Wow, debo decirles que estoy asombrada, orgullosa, emocionada, conmovida y muchos sentimientos encontrados se encuentran ahora luchando en mi kokoro jaja. Jamás pensé que esta locura les gustaría tanto 3. Me siento tan honrada de recibir tanto hamorsh en menos de 3 días que ayer decidí que publicaría el capítulo 2 a la brevedad como agradecimiento *-*!
El siguiente si tardará un poquito más porque tengo otras cosas que actualizar, pero suelo hacerlo rápido.
Como siempre disculpen los errores, sobre todo hoy que escribí con frío y se me congelan los dedos D:!
Disfruten de su lectura...
CAPÍTULO 2:
Hinata.
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El sol luchaba por brillar con intensidad, siendo retenido por las gruesas nubes invernales que amenazaban con soltarse en copos de nieve aquella fría mañana de diciembre. Suerte que la calefacción podía mantener frío su departamento.
Salió de la cama con pesar y camino a rastras hasta el baño. Bostezó ante su reflejo. Siempre se había preguntado si algún hombre pensaría que era linda al verla en esas fachas.
—Buenos días, Hinata —se saludó a sí misma mientras una mueca de nostalgia cubría su rostro—. Otro día más en la agradable soledad.
Bostezó por segunda vez y levantó la tapa del escusado. Se lanzó –prácticamente– sobre el asiento y apoyó los pies en la pared. Miró aburrida sus medías de snoopy y bajó los pies con un sonoro suspiro. Tomó el borde del camisón viejo y manchado que usaba para dormir y lo arrojó al suelo, cerca de la puerta, junto a un grupo de ropa.
Ya hacía 5 años que vivía sola, un día simplemente había decidido irse de su casa, independizarse, y aunque al principio fue difícil, al final su padre terminó aceptando su decisión, tenía 24 años en aquel momento y era comprensible.
Ya tenía 29 y se le acusaba de manera regular de ser una solterona por parte de sus familiares. Ella solo ignoraba los comentarios.
Lanzó el sostén y las pantis cerca del montón de ropa y entró a la ducha. El agua helaba haciéndola saltar, mientras maldecía no haber encendido el calentador la noche anterior.
Era lunes por la mañana, eso significaba; ordenar el departamento e ir a trabajar, si se le podía llamar por ese nombre a pasar por las diferentes empresas que su padre tenía en Tokio, pasar revista, firmar cheques, despedir personas, contratar otras, responder preguntas, hacer preguntas, era una rutina aburrida que para su suerte solo duraba hasta el medio día.
Sacudió su cabello mojado y lo envolvió en un paño al igual que a su cuerpo, observó la ropa en el suelo y bufó antes de levantarla.
—No sé por qué diablos lanzo la ropa ahí si al final la tengo que llevar a su lugar —lanzó todo en la cesta y miró la cocina frustrada.
No había desorden, de hecho, a excepción de la ropa en el baño, todo estaba intacto, eso significaba ir más temprano a trabajar.
En cuestión de una hora estuvo lista. Su cabello estaba seco y un poco revuelto así que lo ató en una cola alta con una liga celeste. Llevaba unos pantalones de vestir negros, una camisa manga larga blanca, un saco a juego con el pantalón, unos zapatos de tacón celestes y un bolso de mano a juego. Se miró por última vez en el espejo, tomó las llaves del auto y salió del departamento.
—Buenos días —saludó por el teléfono tras marcar algún número—. Sí, habla Hinata, claro… sí, seguro, estaré allí en 20 minutos. ¿En serio? —hablaba por el alto parlante y detuvo el auto en seco—. ¡¿Qué?! Espera un momento, voy a estacionarme.
Se aferró al volante con fuerza y orilló el vehículo en una zona permitida.
—Es la peor noticia que me has dado desde que mi madre murió, Neji —dijo más calmada.
—Lo siento, quería esperar a llegar a Tokio pero no podré ir aún —la voz del hombre a través de la línea se escuchaba cansada—. ¿Vendrás a verlo?
—No lo sé —cerró los ojos—. Fue por ese hombre que terminé viniéndome a Tokio, ¿lo olvidas?
—Él quiere verte Hinata, dice que quiere hablar contigo —ella no respondía—. Es tu abuelo, te guste o no es tu sangre, deberías venir a verlo.
—No quiero.
—Te conozco, se que estás angustiada, ¿por qué no vienes e intentas hacer las paces con él? —una lágrima luchaba por salir de los ojos femeninos.
—No, cuando me devuelva lo que me quitó hablaré con él.
—Pero, Hinata…
—Adiós —colgó y lanzó el manos libres a la parte trasera del auto.
Cercioró que su maquillaje estuviera intacto y encendió el auto. Comenzó a salir de la calle, usando las luces de cruce. Los chirridos de un auto llamaron la atención de los peatones y el golpe al final anunció que dos coches acababan de impactar.
—Esto no puede ser verdad —susurró para sí misma golpeando el volante—. Ese viejo solo me trae mala suerte.
—¡Ey, ¿está bien?! —preguntó un hombre golpeando el vidrio del copiloto.
—Sí, —cubrió sus ojos con los anteojos de sol y se bajó por la ventanilla que golpeaban con insistencia.
—Lo siento, fue mi culpa —era rubio y alto, también llevaba gafas oscuras y le extendió la mano—. Cubriré los gastos, permítame entregarle mi tarjeta.
—No importa —sacudió la mano negándose a recibir la ayuda y respiró cansada.
El golpe lo había recibido en su puerta y parte del motor, no podía conducir un auto chocado era peligroso.
—¿Hay algo que pueda hacer para compensarla? —preguntó Naruto sonriendo—. Mi auto perdió los frenos, si no hubiese chocado contra usted probablemente me habría estrellado contra el auto bus que pasó después —ella asintió sin prestarle demasiada atención.
—¿Puede llevarme al aeropuerto internacional? —preguntó cortante y el asintió—. Bien, solo haga eso y yo cubriré los gastos de reparación y todo —tomó su bolso y su teléfono del auto —¿Hola? —saludó al momento en que le respondieron—. Mi auto está entre la calle 29 con avenida 35, sí, no me interesa… solo llévenselo, y al otro auto también. Gracias.
—No tienes que preocuparte…
—No importa, no quiero ser grosera pero, debía estar en el aeropuerto hace 10 minutos —anunció mirando el reloj—. Si me quedó a resolver una disputa de este tipo, perderé mucho tiempo.
—¡Diablos! —gritó el rubio mirando su propio reloj—. ¡Mi vuelo sale en 20 minutos! —exclamó con fuerza sacando las cosas del maletero—. Venga conmigo.
Sin decir nada, y arrastrando una maleta, tomó la mano de la mujer y comenzó a arrastrarla por el medio de la calle. Las personas no hacían sino mirar cómo se iban dejando los vehículos atrás. Un taxi se detuvo y el rubio prácticamente la arrojó dentro junto a su maleta.
—Aeropuerto internacional por favor.
—Sí —respondió el taxista.
—¿Y…? —preguntó el rubio buscando conversación—. ¿Vas de viaje?
—No —ella observó su teléfono y sin quitarse los anteojos tecleó algunos números—. Voy a firmar unos documentos.
—Ah, ya veo —musitó curioso—. ¿Trabaja en el aeropuerto?
—No —el asintió y ella colgó tras escuchar el contestador automático—. Soy la dueña —el rubio se inmutó un poco pero sonrió tranquilo—. ¿Puede ir más rápido? —preguntó ella al chofer y este se negó.
—Tranquila, ya estamos cerca —Hinata desvió su mirada a la ventanilla—. Yo voy de salida, viajaré a Inglaterra por negocios, volveré el viernes.
—Buen viaje.
—Gracias.
Y el intercambio de palabras se detuvo.
Llegaron al aeropuerto y sin decir nada más que adiós, ella se perdió entre la multitud, dejando al rubio con dos grandes dudas; ¿Cuál era su nombre y dónde la había visto antes? Porque podría jurar que la había visto en alguna parte.
—Dios mío… —suspiró aliviada, recostada tras la puerta del baño de empleados.
—¿Se encuentra bien, señorita Hinata? —la aludida asintió levantándose rápidamente.
—S-sí, no es nada —se afirmó sobre sus pies y comenzó su camino hacia las oficinas—. Kiba —el nombrado se acercó—. P-por favor, permíteme sujetarme de tu hombro, me tiemblan las piernas.
—¿En serio? —bufó enojado y hizo lo ordenado—. ¿Lo vió de nuevo? —ella asitió.
—T-te juro que me controlé —aseguró aún luchando por estabilizarse.
—Usted, señorita Hinata, tiene serios problemas.
—Lo sé… —susurró bajando la mirada.
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—¡Bienvenidas! —gritaba por un megáfono una niña de 6 años en la entrada de la mansión Uzumaki.
La fila de mujeres que se abría desde la entrada y recorría toda la redoma del estacionamiento era gigantesca. Todas con sus carpetas en mano, y muchas vestidas como si realmente asistían a un casting para una novela o las fotos de una revista.
—¡Gracias a todas por venir, serán ingresadas en grupos de 10 y se les entrevistará! —todas asentían y murmuraban entre ellas—. ¡No es cualquier trabajo de niñera, así que no se desilusionen si no logran quedar seleccionadas, de todas solo quedará una persona.
La niña se bajó de la escalera a la que se había subido, con la ayuda de uno de los guardias y entró a la casa, donde, habían habilitado el teatro de la misma para el gran casting de niñera.
—¿Cómo están las cosas afuera? —preguntó Naruko a su recién llegada hermana.
—Bien, hay muchas mujeres, algunas feas, otras bonitas y otras con cara de idiota.
—Haruko, no debes de usar ese vocabulario —reprendió Sasuke sirviendo un trago de saque.
—Me lo dice el hombre que bebe saque mientras cuida de dos niñas… sí, tienes mucha moral para reprenderme —Sasuke rodó los ojos—. ¿Entendiste el sarcasmo?
—¿Estás segura de tener 6 años? —preguntó irritado y la niña sonrió sentándose.
—¿Verdad que soy prematura? Mi maestra lo dice todo el tiempo.
—La compadezco —dijo levantando la mano en señal de juramento.
—Secundo —dijo Naruko haciendo el mismo gesto.
—Vienen las 10 primeras, señor —anunció el mayordomo, dirigiéndose a Sasuke, quien asintió.
Los tres se sentaron cómodamente y con lápiz y papel en mano comenzaron las evaluaciones.
Realmente había sido un casting…
—¿Y, bailas? —preguntó Naruko a la número 34.
—Solo ballet.
—Interesante —dijo sonriendo.
—¿Y, qué opinas del sexo antes del matrimonio? —preguntó la menor, logrando que su tío escupiera el saque.
—¡Haruko! —le gritó—. ¿Dónde escuchaste eso?
—De ti —la mujer les observaba confundida.
—¿Esa niña está hablando de sexo? —murmuraban entre las candidatas presentes.
—Olvídelo —dijo la 34 retrocediendo—. Ya no quiero el cargo.
—¿Vez lo que hiciste, Haruko? —le reprendió Sasuke al ver que solo quedaban 2 de las 10 de ese turno—. Ella era sexy.
—¿Perdón? —exclamaron las 2 mujeres restantes, acercándose y abofeteándole una después de la otra.
—¡Imbécil! —le dijo la primera.
—Llámame —susurró la segunda, haciendo la seña con su mano.
—Ya me estoy cansando… —bufó Naruko—. ¿Qué tenemos hasta ahora?
—Bien, —Sasuke tomó las hojas sobándose el rostro—. Dibujos sin sentido en las hojas de Haruko, el grupo perfecto para un recital de Broadway en las tuyas y 10 citas para esta semana en las mías, oh, y una invitación a grabar un video porno.
—¡Tío! —gritó Naruko irritada—. ¿Luego preguntas de donde escucha Haruko ese tipo de cosas?
—Ya, solo no repitas delante de tu padre, ¿ok? —la niña levantó el pulgar.
—Somos un desastre —susurró Naruko.
—Niñas, ya son las 12 del medio día. ¿Qué tal si tomamos un descanso y luego continuamos? —las niñas asintieron y el mayordomo se retiró a hacer el anuncio—. A ver… —susurró tomando el teléfono—. He, sabía que me llamarías —susurró y remarcó la llamada perdida.
—¿Sasuke? —escuchó desde el otro lado de la línea.
—Se dice «mochi, mochi», sino, ¿cómo sabré que no eres un demonio que quiere comerse mi alma?
—Perdón, mochi, mochi —Sasuke rió y las carcajadas se contagiaron al otro lado del aparato.
—¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Te diste cuenta de que no puedes vivir sin mí? —Hinata comenzó a reír.
—No, pero choqué el auto con un conductor descuidado y quería saber si me podías buscar más tarde para llevarme al departamento —estaba sentada en su oficina, esta vez en una farmacia.
—¿Me dejaras pasar de la puerta?
—No —dijo ella riendo—. No seas payaso, ¿puedes o no?
—Hagamos un trato, te buscaré pero, llevaré compañía.
—¿Ya me reemplazaste? —preguntó actuando celosa.
—Sí, es que… no eres tú, soy yo, no puedo estar exclusivamente pensando en una sola persona. Soy un hombre con un corazón lo suficientemente amplio para poder salir con dos rubias al mismo tiempo.
—¿Rubias? —preguntó riendo—. Pensé que no querías saber nada de rubias desde el incidente con la americana.
—No me lo recuerdes —susurró sujetando su entrepierna—. Te juro que pensaba que de verdad me iban a amputar a mi amigo.
—Eso te pasa por meterte con cabareteras.
—Oh, ¿celos? —Hinata bufó.
—Ya basta, ¿vienes por mí o qué?
—Ya, ya, no te enojes —se levantó y tomó un trago de sake de la botella—. Te llego en 20. ¿Dónde estás?
—En la farmacia al sur.
—Listo. Voy para allá —colgó, caminó hacia las niñas y tomó a Haruko arrojándola a su hombro—. Salgamos un momento —dijo empujando a Naruko suavemente.
—¿A dónde? —preguntó Haruko desde su hombro.
—Tengo que buscar a una amiga —dijo sonriendo.
—¿De esas amigas tuyas? —preguntó Naruko con cara de asco.
—No —rodó los ojos—. Ustedes dos tienen una pésima imagen de mí. ¿De dónde sacan que yo soy un mujeriego vagabundo?
—De ti —respondieron al unísono.
—Hmp —musitó—. Ella no es una de esas mujeres. Es una buena amiga, es agradable, educada y buena persona, les va a agradar.
—¿Le gustan los niños? —preguntó Haruko sonriendo.
—Sí, aunque nunca ha querido ser mamá —comentó abriéndoles la puerta del auto.
—¿Cómo sabes que no quiere ser mamá? —preguntó la pequeña.
—¿No es obvio, Haruko? —dijo con ironía la mayor, ganando la total atención de su cuidador—. De seguro le propuso que tuvieran un hijo.
—Pues, no exactamente tener un hijo, solo quería enseñarle el procedimiento —Naruko rodó los ojos—.
—¿Otra víctima, tío?
—No, para el dolor de mi orgullo masculino se me escabulló de las manos durante dos años o más.
—Valla, es muy inteligente —se burló Naruko, recibiendo un pequeño golpe en la frente.
—Ya te lo digo, ella es diferente.
—¿Cómo se llama? —preguntó Haruko. Ya iban en carretera.
—Hinata.
—¿Hinata? —preguntaron ambas sonriendo.
—Qué lindo nombre —dijo Naruko sonriendo y Haruko asintió.
En poco tiempo llegaron al lugar indicado y el azabache se bajó del auto. Sacudió sus ropas y caminó hacia la entrada de la farmacia tras cerrar las puertas y pedirles a las niñas permanecer adentro. Pasaron alrededor de 10 minutos cuando volvió a salir. Llegó hasta el auto y se sentó en su asiento.
—Debemos esperar un momento —dijo con una amplia sonrisa.
—¿Por qué? —preguntó Haruko inflando las mejillas. Era raro que actuara como una niña.
—Porque tuvo un accidente por mi culpa. Le aventé un detergente liquido encima —las dos suspiraron resignadas—, y debe de cambiarse rápido o enfermará si sale mojada al frío de la nieve. Dijo que se cambiaba y… —su boca se abrió por completo dejando de emitir palabras—. ¿Hi-Hinata?
—Lo sé, me veo idiota —susurró con sus mejillas completamente coloradas. Llevaba un vestido bombacho en la falda de color fucsia, con las capas internas azules, era corto y algo infantil a causa del moño en su espalda.
—N-no, no te vez idiota —ella desvió la mirada y subió al auto.
No sabía que le avergonzaba más, los colores estridentes, el hecho de usarlo con tacones altos o lo corto que era, además de que se levantaba al sentarse por el tul del interior.
—No había nada más de mi talla entre las pertenencias de las empleadas —susurró aún con el rostro enrojecido.
—Yo creo que te vez linda —escuchó una voz infantil desde la parte trasera y se giró para encarar a la pequeña Uzumaki, asegurándose de que el vestido no se levantara para placer de Sasuke.
—Hola —susurró sonriendo con calidez—. ¿Ellas son las rubias?
—Sí —Sasuke asintió—. ¿No crees que estoy mejorando?
—Mucho —tomó la mano de la pequeña manteniendo su sonrisa, y olvidando la vergüenza anterior—. Hinata, un placer.
—El placer es nuestro—habló la mayor adelantándose a tomar su mano—. Mi nombre es Uzumaki Naruko y ella es mi hermana, Uzumaki Haruko.
—Qué lindos nombres, Naruko-chan, Haruko-chan —los ojos de la mayor brillaban con fuerza.
—¿Qué haces, Hinata? —la pelinegra llevó un dedo a sus labios y lo pensó un instante—. Ayudo a otras personas a que hagan bien su trabajo.
—¿Te gusta la música? —preguntó Haruko.
—Mucho, de hecho sé tocar el piano y el órgano.
—¿Te gusta cantar? —preguntó Naruko.
—Sí, aunque no lo hago del todo bien.
—¿Te gusta bailar? —preguntó Haruko.
—Sí, de niña estudié ballet, salsa, flamenco y otros tipos de danza, de hecho, aún a veces lo hago por diversión.
—¿Qué estudiaste? —preguntó Naruko.
—Soy Psicólogo, abogado, tengo un posgrado en educación, uno en primeros auxilios y otro en educación psiquiátrica.
—¿Cuál es tu estereotipo de hombre ideal? —preguntó Haruko.
—¿Q-qué? —Viró sus ojos con enojo a Sasuke, quien observaba todo en silencio—. ¿Qué le andas diciendo a esa niña?
—Yo no… —fue interrumpido abruptamente.
—Responde —insistieron ambas.
—P-pero…
—Solo diles como sería físicamente el hombre de tus sueños y te dejaran en paz.
—Mmm —observó a Sasuke y solo por molestarlo respondió—; rubio, ojos azules, alto, blanco, amable, galante pero que no sea un pervertido acosador, que solo le falte la armadura para ser un príncipe de armadura andante.
—¡Kyaaaa! —gritaron ambas niñas a la vez.
—¿Q-qué les pasa? —preguntó Hinata a Sasuke, quién le miró enarcando una ceja antes de pellizcarle una mejilla.
—¿Así que te gusta todo lo contrario a mi? —preguntó mientras ella rogaba ser liberada—. Acabas de firmar tu sentencia.
—¿Por qué? —y sus dudas se respondieron.
—Hinata, ¿serías nuestra niñera? —preguntó Naruko, la aludida parpadeó un par de veces y sus labios se abrieron sin saber que decir.
—Deja yo te explico —intervino Sasuke, llamando la atención de Sasuke—. Mis queridas sobrinas adoptivas tienen un problema con su padre. Él se la pasa ocupado y les pidió que buscaran una niñera para que comience a cuidarlas desde hoy, así que pasamos todo el día haciendo entrevistas pero ninguna cumple sus expectativas.
—¿Por eso me preguntaron todas esas cosas? —las dos asintieron.
—Solo queremos encontrar a alguien con quien nos sintamos a gusto —dijo Haruko.
—Y tu nos agradas, Hinata —completó Naruko.
—Ay niñas, lo haría encantada pero, yo trabajo un par de horas en las mañanas y…
—No importa —Naruko la frenó—. Entramos a clases a las 7 a.m. y salimos normalmente a las 12, así que no habrá problema.
—¿Vives sola? —preguntó Haruko.
—Sí —respondió Sasuke en su lugar—. Es una solterona sin oficio.
—¡Sasuke! —Hinata le golpeó la pierna y él rió.
—Hay una habitación que se preparó ayer en la casa, es para la persona que comience a cuidarnos, solo deberás estar en casa de lunes a viernes, y los fines de semana si quieres podrás irte —Naruko casi le rogaba que aceptara.
—Niñas yo…
—Por favor —pidió Haruko uniendo sus manitos frente a ella.
—Solo acepta —dijo Sasuke mirándola de reojo—. A ver si así sales un poco de ese departamento aburrido que tienes.
—No lo sé… tengo que pensarlo…
1 hora más tarde…
—¿Cómo terminé aceptando? —pensaba para sí misma, siendo arrastrada por los pasillos de la mansión en un recorrido dirigido por las niñas que ahora cuidaría.
—¿Qué te parece, Hinata? —preguntó la mayor con una amplia y complacida sonrisa.
—Es hermoso todo Naruko, pero, lo de venir a vivir aquí…
—No te preocupes, podemos hacer tu mudanza mañana o en dos días, no te preocupes por eso —dijo esta vez la menor.
—Sí… —en cada espejo que pasaba no podía evitar mirarse brevemente, parecía salida de una caja de dulces.
—¿Te pasa algo? —preguntó Sasuke sujetándole de la cintura.
—Sí, este vestido… parezco idiota.
—No, pareces la muñeca de azúcar de una torta de cumpleaños —se acercó a su oído y la piel blanca de Hinata se erizó—. De hecho, haces que quiera comerte.
—¡Tío! —gritó Naruko tomando la mano de Hinata, alejándola del azabache—. No le hagas nada rato.
—Solo somos amigos pequeña bruja —dijo entre dientes—. No le voy a hacer nada, ya te lo dije, me ha rechazado toda mi vida en ese aspecto.
—Igual no confiamos en tu virilidad —dijo Haruko, haciendo que Hinata volviera a preguntarse si no era un adulto con problemas de crecimiento.
—Señorita Naruko, señorita Haruko —llamó el mayordomo y las dos niñas le miraron sonrientes—. Tienen una llamada en video conferencia de la señorita Yamanaka, su padre quiere saludarlas.
—¿Ino viajó con papá? —el hombre asintió a la pregunta de Naruko.
—Usted sabe que su padre no puede ni siquiera escoger un traje para una reunión sin la previa aprobación de la señorita Yamanaka.
—Volveremos en un instante, Hinata, no dejes que el tío te haga nada raro —dijo Naruko antes de correr junto a su hermana.
—Esas mocosas, si tuvieran un periódico a disposición ya habrían arruinado mi carrera —se quejó abriendo la puerta de una de las habitaciones del corredor.
—Supongo que te lo has ganado, Sasuke —aseguró riendo la peli negra.
—Sí, no lo negaré, supongo que es por cosas como estas…
La sujetó con fuerza del brazo y la haló dentro de la pieza, cerrando la puerta y recostándola contra ella.
—Sasuke, ¿qué haces? —preguntó y el azabache mostró una mirada sería y algo sombría.
—Pensé que te negarías con mayor insistencia —dijo mirándole directo a los ojos, de la forma intimidante de la que solo él podía hacer buen uso.
—Son unas niñas, además, no tiene nada de malo, solo cuidaré de ellas hasta que se aburran de mí, o se interesen en alguien más —le sujetó de los hombros y sonrió con dulzura—. Estaré bien, puedo lidiar con una niña rara y una adolescente impulsiva.
—Solo… —se mordió los labios y posó las palmas de las manos a los lados del rostro femenino—. Solo no sonrías de esa manera en frente de su padre —susurró, maldiciéndose internamente—. Ellas son muy celosas con él, y como es soltero podrían malinterpretarte.
—Tranquilízate, no me meteré en líos —dijo calmada.
—No me convences…
Sus labios fueron atrapados por los de Sasuke y se paralizó. Él la estaba besando, con fuerza, mientras juntaba su cuerpo al de ella más de lo que nunca lo había hecho. Podía sentir su busto ser aplastado por los pectorales de él, y aquel miembro masculino erguirse mientras chocaba con su vientre –por la diferencia de altura–. Su cuerpo tembló, nunca lo había tenido tan cerca, él nunca había hecho algo así con ella.
Sintió una mano en su espalda y no sabía por qué pero enrolló sus brazos alrededor del cuello masculino. La otra mano de Sasuke había bajado sin que ella lo notara, de hecho la sentía de pronto sobre su muslo. Maldito vestido corto que dejaba a la vista –y al tacto– su piel con facilidad. Sasuke le sujetó la pierna con fuerza, obligándola a subirla hasta su pelvis, enroscándola en su espalda. Maldito vestido que se levantaba con tal facilidad.
La mano de su espalda bajó hasta su otra pierna, haciendo el mismo movimiento que la anterior, y cuando se percató, estaba acorralada entre Sasuke y la pared. Maldito vestido que no le protegía de él. Por eso amaba los pantalones.
Un suspiró escapó de sus labios y el azabache recostó su miembro contra la entrepierna femenina, afirmándola contra él. ¿Por qué diablos había sido tan idiota antes de no dejarse sentir ese placer? Y ese maldito vestido que no hacía sino estorbarle en el camino.
Pasó el bloqueo a la puerta y sujetó con fuerza a Hinata, cargándola sobre él hasta la cama, sentándose con ella aún sobre él.
—Sa-sasuke, detente —pidió con la respiración entre cortada al sentir una mano tocando su húmeda intimidad.
—No quiero —susurró a su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja y haciéndola temblar.
Maldito vestido que dejaba todo de fácil alcance.
—¡Tío! —escucharon unos gritos en el pasillo—. ¡Tío ¿dónde estás?!
—L-las… las niñas, Sasuke —susurró Hinata manteniendo la cordura tanto como podía.
—Están bien —respondió él, con total desinterés en lo que pasara fuera de esa habitación. Bajó su cremallera y Hinata reaccionó al sentir ese trozo de carne contra su entrada.
—¡Basta! —exclamó y se levantó cayendo al suelo, sujetando el vestido para que no se levantara.
—Ya sabía que huirías, cobarde —sonrió de lado triunfante—. Tú no eres capaz de entregarte a mí, así que estoy seguro de que no lo harás con desconocido cualquiera —pensó—. Arréglate el vestido, vallamos a ver qué pasa.
—¿Qué ocurre, Naruko? —preguntó Hinata, una vez las hubieron encontrado.
—Es papá —dijo ignorando a Hinata y mirando directo a Sasuke—. Le dije que conseguimos una niñera y dijo que cancelará todo, llegará mañana a la ciudad.
—Ese idiota… —susurró Sasuke.
—Nos mataran a todos, nos mataran a todos —decía con voz trémula Haruko.
—¡Deja de hacer eso! —gritó Naruko.
—¿Cuál es el problema en que tu papá regrese? —preguntó Hinata inocente de todo.
—Que… —intentó hablar la mayor.
—Papá no quiere niñeras —concluyó sonriendo la más pequeña.
—Ya veo… —ahora sí que se arrepentía de haberle pedido a Sasuke que la buscara.
o
O
o
Continuará…
Se acabó jeje… espero hayan disfrutado el pequeño baso de limonada… ¡nos leemos al siguiente!
Besos~~ FanFicMatica :*
