HISTORIA ALTERNA SIN FINES DE LUCRO

NO SIGUE LA LINEA DEL MANGA O ANIME

LOS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE TITE KUBO

GRACIAS POR LEER!

AUTORA: ღRukia_Kღ (L. Ro)


Capítulo 32: Un "adiós" inminente, un "hola" ansiado y una broma del destino


Orihime lo abrazó con fuerza, al igual que Sad y Uryu. Incluso Tessai, Jinta y Ururu se despidieron de él, pues Yoruichi también iría, por unos días, a la Sociedad de Almas. En cuanto a Yuzu y Karin, cada una lo cogía de una mano antes de que se fuera. Ichigo veía como la Senkaimon se abría con lentitud ante él.

―Hijo―Isshin lo abrazó―, cuida de mi nieto y de la pequeña Rukia.

―Lo haré.

―Kurosaki, cuando tengan la oportunidad traigan al pequeño Neo. ―Urahara le sonreía―Me gustaría conocer en persona al hijo del shinigami sustituto.

―Como digas, sombrerero loco. ―le sonrió sarcásticamente.

― ¡Ni creas que te iras sin mí! ―Kon se le encimo en el hombro, sujetándose con fuerza.

―Sabía que no me libraría de ti, peluche molesto. ¿Hum? ―miro a Urahara

―Ya sé que me vas a preguntar. ―cruzo los brazos― ¿Qué pasara con tu cuerpo humano?

Todos prestaron atención. Era un tema que nadie se molestó en resolver. Por lo menos entre ellos, pues Yoruichi, Urahara e Isshin, lo discutieron durante esa semana. El ojigris explicó las opciones que consideraron, pero Ichigo era quien tenía la última palabra:

―Pues díganme de que se tratan sus opciones. ―no soltaba a sus hermanas.

La primera era un alma artificial, ya que Kon no se sentiría a gusto vivir a costa del cuerpo de Ichigo. Así que, la segunda era mantener su cuerpo conectado artificialmente para cuando deseara volver y recuperarlo. Y la tercera era la más dura:

―No te quedes callado y dime cual es.

―Muy bien. ―observó a Isshin y a Yoruichi―Dejar morir tu cuerpo.

― ¿Estás diciendo que… ―bajo la mirada―…ya seré un alma, al igual que Rukia?

―Y tu hijo. Recuerda que ese es su estado natural, ya que fue concebido cuando ambos eran almas, además de nacer en la Sociedad de Almas. ―Urahara examinaba la reacción del pelinaranja.

―Ya veo. ―se llevó el puño bajo el mentón.

Dio un par de pasos hacia atrás, con la mirada y la cabeza bajas. Apretó los puños y suspiro profundamente, carcajeo un poco y paso sus manos por el cabello. Miró con detenimiento a sus hermanas, a su padre y a sus amigos. "Esto es definitivo, no podre dar marcha atrás a cualquier cosa que elija.". Les dio la espalda, provocando el enfado de Uryu:

―Kurosaki, no seas idiota. Kuchiki y Neo te han estado esperando todo este tiempo, ¿Acaso piensas arrepentirte y volver a dejarlos?

Ichigo lo miró de reojo, con una torcida sonrisa al mismo tiempo que le decía que nunca pensó en renunciar a su familia, por lo que le confirmó a Urahara que dejara morir su cuerpo humano. Así que se acercó a sus hermanas para abrazarlas con fuerza y susurrarles en el oído un "hasta pronto"; estrecho manos con Chad y abrazo a Orihime; Ururu y Jinta se despidieron con un ademan de mano y Tessai lo abrazo con fuerza; Urahara le dio palmadas en la espalda y le deseo suerte; Uryu lo golpeo en el hombro y le reclamo el susto, para ocultar sus verdaderas intenciones de decirle "hasta luego". En cuando a Isshin, Ichigo lo abrazo y le pidió que cuidara muy bien de sus hermanas, ya que de ser necesario regresaría de la Sociedad de Almas y le patearía el trasero. Y Kon, desde luego, se le colgó del hombro para que no lo dejase atrás.

―Cuídate, Kurosaki, visítanos pronto. ―Orihime abrazaba a Uryu, para ocultar su rostro en su cuello y poder llorar.

―Más te vale que cuides bien del pequeño Neo. ―Uryu se acomodaba los lentes y sujetaba con fuerza, de la cintura, a Orihime.

―Ten un buen viaje, amigo. ―Chad le alzaba el pulgar.

― ¡Ya vámonos, pelos de zanahoria! ―Kon se agitaba con furia.

―Cállate peluche del averno. ―miro con dulzura a todos los presentes―Yoruichi, vayamos de una vez.

―Bien dicho, Ichigo. ―le dio un beso en la mejilla a Urahara―Volveré pronto, Kisuke. ―le guiño el ojo y fue con el pelinaranja.

Entre rubor y humo de nervios, Urahara acciono la Senkaimon y se comunicó con el doceavo escuadrón para iniciar el traslado del shinigami sustituto hacia la Sociedad de Almas. En cuanto les dio una señal, la morena y el ojiambar se adentraron a la cegadora luz, tan solo para perderse entre la niebla. Los presentes aun no asimilaban el que Ichigo decidiera tan tajante decisión: morir para poder vivir con Rukia y Neo.

Entre tanto, el ojiambar corría como si nunca hubiera sufrido algún daño en su energía espiritual, aunque Yoruichi seguía siendo la reina del shunpo, por lo que lo sobrepasaba por mucho. Eso le importaba poco a Ichigo, ya que lo único que le interesaba era que en pocos minutos vería a su hijo. Lo que le recordó lo que consiguió para su hijo: saco, del bolsillo oculto de la manga, un pequeño avión de madera que su madre le dio cuando era pequeño. "Espero que le guste.". La emoción lo distrajo demasiado que casi no sintió como el peluche le jalo los cabellos para que prestara atención al camino.

―Ya falta poco Ichigo. ―Yoruichi sonreía mucho.

En menos de quince minutos, Ichigo conseguía distinguir una ranura luminosa al fondo del túnel. Una ligera brisa le deba la bienvenida, causando que su corazón palpitara con fuerza.

―Rukia… Neo… ya estoy aquí.

A unos metros de la salida, ambos dejaron de correr para salir con calma, hecho que Kon agradeció pues ya no lograba sujetarse de la ropa del pelinaranja. Después de todo, el Dangai nunca se activó, por lo que podían salir sin presión.

― ¿Estás listo? ―veía al frente.

― ¿En serio? ―la veía de reojo―Claro que sí.

―Maldito Ichigo, ¿¡Por qué corrías como cabra suelta!? ―Kon echaba humo por las orejas.

―Cállate. ―le propino un fuerte golpe.

En cuanto las puertas se abrieron por completo, el primero en salir fue Ichigo. Caminando a paso lento, entre la espesa niebla ocasionada por el polvo del túnel; trataba de distinguir las diversas siluetas frente a él. "¿Dónde está Rukia?". Siguió caminando hasta quedar expuesto en medio del campo de flores más hermosas que había visto. Inmediatamente distinguió a Matsumoto, a Toshiro, Ikkaku y Yumichika, a Hanatato, a Ukitake junto a Kiyone y a Sentaro, a Kyoraku. Pero no fue hasta que escucho un grito infantil, que lo hizo mirar más atrás: un pequeño niño corría hacia una pequeña mujer, vestida de blanco.

― ¿Eres…

―Sí, es tú hijo y tu mujer. ―Yoruichi le dio palmaditas en la espalda, al salir para reunirse con los presentes. ―cogió con fuerza a Kon para que los dejara reunirse a gusto.

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En cuanto el polvo se disipo, Neo distinguió aquella figura varonil que lo inquieto lo suficiente para alejarse de Ukitake y correr hasta su madre. "Mami", grito antes de esconderse detrás de su pierna. Rukia le preguntó qué le pasaba, pero al alzar la vista quedó prendada ante lo que veía.

―Ichigo… ―susurró.

― ¿Ichigo? mami, así se llama mi papá. ―se asomó un poco para ver mejor a aquel hombre.

Cuando Yoruichi lo paso de largo, y se acercó a los demás, Rukia e Ichigo fijaron sus miradas. Nadie se movía, nadie emitía algún ruido, nada más querían ver la tan esperada escena de verlos juntos nuevamente ¿Y cómo no? Si por aquel par la Sociedad de Almas se convirtió en un caos durante poco más de nueve meses.

―Mamá, ¿ese señor es mi papá?

―S… sí… es tu padre. ―no podía hablar por el nudo en la garganta.

Rukia no se dio cuenta en el momento en que Neo la soltó. Solamente vio cómo atravesaba el campo de flores, hacia Ichigo.

El pequeño corrió tanto como sus piernas se lo permitían, y al tener a ese enorme hombre delante de él únicamente pudo estirar sus bracitos y preguntarle si en verdad él era su padre. Ante eso, Ichigo se acuclillo a su altura, alboroto su cabello y admiró los hermosos ojos color violeta azulado del niño. "Se parece tanto a ella".

―Respóndeme ¿eres mi papá?

―Sí, lo soy, Neo. ―sus ojos se aguaron.

Tras verlo fijamente, Neo lo abrazó, lloro sobre su pecho y le pregunto porque lo había abandonado mucho tiempo. Ichigo lo cargo y estrecho mientras le respondía que cuando fuera más grande se lo explicaría mejor. Al mismo tiempo, una delicada mano le limpiaba las lágrimas. Era Rukia, quien también lloraba.

―Rukia.

Dejando en medio a Neo, Ichigo abrazo a la ojivioleta y se dejó arrodillar por el peso del tiempo sin verlos. Empezó a besarle los ojos, las mejillas, la frente y las manos antes de robarle el más apasionado beso, después de tantos años.

―Mi amor, tanto tiempo sin poder verte o tocarte. ―Ichigo le acariciaba su espalda.

―Ichigo… ―junto su frente a la de él―… ¿te quedaras, cierto?

―Claro que me quedare, y no solo por un tiempo.

Rukia se apartó, para poder descifrar su expresión. Ante ella estaba un hombre, ya no era el adolescente humano del que se enamoró. Sus ojos y su sonrisa le indicaban que era verdad, que Ichigo decidió quedarse con ellos sin remordimientos ni dudas.

―Ya eres todo un hombre. ―cogió entre sus manos el rostro de él―Te ves tan diferente, incluso tu cabello es más largo. ―enroscaba un mechón en su dedo.

―Papi, no te pareces. ―Neo saco la vieja fotografía.

Era Ichigo, con el uniforme de su instituto. Serio y con el ceño fruncido que el tiempo se encargó de disipar un poco.

― ¿Yoruichi se los dio?

―Claro que sí, ¿acaso querías que este pequeño no supiera cómo eres? ―la morena le propino un zape en la cabeza. ―Kon luchaba por zafarse, además de estar amordazado.

―Kurosaki Ichigo, deben venir con nosotros al Seireitei. ―Toshiro aprovecho la interrupción.

―Toshiro, cuanto tiempo sin verte.

― ¡Tsk! Ca-pi-tan… ¡Hitsugaya! ―sus orejas exhalaban humo.

―Tranquilícese capitán Hitsugaya, acaba de llegar. Tendrá tiempo de gritarle después de que hable con el Comandante. ―Ukitake abanicaba con la mano la cabecita del shinigami.

―Es por eso que estaban aquí. ―Rukia seguía sentada en la tierra.

―Sí, aunque admitimos que deseábamos recibirlo. ―Rangiku estaba feliz.

―Rukia, lo siento. No pensé que todos estarían aquí, por eso no te comente que el comandante Yamamoto pidió hablar con Ichigo en cuanto llegara.

Los amantes se miraron unos segundos antes de incorporarse y dirigirse al cuartel de la primera división. Por supuesto, Ichigo le ofreció la mano a su hijo, quien la cogió con suma alegría. El pequeño pelinegro iba brincando, agarrado de las manos de sus padres, mismos que no dejaban de dedicarse miradas dulces. Mismas que, en cuanto estuvieron frente a la puerta de la capitanía, cambiaron a una rotunda seriedad.

―Kurosaki Ichigo, Kuchiki Rukia… ―la puerta se abrían de par en par―… entren de una vez.

―Neo, espera con Renji. ―Ichigo le alboroto el cabello.

En cuanto el niño corrió con el pelirrojo, ambos entraron para encarar al comandante. Rukia estaba ansiosa por saber la razón de él por querer hablar con Ichigo. "Ya se aclaró todo en el juicio contra Neo, ¿Ahora qué es lo que está mal?". No pudo crear teorías, pues el viejo Yamamoto llamó su atención al levantarse de su asiento y acercárseles mientras les recitaba una serie de leyes a seguir dentro y fuera del Seireitei, mismas que la ojivioleta sabía de memoria; "Esperen un segundo… todas esas leyes, solo deben saberlas los miembros de las trece divisiones… ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué planea el comandante?", a juzgar por la expresión de la shinigami, Yamamoto carcajeo un poco antes de responder la duda, que era evidente en su mirada:

―No hay de qué preocuparse. ―golpeo su bastón contra el piso―Kurosaki Ichigo, el capitán Ukitake te recomendó para formar parte de su escuadrón. Comenzaras con un rango bajo, así que si deseas pertenecer a los tres primeros oficiales deberás esforzarte como cualquier otro shinigami.

―Comandante ―Rukia lo miraba dubitativa― ¿A qué se refiere? Pensé que al ser un shinigami sustituto, no podía pertenecer al Gotei trece.

―Exactamente, pero al renunciar a su vida humana y morir para estar aquí, contigo y su hijo, lo convierten automáticamente en un shinigami.

―Disculpe si difiero, comandante, pero también tengo sangre quincy. ―Ichigo lo veía con seriedad.

―Es verdad, pero al ser hijo directo de un ex capitán del Gotei, es suficiente para que formes parte de nosotros. ―Yamamoto sonreía―Bienvenido a tu nuevo hogar, shinigami, Kurosaki Ichigo.

Rukia e Ichigo hicieron una leve reverencia, pero antes de agradecer el nombramiento la alarma los distrajo. El viejo Yamamoto le exigió a Sasakibe que investigara la razón por la cual se estaba poniendo a alerta al Seireitei sin sus órdenes. En ese instante, Soi Fong entro corriendo y ofreciendo disculpas por su intromisión:

―Comandante ―alzo la vista―, un Menos Grande está abriendo una grieta en el cielo y… ―el sudor le cubría el rostro―…está dejando entrar demasiados hollows. El Rukongai y el Seireitei están en peligro.

―Neo. ―Rukia salió corriendo.

―Kurosaki Ichigo, creo que ha llegado una oportunidad para que demuestres tu valentía al Gotei 13. ―Yamamoto lo veía desafiante.

―Claro que sí. ―salió detrás de la ojivioleta.

En seguida, el comandante le ordeno a Soi Fong que enviara mariposas infernales a todas las divisiones para que se prepararan a contraatacar a los hollows.

―Los tenientes y los capitanes deberán encargarse del Menos, que los demás oficiales se preocupen de los hollows. ¡Apresúrate!

―Sí señor.

Entre tanto, Yoruichi intervino a Rukia para asegurarle que se encargaría de la seguridad de Neo. "Lo esconderé en los viejos túneles bajo la mansión Kuchiki. El atolondrado de Kon estará a su lado.", dándoles un respiro a ella y a Ichigo para ocupar su mente al cien contra el peligro a la Sociedad de Almas. No les importaba como lograron introducirse, nada más querían erradicarlos para poder disfrutar tiempo juntos.

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En cuanto la Senkaimon se cerró, Yuzu y Karin suspiraron profundamente antes de pedirle a su padre volver a casa. Pero antes, Isshin debía preguntarle a Urahara si en verdad podrían ver a Ichigo de vez en cuando:

―Seguro que sí. Así como tú, tus hijas serán capaces de verlo debido a que son descendientes directas de un shinigami y una quincy.

― ¿Entonces, podremos ver a nuestro sobrino? ―Yuzu se limpiaba las lágrimas.

―Sí, es posible.

―Seria lindo y un poco extraño ver a nuestro sobrino. ―Karin miraba al techo.

― ¿Por qué? ―su hermana seguía su vista.

―Bueno, el pequeño es un alma…―se rascaba la mejilla.

Mientras tanto, Orihime abrazaba con fuerza a Uryu y le decía lo mucho que le gustaría que sus amigos volvieran. También la emoción que sentiría de conocer al pequeño Neo, pues las fotografías no le bastaban. A lo cual, el ojiazul le aseguró que tarde o temprano volverían a encontrarse:

―Además, piensa que si tenemos familia ―se acomodó los lentes―ellos serían los últimos en saberlo.

―Ishida… ―se sonrojo tanto que causo la risa de los presentes.

―Tranquila, Inoue. Los volveremos a ver muy pronto. ―Chad le dio palmaditas en el hombro.

Las risas se esfumaron nuevamente cuando una alerta absorbió la atención de Urahara, hacia la computadora que lo comunicaba con el Seireitei. La constante estática no les permitía ver claramente lo que ocurría, pero era obvio que era una alerta roja por la rapidez con la que se difundió la información:

―Intentare comunicarme con Yoruichi, el doceavo escuadrón esta incomunicado.

No tardó en contactarse con ella, pero al fondo se oían gritos y una alarma. En breve, la morena les dijo que habían serios problemas en la Sociedad de Almas: un Menos Grande y una gran cantidad de hollows infestando el Rukongai y el Seireitei. Karin y Yuzu observaron con frustración a su padre, buscando una solución. Incluso Uryu, Orihime y Chad le pidieron a Urahara que les permitiera ir para ayudar a sus amigos, pero no era tan simple.

―Lo siento chicos, no pueden ir.

― ¿¡Por qué no!? ―Uryu lo cogió de la ropa.

―Cualquier comunicación con ese mundo se ha cortado o está fallando. Ni siquiera pude contactar al doceavo escuadrón, por lo que no puedo enviarlos. Aunque lo intente, puede que caigan en otra época de la Sociedad de Almas, o que el Dangai los mate.

― ¡Tsk! ―golpeo la mesa con el puño―Maldita sea, acaba de irse y ya se enfrentara a problemas.

―Ishida, cálmate. ―Orihime le frotaba la espalda.

Isshin intentó, junto a Urahara y Tessai reestablecer comunicación con el Seireitei, aunque todo fue en vano. Por más de dos horas no conseguían ni un rastro de estática, ya ni podían contactarse con Yoruichi a través de las mariposas infernales. Los problemas en verdad eran serios o aun no eliminaban a los hollows. Eso pensó por otro par de horas, con la angustia clavada en el pecho y la impaciencia por no saber de ellos. Inclusive Orihime, Yuzu y Karin se mortificaban al pensar en la seguridad de Neo:

―Lo más seguro es que sus padres o el mismo Byakuya lo hayan escondido para protegerlo.

― ¿Cómo puedes estar tan seguro, Urahara? ―Isshin seguía sentado, con los brazos cruzados.

― ¿En serio me lo preguntas? Es un descendiente Kuchiki, aunque lleve el apellido Kurosaki. Además, ¿Crees que tu hijo permitirá que le pase algo? ―lo miraba con una gran sonrisa.

―Ya han pasado más de cuatro horas. ―Orihime sumía su rostro entre sus rodillas, mientras las abrazaba.

―Hermanito, por favor, cuídate. ―Yuzu se acurrucaba junto a Karin.

Ya no querían especular sobre lo que pasaba, únicamente miraban la computadora en espera de que se contactaran y dijeran que todo salió mejor de lo que esperaban.

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Con Neo escondido, a lado de Kon, Ichigo podía disponer de su completa atención en acabar con los hollows, aunque su objetivo principal era el Menos Grande. Pese a los gritos de Rukia, él se abría paso hasta el enorme peligro. Para su suerte, Renji lo cubría para que avanzara rápidamente. Ikkaku y Yumichika se percataron de las intenciones del pelinaranja, así que tomaron cartas en el asunto al intervenir como centinelas.

― ¡Tsk! Es tan terco. ―Rukia quería ir tras de él.

―Detente. ―Byakuya la cogió del hombro.

―Hermano, pero…

―Mejor ayúdale a que ningún hollow se le acerque, los capitanes y yo le ayudaremos. ―miró sobre su hombro.

Toshiro, Kyoraku, Ukitake y Kenpachi se acercaban. Todos ellos, junto a sus respectivos tenientes, respaldarían al ojiambar contra el Menos. Por un lado, Rukia sintió alivio; por el otro, se sintió incapaz de hacer algo. Pero las palabras de Ukitake la hicieron reaccionar:

―Rukia, no puedes hacerle falta a Neo. ―le acaricio la cabeza, le sonrió y se encamino hacia el Menos.

―Capitán. ―su puño estaba en su corazón―"Sé que no debo hacerle falta, pero soy capaz de ayudar."― farfullo a la vez que iba por otro camino para alcanzar a Ichigo.

Entre tanto, Renji disfrutaba el hecho de que Ichigo le debiera un favor, al cuidarle la espalda tras su inigualable imprudencia. Carcajeaba y le gritaba lo perdido que estaría sin él como apoyo en las peleas. Ichigo no evitaba reír, por lo menos hasta que un ataque sorpresivo lo noqueo por algunos momentos.

― ¡Ichigo! ―Renji se acercó para protegerlo de los hollows que se acumulaban a su alrededor.

―Ese estúpido―Ikkaku también lo cubría―, ¿por qué demonios se distrajo?

El Menos se dirigía hacia ellos, dispuesto a lanzar un "cero". Sin embargo, los capitanes lo interceptaron, consiguiendo distraerlo de ejecutar su ataque. Ese instante lo aprovecharon para mover al pelinaranja a un sitio seguro, en el cual recobro la conciencia:

―Demonios, estoy oxidado. ―reía.

―Deja de decir estupideces, tenemos que salvar el Rukongai y el Seireitei. ―Renji le propino un fuerte zape en la cabeza.

―Ichigo. ―Rukia entró al escondite.

― ¿¡Pero qué demonios haces aquí!? ―Renji la sacudió con fuerza.

La ojivioleta se soltó del agarre y corrió hasta Ichigo y coger su mano entre las suyas. Ikkaku hizo los ojos en blanco antes de gritarles que no era momento de cursilerías. Rukia lo fulmino con la mirada antes de asegurarle a Ichigo que ella se encargaría de todo.

―No puedes hacerlo sola. ―la cogió con fuerza de la muñeca.

―En verdad que estás loca. ―Renji bloqueaba el paso.

―Puedo hacerlo. ―lanzó un kido para distráelos y salir por un hueco en el techo.

―Esa niña.―el pelirrojo fue tras ella, al igual que Ichigo e Ikkaku.

Todo era un caos. La gente corría de un lado a otro; los incendios aumentaban al igual que los heridos, por lo que perdieron de vista a Rukia. El humo, los gritos y la desesperación no eran buena combinación. Únicamente tenían ante ellos un ejército de hollows impidiéndoles el paso.


Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)