Buenas noches, o más bien madrugadas xD
Debo disculparme antes que nada por desaparecerme y llegar ahora con este capítulo tan corto uwu… pero de verdad que he tenido trabajo estos días TwT y las correcciones de los fics para el reto me tienen al borde de la locura ._. jajaja
En fin…
Espero este nuevo capítulo sea de su agrado.
Mil gracias por tantos hermosos reviews, eso es mejor pago que mi salario(¿ ajajja. Sigan dejando y yo seguiré actualizando :P
Disfruten la lectura!
CAPÍTULO 7:
Frustración.
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¿Cómo saber cuando algo está mal? O mejor dicho, ¿cómo saber qué tan malo es? Es una duda que surcó mi mente por tantos días, tantas noches, tantas semanas, meses y años, aún me lo pregunto, sobre todo cuando veo a Hanabi a los ojos, viendo mis propios ojos, en esa firme y decidida actitud que yo jamás tuve a su edad.
Pero estaba bien, ¿o no? Porque ella se enteró accidentalmente que yo era su madre, y ¿qué importaba eso? Yo seguía y seguiría siendo su tía, su adorada y consentidora tía. Y todo estaba bien así. Pero de pronto, de pronto todo se estaba yendo por el mismísimo caño, mi corazón se estrujaba, se encogía y sentía que podría salirse de mi pecho en cualquier instante y todo por tener que despertar, abrir mis ojos y caminar directo a la cocina para encontrarme con mi hija y quien sin siquiera imaginarlo era su padre, la buena noticia era que ella tampoco conocía esa parte de la historia pero… era difícil, al menos para mí.
Ya era la tercera mañana en el departamento y aunque el doctor había dicho que debía usar esa estúpida faja unos días más, decidí deshacerme de ella, no podía trabajar usando eso.
Tomé de mi armario un vestido holgado, abrí una pequeña maleta y arrojé dentro una de mis camisas blancas con holanes, de las que usaba para ir a la oficina, el saco y la falda alta y tallada que llegaba hasta mis rodillas. Cogí el maletín, con mi laptop y algunas carpetas dentro, recogí mi cabello en un moño alto, me aseguré de coger llevar los lentes de lectura en el bolsillo delantero de la cartera y los de sol sobre la cabeza.
Caminé a paso calmado pero decidido hacía la puerta del departamento, aún no recuperaba mi auto así que ya había mandado a preparado un taxi para que me esperara en la entrada del edificio. Quité la cerradura y abrí la puerta, lista para irme.
—¿A dónde vas? —esa voz detuvo mi andar.
—¿Haruko, qué haces despierta? —pregunté cerrando la puerta tras de mí.
—Papá se fue temprano y no me gusta dormir sola… —se quedó observando detenidamente mis ropas y señaló los zapatos de vestir que traía—. Eso no va con ese vestido —dijo señalando cada prenda—. No quiero ser molesta pero, ¿no crees qué está mal que dejes a tres niñas solas?
—Lo siento —respiré hondo—. Realmente tengo que ir —solté el maletín sobre el sofá y caminé en dirección a la habitación en que Hanabi y Naruko habían decidido dormir juntas—. Tendrán que venir conmigo.
—¿A tu trabajo? —asentí sonriendo y mostró una gran sonrisa.
Recuerdo que la vi correr en dirección a la habitación que compartía con su padre y yo me recosté a la puerta. Tomé el móvil y llamé al taxista para pedirle que pusiera a andar el taxímetro y me esperara.
Recuerdo que entré a despertar a las dos jovencitas que invadían una de las habitaciones de mi departamento. Desde el primer día en que llegaron, tras cocinar juntas y bromear un rato tomaron la decisión de dormir juntas. Por una parte me sentí aliviada de que hubiesen congeniado, pero, por dentro me dolía verlas tan animadas.
Una vez escuché a mi madre decir; «La sangre llama». Me preguntaba si eso era cierto porque ellas simplemente, parecía que sabían de toda la vida que eran hermanas, al menos por parte de Naruto.
¡Rayos! Mi cabeza iba a estallar. Todo era tan extraño y agotador. Hanabi despertó al instante en que abrí las persianas, se frotó los ojos y se encerró en el baño, pero Naruko, tuve que llamarla unas 5 veces, apagar el aire acondicionado, quitarle las cobijas… me recordó mucho a su propio padre. Ese tipo de cosas solo terminaban deprimiéndome más.
Al menos 40 minutos después logré salir del edificio con las 3 niñas tras de mí. Me disculpé con el taxista, pero parecía feliz, cobraría sin hacer nada. Nos abrió las puertas y las 3 subieron en la parte de atrás, por lo que me tocó ir al frente, aún con lo que odio subirme adelante con los estúpidos taxistas.
—Se tardó mucho, muñequita —decía enarcando una ceja y mascando chicle.
—Sí, bueno, tuve que hacer algo antes de salir —trataba de no mirarlo mucho. Las niñas por suerte iban distraídas, jugando «Mario Party» en su DS, era un juego compartido entre las 3, yo no entendí pero estaban en silencio, enfocadas en lo que hacían.
—No se preocupe, yo encantado la espero todo lo que quiera —quise golpearlo al sentir su mano apoyándose en el espaldar de mi asiento—. Me alegra que me volviera a llamar.
—Era la única tarjeta que tenía —respondí, intentando ocultar mi irritación—. ¿Podría darse prisa por favor? —pedí completamente incomoda.
—Claro, la verdad, suelo ser bastante rápido —bajó una mano, acercándola a mi asiento, sentí uno de sus dedos rosar mi pierna—. ¿Le gustaría saber que tan rápido soy?
Supongo que se percató de que estaba buscando el gas pimiento en mi cartera, pues devolvió las manos al volante y no me dirigió más la palabra. Recordé que una vez Hanabi me dijo que cuando miraba fijamente a las personas, mi mirada se tornaba vacía y tenebrosa.
Gracias a Dios llegamos pronto al aeropuerto. Me bajé antes de esperar que él lo hiciera, saqué a las niñas del auto, bajo sus miradas curiosas, le arrojé el dinero por la ventana y ni adiós le dije. La verdad, el día del accidente no me había parecido tan mal hombre, incluso fue respetuoso al entregarme la tarjeta.
—Llegamos —les dije al encontrarnos frente a la puerta que separaba la zona agitada del aeropuerto internacional de Tokio y el área de oficinas.
Eran 3 pisos de cubículos, oficinas con vidrios de cristal, algunas pocas cubiertas por ventanas, y en la última planta, al fondo del pasillo una puerta de madera de roble y una amplia pared de cristal con papel ahumado, viéndose completamente negro.
Junto a la oficina, en un escritorio de tamaño promedio, un joven castaño, risueño y encantador se levantó al vernos llegar. Era mi joven secretario, un pasante de preparatoria que se había empeñado tanto en hacer bien su trabajo que le había ofrecido un trabajo de medio tiempo como mi secretario.
—Buenos días —me saludó con amabilidad.
—Buenos días, ¿podrías llamar a Kiba? Dile que lo esperaré en mi oficina, que es urgente —pedí estrechando su mano—. Y por favor, si no es mucha molestia, te encargo a estas tres, dales algo para hacer o muéstrales todo el lugar—las señalé con el pulgar y él se inclinó como señal de respeto, dándome la respuesta afirmativa que necesitaba.
—Llamaré al señor Kiba —abrió la puerta de la oficina para que yo entrara—. Mi nombre es Sarutobi Konohamaru y será un honor llevarlas a realizar un recorrido por el hermoso Aeropuerto Internacional de Tokio.
Me despedí de sus asombradas caras arrojando un beso y me encerré en la oficina. Desde adentro las paredes eran claras como el agua, aún cuando desde afuera no se lograba observar nada.
Ahora solo debía de esperar por Kiba, definitivamente me quitaría esa estúpida faja.
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El aire era cálido, pero agradable, indicativo de que la calefacción estaba funcionando bien. Los vidrios del ventanal tras su asiento dejaban entrar demasiada luz, era abrumador, así que simplemente bajó las persianas y encendió la pequeña lámpara en su escritorio.
Había pasado los últimos tres días dando carreras con Ino de un lado a otro y aún no había podido detenerse a leer los archivos que Shikamaru le había entregado.
Tomó la primera carpeta amarilla, tamaño oficio, cerrada por todos lados con grapas. «Caso Nº 353, clase 1». Tragó grueso y retiró las diferentes grapas que lo retenían. La abrió con cuidado, eran papeles viejos y con las esquinas dobladas en su mayoría.
La primera hoja era un recorte de periódico. «Fatal accidente estremece a Tokio…» anunciaba el titular «la pasada noche del 26 de marzo, un fatal accidente alertó al cuerpo de tránsito terrestre de la ciudad capital. Fue alrededor de las 3:35 a.m. cuando un joven, identificado como Uzumaki Naruto de 15 años, conduciendo en estado de embriagues, volcó su automóvil con permiso de conducción especial sobre el puente Arcoíris. No usaba el cinturón de seguridad y fue arrojado por el parabrisas a causa de ello. Fue trasladado de emergencia al centro hospitalario central, donde se encontrará recluso hasta que esté fuera de peligro…»
—Yo no… he soñado mil veces con ese accidente —se dijo a si mismo irritado—. Yo no me volqué en el puente Arcoíris, ¡un auto me llegó de frente sobre un elevado! —arrugó la frente y se preparó a seguir leyendo.
«…Según el informe de los paramédicos que atendieron el escenario, una joven de nombre Hyuuga Naida le acompañaba. De su misma edad, la joven murió desangrada en espera de los paramédicos. Fuentes oficiales afirman que la señorita Hyuuga tenía 7 meses de embarazo, así mismo, aseguran que la autopsia demostró que el feto estaba muerto desde antes del accidente. Los médicos presumen que pudo haber sido descuido por parte de los padres al ser tan jóvenes; "es muy fácil para la juventud de hoy en día tener sexo descontrolado e inseguro. Amigos de las victimas nos dijeron que eran de salir seguido a fiestas, la madre probablemente ingería alcohol y drogas psicotrópicas durante el embarazo, la autopsia demostró que el niño murió por una infección que se estaba produciendo en la placenta gracias al consumo excesivo de alucinógenos, éxtasis y mariguana"…»
—¡¿Qué mierda es esta?! —exclamó enojado, golpeando el papel contra la mesa. Respiró hondo—. Tengo que leerlo todo.
«…El padre de la joven, Hyuuga Hiashi, uno de los más famosos y poderosos empresarios de Japón, ha demandado al hospital y al médico encargado de la morgue por difamación e injurias. Sus palabras fueron cuando nuestras oficinas consiguieron entrevistarlo fueron; "Mi hija no era una drogadicta, es cierto que mantenía una relación con el joven Uzumaki, ella estaba embarazada, eso también es verdad, pero ni ella ni su novio consumían drogas. Naida era una joven sana, bien educada y amable, además, se había aferrado a la idea de que tendría un hijo, un laboratorio toxicológico independiente está realizando los estudios correspondiente para esclarecer las dudas al respecto". Antes de finalizar la entrevista, le preguntamos sobre su opinión respecto a que su hija se hubiese embarazado tan joven, a lo que nos respondió con gran desagrado; "Ese muchachito se casó con mi hija al enterarse de su embarazo, solo puedo decir que me alegra que diera la cara, sin embargo, sigo pensando que fue muy precipitado, pero al final es mi hija, y para mí seguirá siendo mi niña aunque ya no esté conmigo". Luego de eso se retiró del edificio sin responder ninguna otra pregunta. Les traeremos más información sobre el caso en cuanto esté disponible».
No había fotografía del accidente, solo la fotografía identificativa de los 2 jovenes involucrados en el accidente. Tomó la segunda hoja, también de periódico y comenzó a leer.
«Tokio, 05 de Abril. El diario "EveryDay" de Tokio es cerrado y sus publicaciones son canceladas tras ser demandados por la familia Hyuuga. Lo que muchos describen como "el escándalo del siglo" no ha sido más que la catapulta para mostrar el poder que algunos consorcios empresariales poseen en este país. Tras la publicación del 27 de Marzo sobre el fatídico accidente en que la heredera Hyuuga y su –según el señor Hyuuga– esposo, el diario recibió una demanda millonaria que lo ha llevado a la quiebra inmediata. Así mismo el doctor que realizó la falsa autopsia, en busca de publicidad fue apresado y se le retiró su licencia médica.
»El tema ha sido vetado en Tokio y el resto del país, solo se nos ha dado permiso para publicar esta leve información. Se ha descubierto también, al rehacer los exámenes que el niño murió unos minutos después de que su madre lo hiciera. Sobre el joven no se sabe nada. Es un misterio su condición y estado de salud…»
La página estaba cortada y un pequeño trozo de papel periódico estaba grabado por detrás, un encabezado de dos líneas;
«El semanario "Cup Of Tea" de la ciudad de Tokio cierra sus puertas el 07 de Abril por problemas administrativos».
Tomó la libreta con notas que Shikamaru le entregó, para que leyera a la par de las carpetas, para que entendiera cada hoja y pudiera enlazar.
«Los dos únicos medios públicos que tocaron públicamente el tema sobre el accidente fueron cerrados….» —Los ojos azules del rubio se afirmaron con fuerza en diferentes fotografías de lo que parecía ser el cuerpo entregado a la morgue—. «El cuerpo en las fotografías pertenece a la joven que iba en el carro, la víctima fatal del accidente, afirman que estaba embarazada en el accidente, sin embargo, en las fotografías no se muestra un vientre de 7 meses de embarazo, solo el cuerpo delgado de una adolescente de 15 años…»
—¿Qué rayos…? —cubrió sus ojos y continuó leyendo.
Como le había dicho Shikamaru, todas las carpetas contaban la historia de una manera diferente, incluso una decía que la joven había muerto durante el parto, y el niño había fallecido horas más tarde. Continuó leyendo y releyendo, sintiendo nauseas cada vez que la fotografía de su cabeza sangrando, estrellada contra el suelo aparecía, o esa en que salía en pleno coma, acostado en una cama sin si quiera saber si estaba vivo o muerto.
Tomó la última carpeta, con la versión tétrica de que él había saltado del auto para que ella muriera y él quedarse con la fortuna que heredaba como esposo. Pero había terminado siendo arrollado por una moto y arrojado de cabeza contra el pavimento. Negó varias veces, pensando en ¿quién podría escribir semejante barbaridad? Bueno, los investigadores privados habían entrevistado a mucha gente con gran imaginación.
—Esta es… —una mujer aparecía en ella, una fotografía tomada de una edición de la revista Hola! Una mujer esbelta y de facciones delicadas, con lentes oscuros y un traje fino bajando de un avión, una foto de unos 9 o 10 años después del accidente—. Podría jurar que la he visto antes —era la imagen de la portada—. "Hyuuga Hinata, joven y emprendedora" —leyó junto a la fotografía y tomó la otra página guardada de la revista.
«Hyuuga Hinata, la hija menor del empresario Hyuuga Hiashi llega a Tokio luego de vivir prácticamente toda su vida en Sidney, Australia. Logramos entrevistarla en el aeropuerto internacional de Tokio –una de las propiedades que heredará de su familia– y nos informó que está muy entusiasmada por tomar el lugar que le corresponde como CEO del consorcio Hyuuga en la ciudad de Tokio…»
Detuvo la lectura y rebuscó con esmero en la libreta de Shikamaru.
—"En los registros del estado no se indica que Hyuuga Hiashi tuviera dos hijas mujeres, solo una…" —su garganta y labios se secaron—. "Se presume que fue adoptada por la familia tras la pérdida de su hija menor. Otra fuente dice que vivió en Australia desde los 5 años…".
Dejó la libreta y tomó su billetera, sacó todo lo que tenía en ella sin orden alguno y tomó una pequeña tarjeta en colores lila y blanco que cayó sobre la mesa. Marcó los números despacio en el teléfono sobre el escritorio y se quedó observando la pantalla, indeciso sobre oprimir la opción llamar.
—Tengo que verla… —pensó encendiendo un cigarrillo—. Si es ella me lo dirá, sino… al menos podré comprobar por mi mismo que Naida murió…
Presionó decidió el botón de llamar y esperó los sonidos monótonos del repique. Estaba dispuesto a investigar un poco por su propia cuenta, y tenía el número de esa mujer con la que había chocado, la que le había afirmado sin tacto de humildad ser la dueña del aeropuerto.
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Las niñas se perdieron de su vista con su joven pupilo y ella se encerró de inmediato en la oficina, seguida de cerca por el castaño, quien no parecía completamente feliz.
Ella suspiró, largo y con pesadez, como si acabara de librarse de la pena de muerte. Inspiró con fuerza y arrojó el maletín a un gran sofá contra el ventanal, lo abrió y sacó la falda, la camisa y su bolso de maquillaje por si necesitaba retocarlo.
—Hinata, ¿estás loca? —preguntó al verla sacándose el vestido.
—No, no lo estoy —se quejó doblando el vestido en sus manos—. Confío ciegamente en ti, así que por favor, ven y ayúdame a quitarme esto —dijo señalando la faja gruesa y ajustada que cubría su cuerpo, desde debajo de los senos hasta el bajo vientre.
—No me refiero a que quieras quitarte esto —suspiró pasando el seguro de la puerta—. ¡No puedes andar por ahí desnudándote delante de otras personas!
—Pero no estoy desnuda —sonrió con dulzura y se dio la espalda, señalando los ganchos y cintas que la mantenían en su lugar y que ella no alcanzaba—. Estar en ropa interior, es casi como estar en traje de baño, ¿o no?
—Eres cruel —susurró tomando la primera cinta. Ella tomó su gran cabellera y la pasó sobre su hombro—. He visto a Hanabi y a esas dos niñas en con Konohamaru —susurró acercándose a su oído.
—Sí, me he visto obligada a traerlas —suspiró.
—Las niñas, son hijas de él, verdad?
—No quiero hablar sobre eso.
—Tú, eres una mujer muy idiota —soltó el último gancho y la faja cayó al suelo.
—Gracias —dijo por lo bajo, dando un paso al frente.
—En serio, deberías de dejar eso de lado —la detuvo, sujetándola firmemente entre sus brazos—. Es mejor alejarte de él, o terminaras lastimada de nuevo.
—Kiba… —se liberó de los brazos masculinos y se acercó a sus pertenencias—. Yo estoy bien, será por unos pocos días, y te aseguro que no ha sido mi elección el que terminara viviendo en mi departamento.
—Eso es otro error que has cometido —ella lo miró iracunda abrochándose la falda—. No me mires así, mejor dime, ¿por qué sigues viviendo en su departamento? Podrías comprarte uno si quisieras, incluso más grande, no entiendo que haces metida en ese lugar.
—Kiba, el que yo viva en ese departamento no es tu problema, y no es suyo como insinúas —él rodó los ojos.
—Sí, disculpe, olvidé que usted también es la dueña y señora de ese despreciable lugar —ella se encogió de hombros.
—Ya no quiero hablar sobre el tema.
—Tienes razón —le sujetó de la cintura—. Es mejor no hablar de esa persona —la acercó más a él, juntando sus labios con los de ella, aprisionándola en un beso lleno de lujuria y pasión.
—Kiba… no —se separó, apoyándose en el pecho frente a ella—. Te he dicho mil veces que…
—Hush —la silenció, retomando el beso.
Se aferraba a sus finas y delicadas caderas como si de ello dependiera su vida, manteniéndola tan cerca como podía, aprovechando al máximo aquel instante, borrando de su mente la incertidumbre de si volvería a ocurrir. Eran mínimas las ocasiones en que había podido tenerla en sus brazos, aprovechar la debilidad que el pasado provocaba en ella, el cómo la dejaba a su merced cualquier fantasma del pasado que se asomara por la ventana de su memoria.
—Kiba, yo te he dicho que…
—Hinata, debes deshacerte de él, eres la única que se lastima con esto —ella bajó la mirada.
—Lo sé… por eso iré a Australia con Toneri…
—¡¿Por qué diablos te empeñas en creer en ese tipo?! —sus perlados ojos se abrieron, chocando con la mirada furiosa frente a ella—. ¿Acaso no te das cuenta de que es el peor error que podrías cometer?
—Toneri es una buena persona y él ha hecho mucho por mí —se encogió de hombros—. Además, él dice siempre que lo que más desea es ayudarme, que pueda recuperar a mi hija, que pueda volver a ser mía, aún cuando le he dicho que no es necesario, él… él solo quiere verme feliz.
—No, él solo quiere aprovecharse de tu problema —se alejó de ella—. ¿Quieres tener una relación estable con un hombre? ¡Eso se puede resolver!
—Kiba…
—¡Prácticamente te he rogado por estar a tu lado durante los últimos 5 años y me has ignorado completamente, me he abierto a ti y he escuchado en silencio tu historia, todo lo que pasó, he aceptado tantas cosas, he incluso aceptado el hecho de que siempre estarás enamorada de él, y aún así, aunque no estoy esperando más que sobras de tu parte…! Aún así tú sigues empeñada en volver a Australia con ese tipo… ¿qué mierda hizo cuando vivías allá para que te sientas tan obligada a corresponderle?
—Kiba… yo simplemente le debo mucho —el castaño bufó.
—Está bien, irás a Australia por un año o dos, ¿cierto? —ella asintió—. Luego volverás, a retomar tu lugar, el cual deberé de tomar yo en tu ausencia, ¿cierto? —ella volvió a asentir—. Bien, solo tengo una duda.
—¿Qué duda? —preguntó curiosa y en cierta manera preocupada por los arrebatos que sabía podía tener su querido amigo en ocasiones.
—Cuando seas su muñeca, su chica del mes, ¿seguirás buscándome cómo estos años cuando estés sola?
—Yo no…
—Admítelo, ¿seguiré siendo tu juguete eventual, cómo cuando Sasuke se desaparecía por 2 meses al irse de gira, o cada vez que te encontrabas en la calle con tu eterno amor platónico? —los ojos color perla que ella poseía temblaron ante él—. No me gusta, y no quiero seguir siendo tu segundo plato —le besó en el cuello, uno de esos besos, en un intento de seducción, golpeando la delicada piel femenina con su respiración.
—Tú nunca… —no lograba hablar, las manos que antes sostenían su cintura se las habían arreglado para enrollar el borde de la falda, subiéndola y dejando que con delicadeza y astucia los dedos se colaran bajo la tela, acariciando la delicada piel que chocaba contra ellos.
Un gemido escapó de sus labios al sentir que eran nuevamente devorados, succionados con pericia y sin decoro, un beso lleno de despecho, de ira, de deseo, de tantos sentimientos que se volcaban sobre el cuerpo que ahora yacía de espaldas al sofá, bajo sus brazos, presa de la necesidad humana de ceder ante el placer carnal.
Cada uno de los botones de su fina camisa blanca fue siendo desabrochado, dando paso al encaje fino y delicado que guardaba en su brasier. Una de las manos morenas se coló con astucia y esmero bajó la tela, dejando que la piel de sus ásperas yemas rosara contra la delicada piel del busto femenino. Mantenía el beso con firmeza, con recelo y dispuesto a no soltarla bajo ninguna circunstancia.
Ring~Ring *efectos de sonido pagados por Mundo Fanfiction NaruHina*
El teléfono sonó y ella literalmente huyó del sofá. Se abrochó la camisa con apuro y devolvió la falda a su lugar, peinándose velozmente con los dedos y limpiándose el labial corrido.
—¿Qué haces? —preguntó él, irritado y acorralándola contra el escritorio.
—Vo-voy a contestar el teléfono —respondió ella, alejándose nuevamente de él, mirándolo desde el otro lado del escritorio.
—Tú nunca atiendes directamente, siempre esperas a que tu adorado aprendiz lo haga por ti —le riñó.
—Pe-pero le encargué a las niñas, é-él definitivamente no responderá —señaló el escritorio vacio fuera de la pared de cristal—. Puede ser importante —aseguró más para ella que para él—. ¿Hola? —saludó a través del aparato.
—¿Hola? —preguntaron del otro lado.
—¿Quién habla? —preguntó con voz monocorde y el teléfono en altavoz, huyendo de su acosador personal.
—Bueno… mi nombre es Uzumaki Naruto —los ojos de Kiba se afilaron contra el teléfono—. Se supone que debía de llamar hoy, es por mi auto, lo choqué hace poco con una mujer que afirmó ser la dueña del aeropuerto, me dio esta tarjeta y me dijo que llamara en unos días.
—Dile que no tienes idea de lo que habla y cuelga —le dijo Kiba al oído.
—N-no puedo, es cierto, ya deben de estar listos, tanto el suyo como el mío —respondió ella en el mismo tono de voz.
—¿Hola, hay alguien ahí? —preguntó el rubio al no escuchar respuesta alguna.
—S-sí —el castaño frente a ella no paraba de hacer señales con sus manos—. Soy yo, "la mujer con la que chocó", si gusta podemos vernos esta tarde, creo que el coche ya está listo, y le pido disculpas por no intentar contactarlo antes.
—¿Esta tarde? —solo hacía mímica, con sus labios y manos, pero ya Hinata ni siquiera le prestaba atención, incluso había tomado el aparato.
—Wow, te estoy muy agradecido, y, es un placer volver a hablar contigo —había dejado de escuchar el televisor en su oficina, con las noticias sobre la bolsa de valores que siempre tomaban su atención—. Entonces, tú dime dónde nos vemos y yo te llego… podría intentar ser caballeroso, para remediar nuestro último encuentro y pasar por ti pero, a menos que robe una bicicleta…
—No te preocupes —respondió ella con la mirada perdida en el cristal—. Me aseguraré de devolverte la mirada en unas horas para decirte dónde nos veremos.
—Me parece perfecto, estaré esperando. Hasta luego.
—Hasta luego… —susurró casi sin aire.
—¡¿Qué diablos pasa por tu cabeza?! —le gritó el castaño tras arrebatarle el teléfono y colgarlo, golpeándolo y arrojándolo al suelo—. ¡¿Vas a verte con él?!
—N-no realmente…
—¡¿No? Acabas de citarlo, Hinata! —prácticamente acabó con todo lo que estaba sobre el escritorio—. En cuanto te vea te reconocerá —los ojos de Hinata comenzaron a humedecerse.
—Eso no pasará… —susurró, reteniendo el creciente deseo que sentía de llorar—. Si no… si no sabe quien soy… si no reconoce mi nombre… él no tiene idea de quién soy, y no lo sabrá aunque yo… el no lo creería aunque se lo contara.
—Hinata…
—Soy una idiota… ¡Lo sé, pero…! —calló de rodillas al suelo—. Él… me dejó atrás, desde el día del accidente me dejó atrás… Y ya es muy tarde para alcanzarlo porque yo no pude seguir sin él…
—No digas eso —se agachó, quedando a su altura y acercándole un pañuelo—. Tu avanzaste mucho, eres una mujer hermosa y exitosa.
—Vamos, Kiba —la ironía cubrió su sonrisa—. Tú mejor que nadie sabes que si yo estuviera sola al frente del consorcio ya se hubiera ido a pique —él limpió sus lágrimas, dispuesta a dejarla decir todo lo que quisiera—. Si no… si no me hubieses ayudado, si no hubieses estado dispuesto a ser el cerebro tras mi rostro yo… de seguro ya hubiese huido, ahora mismo yo… no lo sé.
—Siempre estaré para ti, y tener un fiel perro faldero es una muestra del poder que tienes, Hinata.
—Yo tengo que enfrentarlo —aseguró, esbozando una tenue sonrisa—. Tengo que dejarlo ir, cómo él me dejó a mí. No he dormido estas noches, pensando en ¿qué hubiese pasado si él no hubiese salido esa noche? Voy a su habitación y como una maniática le veo dormir, pero luego recuerdo que en la otra habitación hay una niña, una niña que tiene la misma edad que nuestra hija y ¡mierda! ¿Cómo no chocar contra una roca? ¡Yo no…! Yo nunca quise creer que él realmente tenía una hija… Que yo no era la única en su vida…
—Hinata… eso no… no sabes si realmente es su hija.
—¡Es idéntica a él! —su maquillaje se había deshecho por el llanto—. ¿Cómo puedes decir que no es su hija, acaso no la viste? Son como dos gotas de agua… En cambio Hanabi… Bueno, debo de sentirme agradecida la verdad de que no se parezca en nada a él o… sería más difícil.
—¿Por qué no solo te vas del departamento y ya? Al menos hasta que él lo deje —ella negó, moviendo su cabeza hacia los lados débilmente—. Irme sería demasiado fácil, me iré a Australia cuando él deje el departamento. Estos 3 meses… serán los últimos que pase a su lado.
—No tienes que irte tan lejos —su mirada gris bajó, hasta encontrarse con la poco entretenida alfombra—. ¿Dejarás a tu hija de nuevo, no te importa lo que ella piense o sienta?
—No me gusta estar cerca de ella —su cuerpo temblaba, mientras el castaño le sujetaba el rostro, buscando que aquella frase fuese mentira, inducida en ella por la frustración—. Porque… aunque no se parece a él, no puedo evitar, al recordar que tengo una hija… recordar que él es su padre.
—Pero… no deberías de pensar así, Hinata, es tu hija y…
—¡Lo sé, y la amo, en serio! Solo quisiera haber sido yo quién perdiera la memoria esa noche, solo desearía ser yo quien no tenga idea de nada, no quiero recordarlo, no quiero recordar nada de él, no quiero amarlo. Siempre me acusas de ser una idiota, de seguir estúpidamente enamorada de él después de 15 años pero… ¿en serio crees que es mi elección…?
—Levántate —le pidió, tomándola de los brazos—. Lávate la cara y arréglate la ropa —la empujó hacia el baño—. Debe de ver lo hermosa que eres, igual no sabrá que es su ex esposa quién está con él —Hinata bajó la mirada—. Existen muchas Hinata Hyuugas, si ya ha conocido dos tú diferentes, una tercera no hará daño.
—¿Qué pretendes?
—¿Qué pretendo? —ella asintió—. Ponerte en primer lugar a ti… no quiero que lo veas, pero quiero que lo olvides. Así que ve y anota cada uno de sus miles de defectos. Míralo fijamente, habla con él y descubre que no es el chico decidido del que te enamoraste. Solo es un hombre común que no tiene nada que ver contigo.
—Kiba…
—Si llega a reconocerte… solo dile que… no tienes idea de lo que habla y acúsalo de estar loco. Yo siempre he creído en ti, Hinata, tu confiaste en mí, y me contaste una triste parte de tu vida, y siempre he apreciado el que me tuvieras tanta confianza pero… Creo que sin importan cuando me hables de esto, sin importar cuantas veces termines llorando, para mí, sigue siendo insufrible el pensar que llegué tan tarde a tú vida… realmente hubiese deseado, daría lo que fuera por haberte conocido antes que él.
No hubo más que silencio tras eso. Él se encogió de hombros, se acomodó el fino traje que vestía en la oficina y salió, dejándola sola, preparándose para su cita. Una que, tal vez le haría bien, tal vez le haría mal, pero, en cualquier caso, no devolvería a ninguno de los dos al pasado.
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Continuará…
Besos~~ FanFicMatica :*
