaba, pero el momento fue elegido erróneamente. Al estar a unos cuantos pasos de la habitación, Ichigo escucho la voz de Rukia –se oía molesta- y la de Renji. Por cada paso que daba escuchaba su discusión:

"―Ya veo. Tu corazón aun clama por él aunque tu mente no lo recuerda.

―Sólo dime… ¿Quién es? Cabello anaranjado, ojos color ámbar… es todo lo que aparece ante mí. Renji… ¿El bebé… el bebé que esperaba no era tuyo, cierto?"

Se paralizo ante la pregunta y por el llanto que ella profería. "¿Rukia creía que Renji era el padre de mi bebé?", pensaba al mismo tiempo que escucho como Renji le afirmaba a la ojivioleta que ese bebé era del hombre que se negaba a recordar. Ichigo se quedó cerca del umbral, por lo que vio a Renji salir y pasarlo de largo. No intercambiaron miradas ni palabras, ni golpes, ni reclamos, sencillamente se ignoraron. Así, Ichigo entro lentamente en la habitación. Al entrar vio a la mujer que ama en una circunstancia que le desgarro el corazón: ella estaba en su completa desnudez, aferrando su kimono contra su cuerpo y llorando mientras se abrazaba del vientre. Aun sabiendo lo que eso significaba, Ichigo se centró detrás de ella para abrazarla y llorar.

― ¿Quién eres? ―quería dejar de llorar.

―Rukia…Rukia…. ―acerco sus manos a las de ella, a la altura del vientre.

―Eres… eres el pelinaranja que insiste en que lo conozco. ―aun así no deshacía el abrazo.

―Nuestro bebé ya no está con nosotros. ―la sujeto del mentón y la hizo verlo―Esa es la peor herida que me pudieron haber hecho, y será la peor cicatriz que mi alma resguarde.

― ¿Por qué me dices todo eso? ―inconscientemente recargo su mejilla en el pecho de él― ¿Qué ganas con esto?

―Recuperar tu confianza, tu cariño ―no dejaba de acariciar su cabello―, tu amor… nuestro amor.

Rukia dejo de llorar, su atención se enfocó en las palabras de Ichigo. Aunque no fue hasta que él le susurro en el odio "te amo" que reacciono. Un remolino de recuerdos mezclados la golpeó instantáneamente, como si un rompecabezas comenzara a tomar forma y a tener en orden cada una de sus miles de piezas. Cerró con fuerza los ojos mientras se aferraba a la ropa del ojiambar. Uno piensa que las cosas resultaran bien en poco tiempo, pero justo cuando ella abrió los ojos dejo escapar un suspiro antes de apartarse de él.

― ¿Estas bien? ―quería seguir abrazándola.

―Tú… tú te pareces tanto a él. ―sus ojos resguardaban lágrimas.

Ichigo se percató que aún no lo recordaba como hubiera querido, pero el hecho de que mencionara a Kaien le indicaba que sus esperanzas no estaban derrotadas.

― ¿Hablas de Shiba Kaien? ―sonrió con pesar.

―Sí.

Estaba fastidiándose de repetirle quien era él en su vida, así que opto por seguir el consejo de Hanataro y Orihime: conquistarla desde cero. De ese modo, Ichigo la cubrió con su uniforme, le sonrío y se presentó:

―Lamento no ser él. Soy, Kurosaki Ichigo.

― ¿Ichigo? ―lo veía detenidamente.

El nombre resonaba en sus oídos, en su corazón y su piel.

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Al estar lejos de la mansión Kuchiki, Renji se dirigió al bar donde siempre se embriagaba para ahogar sus pesares. Sin embargo, esta ocasión se quedó frente al umbral observando las deplorables escenas que los comensales –ya borrachos- demostraban. Se avergonzó de haber pertenecido a ese patético grupo.

―Abarai, ¿No entraras?

― ¿Eh? ―lo tomo por sorpresa―Ikkaku, Yumichika. ―los ve de reojo―No, iré a caminar por ahí.

― ¡Ey! ¿Estás bien? pensé que estabas con la pequeña Rukia. ―Ikkaku lo veía desconcertado.

―No, no estamos juntos.

―Qué extraño, todo el mundo los ha visto caminar por todos lados tomados de las manos y riendo. Ya hasta creíamos que eran una pareja. ―Yumuchika mantenía los ojos cerrados y los brazos cruzados.

―Ella esta con Ichigo. Es con él con quien debe estar.

Sin decir más, Renji los paso de largo para caminar sin rumbo entre las calles del Rukongai. Solo quería estar solo y asimilar el hecho de que Rukia siempre iba estar enamorada de otro hombre.

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La dejo sola por unos minutos para que se vistiera con tranquilidad, viendo el cielo azul que abrazaba a la Sociedad de Almas. Ichigo trataba de borrar la imagen de Rukia en los brazos de Renji, ya que el hecho de que ambos estuvieron juntos lo destrozaba. "¡Tsk! Te conquistare de nuevo, sé que lo lograre", se decía a sí mismo, antes de que la shinigami lo hiciera reaccionar:

― ¿Regresaste por mí? ―caminaba hacia él.

―Sí.―la veía de reojo al pararse a su lado.

―Kurosaki… Ichigo. ―aun no sonreía por completo al pronunciar su nombre― ¿Cómo… cómo es que eres un shinigami? Me han dicho que eres humano.

El ojiambar sonrió pesarosamente ante el evidente olvido de ella hacia él. Aun así, Ichigo, con suma paciencia, la invito a caminar por las calles del Seireitei y, algunas, del Rukongai para relatarle su historia. Rukia casi no hablaba, se mantenía atenta al relato y ocasionalmente preguntaba cosas.¿Cuánto tiempo duraron hablando de sus experiencias? Bien, lo suficiente cómo para que el anochecer los albergara, dejándolos frente a la misma choza donde la shinigami vivía de niña. Misma en la que se entregaron en cuerpo y alma antes de ser separados, no solo físicamente, sino emocionalmente.

―Ya obscureció. ―miraba, con nostalgia, las estrellas.

―Sube a mi espalda. ―se agacho para que pudiera subir

― ¿Eh? ―otros recuerdos la envolvieron― ¿Por qué? ―se apretaba las cienes.

Rukia veía imágenes difuminadas de ella, sentada en la espalda de alguien y vistiendo un extraño conjunto blanco con gris. Su corazón palpitaba con fuerza, sus manos sudaban y sus piernas temblaban.

― ¿Pasa algo?

―No.―sencillamente se subió a la espalda de él.

Al hacerlo, la ojivioleta sintió una familiar calidez y paz, intrigándola aún más por recordar la razón por la que él la buscaba y por la que su cuerpo reaccionaba de forma inusual al estar a su lado. Ni siquiera se percató de que habían llegado a la mansión, siendo que Ichigo la saco de sus pensamientos al insistirle que debía entrar:

―Gracias.―se abrazaba a sí misma y evadía la mirada― ¿Tú… te vas a quedar en la Sociedad de Almas?

― ¡Uf! Sí, me quedare un tiempo. ―sonrió sutilmente, al mismo tiempo que se rascaba la cabeza.

― ¿Hum? ¿Tienes donde quedarte? ―lo veía de reojo.

―No, pero no importa. Nos vemos, Rukia.

Ichigo comenzó a caminar y a despedirse con un ademan de mano. Le pesaba alejarse de ella, pero la esperanza de tener un ligero progreso, ese día, lo animo un poco y a mantener la paciencia. Mientras tanto, Rukia solo veía como el shinigami sustituto se alejaba rápidamente. Tenía su mano a la altura de su corazón, cómo si resguardara algún sentimiento que no descifraba aun.

Deseaba verlo hasta perderse en la oscuridad, pero el anciano de la mansión la distrajo al decirle que entrara antes de que cogiera un resfriado. La ojivioleta entro de inmediato y se encamino directo a la habitación de su hermano con la intención de brindar respeto al altar familiar, especialmente a la memoria de su hermana.

―Hermana Hisana. ―coloco el incienso a un lado de la fotografía― ¿Qué debo hacer? Recuerdo a todos, excepto a él. Mi corazón y mi cuerpo claman por él, sin embargo… mi cabeza no me da indicios de su existencia.

―Ten paciencia. ―Byakuya estaba en el umbral―No te presiones.

―Hermano.―abrió demasiado sus ojos― Lo siento, yo… ―agacho la cabeza.

―A Hisana no le hubiera gustado verte sufrir. ―coloco otro incienso e inclino un poco la cabeza.

Se quedaron callados algunos momentos, y al momento en que Rukia se disponía a salir de la habitación, Byakuya la detuvo al decirle que podía contar con él en todo momento. Desde luego, esas palabras paralizaron a la ojivioleta, pues nunca había oído algo así de la misma voz de su hermano. Claro que estaba feliz, pero sabía que si intentaba abrazarlo él se mostraría reacio, por lo que opto por sonreírle e irse con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

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Camino hasta llegar al Rukongai, y sin darse cuenta llego hasta un río que corría apaciblemente. Ichigo suspiraba sin dejar de ver el cielo nocturno, con la única intención de pensarla. Se recostó en el frío césped para poder observar tranquilamente cada una de las estrellas que le recordaron la anécdota que Renji le relato al final de su encuentro para salvar a Rukia de la muerte.

―No tenía idea de que fueras tan melancólico.

― ¿Hum? ―se recargo sobre su codo para ver quien se acercaba― ¿Renji?

―Son hermosas, pero ella lo es aún más. ―se sentó a lado del pelinaranja y levanto la mirada hacia el cielo.

Ichigo no respondió, sólo frunció el ceño y veía el río. Apretaba con tanta fuerza sus puños que uno creería que de un momento a otro sus palmas sangrarían. Pensaba, más bien planeaba, en golpear al pelirrojo por haberse acostado con la mujer que ama, pero este interrumpió sus planes al verlo directamente a los ojos, sonreírle y darle la oportunidad de noquearlo:

―Sé que deseas hacerlo, así que hazlo ―expuso su mejilla―, golpéame.

― ¡Tsk! ―sin dudarlo, le propino un fuerte puñetazo.

Lo hizo caer al césped y provoco que su boca sangrara. Aun así no se sentía satisfecho, por lo que le grito varias veces la razón por la cual se acostó con Rukia. Se dejó caer de rodillas, se aferró a la tierra con ambas manos y humedecía el pasto con sus lágrimas de rabia.

―Un lo siento no sanara la herida que te ocasione. ―se limpiaba la sangre en el río―Pero tampoco quiero negarte que el estar con ella fue lo mejor que me pudo haber pasado, y no me refiero sólo al haberle hecho el amor.

― ¡Cállate! ―lanzo una piedra― ¡Cállate!... ¡Tsk! Rukia… amo a Rukia y tú lo sabes.

― ¡Lo sé! ―lo cogió del cuello del uniforme y lo alzo a la altura de sus ojos―Pero regresaste al mundo de los vivos, ella aún se siente sola y ambos recuperamos nuestra vieja amistad… ¡Me deje llevar por mi egoísta deseo de tenerla a mi lado! ―lo lanzo contra el pasto―Rukia aun te ama, me di cuenta de eso. Créeme, su corazón aun lucha por que te recuerde.

―Quiero recuperarla… ―aún estaba en el suelo― Y sabes de sobra que si intentas interponerte de nuevo no me limitare en dar todo de mi para protegerla.

― ¡Ja! ―se levantó y sacudió la tierra de su ropa―No esperaba menos de ti, así que no me sorprende. Nos vemos, Ichigo. ―Renji se alejaba con una dolorosa sonrisa.

Renji sabía que la culpa tardaría en disiparse, sin embargo, estaba dispuesto a confrontar las consecuencias para encontrar la tranquilidad que tanto le hacía falta. Lo único que no se imaginaba, mucho menos la misma Rukia, era que cabía la posibilidad de nuevos problemas que los llevaría a una encrucijada dolorosa.

Por su lado, Ichigo se limitó a poner en blanco su mente, pues sentía un fuerte sofocamiento emocional. Camino sin rumbo por algunas horas, por lo menos hasta caer rendido y resguardarse en una pequeña cueva que se interpuso en su camino.

―Rukia, recuérdame… por favor. ―se decía a sí mismo para darse un poco de esperanza.

―Deja de dramatizar.

― ¿Qué? ―miro para todos lados― ¡Ah! ¡Yoruichi! ¿Qué haces aquí? ―se sorprendió de verla, en su forma gatuna, al tenerla sobre su hombro.

―Vine a averiguar cómo estaban las cosas con Rukia. La capitana Unohana ya me puso al tanto, sólo espero que en verdad no vuelvan a suscitarse problemas por causa tuya.

― ¿¡Por causa mía!? ―la lanzo― ¡Tsk!

― ¡Deja de remilgar! ―le devolvió la grosería al rasguñarlo― Sólo enfócate en reconquistarla poco a poco, o resígnate en dejarla ir.

― ¡Auch! ―se limpiaba la sangre con la manga de su ropa― No lo haré, mucho menos después de que…

―Lo sé, no tienes que decirlo.

― ¿Qué tal si nunca me recuerda? ―se sentó en la tierra y se recargo sobre el muro de roca.

―Sino lo hace… tendrás que volver al mundo de los vivos.

― ¿Ya no seré más un shinigami sustituto?

―Posiblemente sí. Has sido de mucha ayuda en el Seireitei, lo único que cambiaría seria tu restricción a la Sociedad de Almas. ―se recostó para lamerse una patita.

― ¿A qué te refieres?, ¿Ya no podre entrar? ―abrió un poco los ojos.

―No, a menos que sea forzosamente necesario. ―bostezo―Bien, seguiremos charlando mañana.

Sin más, Yoruichi se quedó profundamente dormida, dejando a Ichigo inquieto al hacerlo pensar en la posibilidad de no volver a ver a Rukia. En ipso facto recordó cómo llego a cuestionarse a sí mismo sobre la elección de vivir con ella en ese sitio, en la Sociedad de Almas, de renunciar a su familia, amigos y la escuela. En ese tiempo le era fácil decir que no se iría del mundo de los vivos, pero después de saberse correspondido por la mujer que ama, todas las dudas se esfumaron con el viento. "No puede ser, no lo permitiré… no me alejaran otra vez de Rukia", pensó y pensó hasta quedarse dormido.

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Ya sola en su habitación, Rukia se acomodó en su futón y abrazo con fuerza su viejo peluche de conejo, Chappy, con la intención de reprimir la desbordante alegría que su hermano pudo darle. No era común que él diera el visto bueno a algo que afectaba, especialmente, a los asuntos de la familia.

La sonrisa que había dibujado en su rostro se negaba a borrarse, y extrañamente una calidez se anidaba con más fuerza en su pecho, en su corazón.

―Kurosaki… Ichigo. ―pronuncio antes de que sus recuerdos la embargaran―Quiero… quiero recordarte. ―pronuncio su nombre, una y otra vez, hasta que cayó completamente dormida.

Tenía poco que había recobrado la tranquilidad en sus sueños, pero esta ocasión ocurriría algo distinto. Mientras Rukia dormía, su inconsciente la visualizo en un escenario pacifico:

"―Se parece… este lugar es… ―miraba para todos lados tratando de reconocer el verdoso paisaje.

―Es la montaña Koifushi

― ¿Eh? ―al volverse, noto que la voz de aquella persona le pertenecía a Shiba Kaien― No es… no es posible, tú… ―sus ojos se inundaron de lágrimas.

―Lo siento pequeña Kuchiki. Temo que esa verdad no cambiara, sin embargo ―se le acercó para coger su mano y darle un beso en el dorso―, sé que aun mantienes mi corazón vivo. Siempre te lo agradeceré, especialmente porque…

― ¿Me amas? ―impulsivamente lo abrazo.

―Sí. No merezco amarte, ni que me ames. ―acariciaba su cabellera mientras la abrazaba.

―Kaien… Kaien… aferro sus manos a la ropa de él.

―Kuchiki, deja de llorar, para que puedas ir por el hombre que amas.

―Pero… yo te amo―alzo la mirada para verlo con desconcierto.

―Sí, me amaste… pero ahora tu corazón resguarda a otro hombre que también te ama. Kuchiki―la sujeto de los hombros―No olvides a Kurosaki Ichigo"

Tras sonreírle, dulcemente, Kaien la abrazo mientras su cuerpo comenzó a desvanecerse, dejando en su lugar cientos de mariposas negras, revoloteando. Rukia se dejó caer de rodillas y al mismo tiempo que se limpiaba las lágrimas sintió una fuerte punzada en su pecho. Entre sudor frío y ligeros espasmos, la shinigami despertó gritando lo que ya no olvidaría.

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Tan pronto amaneció, Yoruichi obligo a Ichigo a ir a la onceava división para que descargara su enfado. De ese modo canalizaría su energía en algo más productivo: como pensar seriamente que hacer para solucionar su problema con Rukia.

―Oye, ¿Esto es buena idea? ―se rasco la nuca― ¿Olvidaste que Kenpachi se batió con Byakuya para salvarnos el pellejo?

―Idiota, a Kenpachi solo le importa pelear. Esa situación a él le importo un carajo.

― ¡Tsk! Aun así, no sé por qué debo pelear contra ellos.

― ¡Ja! Miren quien llego. ―Ikkaku abrió la puerta de la sala de entrenamiento―Entra de una vez.

Sin darle oportunidad de hablar, Ichigo fue arrastrado hasta la mitad de la sala para entrenar "amistosamente" contra Ikkaku. La energía de ambos emanaba emoción y sus ojos llameaban de adrenalina, pues el enfrentarse no se limitaba a entrenar. Realmente a Ichigo le agradaba encontrarse en una situación que lo sacara de sus problemas por un instante, y el estar con sus colegas, de la onceava división, lo animaba debido a su enérgico espíritu de pelea.

Sin más ni menos, ambos iniciaron su amistoso entrenamiento. Las paredes, el techo, el piso e incluso uno que otro espectador terminaron en malas condiciones a causa del ímpetu que ambos emanaban, Yumichika estaba feliz de ver que las cosas regresaban a la normalidad, aunque por un instante algo cambio. Sintió la disparada energía espiritual de alguien, por lo que decidió salir, junto a Yoruichi, para averiguar de quien se trataba.

―Esa niña. ―Yoruichi, ya en su forma humana, cruzo los brazos.

― ¿En verdad es ella? ―Yumichika bajo la guardia.

―Sí, y viene por él. ―la morena sonrió satisfactoriamente―Ichigo, todo salió bien después de todo.

Ambos shinigamis esperaron a que la pequeña figura que veían a lo lejos se acercara. Una vez que Rukia estuvo frente a ellos, Yoruichi la sujeto del hombro y la miro fijamente.

― ¿Dónde está?

―Adentro, jugando un rato con Ikkaku. ―Yumichika la sujeto el brazo para llevarla adentro.

La impaciencia la invadía, así que justo al entrar al ya destrozado lugar, Rukia busco a Ichigo para abrazarlo y sacarlo de aquel sitio.

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― ¡Ichigo! ―su corazón latía con fuerza, sus manos sudaban y su cuerpo temblaba― ¿Cómo pude olvidarte? ―acariciaba su vientre mientras sollozaba―Mi amor, debes estar devastado por habernos perdido al mismo tiempo, pero lo voy a redimir.

Sin dudarlo, Rukia se vistió para ir en busca de su amado. Recordó que él no es bueno controlando su energía espiritual, así que se concentró para averiguar en qué sitio se encontraba. En seguida dio con el reiatsu de su amado, así que corrió tan rápido como pudo. No le importo quedarse sin aire, simplemente se concentraba en abrazarlo y estar a su lado nuevamente.

Tan pronto llego vio dos figuras ante ella. Eran Yoruichi y Yumichika. En fracción de segundos hablo con ellos pidiendo que la llevasen hasta Ichigo. "Ichigo… Ichigo… Te recuerdo, mi amor… te recuerdo", articulaba para sí misma al buscarlo con la mirada. Al verlo, sonriente ante una amena pelea entre colegas, la shinigami no dudo en ir a abrazarlo.

― ¿Pero qué…? ―vio sobre su hombro a quien lo aprensaba por la espalda.

―Lo siento ―sollozaba―, lo siento… mi amor.

El rudo escuadrón se quedó en completo silencio ante la inusual escena. Incluso Yumuchika se acercó a Ikkaku únicamente para burlarse de que no podría terminar su juego con el pelinaranja. El sollozo de la shinigami era lo único que se oía, además de sus palabras susurrantes.

―Mi amor, lo siento.

―Rukia… ¿Sabes quién soy? ―deshizo el abrazo para tenerla de frente―Mi amor, dime que recuerdas quien soy―la sujeto de los hombros y se agacho a su altura para verla directo a los ojos.

―Ichigo… Ichigo. ―lo abrazo del cuello.

Sonrió y lloro un poco antes de cargarla y sacarla de ahí. No le importo saber que pensaron o hicieron los del escuadrón once, sencillamente deseaba llevarla lejos y poder disfrutarla.

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Lo abrazaba con fuerza, aferrando sus manos a su ropa –casi rasguñándolo- como si suplicara que no la soltara. Ichigo la sujetaba con fuerza mientras salía del Seireitei para llevarla hasta la cabaña donde ella había crecido. No hablaron, no se dedicaron miradas ni sonrisas durante el trayecto, les preocupaba encontrar un sitio en el que pudieran hablar, incluyendo lo más doloroso.

―Llegamos.―la metió a la vieja choza aun cargándola―No conozco otro sitio tranquilo, por eso…

―Está bien. ―bajo de sus brazos para recorrer con la mirada y sus pasos aquel interior.

La dejo examinar todo lo que quiso, en silencio y paciencia. Podía esperar unos minutos más, ya lo había hecho por algunos meses. Pero, al notar que se detuvo se animó a preguntarle cómo y cuándo lo recordó. A esto, la shinigami –dándole la espalda- contesto que alguien muy preciado para ella la hizo reaccionar. Lógicamente, Ichigo supo que se refería a Kaien. ¿Quién más, sino él, pudo haberse adentrado en su corazón para sacarla de esa laguna mental?

―Gracias por recordarme. ―la abrazo por la espalda.

―Ichigo… perdóname. ―se aferró a sus brazos y recargo su cabeza en el pecho de él.

― ¿Por qué?

―No protegí a nuestro bebé.

El tema que le aterraba tocar. El ojiambar la abrazo con más fuerza, reprimió sus lágrimas y con un nudo en la garganta forzó su voz y una sonrisa para murmurarle al oído que ella no tenía la culpa. También le dijo que lamentablemente esa cicatriz siempre estaría en sus corazones, pero no podían derrumbarse por eso:

―Nunca lo olvidaremos, lo prometo.

― ¿Puedes prometerme que no dolerá a futuro?

―No lo sé. ―la volvió hacia él―Perdóname por no protegerlos. ―Quería tocar el delicado cuerpo de la shinigami, pero el temor lo invadió.

Por eso, la ojivioleta le cogió el rostro entre sus manos para acercarlo y poder besarlo dulcemente como símbolo de que todo estaría bien a partir de ese instante. Ichigo se dejó llevar por la alegría de haberla recuperado, así que la sujeto de la cintura para cargarla y dar algunas vueltas con ella.

Entre risas, algunas lágrimas rebeldes y profundas miradas, ambos se detuvieron un instante para reencontrarse. Ichigo comenzó a besar sus ojos, sus mejillas, la comisura de sus labios y el contorno de su cuello mientras se abría paso hasta sus hombros al descubrirlos cuidadosamente. Poco a poco su ritmo cardiaco se aceleraba, tanto que la shinigami se percató de que sus respiraciones eran inconstantes, muy dificultosas y sus deseos a flor de piel.

―Rukia, te extrañe demasiado. ―simulaba morderle el hombro―Temía que en verdad me olvidaras, yo… yo no…

―¡Shhh! ―lo abrazo del cuello―Ya estoy contigo, ya estamos juntos.

―Rukia… mí amor.

La recostó suavemente sobre el mismo futón desgastado en que tuvieron su último encuentro sexual. Ichigo ya estaba impaciente por estar con ella, por hacer suyo ese delicioso aroma y de envolverse por esa suave piel nívea. Con delicadeza la despojo de su hermoso kimono, color verde pastel, dejándola únicamente con el vendaje que cubría sus hermosos senos. Añoraba tocarla, sentirla y hacerla estremecer entre sus brazos.

Mientras tanto, Rukia lo ayudo a deshacerse del uniforme negro, dejando al descubierto los grandiosos pectorales y su bien trabajado abdomen. Con lentitud, la shinigami termino por dejarlo en su completa desnudez, dándole la oportunidad de maravillarse de lo bien dotado que estaba su amante. Pícaramente delineaba cada una de las cicatrices y cada uno de los bien trabajados músculos, nada más para llegar a la virilidad de Ichigo y estimularlo, desesperarlo y ansiarlo más por ella.

― ¡Hah! Rukia. ―sus ojos estaban cerrados a causa del placer―Rukia―busco los delicados senos para besarlos, mordisquearlos y lamerlos casi lascivamente.

― ¡Tsk! ―elevo la cabeza al sentir como la lengua y los dientes de Ichigo mimaban sus pechos.

―Déjame embriagarme de ti. ―sin dejarla responder, deslizo sus habilidosos dedos para estimular la feminidad de la ojivioleta.

Acariciaba la fina línea que lo alejaba de sumergirse en ella, además de dibujar pequeños círculos en su clítoris para avivar las flamas del mismo infierno, de glorificarse con la brisa celestina del paraíso y los cantos angelicales. Aumentaba lav elocidad de sus dedos al hacer los círculos, comenzaba a hundir un dedo -en la añorada feminidad de su amante-, luego dos y después tres.

― ¡Hah! Ichigo… ―se arqueaba dejado de su hercúleo cuerpo― ¡Hah! ―se aferraba aél.

De pronto, Rukia comenzó a humedecerse. Tanto que Ichigo no resistió suplantar sus dedos por su virilidad. La sujeto de la cintura, le abrió las lindas piernas con su cuerpo para abrirse paso a su cálido interior. Mientras acariciaba sus muslos, sus suaves senos y la veía fijamente, Ichigo empezó a dejar caer su peso sobre Rukia.

―Te amo, Rukia.

―Ichi.. ¡Hah! ―elevo su cadera y lo abrazo de la cintura con ambas piernas.

El pelinaranja la penetro de una sola estocada, con la intención de adentrarse lo más posible en ella. La embestía con un vaivén casi rudo, como si no le importara desarmarla, aunque ella no hacía mucho para alejarlo. Al contrario. Rukia lo aprensaba con más fuerza y elevaba su cadera para invitarlo asumergirse aún más, con más rapidez y lujuria. Los jadeos, los gemidos y la falta de aire no tardaron en orquestar la sinfonía de su desencadenamientos exual.

Rukia lamia y besaba la oreja de Ichigo, rasguñaba su espalda con fuerza y ocasionalmente lo llamaba entre gemidos. Adoraba sentir su majestuoso miembro dentro de su ser. "Demonios, ¿Cómo pude olvidar la forma en que me hace el amor? ¡Hah! ¡Maldición! ¿Cómo logra excitarme tanto?", apenas y articulaba cada pensamiento. Le encantaba estar con él, tenerlo de nuevo entre sus brazos, poder acariciarlo, poder hacerle el amor. Los vividos recuerdos de sus encuentros sexuales regresaron intactos; cada aliento, cada caricia, cada beso y cada orgasmo bilateral la estremecieron de placer, de lujuria y éxtasis. No permitiría que esta ocasión fuera la excepción, por lo que se agasajaba al tocar, acariciar, rasguñar, lamer y besar cada centímetro que su boca y sus manos alcanzaban.

Desde luego, el ojiambar no se quedó atrás. Añoro estar con esa mujer días, semanas y meses; no desperdiciaría aquella oportunidad de hacerle el amor desenfrenadamente como ocasiones anteriores. Estaba completamente embrujado por la inigualable fragilidad de la shinigami, de su delicioso aroma, de sus ardientes besos, de sus sensuales caricias y sus seductores movimientos de cadera durante el sexo. Le fascinaba esa mujer, lo enloquecía a tal punto que su cordura se veía puesta en duda debido a la ferocidad e impaciencia conque la hacía suya. Su sangre se volvía magma recorriendo cada centímetro de su cuerpo cada vez que la penetraba, que la besaba, que la acariciaba, que la hacía gemir de placer. Ichigo no soportaba la idea de no estar con Rukia, pero ese momento lo dedicaría exclusivamente para hacerle el amor hasta llegar al paraíso.

Después de hacer rechinar la madera vieja –bajo la espalda de la ojivioleta- y resentir el cansancio por recargarse sobre sus antebrazos, Ichigo la sujeto de la cintura para que quedara sentada, quedando cara a cara.

―No te detengas, sigue―jadeaba y lo veía seductoramente.

Ichigo respondió con una sonrisa y llevando sus habilidosos dedos al ya excitado clítoris de Rukia, se encontró con una abundante lubricación que le facilito extasiarla aún más.

― ¡Hah! ―cerro los ojos con fuerza por tal delicia― ¡hah, Ichigo, sigue! ―apenas y podía abrir los ojos y mantener la boca cerrada.

Sujetaba con fuerza sus cabellos anaranjados, le enterraba las uñas en la espalda, le gemía en su oído y lo apretaba fuertemente con sus piernas contra su pelvis, con la intención de intensificar sus embestidas. Ichigo aprovecho el desborde de lujuria de su amante para introducirle su lengua en la boca, para lamerle y morderle ligeramente su lengua, mientras seguía estimulando –y manteniendo húmedo- su excitado clítoris y su feminidad.

― ¡Hah! no te detengas. ―sus mejillas se colorearon de un incandescente carmesí.

― ¡Ha! ―entrecerraba los ojos debido al aumento de su ritmo corporal.

― ¡Ichigo, Ichigo! ―lo abrazaba con más fuerza― ¡Hah! sigue ¡Hah!

Sabían que el orgasmo estaba cerca, por lo que Rukia lo abrazo con ambas piernas, se echó para atrás –recargándose sobre sus manos- para obligarlo a arrodillarse. Ichigo entendió que de esa forma le regalaría la tan buscada excitación. Sus cuerpos se bañaron aún más de sudor, y entre perlas liquidas deslizándose por cada centímetro de su piel, ambos alcanzaron un magnifico orgasmo. Al mismo tiempo que la ojivioleta dejo escapar un agudo gemido, el ojiambar dejo fluir dentro de ella su abundante semilla. Y tras sentir aquella calidez dentro de su cuerpo, cayeron rendidos ante el placer.

― ¡hah! ―no le importaba respirar con dificultad.

―Te amo… ―suspiraba y jadeaba―Rukia.

―Ichigo―le acariciaba el cabello―, sabes que nunca deje de amarte.

La acurruco a su lado, manteniéndola entre sus brazos al mismo tiempo que la realidad regresaba a su corazón. La imagen de ella semi desnuda aun le dolía, ya pesar de no querer arruinar el mejor encuentro sexual que hubieron tenido después de semanas, se decidió a preguntarle la razón por la cual ella había accedido a estar con Renji.

Por supuesto, Rukia se tensó, su cuerpo temblaba ligeramente y su voz parecía negarse a proferir sonido alguno. Sus ojos se cristalizaron al tener un nudo en la garganta, sabía que estaba a punto de llorar. Pero compartía el mismo sentimiento que el ojiambar: poner las cartas sobre la mesa si querían seguir juntos, pues ella puso en tela de juicio sus sentimientos hacia él. Sólo un detalle más la martirizaba, Ashido. ¿Cómo le diría que también estuvo con él? Y pese a que sólo fue, igual, una vez, Rukia se sentía desfallecer al haber traicionado al amor de su vida.

La ojivioleta se sentó y se cubrió con su kimono, sólo se abrazaba a si misma de las piernas, recargando su mentón en las rodillas. No sabía cómo empezar a explicarle su doble traición, con un perfecto desconocido y con su mejor amigo.

Ichigo comprendió que había algo más, que ella ocultaba algo. Sin embargo, prefirió no presionarla y dejarla hablar. La espera fue eterna, sólo unos cuantos minutos transcurrieron antes de que ella abriera la boca.

―No merezco tu amor… Ichigo. ―le daba la espalda, aun sentada.

―Rukia, ¿Sabes cuánto tiempo estuve buscándote? ―se incorporó y recargo su frente en la espalda de ella―Incluso… me fui por semanas para dejarte respirar, así volvería dispuesto a conquistarte nuevamente.

―Yo… tontamente creí que Renji eras tú―sonrió pesadamente―Pero… él no fue el único con quien te traicione.

Aun al prepararse mentalmente ante alguna mala noticia, Ichigo apretó con fuerza sus dientes y sus puños, intentando reprimir el dolor que la mujer que ama le causo, no una vez, sino dos. Aun así, el ojiambar se limitó a preguntarle si se trataba de Ashido, pues fue en su choza donde la encontraron.

―Una vez, sólo fue una vez. ―sintió como una lágrima rodaba por su espalda.

― ¿De verdad? ―su risa era fingida.

―Lo siento, Ichigo. ―se levantó hacia el umbral de la puerta, aun con su kimono cubriéndola―Entenderé si ya dejas de amarme.

Cerró los ojos, trago con fuerza y aferro sus manos a su ropa al temer la respuesta del hombre que más ama en su mundo y en el de él. Ni siquiera espero cinco minutos, pues al instante unos fuertes brazos la rodearon apretándola con fuerza.

―Olvidemos todo… ―recargo su mentón en su coronilla―… olvidemos todo.

―Pero…―quiso deshacer el abrazo para verlo, pero él no se lo permitió.

―No… por favor Rukia, por favor…

Era evidente que le mataba en lo más profundo de su ser el que ella se hubiera estado con otros dos hombres. Se odiaba a si mismo por sostener una lucha interna por no saber si seguir con su amor o simplemente desentenderse y seguir una vida normal en su mundo, en el mundo de los vivos.


ღRukia_Kღ (L. Ro)