GRACIAS POR LEER
Ofrezco una disculpa si no leo a tiempo los review u/u
*Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.

Únicamente los tomo prestados para crear una historia alternativa, sin fines de lucro*

Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)


Capítulo 30: La deuda del Tiempo


Ya no había dudas ni sombras en su corazón, por lo que aceptó el puesto como teniente de la decimotercera división. Rukia abrazó con fuerza a su capitán antes de correr a casa para hablar con Neo. Dejó atrás a un hombre con las esperanzas rotas, a dos amigos aun celebrando por ella y a un capitán complacido por verla realizada.

Mientras corría, planeaba ir por su hijo y de ahí a la capitanía de su hermano para hablar con ambos al mismo tiempo. Así se ahorraría el tener que explicarlo dos veces, aunque eso no le molestaba del todo pues se trataba de su felicidad. ¿Qué tiene de malo ser un poco egoísta de vez en cuando?

Vio a Neo que dormía la siesta cuando llegó, por lo que lo cargó con sumo cuidado y lo llevó hasta donde Byakuya. Todos en la sexta división la observaban extrañados, pero le permitían el paso pues era la hermana del capitán.

― ¡Hermano! ―su grito despertó al pequeño.

― ¿Le pasa algo a Neo? ―aventó la silla para acercárseles.

―No, pero tengo una buena noticia. ―lo abrazo, dejando a Neo en medio.

Cuando el pequeño intento separarlos, Rukia lo beso en la frente y lo sentó sobre el escritorio. Aferró sus manos en la ropa de su hermano y, torpemente, le dijo que aceptó el cargo de teniente, seguido de la visita de Yoruichi:

―Así que Kurosaki Ichigo volverá. ―miraba de reojo a su sobrino―Dos noticias buenas este día. ¿Entonces en un mes serás nombrada oficialmente teniente? Estoy orgulloso de ti, Rukia.

― ¿De verdad?

―Siempre lo he estado, y Hisana también lo estaría.

―Mami, ¿Papá vendrá? ―Neo los interrumpió.

La ojivioleta lo cargó y le planto besos en toda su carita, al mismo tiempo que le decía que muy pronto conocería en persona a su padre. Le pregunto si se sentía feliz, a lo que el pequeño reía y asentía con la cabeza. Byakuya no toleraba alborotos en su escuadrón, pero al ver que su sobrino estaba involucrado en la alegría, lo pasó por alto.

En cuestión de segundos, todo el Seireitei sabía de la próxima llegada del shinigami sustituto. Los rumores y especulaciones recorrían incluso las calles del Rukongai. Rukia los paso por alto, aun cuando salió de la oficina de su hermano y caminaba, con Neo de la mano, con la frente en alto y una enorme sonrisa. Poco usual en los Kuchiki.

No dejaba de fantasear con verlo y colgársele para besarlo con pasión, misma que desencadenaría las noches de pasión que se debían. Anhelaba tenerlo entre sus brazos, aferrarse a su cuerpo para empaparse de su esencia. Quería marcarlo de por vida en su piel, en su alma y su corazón. También imaginaba verlo jugar con Neo, ver crecer a su hijo con la figura paterna que temía nunca tuviera. Pues no importaba cuanto su hermano y Renji convivieran con él, Neo siempre lloraba o recriminaba la ausencia de su padre. "En una semana todo cambiara", en verdad estaba entusiasmada, ignorando la posibilidad de que algo podría salir mal.

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No se apartaba de la ventana, alimentando la esperanza y creyéndose el cuento de "vivieron felices para siempre". "¿Qué podría salir mal?... Muy pronto te conoceré, Neo.", sonreía como tonto al vacío. Ni los gritos y las imprudencias del latoso peluche lo distraían. Ichigo seguía mostrándose optimista al ver que su estabilidad espiritual se equilibraba cada vez más; asunto que también tranquilizaba a su padre:

― ¿Sabes que me meterás en más problemas con tus hermanas?

― ¿Por qué?

―No sabes lo que me costó crear una mentira de la cual no sospecharan. ―sonrió irónico―Aun así, ninguna me creyó. Dime paranoico, pero ellas han de saber un poco de la verdad.

―Lo siento viejo. Cuando decida volver con mi hijo y mi mujer, yo mismo hablaré con mis hermanas.

― ¿Qué les dirás? ¿Qué te iras a estudiar al extranjero de nuevo?

― ¿Eso les dijiste? ―lo miro burlón.

―Algo así. ―carcajeo―Ichigo, lo que decidas está bien. Recuerda que se trata de tu felicidad, únicamente pido que no las abandones.

―No lo haré.

Cruzaron una fraternal mirada, entendiéndose como padre e hijo a través de bromas y risas en lugar de inusuales golpes y gritos infantiles. Si bien, no disfrutaron de ese breve momento familiar ya que Yoruichi interfirió al llegar gritando a todo pulmón que se preparara para regresar a la Sociedad de Almas.

―Aún falta una semana.

― ¿Y eso qué? Tienes que estar en buenas condiciones para que Neo conozca a su legendario padre, como en sus tiempos de gloria.

― ¿Cómo que sus tiempos de gloria? ―una venita sobresalía de su frente― ¿Estás diciendo que soy un debilucho?

―Sabes que adoro hacerte rabiar, pero esta vez no lo haré. ―le dio palmaditas en la espalda―Tú, siempre serás de ayuda en la Sociedad de Almas.

― ¡Ok! Comprendo, mejor lárguense y déjenme descansar. ―ya no quería demostrar sus sentimientos.

―Muy bien, nos vemos por la mañana. ―la morena salió despreocupada.

―Regresare con tus hermanas, el día en que partas con tu familia.

―Gracias, viejo.

Sin decir más, ambos se despidieron. Ichigo se acomodó en la cama y cruzó las manos detrás de su cabeza, para observar el vacío interminable del techo. Únicamente la poca luz de la luna le permitía ver la vieja madera.

―Rukia, mi amor. ―sus ojos se cerraban involuntariamente―Rukia…―tras un gran bostezo, quedó profundamente dormido.

De pronto abrió de par en par sus ojos, intentando reconocer su alrededor. Estaba en medio de un hermoso túnel formado por cientos de glicinas violetas, blancas y azules. Un hermoso arcoíris sutil y sublime que le recordaba el encantador aroma de Rukia, su tersa piel, lo fascinante de sus ojos y la sensualidad de su cuerpo al estar juntos. Se ensimismo tanto en absorber aquel agradable aroma que ignoro la pequeña silueta frente a él, a unos cuantos metros en medio de las glicinas.

― ¡Ey! ―caminaba a esa dirección.

Estaba intrigado. Aquella figura estaba rodeada de la fina cortina de flores por lo que no distinguió su rostro hasta tenerla a unos cuantos pasos. Por supuesto, enmudeció y ahogó las lágrimas para gritar su nombre en voz alta.

― ¡Rukia!

―Ichigo. ―lo veía sobre su hombro―Mi amor. ―extendió sus brazos.

―Mi amor.

La cargo y la besó de tal forma que la pequeña shinigami se ruborizo. Sus manos recorrían todo el cuerpode aquella mujer: sus hombros, su espalda, su cintura, sus muslos y sus senos. En medio del intenso beso, Ichigo murmuraba lo mucho que la añoraba, que apetecía hacerle el amor toda la noche.

―Hazme el amor. ―le susurró al oído mientras se descubría el torso.

―Demonios. ―no resistió acariciar sus hermosos senos―Rukia, te amo.

―Te amo. ―cogió su mano para que la mimara.

― ¡Tsk!

―Sabes cómo complacerme. ―le dijo mientras lo incitaba a consentirla― ¡hah!

―Lo sé.

Sonrió complacido. Ichigo jugueteaba con el ya excitado clítoris de Rukia. Haciéndola estremecerse de placer, especialmente cuando intensificaba los movimientos circulares que ocasionaban que se lubricara aún más. "No recuerdo que fuera tan húmeda." La besaba, la acariciaba y lamía sus senos. Y cuando ella gemía de placer, Ichigo no resistió reemplazar sus dedos por su excitado miembro.

― ¡Hah! ―arqueo la espalda cuando, de una estocada, él la penetro.

Respiraba en su cuello, dejando escapar cada jadeo, cada gemido. Inicio con un sutil vaivén, pero, al sentir como Rukia lo aprensaba con sus piernas, se desquicio. La embestía con tal rudeza que la shinigami gemía aún más fuerte, le rasguñaba la espalda y gritaba su nombre entre jadeos. Comenzaban a empaparse de sudor. El colchón resentía los subibajas erráticos del pelinaranja sobre la pequeña ojivioleta.

― ¡Hahh!

― ¡Hahh! ―le mordió el hombro.

― ¡Tsk!

En un precipitado movimiento Ichigo volteo a Rukia boca abajo, levanto su cadera y admiro el hermoso trasero que lo enloquecía. Pero lo que le importaba era encontrar nuevamente la deliciosa flor que lo excitaba tanto. Y justo al encontrarla, y sin preámbulos, la penetro vorazmente. Se recargó sobre su espalda y jugueteaba con sus senos; los acariciaba y los pellizcaba. Estaba en su límite, ya no encontraba otra forma de hacerla gemir de placer.

― ¡Hahh, Ichi…go! ―sus brazos amortiguaban el golpe contra el colchón.

―Rukia… ¡Hah! ya no aguanto más… ¡hah!

―No, sigue… ¡Hah! sigue…

¿Cómo podía resistirse a esa petición? Su voz era tan sensual, tan sexy y llena de lujuria, que Ichigo se irguió, la sujetó con fuerza de la cadera y continuó penetrándola. Rukia inmediatamente comenzó a gemir aún más; ya casi no podía gritar el nombre de su amante debido a la excitación que le indicaba que estaba por sucumbir a un glorioso orgasmo.

―No pares, ¡hah! ―arrugaba entre sus manos la única sábana que quedaba en la cama.

― ¡Tsk! Rukia, ya…

Al mismo tiempo, Ichigo gimió junto a Rukia. Ambos sintieron un esplendoroso orgasmo que los dejó completamente exhaustos. Pero, en cuanto él se dejó caer sobre la cama, para ver a Rukia, se golpeó tan fuerte en el costado que cerró los ojos, y al abrirlos estaba sólo:

― ¿Kurosaki? ―Orihime tenía una charola con una taza de té.

― ¿Qué demonios pasó? ―miraba para todos lados, desde el piso― ¿A dónde fue Rukia?

― ¿Kuchiki?... Ella está en la Sociedad de almas. ―lo miró detenidamente hasta que…― ¡Ahh! Kurosaki, será mejor que me vaya. ―… vio una parte de Ichigo muy animada.

―No entiendo ¿Qué demonios fue lo que pasó?

Cuando estaba por levantarse, sintió la razón por la que Orihime salió corriendo. Su entrepierna estaba en su cúspide, estaba tan acalorado que comprendió que había tenido un sueño sumamente erótico con su amada. Por un instante se avergonzó de que la ojigris lo descubriera, pero en segundos no paro de sonreír como tonto, al pensar en que al tener a Rukia frente a él le haría millones de cosas para complacerla.

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Cada vez falta menos para que se reencuentren, por eso Rukia estaba feliz y nerviosa. Hurgaba y arrojaba la ropa por toda su habitación en busca de un hermoso kimono, para que Ichigo la viera hermosa. Estaba haciendo escándalo al tirar cajas, al caerse del banco para alcanzar cosas de las repisas altas y al gritar que nada le gustaba, que Byakuya, junto al anciano, fue a averiguar el porqué:

―Rukia, ¿estás bien? ―miraba a Neo jugar con la ropa tirada.

―Sí… bueno, no… es que… ―suspiro y se dejó caer al piso.

―Señorita, ¿busca algo en especial? ―el anciano levantaba el desorden.

―Sí. Quiero que Ichigo me vea hermosa. ―se abrazaba a sí misma.

―Kurosaki será un tonto si piensa lo contrario cuando te vea. ―Byakuya se cruzó de brazos―No tienes porqué estar nerviosa, si quieres algo que ponerte me lo hubieras dicho. ―miró al anciano―Por favor, trae la caja blanca de mi habitación.

― ¿La de…?

―Sí.

―De acuerdo. ―salió en busca del pedido del ojivioleta.

Rukia miraba a su hermano inquisitivamente, a la vez que recordó cuando entró a su habitación buscando una pista de su origen. "Recuerdo esa caja… estaba al fondo de su armario, hasta arriba y oculta tras algunas prendas." Bajo la mirada, sin parpadear y con la boca abierta. Vagamente logro ver dentro de ella: había ropa doblada, pero no supo que era.

―Aquí está señor.

―Entrégasela a mi hermana.

Con una gran sonrisa, el anciano abrió la caja ante ella. Rukia logró ver claramente aquella prenda que le fascino debido a lo suave que era. Y como no, pues estaba hecha de la seda más fina que podía encontrarse en el Seireitei. En cuanto el hombre extendió la prenda, la ojivioleta se fascinó al ver que se trataba de un hermoso kimono tan blanco como la nieve, y sutiles bordados, de hilo dorado, de flores de cerezo.

― ¡ah! ―se cubrió la boca―Hermano, por favor dime que era de mi hermana Hisana.

―Ella se veía realmente preciosa. ―se acercó para admirarlo y oler el ya evaporado perfume.

― ¿Cuándo lo uso? ―lo tocaba con sumo cuidado.

―En nuestra boda.

― ¿En su boda? ―se apartó―No, no puedo aceptarlo. Hermano, este es un recuerdo muy especial y yo no…

―A Hisana le hubiera gustado verte con el puesto. ―le dio la espalda―Ella, sufrió y diariamente se recriminaba el haberte abandonado a tu suerte. Pese a su estado de salud, siempre salía a buscarte y rezaba por encontrarte. Nunca lo consiguió. ―suspiró.

―Hasta que murió. Seguramente fue por culpa mía.

―No. Ella ya estaba enferma cuando la conocí. ―la miraba sobre su hombro―Ella era tu hermana, de sangre, y me hizo jurarle que te haría pensar que yo era tu hermano. Sin embargo, descubriste todo y no pude cumplir su deseo.

Rukia abrazo por la espalda a Byakuya, enmudeciéndolo y causando que abriera de par en par sus ojos. Por primera vez, la ojivioleta se animó a estrechar sus lazos familiares con aquel hombre que le salvó la vida a su hermana y a ella.

―Sin ti, mi hermana hubiera muerto en el basurero del Rukongai. Por lo que cuentas, ella era frágil, dulce, tierna y noble. No hubiera sobrevivido en esa cloaca. ―hundía su rostro en su espalda.

―Rukia, también gozas de esas cualidades.

―Mami. ―Neo dejó de jugar y corrió para abrazarla de la pierna― ¿Por qué lloras?

La shinigami soltó a su hermano, se limpió las lágrimas y se acuclilló para ver a su hijo. Le revolvió el cabello y le explicó que lloraba de felicidad. "¿Se llora cuando se es feliz?", esa pregunta les robo una sonrisa a todos.

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Una semana, y únicamente habían pasado tres días. "En cuatro días más, sólo un poco más y podre estrecharlos entre mis brazos", pensaba Ichigo al ver sus manos vacías. Aun así, no había momento en que no sonriera. Incluso se llevaba bien con el peluche latoso, pese a las maldades que este intentaba hacerle para irritarlo.

Aun se sentía un poco débil, pero ya salía al patio trasero y bañarse con un poco de sol. Otro hecho que lo animaba era que ya no se mostraban complicaciones con su reiatsu. Al parecer el aparatejo de Mayuri fue de mucha ayuda, haciendo de aquel capitán sumamente feliz al haber experimentado en el sujeto que tanto anhelaba estudiar. No le importaba no haber estado presente, pero con el hecho de que su invento fue probado en el shinigami sustituto, enloqueció al capitán.

Y ahora, quien le hacía compañía era su mejor amigo del mundo, Uryu:

―Kurosaki, eres bastante aburrido. ―limpiaba sus lentes.

―Nadie te dijo que vinieras, puedo estar solo. ―tenía las manos en la nuca.

― ¡Tsk! Urahara dijo que no puedes estar solo, e Inoue debe atender su vida también.

― ¿Qué hay de Chad?

―Sad, práctica diariamente con su banda. Y como Inoue me ofreció para hacerte compañía, él se desentendió.

―Está bien. ―Ichigo se recargó hacia atrás para ver mejor el cielo.

Uryu no evito sonreír junto a su amigo al saber que muy pronto también conocería al pequeño por el que, hace cinco años, se desató una serie de malos entendidos y problemas en el Seireitei. Palpó su bolsillo al recordar que no pudo tejer un regalo para el bebé, pero si unos guantes color amarillo.

― ¡Oye! Kurosaki. Toma. ―extendió la mano con los guantes.

― ¿Hum? ―los cogió― ¿Qué es esto?

―Son unos guantes que hice para Neo. Dáselos. Seguramente no has pensado que darle cuando lo veas.

―No tienes por qué hacerlo, Ishida. ―se los regresó―Ya veré que le daré a mi hijo, tu eres quien debe darle esto.

Ambos se miraron antes de carcajear un poco. Era extraña la forma en que su amistad perduraba. Extrañamente, ese día no discutieron por alguna tontería y conversaron sobre los planes que tenían a futuro: Uryu quería alejarse de Karakura para poder iniciar desde cero su vida, nada más tenía un problema por resolver.

―Vamos, dímelo. Hay que aprovechar que estamos de buen humor.

―Nunca cambiaras Kurosaki. ―se acomodó los lentes―La verdad es que, tiene tiempo que quiero decirle a Inoue lo que siento por ella.

El pelinaranja escupió el agua. Con las gotas escurriéndole por el mentón, mirándolo estupefacto, le pregunto cómo es que guardo por tanto tiempo sus sentimientos. Y algo que lo intrigó aún más, ¿Cómo demonios no lo demostró?

― ¡Tsk! Me gusta ser discreto con mis sentimientos.

―Lo sé, pero no comprendo porque nunca se lo dijiste.

―Fueron muchas cosas. ―se cruzó de brazos―No acepte lo que sentía por ella porque pensé que le gustabas.

―Eres un idiota. ―una gota caía por su nuca―Ella y yo nunca nos dimos a entender que sentíamos algo más que amistad. ¿Qué demonios te hizo pensar semejante estupidez?

―Ya te lo dije. Llámalo inseguridad. ―evadía la mirada.

Ichigo le dio palmaditas en la espalda y le aconsejo que se atreviera a decirle sus sentimientos a la ojigris. Uryu estaba algo renuente, pues comenzó a sentir más que afecto por ella antes de que Rukia tuviera al bebé, y los problemas que surgieron no daban oportunidad para acercársele de esa forma.

Ambos se ensimismaron tanto en la conversación, que no se dieron cuenta de que Orihime escucho cuando Uryu menciono que en verdad la amaba:

― ¿Qué dijiste, Ishida? ―sus manos temblaban.

―Inoue. ―dio un paso hacia atrás, temeroso.

Ichigo intervino para decirle que era importante que escuchara a Uryu, antes de sacar conclusiones apresuradas y erróneas. Tuvo que cogerla de los hombros y verla a los ojos para asegurarle que era conveniente, pues nadie sabía lo que puede pasar si se evitan las oportunidades. Y a todo eso, Orihime asintió y caminó lentamente hasta el ojiazul, mismo que estaba ruborizado y fingía toser para que Ichigo entendiera que los dejara solos.

―Yo… ―al ver como el pelinaranja se alejaba, se armó de valor.

― ¿Desde cuándo sientes algo por mí? ―solo estaba parada a su lado.

―Ni yo mismo puedo explicarlo con exactitud. ―la miraba de reojo―Lo que puedo asegurar es que es verdadero. Todas las veces que te veía sonreír o llorar por tus amigos, supe del gran corazón que tienes. También de la nobleza que te hace inocente y linda.

―Ishida, me tomaste por sorpresa. ―jugaba con sus manos.

―Lo siento, en serio no―negaba con las manos―tienes que sentirte comprometida u obligada, yo…

―Lo cierto es… que… me gustas. ―se cubrió la cara con ambas manos―Tiene bastante tiempo, pero no podía prestarle atención a mis sentimientos por los problemas que nos rodeaban.

El ojiazul sintió un gran alivio al escucharla decir todo eso. No era el único que lamentaba ese tiempo perdido, si bien no le interesaba ya. Lo que importaba era que ella accedió atener un acercamiento más allá de una amistad.


Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)