Gracias por continuar leyendo mi Fic
Los personajes son propiedad de Tite Kubo, únicamente los tomo prestados para crear una historia alternativa / desligada del manga y anime.
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
Capítulo 27: Ichigo y Neo
Ya no lo soportaba, deambulaba de un lado a otro y provocó que Ururu y Jinta le pidieran, de nueva cuenta, que se sentara. Pero no fue hasta que Urahara le dijo que el monitor comenzaba a registrar conexión, con el Seireitei, que Isshin se sentó para prestar atención. La señal apenas y se distinguía, aun así pudieron contactarse con los asistentes de Mayuri, mismos que habían interceptado la conexión para informarles que el shinigami sustituto estaba en problemas.
―Explíquense. ―Urahara estaba confundido.
En breve, comentaron el informe que su capitán les envió, dando santo y seña de los hechos. También decía que debían contactarse con Urahara para que procediera con alguna solución, sino Ichigo moriría en cuestión de minutos. Obviamente eso altero a Isshin, pero mantuvo la compostura y miro con demanda al ojigris. Urahara se quedó inmóvil por unos segundos hasta que Tessai lo interrumpió al susurrarle algo.
―Espero que funcione.
― ¿De qué hablas?
―Chicos, deben despejar el Dangai para que traigan al shinigami sustituto. ―Urahara ignoro a Isshin.
―Pero… su inestabilidad no permitirá que…
―Hagan lo que digo, desde aquí ayudaré a controlar el flujo de energía para que pase sin contratiempos.
―De… de acuerdo… señor… ¿También llevamos a la shinigami Kuchiki y a su hijo?
―No, sólo a Ichigo.
― ¿Por qué sólo él? ―Isshin no podía disfrutar de la alegría de ser abuelo de un niño del que ni siquiera sabía su nombre.
―No hay tiempo de explicaciones… Tessai, por favor abre la Senkaimon artificial y prepara el gigai.
―Sí jefe. Ururu, Jinta, ayúdenme.
Los tres se retiraron a seguir la orden de Urahara, quien se movilizaba para retener el Dangai junto a los científicos de la decimosegunda división. Al mismo tiempo, les solicitó que lo comunicaran con alguien presente a los hechos. Y una vez que le aseguraron una mariposa infernal, agradeció que fuera Yoruichi quien la viera primero:
―Mi linda Yoruichi, debes traer a Ichigo al mundo de los vivos.
― ¿Kisuke?... ¿Por qué?
―Lo sabrás en cuanto lo traigas, preciosa. Rukia y el bebé deberán quedarse, por ningún motivo los dejes venir.
―Muy bien, nos vemos.
Al cortar comunicación, Urahara le explico a Isshin que Ichigo ya no era capaz de resistir el peso energético que emitía el Seireitei, y pese a que Orihime lo estaba controlando con su barrera, todo era inútil. El pelinaranja debía someterse a una desintoxicación de energía, y para ello debía mantener su alma dentro de ese gigai, pues servía como filtro.
― ¿Cuánto tiempo tendrá que estar dentro del gigai?
―Quizá una semana, quizá cuatro días. Depende de la cantidad de reichi que haya absorbido. Lo que me preocupa es que eso cause severos daños secundarios.
― ¿Daños secundarios?
―Sí Ichigo se ve purgado de energía espiritual, para salvar su vida, cabe la posibilidad de que pierda la capacidad de ser shinigami nuevamente. Aunque, puede que sea temporalmente. No estoy muy seguro, esta es la primera vez que probare este filtro.
― ¡Tsk! Demonios. ―Isshin estaba frustrado. Le importaba la vida de su hijo, aunque le dolía que nunca vería a su nieto.
Después de disculparse, Urahara continúo con los de la decimotercera división para ejecutar el traslado de Ichigo con éxito. En cuanto confirmaron que Yoruichi estaba en la entrada pusieron manos a la obra.
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Yoruichi cargo sobre su hombro a Ichigo, gritando las instrucciones que era prioritario regresarlo al mundo de los vivos. Lo único que lamento fue exigirle a Rukia que se quedara junto a su hijo.
― ¿Por qué? ―sujetaba de la ropa a Ichigo.
―Lo siento, pero es necesario. ―la morena le acaricio el rostro antes de irse.
Rukia retenía el llanto, aferrándose a al trozo de tela que arrancó del kimono de su amante, desplomándose sobre la tierra. No paro de llorar hasta que Byakuya se acercó con el bebé, que ya estaba tranquilo, con los ojos aún rojos y llorosos, sus mejillas ruborizadas y sus manitas en busca de confort.
―Rukia… ―le extendió la mano.
Al volverse, la ojivioleta se tragó el dolor y pidió, con la mirada, coger a su hijo entre sus brazos: un saludable varón de finos cabellos negros; ojos entre azul y violeta, opacados por el llanto; una delicada y suave piel nívea y unas rosadas mejillas. En cuanto su hermano se lo entregó comenzó a llenarlo de besos y a estrujarlo junto a su pecho, mientras murmuraba que no lo dejaría solo. Renji se le acercó para cubrirla con la parte superior de su uniforme, pues el frío amenazaba con intensificarse.
Orihime, Uryu y Chad no sabían que hacer. Querían quedarse e irse para ayudar, por lo menos hasta que Rukia les pidió que cuidaran de Ichigo. En ningún momento los miro. La ojigris estaba dubitativa, por lo menos hasta ver la fingida sonrisa de su amiga, pidiéndole amargamente que ellos eran los únicos que podían hacer algo, en lo que ella estaba atada de manos.
―Kuchiki… ―corrió para abrazarla antes de irse―…todo estará bien, lo prometo. Tú y Kurosaki se reencontraran de nuevo. ―decía mientras le daba un beso en la mejilla al bebé.
Le dio la espalda, con temor de voltear y desobedecer la petición de su amiga, así que se limitó a correr junto a los demás para alcanzar a Yoruichi.
En fracción de segundos el ambiente se apaciguó, permitiendo ver los daños y ordenar sus pensamientos y acciones. Algunas zonas del Rukongai y del Seireitei estaban completamente destruidos. Pero lo que en verdad llamaba la atención era la desolada escena de Rukia abrazando a su hijo. Quienes la defendían y quienes deseaban retenerla, únicamente la veían moverse torpemente para irse del lugar. Rukia deseaba estar en su tibia cama y ver dormir a Neo. "Neo… mi amor… tu padre volverá, estoy segura.". Renji la abrazaba de un costado para ayudarla a caminar; Toshiro y Rangiku atendían a sus heridos, al igual que los demás escuadrones. El único que se alejó de su división fue Hanataro, pues alcanzó al pelirrojo exigiendo acompañar a su amiga y atenderla en lo que pudiera.
―Camina rápido, enano. ―Renji lo miraba impaciente.
― ¡Eh! Sí. ―se colocó a lado de Rukia.
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Creyeron que no alcanzarían a Yoruichi, pero al ver que la puerta seguía cerrada se aliviaron que aún tenían oportunidad de volver al mismo tiempo. Rápidamente, Uryu le pregunto a Yoruichi por qué debían volver con Ichigo.
―Kisuke nos lo dirá al llegar.
En ese momento un tintinar le hizo saber que ya estaba todo listo para cruzar el Dangai. La mariposa infernal los acompañó hasta el final del túnel, teniendo a Tessai esperándolos para cargar a Ichigo hasta la tienda. Y tan pronto la puerta se abrió, Yourichi salió con un gran salto con Ichigo en su espalda y los demás a tropezones detrás suyo. Poco les importo los rasguños o los tropiezos, lo que importaba era salvarle la vida al shinigami sustituto, quien no dejaba de gruñir y a forcejear por el fuerte dolor que lo envolvía. Estrujaba su kimono roto entre su mano, como si buscara desprenderse de aquella tortura. Ichigo vacilaba entre la conciencia y la inconciencia, pues entre abría los ojos e intentaba verbalizar sin éxito. Los únicos murmullos que se le entendían eran el nombre de Rukia y Neo.
―Chicos, debemos desintoxicar a Kurosaki de toda la energía que le vertieron, ―Urahara le colocaba las sondas en el pecho, cienes y muñecas.
― ¿Por qué? Se supone que su hijo y yo…
―Lo sé―lo miro gélidamente―, debió funcionar. Estoy igual de desconcertado. ―le colocó la última sonda―Al parecer, su encuentro consigo mismo ocasionó un colapso.
― ¿Un colapso? ―Orihime miraba a Ichigo.
―Sí. Ichigo… Ichigo no debió darse cuenta de que al ser apuñalado por su propio ser estaba renunciando a sus poderes con tal de salvar la vida de su hijo. ―Urahara hizo una señal para que llevaran el gigai―Es por eso que… su alma no soporto la energía. Lo que necesita es, volver a su estado humano.
Sin dar más explicaciones, Urahara y Tessai colocaron el alma de Ichigo dentro del gigai; arrancándole más gritos desgarradores. Orihime no soporto verlo en ese estado, por lo que salió corriendo de la tienda y acuclillarse en el umbral, ocultando su rostro entre sus rodillas y sus manos cubriendo sus oídos. Uryu fue tras ella, dejando a Chad con Yoruichi y Urahara, quienes amarraron de las muñecas y tobillos el gigai. Todo era espeluznante, ninguno creía ver una escena de ese tipo. Su amiga sola, con su hijo, en espera de alguien que no estaban seguros de sí podría verlos nuevamente; por otro lado, su amigo que su destino pendía de un hilo.
―Hay que ser fuertes. ―Uryu la abrazo.
Orihime miraba el vacío, con sus pupilas titilantes y acuosas por culpa del miedo, la impotencia y la negación. Aun así, se abstuvo a escuchar lo que Chad, después de una hora, les fue a informar: Ichigo estaría de ese modo por lo menos una semana.
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Toshiro encaró a Soi Fong para preguntarle las nuevas medidas que tomaría contra Rukia y su hijo, siendo que la amenaza por la que se inició el conflicto se solucionó. La pelinegra torció la sonrisa, advirtiéndole que todos los escuadrones debían comprometerse a realizar un informe para enviárselo al Capitán Yamamoto, y de ahí a esperar nuevas instrucciones.
―De ser por mí, encarcelaría a la oficial Kuchiki por daños colaterales. ―le dio la espalda.
―Gracias, Capitana. ―Toshiro sabía de sobra que ella no demostraba sus sentimientos, más que para Yoruichi.
Rangiku le informo que no hubo bajas, únicamente una severa cantidad de heridos de bajo riesgo y destrozos severos en el Rukongai y en el Seireitei. También le informo que Rukia ya estaba en la mansión de su hermano, con cuidados de Hanataro. Eso último le robo una leve sonrisa al pequeño capitán, animándolo a ver los daños como algo menor en lugar de algo innecesario. "Después de todo, el shinigami sustituto cumplió su promesa de salvarlos,", pensó antes de reprender a la ojiazul por tratar de escabullirse.
Entretanto, Rukia fue recibida con suma atención por parte de los empleados de la casa, obligándola a pedir que la dejasen sola con su hijo. Nada más estaban con ella Hanataro y Renji, pues la ayudaron a acomodarse sobre su futón para que abrazara a su pequeño, en tanto Byakuya ordenaba un poco de alimentos.
―Rukia, ¿Cómo te sientes?―miraba como el pelinegro sacaba artilugios de su mochila.
―Hermano… ―acariciaba la mejilla de su bebé―… ¿Ichigo regresará, cierto?
Los tres varones no sabían cómo responder a lo que ni ellos mismos daban garantía. Estaban atenidos a esperar a que Yoruichi o Urahara se comunicaran con ellos para saberlo. Sin embargo, Renji se apresuró dándole una respuesta vaga con un dejo de esperanza.
―Ese idiota no se rendirá, te lo ha demostrado muchas veces. ―Renji sonreía forzadamente.
―Señorita Rukia, recuéstese por favor. ―Hanataro se alivió de ver al pequeño dormir―Déjeme curarle la herida que le causó la capitana Soi Fong.
―No recordaba que me pico con Suzubemachi. ―aun así, se colocó de lado para que la revisara.
― ¡Oh! Se está quitando.
―Eso es porque no la pico por segunda vez. ―Renji le explico la función de la zanpakuto.
Entretanto, Rukia estaba consciente de que había una gran probabilidad de que Ichigo no regresaría a su lado. Acurruco a Neo a su lado, se cubrió con la manta hasta la boca y empezó a recordar aquellas noches en la que hizo el amor con Ichigo; los atardeceres en los que se entregaron con lujuria y pasión desbordada. Añoraba tenerlo entre sus brazos para abrazarlo y besarlo hasta que los labios le ardieran.
Tan pronto como Hanataro confirmo que la energía espiritual de Neo era estable, sorprendiendo a Byakuya y Renji, afirmó que era un bebé muy saludable. A esto, Rukia sonrió y acurrucó al pequeño en medio del futón para salir de la habitación.
―No se levante, necesita descansar. ―el pelinegro revoloteaba su alrededor.
―Rukia, duerme un poco.―Renji colocó sus manos en los hombros de ella.
―Quiero estar sola. ―sin alzar la mirada, glacialmente apartó las manos del pelirrojo y dio pasitos hasta el jardín.
Byakuya observaba la forma en que se alejaba, le recordó a su amada esposa, Hisana, cuando hacía algo similar cuando el remordimiento la carcomía y deambulaba por las calles del Rukongai en busca de su hermanita. Interpuso su brazo, bloqueándoles el paso para que la dejasen caminar lo que quisiera, pues de ser similar a su difunta esposa, Rukia no pararía hasta saciar su dolencia a su modo.
No salió de la casa, no tuvo necesidad pues los jardines gozaban de amplitud y sosiego. Observaba con detenimiento el cielo nocturno, preguntándose si Ichigo sobrevivió o no. Estrangulaba su ropa al nivel del corazón, queriendo sofocar el ahogo que le causaba la angustia y la impotencia de no poder estar a su lado. "Siempre hemos estado juntos… siempre… siempre nos hemos guardado las espaldas… siempre nos protegimos el uno al otro", pensaba Rukia antes de que Renji la encontrara para decirle que su hijo estaba inquieto, posiblemente estaba hambriento.
―Ya voy.
A paso lento, Rukia regreso sus pasos para cuidar de su pequeño. Al verlo lamento tanto que no tuviera los mismos cabellos anaranjados, ni el color de ojos de su amado, pues de esa forma demostraría que era el hijo del shinigami sustituto; saciando así su necesidad por tenerlo a su lado.
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Ya habían pasado más de 24hrs desde que iniciaron con la desintoxicación de reichi, pero el progreso era muy pobre como para informar algo a la Sociedad de Almas. Urahara no pretendía darle falsas esperanzas a Rukia, por lo que le pidió a Yoruichi que se abstuviera de volver al Seireitei hasta tener una garantía. Entretanto, Orihime, Uryu y Chad mostraban más que cansancio mental y emocional, estaban rindiéndose de sueño por estar al tanto de la curación del ojigris.
―Vayan a sus casas a descansar un poco. ―Yoruichi los miraba desde una silla―No sean imprudentes.
― ¿Eh? ―la ojigris se tallo los ojos―Pero…
―Hagan caso. ―se incorporó, dándoles la espalda.
Uryu cogió de los hombros a Orihime para sacarla de la tienda y acompañarla de camino a su casa. Chad hizo lo mismo, fue detrás de ellos para retirarse a descansar, aunque no muy convencido de dejarles todo el trabajo a Yoruichi y a Urahara. ¿Pero qué más podían hacer? Lamentablemente eso llevaría más días, y los resultados no eran certeros. Entretanto, la morena veía de reojo a Ichigo, noto que sus quejidos y su incomodidad habían disminuido gradualmente a pesar de la lentitud de su limpieza espiritual. Por su lado, Isshin no podía desatender a sus hijas, así que se aseguraría de ir a la tienda una vez por las tardes. En cuanto Urahara, se limitaba a monitorear los signos vitales de Ichigo; estaba aliviado de que el gigai funcionara mejor de lo que esperaba.
Ichigo respiraba dificultosamente y sus extremidades seguían atadas, pues al principio se movía descontroladamente. "Idiota… hiciste lo correcto", pensaba Yoruichi al dar un profundo suspiro. Otro asunto que la mantenía alerta era la resolución de Yamamoto. Seguramente sentenció desterrar a Ichigo de la Sociedad de Almas y encarcelar a Rukia, mientras que Neo seria abandonado a su suerte en el Rukongai, o asesinado. De lo que estaba segura era que ninguno de los capitanes desistiría en presentarles argumentos e informes que sostienen la inocencia de los tres.
―La vida de ese niño tiene que ser salvada. ―murmuró para sí misma.
― ¿Dijiste algo hermosa?―Urahara entraba a la habitación con una extraña jeringa.
― ¿Para qué es eso?
―Diseñe esta jeringa―se la mostró―para poder extraer una pequeña dosis de energía espiritual. Es como lo que los humanos hacen, una extracción de muestra sanguínea.
―Ya veo―se cruzó de brazos― ¿Y eso de que servirá?
Al mismo tiempo que el ojigris extraía unos "mililitros" de energía, se volvió hacia la morena y le explico que de esa muestra determinaría si Ichigo podría ser capaz de regenerar nuevamente su condición shinigami. De ser negativo el resultado debían prepararlo para darle la mala noticia: ya no volvería ver a Rukia y nunca conocería a su hijo. "¡Tsk!... lo que faltaba", farfulló al imaginar el sufrimiento de la shinigami.
―Kisuke…―se encaminó al sótano―…iré al Seireitei. ―sin esperar respuesta u objeción, Yoruichi se encaminó a su destino.
Se preparó mentalmente para ser recibida de mala gana, pero contrariamente a sus pensamientos fue recibida con ansias por Soi Fong. La capitana la intercepto minutos después de su llegada, únicamente para informarle la última palabra del capitán Yamamoto con respecto a los amantes y su hijo. La morena escuchó atentamente cada detalle: al parecer el capitán estaba renuente a perdonar el intento de traición de Ichigo y Rukia, pues al primero lo exiliaría de aquel mundo y a la segunda la ejecutaría.
― "Debió morir en ese entonces" ―Soi Fong se cruzó de brazos―Gritó exasperado.
La pelinegra prosiguió tras suspirar. Mencionó que Toshiro, Byakuya, Unohana, Kyoraku, Ukitake, Komamura, Mayuri e incluso Kenpachi, abogaron por la inocencia de ese par de tontos. Una de las pruebas, que el capitán de la décima división, fue llevar el bebé ante él para que comprobase la ausencia de amenazas.
― ¿Qué? ―Yoruichi abrió de par en sus ojos.
―La oficial Kuchiki puede decirte todo.
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Tan pronto amaneció, Rukia vio interrumpido su descanso cuando Byakuya le exigió levantarse y arreglarse para ir al juicio que estaba llevándose a cabo en ese momento con el capitán Yamamoto. La ojivioleta no comprendía por qué el capitán de la primera división desearía verla. "¿Querrá matar a mi hijo él mismo?" especulaba mientras fijaba su mirada en Neo.
―Rukia, es necesario.
―Pero… ―arropo al pequeño.
―Es para que les perdone la vida y no destierre a Kurosaki.
Al oír que de eso dependía la vida de su hijo y el regreso de Ichigo, Rukia no dudó en apresurarse para encarar al temible Yamamoto. Rogaba por la compasión del anciano y de su juicio justo por ver los hechos.
Una vez delante de las puertas que la conducirían a su destino, Rukia se tensó, comenzó a sudar, enmudeció, parpadeaba demasiado y su voz era casi inaudible. Aun así, Byakuya la ayudó a armarse de valor para que entrara de una vez ante Yamamoto. Al abrirse las puertas, camino a través de una cegadora luz hasta quedar ante el capitán que demandaba su cabeza y la de su familia.
―Oficial Kuchiki Rukia.―la voz de Yamamoto imponía.
―Así es, Capitán. ―se inclinó un poco.
―Veo que traes al bebé.―lo veía fijamente―Muy bien, ¿te importaría acercarte?
La ojivioleta, a paso lento y torpe, se acercó hasta donde el viejo capitán. En esos cuantos pasos imagino miles de castigos que le gritaría en la cara, pero en su lugar obtuvo una inesperada petición de él: cargar a Neo. Todos los presentes abrieron de par en par sus ojos, aguantaron la respiración y observaban con detenimiento la curiosa escena. Rukia, con un dejo de angustia, le acercó al pequeño ser que dormía plácidamente entre sus brazos, mismo que al sentir el calor de otros brazos no dudó en quejarse y emitir algunos chillidos de inseguridad.
― ¡Vaya, vaya! ―veía como el bebé buscaba, con las manitas, a su madre―Es verdad después de todo.
― ¿Eh? ―no comprendía.
―Kuchiki Rukia, francamente me rehusaba a conocer a esta criatura y estaba dispuesto a emitir una orden para eliminarlo. Pero, ahora que compruebo que este niño emite su propia energía espiritual me doy cuenta de que el Seireitei no debe temerle.
― ¿De… de verdad? ―sus pupilas titilaban de felicidad.
―Sí. ―le sonrió al bebé antes de entregárselo a su madre.
Los capitanes, que asistieron, suspiraron de alivio al ver la compasión y el buen juicio del viejo Yamamoto. Incluso Byakuya emitió una sutil sonrisa antes de conducir a Rukia a la puerta para terminar de resolver inconvenientes. Afuera, la esperaban Renji y Hanataro:
―Señorita Rukia. ―sonreía de oreja a oreja.
―Rukia, ¿Todo está bien?―Renji acariciaba la cabecita de Neo.
―No pensé que sería tan simple. El capitán Yamamoto… él… ―besaba la frente del bebé―…dijo que Neo no es amenaza.
Ambos se dedicaron miradas de regocijo. Tanto que el pelinegro pidió cargar a Neo un momento, pues ya estaba despierto. Rukia aprovechó para hablar un momento con Renji, pues deseaba saber noticias de Ichigo y temía preguntarle a su hermano. Mientras caminaban a fuera de la división uno, el pelirrojo se disculpaba por no serle de ayuda, ya que las noticias del mundo de los vivos estaban restringidas por causa del juicio contra ellos. Le explico que tal vez con la decisión definitiva de Yamamoto las cosas cambiarían y la comunicación con el mundo de Ichigo ya sería posible.
― ¡Ja! No tienen por qué esperar a que el viejo capitán lo autorice.
― ¿Qué? ―Renji y Rukia dijeron al unísono.
Al volverse hacia la dirección de dónde provenía la voz, se percataron de ver a Yoruichi cruzada de brazos, con su orgullosa sonrisa, y recargada sobre una pared.
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
