GRACIAS POR LEER

LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE TITE KUBO.

ÚNICAMENTE LOS TOMO PRESTADOS PARA CREAR UNA HISTORIA ALTERNATIVA, SIN FINES DE LUCRO.

NO TIENE NADA QUE VER CON EL ANIME O MANGA.

AUTORA: ღRukia_Kღ (L. Ro)


Capítulo 31: Cuenta regresiva


A tan solo un día de tener cara cara a su amado, Rukia no dejaba de caminar por toda su habitación al mismo tiempo que se comía las uñas. Neo la seguía, pensando que jugaba, hasta que se cansó y gruño al no entender que ocurría. La ojivioleta se disculpó con él y le extendió la mano para que salieran a caminar por las calles del Seireitei. Entusiasmado, el pequeño aceptó.

En pleno paseo, se encontraron con Hanataro:

― ¡Ah! Señorita Rukia, pequeño Neo. ―se agacho a la altura del niño― ¿Qué hacen afuera?

―Solo paseamos, estoy muy ansiosa y él se disgustó de verme como león enjaulado.

― ¿Puedo acompañarlos? La verdad es que iba a su casa a visitarlos. ―se rascaba la nuca―Bueno, también me envió la capitana Unohana para hacerle su chequeo a Neo.

―No hay problema. Cuando lleguemos a un prado haces lo que la capitana te pidió.

El paseo por el Seireitei fue breve, pues el objetivo de Rukia era llevar a Neo por las calles del Rukongai hasta llegar a la misma montaña donde entrenaba con Kaien. Aunque Hanataro no comprendía por qué habían ido ahí, solo quería pasar tiempo con su amiga y jugar un poco con el pequeño.

Neo no dejaba de correr, con la intención de que el pelinegro lo persiguiera. Corrían entre los árboles, los arbustos y el campo libre. Hasta que el niño vio un viejo tronco hueco, mismo al que se metió y se atoro, causando su llanto instantáneo y la angustia en Hanataro. Y en vez de preocuparse, Rukia comenzó a reír un poco, provocando el enojo de su hijo.

―Tranquilo, solo se atoro tu ropa. ―metió las manos y desatoro la ropa de un pedazo de tronco salido.

―No fue gracioso, mami. ―se enjugaba las lágrimas y la veía con enfado.

―Lo siento señorita Rukia, debí cuidarlo mejor. ―Hanataro estaba ruborizado de pena.

―No te enfades, no pasó nada malo. Y no te preocupes ―le sonrió dulcemente a su amigo―Este pequeño es muy travieso, incluso a mi hermano le ha causado dolores de cabeza.

―Señorita, ¿Qué hacemos aquí?

―Aquí entrenaba con mi Teniente, Kaien-dono.

― ¡Ah! ―se sorprendió― ¿¡Con Shiba Kaien!? ¡Wow! dicen que era uno de los mejores shinigamis.

Estaba fascinado, había odio historias sobre Kaien, al igual que algunos otros de gran importancia como Toshiro, Kyoraku, Ukitake, entre otros. Lo único que lamentó, fue sacar, sin mala intención, fue mencionar la muerte del exteniente de la decimotercera división. Rukia borró su sonrisa y su rostro se ensombreció.

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Después de que Uryu y Orihime dieron a conocer sus sentimientos, Yoruichi y Urahara no paraban de molestarlos y felicitarlos por agregar otro hecho a la lista de buenos resultados. La morena no paraba de carcajear y planear una tremenda fiesta que los hiciera olvidar todos los tragos amargos, que vivieron durante más de seis años.

Un día, un día más e Ichigo vería lo más preciado de su vida. Todo era perfecto, nada podía salir mal, las probabilidades de una desgracia eran casi nulas a comparación de hace más de cinco años. Lo único que le quedaba era ver a sus hermanas para aclararles su desaparición en ese lapso. Así que, con un nudo en la garganta, los nervios a flor de piel, su cuerpo tenso y su inigualable ceño fruncido, entro a su casa.

Todo estaba tranquilo. Dio un par de pasos, mirando a su alrededor. "¿Dónde estarán?", se preguntaba al ver el reloj de pared y notar que llego cinco minutos antes que ellas. "Ya casi llegan del instituto. Ya no veré a las niñas tiernas, de rostros regordetes y miradas infantiles. Ya son todas unas señoritas." Sonreía para sí mismo cuando un grititio ahogado lo hizo mirar detrás de él:

― ¡ah! ―era Yuzu, con los ojos llorosos, que dejo caer su mochila―E…eres… ―caminaba hacia él, con las manos extendidas.

Ya era toda una jovencita, muy linda de rasgos finos y cabello a los hombros. Ichigo no evito sonreírle al ver lo hermosa y sana que era.

―Yuzu. Volví.

La jovencita se abalanzo a abrazarlo y sujetarlo con fuerza mientras lloraba y le recriminaba el haberlas dejado solas. "No las deje solas, el viejo las cuido ¿no es así?", le decía entre risitas. Aun así, Yuzu no dejaba de empaparle la playera de lágrimas. Y como si hubiera planeado una dramática escena familiar, Karin estaba parada en el umbral de la puerta, viéndolos y reprimiendo las lágrimas.

―Karin. ―le extendió su mano.

Pero la pelinegra, en vez de cogerla, se acercó para abofetearlo y después unírsele a Yuzu en el abrazo. Karin era un poco más alta que la ojicafe, con la cara un poco más fina y las piernas más gruesas, pero de linda figura como la hermana.

―Me lo merezco. ―recargo su mejilla en la cabeza de Karin―Lo siento, en verdad perdóneme.

―Hermano, eres un idiota. Mira que dejarnos solas con el viejo loco de papá, no te lo perdonaremos nunca. ―Karin hundía su cara en el costado de él.

―Hermanito, ¿por qué no confiaste en nosotras? Podíamos entenderte. ―Yuzu lo miraba aun con lágrimas rodando en sus mejillas.

― ¿A qué te refieres? ―las aparto y, mirándolas fijamente, exigió una respuesta.

En ese instante, Isshin interrumpió el encuentro para responderle. Alego que Karin dedujo algunas cosas, con las que lo confronto y exigió la verdad. Pero en el momento, Yuzu entro en la habitación y pidió saber que había ocurrido en realidad.

―Lo siento, hijo. Sé que no querías que…

―Está bien, viejo. ―les dio la espalda para enjugarse las lágrimas a gusto―Así no me será tan duro explicarles lo que decidí.

― ¿Decidiste? ―dijeron al unísono las gemelas.

―Karin, Yuzu… ―les alboroto el cabello―…deben saber algo, y posiblemente no me perdonen por eso.

Las jovencitas se dedicaron miradas dubitativas, apretaron los puños y sintieron un fuerte nudo en la garganta, preparándose para escuchar lo que, de alguna manera, presentían. Sabían sobre su enfrentamiento con los shinigamis, por proteger a Rukia; también sabían de la existencia de Neo, y que él fue la razón por la cual todo giro hace años. Así que no se sorprenderían si Ichigo les dijera que piensa irse para siempre, a lado de su hijo.

―Yo… estoy en condiciones para volver a ese sitio. A la Sociedad de Almas, y poder ver a mi hijo. ―sonrió de lado y bufó―No conozco lo que le gusta y disgusta, no sé qué juegos le gustan o que alimentos le encantan, ni siquiera conozco como es el sonido de su voz.

―Hermano―Karin posó su mano en la boca de él―… ¿Quieres verlo, quieres estar con él?

El ojiambar asintió, reprimiendo lágrimas y tragando saliva.

― ¿Vendrás a vernos de vez en cuando, verdad? ―agacho la cabeza para esconder el llanto.

―Lo prometo.

―Hermanito. ―Yuzu lo abrazó del cuello―Por favor, no te olvides de nosotras. ―hundió su cara en su cuello.

―Claro que no, tontita. Son mis hermanitas, nunca dejare de amarlas. ―le dio un beso en la coronilla.

―Tonto. ―Karin se limpió las lágrimas y le sonrió.

Isshin estaba orgulloso de ver lo bien que habían crecido sus hijos, tanto que observo la enorme fotografía de su amada esposa, al mismo tiempo que se preguntaba si ella estaría orgullosa de él como padre.

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Nostálgica y melancólica, Rukia le contó la verdad detrás de la muerte de Kaien, creyendo que Hanataro saldría corriendo pensándola un monstruo. Pero en su lugar, el shinigami cogió sus manos y le aseguro que ella no tenía la culpa. De haberla tenido, su teniente no le hubiera dedicado aquellas palabras que quedaron labradas en su corazón. Seguidamente la abrazó para darle palmaditas en la espalda. Eso relajo a Rukia de tal modo que las ganas de llorar se convirtieron en risas.

Neo se encelo rápidamente y se colocó en medio del abrazo, exigiendo los brazos de su madre mientras le enseñaba la lengua a Hanataro. Ambos rieron ante el enorme parecido del pequeño con Ichigo:

―No recuerdo que Ichigo fuera celoso. ―la miraba con ganas de oír historias.

―Pues, era algo infantil. ―sonrió―Reaccionaba algo similar a Neo. Nunca lo admitía abiertamente frente a otros, pero al estar a solas me lo demostraba. Una exquisita mezcla de capricho, inmadurez, irracionalidad y amor.

―Se supone que el amor es así, ¿No? ―miraba el cielo―He oído y leído sobre el amor.

―Lo extraño. ―le alborotaba el cabello a su hijo.

―Mañana se reunirán nuevamente. ―la miraba de reojo―Así que, póngase feliz señorita Rukia.

A solo unas horas de verlo, Rukia sentía un hueco en su pecho. Por más que la felicidad tocaba a su puerta, algo la atrancaba. No lo comentaba con nadie, no quería preocupar a alguien con un presentimiento no justificado. "Nada puede salir mal… Es mi imaginación…", una y otra vez pretendía convencerse.

Hanataro vio el aturdimiento en su amiga. Algo no andaba bien con ella. Y aunque quisiera ayudarla, sabía de sobra que se lo ocultaría. Así que no le dijo nada y trato de mantenerla ocupada al jugar junto a Neo, antes de volver al Seireitei; pasando así casi toda la tarde, hasta que el pequeño ojivioleta comenzó a bostezar y a tallarse los ojos. Rukia lo cargo para regresar a casa. Iban despacio, para disfrutar del hermoso atardecer.

Ya dentro del Seireitei, Hanataro se despido, dejando sola a Rukia por un camino algo agitado. Primero se topó con la teniente Matsumoto, quien no dejaba de revolotear alrededor de ella para admirar a Neo: "¡Awww! Es muy lindo, se ve más adorable cuando duerme.". La rubia se emocionaba de ver a un infante dentro del Seireitei, por lo menos a su alcance, pues los hijos de las otras familias nobles siempre estaban enclaustrados.

Posteriormente se topó con Ikkaku y Yumichika. Donde el primero alegaba que el pequeño sería más fuerte que el padre, lo cual le emocionaba mucho pues esperaba poder enfrentarlo alguna vez. El segundo, carcajeaba ante el alivio de que fuera muy bonito, "Es una suerte de que ambos sean guapos, sino… ¡Uf! No sé cómo hubiera sido esta criatura.". Rukia solo los observo desconcertada, con una gota cayendo por la cien mientras los tres se alejaban lentamente.

―Kuchiki, ¿Por qué esta tan tarde afuera de casa? ―Kira miraba a Neo entre los brazos de la ojivioleta― ¿Esta dormido? déjame ayudarte a llevarlo a casa.

― ¿Eh? No te preocupes, estoy bien.

―Vamos, no te hagas del rogar.―Hisagi le estaba quitando a Neo―Nosotros los acompañaremos, seguramente tus brazos están adormilados.

Rukia asintió y sobo sus brazos ante la verdad de sus colegas. Se sentía extraña con aquella compañía, pese a que Kira trataba de hacer un poco de conversación. Incluso Hisagi buscaba platicar con la ojivioleta. Ninguno se veía obligado, al contrario; su forma de actuar y hablar le indicaba que eran sinceros.

"Es un poco incómodo, pero no es molesto.", pensó antes de que Kira sacara a la conversación al shinigami sustituto:

―Así que, ¿Mañana regresa Kurosaki Ichigo? ―la miraba, sonriéndole.

― ¿Eh? Pues, sí. ―junto las manos, como una adolecente enamorada.

―Eso es bueno. ―Hisagi miraba al frente―Todo es aburrido desde que el shinigami sustituto se fue. ―su tono de voz era burlona―Aunque, es más importante para ustedes. ―tenía la carita de Neo recargada sobre su hombro.

―Neo está muy feliz por conocer, mañana, a su padre. Eso es importante para mí.

―Kuchiki, eres muy valiente. ―Kira la veía de reojo.

No respondió. Rukia únicamente podía pensar en que la espera terminaría en unas horas. Y en cuanto llegaron a la mansión de los Kuchiki, Hisagi se anunció para poder entrar y dejar a Neo en su cama. "No es necesario, teniente, yo puedo llevar al pequeño a su cama. Gracias por traerlos.", el anciano sonrió y extendió los brazos para recibir al niño y llevárselo. La ojivioleta les agradeció la compañía y por ofrecerse a llevar a su hijo:

―No fue nada. Después de todo, fuimos parte de todo el alboroto por protegerlo. ―Hisagi le dio la espalda y se despidió con una ademan de mano.

―Hasta pronto Kuchiki. ―Kira corrió para alcanzar a su camarada.

Tan pronto los vio alejarse, entró para ir directo a arropar a Neo. Pero en el camino, Byakuya le bloqueó el paso con la intención de hablar con ella. A juzgar por su expresión, era algo serio e importante, pues la dejo pasar a su habitación.

―Rukia, ¿Aun quieres ser teniente?

― ¿A qué viene esa pregunta? Claro que sí, ¿por qué no habría de aceptar?

―No quiero que el regreso de Kurosaki te haga cambiar de opinión.

― ¿Él que tiene que ver en mi decisión?

―El cargo implica más responsabilidad, y sobre todo más riesgo en el campo de batalla. Puede que más tarde te arrepientas por no verlos como quisieras.

―Se cuidarme sola, y con Ichigo a nuestro lado no tengo porque preocuparme por Neo.

Byakuya miro detenidamente la expresión de su hermana: era decidida, segura, convencida. Sin dejar de lado el tono en que lo dijo. Rukia estaba lista para asumir responsabilidades más allá de las de ser madre. Era una shinigami excepcional, responsable y disciplinada, por lo que el ojivioleta sonrió, escondiéndola detrás de su tasa de té, sutilmente al escuchar a su hermana hablar de ese modo.

―Muy bien, entonces es todo.

― ¿Hum? Hermano…

―Ve a descansar.

Rukia sonrió y, tras una reverencia, se retiró de la habitación. Cerró la puerta tras de sí y suspiro como si hubiera retenido el aliento por mucho tiempo. Corrió hasta donde Neo, lo arropo, le dio un beso en la frente y se acurruco a su lado.

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Probó la deliciosa cena que Yuzu preparó y jugó algunos videojuegos con Karin antes de que cayeran muertas de sueño. Y tras conversar con su padre, Ichigo estaba triste por alejarse de ellos, pero la felicidad a lado de la mujer que ama y su hijo era lo que buscaba. Isshin lo abrazo y le dijo lo orgulloso que estaba de él, y que su madre lo estaría aún más.

―Es suficiente, viejo. ―se apartó y reprimió sus lágrimas.

―Hijo, no te olvides de visitar a tus hermanas.

―Claro.

Ambos estaban sentados en el techo, viendo las estrellas de aquella hermosa noche, hasta que Isshin se levantó para retirarse a dormir. Ichigo se quedó solo, recostado con sus manos en su nuca y una rodilla doblada. "Desde que recupere mi energía espiritual, no he sentido la presencia de hollows.", analizaba aquel extraño hecho. Por muy pequeño o inofensivo que el hollow fuera, no era motivo por el cual no sintiera su presencia. Aunque perdió el interés pronto.

―Deberías descansar, mañana te toca un agitado viaje por el Dangai para ver a tu familia.

Yoruichi, en su forma gatuna, reprendió al pelinaranja. Se sentó a su lado, se lamio una patita y le informó que todo estaba listo para su regreso a la Sociedad de Almas. Obviamente, Ichigo se alegró y le pidió que le dijera como estaban las cosas en el Seireitei.

La felina aseguró que todo estaba bien, y que el viejo Yamamoto consideraba a Neo un niño como cualquier otro.

―Yoruichi, ¿Has visto a mi hijo estos días?

―Sí. ―sonrió al recordar la noticia de que Rukia seria nombrada Teniente en un mes.

― ¿Están bien?

―Felices de que volverás.

Ichigo sonrió. Nada embelesó sus oídos aquella noche. En cuanto hizo más fío, el pelinaranja bajo a su habitación, misma que veía desde la puerta. Cogió con fuerza el picaporte, como si buscara no soltar aquella parte de su vida. Miraba cuidadosamente cada centímetro, rememorando los momentos en los que hizo el amor con Rukia. Cada beso, cada caricia, cada gemido y placer que se regalaron al entregarse con alocada pasión. Sonrió de lado y se recostó en su cama. Pasaba sus manos por el cobertor, contando las horas para poder hacerla suya de nuevo. En medio de su imaginación lujuriosa, Ichigo quedo profundamente dormido.

El trinar de algunos pajarillos y la dulce voz de su hermana lo sacaron de su letargo. Se sentó a la orilla de su cama, se tallo los ojos y paso su mano por su cabello mientras observaba el hermoso resplandor del Sol entre sus cortinas. "Hoy conoceré a mi hijo, podré abrazarlo y besar a Rukia.", no hacía caso a los llamados de Yuzu para que bajará a desayunar.

―Ya bajé―bostezaba y se rascaba la cabeza―, deja de gritar.

―Hermano, debes apurarte. ―le daba la espalda.

―Yuzu, vamos, ya no llores. ―recargo los codos en la mesa.

―Lo siento, aun no me acostumbro a la idea. ―le dio un plato con varios hotcakes cubiertos de miel y fresas frescas.

― ¿Dónde está Karin y el viejo? ―se metía un trozo de postre a la boca.

―Karin sigue encerrada en la habitación, y no sé a dónde fue papá.

―Creo saber en dónde está. ―Ichigo sabía que su padre estaba con Urahara, asegurándose de que todo estuviera en orden.

Y no se equivocó. Segundos después, el teléfono sonó. Era su padre, anunciándole que ya debía ir a la tienda para volver a la Sociedad de Almas. Ichigo miró a Karin, bajando y exigiéndole comida a Yuzu, preguntándose cuando podría verlas de nuevo. Al colgar, el ojiambar les dijo que debían ir a la tienda de Urahara:

―Hermano… ¿Tan… tan pronto? ―Yuzu dejo caer, de la espátula, un hotcake.

―Pero es muy temprano. ―Karin veía su reloj―Pensamos que te irías más tarde.

La forma en que hablaban y lo veían, denotaba claramente una gran tristeza por alejarse de su hermano. Sin embargo, Ichigo no podía controlar la Senkaimon artificial; si Urahara dijo que el momento era "ya", debía irse en ese momento, pues la inestabilidad de aquel aparatejo podría hacerlo quedarse más tiempo en el mundo de los vivos.

―Lo siento. ―las abrazo con fuerza―Pero debemos irnos ya.

Ambas asintieron, y salieron con él hacia la despedida.

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No dejaba de observarse en el espejo, no parpadeaba ni se movía. Pensaba en como recibir al amor de su vida. "¿Lo abrazaré, lo besaré o lo golpearé?". Rukia se sentía extraña con el kimono de su hermana, por lo menos hasta que Neo entro corriendo para abrazarla y preguntarle porque se había vestido tan bonita:

― ¿Es por papá? ―se aferraba con fuerza a su pierna.

―Sí, quiero que me vea bonita.

―Pero ya eres bonita.

―No es bonita, es hermosa. ―Renji rió al oír el comentario.

―Renji, ¿Qué haces aquí? ―Rukia estaba ruborizada.

Byakuya le pidió que los acompañara hasta el sitio donde, supuestamente Urahara le informó al doceavo escuadrón, llegaría Ichigo. Así que, los apresuró para salir lo más pronto posible. Por suerte, el ojivioleta dejo a su disposición una carrosa que los transportaría.

Durante el camino, Rukia jugaba con sus manos, movía los pies, se mordía el labio inferior, a cada rato miraba por la ventanita o se alisaba el kimono. Neo se desesperó y se sentó en su regazo para aprisionarle las mejillas entre sus manitas para verla con seriedad:

―Ya para, mamá. Te mueves mucho. ―hacia un puchero.

La ojivioleta abrió de par en par sus ojos, al distinguir el inigualable ceño fruncido de Ichigo en su hijo. Se veía exactamente igual. "Son como dos gotas de agua…", no dejaba de verlo con sumo encanto; "Eres igual a tu padre.", pensaba al mismo tiempo que la carrosa se detenía y uno de los guardias de Byakuya les anunciara la llegada al sitio indicado.

―Rukia, ya estamos en el punto de encuentro. ―Renji ya había bajado, así que le extendió la mano para que ella bajara.

― ¿Eh?

―Que ya llegamos, ¡Ay, mami! Estas muy distraída. ―Neo dio un brinco para descender.

Apenas consiguió darle la mano a Renji para apoyarse, pues sus manos y piernas temblaban tal cual gelatina. Tampoco lograba seguirle el ritmo a Neo, ya que sus pasos eran lentos y torpes; además, su corazón latía con tal fuerza que la ensordecía. Para colmo, sus nervios se incrementaron cuando vio que había algo de asistencia para la llegada del shinigami sustituto:

― ¡Rukia! ―Rangiku la saludo muy sonriente.

―Matsumoto, no seas tan escandalosa. ―Toshiro se cruzó de brazos.

― ¡Apúrense! ―Kyoraku levantaba una copa de sake― ¡Neo, has crecido mucho!

―Kuchiki, que bueno que ya estás aquí. ―Ukitake, junto a Koyone y Sentaro, la saludaba.

― ¡Señorita Ru… ―Hanataro tropezó al correr hacia ella.

―La puntualidad hace hermosas a las personas. ―Yumichika agitaba su cabello―Por suerte, llegaste a tiempo.

― ¡Tsk! Puntualidad, ese bastardo de Kurosaki Ichigo ya está tardando en llegar, ¿Qué demonios le pasa? ―Ikkaku ya estaba impaciente.

Renji carcajeó ante la expresión de estupefacción de Rukia. Ella no esperaba tener audiencia cuando viera, después de cinco años, a su amado. Una mezcla de nervios, enojo y timidez la invadieron lo suficiente como para enmudecerla. Aunque, el reclamo de Ikkaku la inquieto un poco, animándola a preguntar si era verdad que Ichigo se había retrasado:

― ¿Hum? ―Renji se rasco la cabeza―Creo que llegamos un poco antes, la verdad es que Byakuya lo anticipo diez minutos antes.

―Ya veo. ―observo a Neo jugar con Ukitake.

― ¡Uf! Señorita Rukia, no se quede ahí parada, venga con nosotros. ―la cogió de la mano―Ya casi es hora.

― ¿Eh? Seguro. ―todos le sonreían, la abrazaban o la felicitaban por el encuentro tan esperado con el shinigami sustituto.

Por suerte, el tiempo paso volando y en medio del campo, de flores, una destellante luz, vertical, se engrosaba lentamente ante sus ojos. Una espesa niebla se disipaba, dejando ver una difuminada sobra caminar lentamente, hacia todos.


Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)