Gracias por seguir leyendo mi Fic
Historia alterna sin fines de lucro, basados en el manga y anime de Tite Kubo y Estudios Pierrot
Autora: L. Ro - ღRukia_Kღ


Capítulo 18: Vuelvo a ser una contigo


Se sentía extraña al ser examinada en su cuerpo artificial, y pese a que Isshin le explico lo mismo que Yoruichi a los chicos, Rukia no alejaba la sensación de torpeza al enfrentarse a una situación que, se supone, sólo les concierne a los humanos.

―No te preocupes, todo saldrá bien. ―su voz y su mirada eran gélidos.

―Lo siento. ―evadía la mirada―Yo… ―una lágrima rodaba por su mejilla.

―Pequeña Rukia, no niego que me encantaría la idea de que mi hijo fuese el padre de esta criatura… ―sonrió de lado―Pero lo importante ahora es saber que tu mundo interior no se vea afectado en estos meses.

La shinigami entrecerró los ojos y sus pupilas titilaban. ¿Cómo podía ese hombre hablarle tan fría y dulcemente? la culpa la carcomía, aun no se perdonaba a si misma el haber traicionado a su mejor amigo, al amor de su vida y a ella misma. La misma pregunta rondaba por su cabeza una y otra vez: "¿Ichigo me perdonara si es de Renji?".

―Bien, comenzare.

Inicio con los procedimientos médicos espirituales y posteriormente con los del mundo de los vivos. Como el embrazo es de casi dos meses, Isshin no dudo en proponerle un ultrasonido.

― ¿Qué… es eso? ―seguía acostada en la camilla.

―Bueno, ya lo veras por ti misma. ―acerco una botellita a ella― ¿Me permites?

― ¿Hum?

Le pidió que descubriera su vientre, a la vez que le explicaba que era un gel conductor para poder realizar el ultrasonido con seguridad. Le mostró y explico el funcionamiento del aparato para que alejase miedo o duda.

― ¿De verdad puedo ver al bebé en esa cosa? ―sus ojos brillaron.

―Sí, si puedes.

―De acuerdo. ―hizo lo que le pidió.

Isshin sonrió al ver en la pantalla esa pequeña vida.

―Mira, este es tu bebé.

―Apenas y se distingue algo. ―aun así no dejaba de ver fascinada la pantalla.

―Lo sé. Rukia… necesito hacer una prueba de ADN.

― ¿Qué es eso? ―no lo veía, seguía hipnotizada por lo que veía.

―Es un estudio para saber quién es el padre del bebé.

―No quiero saber de quién es… ―seguía sin verlo.

―Comprendo, pero necesito hacerlo para eliminar…

―Sólo no me diga de quien es, por favor… señor. ―lo miro fulminantemente.

― ¡Ok! ―esa misma noche extrajo una muestra para realizar la prueba de ADN, y dejo que descansara en la habitación de Ichigo.

Yuzu y Karin no se encontraban en casa, ambas habían ido a un campamento, del cual tardarían un poco más en regresar, así que Rukia no se preocupó por incomodar a la familia de Ichigo. Aunque, de algún modo le agradaba no tener que lidiar con ellas en esos momentos, pues el tener que darles explicaciones la enloquecería y molestaría. "¿Cómo reaccionaran ellas si mi bebé es de su hermano?", le daba vueltas al asunto mientras se cepillaba los dientes y observaba su rostro. "¿Lo que estoy haciendo es correcto?" , ni siquiera el ponerse la vieja pijama de Yuzu y recostarse en la mullida cama la hacían calmar su conciencia.

―Aun así deseo tenerte… ¿Pero cuánto o que me costara el tenerte entre mis brazos?

Las lágrimas brotaron de nuevo. ¿De rabia, dolor o tristeza? Rukia estaba de lado, hecha ovillo, abrazando su vientre mientras veía por la ventana. Su única compañía era el canto del viento y el pasar del tiempo. "Te extraño… te amé… ¿Por qué te fuiste?" pregunto una y otra vez, hasta caer dormida con el recuerdo de su primer embarazo.

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No durmió, no desayuno, nada más vigilaba el reloj, esperando a que fuese una hora prudente para volver a su casa y saber de ella. Sus únicos inconvenientes: Renji y Kon. El primero alegaba no dejarlo solo, pues también quería verla; el segundo, lloriqueaba y dramatizaba por ver a su "hermana". Por eso, Ichigo no tuvo más remedio que aceptar llevarlos consigo.

― ¡Tsk! Apresúrense ―les gritaba, ya que aún desayunaban―, no tengo su tiempo.

― ¡Cállate! No eres el único que desea ver a nee-san. ―Kon le iba a propinar una patada, pero el ojiambar lo sujeto de la pata de felpa y lo arrojo hacia el suelo con fuerza.

―Vamos.―el pelirrojo

Tardaron más en discutir que en llegar a la casa. A lo lejos podían oírse su alboroto, llamando la atención de Rukia, quien estaba parada frente a la puerta de la clínica –mirando el cielo azul-.

―Rukia.―al verla, el pelinaranja troto hasta ella.

Al tenerla frente a frente, se rasco la nuca y vacilo un poco en hablarle, momento que el pequeño peluche aprovecho para abalanzarse contra los pechos de la ojivioleta. Instantáneamente, el puño de Ichigo y el pie de Rukia lo aprisionaron de tal modo que Kon quedo noqueado bastante tiempo.

― ¿Qué haces a fuera? ―el pelirrojo tentaba el terreno.

― Sólo… quería respirar un poco ―cruzo sus brazos por la espalda―, todo esto me resulta fastidioso. Además, el gigai no ayuda mucho.

―Podemos volver con Urahara, quizá…

―No es eso. ―les dio casi la espalda―Me da miedo… tener que pasar el embarazo aquí.

―Rukia…―Ichigo no sabía cómo animarla, consolarla o hacerla olvidar las penas.

―De eso no debes preocuparte, no es muy distinto que en la Sociedad de Almas. ―Isshin interrumpió.

―Viejo, ¿Cómo es la salud de Rukia?

―Ella―la vio de reojo―, está muy bien. ―aun no pretendía decirle algo hasta tenerlos resultados en sus manos.

Repentinamente, Kon despertó realmente enfadado. El escandalo los obligo a entrar y calmar la situación, antes de que alguien los viera y creyeran que eran extraños.

La actitud de la shinigami para con Ichigo y Renji no era del todo tranquilizante, ya que era distante, sombría y un tanto hostil. Ninguno podía acercársele sin atenerse a una inesperada emoción. Aquella situación los enloquecía, los atormentaba, y lo que más anhelaban era poder aligerar la carga que la ojivioleta no compartía.

Desde la mañana hasta el atardecer, Ichigo observaba cada uno de los movimientos de su amante. La veía barrer la entrada de la casa, de la clínica; también la veía ayudar en la clínica, con pequeñas tareas como curar una cortada, recibir a los pacientes o esperar con paciencia alguna otra tarea. "Esto no puede seguir así, tengo que recuperarla… ¿Estaré loco por seguir amándola de este modo?", sin darse cuenta camino hasta ella, la sujeto con fuerza de la muñeca y la jalo. Renji se quedó pasmado al ver la feroz actitud del pelinaranja, incluso Kon se anonado al ver la rudeza con la que se alejaban.

―Suéltame… Ichigo… Estas lastimándome. ―forcejeaba en vano.

No le hablaba, no la miraba. Sólo seguía jalándola, obligándola a seguirlo hasta el parque. Poco a poco aumentaba la cantidad de árboles, y ella seguía peleando su libertad.

― ¡Dije que me sueltes! ―casi cae al suelo al intentar zafar su mano― ¡Tsk! ¿Estas demente?

―Mira.―le daba la espalda.

― ¿Qué? ―al colocarse a su lado, noto que en la tierra había un gran hoyo, de unos cuatro metros de profundidad y seis de largo. ― ¿Qué… qué es esto? ―al recordar, no evito abrir sus ojos de asombro. Era el sitio donde toda su tragedia inicio.

―Aquí… aquí es donde nuestro amor se fracturo. ―se arrodillo a la orilla del gran agujero― ¡No pude protegerte! ―golpeo el suelo con su puño.

La shinigami se sentó a su lado, posando su mano sobre su fornido hombro. Ambos estaban taciturnos, como si esperasen que un nuevo acontecimiento los interrumpiera y los alejara de nuevo. En cambio, una ligera llovizna los sorprendió, forzándolos a volver.

No cruzaron palabra alguna, tampoco una mirada. Pero, en cuanto llegaron a la casa, Rukia recordó aquella noche en que hicieron el amor. Era una noche similar, con la lluvia de testigo de su vehemente pasión.

―Te resfriaras. ―le acercó una toalla.

―I… Ichigo… ―observaba la prenda como si el destino la hubiera golpeado―… Ichigo… ―la forma en que lo pronuncio embeleso al ojiambar.

―Rukia―sujeto su rostro entre sus manos, sin dejar de verla desafiante―… Rukia… ―sus labios inmediatamente la buscaron―… Mi amor… ―su lengua buscaba la de ella, sus manos la despojaban con rapidez de su lindo vestido, color amarillo.

―Cariño… hazme tuya ―sus labios correspondían con la misma ferocidad―, hazme el amor ¡Hah! ―cerro sus ojos al sentir una ligera mordida en su labio inferior.

La miraba con deseo, con lujuria, con pasión. Sus ansias por hacerla suya lo dominaban, así que cargo a la semi desnuda mujer hasta la única habitación de la pequeña clínica. "Bendita decisión de mi viejo el tener la clínica en la casa", apenas articulaba sus pensamientos.

― ¡hah! Ichigo… ―lo abrazaba con fuerza del cuello― Extraño tanto estar contigo.

―Igual yo… ―le sonrió provocativamente.

Tras cerrar la puerta, con el pie, Ichigo arrojo a la cama a la pequeña mujer, se quitó la camisa y los pantalones empapados, quedando únicamente con su bóxer negro, realmente ajustados. Mientras ella observaba el increíble miembro que resguardaba bajo aquella prenda, él la acorralo con ambos brazos mientras dibujaba su silueta con la punta de su lengua. Incluso, al llegar al vientre, él se tomó su tiempo para acariciarla y recargar su mejilla. Aun no se notaba el embarazo, y por un lado estaba aliviado, pues pensaba hacerle el amor desenfrenadamente.

―Extrañaba el aroma de tu piel. ―prosiguió besándola hasta llegar a su pelvis, sus muslos y de vuelta hasta la pequeña pantaleta―Te ves exquisita.

―Amor…―levanto sus brazos, exponiendo sus senos aun aprisionados por el sostén.

Lascivamente, Ichigo se dirigió a esas esposas y literalmente desgarro la prenda. Los pequeños senos se tambalearon un poco al resentir la brusquedad del amante sediento de placer. El rubor en las mejillas de ella no era de una simple timidez, Rukia ya deseaba que la tocara, que la excitara y le hiciera el amor.

―Ven aquí… ―sujeto su cara y lo guío hasta sus senos― ¡Mm! ―arqueo su espalda al sentir la habilidosa lengua jugando con sus tiernas aureolas―Ichigo… ―su tono era sensual―Tócame…

―No tienes por qué decírmelo.

Tras sonreír perversamente, delineo la cintura de su amante hasta llegar a la ropa interior. Lentamente, comenzó a despojarla de la única barrera que se interponía entre sus cuerpos. Fácilmente logro quitarla, por lo que no perdió tiempo en juguetear con el pequeño clítoris y la vagina de la ojivioleta.

― ¡Hah! ―nuevamente arqueo su espalda―Ichigo, sabes cómo complacerme. ―abrió un poco sus piernas para sentir más placer.

Él prosiguió estimulándola. Realizaba rápidos círculos en el clítoris mientras introducía un dedo, luego dos y al final tres, en aquella feminidad intensamente lubricada y excitada. Pero, al no resistir más, Rukia aparto rudamente a su amante, haciéndolo caer de la cama.

― ¿Qué pasa?

― ¡Hah! ―respiraba agitadamente―No… es justo… ―bajo de la cama y gateo hacia él.

― ¿Qué haces?... ― ¡Hah!

Los labios de ambos estaban a milímetros, cada uno podía escuchar el rápido palpitar de sus corazones, y la ojivioleta lamia el contorno de los labios de su amante, al mismo tiempo que le estimulaba su casi endurecido miembro. Pero, con rápidos movimientos, de su mano, logro que Ichigo tuviera una gran erección.

― ¡Tsk! Rukia… ―la acostó en el piso y le abrió sus lindas piernas.

― ¡Ah! Ichigo… ―como una invitación, le enrosco sus piernas en su cintura y elevo sus brazos, dejando desprotegidos sus pechos.

Libidinosamente,el pelinaranja busco los labios y la lengua de Rukia, quien le correspondió gustosa al morderlo ocasionalmente el labio inferior.

― ¿Estas segura?

― ¿Enserio preguntas eso ahora?

―Muy bien…

― ¡Hah!

Ella pensó que la penetraría cautelosamente como las ocasiones anteriores. Sin embargo, esta vez el deseo sexual de su amante no se lo permitió. Ichigo la penetro con tal rapidez y fuerza que Rukia sintió que aquel miembro era realmente descomunal para su pequeña vagina.

― ¡Tsk! ―lagrimeaba― ¡hah! ―arqueaba su espalda y hacia atrás su cabeza― ¡Hah!

Las penetraciones se hacían cada vez más rápidas y feroces, como si no le importara lastimarla. Ya quería estar con ella, tener sexo con ella. ¿Por qué no? Si es la mujer que ama a pesar de todo.

Rukia lo aprensaba con más fuerza, con afán de que la penetrara aún más. Sus gemidos y jadeos deleitaban el odio de Ichigo, pues sabía que no solo con él estaría protegida, seria amada, sino que siempre tendría noches sexuales de intenso placer. "Esto es extraño, antes… no nos importaba mucho esto… en cambio ahora, sólo pienso en estar con ella", pensaba sin dejar de sujetarla por la espalda para sentarla y tenerla cara a cara.

― ¡hah, hah! ―su cuerpo temblaba y estaba empapado de sudor, al igual que él.

― ¡hah, ha! ―le besaba y mordisqueaba el cuello. ―Rukia subía y bajaba tan rápido como podía sobre su miembro.

― ¡Ichigo… hah! ―se aferraba a su cabello, a su cuerpo.

Sin decirle algo, él simplemente se levantó y la cargo de vuelta a la cama.

―Aférrate a mi… ―le susurró al oído.

―Sí.―se estremeció.

Así que le hizo caso y lo abrazo con piernas y brazos, sujetándose muy bien a él.

― ¡Hah! ―su cuerpo experimento una explosión de éxtasis.

Ichigo oculto su rostro en el cuello de Rukia para reprimir sus gemidos, pues la embestía ferozmente.

― ¡hah, sigue… hah! ―le rasguñaba la espalda― ¡sigue, hah!

La cama golpeaba completamente la pared, hasta descarapelarla, el piso se estropeo y las sábanas cayeron.

―Ichigo… no aguanto más… ―lo rasguñaba con más fuerza.

―Espera… ¡Tsk! Aférrate a mí. ―sin esperar respuesta, Ichigo la cargo.

― ¡hah!

Sujeto con fuerza el trasero de Rukia y comenzó a embestirla nuevamente. Ambos contoneaban sus caderas al encuentro del otro, en un ritmo perfecto en que la lujuria se hacía presente.

― ¡Hahh, Ichigo! ―no evito aprisionar la virilidad de Ichigo― ¡Mmm!

― ¡Hahh! ―cerro los ojos al sentir como ella se contraía, alcanzando el orgasmo casi al mismo tiempo― ¡Hah, Rukia! ―no la soltaba, pues pretendía dejarse ir dentro de ella.

Rukia jadeaba, tratando de recuperar el aliento, sin dejar de abrazar a su escultural amante, sonriendo complacida y llena de satisfacción. Sujeto entre sus manos el rostro de él para sumirlo en un apasionado beso, sin importarle la falta de aire de ambos.

Ichigo la acomodo en la cama para poder acostarse a su lado, sin dejar de observarla y acariciar el contorno de su cuerpo. El sudor apenas y se disipaba, su respiración era casi normal, su cuerpo aun la deseaba al igual que sus labios y su mirada la retaba a proseguir con aquel encuentro sexual.

― ¿Qué, sigues "hambriento"? ―se mordía el labio de forma sensual.

―Para ser honesto ―sus labios estaban a milímetros de los de ella―, aun quiero hacerte el amor.

―No entiendo… ¿Cómo hemos alcanzado este punto? ―se colocó de lado, para tocarle su bien trabajado pecho y abdomen―No estábamos desesperados por tener relaciones.

― ¿Eso te disgusta? ―sonrió pícaramente.

―Puedo acostumbrarme a esto. ―hizo que sus senos rosaran el cuerpo de él, provocándolo.

― ¡Uff! Rukia ―ferozmente la beso―, sólo quiero que estés conmigo. Si estas con otro hombre enloqueceré.

―Ichigo, soy tuya y de nadie más. ―lo abrazo con brazos y piernas―Cariño ―oculto su rostro en su pecho―, anhelo tanto que este bebé sea tuyo.

―También yo, créeme, también yo. ―cerró los ojos al recordarla semi desnuda en la misma habitación que Renji.

Se sumergieron en un profundo beso, interrumpido intempestivamente por un grito que provenía de la sala principal de la casa. Era Kon discutiendo con Renji. Por lo que lograron escuchar, ambos estaban desesperados por saber dónde se encontraba la shinigami, y por supuesto el pelinaranja. Eso aletargo a los amantes, pues no querían darles explicación alguna sobre su extendida ausencia.

¡Nee-san! ¿Dónde estás? ―era Kon gritando, del otro lado de la pared.

― ¡Tsk! Ese maldito peluche. ―Ichigo se sentó a la orilla de la cama―Rukia… no me importa si el bebé es de Renji ―la vio sobre su hombro―, yo me encargare de que nunca lo sepa y estaré a tu lado cuando nazca.

―I… Ichigo. ―la sábana le cubría la cadera y parte de las piernas―No digas eso, no quiero arruinar tu vida. ―estaba boca abajo abrazando la almohada.

―No digas tonterías, esa decisión es mía y punto. ―estaba subiendo la bragueta del pantalón―No pienso perderte de nuevo, menos ahora que nos estamos entendiendo bastante bien ―sonrió sin que lo viera―, en todos los aspectos.

Justo en ese momento, oyeron que el peluche propuso buscar en la clínica, alarmándolos y obligándolos a terminar de vestirse y salir de aquel lugar.

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Al salir exitosamente de la clínica, Rukia observo a Ichigo y no resistió carcajear. Él sólo la abrazo y ahogo su risa en la cabellera de la pequeña mujer que lo sujetaba con fuerza. Ninguno quería separarse, lastimarse y mucho menos abandonar el amor que cultivaron con dolor y alegría.

― ¿¡Qué hacen afuera!? ―Kon gritaba desde la entrada de la clínica.

― ¡Tsk! Deja de fastidiar, maldito peluche del infierno. ―Ichigo no dejaba de abrazar a Rukia.

― ¡Rukia! ―Renji estaba detrás del peluche, al cual lanzo lejos con un punta pié al correr hacia la calle― ¡Debes estar en reposo! ¿¡Por qué saliste!? ―la aparto del abrazo del ojiamabar.

―Suéltala.―lastimo al pelirrojo al torcerle la muñeca mientras lo apartaba― ¿Acaso estaba sola?

―No te interpongas, Ichigo. ―su tono sugería una guerra sin tregua―Te advertí que no me detendría.

― ¡Dejen de hablar como si no estuviera aquí! ―golpeo el piso con su pie―Maldición, dejen de actuar como si fuera la propiedad de alguno. Ya les dije que este problema es mío, y lo que decida hacer no podrán evitarlo.

Rukia les dedico una mirada desaprobatoria y se encamino al interior de la casa. Estaba furiosa, ¿Cómo podían hablar de ese modo?, ¿Quiénes se creían? Ni siquiera el acoso habitual de Kon la distrajo de su malestar emocional, al contrario, lo empeoro.

―Demonios, demonios ―farfullaba― ¿Por qué me tuvo que pasar esto? ―se encerró en la habitación de Ichigo― ¡Afff! ―se sentó contra la pared― Hermana ¿Por qué no estás aquí?... ¡Ja! Que irónico, nosotros los shinigamis vemos las emociones humanas innecesarias e indignantes. Pero, veme ahora… ―forzó la sonrisa―Soy una tonta, esos mismos sentimientos me trajeron a este infierno. ―hizo un recuento mental de sus vivencias―Aunque… no niego que el haber conocido a Ichigo fue la mejor jugada que el destino pudo hacerme, sin mencionar que el sexo con él es increíble.

Nee-san―estaba calmado― ¿Podrías abrirme?, no creo que sea bueno que estés sola.

―Kon… eso es lo que quiero, estar sola un momento.―abrazo con más fuerza sus piernas.

Rukia, mi amor… sal de ahí. ―Ichigo recargo su frente en la puerta―Déjame entrar―sus manos querían traspasar la madera―, por favor.

― ¿Y Renji? ―se le hizo extraño que el pelirrojo no estuviera rogando entrar.

El cabeza de piña salió echando chispas.―Kon miraba la frustración del ojiambar.

La ojivioleta se levantó y mantuvo su mano en la perilla, con miedo de abrirla. No estaba segura de querer ver a su amante en ese momento, hecho que él dedujo al susurrarle que no la obligaría. Estuvo a punto de abrir la puerta hasta que al oír un ruido extraño se volvió y noto que Renji entro por la ventana:

―Renji…

― ¡Shhh! ―llevo su dedo a sus labios―Sólo quiero hablar contigo. ―la veía con aprensión.

―No quiero ver a nadie, sal de aquí. ―murmuraba, no quería que los dos de afuera la oyeran.

―Por favor, sólo… ven conmigo un momento. ―estiro la mano con la esperanza de que lo siguiera.

"¡Tsk! ¿Por qué me ponen las cosas difíciles?", sin pensar más, cogió la mano del pelirrojo y salió con él por la ventana. Con cuidado, la cargo ya bajo hasta la calle, guiándola por un camino que los llevaba hasta el parque.

Rukia se abrazaba a sí misma, recordando que su suéter lo había olvidado bajo la cama donde hizo el amor con Ichigo. Sus dientes castañeaban, su cuerpo temblaba y apenas podía dar un paso sin quejarse de sus pies helados.

―Ten, es peligroso que te resfríes en tu estado. ―la cubrió con su chaqueta de cuero.

―Gracias.―al ponérsela, ambos rieron por lo enorme que le quedaba― ¡Jaja!

― ¡jajaja! Eres muy pequeña, ahora es más notorio. ―la ayudo a cerrar el cierre.

―Renji… ¿Para qué me trajiste aquí? ―no quería reír.

La miro con dulzura, y amablemente la invito a sentarse en uno de los columpios frente a ellos.

―Quizá ese pelos de zanahoria te habrá dicho algo similar, pero… ―forzó la sonrisa―Ni te imaginas lo feliz que me podría si me dices que ese bebé es mío.

Rukia apretó las cadenas del columpio y trato de no mirarlo a los ojos.

― ¡ja! Si soy el padre, regresaremos a la Sociedad de Almas y me casare contigo.

― ¿Qué? ―sus ojos no podían abrirse más de la impresión―No, no, no ―se paró y comenzó a quitarse la chaqueta.

―Hablare con el capitán Kuchiki. ―la abrazo por la espalda, evitando que se alejara―Le dire que yo me encargare de ustedes, incluso si no es mío.

― ¿A qué te refieres? ―dejo de luchar.

―Si es de Ichigo ―la volteo hacia él―, aun así regresaras conmigo.

―No, ¡No! ―lo empujo―No iré contigo a ninguna parte, de hecho ―se quitó la chaqueta y la arrojó al suelo―Te diré lo mismo que al padre de Ichigo, no quiero saber de quién es el bebé. Ni siquiera yo sé que quiero.

Le dio la espalda, dispuesta a regresar a casa, pero Renji la sujeto del brazo de tal modo que ella gruño de dolor.

―Suéltame―lo veía desafiante.

―No.―la acerco abruptamente para robarle un beso.

Tras luchar para apartarlo, Rukia lo abofeteo. Renji se quedó absorto al analizar la situación y rápidamente se arrepintió, por lo que quiso disculparse con la ojivioleta.

―Haré de cuenta que no pasó nada… ―llevo su mano a la boca.

―Rukia… lo siento. ―al dar un paso a ella sólo consiguió que se alejara más.

―Volveré sola. ―extendió las manos mientras caminaba hacia atrás.

Renji solo observo como corría en dirección a casa de Ichigo.

―¡Tsk! ―apretó los dientes, los puños y tenso cada musculo de su cuerpo.

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Kon pululaba alrededor de Ichigo, quien seguía parado frente a la ventana, esperando que Rukia saliera y hablara con él. Nunca pensó que había salido por la ventana, con ayuda de Renji, hasta que vio una pequeña figura correr hacia la entrada principal. Inmediatamente abrió la puerta, provocando que la ojivioleta chocara de frente con él.

― ¿En qué momento saliste? ―la sujeto del brazo para que no cayera.

― ¿Eh? ―olvido que salió por la ventana―Yo…

―No importa. ―la abrazo.

De algún modo sabía que había estado con Renji, pero el pensarlo lo martirizaba aún más, así que pretendió no saber al respecto y dejo pasar el asunto. Estaba hastiado de agrietar su relación con Rukia, por eso se prometió enfocarse en re-enamorarla, en cuidarla y amarla.

―Ichigo… yo… sólo te hago daño. ―lo abrazo con fuerza―Debería de volver a la Sociedad de Almas para que vivas tranquilo. Desde que nos conocimos no has tenido un minuto de paz y…

―Olvídalo, no dejare que te vayas ―levantó su mentón para que lo viera―, por lo menos no sin mí. ¿Qué no entiendes que te necesito a mi lado?

―Eres un idiota―forzó la sonrisa―, ¿Cómo puedes siquiera considerar estar a mi lado después de que te…

―Lo sé ―sonrió pesarosamente―, estoy muy consciente de que estuviste con dos hombres, además de mí. ―la sujeto de la cintura, agachándose a su altura―Pero… estoy seguro de que eso podemos enterrarlo. ―bajo la mirada, no quería que lo viese fruncir aún más el ceño.

Ichigo se arrodillo, recargo su frente en el vientre de ella y sin dejar de sujetarla por la cintura, murmuro algo que sólo el pequeño peluche escucho.

―Nee-san… no te alejes de nosotros. ―Kon la miraba con tristeza.

―Kon, no me pidas eso… ―Rukia contenía las lágrimas.

―Te necesito, pero… ―miro al ojiambar sonreír con dolor, recargando su mejilla en el cuerpo de ella―, Ichigo te necesitara aún más.

Antes de que refutara, Rukia se estremeció al escuchar detrás de ella la voz de Isshin y Urahara.

―Qué bueno que los dos están aquí, ¿hum? ¿Dónde está Abarai? ―Urahara miraba para todos lados.

―Él, está en el parque. ―Rukia miro de reojo al pelinaranja.

― ¡Ok! Después hablaremos con él ―Isshin los hizo ir a la sala.

― ¿Pasa algo, viejo?

―Algo así, esto le concierne más a la pequeña Rukia. ―recargo sus codos en las rodillas― ¿Recuerdas que te hice una prueba de ADN? ―la veía fijamente―Tengo los resultados y, además de mi, Urahara lo sabe.

―Dije que no quiero saber de quién…

―Lo sé, lo repetiste muchas veces. ―se recargo en el sillón―Y respetare tu decisión, sin embargo…

―Debemos mantenerte aquí, hasta que finalice tu embarazo. ―Urahara miraba por la ventana.

― ¿Eso significa algo malo? ―Ichigo mantenía la calma.

―No es bueno, ni malo… sólo consideramos que para el bienestar de Rukia y el bebé, es mejor tenerlos bajo el cuidado que se brinda en este mundo. Eso es todo. ―el rubio saco su pipa. ― ¡Oh! Lo siento, es la costumbre. ―la guardo al ver a la ojivioleta―Aun no me acostumbro a no fumar delante de ti.

Mientras reía de su mal chiste, Urahara observo detenidamente a los amantes. Entre ellos la semilla del amor renacía, y eso lo reconfortaba. Aunque, de haber visto la misma escena con Renji, hubiera sentido el mismo confort, ya que Rukia necesitaría… más bien, necesitara de todo el cariño y cuidados posibles.

―Bien, tengo que irme… Si necesitas de mi ayuda, sabes dónde encontrarme. ―le dio unas palmaditas en la espalda a Isshin― ¡Chaito! ―se despido con un gesto de mano.

―Muy bien, tus hermanas regresaran en una semana. ―se encamino a las escaleras―No se preocupen, yo me encargare de explicarles todo. ―les sonrió antes de subir.

―Nee-san…―Kon toco la mano de la ojivioleta, quien no dejaba de sujetar su falda con fuerza, ni de fijar la mirada a la alfombra.

Ichigo sabía que era duro para ella el tener la respuesta de su duda frente a ella, pues Isshin dejo el sobre en la mesa, tentándola. De hecho, para él también era una tentación, pero al ver de cerca la realidad se resistió.

La noche apenas comenzaba y las calles estaban tranquilas, así que el ojiambar invito a la shinigami a dar un paseo por los alrededores. En realidad, quería distraerla del breve abordaje de ese par. Sin mucho esfuerzo, cogió su mano y comenzó a caminar con ella hasta la calle. Su única compañía eran la tenue luz de la luna y las esporádicas luces de los alumbrados, ya que el pequeño peluche, increíblemente, comprendió que ambos necesitaban ese momento a solas.

Aunque Ichigo sujetaba con firmeza su mano, Rukia apenas y daba un apretón.

― ¿Has… pensando en algún nombre? ―no dejaba de ver al frente.

― ¿Eh? ―lo miro― ¿Nombre?...

―Sí, para el bebé. ―la miro de reojo―Antes… ¿pensaste alguno? ―sonrió con tristeza.

―No.―bajo la mirada―Me arrepiento de no haber pensado en algún nombre la primera vez.

―Quiero hacer una lista.

―Ichigo…―dejo de caminar― ¿Por qué? ―lo miro con tristeza― ¿Por qué haces esto?

La sujeto de los hombros y la acerco a él.

―Porque te amo, porque eres el amor de mi vida, porque quiero protegerlos… ―le acaricio el vientre.

―Ichi…Ichigo… ―de par en par abrió sus ojos.

¿Cómo era posible que aun la amara y aceptara con un bebé que estaba en duda la paternidad? Pese a esas cuestiones, Rukia se sorprendió al abrazo de Ichigo, quien no dejaba de susurrarle que nunca los dejaría solos.

―Rukia…―una voz los distrajo―Dime… dime que es mío.

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Recordó que cogió el cigarrillo sobre la mesita de la sala y lo guardo en su bolsillo, así que lo saco y sonrió ante el hecho de que no llevaba consigo un encendedor o un cerillo. Entre leves carcajadas se recargo en una barda, alzando la cabeza mientras masajeaba su cien, sin dejar de sostener el cigarrillo entre sus dedos.

No dejaba de pensar en Rukia, en Ichigo y en el bebé. Se negaba rotundamente a dejarla ir, en desperdiciar otra oportunidad. Dio algunos puñetazos en la pared mientras carcajeaba forzadamente.

― ¡Ey, ey! No fumes sólo. ―a la par oyó un chasquido―Deja que te ayude con eso. ―Urahara se acercaba al pelirrojo, con un encendedor.

― ¿Qué haces aquí? ―ya encendido, se llevó el cigarrillo a la boca.

―Sabes que vengo de casa de Kurosaki. ―sonrió con malicia―Fui a ver cómo van las cosas con la pequeña Kuchiki. Por cierto, ya sabemos de quien es el bebé.

Los ojos de Renji se fijaron en el ojigris.

― ¿De quién es? Dímelo. ―solto el cigarrillo.

―Lo siento, Abarai, pero ella pidió... más bien, exigió que no se divulgara la verdad.

― ¡Tsk! Esto tiene que ser una broma―carcajeo un poco― ¡Tiene que ser una broma! ―golpeo con más fuerza el muro de concreto.

―Cálmate, de todos modos… ―le dedico una sombría mirada―… se sabra de quien es. ―siguió su camino―Nos vemos, teniente.

La curiosidad lo carcomía, no podía vivir con la duda incrustada en su corazón, por lo que decidió buscar a la ojivioleta para exigirle la verdad.

Recorrió varias calles, por varios minutos, antes de encontrarla. La vio a lo lejos, y desde luego no estaba sola; Ichigo estaba abrazándola. Sin dejar su andar, se acercó mientras le exigía una respuesta que lo complaciera:

―Rukia… Dime, dime que es mío.

―Renji.―parpadeo―… ¿Cómo es que…?

―Urahara me lo dijo. ―se acercó demasiado―Anda, dime que es mío. ―la frustración se notaba en su voz, su mirada y su semblante.

―Ni siquiera nosotros lo sabemos. ―Ichigo abrazo a Rukia.

― ¡No me mientas!―lo sujeto del cuello de la playera―, díganme de una vez… ¿¡Es tuyo!?

― ¡Renji, tranquilízate! ―la ojivioleta lo veía con desaprobación―Es verdad, yo me negué a saberlo.

Bruscamente soltó al ojiambar para sujetarla del brazo.

―Renji… estas lastimándome. ―su voz era firme.

―Regresaremos a la Sociedad de Almas, ahora mismo. ―cuando iba a caminar, Ichigo le propino un fuerte puñetazo en las costillas. ― ¡Tsk! Maldito ―farfullo.

―Primero tendrás que hacerme a un lado, además ella… ―no termino la frase a causa de un puñetazo en su cara. ― ¡Ja! ―escupió un poco de sangre―Si así lo quieres.

Ambos comenzaron a golpearse, en verdad se estaban lastimando. Ichigo era quien más derramaba sangre por la boca y la nariz, incluso uno de los puñetazos de Renji le agrieto una ceja, provocando que cerrara el ojo.

Y por más que Rukia gritaba sumamente enfadada, no se detenían. Así que no le dieron otra opción más que emplear el Kido para detenerlos:

― ¡Bakudo #61, Rikujokoro! ―logro lanzarlo, pero cometió un error, se acercódemasiado mientras Renji evadía los golpes de Ichigo.

Mientras el pelirrojo caía al suelo, a causa del conjuro, el pelinaranja no logro detener su impulso y golpeo en el hombro a Rukia, haciéndola caer. Afortunadamente logro meter las manos y frenar un poco el impacto contra el suelo. Sus manos se rasparon y su trasero le dolía:

― ¡Rukia! ―no dejo que se parara―Lo siento… ¿Estas bien? ―no sabía qué hacer.

―Idiota, ¡Claro que se lastimo! ―Renji luchaba para soltarse del conjuro.

― ¡Tsk! Ichigo… eres, ¡Un idiota!... ¡Ah! ―a juzgar por la mueca que hizo, el golpe la lastimo.

―Tengo que llevarte con mi padre. ―la cargo con cuidado para llevarla hasta la clínica.

― ¡Ey! ¿¡Van a dejarme aquí!? ―Renji estaba disgustado.

― ¡Lo siento! ―Ichigo no miro atrás.


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Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)