Hola! Acá les traigo un capítulo Cannon para gente Cannon, los no-Cannon están prohibidos(? Jaja
De verdad, que emoción por la peli y por todo!
Les amo~~ Disfruten la lectura :*
CAPÍTULO 5:
Fotografía de un recuerdo.
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Tenía la mirada fija en la ventana y paseaba una moneda entre sus dedos con agilidad, era su manera de calmar los nervios y la ansiedad.
Dejó caer la moneda sobre el escritorio de su oficina y comenzó a tamborilear con la pluma. Estaba estresado y desahogaba su frustración entre la mesa y el lapicero.
Fijó nuevamente sus ojos en el paisaje citadino que ante él se mostraba, levantó la bocina del teléfono y marcó un número rápidamente. Colgó antes de que comenzara a repicar.
—Déjalo ya, Naruto —pidió una rubia sentada frente a él, con notoria irritación en su rostro.
—No puedo evitarlo —suspiró y apretó su cabeza entre sus manos—. ¡Me duele la cabeza!
—Cálmate, estás muy tenso —pidió bajando un poco el tono de voz—. ¿Te preparo un té?
—¿Por qué no puedo ir? —preguntó sin dar respuesta a la pregunta.
—Porque no es tu problema, Naruto —prácticamente gruñó—. Ya mi padre me dijo que alguien irá por ella.
—Pero…
—Pero nada. Tú tienes trabajo que hacer.
—Hoy es domingo, debería de estar descansando —bufó desviando la mirada hacia el computador.
—Sí, pero debes de pensar rápido que harás con tus hijas, no pueden estar en mi casa y…
—Lo sé —le interrumpió—. Ya le pedí a Naruko que arreglara sus cosas y las de su hermana para irnos hoy al hotel. De verdad lamento mucho haberte molestado.
—No me molesta, pero no entiendo por qué no compras otro departamento y ya, al menos para que vivan ahí temporalmente —dijo la rubia recogiendo unos papeles de la mesa—. Tienes los medios económicos para hacerlo.
—Porque no está bien, Ino —comenzó a firmar los documentos frente a él—. Quiero que entiendan que el dinero no lo da todo en esta vida. Que mejor que tener dinero, es tener buenos amigos que te tiendan una mano cuando la necesites. Solo quiero que no se acostumbren a dejar todo en manos del dinero.
»Cuando era niño, recuerdo que si había un problema se resolvía con un cheque. Mis padres no tenían tiempo para cuidar de mí, así que le daban dinero a alguien para que me cuidara. Cuando crecí, según Kakashi, si me metía en líos solo debían de pagar para que todo quedara olvidado. Siempre fue así, y no es lo que quiero que aprendan mis hijas.
»Cambié de casa tantas veces que no puedo decir que alguna fuera mi hogar, por eso quiero arreglar la casa en la que hemos vivido desde que Haruko nació y que sea el lugar que ellas llamen hogar.
»Cuando el departamento de mis padres se incendió por mi culpa, a mis 8 años, solo sonrieron y compraron uno nuevo. No quiero ser ese tipo de padres que no pone límites. Yo nunca tuve límites e hice cosas horribles, por eso, yo quiero que ellas los conozcan, para que sean mejor que yo.
—Naruto… —se levantó tras meditarlo un poco y tomó su bolsa y su chaqueta—. Iré al hospital a ver como está, ¿te parece?
—¿Por qué…? —ella sonrió.
—Porque es mi manera de limitarte, tú no iras, así que iré yo. Además, no lo negaré, también estoy preocupada.
—Ino… —relajó su rostro y asintió con suavidad.
—Por cierto —se acercó y tomó la billetera del rubio, sacando una de las tarjetas—. Vi una hermosa maleta Nicole Lee en el centro comercial de la esquina, que hacía juego con una bolsa de mano y unos zapatos —Naruto enarcó una ceja—. Me la debes por cuidar de tus hijas —sentenció guiñando un ojo y lanzando un beso al aire—. Bye.
—Tsk —bufó rodando los ojos—. ¿Para qué me busco una mujer si tengo a Ino? —el hombre que acababa de entrar mostró una sonrisa ladina ante aquellas palabras—. Si fuera mi esposa no me haría gastar tanto.
—Es el precio del buen servicio —Respondió el recién llegado a su queja.
—Pensé que no vendrías, Shikamaru —el pelinegro se encogió de hombros.
—Me pediste que viniera y me dio curiosidad el saber ¿por qué después de tantos años?
—Porque necesito que vuelvas a mostrarme todo lo que ocurrió esa vez.
—¿Por qué quieres torturarte con eso?
—Porque lo necesito… —su voz se apagó con las últimas palabras.
—Tsk… —golpeó levemente el escritorio y extendió su mano hacía él—. Vamos, pasaremos por una botella de sake y luego iremos a mi oficina.
—Gracias, muchas gracias, Shikamaru.
—Sí, sí, como sea, vámonos antes de que vuelva Ino.
Las puertas de la oficina se cerraron tras de ellos, y como anunciado había sido, partieron en busca de licor para poder sumergirse en recuerdos del pasado.
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Sus ojos se pasaban curiosos y con recelo de un lado de la habitación al otro. Hacía mucho tiempo que no se encontraba encerrada entre las pálidas paredes blancas de la habitación de un hospital.
El castaño a su lado golpeteaba el suelo con su pierna lleno de inquietud. Era irritante, estar ahí sentado sin poder decir o hacer nada. Ella le había dado la orden de que callara y él debía de serle obediente como un perro entrenado. A veces realmente odiaba esa capacidad que ella tenía para que las personas le obedecieran. Solo debía mirarle, cruzar esa mirada clara con la suya y de inmediato se rendía a sus pies.
—¿Quedaron claras las indicaciones? —la pelinegra asintió—. Sigo en desacuerdo de que te retires del hospital pero, no puedo retenerte a la fuerza.
—Lo siento, no quiero ser grosera ni nada por el estilo, es solo que, como ya le expliqué, no puedo permanecer demasiado tiempo en este lugar.
—Pero no termino de entender, ¿por qué? —el doctor fijó su seria mirada en los ojos perlados frente a él—. Si no me das una explicación coherente no puedo firmarte el alta.
—¡Déjese de mierdas y firme el papel! —gritó ya irritado el castaño frente a ellos.
—¡Kiba! —exclamó Hinata avergonzada—. Muestra respeto, por favor.
—Lo siento —bufó, tirándose –literalmente- en la silla de acompañante.
—Doctor, ese tema es realmente delicado, usted no se imagina cuanto —suspiró—. Además, no tengo tiempo para instalarme a contarle todo. Necesito irme a Australia pronto.
—No puede viajar así —advirtió y ella asintió calmada.
—No lo haré. Esperaré a que usted me diga que puedo hacerlo. Pero no quiero estar aquí encerrada, saldré de Tokio hasta que pueda viajar a Australia.
—Y la razón por la que se va es…
Lo pensó un instante antes de responder.
―Usted, ¿realmente no me recuerda?
―¿Te conozco acaso? ―preguntó confundido.
―No me recuerdas… ―desvió la mirada―. Es raro que no me recuerde, porque fue usted quien atendió a Naruto en aquella ocación —los ojos azules frente a ella se dilataron.
—¡Hinata! —le gritó como reclamo Kiba.
—No, Kiba, está bien ―se mordió los labios y continuó hablando―. Tal vez el nombre de «Naida».
—¿En verdad eres tú? —ella asintió.
—Compruébelo usted mismo —él se acercó y le levantó el cabello, mostrando un tatuaje con la forma de una mariposa negra justo debajo de las raíces capilares.
—Pero, es imposible, yo mismo…
—Todo fue una farsa.
—¿Él lo sabe…?
—No —negó en el acto—. Él no lo sabe y no lo puede saber. Necesito que lo mantenga en secreto.
—Pero, ¡Naida!
—¡No me llame así! —gritó afilando sus ojos—. Esa persona está muerta, ¡y los muertos no vuelven de sus malditas tumbas! —una punzada de dolor le recorrió la espalda y cerró los ojos, apretando la mandíbula—. Solo deje que me valla.
—Está bien… —firmó el documento en sus manos y se lo entregó al castaño—. Tú cuídate y yo mantendré la boca cerrada.
—Se lo agradezco —dijo ella asintiendo levemente.
—Es hora de irnos —anunció Kiba sacudiendo una silla de ruedas.
—No, Kiba, no me iré contigo.
—¡¿Qué?! —exclamó rabioso.
—Lo siento. Te pedí que vinieras porque no tenía nadie más a quien pedirle que trajera algo de equipaje para mí. Además, tendrás que hacerte cargo de todo mientras que no estoy.
—Pero, Hinata.
—Pero nada, necesito que hagas esto por mí.
—¿Te vendrá a buscar esa persona, verdad? —ella asintió.
—Es mejor así.
—¿Por qué? —Hinata esquivó la mirada irritada del castaño—. Eres una cobarde —musitó con los puños apretados y abrió la puerta de un golpe.
—Espero que te mejores pronto —dijo el doctor, observando fijamente aquellos ojos desolados frente a él—. Con su permiso.
Su mirada se fijó en la puerta, en cualquier momento aquella persona entraría por la puerta y se la llevaría. Era mejor así.
Debía desaparecer como lo había hecho antes y por más difícil que fuera, por más dolor que sintiera, lo haría, y lo haría las veces que fuesen necesarias.
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El olor a antiséptico invadía los pasillos del hospital, los murmullos entre las conversaciones rebotaban en las paredes, colándose sigilosamente en sus oídos.
Recorría los pasillos a paso presuroso, con su bolsa de mano colgando a mitad del brazo y sus tacones tamborileando en el suelo.
—Esto está lleno de tanta gente enferma —pensó para sí misma, esquivando con cuidado a las personas que pasaban demasiado cerca.
—¿Ino, qué haces aquí? —preguntó un hombre apoyándose en su hombro.
—¿Tú? —los ojos azules de la rubia se iluminaron ante la presencia de aquellos grises, colgándose de su cuello en el acto—. ¡No puedo creer que estés aquí! —gritó, ganándose un mandato para callar de parte de los presentes—. Lo siento —susurró avergonzada.
—A mí también me alegra verte, pero deberías de soltarme, estamos llamando demasiado la atención —susurró a su oído, empujándola.
—Lo siento, es que realmente me parece mentira que estás de pie frente a mí —sus ojos se cristalizaron.
—Ya, ni se te ocurra llorar —le advirtió golpeando suavemente su frente—.
Ambos caminaron a paso calmado en la dirección que llevaba la rubia inicialmente. Conversaban de trivialidades mientras que los pasillos se volvían más desolados, hasta llegar al área de hospitalización, que, por obvias razones, permanecía en silencio afuera de las puertas blancas enumeradas.
—Entonces, ¿estás trabajando como secretaria de Uzumaki Naruto? —preguntó con una sonrisa.
—Sí, al final, acepté trabajar con él y nos ha ido muy bien juntos, la compañía va en ascenso y soy su mano derecha, además, tenemos una bonita amistad.
—Me alegro mucho, Ino —su sonrisa solo se comparaba en belleza con la de sus ojos.
—Y… ¿qué hay de ti? Hace años no te veía aquí en Tokio —preguntó deteniendo sus pasos frente a una de las puertas.
—He venido a Tokio, pero no había podido comunicarme contigo, además, ahora estás muy ocupada, obviamente no ibas a tener demasiado tiempo para hablar con un viejo amigo.
—No digas eso, Toneri —el peliplata sonrió—. Simplemente no querías hablarme y ya, te conozco, a mí no puedes engañarme.
—En realidad, no solo contigo, no quería hablar con nadie —suspiró—. Han sido un par de años difíciles.
—Lo sé —desvió la mirada y el silencio tocó las puertas.
—Ino —habló él tras un par de segundos—. ¿Qué haces en el hospital?
—Vine a ver a alguien —respondió con una sonrisa amplia en su rostro.
—¿Sí? Yo también —ambos se miraron y luego la puerta.
—Vengo a ver a Hinata —dijeron al unísono.
La puerta se abrió y cerró de golpe, mostrando ante ellos la silueta de un irritado castaño.
Observó a ambos de pies a cabeza, hasta encontrar sus ojos directamente con los del hombre frente a él.
Apretó los puños y se acercó, sujetándole el cuello de la camisa con fuerza.
—Ten cuidado con lo que haces.
—¿Me estás amenazando? —preguntó Toneri.
—Te lo estoy advirtiendo.
—¿Qué ocurre? —preguntó curiosa y preocupada la rubia frente a ellos.
—No es nada importante —dijo Toneri soltándose del agarre y fijando sus ojos grises en los marrones—. Una vieja rencilla de niños. No se puede evitar.
—Adiós —Toneri sacudió la mano al verlo partir—. Entonces, ¿me acompañas, Ino? Después de todo veremos a la misma persona, ¿o no?
—S-sí —dudó por un instante pero tomó la mano que le ofrecían—. ¿Qué rayos fue todo eso?
La puerta se abrió y ambos la atravesaron, encontrándose de frente a Inoichi, quien estaba a punto de retirarse.
—Hola, papi —saludó Ino.
—Hola, hija —respondió él, marcando un beso en su frente—. ¿Me acompañas un instante afuera, por favor? —la rubia asintió y se retiraron.
—Hinata —habló Toneri y la pelinegra asintió—. ¿Cómo te sientes, querida?
—Mejor —respondió calmada.
—Estoy honrado de que hallas aceptado que viniera a buscarte —se acercó, hasta sentarse al borde de la cama y tomar su mano—. Te he extrañado mucho los últimos meses.
—¿Podemos irnos? —dijo cortante y el rostro de Toneri cambió por uno serio.
—¿Podrías ser un poco más… cómo decirlo… amable, tal vez? ―Hinata desvió la mirada y él le apretó la muñeca halandola―. Mírame cuando te hablo ―le exigió tomándole el mentón.
―Toneri, estoy cansada ―se excusó.
―Yo también, estaba cansado cuando hablamos, aún así me vine de inmediato a Tokio solo para estar contigo.
―Me estás lastimando ―se quejó tomando la mano con que le sujetaba el mentón.
―¿Le dijiste a Naruto quien eres? ―ella negó con un movimiento de cabeza―. ¡Hablame! ―espetó y ella apretó los ojos―. Odio cuando te quedas callada de esa manera, y lo haces cada vez que Uzumaki Naruto entra en el tema.
―¡Entonces no lo nombres, si tanto te molesta, deja de hablar de él! ―hubo silencio―. Él no tiene idea.
―Hinata, perdóname, por favor ―bajó la voz y la rodeó con sus brazos con delicadeza―. Solo, no puedo evitar sentir celos, porque sé que él te sigue importando.
―Eso no es cierto… Naruto y yo no tenemos nada que ver el uno con el otro ―mantuvo la mirada firme―. El pasado nunca regresa, deberías de saberlo.
―Hinata, solo quiero que seas feliz, y mereces más, y yo puedo darte más ―acercó con sigilo su rostro al de ella―. Estoy feliz de que aceptes venir a Australia conmigo.
―Toneri…
―Hinata, te lo he dicho antes, solo me interesa verte feliz, y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para verte feliz.
―Toneri, en serio, lo hemos hablado antes, yo…
―Por favor, no he venido con las manos vacías ―besó la comisura de los labios de Hinata y se levantó―. Neji ha enviado a Hanabi conmigo.
―Pero… él dijo que…
―Le llamé, para decirle que vendría a por ti y que quería traerte a Hanabi. Sé que estás muy encariñada con la pequeña, y me parece lindo.
―No era necesario que lo hicieras, él iba a enviarla y…
―Hinata, por favor, sabes que me gusta pasar tiempo con Hanabi, quiero acercarme a ella tanto como sea posible.
―Es que yo…
―No te preocupes, ya verás que todo va a ir justo cómo lo esperamos.
―Querrás decir, cómo tú lo esperas.
―Sabes que esto lo hago por los dos, por ti.
―No lo sé…
El silencio se apoderó de la sala una vez más y Toneri la levantó en sus brazos, para dejarla sobre la silla de ruedas.
Salieron de la habitación, Hinata sobre la silla con aquella enorme faja que le habían amoldado al cuerpo para que su espalda no peligrara durante la recuperación y el traslado en auto.
―¿Dónde está Hanabi? ―preguntó con ligera preocupación.
―Nos espera en el auto.
―Gracias… por traerla antes.
―No me des las gracias, ya te lo dije, si me aceptas en tu vida, tendrás todo lo que quieras cuando lo quieras.
―Sí…
Los pasillos incoloros fueron espaciándose hasta llegar a la recepción y finalmente al estacionamiento.
Un auto negro, algo llamativo y largo les esperaba con un chofer junto a él. Las puertas traseras fueron abiertas y con ayuda de ambos hombres Hinata se sentó en el alargado y acolchado sofá.
Una adolescente le sonrió desde un lado del asiento, era castaña y tenía su mismo color platinado en los ojos.
Ambas se fundieron en un abrazo antes de que la castaña comenzara a relatar lo vivido desde la última vez que se habían visto.
―Ya lo sabes, Hinata ―susurró Toneri a su oído cuando la pequeña se distrajo hablando por teléfono―. Todo lo que quieras lo puedes tener, solo mientras estés junto a mí.
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El olor a cigarrillo inundaba la oficina de aquel hombre. Un rubio nervioso y ansioso le miraba inquieto desde su silla. Solo podía observar en detalle como el pelinegro sacaba una gran cantidad de carpetas del fondo de un archivo.
Eran carpetas amarillas, con sellos rojos que indicaban la inscripción «Archivo Privado». Habían una gran cantidad de carpetas iguales, con el mismo color e inscripción. Revisó el nombre impreso en la pestaña y fue seleccionando las que procuraba en aquel momento. Eran 5 en total.
—Estas son, Naruto —dijo tras un bostezo sentándose frente al invitado—. ¿Estás seguro de querer ver esto?
—No —respondió en el acto, posando una de sus manos sobre el papel amarillo, ya envejecido por el tiempo y el polvo.
—Naruto, algún día tienes que enfrentar lo que pasó —aseguró, abriendo la primera carpeta y mostrando en la primera hoja un acta de defunción—. Hasta que no lo enfrentes no podrás dejarlo ir.
—Es que… —llevó una mano despacio al bolsillo de su saco—. No quiero ver el después —tomó una fotografía vieja y algo maltratada—. Prefiero quedarme con esta imagen —aseguró entregándosela a Shikamaru
—¿De dónde sacaste esta foto? —preguntó enarcando una ceja.
—Cuando volví a casa la encontré en mi habitación, guardada en una alcancía bajo llave. Fue raro encontrarla ahí pero, desde entonces la guardé.
—Era una chica muy hermosa.
—No merecía morir como lo hizo —sus ojos se cristalizaron y tomó la carpeta, arrugando con ira el acta de defunción—. ¡Tenía 16 años!
—Nadie, Naruto, hubiese querido que eso ocurriera —abrió la segunda carpeta y dejó ver la fotografía de una mujer de aproximadamente 25 años en la puerta de un edificio—. Yo creo que nos engañaron.
—¿Qué…? —no alcanzaba a verse correctamente la persona en la fotografía, solo se veía un cabello negro azulado, y daba la espalda a la cámara.
—Desde que me lo pediste, recolecté tanta información como me fue posible sobre ese caso, sobre el accidente, sobre aquel día, los involucrados, sobre ella, pero, hace poco, encontré entre algunas fotografías viejas de Temari a esta mujer entrando a ese edificio, tal vez… solo tal vez…
—¿Crees que sea ella?
—Es imposible, es imposible que siga con vida —dijo con seguridad, desanimando al rubio—. Sin embargo, tengo mis dudas. Muchas cosas no encajan.
—¿A qué te refieres? —preguntó devolviendo el acta maltratada a su lugar.
—¿Sabes por qué tengo tantas carpetas sobre tu caso? —el rubio negó confundido—. Porque mucha información tiene 2 fuentes, 2 versiones, en otras palabras, tengo 5 historias diferentes de tu vida, y algo me dice que las 5 son falsas.
—Pero, es imposible, una de ellas coincide con lo que mi difunta esposa y Sasuke me dijeron, tú me dijiste que era lo más cercano a la realidad.
—Sí, lo hice, sin embargo, es muy extraño. Porque si esa fuese cierta, ¿de dónde han venido las otras?
—Estoy más confundido que antes —se quejó sujetándose la cabeza.
—En serio, Naruto, ¿por qué no tomas en serio mi propuesta de ese tratamiento? Podría devolverte la memoria.
—O matarme en el proceso.
—Me dieron una buena garantía de que funciona.
—Pero yo necesito continuar con la única garantía que me sirve, y es el estar seguro de que estoy aquí para mis hijas.
El silencio hablaba para ellos en aquel momento tan tenso. Tomó las carpetas y las arrojó en un maletín con cierto recelo.
—Lo revisaré, todo, pero cuando esté a solas. Necesito pensar con calma las cosas.
El pelinegro asintió y Naruto llevó la mano al bolsillo.
48 llamadas perdidas… La Bruja.
—Mierda —bufó. Devolvió la llamada.
—¡¿Naruto?! —escuchó aquella chillona voz del otro lado—. ¡¿Dónde diablos estás metido? Tengo un buen rato intentando hablarte!
—Lo siento, Ino, estaba ocupado con Shikamaru.
—¿Estás con ese idiota? —musitó—. Cómo sea… Deja lo que sea que estés haciendo, ya está listo todo, ahora mismo estoy con las niñas en el lugar donde van a vivir hasta que restauren la mansión.
—¿En serio? —preguntó con gran sorpresa—. ¿Dónde, Ino?
—No puedo decirte por teléfono.
—Oye pero…
—Te recogeré a las 5, aún tengo un par de cosas que organizar antes de ir por ti.
—Entiendo, pero dime, ¿cómo…?
—Por favor, no olvide llamar a su madre a las 4, hoy llega junto a su padre América. Cuídese, adiós.
—Aguarda, ¡Ino! —ya había colgado.
—¿Qué ocurre, qué te dijo? —preguntó el Nara tras dar un jalón a su cigarrillo.
—¿Qué hora es? —preguntó ignorando la pregunta anterior.
—No sé, alrededor de las 3, ¿por qué?
—Tengo que irme —agarró con fuerza el maletín y tomó la fotografía del escritorio para devolverla a su saco—. Te llamaré luego y te traeré todo, lo prometo, pero ahora tengo algo importante que hacer.
—Sí, tranquilo —lanzó la colilla al bote de basura y se recostó cómodamente en su asiento—. Llamaré a Sai, él debe saber algo… pero primero, debo encontrar su número telefónico.
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Corría a gran velocidad por los pasillos blancos e incoloros del lugar. Subió un par de escaleras, esquivando personas, camillas y demás. El número de habitación estuvo frente a él, y tras apaciguar dudas abrió la puerta de un tirón.
—No está… —susurró al viento al encontrar la habitación completamente vacía.
—Se fue esta mañana —dijo una voz tras de él, haciéndolo darse vuelta.
—Doctor…
—Alguien vino por ella temprano, Ino había venido a verla pero al final ni siquiera tuvo tiempo de hablarle.
—Ya veo… por eso no me dejaba hablar cuando llamé —se sentó al borde de la cama y apretó el móvil entre sus manos—. Usted… ¿no sabe dónde la llevaron?
—¿Por qué quieres saber? —preguntó—. ¿Qué te hace sentir interés por esa persona?
—No tengo la menor idea —respondió en el acto—. Pero realmente quiero volver a verla, de hecho, por loco que suene, necesito volver a ver a esa mujer.
—El destino actúa a su manera y en contra de todos nosotros.
—¿De qué habla? —preguntó el rubio confundido.
—De nada, no tengo información que pueda servirte, es mejor que dejes las cosas como están, Naruto. Creo que le estás dando demasiada importancia.
—Sí… es cierto —levantó el teléfono y rascó nervioso su cabeza—. ¿Le importaría dejarme solo un instante? Tengo que llamar a mi madre.
—Claro, toma tu tiempo.
El rubio de larga cabellera cruzó la puerta dejando solo a aquel que no despegaba sus ojos del móvil. Marcó un par de veces, y tras esperar, al fin recibió respuesta del otro lado del auricular.
—¿Qué pasa? —era un típico saludo de confianza.
—Sasuke, necesito un favor, es de vida o muerte.
—¿A quién tenemos que matar? —preguntó sonriendo.
—¡A nadie, idiota! —respiró hondo—. ¿Me puedes conseguir el número de la niñera?
—¿De qué niñera? —la sonrisa se esfumó de su rostro.
—Tu amiga, la mujer que iba a cuidar a mis hijas, la del accidente, del incendio, ¿la recuerdas? —Sasuke no respondía—. Su nombre era Hinata, ¿no?
—Sí, es Hinata, y… ¿para qué lo quieres?
—Nada en especial, solo, quiero saber si estaría interesada en tomar el empleo como niñera de Naruko y Haruko.
—¿Me estás jodiendo, verdad? —preguntó luchando por encubrir su enojo—. ¿Vas a dejar a tus dos «preciadas» hijas en manos de una desconocida?
—Parece buena persona.
—Lo siento, no cuentes conmigo, no te conseguiré nada que esté relacionado con ella.
—Pero, Sasuke…
—Mi avión está por despegar, adiós.
Enmarcó los auriculares en sus oídos, encendió el reproductor y apagó el teléfono. Rechinaba los dientes de la ira y tronó sus dedos buscando calmarse de alguna manera.
—De ninguna manera —pensaba—. De ninguna manera pienso permitir que vuelvas a quitarme a Hinata, Naruto. Esta vez, tú tienes las de perder —dio un último vistazo al imponente Tokio desde la ventanilla y bajó la persiana—. Volveré a Tokio cuanto antes, no permitiré que vuelvas a tomar lo que es mio.
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Continuará…
Hola gente hermosa, espero que este capítulo les haya gustado… Sé que me he tardado bastante en publicar, pero es difícil últimamente repartirme entre mi familia, mi trabajo, el amor de mi vida, Mundo FanFiction NaruHina y mi pasión (escribir).
Pido disculpas por la tardanza y trataré de publicar la continuación pronto! Besos~~
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Pensaba dejarles las respuestas, pero lo haré luego, ahora mismo ya me iré a dormir… solo entré para publicar el capi :'(
Se los debo mis amores~~
Besos~~ FanFicMatica :*
