Buenas noches, señores y señoras, follones y follonas, lemoneros y lemoneras, fujoshis y fujoshas, albañiles y albañilas, contadores y contadoras, nerds y nerdas, pitufos y pitufas, gnomos y gnomas, y todo aquel que en este momento se encuentre en internetlandia.
He aquí un nuevo capítulo, pero antes les quiero decir que me tardé en responder porque entre el trabajo, y otras cositas me alejé de la computadora un tiempo.
Por otro lado, en otras noticias;
1-. Me voy a casar! =D Aún no sé cuándo pero en cualquier instante les sorprendo con la noticia jaja.
2-. Volveré pronto al facebook!
3-. Si alguien tiene curiosidad o hay algo de esta historia que no entienda y quiera realmente más que nada una respuesta, con spoiler y todo o sin spoiler, puede escribirme un mp, si considero que sus intenciones no son las de secuestrarme para vender mis órganos les enviaré mi whatsapp o ID de Black Berry Messenger para tener una conversación en vivo :*
4-. Sé que el nombre del capítulo no tiene demasiado que ver con el capítulo pero fue de tantas vueltas que le di jajaja.
Besos y abrazos llenos de sugar~~ :*
CAPÍTULO 8:
Happy B-day Sasuke.
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Enero, el primer mes del año, para muchos; la oportunidad de comenzar de nuevo, porque, al iniciar un nuevo año, un nuevo ciclo, puedes comenzar a hacer las cosas diferente, procurando que los errores de antes se corrijan y ahora todo salga bien. Cómo debe de ser.
Un largo pasillo se abrió ante él. Habían pasado al menos 2 horas desde su llegada a aquella mansión. Durante ese tiempo, había sido arrastrado sin previo consentimiento por las diferentes habitaciones, corredores, estancias, salones y jardines que la conformaban.
—Con eso concluimos por ahora, Toneri —dijo su guía; un hombre alto y robusto que respondía al nombre de A.
—Entendido.
—Es difícil memorizar donde está cada cosa pero, con el tiempo te adaptarás, es un gran lugar pero podrás llegar a llamarlo hogar —tomó la mano del peliblanco y la estrechó con fuerza—. Hiashi-sama está encantado con tu expediente, incluso yo, es increíble todo lo que has hecho con tan solo 24 años.
—Gracias, A-sama —respondió calmado—. Sinceramente, estoy entusiasmado de poder trabajar para la familia Hyuuga, y que usted, el famoso A-neitor sea mi superior es un honor, sin embargo, cómo he venido a trabajar, tengo curiosidad por saber qué área de la mansión o sus alrededores me será asignada.
—¿Área? —el peliblanco asintió y el moreno soltó una risotada burlona—. ¿No te lo ha explicado Amai? No vas a monitorear un área de la mansión, tu tarea será cuidar de Hinata-sama, serás su guardaespaldas.
—¿Hinata-sama?
—Sí, es la hija mayor de Hiashi-sama, su nombre es Hyuuga Hinata, es la mayor de las gemelas.
—Entiendo. ¿Dónde está la niña? —preguntó un poco irritado ante la idea de convertirse en niñera.
—Ella no es una niña, ya tiene 14 años.
A su parecer, era una niña, una de solo 14 años.
Se ajustó la corbata, que hacía juego con el elegante smoking negro y siguió a su superior por un poco más de tiempo a través del pasillo del último piso.
—¡Hazlo de nuevo! —se escuchó salir de una gran puerta de madera al final del corredor. Era una voz femenina, fuerte y aturdidora.
A abrió la puerta y el delicado sonido de una melodía en piano llegó a sus oídos.
—¡Detente! —volvió a exclamar la mujer, golpeando con fuerza el borde del piano de cola con una regla—. ¡Eres demasiado inepta! —volvió a gritar y la joven que tocaba el piano agachó la mirada.
—Levántate —pidió—. ¡Que te levantes! —exigió con fuerza halándola del brazo.
—L-lo siento… —susurró por lo bajo la joven, acariciándose donde antes la había apretado.
—No te disculpes conmigo —dijo la mujer con mirada firme—. Discúlpate con tu padre por no poder cumplir sus expectativas —notó la presencia de los hombres y caminó hacia ellos—. Justo a tiempo, A, me voy a casa, dile a Hiashi-sama que lo siento mucho pero no continuaré perdiendo mi tiempo con su inútil hija.
—Pero, Misuzu-san…
—¡Nada de peros! —espetó encarando al hombre—. Soy una profesional y tomo mi trabajo muy enserio, así que no esperaré menos de ninguna aprendiz. Si no puede estar a mi altura, que se consiga una profesora de su bajeza.
—Entendido, Misuzu-sama, por favor, déjeme acompañarla a la salida —se inclinó ante ella y le permitió atravesar la puerta—. Volveré más tarde, Toneri, disculpa.
Sin decir más se retiró, siguiendo a la pianista.
El salón era inmenso, con un gran vitral atravesando la pared de esquina a esquina, muebles de fina piel blancos y pulidos, haciendo un perfecto juego con el piano de cola negro, y todo en un extenso reflejo sobre la porcelana blanca que revestía el suelo.
—¿Hola? —saludó él, con cautela, acercándose despacio al lugar en que con el rostro agachado, de frente hacia el piano ella se encontraba—. ¿Es usted Hyuuga Hinata-sama? —preguntó al no obtener respuesta, pero solo recibió un asentimiento de cabeza por parte de ella—. Mi nombre es Otsutsuki Toneri, a partir de hoy seré su guardaespaldas.
—Entiendo —susurró levantando despacio el rostro y girando su cuerpo hasta hacerle frente—. Encantada de conocerle, señor.
—¿Puedo preguntarle algo? —cuestionó directamente, ella asintió, sentándose en el taburete frente al piano y él se inclinó, para mirarla a los ojos—. ¿Sí usted es la dueña de este lugar, por qué permitió que esa mujer la tratara de esa manera?
—Somos los dueños del dinero que producen las empresas que manejamos, pero no de las personas que llegan a trabajar para nosotros —él la miró confundido—. Usted a partir de hoy trabajará para nosotros, pero no es una de las propiedades de la empresa, en lugar de un activo o bien, representa un pasivo (deuda). Si hace bien su trabajo será bonificado, si lo hace mal será despedido. No nos importa su carácter, si quiere ser amable está bien, si su personalidad es como la de Misuzu-sensei también está bien. Papá dice que el carácter de un empleado no nos puede importar más que la correcta realización de sus deberes.
—Entiendo, solo otra pregunta, ¿si eso es cierto, por qué está llorando?
—Déjeme responder esa pregunta con otra, ¿quiere el empleo? Entonces ignore lo que no tiene importancia —se levantó y caminó hacia una pizarra acrílica en una de las paredes, tomo el marcador en silencio y dibujó una ralla junto a otras iguales.
—¿Qué es eso? —ella sonrió y dejó el marcador en su lugar.
—Misuzu-sensei es la número 63. Estoy contando cuantas profesoras de música contratará mi padre antes de darse por vencido —su largo cabello se movía tras de ella, y el vestido de talle bajo que llevaba, dejaba ver en claro que su cuerpo no era el de una niña—. Permiso.
Para cuando Toneri volvió a la realidad y despegó sus ojos de la pizarra Hinata ya se había ido. Seria, inteligente y minuciosa, era como cualquiera podría describirla.
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—¡Las manos arriba! —al fin lo habían acorralado.
—Maldita sea… —susurró levantando las manos, dejando caer las piedras que sostenía—. Ya me tienen.
Los oficiales bajaron despacio de las patrullas mientras otros se acercaban caminando. El joven de cabellos azabaches sonreía complacido al ver a algunos agitados por el cansancio. Los había hecho pasarla mal a pesar de ser él solo.
—Siguen siendo muy lentos —advirtió arrojando una bomba de humo en dirección a los oficiales, atravesando al grupo en carrera mientras se cubrían el rostro.
—Suficiente, Sasuke —un hombre alto y joven estaba de pie frente a él, del otro lado de la barricada de oficiales.
—Itachi… —quiso volver por donde había venido y de no ser porque había quedado expuesto lo hubiese hecho.
—Esto no es gracioso, te lo he dicho antes.
—¡Hermano...!
—¡Cállate! —Sasuke bajó la mirada con los puños y dientes apretados—. En menos de dos meses cumplirás 15 años, el acuerdo con el comandante fue que si no te regenerabas antes de eso irías a la correccional, ¿es lo que quieres a caso?
—¡No lo sé, tal vez es lo que quiero! —se dio la vuelta y dos oficiales aparecieron frente a él, cortándole el paso—. Pregúntale a papá a ver que quiero, de seguro el te dará una mejor respuesta.
—Hora de irnos, continuaremos esta discusión en casa —le alaba con fuerza del brazo—. Y no quiero que te vuelvas a envolver en protestas activistas estúpidas que no tienen nada que ver contigo.
—Me da igual —bufó, siendo empujado dentro del auto por su hermano con brusquedad.
—Sasuke, algún día te tocará tomar responsabilidades en el consorcio, no puedes pretender pasar toda tu vida metiéndote en problemas como un delincuente —apoyaba los dedos contra su frente—. Ya no sabemos cómo hablarte.
—Entonces comiencen a escucharme, si ya no saben cómo hablar, ¿se han preguntado qué es lo que yo quiero?
—No hace falta, pues a diario demuestras que lo único que quieres es joder tu vida.
—¡No es así, pero me obstino de escucharlos decirme que hacer todos los días!
—¡Entonces dime qué quieres hacer que sea de provecho y podría considerar decirlo a nuestros padres!
—Quiero ser modelo… —susurró.
—¿Qué? No pude escucharte.
—¡Quiero ser modelo, cantante, actor, lo que sea pero quiero estar en el medio artístico!
—Te pedí que dijeras que querías hacer algo si era de provecho, no una tontería, Sasuke.
—Eso puede ser de provecho, incluso muy lucrativo, solo tengo que esforzarme, pero podría comenzar modelando, siempre me dicen que tengo un buen físico para eso, incluso las chicas del instituto me toman fotografías y seré el modelo masculino para la pasarela de la escuela de artes Yazawa.
—Deja de decir tonterías.
—¡No son tonterías, es mi sueño! —se cruzó de brazos y enfocó sus ojos en el cristal—. Estás igual de idiota que nuestros padres, Itachi.
—Sasuke, está bien que tengas un sueño, pero tienes obligaciones y no puedes dejarlas tiradas, botadas, de lado por una tontería.
—¿Y si te lo demuestro?
—¿Qué cosa? —preguntó Itachi, entrelazando sus manos bajo su barbilla.
—¿Si te demuestro que mi sueño es viable… lo aceptarías? —el moreno mayor enarcó una ceja.
—¿Puedes hacer algo como eso?
—No estoy seguro… mentiría si digo que definitivamente lo haré… sin embargo, puedo intentarlo… sé que si realmente me esfuerzo podría tener una oportunidad.
—Está bien, es un trato —una tenue sonrisa se formó en su rostro—. Sin embargo, si no lo consigues al menos un contrato con una revista o empresa importante en el medio en un lapso de 3 años, te dedicarás de lleno al consorcio y dejarás de lado esas ideas de fama, ¿entendido?
—¡Sí! —afiló sus ojos, encarando directamente a su hermano mayor—. Es un trato, y te aseguro que no te vas a arrepentir, daré todo de mi parte para…
—Espera —lo interrumpió—. Aún no he terminado.
—¿Qué…?
—Tengo otra condición… —Sasuke tragó grueso, esperando lo peor por tratarse de su hermano y de su familia—. Deberás aceptar el compromiso esta tarde.
—¿Compromiso…? ¿De qué estás hablando…?
—Se supone que te enterarías esta tarde, pero ya que estamos tratando cosas importantes, aclaremos todo.
—Itachi…
—Has sido malcriado y apoyado en todo desde que naciste, principalmente por mi causa, como hermano mayor, siempre he hecho todo lo que has querido y he ocultado tus tonterías de nuestros padres para que no fueras castigado. En otras palabras, soy el único culpable de tu descontrol y total falta de responsabilidad, por esta razón, he escogido entre todas las damas de sociedad disponibles a la más influyente, poderosa, organizada y educada, sin dejar de lado que es la más hermosa también.
—Esto no es necesario, además, no es algo que deban de decidir por mí.
—Sí, desde que siento que estas a un paso para convertirte en un asesino se ha vuelto necesario. No quiero que mi hermano pase de reportarse una vez al mes en la correccional de menores a estar preso de por vida en una cárcel estatal.
—¿Y crees que la solución es conseguirme esposa? —preguntó arrojando al suelo de la limosina todos los papeles que su hermano tenía a su lado—. ¡¿Esa es tú maldita solución?!
—No, ya hicimos un trato para solucionar ese problema, sin embargo, sea como actor o como empresario, sigues siendo un Uchiha y sigues representando a una de las familias más importantes, así que como te imaginarás, sigues estando en la lista de candidatos. Conseguí que te aceptaran, a pesar de tu fama, como prometido de la joven más cotizada.
—Déjame adivinar, ¿es multimillonaria?
—No, —sonrió con malicia—. Es peor que eso, es la heredera del Consorcio Hyuuga.
—¿Hyuuga… Hinata-sama? —su hermano asintió—. Entre todas… tenías que escoger a la señorita perfección…
—Te lo dije, necesito ponerte frenos de alguna manera y pensé que esta era la mejor manera de hacerlo.
—Está bien —afirmó sus manos, apretando el cojín del asiento—. Si así me dejarás hacer lo que yo quiero, entonces acepto.
La mueca de satisfacción de Itachi solo fue tan grande y clara como la mirada llena de seguridad de su hermano menor. Estaba decidido, haría lo que hiciera falta para conseguir hacer lo que él quería hacer.
Convertirse en el esposo de Hinata no estaba en sus planes, pero no dejaría que ese detalle menor lo desconcentrara de su meta. Lo iba a lograr, sus padres y su hermano tendrían que tragarse sus palabras. Él iba a conseguir hacer lo que le había declarado a su hermano porque así era él. Decidido, rebelde y atrevido. Era la imagen que daba a todos y era lo que él mismo aseguraba ser.
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La luz estaba encendida, pero él seguía durmiendo.
Acababan de entrar en Enero, lo que significaba que pronto volverían a clases, las vacaciones de invierno terminaban y aunque era medio día él seguía durmiendo.
—Es hora de despertar, Naruto-sama —las cortinas fueron corridas rápidamente por las manos del mayordomo—. Hace un esplendido día y se lo está perdiendo enrollado en esas sabanas.
—Grrr… —solo gruñó cubriéndose aún más con las mantas.
—Vamos señor, mientras más rápido se levante, más rápido podrá ir a comer ramen.
—¡¿Prepararon ramen?! —exclamó levantándose a toda velocidad de la cama.
—No… Lo han traído de su tienda favorita —respondió sonriendo bajó el tapa bocas que solía usar—. Ishiraku's…
—¡Estoy listo! —exclamó ajustando el broche del cinturón en su pantalón.
—No comerá si no se da un baño y se viste adecuadamente, solo colgarse el cinturón sobre el pijama no funciona, cof-idiota-cof.
—¡Pero Kakashi… quiero comer, 'ttebayo! —bufó siendo empujado en dirección al tocado.
—No, debemos de prepararlo primero, hoy vendrá Sasuke-sama para que le ayude a preparar su fiesta de cumpleaños que será el mes entrante, debe ser más responsable, es su mejor amigo.
—¡Pero Kakashi! —el mayordomo rodó los ojos—. ¡Que se consiga un puto organizador de fiestas para eso tiene dinero el muy cabrón, a mi que no me joda con sus mariconadas!
—Sasuke-sama no es homosexual, es bisexual, lo que es muy diferente.
—¡¿Qué diablos dices?!
—Lo siento, quise decir algo interesante al respecto, por otro lado, usted debería de cuidar más de su vocabulario. Las inversiones del consorcio Uzumaki, aunque aún no están a gran nivel se han incrementado considerablemente, ahora usted es un futuro empresario, debe de comportarse como tal.
—Debo esto, debo aquello, en serio Kakashi, me gustaba todo esto de las inversiones y que mis padres aumentaran sus negocios, pero se está volviendo un poco extraño… incluso no he visto a papá y mamá desde navidad, ni siquiera recibimos juntos el año nuevo porque estaban ocupados trabajando en Kyoto.
—¿Está insinuando que la compañía de su fiel mayordomo no es suficiente para complacerlo? —preguntó al borde del llanto.
—¡No quise decir eso! Es solo que… —suspiró, recibiendo una sonrisa bajo aquella mascara, que se denotaba por las arrugas en sus ojos—. Comienzo a extrañarlos.
—Naruto-sama… —se inclinó, mirándolo desde abajo—. Sus padres, solo quieren asegurarse de que usted tenga un gran futuro. Lo hacen todo por usted.
—Lo sé…
—Vamos, arriba esos ánimos —le revolvió sus rubios cabellos—. Si tus padres consiguen sellar el trato con Hyuuga Hiashi podrán pasar un largo tiempo aquí en Tokyo, en casa.
—Esa persona es muy importante, ¿cierto?
—Lo es, los Hyuuga son los mayores accionistas en Kyoto y su consorcio es el más grande de Japón actualmente, la unión con los Uzumaki significará para ellos el movimiento de una gran cantidad de empresas de su firma a nuestra ciudad, es un grupo consolidado y tienen justo el toque que los Uzumaki han buscado desde la fundación de la primera empresa; el ser ciento por ciento un grupo familiar. Pasar de generación en generación manteniendo los valores, misión y visión. Un sueño ambicioso, pero no imposible de cumplir.
—Kakashi…
—Sabe, Naruto-sama, algún día, será usted quien lleve lo que sus padres ahora trabajan, por eso queremos que tenga buenas relaciones en su futuro.
—¿Y eso significa…?
—¿No se lo han dicho? —preguntó sacudiendo levemente su mano—. Ha sido cambiado de escuela.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
—No se preocupe, le agradará su nueva escuela, es la única propiedad de los Hyuuga en Tokio, el Akatsuki Institute. Actualmente se ha conseguido ganar el reconocimiento como la mejor escuela de Tokyo y opta al premio de excelencia académica nacional. ¿No es impresionante?
—Las cosas de la escuela… me valen mierda y lo sabes.
—Solo quería entusiasmarlo señor…
—Está bien, lo entiendo, es solo que mi sueño no es estudiar toda mi vida como mis padres. Sonará estúpido pero lo que más deseo hacer es vivir una vida tranquila… Quiero un día casarme y ser feliz con la persona que yo ame y me ame, quiero tener hijos y estar a su lado siempre. Quiero ser…
—¿El padre que sus padres no han podido ser? —el rubio bajó la mirada algo tenso—. Me parece un sueño admirable, siempre me dijo mi padre que nuestra primera escuela está en casa y que nuestros padres son nuestros primeros maestros, y yo personalmente siempre he creído que el mejor alumno es el que supera al maestro, por eso, me parece admirable que quiera ser mejor que sus padres.
—Kakashi…
—Puede contar con que lo apoyaré toda mi vida, Naruto-sama, he estado a su lado desde que nació, cuando yo aún era un niño y le aseguro que seguiré a su lado hasta el día en que mi cuerpo ya no tenga nada más que entregarle.
—Gracias, Kakashi, 'ttebayo.
—Gracias a usted por ser tan bueno, joven amo.
—No me llames así, eso apesta, 'ttebayo.
—Modere su lenguaje y en definitiva debemos de hacer algo con ese 'ttebayo que se le ha pegado últimamente.
No había más que hacer o decir, era así, su vida se encontraba en un punto en que todo debía parecerle esplendido, pero una parte de él se sentía solo y abandonado. Como un cachorro dejado en una caja de cartón, listo para ser cuidado por algún desconocido considerado y bueno, su mayordomo parecía adorar ese papel.
Sin embargo, no importaban sus cientos de esfuerzos, Naruto Uzumaki no era el tipo de chico que aspiraba a tener millones o ser alguien importante en ese ámbito, él solo quería ser feliz y tener una familia como la que hasta ahora no lograba tener en su casa, con sus padres. Era terco, flojo y despreocupado, pero a pesar de sus tantos defectos, era el único que podría enfrentar las tormentas que azotaran su vida, sin importar que tan fuerte soplaran.
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Pasaron dos semanas, tan rápido que parecía que ayer había aterrizado en Kyoto para conocer a sus nuevos jefes.
La familia Hyuuga no solo era poderosa, también era conservadora, elitista y anticuada. El tipo de personas que te hacen imaginar cómo era la realeza en siglos pasados, con tan delicada jerarquización entre sus miembros que era imposible verlos como una simple familia corriente.
Se había resignado. Su trabajo sería cuidar de la hija mayor del CEO actual, era callada y tranquila, pero había comenzado a entender que cuando quería podía ser tan despiadada como una niña malcriada, como la heredera de ese tipo de familias debía ser, o al menos así podía asumirlo.
Sin embargo, algunas cosas ocurridas en esos días le habían terminado convirtiendo en el shofer de ella y de la menor, aunque la diferencia entre ambas era de tan solo 10 minutos, se anteponía siempre el titulo de mayor o menor entre ellas, al ser presentadas, elogiadas, llamadas, siempre era lo mismo en aquella casa; la hija mayor, Hinata, la hija menor, Naida.
—¡Toneri-kun! —el joven bufó, pues la voz chillona de la menor le alteraba un poco los nervios. Aunque eran idénticas en apariencia, eran completamente diferentes en personalidad.
—¿Qué se le ofrece, ojou-sama? —preguntó reverenciándole.
—¡Kyaaaa! ¿Viste onee-chan? Tienes tanta suerte… Toneri-kun no solo es sexy, también es un caballero… —suspiró largo y tendido, colgada del brazo de su hermana—. Te envidio mucho…
—No es para tanto, imouto-chan —cerró su libro y dio un par de pasos al frente—. Iré a preparar mis cosas.
—¡¿Qué?! ¿Piensas volver antes a Tokyo? —la menor se detuvo al frente, reteniendo el andar de su hermana—. No puedes, debes esperar para irnos juntas.
—Lo siento, las clases comenzarán el lunes, necesito llegar antes, le prometí a mi padre que iría en persona a visitar a las familias Uchiha, Hanzo, Senju y Uzumaki.
—¿Y esos quiénes son?
—Las familias con las que se han hecho negocios, ¿a qué planeta te vas cuando nos reunimos con papá?
—Lo siento… esas cosas me aburren.
—En lugar de aburrirte, deberías venir conmigo, así podremos presentarnos juntas en representación de nuestros padres, ya tenemos 14 años, tenemos que comenzar a tomar más responsabilidades en los asuntos del consorcio.
—Naaa… a ti y a Neji les gusta eso, a mi me da sueño —la abrazó, besando su frente, cómo solía hacer—. Te deseo un feliz viaje, onee-chan, nos veremos el lunes en la escuela.
—Cuídate mucho, imouto-chan, hasta el lunes —sonrió y la menor se perdió por el pasillo, no sin antes golpearle el trasero al peliblanco—. Otsutsuki-san, por favor pida que preparen el transporte, nos iremos en una hora.
Eran idénticas, solo las diferenciaba lo que había dentro de cada una, y mientras Hinata llevaba su fleco recto, Naida lo usaba hacia la derecha. Esa era la única forma de diferenciar aquel par de gotas de agua.
El viaje a Tokyo era tan rápido como siempre gracias al helicóptero. La mansión en la capital no era tan grande como la que tenían en su ciudad natal, pero era lo suficientemente grande para seguir sorprendiendo a cualquiera.
Habían llegado el viernes y tras prepararse adecuadamente, con un vestido largo, ajustado en la cintura, calzado fino, algo para cubrirse el pecho y un sombrero a juego subió al coche junto al que ahora era su guardaespaldas.
—Primero iremos a casa de los Senju, debemos de llegar en 30 minutos o antes, seguiremos con los Hanzo, jugaré croket con sus hijos menores a las 11:00 a.m. a las 2:30 p.m. Iremos a casa de los Uzumaki, se acaban de asociar a nosotros y mi padre me ha pedido darle una opinión sobre ellos. Creo que estará bien pasar el resto de la tarde con ellos —leía de su agenda con calma—. Sería una buena idea quedarme sorpresivamente para la cena, ver si pueden sorprenderme con algo interesante.
—¿Qué hay de los Uchiha? —preguntó Toneri, sentado frente a ella en la limosina.
—Mañana pasaré el día entero en su casa. Hace solo un par de días que Fugaku-sama y mi padre concretaron mi compromiso con Sasuke-san, necesito asegurarme por mí misma que su cambio de actitud sea positivo, no pasaré mi vida casada con un criminal o un bueno para nada.
—Si me disculpa el atrevimiento, sus palabras en ocasiones son un tanto… hirientes.
—Primero que nada, agradezco su sinceridad, no me gustan las personas que me elogian sin quererlo, solo por temor a mi familia y su poder —cerró la agenda—. Sin embargo, solo me preparo para mi futuro. Usted conoce a mi hermana y ha visto su comportamiento, sé que será mi responsabilidad un día el llevar las riendas, por eso…
—Entiendo… que le guste o no… ¿qué importancia tiene eso?
—Exacto… lo que yo piense al respecto… ¿qué importancia tiene?
El resto del viaje a casa de los Senju había sido silencioso. En ningún lugar permanecía demasiado tiempo. Ni siquiera durante el juego de croquet, pues una vez que su reloj marcó la hora de partida dejó su equipo, se despidió y partió, aún contra los ruegos de aquellas personas porque permaneciera allí.
—Siguen… los Uzumaki —susurró a su libreta.
—Me informaron que siguen en Kyoto. Debería de cancelar esa visita.
—Oh no, mi padre me llamó, aseguró que su hijo único me recibirá por ellos —cerró la agenda y levantó la mirada, encarando los ojos de su guardia personal—. Uzumaki Naruto, se supone que iniciará clases en nuestro instituto esta semana, estoy muy interesada en saber qué tipo de persona es, después de todo, no aceptamos a cualquiera.
Lucía tan segura, pero sus piernas temblaban de vez en cuando, al sentir la presión, quería gritar y huir, más no podía hacerlo. Debía de seguir adelante porque solo de esa manera, llevando ella el peso en sus hombros Naida podría ser feliz y libre, hacer lo que quisiera, sin reglas, sin paredes, era perfecto de esa manera.
—Uzumaki Naruto, 'ttebayo —saludó estirando la mano, con una sonrisa amplia y burlona en su rostro.
—Hy-Hyuuga Hinata —sus mejillas estaban un poco coloradas y no sabía por qué.
—Es un placer conocerla —dijo el rubio sonriendo y tomando su mano—. ¡Vamos, te mostraré la casa!
—¡Espere, Hinata-sama!
—Tranquilo —Kakashi tomó el brazo de Toneri, reteniendo su andar—. Este lugar es muy seguro, deje que se diviertan los niños, por su parte, acompáñeme al comedor, tengo un delicioso té nuevo que mis jefes enviaron desde Kyoto.
—Mi deber es permanecer junto a Hinata-sama.
—Sí, eso es cierto, pero sigue siendo un empleado y Naruto-sama un socio, ellos están a un nivel casi igual en la sociedad, mientras que usted debería de sentarse a tomar el té con los demás empleados —no esperó respuesta y sus ojos oscuros, con mirada perturbadora hicieron que Toneri le siguiera.
En la planta superior había una escalera en forma de caracol, anticuada y hermosa, pintada de blanco.
—Ven, te mostraré lo mejor de este lugar —la sonrisa del rubio era brillante y encantadora a sus ojos—. Te encantará.
—Sí —respondió sin dudar, aunque seguramente en otra situación se hubiese negado rotundamente—. Valla…
—¡Es lindo, 'ttebayo! —una hermosa sala, con las paredes suficientemente elevadas para que fuese privada y el techo descubierto para que corriera la brisa.
Un hermoso jardín, con flores y pequeños arboles en macetas. Era perfecto, una especie de Edén en miniatura sobre aquella gigantesca mansión.
—Es hermoso. Me encanta —él la guió hasta una de las sillas, justo frente a la fuente.
—Me gusta venir aquí, cuando me estoy escondiendo por hacer algo que no debía… o simplemente cuando quiero estar solo. Es tranquilo y hermoso… —sus ojos azules se cruzaron con las perlas y el mundo se detuvo para ella al escuchar su voz—. Se parece a ti pensándolo de esa manera.
—Tengo… que irme —aseguró levantándose rápidamente de su lugar—. Ha sido un placer conocerte… Uzumaki Naruto…
—No… el placer fue mío —tomó su mano, como había visto tantas veces en las películas y la besó, con suavidad y dulzura—. Espero verla pronto.
—Yo también… —respondió reteniendo la respiración.
—Sí, nos veremos, sobre todo si viene al cumpleaños de Sasuke —su sonrisa era caída y ella se detuvo—. Porque… eres su prometida, ¿cierto?
—¿Cómo…?
—Él me lo contó… somos… buenos amigos.
—Sí… supongo que nos veremos, sino, en la escuela.
—Sí…
—Sí…
—Bu-bueno… goodbye…
—¡Espera! —corrió hasta las escaleras, alcanzándola y tomó su mano, por poco la hacía caer, pero logró equilibrarse.
—¿Qué ocurre?
—Quédate a cenar, ¿vale?
—¡Sí! —respondió en el acto—. Es decir… sería lindo…
Esa fue la velada más normal que había tenido en su vida. Una cena en aquel hermoso jardín, solos, a la luz de la luna. Se preguntaba cuándo podrían volver a cenar así. Los dos.
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Hacía más de un mes desde el inicio de las clases. Los alumnos cada año escolar nuevo eran separados en secciones desde la A hasta la D según sus calificaciones, incluyendo la sección A+, siendo esta una clase que incluía los alumnos desde el primer al último año que obtenían el primer lugar en calificaciones de todo el grupo aspirante.
—Hyuuga Hinata, HyuugaNaida, Uchiha Sasuke, Uzumaki Naruto, Hyuuga Neji, por favor diríjanse a la oficina del director en este instante —la voz que salía por el altavoz se escuchó en todo el instituto.
—Diablos… —bufó Naruto dejando el bebedero de agua—. ¿Qué quiere esa vieja loca ahora?
—Maldita sea… —se quejó Sasuke, abrochando nuevamente la camisa de la joven que le acompañaba en uno de los baños—. Lo siento, seguiremos esto luego —salió sin decir más.
—¡Ay no, ay no, mi papá va a matarme! —chillaba corriendo escaleras arriba la Hyuuga menor—. Le prometí que no me metería en líos hasta el tercer periodo.
—¿Hinata? —la joven levantó el rostro, encarando a su primo a la salida de la biblioteca—. ¿Escuché mal o tú también has sido llamada?
—Si gustas, puedo responderte con la misma pregunta —el castaño se encogió de hombros, caminando a su lado hasta llegar a la puerta que daba al salón que se anteponía a la oficina del director—. Buenas tardes —saludó a su prima menor al verla de pie en la puerta, temblando.
—¡Neji-oniichan, te juro que yo no hice nada esta vez!
—No te están acusando de nada, Naida… aún —respondió él con una tenue sonrisa.
—Valla, valla, pero si son la familia real y su bufón —espetó con una sonrisa ladina Sasuke al llegar frente al grupo.
—Solo para aclarar, ¿quién es el bufón? —preguntó Naida levantando la mano.
—Tú —respondió Sasuke.
—Se trata de ti —secundó Neji.
—Lo siento… —finalizó Hinata.
—No es justo —infló sus mejillas, colgándose de la chaqueta se Sasuke—. Andaaa, futuro oniichan, que Neji sea el bufó.
—No, lo siento Naida, ese papel solo te queda bien a ti.
—Eres un idiota —susurró halándole de la corbata.
—Uzumaki-san —saludó Hinata con una reverencia, haciendo que todos voltearan en su dirección.
—Hyuuga-sama —respondió el rubio haciendo el mismo gesto.
—Los fenómenos están reunidos —la puerta se había abierto y una joven rubia de buen cuerpo estaba de pie ante ellos—. Pasen, no tengo todo el día.
—Sí, señora —respondieron al unísono.
Si bien, la directora era hermosa y una de las mujeres más inteligentes de la ciudad, reconocida a nivel nacional, era una malhumorada incomparable, conocida por su vocabulario lleno de vulgaridades, culebras y sapos cuando estaba enojada.
—Naruto, Sasuke, Naida —los 3 se afirmaron frente a la directora, mientras Neji y Hinata les observaban calmados, tomando el té en un rincón de la sala—. Están castigados.
—Mierda —musitaron al mismo tiempo.
—Pero esta vez no llamaré a sus padres, sin embargo, deben hacer algo por mí —los 3 mantuvieron firmes su posición—. Pero, sé que son un trío de inútiles y lo echarán todo a perder, por esa razón, Hinata-san y Neji-kun se encargarán de ayudarles y acompañarles en esta tarea.
—¿Disculpe? —replicó Neji enarcando una ceja, mientras Hinata se mantenía inmutable, bebiendo de su taza de té.
—Neji, intentaste sobornar a uno de mis profesores para que permitiera a Naida aprobar una de sus materias —el castaño levantó la barbilla sin negarlo— Y ud, Hinata-sama, se hizo pasar por su hermana cuando debía repetir los exámenes de final de periodo en diciembre. Ambos merecen el castigo tanto como ella.
—Entiendo, ¿qué tenemos que hacer? —cuestionó Neji sin excusarse de lo que se le acusaba.
—Neji, Sasuke y Naida —los tres se miraron—. Pintarán las paredes del gimnasio, sin ayuda, sin contratistas, sin sirvientes, solos, con sus manos, y el Guy-sensei supervisará su trabajo.
—Mierda… —bufó Sasuke.
—Pueden retirarse —anunció y los 3 partieron, seguidos por el nombrado profesor—. En cuanto a ti, Hinata —ella levantó la mirada—. Si quieres que tu cambio de lugar con Naida quede como un secreto entre nosotros, deber hacer que Uzumaki Naruto obtenga unas calificaciones casi tan buenas como las tuyas al terminar el año.
—¡Pero…!
—Pero nada —Naruto volvió a su lugar—. Eres un idiota. Decirte que pases el año entero estudiante no será suficiente, ya me han advertido de ti tus profesores de la otra escuela. Es un castigo doble justo, no será fácil para ella hacer que estudies, y no será fácil para ti llegar al nivel de un Hyuuga. Suerte.
—Lo siento… terminaste siendo arrastrada a esto.
—No, está bien, será divertido —sonrió con amabilidad—. ¿Puedes llevar una pizarra al jardín de la terraza?
—¿El de mi casa? —ella asintió—. ¡Claro! Me asustaba la idea de tener que ir a tu casa, ¡'ttebayo!
—Lo sé, también me daba miedo pensar en llevar a alguien a casa.
No sería fácil pero, era la oportunidad de que se repitieran las cenas a la luz de las estrellas en el lindo jardín de los Uzumaki, o al menos eso esperaba. Su padre de seguro lo consideraría un buen proyecto para medir sus propios conocimientos, algo así como un experimento de ciencias. Y así fue.
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Pasaban de las 10 de la mañana. El sol brillaba con fuerza y las altas paredes blancas de la mansión Uzumaki relucían imponentes. Desde la entrada y a través de los jardines habían jóvenes en traje de baño, saltando, bailando, nadando, un desastre de proporciones catastróficas a mis ojos.
—¡Rápido, Hinata! —mi hermana no paraba de hacer escándalo cuando nos vimos frente al sitio en que ella había sido invitada al cumpleaños número 15 de Uchiha Sasuke.
—Naida… no estoy segura sobre si fue buena idea el que yo viniera —yo no había sido invitada—. No creo que él quiera verme.
—Vamos, no salgas con eso ahora —suspiró, sacando un espejo de su bolso y peinando su fleco al frente y el mío hacía un lado—. Listo, tú eres Naida en este momento y yo soy Hinata, así que soy yo quien no fue invitada.
—Por favor, Naida, eso es…
—Anda, será divertido, tú te divertirás con todos y yo haciéndome pasar por ti, evitaré que Sasuke se divierta, y eso hará grande mi día.
—Pero, papá nos prohibió intercambiarnos desde lo que pasó la última vez.
—Papá no está aquí y no se enterará a menos que alguna de nosotras le cuente, y ninguna de las dos lo hará.
—Pero…
—Pero nada —posó sus manos al frente, justo de la forma en que normalmente yo posaba de pie—. Será mejor que yo busque a Sasuke-kun, estoy ansiosa por ver a mi adorado futuro esposo.
—Estás loca —quería reír, de verdad actuaba y hablaba como yo lo hubiese hecho, solo que un poco más exagerada.
—¡Naida! —escuchamos un grito y ella se inclinó ante mí.
—Nos vemos luego, querida hermana, uno de tus interesantes amigos viene a saludarte.
—¡E-espera! —fue inútil, se había perdido entre la multitud.
—¡Naida, al fin llegaste! —me levantó en sus brazos y besó mis mejillas—. ¿Viniste sola? Dijiste que traerías a tu hermana.
—Sí… se fue por ahí —respondí. Estaba temblando de los nervios, pero debía de fingir ser ella, mostrarme segura, relajada y directa… no era fácil para mí.
—Aún no puedo creer que aceptara venir, no parece ser el tipo de personas que van a fiestas y esas cosas —me encogí de hombros pues tenía razón, pero sonreí, como mi hermana lo hubiese hecho—. Vamos, debes ponerte el bikini, la piscina está increíble. Trajiste uno, ¿cierto?
—¡Claro! —respondía por impulso, pero mis piernas se tambaleaban mientras él me llevaba de la mano.
—Cuándo me contaste que vendrías me alegré mucho —su sonrisa seguía fija en su rostro—. Sasuke decidió hacer su fiesta de cumpleaños aquí en mi casa para que sus padres no lo molestaran, pero no hace más que ligar con otras chicas y bueno, a él le gusta ser el centro de atención, ¿qué se le va a hacer?
—Sí, así es Sasuke. Siempre mirando a todas las chicas que pasan frente a tus ojos.
—A todas, menos a tu hermana —repuso, forzando un poco su sonrisa—. Es una lástima… ella es realmente amable y es muy hermosa.
—¿Eh…?
—Tanto como tú, porque son gemelas ¿o no? —rascó su cabeza nervioso y en pocos minutos llenos de silencio estuvimos en la pequeña tasca al borde de la piscina.
Había tanto alcohol que si hubiese llegado la policía nos hubiesen llevado a todos a una correccional en el acto. Un montón de jóvenes entre 14 y 17 años inundaban el lugar pero después de la tercera cerveza dejé de ver a los demás.
Bailábamos tan cerca que se borraba a mi vista. Yo no solía tomar alcohol de ningún tipo porque aquello iba en contra de los valores que me estaban enseñando, así que luego de la decima botella estaba tan mareada y dejada que me quité el vestido delante de todos y me arrojé a la piscina con él. En algún momento dejó de importarme todo.
Estábamos nadando y jugando, creo que vi pasar a Sasuke más de una vez con una chica diferente en cada ocasión y luego volvía con Naida y por la expresión de satisfacción en el rostro de mi hermana, sé que estaba disfrutando lo que fuera que le estuviera haciendo al pobre de Sasuke, sí, sentía lástima por él.
Pero mi cordura y mi conciencia se estaban perdiendo en sus ojos.
—Es suficiente, no tomes más —le escuché reprenderme.
No recuerdo mucho el resto pues mi mente había sido nublada en un 80% por el alcohol, pero… sé que cuando desperté de nuevo, era la mañana del día siguiente y estaba en una cama gigantesca a su lado.
Quería gritar, estaba asustada, sentía que me desmayaría, pero aún traía puesto el traje de baño… lo consideré una buena señal.
—Ah —lo vi bostezar y sentarse en calsonsillos frente a mí, revolviendo sus rubios cabellos—. ¿Buenos días?
—¡¿Qué es todo esto?! —exclamé en el acto asustada.
—Tranquila, estabas muy ebria y comenzaste a decir tonterías. No confío en ninguno de los putones que estaban en la fiesta así que te traje a mi cuarto, solo quería estar seguro de que estuvieras bien.
—Pe-pero…
—Naida me explicó todo, que se cambiaron lugares y eso —suspiró—. No quiso llevarte a casa porque dijo que tus padres la matarían si te veían en el estado en que estabas ayer.
—Lo siento… supongo que te he dado muchos problemas.
—No —estaba riendo nuevamente, pero esta vez lo hacía conmigo—. Fue muy divertido la verdad, le dijiste a Sasuke que era un grandísimo idiota.
—No puede ser…
—¡Sí, 'ttebayo! —no pude evitar reír, pensar que había dicho algo como eso a Sasuke… bueno, eran cosas que realmente pensaba en alguna parte de mi corazón.
—Yo… necesito llamar a Naida, mi padre debe estar volviéndose loco y… m-me quedé en casa de un hombre… va a matarme.
—Tranquila, ella dijo que se encargaría de todo.
—Pero…
—¡Vamos, confía un poco en tu hermana! —ella asintió, recibiendo la pequeña balija que el rubio le entregaba.
—¿Qué es esto?
—Naida me dijo que era tuya, un cabio de ropa o algo así.
—Sí… de seguro es de ella, suele estar lista para dormir fuera de casa cuando sale.
—Lo sé, de hecho en mi armario hay un par de cosas suyas, cuando se escapa termina usandome de cuartada, 'ttebayo.
—¿Son muy buenos amigos…?
—Naida es más que una amiga, ella es genial, es increible, es una de las personas que más me importa, ¡'ttebayo!
—¿Te gusta… Naida?
—¡¿Eh?! ¡Claro que no! Eso sería raro… —rascaba su cabeza, como si buscara una mejor respuesta—. Naida es como… mi mejor amigo, aunque es mujer, y Sasuke es mi hermano, o algo así, no lo sé. Ella es genial. Es como un amigo travesti, es como un chico, pero viste de mujer.
—Estás diciendole travesti a mi hermana.
—Lo siento, pero, no sé de que otra forma decirlo.
—Está bien… estoy segura de que le agradaría esa descripción.
—Sí… —por unos segundos, no sé cuantos pero, nuestras miradas no se desprendían la una de la otra. Era como una especie de magnetismo que mantenía mis ojos fijos en los suyos y los suyos en los mios—. Hinata…
—¿Sí…? —estaba embobada, él estaba frente a mí, con su cabello rubio alborotado y yo solo vestía aún el bikini, solo me preguntaba a mi misma en que momento había perdido tanto pudor.
—Puedes ducharte en mi baño si gustas, yo iré a la otra habitación, cuando estes lista baja. El desayuno ya debería de estar servido.
—S-sí… —mi corazón latía a mil por hora mientras el cruzaba la puerta y yo caía en la realidad.
Corrí al baño, me duché y tomé las ropas del maletín. La curiosidad me remordía la conciencia, así que me asomé a su armario y en efecto, conocía muchas de las prendas femeninas que allí estaban, incluso algo de lencería. Era cierto, eran realmente cercanos. De una forma que me asustó un poco… y no sabía porque.
—Estoy lista —dije al entrar al comedor.
—¡Genial! —respondió en un grito lleno de entusiasmo—. ¡Es hora de irnos! Kakashi nos dejará en la feria —tomó mi mano y comenzó a halarme por los corredores.
—Es-espera —mis piernas temblaban cuando me tomaba de esa manera.
—Ah cierto… —se acercó y revolvió un poco mi cabello, girando mi fleco a un lado—. Que descuido de mi parte —sonrió, mostrando su blanca dentadura y pasó su brazo sobre mis hombros—. Hora de irnos, Naida.
Lo había olvidado por completo, hasta que me reencontrara con mi hermana, debíamos continuar en el lugar de la otra.
—¡Onee-chan! —exclamé imitandola una vez que cruzó junto a Sasuke el arco gigantesco de la feria.
—Hola, Naida —respondió calmada, para mí, era como ver un reflejo.
—¿Cómo estás, bruja? —la sonrisa burlona de Sasuke, junto a su mano extendida en mi dirección me hicieron entender que en efecto no sabía nada.
—Mejor que tú, pero eso es obvio —respondí, como Naida lo hubiese hecho.
—Vamos, no comiencen una escena tan temprano, ¡'ttebayo! —exclamó el rubio enlazando sus dedos con los mios—. ¡El último en llegar a la montaña rusa se sienta al frente! —comenzó a correr llevandome con él y Sasuke nos seguía de cerca, mientras mi hermana llegó caminando, calmada y con elegancia.
Yo era realmente una aburrida…
—¡¿Y?! —exclamó con fuerza en el baño mientras retocaba su maquillaje—. ¡Cuentamelo todo! ¿Pasó algo interesante con Naruto-chan anoche?
—En primer lugar… ¿"Naruto-chan"? —ella asintió con su estupida sonrisa exagerada—. En segundo lugar, No paso nada interesante, no hay nada "interesante" que pudiese pasar.
—¡Ay, vamos! —tomó mis manos—. ¿Ni un beso?
—¡Naida! —cubrí mis labios, retomando la cordura—. Eso es imposible, sabes que no soy como tú… más bien cuentame, ¿te divertiste anoche? Yo no recuerdo mucho la verdad…
—¡Lo sé! —exclamó riendo a carcajadas—. Estabas tan ebría. Yo sí, lo disfruté como no tienes idea.
—No… ¿dormiste con Sasuke? —pregunté curiosa.
—¡No lo preguntes tan contenta, se supone que te casarás con él!
—Pero no me importa, cuéntame.
—Pues… Algo así… —estaba ansiosa, pero la puerta estaba siendo golpeada con insistencia—. Luego te cuento —dijo guiñando un ojo y la duda quedó en mi cabeza hasta el día de hoy. La verdad, sé que Sasuke nunca me contará que pasó y no tuve oportunidad de saberlo.
De todas formas, ¿qué importancia tenía? Para mí solo valía en ese momento el hecho de que había amanecido en casa de los Uzumaki, que había dormido en otra cama, con un chico, tal vez no hubiese pasado nada pero… era una especie de revelación a mi misma y a todo el mundo. Podía hacer lo que quisiera siempre que supiera hacerlo.
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La luz se apagaba y encendía al borde de la piscina, los jóvenes bailaban al ritmo de la música mientras otros se arrojaban al agua y tomaban alcohol.
—¿No cree que está mal incluir bebidas en una fiesta de cumpleaños, dónde la mayoría de los invitados y el mismo cumpleañero son menores de edad?
—Cuando llegué ya el alcohol estaba en las mesas, y no soy un aguafiestas.
—Pero no le ofreces a tu hermosa prometida —dijo Naida tomando una copa de la mesa.
—Nunca he pensado que usted sea de las que toman, Hinata-sama —ella rodó los ojos.
—¿Sabes algo? Deberíamos de intentar conocernos un poco más —él enarcó una ceja acercandose más a la pelinegra.
—¿Qué tanto?
—Bueno, un día seremos marido y mujer… deberíamos acortar distancias… —las manos de Naida estaban rosando su pecho y las de él acunaban la pequeña cintura femenina.
—Supongo que no es mala idea hacerlo…
Las personas desaparecían lentamente mientras los pasillos se abrían paso ante ellos. Fue cuestión de minutos para que estuvieran en uno de los balcones, alejados de la multitud, disfrutando de la soledad, de la intimidad que la pequeña silla de extensión les regalaba.
—¿Segura de que quieres hacer esto? —le preguntó el moreno, sentandola sobre él, con aquel delgado par de piernas blancas y largas rodeando su cadera.
—No tengo nunca dudas en lo que hago —apresando los labios ajenos con los suyos.
El calor aumentaba aunque era de noche y la brisa corría con fuerza. Sus manos fuertes y tersas acariciaban la espalda que sin dificultad había sido descubierta para él. El vestido holgado estaba en el suelo y el pequeño brasier le hacía compañía.
Sus manos recorrían temblorosas el pecho masculino mientras aquel humedo y fogoso beso los unía. Él movía su cadera con insistencía hacía arriba, presionandola contra su cuerpo, sujetando su trasero con fuerza, escurriendo sus dedos entre la tela licrada del bikini.
—Estás muy mojada —susurró al oido de Naida, metiendo uno de sus dedos en la parte delantera de la prenda, haciendola arquearse un poco hacía atrás, sin dejarla escapar del tacto, mientras ella comenzaba a sudar.
—No te apresures —le advirtió ella, mordiendole despacio el cuello—. Hay que hacerlo divertido —susurró mordiendole el lobulo de la oreja—. Aguarda un segundo.
Sasuke enarcó una ceja, mostrando esa sonrisa suya llena de superioridad. La vió huír por la puerta corrediza y unos segundos despues entró, seguro de que ella no volvería, pero para su sorpresa la puerta de la habitación volvió a abrirse segundos despues, pero no era ella, eran dos jovenes de facsiones esquisitas, gran talle y figura envidiable, seguro eran un par de años mayores.
—Siempre hace falta algo de experiencia —advirtió Naida cerrando la puerta tras de ella.
—Esto si es nuevo… —mordía su labio mientras las tres se acercaban a él.
—Mas te vale aguantar, niñito —avisó la primera dejando caer su brasier.
—Este es tu regalo, disfrutalo bien —dijo la segunda empujandolo contra el sofa, sentandose de espalda sobre él. Restregaba su enorme trasero sobre el pene erecto que se ocultaba dentro del traje de baño.
Esa era rubia, su cabello era corto y rebelde, mientras que la otra era morena, con el cabello largo y rojo. Se acercó la rubia, con su busto descubierto y tomó las manos del joven, posandolas sobre sus blandos senos a travez de los brazos de su rubia compañera, mientras ellas se besaban apasionadamente y la pelirroja le halaba despacio el traje de baño.
—No puedo hacerlo… —se reprendió a si misma escabullendose por el pasillo, dejando aquella escena montada.
El vestido no le preocupaba, seguro iría a parar al armario de Naruto como tantas otras prendas de vestir suyas. Fue hasta el auto, con la moral por el suelo y sacó una pequeña balija del maletero.
Suspiró. Se sentía tan estupida. Dio un par de pasos lentos y desganados hasta la habitación del rubio y la dejó a un lado de la puerta. Fue donde él estaba pero no se acercó. Se seintió ajena a aquel lugar.
—¡No! —gritaba su hermana mayor, con una sonrisa que no recordaba haber visto muchas veces en su rostro—. ¡Es tu turno!
—Bien, como digas —el rubio tomó la pelota y comenzó a girarla en su dedo mientras Hinata aplaudía con esmero, como una niña pequeña—. Te toca.
—¡Sí! —pero al tomar el balón se cayó al agua de inmediato.
—¡Eres demasiado torpe, 'ttebayo!
—No te burles —le reclamaba sujetando su mano.
Era tan lindo ante sus ojos que no pudo hacer más que buscar a Kakashi, decirle un par de cosas para que las informara luego a su amo y partir. Encender el auto y manteniendo el fleco recto frente a su pecho partir a casa.
Solo podía imaginar lo que Sasuke estaría haciendo en ese momento con las dos chicas que ella misma había dejado en sus manos. Y por alguna razón sentía un poco, solo un poco de celos por su hermana. No tenía mucho que celar de ella, era obligada a actuar y vivir de la forma en que sus padres consideraban correcta. Ella tenía una mayor libertad, y ni siquiera podría llamar a Hinata su sombra, pues ella también tenía su propio lugar, era solo que, por momentos deseaba ser ella quien tuviera que ocultarse, ser quien se preocupara…
—¡Maldita sea! —bufó una vez que se encontró sola en la parte de atrás del vehículo. Encendió un cigarro y abrió la ventanilla.
El chofer se detuvo una vez que estuvieron frente a la entrada de su gran mansión. Esa que se suponía debían de llamar hogar.
—Bienvenida a casa —le saludó uno de los sirvientes.
Ella pasó de largo, no quería hablar con nadie. No quería ver a nadie. Al día siguiente debía de recibir una reprimenda de parte de su padre porque solo Hinata había regresado a casa pero, ¿qué importaba? No era la primera vez que ella hacía ese tipo de cosas y no sería la última, porque, si podía regalarle un poco de su "libertad" a Hinata, entonces le valía mierda que su padre la odiara.
Siempre había sido así…
~Flashback~
.—¡Onee-chan! —el grito de la niña de cinco años llegó a los oídos de su hermana, quien en el acto se dio vuelta, dejando las flores para correr en su dirección.
—¡Imouto-chan estás de vuelta! —se abrazaron en choque, cayendo juntas al suelo.
—Tengan cuidado, niñas —les reprendió su nana sonriendo.
—Está bien, porque es mi querida hermana quien me ha hecho tropezar —respondió la menor, abrazando a su hermana, enredadas en los largos vestidos que llevaban.
—Has sido tú quien me ha hecho tropezar a mí —respondió Hinata sonriendo.
—¡Onee-chan tiene que venir pronto a Tokyo! —los ojos de la niña brillaban—. La ciudad capital es increíble. Vamos al balcón y te contaré todo.
—¡Sí! —respondió la mayor entusiasmada.
—¡Hinata! —ambas voltearon en dirección a su padre, quien desde el umbral llamaba a la mayor—. Deja de jugar, es hora de volver a los estudios.
—¡Pero, papi! —la pequeña corrió, abrazándose de sus piernas—. Quería contarle todo a onee-chan.
—Ya lo harás luego, tu hermana tiene trabajo importante que hacer —inició su camino adentro, siendo seguido de cerca por la mayor de sus hijas.
—Hinata… —susurró la menor.
~Fin del Flashback~
Suponía que eso era parte del porque, del porque siempre terminaban cambiando lugares. Cuando Hinata estaba al borde, cuando era presionada, Naida tomaba su lugar. Ella recibía la peor parte, pero no importaba porque Hinata era su adorada hermana, ella siempre le abrazaba sonriendo, llena de felicidad por verse nuevamente.
—Será divertido… ver a Hinata enamorada —susurró en la soledad de la habitación de su hermana. Quería cambiar las fotos que Hinata tenía de ellas por algunas donde figurara un chico, alguno lindo y dulce.
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—¿Tú… quién eres? —preguntó el rubio, levantándose de golpe al ver al joven de cabellos castaños que estaba de pie frente a él.
—Buenas tardes, mi nombre es Sarutobi Konohamaru —respondió tomando asiento frente a él en aquel café citadino—. He venido en representación de mi jefe a entregarle las llaves de su vehículo. Está estacionado al frente del local —tomó su teléfono móvil, marcando algunos números—. También le pedimos una sincera disculpa por los problemas ocasionados. Que tenga un feliz día, hasta luego.
—¡Ey, espera! —gritó, llamando la atención de todos al verlo marchar—. ¿Dónde está ella?
—¿Hyuuga-sama? —el asintió dudoso—. Tuvo que irse de emergencia, está fuera del país y volverá en una semana o dos.
—Entiendo… —apretó las llaves en sus manos—. Gracias.
—A su orden, con permiso —se inclinó y desapareció por la puerta de cristal de aquel viejo y poco concurrido café.
—Ella prometió que vendría…
Suspiró y apretó su saco, justo del lado en que un bolsillo atesoraba esa fotografía que nunca dejaba olvidada.
—¡Papá! —levantó la mirada al escuchar esa voz que tan bien conocía.
—¿Haruko…? —se dio la vuelta y las vio a pocos metros de la puerta—. ¿Qué hacen aquí?
—I-Ino me dijo que estabas aquí y las niñas querían venir —respondió la dulce niñera, con una tenue sonrisa, de pie frente a él.
—¿Estás bien? —preguntó alarmado esculcándola con la mirada.
—S-sí… me he quitado la faja y todo eso. Era molesto y me siento bien.
—Pero el doctor.
—Estoy bien, en serio… —desvió la mirada, pues no se atrevía a verle a los ojos.
—¡Papá ya que estamos aquí, ¿por qué no comemos todos juntos?! —preguntó Naruko, colgada del brazo de Hanabi.
—Estoy de acuerdo —dijo la castaña sentándose en la mesa que antes estaba el rubio—. ¿Qué hay de comer? Tengo hambre.
—Hanabi, no seas mal educada —le reprendió Hinata—. Si está ocupado, volveré a casa con las niñas.
—¡Espera! —exclamó tomándole la muñeca—. Comamos juntos, los 5, ¿puedes?
—C-claro… —respondió sonriendo—. Por favor siéntense, yo iré un momento al tocador.
—No tardes.
—No lo haré…
—¡Yo quiero un helado! —gritó Haruko tirando del brazo de la castaña.
—¿Y por qué me lo pides a mí? Pídeselo a tu hermana.
—¡Yo también quiero! —secundó Naruko haciendo lo mismo.
—¡Consíguetelo tú misma!
—Anda, Hanabi-chan.
—¡No me llames con tantas confianzas, te lo he dicho varias veces!
En el baño…
—¿Hola? —preguntó Hinata apretando con fuerza el móvil.
—¿Dónde estás? —preguntó Kiba del otro lado de la línea.
—En el café. Al final, no pude venir y envíe a Konohamaru pero… las niñas me escucharon decir que él estaba en el café e insistieron en venir con él —suspiró y se recostó a la puerta—. Lo siento, tendrás que hacerte cargo un par de días.
—¿Cúantos?
—No lo sé… tengo que volver. Te hablo luego.
—Hinata… ten cuidado, ¿está bien?
—Sí, nos vemos luego —colgó el móvil sin decir nada más—. Lo siento… Kiba… no puedo evitarlo, yo… quiero permanecer a su lado unos días más…
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Continuará…
Besos~~ FanFicMatica :*
