¡Hola de nuevo! He tardado poquito en actualizar, ¿eh? No os podréis quejar xD

Quiero agradeceros el recibimiento que ha tenido este fic. Me alegra mucho que os guste la idea. En especial, me gustaría dar las gracias a las siguientes personas por comentar:

Araly, ara, DuLce aMoR y un/a Guest

Las respuestas a los comentarios de los que no tenéis cuenta están al final del cap. ¡Gracias, y espero que os guste!


Hermione cerró los ojos un instante, deseando con fuerza que, cuando los volviera a abrir, todo fuera de nuevo como antes. Pero no. Seguía allí, en aquella clase alejada del bullicio del Gran Comedor, aguardando la llegada del enviado del Ministerio que tenía como misión informarles acerca de la aventura en la que se embarcarían ese mismo lunes… y para eso faltaban solo cuatro días.

Harry y Ron estaban de pie a su lado, tensos como guardaespaldas. Ginny también se encontraba junto a ella. Luna se balanceaba de puntillas con las manos a la espalda, mientras Nott miraba en silencio por la ventana y Smith contemplaba críticamente a sus compañeros desde una esquina.

Por su parte, Zabini curioseaba la clase silbando alegremente una canción. Parecía incluso feliz, algo insólito dadas las circunstancias.

Y después estaba Malfoy. Cruzado de brazos, se recostaba contra la pared a la derecha de la puerta, casi como si estuviera aguardando el momento exacto para huir sin dejar rastro. Cuando su mirada se cruzó con la de Hermione, Malfoy entrecerró los ojos con odio.

En ese preciso instante, un hombrecillo menudo de unos treinta años con el pelo engominado hacia atrás entró en el aula. Observó al grupo de alumnos con curiosidad y cerró la puerta a sus espaldas.

—Bueno. Podría ser peor —comentó únicamente, logrando captar incluso la atención de Zabini, que frunció el ceño al escucharle—. Me llamo Christian. Y seré vuestro… protector, por decirlo de alguna forma, durante los siguientes meses. Yo me encargaré del suministro de víveres necesarios, y estaré siempre pendiente de vuestro Nexo.

—¿Nexo? —repitió Harry, parpadeando.

—El punto de conexión con el colegio. Seguro que McGonagall os ha hablado de él. Os permitirá comunicaros conmigo y recibir objetos, agua, comida… Además, creo que Hogwarts quería enviaros también algo de ayuda extra para vuestros exámenes, pero no estoy seguro de que eso vaya a llevarse a cabo. Me pareció escuchar al profesor de pociones decir que quizá se limitaran a aplazar los ÉXTASIS.

—¿Qué? —balbuceó Hermione, sintiendo que se mareaba. Malfoy no perdió la oportunidad de reírse de ella.

—Oh, pobre Granger… No irás a llorar, ¿verdad?

—¿Qué más quieres? Lágrimas es lo que me suscita tu repulsiva presencia —replicó Hermione, apretando los puños, pero un simple gesto de Christian fue suficiente para reestablecer la paz.

—Como decía —prosiguió el hombre—, ha habido varios cambios… ese es el motivo por el que me he retrasado un poco. El Ministro necesitaba comentarme ciertas modificaciones de última hora. Una de las principales y que más os afecta es que el tiempo de estancia en cada uno de lo que nosotros llamamos Destinos ha variado. En lugar de un mes, se reduce a una semana. De esta forma podremos introducir nuevos Destinos en el programa… Ah, y por cierto, partís esta misma noche.

—McGonagall dijo que nos iríamos el uno de diciembre —dijo Smith con desagrado. Christian se encogió de hombros.

—Ya, bueno… Entiende, chico, que no me hago responsable de lo que tu profesora te haya dicho o dejado de decir mientras yo recibía instrucciones. Me limito a transmitiros la información que me han dado. Os marcháis a medianoche.

—Pero, ¿a dónde vamos? —quiso saber Harry.

—A Siberia, ¿no? —respondió Hermione.

—Sí, pero, ¿a qué parte?

Christian volvió a encogerse de hombros.

—Se supone que no puedo daros muchos datos y que tenéis que apañároslas por vosotros mismos. Pero no creo que pase nada porque os ubique más o menos: vuestro primer Destino es la Isla Blochevique, que no sé si os suena…

—¡Sí! Es una isla rusa, perteneciente al archipiélago de Severnaya Zamlya. Se encuentra en el Ártico, ¿verdad? —se apresuró a decir Hermione, y Christian asintió.

—En efecto. Es la 70ª isla más grande del mundo. Su extensión es de unos once mil treinta y cuatro kilómetros cuadrados, así que espacio precisamente no os va a faltar. Os dejaremos en una zona cercana a la costa, donde podréis encontrar llanuras con algo de vegetación. Pero no os esperéis gran cosa. Os resultará complicado encontrar comida. Sinceramente, este es uno de los Destinos más duros con diferencia.

—¿Y por qué nos mandan allí? ¡Somos críos! ¡Podríamos morir! —protestó Ron.

—Oh, por supuesto el Ministerio no piensa permitir que lleguéis a tal extremo —se rio Rowell, como si la idea se le antojara increíblemente divertida. Entonces, se sacó un reloj de bolsillo de la túnica, y tras consultarlo y asentir para sí mismo, volvió a fijar su atención en los chicos—. Nos reuniremos aquí a las doce en punto. No podéis llevar equipaje, iréis con lo puesto. Yo os proporcionaré ropa de abrigo, pero os recomiendo que vengáis con algo calentito de todas formas. Nunca se sabe. Ah, y no olvidéis la varita. Hasta dentro de un rato.

Sin una palabra más, Christian salió del aula, dejando a sus espaldas a aquel grupo de nerviosos y asustados adolescentes.

—Genial. Simplemente genial —escupió Malfoy con asco—. Si mi padre supiera esto, ese duendecillo del tres al cuarto estaría ya gateando por el Callejón Knocturn en busca de un mísero pedazo de pan que llevarse a la boca.

—Exacto, si tu padre lo supiera. Pero algo me dice que poco podría hacer desde la celda de Azkaban donde se está pudriendo, ¿no, Malfoy? —Harry y Zabini tuvieron que separar a Ron del rubio, que ya se había abalanzado a por él varita en mano.

—Venga, Ron, vámonos. Déjalo ya —murmuró Hermione, tirando de la túnica de su amigo para intentar sacarlo del aula.

—Eso, largaos de una vez. Ya bastante asqueroso me resulta tener que pasar una semana cerca de vuestras caras de idiotas —siguió barbotando Malfoy mientras Ginny, Harry, Hermione y Luna se llevaban a rastras a Ron, quien todavía se revolvía intentando alcanzar al Slytherin.

Cuando los cinco se vieron solos en el pasillo, se miraron entre ellos.

Y de pronto, abandonados en mitad del corredor de piedra, con solo diez horas de libertad ante ellos, tuvieron miedo.


Las once y cincuenta y dos minutos.

Los nueve jóvenes estaban ya enfundados en túnicas de viaje, forros polares, gruesos chaquetones y capas y más capas de jerséis, apiñados en lo que Christian había llamado Sala del Nexo. Se asemejaba bastante a una Sala Común normal y corriente. Había sillones, butacas, una chimenea y una pequeña estantería con enciclopedias y manuales de supervivencia.

Habían entrado a través de un cuadro del octavo pasillo, en el cual servía de vigía un león con una anaconda entrelazada en torno a su cuello. La ironía de la imagen había hecho reír a Blaise, que parecía sinceramente encantado con todo aquello.

En el centro de la sala había un cilindro bastante ancho con una portezuela. En su parte superior relucía una especie de platillo.

—Esto, chicos, es el Nexo. En la isla tendréis uno idéntico. Estará encantado para que una columna de luz salga del platillo. Ascenderá varios kilómetros, así será más difícil que lo perdáis de vista, pero no os alejéis mucho de todas formas. La luz será roja si el Nexo está vacío y morada si dentro de la portezuela hay algo para vosotros —Christian sacó unas pulseras de su túnica y se las tendió a los chicos. Eran sencillas tiras de cuero reforzado, cada una con una piedra plana engarzada. Todas las gemas brillaban tenuemente—. Os estaré vigilando a través de esto. Si algo os ocurriera, mandaríamos ayuda inmediatamente. Además, cada dos días llenaré el Nexo con comida y objetos que podáis necesitar con mucha urgencia según cómo os vaya. Es importante que no perdáis estas piedras, pero si sucediera cualquier cosa, id al Nexo y colocad la mano sobre el platillo todos a la vez. No obstante, este es un recurso de última instancia. Tratad de evitarlo.

Los alumnos cogieron las pulseras, y al instante las piedras cambiaron de color.

La de Luna se volvió amarilla. La de Ron, naranja. La de Harry, roja. La de Ginny adquirió una tonalidad lila, mientras que la de Hermione se tornó dorada como la miel.

La gema de Smith se oscureció hasta volverse negra y brillante. Theo cerró los dedos en torno a su piedra azul mar. La de Zabini se tiñó de morado eléctrico y la de Malfoy, como no podía ser de otra forma, se volvió verde como el escudo de su casa.

Christian asintió.

—Bien. Parece que las gemas han reconocido vuestra esencia. Ya estáis listos para partir. Pero antes, una última advertencia: desde el instante en que atraveséis el Nexo, vuestras varitas verán limitada su magia a un único encantamiento por persona.

—¿En toda la semana? —Ginny parecía tan estupefacta como los demás.

—Efectivamente, señorita Weasley. Por eso os aconsejo que seáis precavidos y tengáis cuidado con lo que hacéis. Malgastar el hechizo en volver azul el pelo de un compañero que os ha molestado cuando al día siguiente podéis caer en las heladas aguas del Ártico o quedar sepultados bajo la nieve no sería precisamente un alarde de inteligencia.

Christian volvió a mirar su reloj de bolsillo, y frunció el ceño.

—¡Solo treinta segundos! Deprisa, deprisa, poned todos la mano sobre el platillo. ¡Vamos!

Como movidos por un resorte, los chicos se apresuraron a cumplir la orden.

—Recordad: dentro de siete días debéis estar junto al Nexo para poder volver a casa. No debéis retrasaros. Tened mucho cuidado, ayudaros los unos a los otros, no dejéis solo a nadie y, sobre todo, sobrevivid. Buena suerte.

Antes de que ninguno pudiera responder, la Sala del Nexo y el rostro alargado de Christian se disolvieron en volutas de humo.

Cuando abrieron de nuevo los ojos, a su alrededor solo había nieve.

—¿Es esto? —preguntó Smith—. ¿Aquí es donde vamos a estar una maldita semana? ¡Estamos en mitad de la nada!

—¿Y qué esperabas, un hotelito de invierno junto a una estación de esquí? —suspiró Harry, aunque solo Hermione entendió su alusión al deporte muggle.

Mientras tanto, Nott se había agachado junto al Nexo, del que salía un chorro de potente luz morada directo hacia el cielo, y abrió la portezuela sacando nueve mochilas, cada una de un color correspondiente con las gemas. Después, la luz se volvió roja.

Al abrir las mochilas, se encontraron con que en todas ellas había un botellín de agua, una bufanda, un par de guantes, un paquete de comida y una manta.

Además, había objetos que solo una persona tenía. Nott sacó de la suya una linterna. Zabini, una gruesa soga. Luna, una madeja de cuerda fina pero resistente. Hermione localizó cinco cajas de cerrillas, mientras que Harry tenía un rollo de alambre y Smith una pequeña pala. Ron portaba una brújula, y Ginny un silbato.

Malfoy, por su parte, llevaba una navaja.

Una vez que todos tuvieron sus mochilas bien agarradas, se miraron entre ellos. Y se sintieron perdidos.

—Bien. ¿Y ahora qué? —dijo Zabini, rompiendo el silencio.

—Bueno. La verdad es que deberíamos dividirnos en dos grupos. Uno intentaría conseguir más comida, porque claramente con esto no nos llega para dos días. El otro grupo podría ir en busca de un refugio donde pasar la noche —sugirió Hermione, cambiando el peso de una pierna a otra y sintiéndose incómoda. No le gustaba la forma en que los demás la miraban.

—¿Quién crucios te ha puesto a ti al mando, sangresucia? —la mueca de asco en la expresión de Malfoy era tan profunda que Hermione no pudo evitar retroceder—. Yo digo lo que hacemos. Nada de separarnos en dos grupos. Nos vamos todos en dirección a la llanura, donde está la costa. Allí encontraremos comida.

—Oh, claro que sí. ¿Y cuando se haga de noche qué, Malfoy? ¿Haremos un agujero en el hielo y nos meteremos todos dentro? —replicó Hermione cruzándose de brazos.

—Siempre podemos construir un iglú —la aportación de Zabini fue totalmente ignorada por Malfoy y Hermione, que seguían asesinándose con la mirada.

—¡Pues lárgate! ¡Tanto mejor para mí! No te necesito para nada, ni a ti ni a tu grupito de leones valientes. Y lo mismo va por Lunática. Llévatelos a todos lo más lejos posible de mí, y ya nos encontraremos de nuevo aquí dentro de una semana.

—¿Y cómo piensas hacer fuego? ¡Te recuerdo que yo soy la única aquí que tiene cerillas!

—¡Y yo el único con navaja!

Antes de que ninguno de los dos pronunciara una sola palabra más, Zabini se acercó y rodeó con sus brazos los cuellos del mago y la bruja. Después, les habló con una voz baja, aterciopelada y mortífera, como un cuchillo envuelto en seda.

—Chicos, chicos… No podemos empezar así, ¿sabéis? Nos necesitamos los unos a los otros. Esa es la razón por la que solo tú, Draco, tienes navaja, y solo tú, preciosa, cuentas con cerillas. No debemos separarnos. No hagamos de esto un problema, que no han pasado aún ni cinco minutos. Así que vamos a intentar llevarnos lo mejor posible, ¿eh?

Soltó bruscamente a Malfoy y Granger, quienes se miraron como si todavía quisieran matarse, pero que sabiamente contuvieron sus impulsos homicidas bajo la atenta mirada de Zabini.

—A mí me gustaba el plan de Hermione —comentó Luna alegremente, ajena a la tensión reinante.

—La verdad es que a mí también —la secundó Harry, empujando hacia arriba el puente de sus gafas con el dedo índice.

—Bien. Recapitulemos —Nott dio un paso al frente, hablando por primera vez—. Estamos en la Isla Bolchevique. En las llanuras de la costa hay algo de vegetación, como bien dice Draco. La mayoría serán musgos y líquenes, pero quizá encontremos alguna liebre ártica o algo parecido. Ese es un buen sitio para buscar comida, pero no para hacer un refugio. Está demasiado cerca del océano, y seremos un blanco fácil para las tormentas de nieve y los animales más grandes. Por tanto, propongo que pasemos la noche en la zona de las montañas, donde estaremos más resguardados del mal tiempo.

Hermione sonrió, mirando a Nott con los ojos brillantes. Tal y como había pensado en un principio, contar con la ayuda de aquel chico era toda una ventaja.

—Me parece bien —asintió con fervor—. Entonces, ¿cómo hacemos los grupos?

—¡Yo me pido a las leonas! —exclamó Zabini, atrapando a Hermione y Ginny por los codos.

—Pues yo paso de ir contigo —dijo Smith, arrugando la nariz y dando un paso atrás mientras miraba al Slytherin con desagrado. Pero Zabini, lejos de sentirse ofendido, sonrió como un tiburón al otro chico y susurró ladinamente:

—No sabes el favor que me haces.

—Yo voy con Harry —declaró Ron, que también observaba a Blaise con cara de pocos amigos—. Ah, y ya que tú nos quitas a Hermione, nos cogemos también a Nott. No pueden estar los dos listos en el mismo grupo. Luna, tú vienes con nosotros.

—Vale. Malfoy, ¿tú con quién vas?

Draco miró hacia la derecha. Aunque Nott era amigo suyo, tener que soportar a Cararajada, Zanahorio y Lunática juntos le destrozaría los nervios. Por no hablar de ese tejón tan insoportable que no sabía hacer otra cosa que no fuera quejarse. Aunque por otra parte, si se iba con Blaise, tendría que aguantar a la sangresucia…

—Draco se viene conmigo, por supuesto. Para que los grupos queden más equilibrados —declaró Zabini, y sin dar opción a Malfoy le enganchó de la capa y tiró de él hacia sí mismo, ganándose una mirada de odio por parte de su compañero.

Nott asintió lentamente.

—Bien. Como nosotros somos más, nos encargaremos de la comida. Quizá podamos pescar algo con el alambre de Potter y la cuerda de Lovegood.

—¡Genial, nos toca el refugio! Siempre he querido tener un chalet en las montañas para contemplar el porche cubierto de nieve desde mi salón, sentado frente al fuego… —Zabini sonreía soñadoramente, y Hermione no pudo evitar reír mientras se preguntaba si el chico hablaría en serio.

—Venga, anda, vámonos ya —dijo risueña. Aquel Slytherin conseguía bajar sus niveles de tensión con aquella actitud despreocupada y bromista.

—Las montañas están en aquella dirección, al Este. Iremos hacia allí tan pronto como hayamos conseguido algo de comer. Que Ginny pite el silbato regularmente cuando empiece a anochecer para que podamos encontrar el refugio —tras esas últimas instrucciones, Nott dio media vuelta y se alejó hacia el Norte, donde estaban las llanuras de la costa.

Harry, Ron, Smith y Luna le siguieron. Al pasar junto a los otros dos Slytherins, Harry se detuvo un segundo, y mirándoles con seriedad siseó:

—Si sois inteligentes, os aseguraréis de que nada les ocurra a Hermione y Ginny.

—Descuida, Potter, cuidaremos de tus chicas —sonrió Zabini. Malfoy, sin embargo, no se mostró tan solícito.

—Exacto. Igual incluso les proporciono el baño que tanto necesitan empujándolas al agua. Quizá así la pobretona se deshaga de toda esa mugre. ¿Y quién sabe? Tal vez la sangresucia se purifique aunque sea un poco.

Harry dio un paso hacia Malfoy con los puños apretados, pero Ginny se interpuso en su camino.

—Tranquilo. No nos va a pasar nada. Igual hasta somos nosotras los que les tiramos a ellos montaña abajo —bromeó sonriendo suavemente para tranquilizar al chico.

—¡Eh! ¿Qué he hecho yo? —protestó Zabini, pero Ginny no le prestó atención, y poniéndose de puntillas besó suavemente a Harry en los labios.

—Nos vemos en unas horas.

—Hasta esta noche, Ginny.

Y girando sobre sus talones, Harry se alejó tras su grupo, algo sonrojado y totalmente sereno de nuevo.

—Precioso. Disculpadme si vomito —se burló Malfoy. Sin embargo, ni las chicas ni Zabini le hicieron caso, y eso consiguió que el Slytherin apretara los labios con rabia. Odiaba ser ignorado de esa forma.

Blaise volvió la cabeza hacia las montañas del Este, y se rascó la nuca.

—Vale. ¿Por dónde empezamos?


¡Hola de nuevo! ¿Os ha gustado? ¡Espero que sí! Como veis, todavía no ha habido gran interacción entre Malfoy y Hermione, pero que no cunda el pánico: habrá bastante de eso en el próximo capítulo.

Quería avisaros de que el día 18 me voy de viaje de estudios, y el día que vuelvo me marcho de vacaciones con mi familia. Así pues, no podré subir nada hasta mediados de julio (el día once o doce, siendo optimistas). Para compensar, trataré de actualizar dos o tres veces más antes de marcharme.

Por cierto, mi Facebook es MeriAnne Abévaz. Os lo digo porque quizá suba adelantos de los capítulos a medida que los voy escribiendo. Y mi Twitter es (arroba)MeriAnneBlack. Me llevo el móvil de vacaciones, así que podréis contactar conmigo por ahí si queréis :)

Como ya dije, podéis mandarme vía comentario o vía PM lugares inhóspitos o exóticos donde mandar a nuestros chicos, como hizo ara en el cap anterior (¡muchísimas gracias, ara! Me encantaron esos sitios!). Si escojo alguna de vuestras propuestas, os dedicaré el primer capítulo que transcurra allí.

RESPUESTAS A GUESTS

Guest anónimo: ¡gracias! Me alegro mucho de que te esté gustando :3

Araly: lo siento xD Prometo ser buena con este fic. ¡Gracias por comentar!

ara: ¡WOW! He buscado fotos de todos esos sitios y la verdad es que son impresionantes! Mi favorito es el desierto de sal. ¡Parece un espejo gigantesco! Y la Cascada de Fuego también es impresionante *-* Me han gustado muchos de los lugares que has propuesto, y estoy bastante segura de que usaré dos o tres de ellos (el desierto de Atacama caerá fijísimo, porque me ha parecido una idea buenísima). Muchísimas gracias por tu ayuda. ¡Espero que te haya gustado este capítulo!

Bueno, gente. Nos vemos en unos días. Ya os iré informando por Facebook o Twitter del avance del próximo capítulo xD

Un abrazo enorme,

MA.B