Holas!
Aquí yo de nuevo jeje.
Bueno, como dije antes en mi nueva historia: ¡Cuidado, Uzumaki Naruto es padre! por la temporada alta de trabajo que comienza mañana, no actualizaré hasta Enero :'( pero serán solo unas 3 semanas sin actualizaciones...
Por otro lado, quiero dar las gracias por todos sus reviews! Eso me inspira a continuar!
¡Muchas gracias, 'ttebayo! :P
Pdata: Este capítulo lo quiero dedicar con cariño a mis amigas y compañeras de trabajo en MFNH: atadalove, tsuki (olvidé tu nickname de nuevo, sorry xD) y la jefa Kathy Kawaiii
Las amo nenas y estoy feliz de ser parte del equipo :*
Al resto los invito a unirse al grupo: Mundo Fanfiction NaruHina (en Facebook)
Ahora sí, disfruten de la lectura :*
CAPÍTULO 6:
Nuestro Hogar.
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Marzo, las flores brillaban con la luz del sol y las aves cantaban en los arboles. El paisaje más hermoso que hubieran imaginado se exhibía con claridad ante ellos.
—Estaré por siempre a tu lado, ¡'ttebayo! —sus brazos eran fuertes y cálidos, al menos así los sentía cuando él la abrazaba.
—Yo también, Naruto-kun…
—¡Despierta! —abrió los ojos asustada.
—¿Qué ocurre? —preguntó a su sobrina, que solo rodó los ojos y le entregó el teléfono móvil.
—Dije que estabas descansando, pero esta mujer insiste en hablar contigo —le entregó el aparato y se retiró de la habitación.
—¿Hola? —preguntó intrigada.
—¡¿Hinata?! —Escuchó del otro lado y retiró un poco el teléfono de su oído.
—S-sí.
—¡Al fin contestas! —escuchó un tendido suspiro—. ¿Cómo estás? Habla Ino, la asistente de Uzumaki Naruto —Hinata colgó antes de siquiera escuchar el nombre completo.
—No puede ser —el teléfono volvió a sonar.
—¿Por qué colgaste? —escuchó al contestar nuevamente—. Voy llegando a tu departamento, necesito hablar contigo. Es urgente.
—¿Me darías un adelanto, por favor? —le rogó prácticamente.
—Lo siento, prefiero que nos sentemos a conversarlo de frente.
—Entiendo. Esperaré por ti entonces —respondió calmada antes de colgar—. No ha de ser nada grave —se decía a sí misma para calmarse—. De seguro es para saber cómo estoy, él ha de haberla enviado sintiéndose responsable.
—Parece que aún no pierdes esa vieja manía de hablar sola —sus ojos se posaron en la castaña que había vuelto a la habitación—. Te extrañé mucho.
—Yo también —susurró abriendo sus brazos, sentada sobre la cama y recostada al espaldar.
—Nunca habías pasado tanto tiempo sin verme, pensé que ya no querías saber nada de mí —se acurrucó entre los brazos que se abrían para ella como una niña pequeña.
—No digas eso, sabes que si fuese por mí no te dejaría ni un minuto sola —besó su frente con cariño—. Sin embargo, ya sabes que no puedo ir a casa de nuestra familia y es allí donde Neji te tiene viviendo.
—¡Pero no es justo! —se quejó—. Yo no quiero vivir con el abuelo, ni con Neji-otousan, yo quiero vivir contigo, porque tú eres mi mamá.
—Hanabi…
—Es que no me parece justo, no lo entiendo, si mi mamá eres tú, ¿por qué tengo que vivir con Neji y con Tenten? Yo los quiero porque ellos me criaron y me han cuidado como si realmente fuese su hija pero… yo quiero estar contigo.
—Hanabi —tomó el rostro de la adolescente acunándolo—. Es mejor, por ahora que estés con ellos y no conmigo. Yo también deseo tenerte a mi lado, más que ninguna otra cosa. Eres mi tesoro, pero, debemos ser pacientes, ¿está bien?
—Sí…¡Pero en cuanto sea mayor de edad me vendré a vivir contigo! —exclamó con fuerza, levantándose de golpe de la cama—. Este es mi hogar, es nuestro hogar, porque, tú me lo dijiste, que este departamento es de mi verdadero papá.
—No puede ser… —susurró.
—¿Qué cosa? —preguntó la castaña.
—Nada, que aún no comemos nada y ya es tarde.
—Tranquila, cocinaré algo rápido para que no tengas que dejar la cama —el timbre de la puerta sonó—. Iré a ver quién es.
—Está bien.
Hinata se quedó sentada en su lugar, manteniendo la posición recomendada por el médico y dejó que un largo suspiro saliera de sus labios. Estaba intrigada y asustada. No sabía para qué quería verla Ino pero no tenía un buen presentimiento al respecto. Además, a eso se le podía sumar lo que su hija le acababa de recordar.
Tomó el té que Hanabi había dejado temprano en su mesa de noche. Ya estaba frio.
Lo revolvió un poco y lo tomó sin darle importancia a la temperatura en que estaba. Cerró sus ojos y recargó la cabeza en la almohada. Contó hasta 10.
—¡Hinata! —escuchó el grito de Naruko al entrar a la habitación.
—Hola, Naruko-chan —saludó con una cálida sonrisa en sus labios.
—¿Cómo estás? —preguntó Haruko subiéndose a la cama y sentándose a su lado.
—Estoy bien, gracias por preguntar.
—Pero estás en cama. Uno no se queda en cama cuando está bien —dijo la pequeña frunciendo sus labios.
—Haruko —tomó su rostro—. Cuando uno sufre un accidente, aunque esté bien de salud, debe permanecer un tiempo en cama para asegurarse que no haya un daño mayor.
—Entonces… ¿solo estás en cama por precaución? —Hinata asintió a la pregunta de la mayor de las hermanas—. Gracias a Dios… —se acercó y la abrazó—.Estaba muy preocupada.
—Tranquila, estoy bien.
—Niñas, por favor dejen a Hinata un momento a solas conmigo, tenemos cosas de que hablar.
—¿Eres tú quien llamó? —preguntó la castaña asomándose a la habitación.
—¿Tú eres Hanabi? —la joven asintió—. Mi nombre es Yamanaka Ino, un placer conocerte.
—Hyuga Hanabi —respondió reverenciando en señal de saludo.
—Hanabi, ¿podrías atender un momento a Naruko y Haruko mientras tu tía y yo hablamos? —la castaña asintió y las dos rubias le siguieron al recibidor.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó directamente Hinata al verla cerrar la puerta.
—Naruto y las niñas se quedarán aquí mientras remodelan la casa.
—¿Disculpa? —sus ojos se explayaron de la sorpresa—. ¿De qué estás hablando?
—Conseguí una copia del documento, sé que este departamento es de Naruto.
—Eso no…
—¿Lo vas a negar? —Hinata mordió su labio inferior—. No sé cómo ocurrieron las cosas, y no te voy a preguntar porque sé que no me lo dirás, pero, estoy de tu lado, aunque ahora no me creas.
—Ino, esto está más allá de lo que tú imaginas…
—¡No, tú lo estás complicando! —resopló y lanzó su fleco hacía atrás—. Este es el trato; la casa estará lista en 3 meses como máximo, para esa fecha me encargaré de que tu vida vuelva a la normalidad… bueno, si es que vivir escondida en tantas mentiras lo consideras normal.
—Ino, tú no tienes la menor idea de lo que estás diciendo, tú crees que todo esto ha sido mi elección y estás equivocada. Yo no…
—No es una opción, Hinata. Te lo aclararé, cuando digo que estoy de tu lado, me refiero a que tu viaje a Australia no se podrá realizar hasta dentro de 4 meses, me refiero a que guardaré tu secreto si colaboras conmigo y me refiero a que tu enemigo también es el mío.
—¿De qué enemigo estás hablando?
—Del que arruinó tu vida.
—Mi vida la arruinó mi abuelo, y no creo que siquiera sepa quién eres.
—Ha, sí, claro, eso es lo que tú crees, o mejor dicho, te han hecho creer.
—En serio, Ino, no te involucres en esto, por favor.
—Lo siento, cariño, ya lo hice, de hecho me involucro en cada cosa que tenga que ver con Naruto.
—¿Por qué te interesa tanto? —se arrepintió de haber pensado alguna probable teoría—. ¿Naruto y tú…?
—No digas tonterías —rodó los ojos—. No tengo tan mal gusto como tú.
—Eso fue cruel…
—Hinata, lo digo en serio, nunca debiste darte por vencida, aún no debes hacerlo, si le dijeras que eres Naida, entonces yo estoy segura de que…
—No vuelvas a mencionar ese nombre, por favor —desvió la mirada a un costado de la habitación—. Naida está muerta, ¿acaso obviaste ese detalle cuando investigaste a fondo el pasado de tu jefe? Tuvo un accidente de auto en el que su joven prometida falleció.
—Hinata…
—Fue conocida en todo el país la noticia, de hecho en todo el mundo, fue impactante, y el funeral fue hermoso, muy emotivo, yo estuve allí. Si estoy en lo correcto, él faltó porque estaba aún inconsciente, tal vez por eso no lo recuerda bien.
—¿Sabes qué?, no vine a discutir contigo, así que ignoraré tu ironía.
—En ese caso, yo ignoraré que intentas meterte en un asunto que no te compete.
—No te pareces en nada a la persona que me describieron.
—Eso es porque yo no soy la persona de la que te hablaron.
—¡Bien, cómo quieras! —se cruzó de brazos—. Ya traje el equipaje de las niñas y Naruto, vendré a traerlo en un rato a él.
—Bien, no me afecta en lo más mínimo.
—¿Y por qué tus piernas tiemblan bajo las mantas? —enarcó una ceja y exhibió una ladina sonrisa triunfante al ver a Hinata sonrojada—. Deberías ir organizando las habitaciones, este departamento es pequeño, deberías desocupar la habitación que queda junto a esta.
—Largo —susurró Hinata sin mirarle a la cara.
—Mejórate —dijo antes de salir sacudiendo su mano—. ¡Niñas, me voy! —exclamó al llegar donde estaban las 3 jóvenes tomando té.
—¡Ino, tienes que probar este té, está delicioso! —Harukó se levantó del suelo y corrió en dirección a Ino, aferrándose a su pierna—. ¡Hanabi-chan lo hizo!
—¿En serio? —tomó una taza que la rubia mayor le ofrecía—. Tenemos que probarlo entonces.
—Espero le guste —dijo con timidez la castaña, sin levantarse de su lugar.
—Es increíble —susurró Ino sin quitarle la mirada de encima—. ¿Tienes 14, cierto?
—Sí —respondió con una sonrisa en sus labios.
—Lo imaginé —sonrió y tras beber la taza besó la frente de las tres niñas—. Iré a traer a su padre, se quedarán a vivir aquí hasta que la casa esté lista, ¿entendido?
—¡¿De verdad?! —preguntaron en un grito ambas rubias.
—¿Nos quedaremos aquí con Hinata, y papá también? —preguntó Naruko dejándose caer al suelo.
—¿Se quedarán aquí? —esta vez fue Hanabi quien intervino en la conversación.
—Sí, lamento si se te hace incomodo, será por poco tiempo.
—No importa —respondió en el acto—. Solo estaré aquí un par de semanas.
—¿No vives aquí?
—No, vivo con mis padres, fuera de la ciudad.
—Ya veo… —la habitación quedó en silencio.
—Bien, pueden despedirse con calma, yo iré a preparar la cena, Hinata no puede cocinar, así que yo prepararé la cena. Ha sido un placer —reverenció—. Hasta luego —se retiró de la estancia.
—Naruko, Haruko —susurró Ino acercándose a las niñas—. Yo ya hice lo más difícil, que era meterlas a ustedes y a su papá aquí, ahora dejo el resto en sus manos.
—¿Crees que lo logremos? —preguntó la mayor.
—¡Claro! Su padre es un idiota, pero no es ciego y Hinata es muy linda, y algo me dice que ella no podrá resistirse demasiado a su padre.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó la rubia menor.
—Intuición femenina —respondió guiñando un ojo—. Cuídense mucho, en una hora más o menos traeré a su padre —agitó su mano y salió, cerrando la puerta tras de sí.
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En la habitación del hospital…
—¿Hola, mamá? —al fin le contestaban el teléfono.
—¡Naruto, al fin me llamas 'ttebane! —escuchó el grito de su madre del otro lado.
—Lo siento, han sido un par de días ajetreados, ¿ya llegaste de Maui?
—Hace 20 minutos aterrizamos en Japón, ya estamos en casa. ¿Dónde están las niñas, estás bien?
—Sí, todo está bien mamá —suspiró—. Dale mis saludos a papá, debo llamar a alguien, en cuanto pueda te vuelvo a llamar.
—¿Vas a colgar, y las niñas?
—Mañana las llevaré a tu casa si quieres, pero por ahora, debo irme —sin decir más colgó el teléfono—. Maldita sea… —susurró dejando caer el teléfono en la cama—. Tengo que dejar de pensar en eso —sacó la fotografía del saco y se quedó observándola—. ¿De verdad…? ¿De verdad desapareciste de este mundo por mi culpa? ¿Cómo pude haber destruido lo que más me importaba?
—La vida suele ser injusta —escuchó una voz familiar a su espalda.
—¿Neji? —el castaño se sentó en una silla frente a él—. ¿Qué haces aquí?
—Tenía que traer unos papeles pendientes del seguro, ¿y tú?
—Quería saber cómo estaba —cubrió la fotografía y la guardó—. Estaba algo preocupado y pensé que aún seguía aquí.
—Yo escuché decir lo mismo —se levantó—. Es agradable, quería despedirme.
—Sí…
—Bueno, Naruto, un placer verte —extendió su mano y tomó la del rubio—. Mantendré a Ino al tanto de la construcción.
—Gracias… Nos veremos luego —el castaño agitó su mano y caminó hacia la puerta—. ¡Neji, espera!
—¿Qué pasa?
—Lo siento —susurró bajando la mirada sus pies—. ¡Lo siento mucho, 'ttebayo!
—No te preocupes por eso, fue hace mucho tiempo Naruto.
—Aún así, lo siento.
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Aquel lugar era agradable, a él le agradaba, aunque era solo un viejo salón de baile, aburrido y desolado en gran parte del año.
Estaba lleno de luz, flores y bonitas decoraciones. Era cálido y agradable y solo unas pocas personas estaban sentadas en las gradas bancas improvisadas con cajas de madera.
Una joven rubia de ojos verdes, vistiendo un traje negro estaba de pie al centro y al fondo de la sala. Un libro residía sobre sus manos y frente a ella, en una pequeña mesa de té, algunos papeles.
De pie frente a la mesa, mirando hacia el pasillo y con la mano extendida se encontraba un hombre. Era joven, y lo único que brillaba más que su rubio cabello eran sus ojos; azules como el cielo. El hermoso traje color champagne que le ajustaba al cuerpo y su corbata anaranjada, combinados con tenis le hacían lucir relajado.
Sonreía, sonreía idiotizada mientras sus mejillas sonrojadas le acompañaban por el pasillo improvisado, haciendo que los presentes se levantaran de sus asientos.
Sus manos temblaban sosteniendo el buqué y luchaba por no enredarse con los pequeños tacones, eran bajos, pero los nervios no ayudaban demasiado. El escote del vestido resaltaba su busto y una cinta con un gran lazo ajustaban su cintura, dejando el resto de la tela blanca caer, corto al frente y con una cola colgando en V en la parte trasera, recubierto con tul más largo. Fue lo más cercano a un vestido de novia que consiguió en su armario aquel día.
Aquella mano estirada tomó una de las suyas y de nuevo estaba rodeada por aquellos cálidos brazos. Se sentía feliz.
Sintió un beso sobre su frente y la mujer rubia comenzó a hablar.
Firmaron los papeles y aquel caballero de pulcro traje le besó.
Se escuchaban los aplausos y la algarabía que envolvió de pronto el lugar.
No eran muchos los presentes, pero era sincera la felicidad que sentían.
—Ahora sí, jamás, nadie nos podrá separar.
—¿De verdad? —preguntó ella aferrada a su espalda.
—¡Lo juro, 'ttebayo!
—¡Hinata! —gritó un hombre al cruzar la puerta del salón.
—¡Hinata, despierta! —insistía la rubia mayor.
—¿Dónde estoy? —preguntó al abrir los ojos.
—En tu casa —dijo la castaña tomando una toalla y secando la frente adulta—. ¿Tuviste una pesadilla? Estabas sudando mucho.
—Nos asustaste —dijo la pequeña sujetando su mano.
—Lo siento, no ha sido nada importante —las dos rubias le abrazaron a los costados y Hanabi se metió en el medio—. Gracias…
El timbre retumbó en el departamento.
—¡Llegó papá! —gritaron las dos rubias antes de correr fuera de la cama y de la habitación.
—Mamá —la castaña se acercó a Hinata, susurrándole al oído—. No te preocupes, todo estará bien —se retiró de la habitación.
—¡¿Hinata?! —escuchó ese grito y un estruendoso choque a mitad del pasillo—. ¡Lo siento, 'ttebayo!
—¡¿Eres un niño o qué para andar corriendo sin fijarte por dónde vas?!
—No me hables así, mocosa —se quejó el rubio pellizcándole una mejilla.
—¿Qué ocurre allá afuera? —el rubio se detuvo en el acto y dejó a la castaña quejándose en el suelo.
—¡Hinata! —exclamó con una amplia sonrisa en sus labios—. Ino no me estaba engañando —se acercó y se sentó al borde de la cama, siendo observado detenidamente por las 3 niñas desde la puerta—. ¿Cómo estás?
—B-bien —respondió esquivando su mirada.
—Oi, de verdad lo siento, y a todas estas, ¿puedo llamarte Hinata, no tienes ningún problema con eso? —ella negó—. Qué bien… Ino me contó que estás bien y que no hubo mucho que lamentar del accidente. Aún así estoy muy apenado, 'ttebayo…
—N-no te preocupes —giró su rostro a un lado—. ¿Pu-puedes dejarme sola, por favor?
—¿Ocurre algo malo?
—Na-nada…
—No puede ser… —susurraron las niñas entre sí.
—Naruko, ¿a Hinata le gusta papá? —preguntó la más pequeña.
—Eso creo.
—¿Qué? Claro que no —reviró Hanabi.
—¿Qué no? ¡Pero si fue tan obvia! —le repelió Naruko.
—Eso es imposible, Hnata solo ha amado a una persona en su vida. No puede de la noche a la mañana fijarse en un desconocido —se dio la vuelta sacudiendo su largo cabello y caminó en dirección a la estancia principal.
—¿Tú que sabes? —dijo Naruko tras ella, pasando una mano por su cara luego de haber recibido una bofetada con el cabello castaño—. Hinata es joven aún y papá es guapo.
—¿Te parece guapo, ese hombre? —sonrió con sorna—. Solo lo vez con ojos de amor fraternal, pero es tan guapo como recibir una patada en la ingle.
—¿Ah sí? —los ojos azules de la rubia se afilaron—. Pues con solo verte no quiero ni imaginar el rostro de tu padre.
—¡Pues-¡
—¡Ay, cállense! —intervino Haruko—. Ya están mayorcitas para esas discusiones.
—A mi no me grites, enana —Hanabi le tomó la mejilla, pellizcándola con suavidad. Suspiró—. Vamos, serviré la cena, ¿me ayudan?
—¿Sabes cocinar? —preguntó la mayor.
—Sí, ¿acaso tú no? —Naruko negó—. Si quieres puedo enseñarte.
—¿En serio? —Hanabi asintió.
—Sí, puedo enseñarte durante el tiempo que pasaré aquí.
—Eso sería genial —tomó el brazo de Hanabi y la arrastró a la cocina—. ¡Vamos, quiero ayudarte a preparar la mesa!
—¡Yo también quiero ayudar! —exclamó Hanabi colgándose del otro brazo de la castaña.
—Sí, sí, que escandalosas.
En la habitación…
—¿Hubo alguna complicación? —preguntó preocupado—. ¿Tu cabeza, tu columna están bien?
—S-sí, no ha sido nada grave.
—¡¿Cómo puedes decir que no?! —afirmó las manos a los lados de la cama, acercándose a ella—. ¡Yo vi lo que pasó, fue un golpe fuerte!
—Sí, pero el doctor ha dicho que estoy bien, solo necesito un poco de reposo y descanso —puso las manos en los costados de su cintura—. Tengo que usar esta faja clínica un tiempo por prevención, pero estoy bien.
—Es un alivio escuchar eso —ella desvió la mirada en silencio y él se levantó del borde de la cama—. Lo siento mucho —dijo inclinándose, logrando llamar la atención de Hinata.
—¿P-por qué? —preguntó con un leve sonrojo en sus mejillas.
—Por todos los problemas que mis hijas y yo te hemos causado los últimos días —tomó su mano—. Si así lo quieres, puedo irme ahora mismo, solo quería saber que estabas bien, yo… me alegro mucho de que no estés bien.
—No hace falta… que te vayas —sus ojos brillaban por verlo ahí, frente a ella—. Puedes quedarte… el tiempo que quieras…
—¡Muchas gracias! —exclamó acercándose a ella, rodeándola con sus brazos, ese abrazo que hizo su corazón acelerarse aún más—. Voy a decirle a las niñas que nos quedaremos aquí.
—S-sí —apenas podía respirar—. Él realmente no recuerda nada… —las lágrimas querían escapar de sus ojos, pero solo se cubrió con las mantas, dejándose envolver por los recuerdos que atesoraba.
La primera vez que cruzó las puertas de ese departamento.
Había llegado con los ojos cubiertos por un pañuelo, un par de cuadras en el auto sin ver a donde iba, solo escuchaba las puertas abrirse y cerrarse y sentía aquellas manos que la guiaban. La sensación del ascensor y la luz que se colaba por el pañuelo con fuerza.
—¡Llegamos, 'ttebayo! —escuchó que él exclamó y se quitó el pañuelo, subiéndolo sobre su cabeza.
—¿Qué…? —quedó sin palabras. La vista era hermosa.
Una ventana panorámica de techo a suelo se abrió ante ella, era medio día y el sol entraba con fuerza, iluminando toda la estancia. Una pequeña pero cómoda sala de estar, una puerta que daba a la cocina y un pasillo.
—¡Realmente me encanta esta vista! —exclamó con sus dedos sobre el crsital de la ventana—. ¡Ven, tienes que ver el resto, Naida! —tomó su mano nuevamente y la arrastró rumbo al pasillo—. Espero que te guste —susurró a su oído, de pie tras ella frente a una de las habitaciones—. Sé que estás acostumbrada a más, pero ahora mismo es lo máximo que te puedo dar.
—Naruto… —una de las puertas se abrió. Era una bonita habitación matrimonial. Todo era blanco y lila, decoraciones detalladas y trabajadas.
—Pensé en todo lo que podría gustarte, quería que fuera suficiente para ti —la tomó de la mano y la llevó a la segunda habitación—. Esta supongo que no la usaremos mucho, pero, podría llegar a ser útil algún día.
—Naruto…
—Espera, aún quedan dos habitaciones, hay una igual a esta, sin nada en especial, pero, la más importante es esta —abrió la puerta junto a la habitación principal.
—Naruto... esto es… yo…
Una habitación teñida en rosa se apareció frente a ellos. Una cama individual parecida a un sofá, una silla mecedora, algunos estantes con peluches y una cuna de madera blanca. Sus manos temblaron tocando las paredes, y por instinto las llevó a su vientre. Hasta ese momento no había entendido la realidad de su situación.
—Sé que no es mucho, Naida, pero, ahora mismo, si pudiera darte todo lo que acostumbras tener lo haría, pero no puedo, por eso, ten paciencia, te juro que conseguiré una casa el doble de grande de la que vives ahora con tus padres.
—No importa… —las lágrimas se escaparon de sus ojos y se sentó al borde de la cama—. Naruto-kun… vamos a tener un bebé y… tengo miedo… tengo mucho miedo.
—Oi, cálmate —se sentó a su lado y la abrazó—. Sabes que estoy contigo, en el momento en que me lo dijiste hablé con Neji y él-
—¡¿Qué?! —se levantó alejándose de él—. ¿Qué hiciste qué? Neji se lo va a decir a papá, ¿cómo pudiste hacer eso, Naruto?
—Cálmate, por favor —la tomó de los hombros y la rodeó con sus brazos—. No pienso dejarte sola, ni ahora, ni nunca, ¿está bien? Me haré cargo de todo, incluso le dije a mi padre que comenzaría a trabajar, él tiene tiempo diciéndome que lo haga, y ahora tengo la motivación y una razón para hacerlo.
—Pero, solo tenemos 15, ¿cómo se supone que criemos un niño? ¡Nosotros somos niños!
—¡Hinata! —gritó haciéndola temblar—. Si jugamos a ser adultos para meternos en una cama, nos tocará jugar a ser adultos y hacernos cargo de esto, los dos, y yo cargaré contigo, conmigo y con nuestro hijo, porque es nuestro y no me importa lo que el mundo diga, tengo la posibilidad de hacerlo y lo haré.
—Pero…
—Neji ya trajo algunas de tus cosas. Él quiere apoyarnos y mis padres también lo están haciendo. Ellos me consiguieron este departamento.
—¿Neji… tus papás…?
—Los papeles… les pedí que los pusieran a nombre de los dos, y lo consiguieron.
—Pero… cuando mi papá sepa…
—Para ese momento ya estaremos casados, Hinata —suspiró y la llevó hasta el borde de la cama, ella se sentó—. Nos casaremos esta misma tarde, ya Neji se las arregló para conseguir las firmas de tus padres en el permiso, ya sabes, por ser menores de edad, es necesario que nuestros padres estén de acuerdo.
—Tengo miedo… —susurró enterrando el rostro en su pecho.
—Todo va a estar bien, te prometo que estaré contigo, Naida, ¡no, Hinata! —tomó sus manos y la miró directamente a los ojos—. Te amo, a ti y a nuestra hija, ¡porque estoy seguro de que será una niña tan hermosa como tú!
—Yo también te amo, Naruto-kun —una risa se escapó de sus labios y se aferró a él.
Abrió los ojos y volvió a la realidad.
Estaba sentada en la cama de la misma habitación principal de aquel departamento, 14 años más tarde, con las manos temblándole como la primera vez, con los ojos llorosos como la primera vez, con el corazón arrugado y preocupado como la primera vez y con las mismas dudas que la primera vez.
—¿Te vas a ir? —preguntó al aire debajo de las mantas.
—Si quieres me voy —escuchó una respuesta y descubrió su rostro.
—N-no hablaba contigo —desvió la mirada con un leve sonrojo en sus mejillas.
—Lo sé —se acercó y extendió su mano a ella—. Las niñas prepararon la cena, ¿puedo ayudarte a llegar a la cocina? —ella asintió en silencio y él la levantó en brazos como a una princesa—. Sinceramente, estabas más pesada el día del incendio.
Dejó escapar una carcajada y con cuidado de no golpearla llegó al comedor. La dejó con cuidado sobre la mesa y se acercó a la ventana junto a los muebles. Observó las luces nocturnas brillando en la ciudad, la luna ocultándose a la distancia entre las nubes y posó sus dedos sobre el cristal.
—¿Puedo decirte algo? —ella asintió desde su lugar mientras Hanabi le dejaba el plato frente a ella—. Realmente me encanta esta vista.
—Lo sé —susurró con una tenue sonrisa—. Siempre te ha gustado…
o
O
o
Continuará…
Besos~~ FanFicMatica :*
