Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
Únicamente los tomo prestados para crear una historia alternativa, sin fines de lucro.

GRACIAS POR LEER!

Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)


Capítulo 29: El tiempo… ¿Lo cura todo?


Sus primeros pasos los dio en el jardín más hermoso que tenía la mansión, rodeado de flores y varios árboles de flor de cerezo. Apenas lograba mantenerse en pie y aun así intentaba correr a los brazos de su madre en cuanto la veía llegar. Otra cosa que Neo siempre hacía era llevar siempre consigo una arrugada fotografía, de un hombre serio y apariencia fuerte a pesar de la edad que, su madre aseguraba, tenía. Yoruichi les dio la foto cuatro años atrás.

Con sus cinco años de edad, era lo suficientemente perspicaz para cuestionarle a su madre la razón de la ausencia de su padre. Siempre rogaba por que le contara más acerca de él, cómo lo conoció y por qué se fue. Lo único que obtenía eran cortos relatos acerca de un problema con la Sociedad de Almas y que él se sacrificó con tal de protegerlos a todos. Nada más se extendía cuando hablaba acerca de cómo se enamoraron.

― ¿Lo extrañas mucho, mami? ―veía la foto arrugada.

―Mucho. ―le alborotaba el cabello.

―Rukia. ―Renji caminaba a ellos.

Neo corrió de inmediato a abrazar al pelirrojo. Durante esos años se hicieron muy cercanos, incluso el pequeño llego a decirle a su madre que desearía que él fuera su padre, pues siempre estaba con ellos. Y aunque Renji deseara con todo el corazón que eso fuera cierto, siempre hablaba con el niño para decirle que no juzgara duramente a su padre. Le decía que si Ichigo no estaba con ellos no es porque no los quisiera, era porque los amaba demasiado como para dejarlos morir.

―Día libre, ¿Eh?... Siempre vienes a ver a Neo, deberías disfrutar de una buena copa con los demás tenientes.

―No solo vengo a ver a este travieso―lo cargó sobre sus hombros―, sabes que me gusta verte también.

―Renji…

Pacientemente el pelirrojo buscaba reconquistar a la ojivioleta, aunque siempre obtenía el mismo resultado: una caricia en la mejilla y una triste sonrisa. Únicamente logró que ella desahogara su dolor con un beso robado sin algún tipo de trascendencia: aquella noche Rukia se embriago hasta el tuétano, no podía ni caminar y sollozaba entre risas por las calles del Rukongai. Renji la busco para llevarla a su casa y hacerla descansar, pero en el proceso ella lo cogió de la cara, con ambas manos, para acercársele y plantarle un apasionado beso. Él la apartó y se limitó a devolverla a lado de Neo.

― ¿Aún no sabes algo de ese tonto?

―No. Yoruichi no ha regresado desde hace cinco años. Por lo menos no ha venido aquí si es que ha puesto un pie en la Sociedad de Almas.

―Ya veo. ―bajó al niño para sentarse a lado de la ojivioleta― ¿Cuánto tiempo seguirás esperándolo?

Rukia miraba a su hijo correr entre as flores, sin soltar aquella fotografía. Sonrió dulcemente y aseguró que toda una eternidad, sin importar que Neo ya fuera un adulto, ella seguiría esperando pacientemente a que el amor de su vida volviera a su lado. Renji esperaba esa respuesta, y aun así permanecía a su lado.

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Nuevamente estaba cara a cara con quien inició la serie de desgracias que lo obligaron a separarse de lo que amaba en la vida. La risa, la mirada y los gestos de esa figura destilaban burla, ironía y sarcasmo. Ichigo llevaba casi cinco años luchando contra sí mismo. "Ahora comprendo porque me dijo eso la última vez que lo vi", pensaba entre jadeos al tratar de esquivar y atacar a su hollow:

― ¿Pensaste que me quedaría con los brazos cruzados? ―se abalanzó contra él.

― ¡Tsk! ―logró bloquearlo―No. Sabía que tarde o temprano debía enfrentarte nuevamente.

―Ichigo, idiota, deberás hacer más que solo decirlo. ―lo empujó a un lado―Demuéstrame que tienes las agallas para reprimirme y seguir protegiendo lo que adoras en ambos mundos. ―no daba oportunidad a Ichigo de contraatacar.

Cuando Ichigo fue conectado al artefacto, que Mayuri le dio a Yoruichi, sufrió una serie de regresiones en su mundo interno. De ese modo se reencontró con su hollow completamente iracundo, deseoso de destruirlo y apoderarse del espíritu de su shinigami.

― ¡jajaja! ―carcajeaba a todo pulmón―Ichigo… vamos, ríndete de una vez. ¿Acaso te has percatado de cuánto tiempo llevamos de este modo?

― ¿Qué? ―abrió de par en par sus ojos.

No presto atención que eran ya cinco años los que intentaba reprimir su lado instintivo. ¿Por qué seguía luchando contra su hollow?... Sencillo. Ichigo había perdido completa confianza de volver a lado de Rukia, no se sentía capaz de verla a los ojos, ni de explicarle a su hijo la razón de su ausencia. "¿Rukia le habrá hablado de mí?", sus pensamientos lo distrajeron de una puñalada en el costado izquierdo. Escupió sangre, se arrodillo y agacho la cabeza, y aun así no prestaba atención al dolor pues visualizaba su vida junto a Rukia y Neo.

―Sigues siendo débil. ―lo miraba con desdén―Si sigues así no importara que tardes otros cinco años, no podrás ganarme.

― ¡Tsk! ―apretaba con su mano la herida― ¿Estás seguro de dejarme así?

― ¿Hum? ¿A qué te refieres?

― ¡A esto! ―cogió la mano de su hollow que sostenía la espada para incrustarla en su pecho, mientras que él también lo apuñalaba en el mismo punto.

― ¡Tsk! ―salía sangre de su boca― ¿Acaso no comprendes?

― ¡Ja! ―apenas respiraba―Claro que lo entiendo. Lamentablemente te necesito más a ti que tú a mí.

―Maldito… ¡Tsk!

El hollow se mantenía en el fraternal abrazo que Ichigo mantenía, aún con las espadas incrustadas en sus corazones. De pronto, su alrededor encareció y el interminable mar se volvió aire fresco, rodeando los edificios en medio de un cielo azul.

―Lo siento… lamento que tengas que lidiar con un shinigami como yo.

―No eres un shinigami puro, maldito arrogante. ―se recargo sobre el hombro de Ichigo.

― ¡Ja! Cierto. Aun así, tuve que hacer esto para que no desbordes tu incomparable poder.

―Con ese poder puedes ganarle a todos, aniquilarlos si deseas.

―Lo sé. ―se recargo en el hombro de su hollow―Pero esa no es la fuerza que busco, sólo deseo proteger a…

―A esa shinigami y a tu hijo. ―sonrió―Muy bien… ¡Tsk!... creo… creo que esta vez pasaré por alto que reines por otra temporada este mundo.

―Gracias.

Tras sonreír, el hollow se desvanecía entre los brazos de Ichigo, dejando en su lugar una especie de roció que se alojaba en la herida del pelinaranja. Detrás de ambos, Zangetsu observo desde lejos su combate. No interfirió pues deseaba que Ichigo esclareciera la fuerza de su corazón, que reencontrara su espíritu y sus ganas de luchar. Únicamente se le acercó cuando el hollow se había desvanecido completamente:

Ichigo… Estoy orgulloso de ti.

― ¿Zangetsu? ―lo miraba sobre su hombro― ¿Dónde estabas?, ¿Por qué tarde tanto tiempo en hallar la respuesta?, ¿Rukia y Neo me seguirán esperando?

Son demasiadas preguntas.

― ¡Es que necesito saberlo!

Has demostrado de nueva cuenta lo que es importante para ti, ¿por qué no recobras tu vida y vuelves a donde deseas estar?

―Pero…

Repentinamente, veía como Zangetsu y su alrededor se alejaban súbitamente, creando una visión de remolino que lo desconcertó inclusive al abrir de par en par los ojos.

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Como cualquier otro día aburrido, Rukia estaba realizando el papeleo para entregárselo a su capitán. Pero algo no la dejaba concentrarse como debía. Una punzada en su pecho golpeaba con más fuerza, sus manos se sentían frías y repentinos escalofríos recorrían su columna vertebral. "Esto no es bueno, relájate Rukia", junto sus manos para soplarles cuando Kiyone entro apresuradamente, junto a Sentaro, pidiéndole los informes pendientes. Por un mili segundo creyó, infantilmente, que le dirían que Ichigo había regresado.

―Aún no los término, en cuanto los tenga se los llevaré al Capitán Ukitake.

― ¡Kuchiki! ―Kiyone estaba a centímetros de ella.

― ¿Q…qué? ―parpadeaba.

―Deberías descansar un poco. Te ves algo pálida.

―Es verdad, deberías ir a casa con Neo. ―Sentaro imitó a la rubia.

―Estoy bien, de verdad… ―los miraba fijamente―…ya… pueden retirarse.

― ¡Jajaja! Lo siento Kuchiki. ¡Ah! Por cierto, espera buenas noticias. ―ambos shinigamis salieron dando trompicones y discutiendo como siempre.

"¿Hum? ¿Buenas noticia?... ¡Qué va!... Tal vez tengan razón. Debo ir a casa.", se convencía a si misma cuando una mariposa infernal entro por la ventana. Tintineante y brillante, con la promesa de regalarle lo que tanto anhelaba oír; pero no fue así. Era Renji, que le solicitaba encontrarse cerca de la mansión de Byakuya, asegurando una sorpresa que la animaría. "¿Será qué…?" sus ojos destellaban ilusión, por lo que confirmó verlo ese mismo día.

No cabía de felicidad, imaginaba miles de situaciones en las que recibiría la noticia de que Ichigo regresaría a la Sociedad de Almas. Casi daba brinquitos al caminar, pero mantuvo la compostura con tal de que no notaran su cursi alegría. En cuanto vio al pelirrojo, corrió hasta él para exigirle con la mirada que le dijera todo lo que sabía, pues ya ansiaba sonreír y suspirar como cualquier enamorada.

―Rukia, llegaste al fin.

― ¿Cuál es la sorpresa? ―lo cogió de las mangas y lo movía para ver a su alrededor.

― ¿Hum? Tranquila, La sorpresa no está aquí, sólo tenía que venir por ti.

― ¿Cómo? ―sus ojos brillaban―Eso quiere decir que… ―se cubrió la boca―… Ichi…

―No se trata de Ichigo.

Sus esperanzas se quebraron. Rukia agacho la cabeza y le dijo que no deseaba ver la sorpresa. Incluso le reclamó por haberla ilusionado falsamente, pero Renji la sujeto de las muñecas para gritarle que ella sola se había emocionado. El pelirrojo suspiro profundamente y la soltó mientras le contaba que el capitán Ukitake pensaba nombrarla Teniente de su escuadrón.

― ¿Esa es la sorpresa? ―apretaba sus puños―A esto es a lo que se refirió Kiyone.

―Lo siento, no creí que pensarías que…

―Está bien.

―Vamos. Él te lo quería decir en su casa.

La ojivioleta lo acompaño a paso lento. A pesar de tener la frente en alto y la mirada fija, ella no disfrutaba la idea de ser la segunda al mando de su escuadrón. "¿Por qué no me da gusto?... Se supone que debería de brincar y gritar de emoción… No te engañes Rukia, bien sabes que nada tiene sabor si Ichigo no está a tu lado. El único que me hace feliz es mi pequeño Neo, sin él no se cómo viviría."

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Era una mañana como cualquier otra, en la que Orihime se ofreció en cuidar de Ichigo. Urahara tuvo que salir con Tessai, Ururu y Jinta, mientras que Uryu y Chad tenían pendientes que hacer antes de hacerle compañía en la tienda. En cuanto a Yoruichi, ella se había desaparecido desde la noche anterior. No dijo, por lo menos a ellos, a donde iría.

―Kurosaki… despierta ya. ―trataba de leer, pero se distraía pensando en los últimos años.

Orihime caminaba, veía por la ventana o revisaba su celular como distracción. Ocasionalmente observaba como Ichigo sudaba y sus extremidades temblaban un poco. "Urahara dijo que es una reacción normal", recordó la extensa explicación del ojigris en cuanto vieron al pelinaranja tendido inconsciente en la cama.

Suspiraba y sumía la nariz en su lectura con tal de no pensar en que Ichigo llevaba perdidos cinco años de su vida. Tanta era su desesperación por distraerse que no se dio cuenta de que el pelinaranja abrió los ojos e intentaba moverse. Por varios minutos ambos estaban en completo silencio, hasta que Ichigo tiró un vaso con agua, de la mesa a su lado, cuando logró mover su brazo a un lado.

― ¡Eh! ―el susto la hizo mirar sobre su hombro―Ku… Kuro…

― ¡Tsk! ―quería moverse.

―Kurosaki… ―aun no asimilaba verlo despierto.

Ichigo estaba por caer de la cama, pero Orihime activo su Santen Kesshun para evitar que se diera de bruces contra el piso, y devolverlo a la cama. Se acercó a él para abrazarlo y llorar sobre su hombro al mismo tiempo que le repetía lo mucho que le alegraba verlo despertar. El pelinaranja estaba inmóvil, aun crédulo de estar consciente.

―Inoue… ―la aparto―…Yo… ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

―Kurosaki ―bajo la mirada―, fueron cinco años.

― ¿Qué? ―no parpadeaba.

Ya no era el adolescente que se volvió shinigami sustituto y se enamoró de una auténtica diosa de la muerte. Ya era un hombre atorado en su pasado.

―Inoue… si desperté… ¿eso quiere decir qué ―miraba las palmas de sus manos― seré capaz de ver a mi hijo?

―Exactamente. ―Uryu caminaba hacia ellos―Kurosaki, el que hayas despertado es buena noticia. Podras ver al pequeño Neo.

―Dime, ¿ustedes lo han visto? ―su voz denotaba emoción.

―La verdad es que no. ―Orihime se apeno―Kuchiki no ha regresado a Karakura desde que te trajeron. La única que lo ha visto crecer es Yoruichi. ―saco de su bolso unas fotografías.

En cuanto las tuvo en sus manos, Ichigo las veía con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Las pasaba una por una tras verlas con detalle, tanto que se percató de que ninguna era de cerca. Sin dejar de mirarlas, les preguntó el motivo por el que ninguna Rukia y Neo supieron que los fotografiaron:

―Pues…

―Por qué no queríamos perturbar la poca paz que la pequeña Rukia consiguió. ―Isshin también estaba en la tienda―Ella ha sufrido mucho, no deseábamos aturdirla.

―Viejo.

―Todo está bien, hijo. ―le dio palmaditas en el hombro.

― ¿Podré verlos?

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El capitán Ukitake estaba en cama, como siempre, por culpa de una leve crisis de tos y escalofríos que lo obligaron a mantenerse en reposo. Aun así, no fue impedimento para conversar con Rukia y realizar una pequeña reunión para develar la sorpresa, que inevitablemente Renji dijo antes de tiempo. Sin embargo, la ojivioleta disimulo no saber sobre su nombramiento como teniente.

―Kuchiki, has demostrado gran determinación, valentía, iniciativa y coraje. Eres una joven noble y leal a sus convicciones y a sus colegas.

―Capitán Ukitake, yo…

―Permíteme terminar―cogió sus manos y le sonreía con dulzura―. He hablado con tu hermano, con otros capitanes y tenientes para consentir tu prueba como la nueva teniente de nuestro escuadrón. Has sido muy bien recomendada y ya es casi un hecho que lo serás, únicamente necesito que aceptes el cargo.

Rukia se golpeó de frente con sentimientos encontrados. "¿Yo teniente?... ¿Es una broma verdad?, No merezco ese honor, sobre todo porque yo cause la muerte de Kaien.", pensaba sin dejar de sonreír sutilmente.

―Capitán, yo…

―No aceptaré un "no" por respuesta. Shiba Kaien me tuvo rogándole por semanas, pero ya no estoy en condiciones para correr tras una joven para que acepte el cargo.

―Vamos, acepta. ―Renji alzaba los pulgares.

Sin previo aviso, Kiyone y Sentaro irrumpieron en la habitación de Ukitake para exigirle a Rukia que aceptara. En medio del alboroto la ojivioleta desvió su atención hacia el jardín, prestándole atención al gato negro que reposaba en una rama del árbol más cercano a la habitación. La shinigami salió corriendo para atrapar al felino, sin éxito. Tuvo que perseguirlo un buen tramo antes de que este se detuviera y se presentará tal cual era.

―Después de tantos años, ¿Qué te trae por aquí, Yoruichi?

―Lo has hecho muy bien, Kuchiki Rukia. ―sonreía― ¿Acaso no te imaginas por qué estoy aquí?

― ¿La razón? ―le sostenía la mirada― ¿Se trata de Ichigo? ―sus ojos se aguaron.

―Sí. Tiene que ver con él.

― ¡Ah, ah! ―sonreía y lloraba a la vez―Ichi…Ichigo… ¡Ah! ¿Él despertó? Por favor dime que despertó y podre verlo.

La morena sonrió y le aseguro que todo se trataba de Ichigo. Sin embargo, Urahara deseaba retenerlo un poco más de tiempo bajo observación. "Es necesario, aún no sabemos si hay efectos secundarios, o daños en su alma", aseguro Yoruichi. Explicó que el pelinaranja aún estaba débil y desconcertado:

―No es para menos―bajo la mirada y sonrió sutilmente―, ya es todo un adulto sin darse cuenta. Prácticamente paso los primeros años de su juventud inconsciente. ¡Tsk! ―hizo una mueca,

― ¿Qué hay con eso? Ichigo estaba consciente de ello cuando…

―Lo dujo cuando tenía dieciocho años ―apretó los puños―, ahora despertó y reflexionara en los años que perdió por culpa mía.

―No digas tonterías Kuchiki. ―la abofeteo.

Rukia se quedó muda e impactada con la inusual actitud de Yoruichi. Simplemente expresaba su miedo, el primer instinto de autocompasión al ver una verdad que ni siquiera Ichigo consideraba.

―Lo que más desea es verlos de nuevo. Desea abrazar a Neo y tenerte a su lado. ―le clavaba la mirada―No me vengas con estupideces de que ahora se arrepentirá. ―recordó como lo vio despertar, desde una rama, esa misma mañana, y tras oír la conversación, fue inmediatamente al Seireitei.

―Pero…

― ¡Pero nada! ―la sacudió de los hombros―Reacciona de una maldita vez, tienes que hacer todo lo posible por reencontrarse.

― ¿Y qué puedo hacer? ―lloraba―No puedo irme así madamas de la Sociedad de Almas. Neo me necesita, no puedo dejarlo solo.

― ¿Quién dijo que lo dejarías solo? ―le sonreía.

― ¿Entonces?... no comprendo tus intenciones.

―Rukia, dile a Neo que conocerá muy pronto a su tonto padre.

―No juegues conmigo, mucho menos con mi hijo.

―Usualmente no bromeo con algo tan serio.

Yoruichi le sonrió mientras se despedía de Rukia, a la vez que le gritaba que llevará a Neo a la Senkaimon principal en una semana, a partir de ese día. "Una semana… Debe ser una broma, no puede ser que en una semana Neo vea a Ichigo.". Se cubrió la boca ante la emoción, pues una mezcla de sentimientos revoloteaban en su interior. Ni siquiera se percató de que Renji había oído la última parte de la conversación, cuando corrió a su lado de vuelta a la habitación de Ukitake.

Estaba tan feliz, que Kiyone y Sentaro dejaron de pelear, por una vez en sus vidas, para prestarle atención. Inclusive Ukitake tuvo que relajarla para que dijera lo que Yoruichi le dijo antes de dejarla hecha un manojo de nervios. Pero no podía controlarse, sonreía sin parar y hablaba atropelladamente. Renji tuvo que intervenir y resumirles la razón de que la shinigami estuviera así.

―Me da mucho gusto por ti. ―Kiyone le dio palmaditas en la espalda.

―Eso es grandioso Kuchiki. ―Sentaro aplaudía.

―Rukia, ¿Cuándo le dirás al pequeño Neo?

―No lo sé. Ni siquiera sé cómo lo tomará.

―Le dará gusto saber que su atolondrado padre vendrá por él. ―Renji posó su mano en el hombro de ella.

―Eso espero. ―junto ambas manos en su corazón―Eso espero.

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Estuvo fuera prácticamente todo el día, manteniendo en ascuas a todos por saber qué había ocurrido en la Sociedad de Almas. Igualmente estaban ansiosos por contarle los resultados de Ichigo, quien se la pasaba mirando por la ventana. Siendo exactos, al cielo.

―Kurosaki, cálmate, aun estás débil y debes descansar. ―Orihime le ofrecía un vaso con agua.

―Lo siento, no puedo estar tranquilo hasta que esa gata loca regrese. ―en ese momento, un fuerte golpe en la nuca lo sorprendió.

Yoruichi lo golpeó con tal fuerza que lo hizo gritar y lagrimear de dolor. Y le hubiera hecho algo más de no haber sido por Urahara, quien entró corriendo para abrazar a su hermosa chica y rogar por saber cómo le había ido con Rukia, pues él fue el único que la vio en la rama del árbol antes de irse.

―Está bien, de hecho muy bien diría yo.

― ¿Por qué? ―Uryu estaba recargado en el marco de la puerta.

―Esa chiquilla, muy pronto será teniente de su escuadrón.―cruzó los brazos complacida.

― ¿De verdad? ―Orihime aplaudía―Esa es mi amiga, sabía que llegaría lejos.

― ¿Viste a Neo? ―Ichigo estaba feliz.

―No. ―cerró los ojos―Lo harás tú mismo en siete días.

― ¿Siete días? ―no parpadeaba.

―Sí, en ese tiempo estarás completamente recuperado. ―Isshin le daba palmadas en el hombro.

Urahara les dijo que Ichigo consiguió equilibrar su mundo interno, lo que implicaba que su energía espiritual también se restablecería sin contratiempos. De ese modo, podría volver a la Sociedad de Almas.

Por su lado, Kon no dejaba de revolotear y lloriquear. Exigía que lo llevase con él para poder ver a Rukia, así como al pequeño: "¡Qué bueno que no saco tu cara de tonto!", le gritaba mientras le restregaba una de las fotos que estaba en la mesa.


GRACIAS POR LEER!

Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)