Gracias por seguir leyendo mi Fic *Historia sin fines de lucro*
Lamento no responder todos los reviews u.u
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
Los personajes son propiedad de Kubo Tite


Capítulo 21: El mundo de los vivos

Posteriormente de aquella noche, en la que Renji volvió a la Sociedad de Almas y Rukia tuvo la noticia de que su bebé no estaba en peligro, los días y las semanas transcurrieron sin novedad alguna, hasta llegar al inicio del tercer trimestre del embarazo, en pleno otoño. Todo marchaba bien, incluso Urahara creo un gigai más elaborado, con el que Rukia podía manifestar los mismos síntomas físicos y fisiológicos que una humana embarazada.

― ¡Vaya, vaya! Nunca creí ver a la señorita Rukia embarazada. ―Urahara golpeaba su rodilla.

― ¡Tsk! Cállate Urahara, mejor dime si este gigai en verdad no me causara problemas. ―se quitó un zapato para arrojárselo.

―Señorita Kuchiki, ¿Cuándo le he fallado? ―el golpe le dejo una marca roja en medio del rostro.

―Pues…―lo veía con duda mientras una gota caía sobre su frente.

En medio de la discusión, Orihime entro a la tienda para ver a Rukia con su nuevo gigai. En cuanto la vio se emocionó y corrió a abrazarla; sus ojos destellaban al ver que la pancita ya se notaba. Sus gritos y risas atrajeron la atención de Uryu, Chad e Ichigo, quienes aguardaban en la calle:

― ¿Ocurre algo? ―el ojiazul entro primero.

― ¡Awww! ―abrazaba la panista de la ojivioleta― ¡Te ves hermosa así, Kuchiki!

― ¡Afff! ―se encorvo al ver a Orihime de ese modo― ¡Hum! Kuchiki… ―se sonrojo―Te vez… te ves muy linda así.

― ¿Eh? Gracias… ―se ruborizo.

Chad sólo levanto el pulgar, pues nunca ha sido de muchas palabras. En cambio Ichigo, al entrar, enmudeció al ver a la mujer que ama en su imagen más hermosa. Lentamente se le acerco, sin dejar de verla de pies a cabeza y sonreír como un tonto. "Es… es tan pequeña, tan frágil, sin embargo… se ve… se ve preciosa." Al tenerla frente a él, no resistió arrodillarse y recargar su mejilla en la pancita de la ojivioleta. Orihime fue a lado de Uryu y Chad para admirar a la parejita.

―I…Ichigo… ya basta ―miraba de reojo a los presentes―Me estas avergonzando.

―Un minuto más, por favor, un minuto más. ―quería sentir la calidez de aquella vida que ella cuidaba.

Un extraño comportamiento en Ichigo, pues nunca permitió que alguien viera su vulnerabilidad. Por ese instante, el mundo se detuvo, el mundo fue suyo y de ella. Mientras tanto, Yoruichi los veía desde un árbol, esperando que en verdad no saliera nada mal, recordando su última visita al Seireitei:

"―Soi fong… ¿Cuánto sin verte?

―Yoruichi ―sus ojos brillaron―Es cierto, me hará admitir que la eche de menos, pero eso no cambiara el hecho de que aún estoy pendiente del producto que la oficial Kuchiki resguarda.

― ¡Jajaja! No has cambiado en nada… ¿Qué te motiva seguir tras de ella?

―Yoruichi… ―sonrió engreídamente―Envié a uno de mis hombres al mundo de los vivos y me informo el secreto del cual Kuchiki no quiere saber nada.

―Soi fong ―negaba con el dedo índice―Soi fong… ¿Estas segura que escucho la información correcta?

― ¡Tsk! No trates de confundirme… la conozco muy bien para saber cuándo oculta algo.

―Precisamente por eso ―sonrió satisfecha―, sabía que enviarías a alguien… por eso nos aseguramos de sabotear la información"

Lo único que logró en ese entonces fue enfurecer más a la capitana de la segunda división, además de ganar un poco de tiempo. Por lo menos hasta asegurarse de que no existan riesgos que pongan en peligro a Rukia y a Ichigo.

― ¡Ey, Yoruichi, ven a ver a Kuchiki! ―Orihime agitaba la mano.

― ¡Ufff! No amargare este momento, por ahora. ―la felina bajo de un salto y se acercó a la pelinegra para felicitarla por la salud del bebé.

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¿Qué podía salir mal? Lo único que seguía torturando a Rukia era el secreto que aún mantenían Isshin, Urahara y Yoruichi… ¿Además de ellos, habría alguien más que supiera la verdad? Por eso se concentró en ocultar su preocupación y su ya desgastada conciencia estaba consciente de que tarde o temprano desearía averiguar la verdad sobre quien es el verdadero padre de su bebé. Pero, por el momento guardaría las apariencias y disfrutaría de la compañía de sus amigos y del amor de su vida.

― ¡Vayamos a beber algo! ―Yoruichi ya estaba en su forma humana.

― ¿¡Estás loca!? ¡Rukia no puede beber! ―una venita resaltaba de la frente de Ichigo.

―Relájate, ella no beberá, sólo nosotros.

―No te preocupes Kurosaki ―Orihime le sonreía mientras abrazaba a la ojivioleta―,me encargare de que no beba nada que le haga daño.

―Me parece buena idea, tiene mucho tiempo que no nos divertimos. Además, los hollows me están volviendo loco. ―Uryu se daba golpecitos en el hombro―Y todo por culpa tuya Kurosaki.

―Maldito―balbuceo―sabes que debo cuidar a Rukia y a mi… ―se calló al no poder terminar la frase con satisfacción.

Al darse cuenta de que ese comentario echaría a perder el ánimo de todos, Chad intervino al cargar al ojiambar mientras alegaba que conocía un buen lugar donde todos podrían beber y Rukia podría comer algo sano. Así que los llevo aun restaurant-bar, al que rápidamente la morena se dirigió para pedir bebidas alcohólicas que ni siquiera conocía. Por otro lado, Chad los guio hasta una mesa semicircular y pidió el menú.

Ichigoy Rukia estaban algo incomodos, pues no era lo suyo salir en grupo y divertirse de esa manera. Especialmente con Urahara riendo como loco y siguiendo los pasos de Yoruichi al embriagarse con todas la bebidas que podían ofrecerles los baristas.

―Kuchiki, el pay con helado es delicioso. ―el grandulón le extendió el menú, mostrándole la imagen del postre.

― ¿Hum? Nunca lo he probado―sus ojitos brillaron, y llevándose el dedo a la boca miro al pelinaranja―En verdad se ve rico.

Ichigo comprendió aquella miradita: Rukia tenía otro de sus "antojos", por lo que no le quedaba más remedio que complacerla. Eso lo remonto a todos aquellos encuentros sexuales que tuvieron a lo largo de aquellos meses:

"― ¡Hah!

― ¿Estas bien? ―aun así no dejaba de penetrarla, con más suavidad de lo habitual.

― ¡Hah, sí, hah! ―su cadera estaba sobre una almohada, e Ichigo arrodillado frente a ella.

― ¡Hah!

― ¡Hah! Ichigo…―suspiraba, sus manos enmarcaban su rostro y su cabello mojado estaba enmarañado.

―Admito que… esto se siente bien…¡hah! ―la sujetaba con suavidad de la cintura, y ocasionalmente besaba la pancita de su amante.

― ¡mmm! Sí… aunque… ¡hah! extraño como me hacías el amor. ―sus ojos entreabiertos la hacían ver sensual― ¿Aun así te gusta estar conmigo?

―Nunca dejaras de fascinarme. ―sabía que sus senos estaban sensibles, así que cuidadosamente los acaricio, los beso y los lamio, provocándole a la ojivioleta estremecimientos y gemidos de placer."

― ¡Kurosaki!

Un grito lo saco de sus eróticos recuerdos. Era Uryu quien lo veía exasperado, pues la mesera ya había tomado el pedido de todos:

―Lo siento. ―se tapó la nariz con una servilleta―Yo… quiero lo mismo que ella. ―miro a Rukia.

― ¿Hum? ―lo veía extrañada.

― ¿No sabes que pidió verdad? ―Orihime lo veía apenada―Sólo pidió cosas dulces.

― ¡No debes comer pura azúcar, puede hacerte daño! ―rápidamente reprendió a la ojivioleta.

― ¡Tsk! ―cruzo los brazos― ¡No me digas que hacer o no! ―le enseño la lengua―Además, tu padre me dijo que por un día podía comer lo que quisiera.

―¡Pero no en exceso!

Al ver su típica discusión sin fin, Chad le confirmo el pedido de Ichigo a la señorita. Los demás comensales no dejaban de observarlos, pues sus gritos se oían por todo el lugar. Y claro, no podía faltar Yoruichi y Urahara, ambos con las mejillas rojas y sumamente sonrientes. El barista miraba sorprendido todas las botellas vacías que ese par habían consumido.

― ¡jajaja! ―no soltaba una botella de vodka―Estas bebidas del mundo de los vivos son deliciosas.

― ¡Tsk! ―una venita estaba por reventarle de la frente― ¿¡Estás loca!? ―Ichigo le arrebato la botella.

― ¡Ey, ey! Nosotros ya nos íbamos de todos modos―Urahara le quito la botella al ojiambar―, así que no te enfades Kurosaki. Vámonos Yoruichi, le diré a Tessai que busque el mejor sake para nosotros.

― ¡Kanpai! ―la morena grito mientras iban hacia la salida.

Los cinco se quedaron mudos ante el pequeño show que ese par había hecho, incluso los comensales se mostraron absortos, pues extrañamente no les molesto o incomodo el espectáculo. Al contrario, algunas personas rieron ante lo cómico de la situación. Aunque Rukia, Uryu e Ichigo no pensaban lo mismo, pues a Orihime y Chad no es importo en lo más mínimo.

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Iba en camino a la capitanía en respuesta al llamado que recibió esa tarde. Pensaba que era como cualquier otro día en el que su capitán le solicitaría realizar los papeleos pendientes o notificarle de alguna misión. Pero esa noche sería distinto.

―Adelante.―le daba la espalda a la puerta.

―Capitán, ¿Me llamo?

―Ten.―se volvió hacia a él para darle un papel.

Al leer aquella misión sus pupilas se dilataron y sus manos temblaron. No podía creer que le pidiera eso, aunque de alguna forma le agradaba la idea:

― ¿Por qué quiere que vaya?

―Es obvio, quiero que veas su estado de salud y cuides de ella hasta que nazca el bebé. He odio por Yoruichi que está en los últimos meses.

―Pero…

―Renji.―le volvió a dar la espalda―Te diré algo de lo que acabo de enterarme. Al igual que el capitán Ukitake, sé quién de ustedes es el padre biológico del bebé que mi hermana espera.

―Yo…―arrugo el papel entre sus manos.

―No tengo intención alguna de decírtelo, pues eso le corresponde a mi hermana en caso de que cambie de opinión y quiera saber. Aunque… dado el historial, quizá hayas deducido algo. ―lo miro sobre su hombro―Muy bien, eso es todo. No lo olvides, tu misión es sólo ir a ver como se encuentra y acompañarla hasta el término de su embarazo, nada más.

―Sí capitán.

Renji se retiró de la capitanía aun con la mente en blanco y el corazón apenas palpitante. Ni siquiera prestaba atención a quienes pasaban a su lado, a menos que fueran una persona sumamente despistada como Hanataro:

― ¡Ahhh! ―estaba tendido en el suelo.

― ¡Tsk! Mocoso, ¿Acaso no ves por dónde caminas? ―le extendió la mano para ayudarlo a pararse.

―Lo siento mucho Teniente Abarai. ―inclino la cabeza―Es que estoy muy emocionado que iba corriendo a buscarlo.

― ¿Para qué me necesitas?

―Pues, mi capitana me dio esto. ―le extendió la mano con un papel similar al que Byakuya le había dado.

Al leerlo, abrió de par en par los ojos. La capitana Unohana había conseguido el permiso del Comandante Yamamoto para que Hanataro fuera con él al mundo de los vivos y cuidase de Rukia; aunque Renji especulo que posiblemente sería una forma "amistosa" de estar al pendiente del bebé y de que Yoruichi no les mintió durante esos siete meses.

Sonrió de lado, resignado a ir con ese pelinegro atolondrado. Además de que era buena idea, ya que sería la parte neutral que relajaría el ambiente cuando llegasen ala tienda Urahara.

― ¡Ok! ―le revolvió el cabello―Mañana temprano nos vamos al mundo de los vivos.

―Sí.―la emoción se veía en sus ojos―Tengo muchas ganas de ver a la señorita Rukia… ―se sonrojo y jugueteaba con sus dedos―…pues, con su pancita.

Hanataro seguía hablando, pero Renji no lo oía pues al pensar en aquella mujer lo primero que se le vino a la mente fue verla en un estado completamente distinto. Se preocupaba de perder el control y reclamar lo que anhelaba que fuera suyo: a esa mujer y su hijo. ¿Pero cómo? Si se había prometido buscar la felicidad a su debido tiempo.

― ¿Se encuentra bien? ―el pelinegro lo veía curioso.

―No es nada, nos vemos mañana.

Simplemente se alejó, agitando la mano para despedirse, dejando atrás a un chico entusiasmado por ver a su amiga. Y sin importar cuanto caminara, alejándose de todos, Renji tenía que desahogarse antes de tenerla cara a cara. "Es como aquella vez", recordaba la ocasión que se separaron cuando ella fue adoptada por los Kuchiki, y durante más de cuarenta años no se vieron.

Empuño su espada y comenzó a practicar un poco de kendo, con la intención de liberar su cuerpo de tensión, su mente de recuerdos y vaciar su corazón de sentimientos enterrados.

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Después de que Yoruichi y Urahara se retiraron los cuatro amigos disfrutaron de una agradable tarde, tanto que la noche los alcanzo y decidieron caminar un poco por las calles principales de tiendas y dulcerías. Incluso se toparon con Mizuiro y Keigo, quienes apenas se enterarían de que Rukia no se había ido de Karakura, y no sólo eso, también de que esta embarazada:

― ¡IIIchigooo! ―corrió como siempre hacia el ojiambar, pero un puño en su cara lo detuvo.

―Deja de hacer eso, pareces desquiciado.

―Ichigo, ¿Qué haces… ―se quedó viendo a Rukia, asimilando que sus ojos no le mentían―Pero… pero si eres la pequeña Kuchiki. ―la veía de arriba abajo, realmente sorprendido.

― ¿¡La hermosa Kuchiki!? ―Keigo se incorporó enseguida para verla.

Estaba por intentar abrazarla cuando noto que algo había cambiado drásticamente en ella.

― ¡Hermosa Kuchikiii!... ¿¡Estas embarazada!? ―la veía al igual que a Ichigo―¿¡No me digas que estas embarazada de este idiota!?... ¿¡Por qué Dios mío, porqué!? ―corría dramáticamente en círculos.

―Cállate de una vez, todos te están mirando. ―Mizuiro lo veía con vergüenza― ¡Afff! Este nunca entenderá… Kuchiki, tanto tiempo sin verte y me topo con esta sorpresa. La verdad no sé qué decirte, sólo que me da gusto ver que estas bien.

―Gracias.―estaba completamente apenada.

Cuando Ichigo trato de explicarles la situación, Mizuiro lo interrumpió para asegurarle que no tenían por qué darle cuentas, pues esa era su vida privada. Lo único que recrimino fue que no le tuviera la suficiente confianza para decírselo. A esto, la ojivioleta intervino, alegando que ella fue quien le pidió a todos que no dijeran nada a causa de su vergüenza y por lo que quizá pensarían de ella.

―Kuchiki, nunca pensaría mal de ti. ―le regalo una linda sonrisa.

―Es cierto, nunca pensaríamos mal. ―Incluso Keigo, cambio su semblante y con sinceridad le sonrió.

―Gracias chicos. ―Ichigo sintió sus hombros liberados.

Las risas y las bromas no tardaron en hacerse presentes, por lo menos hasta que tuvieron que separar sus caminos para retirarse a descansar. Uryu se ofreció a acompañar hasta su casa a Orihime; Chad sólo quería ir a dormir; Mizuiro tenía una fiesta con unas amigas y Keigo iba detrás de él, llorando que le presentara lindas chicas. Y en cuanto se vieron solos, Ichigo cogió la mano de Rukia y comenzó a caminar despacio, como si quisiera disfrutar de un breve paseo con ella.

Las palabras sobraban, sus sonrisas decían todo y sus miradas confirmaban sus sentimientos. Era evidente que Ichigo había logrado reconquistar al amor de su vida, por eso no dejaba de reír como tonto.

― ¿Qué es lo gracioso? ―Rukia tenía la mano sobre su pancita.

―Eres hermosa. ―no la veía, pero el que le apretara la mano reafirmaba sus palabras.

Cuando entraron a la casa se sorprendieron de que Isshin siguiera despierto, con una lámpara encendida y con una inusual seriedad. Ichigo sabía que el que no lo recibiera con sus típicos golpes y regaños significaba algo grave; así que sin rodeos le exigió saber lo que ocurría.

―Pequeña Rukia―poso su mano en su pequeño hombro―, tu hermano enviara a Renji a vigilarte.

― ¿Vigilarla? ―frunció el ceño― ¿Para qué?, ¿Cuándo lo supiste?

―Cálmate, cuando ustedes seguían divirtiéndose Ururu me envió un mensaje donde Urahara recibió el mensaje por parte del capitán Ukitake. Al parecer él y Byakuya siguen manteniéndose al pie del cañón, especialmente por… ―se apretó la cien.

― ¿Por qué? Termina la frase, viejo. ―lo sujeto del cuello de la camisa.

― ¡Ufff! Ya saben quién es el padre biológico.

Rukia abrió tanto los ojos que inclusos sus pupilas se desvanecieron. "Mi hermano ya sabe…", la sensación de extrañeza la hizo ignorar la reacción de Ichigo, la cual no era tan distinta. Aparto con rudeza a su padre y la abrazo mientras le aseguraba que no debía preocuparse.

―Sera mejor que descansen. ―Isshin los dejo solos.

Ichigo pensó que Rukia lloraría, pero no fue así. Al levantarle el rostro, del mentón, noto que su mirada era segura y brillante como siempre. Al verla con esa seguridad supo que nada saldría mal.

―Vayamos a descansar. ―la abrazo por la cintura y la ayudo a subir los escalones.

Yuzu y Karin dormían profundamente, al igual que su padre. Lo cual emociono al pelinaranja, pues ansiaba estar con Rukia.

― ¿Hum? ―lo miro sobre su hombro al ver que cerraba la puerta con el seguro. ― ¿Ichigo?

― ¿Qué? ―se le acerco y cogió entre sus manos su delicado rostro para darle un beso― Te amo.

―Ichigo… también te amo. ―lo abrazo por el cuello, quedando de puntitas.

El ojiambar acariciaba delicadamente la espalda de la ojivioleta, con suavidad movía sus manos por su cintura y su cadera. Mientras la desenvolvía de aquel lindo vestido amarillo, recordó la vergüenza que Rukia sintió al hacer el amor ya con su pancita crecida:

―Ya no te apenas. ―sonreía mientras la besaba.

―Claro que sí, pero… ―el vestido yacía en sus pies―…comienzo a sentirme cómoda contigo. Carcajeo un poco.

Entre algunas risas, Rukia le desabrochaba el pantalón al mismo tiempo que él se quitaba la playera. Todo era sublime, sutil y tierno. Los besos eran lentos, las caricias aterciopeladas y las sonrisas agradables. Lentamente Ichigo recostó a Rukia, dejando una pequeña almohada bajo su pelvis, con la intención de que se sintiera cómoda.

―Te ves más preciosa. ―mientras la besaba, con una mano le desabrochaba el sostén de encaje rosa pálido.

―Más te vale seguir pensándolo. ―le sonreía sin verlo―Ichigo… ―lo abrazo del cuello.

―Tranquila.―al arrojar el sostén y las pantaletas, rosas, le acaricio la mejilla.

La sensibilidad de Rukia era más intensa que antes, los estímulos eran casi instantáneos, por lo que al ojiambar no le causaba mucho problema penetrarla casi de una estocada. Sin embargo, lo hacía con suma suavidad para que ella lo disfrutara también.

―¡hah! ―escondía su rostro entre su cuello y su hombro.

― ¿Estas bien? ―los vaivén eran lentos y profundos.

―Sí…―sus mejillas comenzaban a colorearse de carmín. ― ¡hah!

Mientras la flanqueaba con un brazo, con su mano libre surcaba con la yema de sus dedos cada centímetro de la silueta de su amada. Surco su rostro, sus hombros, sus brazos, sus senos, su cintura ligeramente ensanchada como su cadera, sus muslos, sus piernas e incluso su pancita. Una y otra vez se agasajaba de la tersa piel nívea de aquella mujer.

― ¡hah! ―pese a que no la penetraba con la misma ferocidad de siempre, seguía disfrutando de aquel hercúleo hombre.

Ella también se deleitaba con cada centímetro de aquella amielada piel. Al tenerlo a varios centímetros alejado, podía complacerse a su antojo al acariciar sus bien trabajados músculos. Esos imponentes pectorales la derretían, aquellos brazos la hacían sentir frágil y protegida, el abdomen estaba tan bien formado que podía notarse el desemboque muscular que se dirigía hacia el miembro de Ichigo. Y al darse cuenta de que miraba fijamente la causa de su excitación, se ruborizo y desvió la mirada.

― ¿Aun te apenas? ―le beso la comisura del labio.

― ¡H em! No. ―lo vio por el rabillo del ojo.

Ichigo ignoro la vergüenza de Rukia, concentrándose en besarla con dulzura.

Entre sábanas, besos y gemidos ambos se demostraron nuevamente el amor y el deseo que seguían avivando el uno por el otro.

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En cuanto amaneció, Renji se encamino hasta la Senkaimon para ir al mundo de los vivos. Durante el trayecto, iba farfullando que más le valía al pequeño pelinegro ya estar ahí, de lo contrario se iría dejándolo en el Seireitei. Afortunadamente Hanataro ya estaba esperándolo, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro y saludándolo mientras agitaba ávidamente la mano:

― ¡Buenos días teniente Abarai!

― ¡Tsk! Mocoso. ―le revolvió el cabello― Vayámonos.

Justo cuando los iban a dejar atravesar la Senkaimon, Soi Fong lo detuvo con un fuerte grito de advertencia:

― ¡Teniente Abarai! ―su sonrisa era torcida―Más le vale que al entregarle los informes a su capitán… ―uso el shunpo para acercársele a milímetros de su oído― …le diga toda la verdad.

―Capitana, no comprendo su afán por querer encontrar culpable a Rukia de algo que está más que claro no es cierto. ―trataba de sonreír.

― ¿Estás seguro? ―cruzo los brazos y reía burlona―De acuerdo, es tu palabra contra mis… suposiciones. ―le dio la espalda―Aun así, ten cuida con cada paso que des, no dejare de vigilarlos.

Al retirarse, Hanataro le dedico una mirada de angustia al pelirrojo. ¿Por qué estaba tan segura de lo que decía, sí Byakuya le aseguro que sólo él y Ukitake sabían la verdad dentro del Seireitei? Aun así, Renji tuvo que tragarse el coraje y retomar su camino al mundo de los vivos.

La travesía no fue complicada, llegaron con tiempo de sobra y sanos y salvos, pues Ukitake se había asegurado personalmente de que Mayuri no hiciera de las suyas y dejara el Dangai suelto sin ninguna razón. El portal los llevo hasta el mismo parque donde Renji había ido hace más de un año. Todo lo traía recuerdos dolorosos, tanto que no se dio cuenta de que Urahara y Yoruichi estaban esperándolos con sus Gigai:

― ¡Ey! ¿Qué hacen ahí parados como estatuas? ―el ojigris les gritaba en tono cómico― ¡Hooolaaa, Teniente AAAbaraiii!

El pelirrojo estaba irritándose, por lo que le grito que se callara de una buena vez, pero eso avivo las ganas de Urahara de proseguir enfadándolo. Le gritaba que había vestido su gigai con un hermoso tutu rosa, lo había maquillado, dado habilidades de ballet e insertado una voz femenina. Esto altero aún más aRenji, quien corrió para coger del cuello de la yukata y gritarle que dejara de fastidiarlo:

― ¿¡Estás loco, maldito sombrerero!? ―sus ojos echaban chispas y su venita estaba por reventar.

―Pero te verás muy guapa.―ya no estaba tan seguro de su broma― ¡Ok, ok! ―interpuso las manos―Tu gigai está intacto.

Urahara se lo entrego vestido con pantalones tejanos, una playera blanca y una chaqueta negra de piel sintética. Mientras que Yoruichi le daba el suyo a Hanataro; vestido con pantalones de mezclilla y una playera azul rey.

―Muy bien―el ojigris se puso serio―, tu capitán debió decirte la razón de que estés aquí.

―Sí. ―ya estaba en su gigai.

― ¡Ok! La señorita Rukia ya lo sabe, al igual que Kurosaki, por lo que no habrá problema. ―se llevó un cigarrillo a la boca―Pero… ―exhalo el humo.

― ¿Cuál es el pero? ―lo veía gélidamente.

―Tú e Ichigo deberán tomar su distancia en cuanto nazca el bebé. ―Yoruichi cruzo os brazos y cerró los ojos―Por lo menos un par de días.

― ¿Qué hay de Rukia?

―Ella también se separara del bebé por el mismo periodo, sólo hasta que el tiempo critico que el capitán Kurotsuchi y la capitana Unohana establecieron como críticos, en caso de que el hollow siguiera sin manifestarse en el embarazo.

― ¿Por qué? ―contenía sus deseos por correr a verla.

―Es precaución, el hollow puede aprovecharse del momento y hacerse presente cuando este libre del reiatsu de la madre.

Hanataro intervino para comentar algunas indicaciones que su capitana le había dado; básicamente era lo mismo que ellos habían dicho, lo único que ignoraban era que hacer en caso de que el hollow se introdujera en el bebé, ya que este no desarrollaría su mundo interno hasta muchos años después. Resumidamente, les explico que tendrían que llevar al bebé junto con Ichigo al Seireitei para sellarlo:

―Puede hacerlo aquí mismo, ¿Por qué razón tiene que ser en la Sociedad de Almas? ―Renji no le veía sentido.

―Pues… ―se rasco la nuca―Mi capitana me dijo que si lo sella aquí lo más probable es que pierda su reiatsu, ya que Ichigo lo absorbería completamente, por ende…

―El bebé moriría. ―Yoruichi interrumpió.

―Sí.

― ¿Morir? ―no parpadeaba― ¿Es broma, verdad? ―fingía sonreír.

―Piénsalo Renji―la morena lo veía con frialdad―, sí el bebé resulta ser de Ichigo, es lógico que al perder su reiatsu muera.

―Si es así―el pelinegro prosiguió con la explicación―, al estar en este mundo su vulnerabilidad incrementa y el desarrollo de sus poderes espirituales no se darán al cien por ciento, por lo que al absorber al hollow el bebé no resistirá aquella perdida. La señorita Rukia sobrevivió…

―Porque, a pesar de que ese maldito le arrebato casi todo su poder espiritual, ella es una shinigami y sus poderes están completamente desarrollados. ―Renji estaba acongojado.

―Ya comprendes―Urahara afirmaba―, al estar en la Sociedad de Almas el bebé podrá absorber las partículas de reichi que conforman al Seireitei.

― ¡Tsk! Por ende tendría posibilidades de sobrevivir. ―Renji se cubrió el rostro con ambas manos y la hizo hacia atrás para ahogar un suspiro.

Al tener las cartas sobre la mesa, Urahara le pidió a Hanataro que les explicara todo a los amantes, pues debía atender asuntos de la tienda que no podía postergar más. Y sin más opción, ambos accedieron.

Iban callados y tranquilos hasta la clínica de los Kurosaki, aunque el pequeño shinigami estaba ansioso por ver a Rukia con su pancita. Alegaba que nunca había visto a una mujer embarazada, pues entre las oficiales de los escuadrones no era común, por lo que su entusiasmo era mayor. Mientras tanto, Renji sólo miraba fijamente adelante, prestando atención sin emitir respuesta, ya que lo distraían las palabras de Urahara y Yoruichi. Únicamente el grito de emoción del pelinegro lo hizo reaccionar ya que estaban frente a la casa de Ichigo. Al ver las ventanas abiertas se animaron a tocar, pero justo cuando darían golpecitos a la puerta esta se abrió:

― ¡Eh! ―miraba fijamente.

―Hola.

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Como todas las mañanas, Rukia lidiaba con los constantes malestares físicos del embarazo, sin mencionar que el invierno estaba cada vez más cerca, además de que Kon no le facilitaba las cosas al intentar abrazarla. No era por ternura ni mucho menos, era porque los pequeños senos de la shinigami habían adquirido una redondez y volumen más deseables, ya que ella era una copa muy pequeña: "A". Sin embargo, Ichigo la sacaba de apuros al noquear o encerrar al peluche pervertido en el armario, hasta que regresaba de la preparatoria.

Las gemelas ya estaban en la escuela y su padre en la clínica. Todos ya cumplían sus obligaciones, por lo que la ojivioleta se extrañó de que Ichigo siguiera en pijama y despreocupado. Se le acercó para arrebatarle la galleta que estaba por comer para cuestionarlo. Él simplemente le devolvió la mirada retadora, mientras alegaba que había decidido no asistir un día a la semana a clases para cuidar de ella y del bebé.

― ¡Tsk! No me pongas de excusa, puedes irte y yo estaré bien. ―desvió la cara para ocultar su rubor.

―No te enfades, no pasa nada si falto un día. ―se recargo en el respaldo del sillón.

―Bien, si quieres cuidarme entonces… ―cubrió su boca con el puño.

― ¿Qué?... ¿Quieres un dulce, cierto?

― ¿Eh? ―lo miro enfadada―No es verdad… ―se inclinó para retarlo con la mirada.

Ichigo le sonrió con malicia, sabía que se le antojaron unos dulces y le apenaba pedirle que fuera por algunos.

―Muy bien, los comprare.―se estiraba―Pero vendrás conmigo, recuerda que el viejo te dijo que te hacia bien caminar un poco. ―le sonreía dulcemente.

― ¡Ok!

En cuanto se puso un suéter ligero y los zapatos, Rukia abrió la puerta sin saber que se toparía con una sorpresa: Renji y Hanataro. Se quedó paralizada unos segundos antes de que él le hablara. Tenían meses de no verse, por lo que la shinigami se sintió extraña al tenerlo frente a frente.

― ¡Eh!

―Hola.

―Renji… Hanataro. ―rápidamente el pelinegro se inclinó ante ella para saludarla.

―Señorita Rukia, me da tanto gusto verla. ―alzo la mirada hacia la pancita― ¡Awww! Se ve tan diferente y tan linda. ―inconscientemente la abrazo.

―Gracias. ―lo abrazo sin dejar de ver al pelirrojo.

Al fondo de la casa, la voz de Ichigo alerto a todos. Le gritaba a Rukia preguntándole si ya se había puesto un suéter, pues el frío viento le haría mal.

―Ichigo… ―lo vio sobre su hombro, aun con Hanataro abrazándola.

―Rukia, ¿Qué ha… ―se calló al ver a Renji, pues el pequeño no era amenaza―Renji.

―Urahara debió decirles que vendríamos.

―Sí, pero siendo honesto no pensé que sería tan pronto. ―se paró detrás de Rukia.

―Si no les importa, quiero ir de una vez por mis dulces. ―aparto al pequeño shinigami― ¿Podemos irnos ya?

Comenzó a caminar, pero los tres varones se quedaron en la entrada viéndola alejarse. Y al notar que no la seguían, Rukia los miro enfadada y les grito que se apresuraran. El cambio drástico de ambiente los desconcertó, haciéndole caso en un tris tras a la pelinegra, pues en segundos estaban a su lado caminando sin emitir queja alguna.

En cuanto llegaron por las calles en el que había varias tiendas de dulces, panecillos y demás tipos de golosinas, Rukia miraba lo que en ese momento se le antojaba. Recorrió tienda tras tienda sin decidir que comprar, pues en verdad todo se veía tan delicioso que opto por exigirle a Ichigo que le comprara una cosa de cada tienda:

―Claro que no―cruzo losbrazos y evito la mirada―, tanta azúcar te hará daño, ¿Cuántas veces debo repetírtelo?

― ¡Tsk! ―apretó los puños para amenazarlo― ¡Tú no eres el embarazado! ¿¡Acaso no sabes las ganas que tengo de comer algo dulce en estos momentos!? ―un par de colmillos se asomaban bajo su labio debido al enojo.

― ¡Enana, entiende que lo hago por el bien de nuestro bebé!

Por el momento Renji y Hanataro se habían mantenido al margen de la discusión, pero al oír aquellas palabras el pelirrojo se paralizo. Como si agua helada le hubiera caído encima."¡Tsk! Se supone que ya no peleare por ella, entonces… ¿por qué me dolieron aquellas palabras? ¿Cómo es que esta tan seguro de que el bebé es de él?", cerro con fuerza sus ojos y sus puños intentando reprimir los sentimientos que tanto trabajo le había costado enterrar. Y desde luego, Hanataro se percató de aquel mal trago de Renji, por lo que decidió intervenir en la discusión ofreciendo una solución:

― ¡Eh! ―levanto su dedo índice―Señorita Rukia, Ichigo tiene razón… ―tenía la cabeza agachada, pero la mirada en alto.

Tempestivamente dejaron de discutir para mirar al pelinegro. Por unos segundos, realmente incomodos, pensaron en lo que dijo. Todos pensaron que la ojivioleta discutiría de nuevo, pero se sorprendieron cuando le dio la razón:

― ¿¡Cómo es que a este enano le haces caso así nada más!? ―echaba chispas por los ojos― ¡Mi padre y yo te decimos lo mismo siempre!

―Cálmate Ichigo ―cruzo los brazos y le dio casi la espalda―, no es para tanto.

―Creo que ella se pone sensible contigo Ichigo. ―Hanataro sonreía tímido.

Por un segundo, Renji fue un espectador más. La escena de la discusión era graciosa, aunque eso no lo alejaba de sentirse incomodo pese a ser sólo una misión más, ordenada por su capitán. ¿Cómo negarse? Si también deseaba verla, a sabiendas de que ella había elegido con quien estar.

―Renji, ¿Quieres algo? ―Rukia se dirigía con Hanataro a una tienda de chocolates.

― ¿Hum? ―la observo, nunca la había visto tan hermosa―No, vayan ustedes, me quedare con este tonto. ―señalo con el pulgar al ojiambar.

―Muy bien.

Ya solos, Ichigo lo invito a esperar junto a una jardinera, en la que podían sentarse, y hablar seriamente. Al seguirlo, Renji saco un cigarrillo, lo llevo a su boca y lo encendió sin demora.

― ¿Desde cuándo fumas? ―miraba la tienda en la que los pequeños shinigamis entraron.

―No importa.―torció la boca―Sé que no te agrada tenerme aquí, pero créeme que no fue por mi voluntad. ―exhalo el humo.

―Lo sé, Byakuya te envió para saber sobre la salud de Rukia.

―Eso no es todo.

― ¿A qué te refieres? ―su atención ya estaba en la conversación.

―La capitana Soi Fong está siguiéndome los pasos, está completamente segura de que algo saldrá mal con el bebé.

― ¿Te refieres a mi hollow interno? ―forzó la sonrisa―Para qué preocuparse, creo que es más que obvio de quien es hijo.

Renji tiro el cigarrillo casi entero y lo piso antes de tirarlo a la basura. Sin algún gesto de burla o ironía, le cuestiono la razón por la que quería hacerse cargo de una criatura que no era de él, alegando también que los humanos son rencorosos y a la larga podría restregárselo a Rukia. Ichigo sólo torció la sonrisa y contestó que era cierto, pero con las actitudes del Gotei 13 podía asegurar que eran semejantes a los humanos; también que posiblemente siempre vería en el rostro de aquel niño su verdadera esencia:

― ¿Entonces?

―La amo más que cualquier sentimiento de celos, envidia, coraje o ira. ―la veía regresar con una bolsa entre sus brazos―Por eso estoy seguro de que amare a ese bebé.

Antes de que Renji le refutara, Rukia corrió hacia ellos para presumirles todos los chocolates que compro. Hanataro reía apenado al explicarles que la mayoría tenían forma de conejito, así que probablemente ellos no comerían muchos pues la ojivioleta los escogió para ella.


Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)