Gracias por su paciencia al esperar el siguiente capítulo y por leer mi Fic
Historia alterna sin fines de lucro, tomando prestados los personajes de Tite Kubo

Leve contenido lemon
Autora:
ღRukia_Kღ (L. Ro) - Nick de Fanfic: Rukia Kuchiki - L. Ro

POR FAVOR DE NO HACER PLAGIO


Capítulo 17: ¿Aun me amas?


Está ansioso, nervioso y de pésimo humor al haber tenido que volver al mundo de los vivos. Ichigo odió el hecho de tener que alejarse de Rukia, en especial después de ese maravilloso encuentro sexual que tuvieron, y que evidentemente desea repetir, pues desde que lo recordo sólo tuvieron relaciones aquella ocasión.

Sólo juega con el emblema, entre sus dedos, con la esperanza de que suene y por fin tener una excusa para poder ver a la shinigami, pero esta tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera se percató de que Orihime lo estaba llamando:

―Kurosaki.

― ¿Hum? ―dejo caer el emblema.

― ¿Qué haces aquí parado? ―lo ve extrañada.

― ¿Eh? ―se quedó arrodillado al levantar el emblema.

― ¿La extrañas, verdad? ―le dedica una sutil sonrisa―También la extraño. ―se sentó a su lado―Desde que volvimos, dejándote atrás con esas dificultades, se me rompió el corazón. Sin embargo, cuando volviste con una sonrisa dibujada en tu rostro, en lugar de tu ceño fruncido, supe que las cosas habían salido bien. Has ido y venido cuando te necesitan, pero… ―recargo su mentón en sus rodillas―pienso que deberías ir a verla, no importa que no te llamen para alguna misión.

―Inoue…―levanto su mirada hacia la ojigris―Tienes razón, quizá ese sombrerero loco de Urahara me ayude de nuevo. ―no le había dicho a ninguno de sus amigos el doloroso secreto de Rukia.

Justo en ese momento, Keigo y Mizuiro los abordaron preguntándoles que hacían sentados en medio de la puerta de acceso a la preparatoria.

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Fumando de su pipa, bebiendo un buen sake y gozando de la tranquilidad del día, ¿Qué más podía pedir Urahara? O al menos creía estar en paz cuando de pronto un estruendoso grito provenía del umbral de la tienda. El ojigris reacciono pesarosamente, como si ya supiera lo que estaba por suceder, así que sin ganas se incorporó y le pidió a Ururu que averiguara que le ocurría a Jinta, quien vociferaba a todo pulmón:

― ¿¡Tú de nuevo!? ¿¡No te cansas de pedir que te dejemos entrar a la Sociedad de Almas!?

― ¡Maldito mocoso! Hazte a un lado, tengo que hablar con Urahara. ―Ichigo junto su mejilla a la de Jinta con afán de gruñirse.

― ¿Qué ocurre? ―Ururu se escondió tras la puerta.

―Largo de aquí, Ururu, esto es asunto de hombres. ―Jinta estiro las mejillas del ojiambar.

― ¡Mocoso del infierno!

Mientras discutían, Urahara provecho para lanzarles una jarra de sake, vacía, para separarlos.

― ¡Tsk! Maldito, ¿¡Pudiste matarme!? ―Ichigo utilizo a Jinta como escudo.

―Mal…maldito… shi… shinigami… ―el pelirrojo apenas y podía hablar del aturdimiento.

―Clámate Kurosaki, sé que vienes a que te deje usar nuevamente la Senkaimon. Realmente debes extrañar a la señorita Kuchiki, y eso que solo han pasado casi dos meses desde que no la ves. ―le sonrió pícaramente.

―Sólo estoy preocupado por el Seireitei― se rasca la nuca―, y quiero ver que todo esté en orden.

―Lo que tú digas, Kurosaki. Eso explica por qué viniste como shinigami. ―al reprimir una risa, lo invito a entrar.

Cómo la primera vez que fue a ver a Rukia, tras los acontecimientos a su ejecución, Ichigo atravesó la Senkaimon artificial para llegar hasta la Sociedad de Almas e ir en busca de lo que tanto le negó a Urahara.

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El atardecer la empapaba de un hermoso color caramelo, haciendo brillar cada gota de sudor que caía por su frente y sus mejillas. Rukia ya cumplía con sus funciones de shinigami junto a su escuadrón, incluso el capitán Ukitake le pedía que no se excediera:

―Te he notado algo cansada y un poco pálida, ¿Segura que estas bien, Kuchiki?

― ¿Eh? Sí, lo siento capitán. ―inclino la cabeza―Sólo que paso mucho tiempo antes de que retomara mi puesto y aun no me acostumbro. ―se llevó la mano a la boca.

― ¡Kuchiki! ―Ukitake la sujeto al ver que perdió el equilibrio―Le informare a Byakuya.

― ¡No! ―lo sujeto de la manga de su Haori―Estoy… estoy bien―intento pararse―No desayune bien, eso es todo.

―Kuchiki…

―Me retiro, capitán.

―Espera…―al verla correr, Ukitake sintió un escalofrió en sus huesos, ya que temía estar en lo cierto en la suposición que ha ido manteniendo desde hace algunas semanas.

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Rukia no dejo de correr hasta llegar a un robusto árbol, del cual se aferró del tronco mientras vomitaba. Y más que feliz estaba angustiada, asustada y nerviosa, por lo que ya había confirmado desde hace casi tres semanas, cuando acudió a la cuarta división:

"― ¡Oh! Señorita Rukia―Hanataro sonrió de oreja a oreja al verla― ¿Se siente mal?

―No… Hanataro…―sujeto sus manos―Necesito que me ayudes.

―Claro que sí señorita.

― ¿Podrías decirme si…estoy embarazada, de nuevo? ―algunas lágrimas rodaron por su mejilla.

― ¿Qué? ―se sorprendió―Muy bien. ―la recostó sobre una cama e invoco un kido especial, y tras pocos minutos Hanataro bajo las manos y le sonrió.

― ¿Lo estoy? ―lo veía sin alguna expresión.

―Señorita Rukia, tiene casi tres semanas de embrazo."

Se limpió la boca con la manga de su uniforme, se recargo en el tronco y suspiro profundamente al elevar la cabeza. Aun así respiraba agitadamente, no dejaba de aferrar sus manos sobre su vientre y tampoco dejaba de recriminarse el haber hecho lo que hizo. Lo único que podía hacer en ese momento era cerrar con fuerza los ojos e implorar que nadie, además de Hanataro, se enterara de su embarazo. Por lo menos no hasta que averiguara lo que más temía saber.

Sólo las titilantes alas de una mariposa infernal la sacaron de sus pensamientos, "Es… No, no puede ser…". Cómo pudo se levantó y corrió hasta donde Ichigo estaba esperándola.

Aunque quisiera, no podía darse el lujo de usar el shunpo por mucho tiempo y de eso se estaba dando cuenta Ukitake, por eso siempre estaba al pendiente de ella, aunque ahora también sería el ojiambar quien se percataría de que algo no estaba bien con ella. Pese a eso, se apresuró para enfrentarlo, además de saciar sus ansias por estar con él.

― ¡Ah!... ―se recargo sobre sus rodillas― ¿Ichigo? ―miraba para todos lados.

Estaba justo frente a la vieja choza donde ella vivió con Renji y los demás niños del Rukongai.

― ¡Tsk! ―entrecerró un ojo y se llevó una mano al vientre.

―Rukia… ¿Te pasa algo? ―su sonrisa se esfumo rápidamente― ¿Te hiciste daño en alguna misión? ―justo a tiempo la sujeto de la cintura.

―Ichigo…―casi forzando la sonrisa, lo miro― ¿A qué has venido? ―un ligero dolor la embargaba.

―Rukia… ¿Qué tienes? ―no sabía qué hacer.

La cargo y la llevo adentro para recostarla. Y antes de poder insistir con sus preguntas, el ojiambar se enfrentó al sollozo de la shinigami, misma que lo apartaba con una mano y ladeo su cabeza para que no la viese.

―Algo te pasa y necesito saberlo… ―trato en vano de acercársele. ―Rukia…

―Ichigo, yo… ―lo miro por el rabillo del ojo mientras su rebelde mechón atravesaba su pálido rostro―yo…

― ¡Ey!, ¿Qué hacen aquí escondidos? ―una vocecilla los interrumpió.

Al volverse, el pelinaranja se dio cuenta de que era un niño del Rukongai. Su ropa estaba desgastada, su cabello enmarañado y mostraba mucha fuerza de voluntad, pues no tardó en hacerlos salir de su único hogar. Por suerte, Rukia ya no sentía el leve dolor, por lo que sólo le sonrió al niño e hizo a Ichigo salir de ahí.

―Ese mocoso, debe aprender buenos modales… ―el gesto del ojiambar era gracioso.

―Déjalo tranquilo… ―miro como el niño invitaba a otros a entrar―ese es su hogar.

― ¿Hum? ―al ver la escena que la ojivioleta admiraba, comprendió la razón de su sonrisa.

―Bien, vayamos al Seireitei. ―la sujeto de la cintura y la hizo abrazarlo por el cuello con un brazo.

Durante todo el camino un sepulcral silencio los envolvía, por lo menos hasta que casi llegaban a la puerta del Oeste, pues Kira y Hisagi salieron por uno de los callejones, cruzándose en su camino:

―Kurosaki Ichigo, ¿Qué haces aquí? … y… ¿Con la pequeña Kuchiki? ―el rubio miraba extrañado a la ojivioleta.

― ¿Hay problemas en el mundo de los vivos? ―Hisagi se acercó al otro lado de la shinigami con afán de ayudar al ojiambar a cargarla.

― ¿Eh? ―se ruborizo.

― ¡Ah! Ya veo, viniste a ver a la pequeña Kuchiki. ―Kira sonrió mientras caminaba frente a ellos.

― ¿Qué te paso Kuchiki? ―Hisagi la veía de reojo.

―Nada, estoy exhausta… aun no recupero mis fuerzas por completo. ―también se ruborizo.

Al notar la incomodad de la shinigami dejaron de hacerle preguntas, así que simplemente los ayudaron a llegar hasta la entrada de la mansión de Byakuya. Aunque, una vez ahí, Kira no evito en insistir en saber la verdad sobre la condición de salud de la ojivioleta, quien nuevamente sintió algunas nauseas:

―Kuchiki, deberías de ir con la capitana Unohana. ―Kira se agacho junto a la ojivioleta.

―Estoy bien, seguramente no me sentó bien algo que comí.

―Qué extraño―Hisagi se rascaba la cabeza―, el capitán Kuchiki no es de los que comen cualquier cosa… ―no dejaba de verla de forma extraña― ¿Estas segura que eso es todo?

―Sí, estoy bien…

―Kurosaki,cuídala bien. ―el rubio se levantó para irse junto a su colega―Nos vemos.

Ichigo no se dio cuenta de que se habían ido, sólo prestaba atención a las dolencias de Rukia, pues no era común que ella enfermara y mucho menos por alimento en mal estado. "¿Qué será que la tiene tan mal?", especulaba mientras sentía como ella lo jalaba de la manga de su uniforme, pidiéndole que la ayudase a entrar. No emitía palabra alguna, únicamente hizo lo que le pidió, así que la cargo, aguantando sus quejas y los golpes que le propinaba por ser tan irrespetuoso en casa ajena. Esto llamo la atención de la gente que trabaja en la mansión, incluyendo al anciano que siempre acompaña a Byakuya:

― ¿Por qué carga de esa forma a la señorita Kuchiki? ―lo veía desde el otro lado del corredor.

―Lo siento―se inclinó un poco―, pero se siente mal… ¿Sera posible que le dé algo para que se sienta mejor? ―el pelinaranja estaba entrando a la habitación de Rukia, con el anciano detrás de él.

― ¿Le pasa algo malo, señorita? ―más que preocupado, se mostró confuso.

―Lo siento… ―se ruborizo y evadió la mirada. ―He… sentido un poco de nauseas.

―Muy bien, ahora vuelvo con un té.

Al dejarlos solos, Ichigo no solo cubrió con la manta a la ojivioleta, también la cuestiono sobre los verdaderos motivos de su extraña conducta y sus malestares. Quería asegurarse de estar siempre en los momentos en que lo necesitara, sin importar cuales fuesen, pero ella sólo evitaba su mirada y daba vueltas al asunto o repetía lo mismo que a los demás: "debí comer algo en mal estado". Y pese a su inconformidad ante tales respuestas, el shinigami sustituto estaba consciente de que no la haría decir la verdad.

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Renji se enteró de que Ichigo estaba en el Seireitei, por lo que decidió confrontarlo y resolver la culpa que lo carcomió durante semanas, mismas en las que no se atrevía a buscar a Rukia y hablar seriamente sobre su encuentro carnal. Así que enseguida se encamino a buscarlo. Estaba seguro de que lo encontraría donde Rukia estuviese, si no ¿por qué otra razón estaría en la Sociedad de Almas?

―Abarai, ¿Qué haces vagando? ―su camino se cruzó con Hisagi.

― ¿Hum? Hola… ―evadió la mirada, no le gustaba que supiesen lo que sentía o pensaba.

―Si vas a buscar a la hermana del capitán Byakuya, te comento que está en su casa… con el shinigami sustituto, con Kurosaki.

―¡Tsk! No voy a buscarla. ―se acercó a él, frunció su ceño y lo confronto con la mirada.

―Relájate―lo aparto con el mango de su zanpakuto―, sólo comente ya que hace un par de horas Kira y yo los llevamos hasta allá. Al parecer ella no se sentía bien.

― ¿Esta herida, enferma? ―lo cogió del cuello de su uniforme.

― ¡Abarai! ―lo hizo a un lado con un movimiento de brazos―Si tanto te preocupa vea verla, tarde o temprano tienen que verse las caras.

Sin responderle, Renji le dedico una media sonrisa y corrió hasta su destino. Todo mundo sabía que Rukia y él tuvieron un pasado, al igual que una breve relación en los meses en que ella alejo de su vida a Ichigo. También era claro que era por la breve pérdida de su memoria, sin embargo, eso no era algo por lo que se enorgullecía. Y pese a que nadie mencionaba ese paréntesis, el pelirrojo tenía en cuenta que ninguno podía vivir con esa sombra sobre su espalda. Lamentablemente el destino le está deparando otra mala jugada, y eso era algo que todos ignoran, aun.

― ¡Ruka! ―ya estaba frente a la entrada principal de la mansión Kuchiki. ―¡Rukia! ―enseguida, uno de los empleados abrió la gran puerta de madera y lo dejo entrar. ― ¿Dónde está la señorita Rukia?

―Teniente Abarai, ¡Eh! La señorita está en el jardín frente a su habitación.

―Gracias.

En lugar de correr iba trotando, con la intención de no parecer ansioso o desesperado por verla y hablarle después de semanas. Su ritmo cardiaco aceleraba y los nervios se intensificaban, pues estaba seguro de que en cuanto la viera se encontraría con el ojiambar y una riña podría iniciarse. Pero ya lo había dicho y lo sostendría, era momento de enfrentarlos.

―Rukia…―estaba al final del pasillo, viéndola sentada en el césped junto al pelinaranja.

―Renji…―la ojivioleta volvió la mirada hacia él, y en lugar de una sonrisa forzada o un ceño fruncido, ella abrió de par en par los ojos. ― ¿Buscas a mi hermano? ―se quedó sentada.

―Renji…―Ichigo ya caminaba hacia él―La buscas a ella, ¿Cierto? ―su voz, su mirada y su cuerpo se mostraban tensos. ―No te lo impediré, de todos modos necesitamos…―en ese instante, el ojiambar le propino un fuerte golpe en la cara, haciéndolo caer debruces sobre el piso de madera―… ¡Tsk! ―sacudió la mano―… hablar. ―abría y cerraba el puño.

―¡Tsk! ―con un ojo abierto lo veía―Lo sé ―se limpiaba la sangre que salía de la boca―Maldito.

Rukia se levantó y dio algunos pasos, pero un leve mareo la obligo a arrodillarse mientras llevaba su mano al vientre. La atención de los varones se dirigió a ella. Corrieron para ayudarla a levantarse, al mismo tiempo que Ichigo la reprendía por haberle mentido:

―No hay tiempo para esto, llevémosla con la Capitana Unohana. ―Renji rodeaba su cuello con el brazo de la ojivioleta.

―No es necesario…

―Deja de decir tonterías, Renji tiene razón. ―hacia lo mismo con el otro brazo de ella.

―El médico de la familia puede verla. ―el anciano los interrumpió, obligándolos a llevar a la ojivioleta a recostarse en su mullido futón.

Sin más remedio, ambos hicieron lo que se les dijo y esperaron a fuera a que el médico le hiciera un chequeo.

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Tras treinta minutos de espera, observaron como el medico salía y le daba algunas indicaciones al anciano antes de retirarse. Obviamente la curiosidad los invadió, por lo que lo interrogaron sobre la salud de Rukia.

―Ella está bien―fue lo uno que dijo antes de irse.

Cautelosamente entraron a la habitación de la pelinegra. Ante ellos estaba una mujer frágil, sollozado y hecha ovillo bajo su manta.

―Rukia… ¿Estas bien? ―Ichigo trato de tocarla, pero se detuvo.

―Ichigo…―aún estaba bajo la manta―Renji…

― ¿Por qué lloras? El señor nos acaba de decir que estas…

―Estoy embarazada. ― asomo sus ojos.

Embarazada. Esa palabra retumbo en los tímpanos y en los corazones de ambos. La estupefacción estaba mezclada con incredulidad y sonrisas forzadas.

―Em…em…embarazada… ―el ojiambar aún no asimilaba la noticia― ¿Cuánto… tiempo tienes?

―Pues…―se sentó― un mes y medio.

―Maldición…―el pelirrojo golpeo el piso con el puño― ¿Estas… segura?

―Sí.―mantenía los ojos cerrados.

Renji no tenía idea que justo después de haber tenido relaciones con Rukia, ella había estado con Ichigo, por lo que su reacción era de esperarse. La sujeto de las muñecas y la zarandeo un poco al mismo tiempo que le hablaba con fuerza:

― ¿¡Estas segura?! ¡Responde!

―Déjala.―el ojiambar lo sujeto con fuerza del cuello del kimono―Esto no me agrada nada… ¡Maldita sea!... ¡TAMBIÉN PUEDE SER MÍO! ―estaba furico.

La ojivioleta se interpuso entre ellos, con los brazos extendidos a los lados, observándolos reprobatoriamente. ― ¿Qué demonios les pasa? Soy yo quien debería de estar enfadada, preocupada y angustiada―miro por el rabillo del ojo al ojiambar―Ichigo…

La forma en que lo observo lo relajo un poco: el miedo, la incertidumbre y la culpa se reflejaban en ese par de preciosos ojos color violeta que tanto adoraba. Inconscientemente la abrazo, recargando su mentón en la coronilla, al mismo tiempo que peinaba, con sus dedos, su corta cabellera negra.

―Hay que hallar una solución ―no lo veía, pero era claro a quien le hablaba―Esto no puede quedarse así.

―Muy bien, no sé cómo vamos a arreglarlo.

―Déjenme sola. ―se apartó de él―Ya les dije que este es mi asunto, ustedes…

― ¡Tsk!... me importa un carajo lo que digas ―la sujeto por los hombros, obligándola a verlo a los ojos―, te guste o no… nosotros…

―Hay que ir con la capitana Unohana. ―Renji sabía que Rukia no desistiría fácilmente de su decisión.

― ¿Y qué hay de Byakuya? ―Ichigo se incorporó, ayudando, a su vez, a Rukia a levantarse.

―De eso nos encargaremos después.

Contra su voluntad, la shinigami tuvo que ir con ellos hasta la segunda división. Ichigo la cargo tal cual princesa, y entre más pataletas, gritos, reclamos y puñetazos, él la sujetaba aún más fuerte. Y gracias al escándalo que ella ocasiono, no tuvieron que anunciarse para solicitar ver a la capitana; Isane los guió hasta la capitanía, desde luego con la gran intención de saber la razón por la que Rukia se mostraba sumamente enfadada.

―Capitana, Kuchiki, Kurosaki y el teniente Abarai quieren hablar con usted. ―Isane abrió un poco la puerta.

―Déjalos entrar. ―rápidamente, los dos hombres sujetaron a la ojivioleta de los brazos y la hicieron entrar― ¿Todo en orden? ―le desconcertó verlos actuar de esa forma con la shinigami.

―Sentimos entrar de esta forma, pero necesitamos de su ayuda―Renji se inclinó un poco.

―Muy bien… explíquenme.

Al mismo tiempo que luchaban contra Rukia, para mantenerla sentada, Ichigo fue directo al punto. La reacción de Unohana no fue la que esperaron: se limitó a asentir con la cabeza y a pedirle a Isane que prepara todo para revisar a la ojivioleta, también les explico que averiguaría algo que a ninguno se le ocurrió:

―Rukia, ¿Has vuelto a ver al hollow de Ichigo? ―se paró y camino hacia ella.

― ¿Qué? ―los tres dijeron al unísono.

―Muy bien, de no ser así… ―miro hacia los varones―, creo que se acaban de responder a sí mismos la duda principal que los trajo aquí. Bien, sígueme, tengo que revisarte de todos modos.

Estaba pasmada, ¿Cómo pudo olvidar ese detalle? La primera vez ella soñó haber estado con el hollow, en cambio ahora no fue así. No ha soñado con él ni una sola vez durante esas semanas, ¿Por qué? Pero, sin importar el lado positivo, Rukia se enfrentaría en un serio conflicto en el caso de que el bebé realmente fuera de Renji. Definitivamente tendría que separase de Ichigo, las razones son muy obvias.

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En medio de la revisión médica, Unohana sonrió –para sí misma- cuando comprobó que no habría peligro alguno de que el hollow amenizara nuevamente al bebé que la ojivioleta espera:

―Todo está bien, no tienes de que preocuparte Kuchiki. ―se levantó y le dio alguna sindicaciones a Isane― Llévale esto al capitán Ukitake.

― ¿Eso quiere decir que…? ―sus ojos temblaban.

―A juzgar por tu gesto no te agrado la noticia. ―Unohana la miro con tristeza―Muy bien, debo decirte que tengo la obligación de informárselo a tu Capitán, le envié la estricta indicación de que no te envié a misiones de nivel medio o alto.

Rukia ignoro las palabras de la capitana, sólo quería salir de ese lugar, por eso corrió a la salida mientras apartaba todo a su paso. Y pese a los intentos de Ichigo y Renji, no lograron alcanzarla durante un buen tramo.

Llegaron a campo abierto, a los límites con el bosque, pues hasta ahí los guió los pasos de la pequeña shinigami. También los límites de su paciencia habían sido atravesados, por más que buscaban no la encontraban, por más que gritaban no la escuchaban y por más que Ichigo deseara que todo fuera una maldita pesadilla, la realidad lo golpeaba con fuerza.

―Esto no funcionara.

― ¿De qué hablas? ―observaba su alrededor por si pillaba a Rukia.

― ¡Ja! ―se sentó sobre un tronco hueco―Amo a esa mujer, con todas mis fuerzas. ―forzaba su sonrisa.

― ¡Tsk! ―le daba la espalda, por lo que él no lo veía apretar los dientes―Renji… una vez te dije que si tratabas de interponerte en mi camino ―súbitamente volteo hacia él y lo cogió de la ropa hasta alzarlo― ¡TENDRIAS QUE MATARME ANTES!

Al aventarlo al suelo, Ichigo desenfundo su zanpakuto, dispuesto a empezar una pelea con dudosa resolución. El pelirrojo sonrió -al limpiarse la sangre de la boca- y se posiciono para contraatacar en cualquier instante.

Justo en el instante en que ambos corrían para chocar sus espadas, Rukia levanto un muro de hielo solido entre ellos. Estaba cansada, fastidiada y afligida, pues tampoco sabía cómo enfrentar la cruda realidad. Lentamente camino hacia ellos, sin dejar de apuntarles con su zanpakuto, con la intención de gritarles:

― ¡Maldita sea! ―el hielo se derretía poco a poco―Únicamente se concentran en ustedes, en matarse y reclamar un derecho que ni yo sé si quiero que les importe.

― ¿Qué tratas de decir? ―Renji bajo la espada.

―Renji… ¡Tsk! ―bajo la cabeza y apretó los puños―Quiero que ambos se alejen de mí.

― ¿¡Por qué!? ―gritaron al unísono.

―Ni lo sueñes, no te dejare sola… ―el pelinaranja creía no volver a sentir que le arrancaban el corazón.

― ¡Detente ahí! ―extendió los brazos para que no se acercara.

Y antes de que pudiera continuar, una presencia imponente se hizo presente. La reacción de la ojivioleta fue de miedo; la de Ichigo de frustración al igual que Renji. Al mirar hacia dónde provenía esa pesada energía espiritual, la shinigami cayó de rodillas.

― ¡Esconde tu reiatsu, ella no lo soportara! ―Ichigo miro amenazadoramente a Byakuya.

―Lo siento, pero no se callaban y me estaban fastidiando. ―se acercó hasta su hermana―Ukitake me informó de todo. ―poso su mano sobre el pequeño hombro de ella.

―Her…mano.

No podía creerlo. Su hermano estaba hablándole con ternura, con amabilidad, sin mencionar la forma en la que la miraba y la tocaba; como si temiera que la situación se repitiera y todo se saliera de control.

Byakuya la cargo y se la llevo, dejando a los varones estresados y confundidos. Para ellos todo paso en fracción de segundos, ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar ni de mover un dedo para impedir que se la llevara.

―Tengo que estar con ella… ―antes de irse, Renji lo detuvo.

―Ichigo, no me retractare… si ese bebé es mío… ―su expresión era seria y perturbadora―no dejare que lo alejes de mí.

― ¡Tsk! ―se soltó y se encamino hacia la mansión del ojivioleta, con Renji pisándole los talones.

No pasaron más de cinco minutos cuando una espesa nube de polvo se levantó estrepitosamente, bloqueándoles el paso. Nada más lograban distinguir una figura femenina en medio de la nube. Entre la tos y los ojos llorosos, ambos se prepararon para enfrentarse con Soi Fong, quien aún mantenía cierto resentimiento contra el ojiambar al crear alboroto en el Seireitei.

Pero no fue así. Una vez que el polvo se dispersó, ambos recibieron un fuerte golpe en la cabeza que los dejo aturdidos por unos segundos, así que al recobrar el equilibrio se percataron de que aquella persona que se interpuso no era otra que la misma Yoruichi.

― ¡Tsk! ―sus ojos lagrimeaban― ¿¡Estás loca!? ―estaba en cuclillas, sobándose el chichón.

― ¡Idiotas! ―su actitud no era sarcástica como siempre, esta vez su aire era en verdad serio.

― ¡Ash! Yoruichi… Se supone que estabas en el mundo de los vivos. ―Renji apenas podía abrir los ojos por el dolor.

―Kisuke me dijo que viniera a averiguar lo que ocurre. Algo lo estaba inquietando, y por lo que veo no se equivocó. ―se agacho a la altura de Ichigo―Lo sé todo, sé que Rukia está embarazada. También que… ―al ver la expresión del chico, omitió sus palabras―Bien, vayamos con el niño Byakuya.

Al retomar su camino, la morena le informo del plan que Urahara tenía para ayudarlos con su problema. El único problema era que Rukia accediera.

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La cargo hasta su habitación, incluso la recostó sobre el mullido futón y ordeno que le llevasen un poco de té y arroz.

―Hermano…―sus ojos estaban llorosos.

―Deja de llorar, Rukia. ―la miro de reojo al irse―Eres una Kuchiki, debes ser fuerte.

Al estar sola, la shinigami se tragó el llanto. Su cabeza le daba vueltas, los hombros le pesaban, su fuerza estaba decaída. "¿Así se siente un animalillo acorralado por su depredador?" se abrazó así misma de las piernas y escondió su rostro entre sus rodillas. De pronto, una tierna voz llamo su atención:

― ¿Se… señorita Rukia?

― ¿Eh? ―sus pupilas se dilataron― Hanataro, ¿Qué haces aquí? ―gateo hasta donde el pequeño pelinegro.

―La capitana Unohana me envió a cuidarla, dijo que estaba nerviosa. ―le cogió las manos y le sonrió dulcemente―Me alegra mucho que este bien.

―Hanataro, hay manera de que… ―bajo la mirada― de que puedas decirme si el bebé es de Ichigo.

―Yo… no estoy seguro que puedo hacerlo.

―La capitana Unohana sí lo sabe, aun así sólo dejo la duda en el aire y eso me está enloqueciendo.

―Silo sabe no me dijo nada. Lo siento. ―la abrazo.

Cuando deshizo el abrazo, Rukia vio a Ichigo parado en el umbral de su habitación. Sus ojos no dejaban de temblar, la voz no salía y su cuerpo se paralizo. Hanataro, al verla así, se interpuso entre ambos y miro con un dejo de miedo al shinigami sustituto.

―Rukia, se cómo averiguar de quien es el bebé. ―detrás suyo estaban Yoruichi y Renji.

―Ya dije que te la llevaras sobre mi cadáver. ―el pelirrojo lo sujeto con fuerza del hombro.

―Ella ira conmigo ―aparto la mano―te guste o no.

―Rukia, debes venir con nosotros al mundo de los vivos para que… ―la morena se vio interrumpida.

― ¡Ya basta!

Hizo a un lado a Hanataro para gritarles que no iría con nadie a ningún lado, así como que el bebé que estaba en sus entrañas no le pertenecía a nadie, más que a ella. Sus gritos los desconcertaron tanto que Byakuya tuvo que intervenir. El ojivioleta miro fijamente a los ojos a Rukia. Los primeros segundos ella no dejaba de temblar, pero en cuanto él la sujeto de ambos hombros una inexplicable tranquilidad la invadió.

―A tu hermana no le hubiera gustado verte sufrir.

―Hisana…―susurro.

―Sin importar de quien sea el bebé, debes enfrentar la realidad y las consecuencias. Ya no eres una niña. ―miro de reojo a la morena― Tampoco quiero que vaya al mundo de los vivos, pero si es necesario yo me encargare del Comandante Yamamoto.

―Hermano.

― ¡Capitán! ―Renji apretó sus dientes.

―Tú iras con ellos. Tienes todo el derecho, y la obligación, al igual que Ichigo.

― ¡Ja! Se te ha ablandando el corazón, niño Byakya. ―la sonrisa de Yoruichi eras arcástica― Bien, vamos de una vez, todo está listo para que regresen.

―Hermano, no quiero ir...

― ¡Rukia! ―le dio la espalda―Debes hacerlo. ―la miro antes de irse― Estaré esperando a que regreses.

Dicho eso, Hanataro abrazo con fuerza a la ojivioleta y pidió que lo llevasen también, alegando que le preocupaba la salud de su amiga. Sin embargo, la morena le dijo que esta ocasión no podía hacer algo para que fuera con ellos, por lo que lo dejaron mientras ella se encargaba de llevarse –casi a la fuerza- a la shinigami.

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¿Qué podía hacer?, estaba a mitad del camino hacia el mundo de los vivos, en medio de dos hombres que la aman alocadamente y nuevamente estaban espada contra espada para reclamar lo que apreciaban. La única fatalidad era que a uno de los dos tiene que destrozarle la vida.

―Ya falta poco, Kisuke preparo todo para que cayéramos en algo suave para que Rukia no se lastime. ―la morena no dejaba de correr por el Dangai.

Justo al llegar a la luz, Ichigo sujeto de la cintura a Rukia para ayudarla a caer sobre la extraña alfombra voladora que Urahara había usado la última ocasión. Al mismo tiempo, Renji no dejaba de verlos y de pensar que pasaría si confirman que el bebé es de él. Por un lado estaba feliz, y por el otro estaba destrozado. Él sabía que la ojivioleta lo quería y apreciaba, pero no del modo en que él la veía: con amor, con pasión.

―Señorita Kuchiki. ―Urahara salía de la tienda. ―Se nota que tiene buena salud.

―Déjate de juegos, Kisuke y llama a Isshin. ―Yoruichi le jalaba una oreja y una mejilla.

― ¿Mi padre está aquí?

―Ichigo, es importante esclarecer la duda. ―efectivamente, estaba ahí.

― ¿Pero qué diablos? ―corrió hasta él.

―Hijo, luego te explicare. ―lo paso de largo―Pequeña Rukia, es necesario aclarar que en verdad no hay riesgo de que el hollow reaparezca.

―Señor―sus pupilas titilaban de fastidio―, no lo he visto en más de un mes, no creo que…

―Eso no importa, por lo que sabemos él hace su voluntad ―miro de reojo a Ichigo―, o ¿Acaso has olvidado como domina a voluntad a ese idiota?

Las palabras de Isshin hicieron dudar a Rukia, así que sin más excusas o peros accedió a desechar aquella posibilidad. Y no sólo a ella le dieron su Gigai, Urahara también le dio uno a Renji, y a Ichigo le mostraron donde estaba Kon –con su cuerpo- para que estuviera más cómodo. Aunque Ichigo riño bastante tiempo con el peluche para que le devolviese su cuerpo, pues este ya quería vera a la shinigami. Para su mala suerte, Isshin ya la estaba llevando a su clínica, para poder trabajar sin alguna interrupción.

― ¿¡Por qué nee-san no está aquí!? ―yacía bajo el pie de Ichigo –quien ya había recuperado su cuerpo-

―Nada más ira a que Isshin le haga un chequeo. ―la morena comía sin cesar.

―No comprendo― el pelirrojo sostenía, sin beber de, la tasa de té―, ¿Por qué tuvo que ir con el gigai?

―Sí no mostró reacciones al estar en su estado natural –alma-, lo más probable es que en este mundo exista la posibilidad de una reacción contraria. Es decir, que la manifestación del hollow sea más fuerte, debido a que él bebé también se encuentra en un estado semi-humano al igual que la madre.

―¿Eso qué quiere decir? ―Ichigo la veía atento.

―Hay un 80% de que el bebé sea más fuerte espiritualmente que el anterior, lo que quiere decir que el hollow no tuvo la oportunidad de manifestarse en la superficie del mundo interno de Rukia.

―Entonces―apretó con fuerza sus puños―, ¿Al estar aquí, el bebé se ve debilitado espiritualmente al igual que los shinigamis?

―Exactamente.―Urahara intervino, y cargaba consigo una jarra de sake― ¡Vaya, vaya! Estos chicos sí que son listos. ―sonreía satisfecho de la exitosa deducción.

― ¡Tsk! ―Renji forzó la risa ―Eso quiere decir que Rukia deberá quedarse… ¿Cuánto tiempo?

―Eres astuto. ―Yoruichi dejo a un lado su tazón de arroz―Exista o no el hollow, deberá quedarse todo el embarazo. ―le quito la jarra al ojigris―Después de eso, si el bebé no es amenaza para el Seireitei ella podrá elegir con libertad si quedarse aquí o regresar.

Al oírla, Ichigo recordó que casi un año atrás se enfrentó en una disyuntiva similar, quedarse o irse junto al amor de su vida. Sin embargo, esta ocasión estaba dispuesto a hacer lo que ella deseara; si quería regresar, la seguiría; si deseaba quedarse, también.

― ¡Nee-san!, ¡Nee-san!―Kon no dejaba de correr de un lado a otro, hasta que Jinta le lanzo una pelota de béisbol justo en la boca.


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ღRukia_Kღ