Bienvenidos a un nuevo capítulo...
Gócenlo, amenlo y todo lo que termine en "nlo" :*
CAPÍTULO 2:
La Candente Niñera.
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Podrían haber hecho una obra de arte con las expresiones en sus rostros tras escuchar aquella noticia. Su padre, su adorado padre estaba lo suficientemente loco para tomar el siguiente avión comercial a Japón sin importarle nada, y todo para evitar que sus hijas tuvieran una niñera.
—Lo siento niñas —dijo Hinata con dulzura, inclinada mientras ambas le abrazaban—. Tengo que irme, ¿está bien? —ambas asintieron—. Cuídense mucho y compórtense. Las veré en cuanto pueda.
—Pero, ¿por qué te vas? —preguntó Naruko.
—Bueno, no quiero ocasionarles problemas y ya me han contado que su padre se enojó por la decisión que tomaron sin su autorización.
—Pero, papá siempre se enoja y luego se le pasa —dijo Haruko aferrándose al vestido de Hinata.
—No te vayas —pidieron ambas al unísono.
—Lo siento, por favor no actúen de esta manera.
—Ya, ustedes dos, déjenla en paz —les reprendió Sasuke sujetando el teléfono en la mano—. Es mejor que Hinata no esté aquí cuando su padre llegue y arme su pataleta.
—Pero… —el teléfono del azabache sonó y dejó con la palabra en la boca a Naruko—. Hinata, ¿qué tal si te quedas solo esta noche? Ya mañana puedes irte temprano.
—Yo… —desvió la mirada hacía Sasuke que acababa de alejarse por el pasillo—. No lo sé.
—¿Hola? —hablaba Sasuke por el móvil—. ¿Quién?
—Ino idiota, soy Ino —la rubia rodó los ojos—. ¿Hasta cuándo te vas a olvidar de mí?
—Hasta que aceptes dormir conmigo —sonrió de lado y la rubia bufó—. Tienes un hermoso cuerpo, de verdad que me gustaría probarlo y…
—Cállate —estaba cansada y lo último que necesitaba era a ese pervertido insinuándosele por enésima vez—. ¿Estás con las niñas, cierto?
—Sí… pero no quiero hablar de mocosas si te tengo a ti al teléfono.
—Cállate —repitió—. Diles que no se preocupen, Naruto no volverá mañana aunque quiera. Le escondí el pasaporte y su identificación, no podrá salir de Londres ni de Inglaterra hasta que termine sus pendientes.
—Oh, ya veo —rió un poco—. Lo tienes bien controlado, me gusta eso de ti, que sabes cómo llevar las riendas. Eso es muy cautivador en una mujer, ¿y dónde lo escondiste? ¿Puedo ir a buscarlo en tu alcoba.
—Dales el mensaje, adiós —colgó el teléfono y Sasuke se sacudió en su sitio.
—Esa chica me pone loco —suspiró y llevó las manos a sus bolsillos—. Lástima que tengo mala suerte con las rubias.
—¡Tío Sasuke! —gritó Naruko con fuerza abrazandole—. ¡Hinata se va a quedar esta noche!
—Ah… que bien —sonrió de lado y se acercó y respondió el abrazo de la pequeña— Y… ¿en qué habitación piensas dormir? —preguntó guiñándole un ojo.
—¡Con nosotras! —gritaron ambas niñas notoriamente enojadas.
—Tío, estoy comenzando a enojarme contigo —advirtió Haruko, llamando la atención de ambos adultos—. Entiendo que eres un hombre y tienes tus necesidades, sin embargo, no estoy de acuerdo en que le pidas a la niñera revolcarse contigo en presencia de dos menores.
—¡Haruko! —gritó Naruko halándole un mechón de cabello.
—¡Suéltame! —se quejaba y afirmó su puño derecho contra su pecho—. ¡Por la verdad murió Jesús y yo no callaré jamás!
—Deténganse las dos —pidió Hinata tomándolas por los hombros—. Ustedes dos son hermanas, no deben de discutir.
—Pero, ¿no ves las atrocidades de las que habla esta niña? —reviró Naruko.
—Sí, y estoy segura de que ha sido por pasar tanto tiempo cerca de Sasuke.
—¿Perdón…? —se fingió ofendido.
—Bueno, es verdad que debemos de hacer algo con tu vocablo, Haruko —le dijo con dulzura, manteniendo una sonrisa en sus labios—. Tienes 6 años, ¿por qué no hablas como lo haría una niña de tu edad?
—Porque yo no soy como las demás niñas de mi edad, y no quiero ser como las demás niñas de mi edad —se encogió de hombros—. Papá me quiere como soy y eso me basta.
—Entiendo… —susurró Hinata.
—¿A ti te molesta, Hinata? —preguntó con los ojos cristalizados.
—No cariño, claro que no —dijo abrazándole—. Me parece divertido.
—En ese caso… ¿serás nuestra niñera? —un puchero se formó en sus labios y Naruko hizo lo mismo.
—Está bien —respondió en un suspiro y ambas rubias se lanzaron contra ella abrazándola—. Olvidemos el asunto, pero, por favor, si de verdad quieren que cuide de ustedes, no deben de pelear. Recuerden, son hermanas.
—Sí —respondieron al unísono, logrando conseguir una sonrisa del rostro de la Hyuga.
—Vamos, te mostraré tu habitación —dijo Naruko sonriendo ampliamente y tomándole de la mano.
—Ok —respondió tranquila, siendo llevada por la mayor, y manteniendo sujeta con su otra mano a la menor.
—Yo debo irme —anunció Sasuke, haciendo que se voltearan a verlo—. Necesito salir a tomar algo. Hinata puede cuidarlas.
—¿Iras a buscar una prostituta?
—¡Haruko! —gritó el azabache con una vena hinchada.
—Nadie te juzga tío, todos sabemos que eres adicto al sexo —Hinata no pudo evitar soltar una risilla, pero la retuvo tanto como pudo al ver el enojo en el rostro del acusado.
—Ya sabes cómo es, ¿para qué le discutes? —dijo Naruko rendida—. ¿Vendrás mañana temprano?
—No, vendré cuando se me pase la resaca que me quedará de hoy —se encogió de hombros—. Y tú, deja de repetir todo lo que escuchas, mocosa prematura —reprendió a Haruko mientras la alzaba en sus brazos.
—No prometo hacerlo —sonrió con dulzura y recibió un beso en la mejilla de parte del adulto.
—Tú también cuídate, y no molestes demasiado a Hinata, ¿ok? —dejó a Haruko en el suelo y besó la frente de la rubia mayor—. No te duermas tarde, mañana tienes clases temprano.
—No prometo hacerlo —respondió encogiéndose de hombros.
—Vamos, te acompañaré a la salida —dijo Hinata, dejando a las niñas y alejándose por el pasillo con el azabache.
—Te esperaremos en el comedor Hinata —anunció Naruko al notar al mayordomo pidiéndoles ir a comer.
—Entonces… —dijo Sasuke iniciando la conversación—. ¿Realmente te agrada la idea de ser niñera?
—Podría ser divertido —sonrió y se detuvo en la puerta de salida—. ¿Vendrás mañana?
—Sí, pero no sé a qué horas vendré.
—¿Realmente irás a emborracharte?
—¿Quieres venir conmigo?
—No, solo pregunto —le golpeó el pecho con uno de sus índices—. No digas esas cosas delante de esas niñas si no quieres que luego te traten como lo hacen —le reprendió con dulzura.
—¿Acaso estás celosa?
—¿De qué? —preguntó riendo.
—De que iré por ahí a tomar, y podría conocer a alguna chica linda.
—No, no realmente —le besó la mejilla—. Solo me preocupo por mi amigo —dio un paso atrás, claramente huyendo—. Ve con cuidado.
—Hinata… —susurró riendo de lado al verla alejarse por las escaleras—. Siempre terminas escapándote.
—Que tenga buenas noches, señor —le despidieron los guardias al verlo retirarse.
—Igual, muchachos.
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Londres, Inglaterra…
—¡Ino! —gritaba el rubio por el pasillo del hotel, persiguiendo a su fiel asistente—. ¡Ino, dame mis malditos papeles!
—No lo haré —respondía serena—. Buenos días —saludaba tranquila a las personas que se encontraba en su camino.
—¡Maldita bruja, necesito ir por mis hijas!
—Señor Naruto —se detuvo encarándolo, haciendo que él también detuviera su andar—. Si vuelve a insultarme, tendrá que pagarme un cheque con muchos ceros para que no lo demande por acoso laboral, recuerde que llevo una grabadora las 24 horas al día encendido, para poder recordar todas y cada una de las responsabilidades que tiene como CEO del consorcio Uzumaki.
—¿Cuántos ceros quieres para darme mi pasaporte y mi identificación y dejarme ir a Japón?
—Ni uno, compadezco a sus pobres niñas.
—¿Las compadeces? ¡Por Dios, Ino, ellas no necesitan tener una niñera!
—Si la necesitan, señor Naruto —retomó su andar, esta vez a un paso más calmado, y a la par del rubio—. No es que necesiten de alguien que las cuide, a pesar de sus obligaciones, usted lo hace muy bien.
—¿Entonces por qué apoyas una bazofia como esta?
—¿Sabe que significa bazofia?
—No…
—¿Qué le he dicho sobre utilizar palabras cuyo significado desconoce?
—Que no lo haga...
—¿Y por qué lo haces, jovencito?
—Perdón…
—No pasa nada —sacudió la mano sonriendo.
—Un momento… —su rostro se deformó—. ¡No me trates como si fuera tu hijo!
—A veces lo parece señor.
—Volviendo al tema —dijo entre dientes—. ¿Por qué incluso tú estás en mi contra sobre esto?
—¿Está seguro de que quiere que le responda? —el rubio asintió—. Usted sabe que yo soy muy directa —el rubio volvió a asentir—. Usted es hombre, y sus hijas son mujeres, ellas necesitan poder hablar con alguien de su mismo sexo. Su esposa murió hace 4 años, y eso es algo que las ha marcado, de hecho a usted también, pero cuando su señora dejó este mundo, Naruko tenía 10 años, ahora mismo es una adolescente, expuesta a la pubertad, y hay cosas que a esas edad uno prefiere hablar con alguien que pueda entenderlo.
—Pero yo la entiendo en todo lo que me dice…
—¿En serio? —enarcó una ceja—. ¿Olvida que hace 3 años me llamó desesperado a las 3:00 a.m. desde una farmacia, desesperado por qué no sabía qué tipo de toallas sanitarias comprarle a Naruko, que se acababa de desarrollar y estaba en casa llorando porque no tenía ni idea de por qué estaba sangrando?
—Eso fue…
—Y peor, ¿recuerda que tuve que ir en pijamas a su casa para hablar con ella, por qué pensaba que se había cortado con algo?
—Pero…
—¿Y por qué? ¿Por qué cuando le preguntó a su papi que le pasaba, el muy idiota palideció de vergüenza por hablarle de algo así a una niña de 11 años y solo le dijo; llamaré a mi asistente? Oh, y además la dejaste sola durante una hora, encerrada en su habitación, llorando porque le dolía el vientre y porque no sabía por qué sangraba.
—Pero yo…
—Pero nada, para que te enteres, desde esa vez, tu hija me llama cada vez que algo le preocupa, cuando le ha gustado un chico, cuando le han roto el corazón. ¿Sabías que tu hija lleva 2 años "enamorada" de un compañero de clases que ni la toma en cuenta?
—No… —susurró con la mirada gacha.
—Entiéndelo Naruto, No se trata de ti y de que a ti no te gusten las niñeras —suspiró cansada y sacudió el fleco en su frente—. Se trata de que tus hijas necesitan compartir con alguien de su propio género, y que tenga sutileza, porque Haruko habla como un hombre de 35 años a veces.
—Lo sé…
—Anda, dales una oportunidad, además, ¿la escogieron ellas mismas no? —Naruto asintió—. Lo único que me preocupa es que dijeron que es amiga de Sasuke, pero, ya veremos el viernes cuando regresemos a Japón. Prometo que te apoyaré en esto, como lo he hecho los últimos 4 años.
—Gracias —susurró con media sonrisa en su rostro.
—No es nada, recuerda, aparte de ser mi jefe también eres mi amigo —revisó la agenda electrónica en su mano y suspiró—. Ya terminamos por hoy, mañana es jueves, y partiremos el viernes temprano. Falta poco, así que ten paciencia, iré a conocerla contigo si quieres y yo misma te diré si puedes confiar en ella o no.
—Gracias…
—Recuerda, trabajo con políticos y empresarios, si puedo reconocer hipócritas en ese rubro, puedo hacerlo con cualquier clase de gente.
—Gracias Ino, de verdad, te juro que estaría perdido sin ti —ella sonrió—. Apareciste en mi vida justo cuando más iba a necesitar una mano. Después de todo, fue un año antes de que Haru nos abandonara.
—Tú también apareciste en el momento en que más te necesitaba en mi vida, así que estamos a mano.
—Lo sé… que descanses —dijo y le ayudó a abrir la puerta de la habitación.
—Tú también —entró y tomó el pomo de la puerta—. Y deja de pensar en la niñera.
—Está bien —sonrió y sacudió la mano antes de perderse en el pasillo.
—Naruto… de verdad necesitas esta intervención… si tus hijas no lo hubiesen propuesto, sería yo quien estaría ahora mismo buscándote una esposa —susurró recostada a la puerta—. Aunque, una parte de mí hubiese deseado postularse porque… eres un tipo increíble, pero… —bajó la mirada y la fijó en su teléfono móvil.
Hana :*
3 llamadas sin contestar.
—¿Qué te puedo decir? —remarcó el número—. No me gustan los hombres.
—¿Hola? —se escuchó del otro lado del aparato.
—Hola linda, ¿cómo estás? Disculpa que no contesté antes, ni había podido devolver la llamada.
—¿Fue por ese jefe tuyo?
—Sí, ya sabes cómo es.
—No es justo, últimamente pasas más tiempo con él que conmigo.
—Lo siento, los nuevos negocios están saliendo muy bien y me gusta mucho mi trabajo, ya lo sabes.
—¿Más que yo?
—No me hagas responder eso.
—Eres mala.
—Ya, ya, lo siento, volveré en 1 día más o menos y podremos hacer todas las cochinadas que quieras.
—¿Tengo que esperar hasta que vuelvas?
—¿Qué intentas decir con eso?
—Qué… he estado leyendo cosas en internet.
—¿Qué clase de cosas?
—Pues, por ejemplo, que no hay que estar cerca para hacer algo divertido.
—Suena interesante, ¿qué te parece si lo intentamos?
—Estoy esperando que aceptes.
—¿Qué traes puesto?
—Lo que me regalaste en Milan.
—Uy. Iré por mi laptop y mi web cam.
—Te espero…
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4 horas para que Naruto llegue a Tokio, Japón.
—¿Entendiste todo? —la castaña asintió con fuerza.
—Sí, señora.
—Bien, ¿Matsuri? —la joven asintió—. Me alegra que te haya quedado claro. Recuerda, eso es lo más importante si trabajaras en esta casa.
—Sí, señora.
—Sobre los señores de la casa; a todo el que veas, si es hombre le dirás: señor, si es mujer le dirás: señora, si es una de las niñas: señorita.
—Anotado mentalmente.
—A tus compañeros de trabajo dirígete con respeto y mantén distancia aunque haya confianza. No me gustan los cuchicheos en los pasillos.
—Sí, señora.
—La única trabajadora de esta casa, a quién debes de tratar como si fuese uno de tus jefes es a la señorita Hinata, ¿entendido? Ella es la niñera, pero no te dirijas a ella sin respeto o recibirás una amonestación de mi parte.
—¿Por qué?
—En primer lugar no se cuestiona en esta casa, se obedece.
—Lo siento —se disculpó—. Solo me da curiosidad, Señora Chiyo.
—Lo entiendo, solo diré que eso se debe a que es amiga del señor Sasuke.
—¿Y ese quién es?
—Es el mejor amigo de nuestro jefe, y casi su hermano.
—Ya veo —sonrió y se tensó al sentir dos manos sobre sus hombros.
—Te aconsejo que te mantengas alejada de él —advirtió un joven de cabellos rojos –quién le sujetaba– con la voz firme y demandante—. Es un pervertido acosador, así que intentará seducirte si se lo permites.
—Lo había olvidado —Chiyo asintió varias veces—. De todas formas él no viene muy seguido.
—Por cierto, soy Sasori, es un placer conocerte —dijo con suavidad tomando su mano—. Ven conmigo, ¿trabajarás en la cocina cierto? —ella asintió—. Te presentaré al Chef, es mi sobrino, te va a agradar.
—¿Seguro?
—Sí, con confianza, es un poco amargado, pero aprenderás mucho de él y es muy joven, una vez se tomen confianza verás que el trabajo será fluido.
—Está bien.
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3 horas, 35 minutos para la llegada de Naruto a Japón.
Su teléfono celular tenía unos 20 minutos encendiendo la luz de llamada. Lo había dejado en vibrador y no se había percatado de que alguien la llamaba con insistencia.
—¿Hinata? —le habló desde el otro lado una voz masculina cuando ella al fin decidió contestar—. ¿Dónde estás?
—Hola, sí, estoy bien, ¿y tú? —dijo con sorna ante aquel peculiar saludo.
—Dime, ¿dónde estás? Acabo de llegar a Tokio y necesito entregarte unos documentos importantes de parte de mi tío Hiashi.
—Kiba debe de estar hoy trabajando en el supermercado número 3, llévaselos a él, sabrá que hacer.
—No, es tú responsabilidad recibir las encomiendas de tú padre, Hinata.
—Sí, pero no quieres verme por eso, solo quieres comenzar una vez más a molestar con el tema de mi abuelo.
—Hinata
—Tengo que colgar el teléfono, si quieres los dejas con Kiba, yo tengo cosas que hacer. Bye.
—¡Hinata, no te atrevas a colgarme…!
—Lo siento… —susurró con la mirada gacha—. Niñas, dense prisa, tendremos que ir a mi departamento para vestirme de manera decente antes de llevarlas a la escuela.
—Pero te vez bonita así —dijo sonriente Naruko.
—No es cierto.
—Sí, pareces una princesa —dijo esta vez Haruko con los ojos brillantes.
—Niñas… necesito utilizar ropa acorde a mi edad, solo he usado este tipo de vestidos los últimos 4 días para complacerlas, pero necesito volver a mi aburrida ropa de oficina.
—Ok… —respondieron al mismo tiempo, haciendo un mohín.
—Bien, vamos.
Tras cambiar sus ropas en el departamento que tenía 4 días abandonado casi por completo, volvió con las niñas al auto que les llevaba a la escuela y se fueron en esa dirección.
Ese tal vez sería el último día del corto periodo en que cuidaría de ellas, y debía admitir que había sido muy divertido.
—Cuídate mucho por favor —pidió besando la frentes de la menor—. Y si algo ocurre, solo llámame, ¿entendido? —la niña asintió—. Si puedo, vendré por ti.
—Si —dijo Haruko, antes de correr dentro de la escuela.
—Pórtate bien —pidió Hinata a Naruko con una amplia sonrisa en sus labios.
—No pidas cosas tan difíciles —dijo riendo.
—Está bien —se quedó observándola un instante y la rubia se le colgó de la cintura.
—¿Vendrás a vernos verdad? —Hinata asintió—. ¿Incluso si papá no deja que cuides más de nosotras?
—Sí, podemos ser amigas aunque no sea tu niñera cariño.
—Gracias —besó la mejilla de Hinata y se perdió entre la multitud de adolescentes.
—Hora de irnos, señorita —dijo el chofer y le abrió la puerta—. ¿A dónde la llevo?
—A mi departamento por favor.
—¿Quién era esa, Naruko? —le preguntó una niña curiosa, una vez que Naruko se les acercó.
—¿Hinata? Bueno, ella es…
—¿Quién? Nos tienes en ascuas.
—Sí —intervino otra—. ¿Por qué no te trajo tu papá o su chofer como siempre?
—Porque, ella es… —lo pensó un instante y… no, no lo pensó—. Ella es la novia de mi papá.
—¿Qué? —preguntaron ambas niñas incrédulas.
—Lo que escucharon, ustedes no son las únicas que tienen una bonita madrastra, además, lo mejor es que no le llamo así, le puedo llamar por su nombre, o simplemente mamá, porque nos tenemos muchísima confianza.
—Sí, claro, no te creemos perdedora —dijo la primera de las niñas antes de darle la espalda—. Vámonos, hay que dejar sola a la perdedora mentirosa.
—Sí, esa mujer es demasiado para el idiota de tu papá. Uzuloosers.
—Poof, idiotas —bufó enojada antes de seguir de frente tras de ellas con la mirada decidida y el coraje hasta el tope.
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3 horas para la llegada de Naruto a Japón.
—¿Eres mi nueva asistente de cocina? —le preguntó el pelirrojo y ella palideció ante su rostro amenazador.
—S-sí.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, devolviendo la mirada a la masa en sus manos.
—Ma-Matsuri, señor.
—Bienvenida a mi cocina, Matsuri —con el profesionalismo de un chef lanzó la harina al aire y la extendió en el mesón para comenzar a cortar las capas de pasticho.
—Gracias, señor.
—¿Sabes manejar una cocina industrial? —ella negó—. Tendrás que aprender, porque estás en una. Si te preguntas por qué es tan grande, es simple; contando lo que comen los señores de la casa, de esta cocina, a diario, salen uno 1000 platos de comida.
—¿P-por qué tanto?
—Porque aquí se prepara el desayuno y el almuerzo de cada uno de los trabajadores de Naruto que ameritan el servicio.
—¿Y tú solo haces todo? —el hombre negó.
—Tengo un equipo de más de 30 personas a mi disposición, la cocina de esta casa, es algo similar a un restaurante. Pero, con tanto que hacer, necesito un asistente que se encargue de cosas básicas, como el conteo de los implementos de cocina y otros detalles que te iré diciendo en el transcurso del día, comenzando desde ahora.
—¡S-sí! —sacó rápidamente de su bolsa un lápiz y un papel.
—No, señorita, creo que aún no entiende a qué nivel estamos hablando. ¿Cree que le daré tiempo de sentarse a escribir? Tengo muchas cosas que hacer, no me puedo sentar con usted a dictarle todo con calma —metió la mano en su bolsillo y sacó de este una pequeña grabadora—. Tenga, es un regalo de parte de Naruto. Puede grabar unos 4 días continuos, así que no la apague hasta que yo le diga que todo está dicho.
—Sí, señor —encendió el aparato y su nuevo jefe comenzó a dar todas las indicaciones sobre aquella gigantesca cocina.
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2 horas y 43 minutos para que Naruto arribe en Japón.
—¿Cuánto falta? —preguntó el rubio por enésima vez a su mano derecha.
—Naruto, donde vuelvas a preguntarme cuánto tiempo falta para llegar, te golpearé, lo juro —respondió Ino irritada.
—Estoy muy ansioso, esto no estuviese pasando si me hubieses dejado volver el día en que yo quería hacerlo.
—No, tienes que tomar más en serio tu trabajo, Naruto.
—Me estás llamando Naruto.
—No estamos trabajando —sacó los auriculares de su bolso de mano, conectados a su I-pod y se dedicó a escuchar música, ignorando todo a su alrededor.
—Ya quiero llegar… —pensaba Naruto con pesar—. Tengo un mal presentimiento.
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2 horas para la llegada de Naruto.
—Hola —saludó desde la puerta de aquella oficina Hinata—. ¿Usted es la directora del instituto?
—Sí, ¿Hinata, cierto? —la Hyuga asintió, tomando asiento como le indicaban.
—¿Qué ha ocurrido, Profesora? —preguntó con calma, dedicando una leve mirada a Naruko.
—Me han informado que estaba usted a cargo de la señorita Uzumaki —la peli negra asintió—. Esta niña revoltosa se ha atrevido a golpear a una compañera de clases, como una loca salvaje.
—No puede ser —dijo asombrada—. Naruko, eso no se hace.
—Pero es que-
—Pero es que nada —le interrumpió la directora—. No es la primera vez que haces una atrocidad de estas y me estoy cansando. Eres una buena estudiante, por eso he sido paciente y no me importa que tu papá sea el principal colaborador económico de mi instituto. Somos una organización privada, así que la presencia o ausencia de las donaciones de tu padre no harán gran diferencia.
—¡Pero, ¿me puede dejar hablar?! —gritó la rubia exaltada.
—¿Lo ve, señorita Hinata? —dijo ofendida—. Es una mal educada, vea con lo que tengo que lidiar a diario.
—Discúlpeme, profesora —pidió con tranquilidad Hinata—. Pero me gustaría escuchar la versión de Naruko antes de tomar mi propio veredicto, recuerde que yo le haré llegar el informe a su padre.
—Pero-
—Shu —con ese sonido y su mano cerrándose, imitando a una boca, Hinata la calló—. Dime, Naruko, tú sabes que lo que hiciste está mal, ¿cierto? —la rubia asintió—. ¿Entonces, por qué lo hiciste?
—¡Porque estoy harta de esas niñas, Hinata! —gritó con fuerza—. ¡Y lo sé, sé que no debo de gritar ni perder la compostura, y mucho menos a mis mayores! ¡Pero te juro que no lo soporto!
—¿Te han hecho algo? —preguntó Hinata.
—¿Algo? —sus ojos se cristalizaron—. ¡Me han hecho de todo! —cubrió su rostro con sus manos al notar que las lágrimas comenzaban a escapar—. Desde que entré en esta estúpida escuela me molestan, me insultan, me dicen cosas y siempre se burlan de que mi mamá se murió… ¿crees que eso es motivo de burla, o qué es gracioso?
—No lo es, en lo más mínimo —se volvió hacía la directora—. ¿Sabía usted de eso?
—¡Claro que lo sabía! —exclamó enojada Naruko—. ¿Crees que es la primera vez que termino golpeando a esa idiota? —se limpiaba el rostro con fuerza—. Cuando otros niños han peleado, siempre llaman a ambos representantes, siempre se reúnen los dos niños y sus padres, pero fíjate, Hinata, ¡solo estamos nosotras dos! ¿Sabes cuantas veces papá ha dejado su trabajo tirado para venir a buscarme en estas condiciones?
—No lo sé, cariño, pero te aseguro que hoy se acaba este problema —sacó un pañuelo de su bolso y se lo entregó a Naruko—. Dígame, profesora, ¿por qué solo me ha llamado a mí, y por qué está siendo reprendida únicamente Naruko?
—Bueno, es que verá, esa otra jovencita tiene un carácter intachable.
—¿Está insinuando que Naruko me está mintiendo?
—Pues eso lo sabrá usted, yo no lo estoy diciendo, pero no me sorprendería, su padre también era un problemático así que-
—¡No sea hipócrita, vieja ridícula! —ambas mujeres se asombraron—. ¿Por qué no dice la verdad? —apretó el pañuelo—. ¿Sabes por qué peleé hoy, Hinata? —la aludida negó—. Porque me preguntaron quién eras cuando te fuiste, y pensé que si les decía una mentira blanca me dejarían en paz, así que les dije que eras la nueva esposa de mi papá.
—Naruko…
—Sé que estuvo mal, lo sé, no me gusta mentir, pero, pensé que decirles que eras mi nueva mamá, dejarían de burlarse de que ya no tengo una, por eso les dije eso, pero comenzó a decir que eras muy bonita para alguien como mi papá y otras cosas y no lo soporté. ¡Además, esta vieja defiende a esa desgraciada porque es su hija!
—¿Disculpa? —Hinata encaró inmediatamente a la directora—. Pensé que los docentes y cuerpo educativo en general no podían inscribir a sus familiares en la institución.
—Eso no-
—Narutko, por favor retírate de la oficina y por favor espérame en el pasillo —la niña asintió y los ojos blancos de Hinata se enfocaron con fuerza en la mujer frente a ella—. Déjeme presentarme correctamente, mi nombre es Hyuga Hinata, por si aún no lo reconoce, el apellido Hyuga es por mi padre, Hiashi Hyuga, uno de los CEOs más importantes del país y dueño de esta institución. En otras palabras, usted podrá ser la directora, pero esta escuela se encuentra actualmente entre las cosas que heredaré. Otra cosa interesante, es que mi padre no quiere esperar a morir para repartir sus bienes, por lo que hace 5 años comenzó a entregarnos todo a mi hermana, a mi primo y a mí, que somos sus 3 únicos herederos.
»En resumen, todo lo que se encuentra dentro de Tokio actualmente está a mi nombre, y puede preguntarle a la persona que la contrató, si no me lo cree a mí, así que seré lo más clara que pueda; tiene lo que queda de año escolar para conseguir un nuevo instituto para su hija, y tiene lo que queda del día de hoy para educarla y explicarle que no debe de molestar a otros y mucho menos sus sentimientos.
»Explíquele en detalle que así como Naruko perdió a su mamá, usted se puede morir en cualquier momento, y sí, es una amenaza, señora. Ahora, con su permiso me retiro, tengo muchas cosas que hacer y no puedo perder el tiempo en este lugar. Tome muy en serio cada una de mis palabras y que esta conversación no salga de aquí, pues no quiero que Naruko se entere de quien soy en realidad. Adiós.
Se levantó de su lugar. Abrió la puerta y sin esperar respuesta alguna se retiró, saliendo de la oficina a encarar a Naruko con su cálida sonrisa de siempre.
—Nos vamos, linda —le informó Hinata con dulzura—. He hablado con ella y hablará con su hija, pero por hoy, deberías de descansar y revisarte esos golpecitos en tu cara.
—Gracias, Hinata —la aludida sonrió y tomó su mano.
—Ven, te llevaré a tu casa.
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1 hora para que llegue Naruto a casa.
—¡Está delicioso! —gritó Haruko disfrutando del helado en el jardín de su hogar, junto a su niñera y su hermana—. Gracias por buscarme a mí también en la escuela Hinata.
—Bueno niñas, probablemente no seré su niñera así que al menos quería compartir un poco más de tiempo con ustedes.
—Vamos a la cocina a buscar más helado —dijo Naruko y las 3 se levantaron, para ir en dicha dirección—. Hinata, ¿ya conociste al chef? —ella negó—. Te caerá bien, aunque da miedo a veces.
En la cocina…
—Recuerda, Matsuri, lo más importante es cerrar bien las compuertas de gas de la estufa —ella asentía con insistencia—. Si no tienes suficiente fuerzas le pides al hombre más cercano que te ayude, pero deben de quedar bien cerradas.
—¡Gaara! —gritó la niña pequeña abrazándose a sus piernas.
—Hola, Haruko —le saludo neutral.
—¿Ves, Hinata? Es como los payasos, son buenos pero dan miedo.
—Eso no es cortes, Haruko —le reprendió la niñera—. Mucho gusto, Hinata.
—Un placer, Gaara.
—¿Eres nueva? —preguntó la rubia mayor mirando a Matsuri.
—S-sí —respondió nerviosa.
—Un placer, yo soy Naruko, ella es mi hermana Haruko y ella es Hinata.
—El placer es mío —respondió haciendo reverencia.
—Oh, eres bonita —dijo Haruko—. Me imagino que muchos hombres buscan tener sexo contigo.
—¡¿Q-q-q-q-qué?! —preguntó tan roja como los tomates que Gaara cortaba.
—¡Haruko! —exclamaron avergonzadas Hinata y Naruko.
—Gaara, ahora que trabaja contigo, ¿harán posiciones raras en la cocina, sobre la comida y todo, como en los videos que tenía tu hermano el otro día?
—¡¿EH?! —Naruko, Hinata y Haruko iban a estallar de vergüenza.
—No, solo trabajaremos, aburrido, sin emoción y sin posiciones raras —le cortó Gaara sin darle importancia.
—Está bien —se había callado, sin insistir, solo había que hacer eso, cortarle el tema respondiendo, ¿por qué no lo habían pensado antes? En definitiva Gaara era alguien increíble.
—Busquemos helado —dijo Gaara y tomado de la mano de la pequeña caminó hacia otro cuarto, seguido de las otras 3.
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30 minutos para que Naruto llegue.
—Señor Neji —le llamó el chofer—. ¿Hacía donde vamos?
—Estoy esperando la ubicación de Hinata, la he mandado a rastrear por el satélite utilizando su teléfono móvil.
—Entendido, señor —el castaño sonrió con amplitud al ver la respuesta en un mensaje. Tomó el aparato y lo entrego a su fiel conductor.
—En esa dirección, por favor —pidió y el hombre asintió regresándole el aparato.
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15 minutos para la llegada de Naruto…
—¡Fuego! —se escuchaban los gritos potentes por toda la mansión, junto a las alarmas y las sirenas de los bomberos que recién llegaban.
—87, 88, 89, 90, 91, 92, 93… —el mayordomo, que respondía al nombre de Kakashi contaba con insistencia las personas que se hallaban fuera de la propiedad—. ¡¿Dónde están las señoritas? —gritó con fuerza, su saco había quedado abandonado en alguna parte, tenía hollín por todo el rostro y unas rasgaduras en la blanca camisa.
—¡Aquí vienen! —gritó Sasori, quien una vez que los vio salir, Hinata traía en brazos a Haruko y Naruko se sujetaba de su vestido, junto a ellas Gaara y una inconsciente Matsuri, tomó a la más pequeña, la envolvió en cobertores mojados y la llevó con los paramédicos.
—¿Estás bien, Naruko? —preguntó Hinata, sosteniendo aún de los hombros a la rubia mayor.
—S-sí, ¿y tú? —Hinata sonrió con tranquilidad.
—Estoy bien.
—El fuego está en el ala A de la casa, creo que podemos controlarlo antes de que llegue al área de habitaciones —avisó el bombero a Kakashi, que contaba una vez más a las personas de la casa, asegurándose de que todos hubiesen salido.
—No puede ser… —Naruko se mordió los labios y dio un paso atrás, alejándose de Hinata—. Lo siento —le susurró y se metió corriendo dentro de la mansión.
—¡Naruko! —gritó Hinata con fuerza antes de correr tras ella—. ¡Suélteme! —le exigió al bombero que la sujetaba en la puerta.
—No puede entrar.
—¡Claro que puedo entrar! —sacó de su bolsillo un espray de pimienta. El bombero la soltó para sujetarse el rostro, que ardía por la pimienta y ella entró—. ¡Naruko!
—Debemos de entrar por ellas —avisó Gaara.
—No, nadie puede entrar —advirtió esta vez el jefe de brigada—. El fuego en el ala A salió de control y está acercándose rápidamente al ala B.
—¡Pero no lo entiende! —gritó Chiyo encarando al bombero—. ¡Las señoritas entraron!
—Y será responsabilidad de ellas sin mueren.
El silencio se volvió sepulcral tras aquella frase, lo único que se escuchaba era el llanto de Haruko desde el borde de la ambulancia.
—¿Qué diablos pasa aquí? —preguntó Ino a su jefe al notar el gran alboroto en la entrada de su casa.
—¡Sabía que algo malo pasaba! —gritó Naruto, abriendo la puerta del auto aún encendido y lanzándose al suelo antes de salir corriendo a donde estaban todos—. ¡¿Dónde están mis hijas?! —gritó desesperado a sus empleados.
—¡Papi! —escuchó el grito desesperado de Haruko—. ¡Papi tengo miedo! —le gritaba entre el llanto una vez que se vio envuelta en sus brazos.
—Estas bien cariño, estas bien, gracias a dios —tocaba cada parte de ella, con ambas manos, como si se cerciorara de que todo estuviese en su lugar—. ¿Dónde está tu hermana?
—Está adentro —sollozó y el rostro de Naruto palideció—. Volvió a entrar, no sé por qué, pero lo hizo, y Hinata entró por ella y ahora no dejan que nadie entre a buscarlas.
—¿Quién es Hinata? —preguntó confundido e impactado por la noticia.
—¡La niñera papá! —Naruto la sujetó con fuerza y se la entregó a Ino, quien inmediatamente la abrazó.
—¡Naruto! —escuchó el grito de Sasuke, que venía llegando y acababa de escuchar todo, y se volvió para verlo.
—¡¿Qué quieres?! —le gritó el rubio sin detener su paso en dirección a la puerta de su hogar.
—Iré contigo, hermano —le avisó y emprendieron carrera hacía la entrada.
—¡No pueden entrar! —avisaron los bomberos una vez más.
Sasuke se lanzó sobre uno de ellos, y en el momento en que el segundo bombero se acercó a auxiliar a su compañero, Naruto se coló dentro.
—¡Más te vale traerlas con vida, dobe! —escuchó el grito de Sasuke seguido de un golpe seco.
El lugar era un infierno. El calor era extenuante y la tos las atacaba con fuerza. Había terminado siguiéndola dentro como si su vida dependiera de ello. La había perseguido por aquel montón de escombros y ni siquiera sabía porque esa niña había regresado a ese lugar tan peligroso.
Estaban en la habitación de Naruko. En el ala C, tan cerca y tan lejos de las llamas, que solo con la cantidad de humo que había entendían que tan grande era el incendio que las acosaba.
—¿Estás bien? —preguntó Hinata y la niña asintió—. No respires mucho humo —la dejó de pie junto a la cama y entro al lavabo, agradeció que hubiese algo de agua en un balde.
Rompió dos trozos de tela de su vestido y los empapó, tomó el balde y salió a donde estaba la rubia. Le entregó uno de los paños, y sin previo aviso, vació el balde de agua sobre ella.
—Cubre tu boca con ese pañuelo, así no respiraras tanto humo, ¿entendido? —Naruko asintió y Hinata tomó su mano tras tapar su propia boca—. Te sacaré de aquí, de alguna manera.
No estaba segura de por qué Naruko había entrado, pero había corrido hasta su habitación, había tomado una caja de porcelana y ahora mismo la llevaba en sus manos. Era pequeña y de color dorado. Asumió que había algo muy importante dentro de ella.
—¡Naruko! —gritaba su padre desde la parte de abajo. El fuego se había esparcido más, casi era imposible pasar por las escaleras—. ¡Naruko, ¿me escuchas?! —insistía y no recibía respuesta alguna.
Ellas estaban en el pasillo, una junto a la otra, caminando con cuidado y rapidez.
El sudor caía por sus cuerpos con fiereza, en cualquier momento estarían deshidratadas, era la peor experiencia de sus vidas.
Escucharon un grito y apresuraron el paso en esa dirección.
—¡Aquí estoy! —gritó la rubia en respuesta a los gritos de su padre.
—¡Voy por ti, por favor ten cuidado! —rogaba Naruto, saltando sobre los escalones con llamas, deseando haberle robado su traje al bombero que Sasuke había noqueado.
—Usa esto —le dijo Hinata a Naruko entregándole sus zapatos—. Si los golpeas en los tacones harán mucho ruido.
—Te quemarás los pies.
—Prefiero eso que morir rostizada —la pequeña asintió con fuerza y comenzó a golpear los tacos con fuerza.
—¡Naruko! —gritó Naruto cuando al fin la vio al final del pasillo —¡Mi vida, estás bien!
—¡Papi! —gritó la pequeña antes de soltarse en llanto y abrazar a su progenitor.
—Gracias a Dios —susurró Naruto. Hinata se volvió a poner los tacones y hasta entonces los miró.
—Esto es una broma… —pensó al verlo—. ¿Naruto…? ¿Naruto es el padre de Naruko y Haruko…? ¿Uzumaki Naruto…? —sus pensamientos la estaban volviendo loca.
—Salgamos de aquí —dijo Naruto y tomó la mano de Naruko—. Ven con nosotros —dijo tomando la mano de la mujer frente a él—. Hinata, ¿cierto? —ella asintió—. Hora de irnos de aquí.
Una de las peculiaridades de esa casa, era que tenía grandes decoraciones en madera a lo largo de los pasillos y una gran columna moldeada rechinó, haciendo que Hinata elevara la mirada en esa dirección. Esa cosa iba a caer, y lo haría sobre el hombre por el que llevaba años delirando sin que él ni si quiera la conociera, y sobre la niña con la que tanto se había encariñado los últimos días.
Su cuerpo actuó por si mismo.
—¡Cuidado! —gritó antes de empujar a los dos rubios hacia el frente, recibiendo ella todo el impacto sobre su cabeza y espalda.
Hubo silenció. Ella calló tendida en el suelo con el trozo de madera sobre su espalda.
Naruko gritó desesperada y con todas las fuerzas que tenía ayudó a su padre a retirar el troncó. Naruto besó su frente para que se calmara, y tomó el cuerpo inerte de la niñera en sus brazos.
—Salgamos de aquí.
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Afuera todos estaban en ascuas. Habían pasado alrededor de 5 minutos desde que Naruto había entrado, y unos 10 desde que lo habían hecho Hinata y Naruko.
Haruko no paraba de llorar en los brazos de Ino, quien como podía la consolaba, aunque no podía negar que ella misma era un desastre en ese momento.
Sasuke estaba inconsciente, acostado en una de las camillas tras ser electrocutado por los bomberos, y alguien observaba todo desde la comodidad de su automóvil.
—¡Señorita Naruko! —gritó el mayordomo al verla salir tosiendo y corriendo—. Una ambulancia, rápido —pidió y los paramédicos corrieron a auxiliarla.
—¡Yo estoy bien! —exclamó la niña sacudiéndose del agarre—. ¡Preparen la ambulancia para Hinata!
—¡Alguien ayúdeme! —Naruto salió unos segundos después, con el cuerpo polvoriento de la mujer, que hacía unos instantes había comenzado a sangrar por la herida de la cabeza.
—¡Por aquí señor! —gritó uno de los paramédicos—. ¡Tráigala aquí!
Naruto la dejó sobre la camilla y la subieron a la ambulancia.
—¿Hay algún familiar de la señora? —preguntó el enfermero.
—No —respondió Naruko.
—Yo iré con ella —dijo Naruto y subió un pie al vehiculo—. Dejo todo en tus manos, Kakashi.
—Sí, señor.
—¿Hinata estará bien? —preguntó Haruko –un poco más calmada– a Ino.
—Claro que sí, solo deben de curar su herida, pero te prometo que estará bien.
En el vehículo cercano…
—Vámonos —pidió Neji a su chofer.
—¿Ha sido esa persona la señorita Hinata? —preguntó el conductor.
—Sí, es mi prima.
—¿No irá a ver cómo está?
—Ella es fuerte. Volveré una vez que se haya recuperado.
—Está bien, señor.
—Volvamos a casa.
—Está bien, señor.
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Continuará…
Uff! Espero que les haya gustado, en disculpa por la tardanza lo hice muuucho más largo, como ya habrán notado, de hecho es casi el doble de largo.
En fin, se que con el título todos pensarían que sería candente este episodio, pero en realidad era una broma irónica por el incendio xD. Es que no se me ocurría otra manera de que su primer encuentro como niñera-jefe fuese dramático y fuerte, o importante jaja.
Bueno, me despido para no dar mucha lata, y por si les quedó la duda; sí, no cerraron la bomba de gas :/ jajajaja
Besos~~ FanFicMatica :*
